La única manera de derribar a Horner

Tiempo habrá para valorar si nos gusta que Chris Horner gane o no la Vuelta, aunque creo que nunca nos hemos escondido. En ese envite además hay un protagonista mudo pero que posiblemente tenga su opinión formada, y no es otro que Javier Guillén y Unipublic como creadores de la carrera. No quiero saber lo que piensan de un ganador que supera la cuarentena. A pesar de tal singularidad y sembrar tal antecedente, no me parece que las cosas estén para frivolidades.

En todo caso, ciñéndonos a la carrera y las postrimerías del Angliru, esto pinta al caballo estadounidense. Vincenzo Nibali es un globo que lleva días perdiendo aire y no parece en disposición de plantar cara. A pesar de ser el mejor colocado, al italiano las fuerzas le han abandonado y hace unas jornadas que reconoció debilidad, lo peor que se puede hacer en estos casos, cuando admitió que los vatios que arrastraba en el Giro no los ve ni por asomo en la Vuelta.

A pesar de que Thibaut Pinot, Nicolas Roche, Domenico Pozzovivo y compañía nos parecen fenomenales corredores, en especial el irlandés a quien hace días queremos dedicarle unas líneas, corren lejos de los mejores. Por eso la esperanza blanca de que esta Vuelta no caiga en manos de Horner empieza en Alejandro Valverde y termina en Joaquim Rodríguez, bazas buenas en otras circunstancias, pero vapuleadas por los avatares de una temporada que en ambos se alarga desde febrero.

A mí entender a Valverde y Purito les da absolutamente igual ser podio, cuarto, quinto o sexto –ojo la cantidad de segundos y terceros puestos que lleva Valverde este año-. Su única opción de plantear el Angliru es armarla desde abajo y que sea lo que Dios quiera. ¿Vieron lo que hizo Contador en Fuente De? Pues eso. Cada kilómetro de Angliru que pase al lado de Horner es un kilómetro menos para hacerle daño a un ciclista que en los tramos más duros se ha mostrado inaccesible. Ahora mismo todo pasa por buscar hacer daño de lejos y convertir en un calvario el camino a la base del coloso que nace en Riosa.

El terreno del Naranco pudo ser propicio, pero se jugó a la victoria de etapa. Quitada esa ansiedad, el tablero comprende mucho más que la última subida. Es la única carta, la última si no se quiere que Horner le dé a la Vuelta un récord que sinceramente no sé si es lo más recomendable para la reputación de una carrera.

La Vuelta busca dueño y apareció Chris Horner

Veamos, veamos. Diez días de Vuelta a España, comunidades gallega, castellano leonesa, extremeña y andaluza visitadas. Numerosos cambios de líder, con dos incluso recuperando la prenda que perdieron, Nicolas Roche y Chris Horner. Varias llegadas en  alto de medio pelo, espectaculares a priori, hasta que uno surge y machaca, generalmente Dani Moreno, que de haber rodado más avispado podría llevar cuatro etapas ganadas perfectamente y no dos.

Luego dos llegadas en llano con sprint masivos reventados por auténticos superclase. Sí, curioso, las dos etapas sobre el papel más intrascendentes nos acabaron transmitiendo las emociones que artificialmente alimentan los narradores de TVE cuando el perfil marca una llegada en alto. Y luego el descubrimiento, éste sí, de la carrera, un alto en los contrafuertes de Sierra Nevada llamado de Hazallanas. Una subida que te hace un siete en las piernas que inauguró un ciclista entrañable, simpático e incluso exótico como Chris Horner. Ya veremos si nos hace tanta gracia verle de rojo en la Castellana.

Y es que Horner ha sido sobre la carretera lo mejor de la Vuelta en este primer ciclo con sendas exhibiciones en las que combinó el ataque lejano en una llegada explosiva como Lobeira, con el acelerón sostenido bendecido por la inacción de sus rivales en Hazallanas. Por  lo visto en la ascensión granadina, la actitud de los favoritos responde a un recorrido desproporcionado. Nadie quiere tomar el mando tan pronto, nadie quiere descubrir las cartas, ninguno por delante del resto… queda tanto, y tan duro, que asumir estas responsabilidades es contraproducente. Un suicidio.

Y mientras esperamos la respuesta de los grandes nos perdemos en la fiesta de los secundarios, que es legítima, que es interesante, pero que puede acabar en susto pues al final tanto cerco y mirada entre Basso, Purito, Valverde, Pinot y Nibali le ha  dado alas a un tipo como Chris Horner, quien crece sigilosamente como lo hizo, por ejemplo, Juanjo Cobo hace dos años. No digo más.

Consumido más de un tercio de carrera queda mucho para saber si Horner tiene una gran vuelta en las piernas. Sí tiene más de cuarenta años, es el más longevo de cuantos ruedan en la Vuelta y no sé si del pelotón internacional y no sé hasta qué punto eso le supone una desventaja respecto a los que tienen diez años menos, pues a este corredor el historial de caídas le ha cortado parte sustancial de su palmarés cuando apostaba a ganador. No obstante, y a pesar de desternillarnos con sus entrevistas, no es el ganador que soñamos. Ni siquiera el que más crédito le ofrece al ciclismo, si bien esto es más una sensación personal que otra cosa.

Una vez quedó claro que Daniel Moreno sigue teniendo su “día malo” y ante la certidumbre de que lo visto en Hazallanas puede repetirse, las bazas españolas en esta Vuelta son Alejandro Valverde y Joaquim Rodríguez. Si en nuestro apunte sobre Roman Kreuziger valoramos la pesadez del Tour, la verdad es que en el segundo y tercero de la anterior edición de la Vuelta, la travesía francesa ha dejado mella en las piernas. No aseguramos que el Tour les aparte del triunfo, pero  es obvio que les falta algo, el chispazo que en ocasiones les hace matar y enfrente tienen rivales frescos como Nibali y muy crecidos como Basso, en su mejor versión desde que ganara el Giro hace tres años. Veremos.

Foto tomada de www.lavuelta.com

¿Qué puede acabar con el ciclismo?

La imagen que ilustra esta entrada, la última cena ciclista, cuando yo le llamaría la penúltima merienda de negros sobre ruedas, es sencillamente reveladora y nos da la medida de cómo este deporte a pesar de todo es y seguirá siendo querido por una masa de aficionados cuya fe parece a prueba de bomba. Y si dudan de lo que decimos vean el dibujo, a Alberto Contador y sus doce apóstoles y valoren uno por uno su pasado, presente y futuro para explicar las complicaciones que surgen alrededor del ciclismo.

El dibujo demuestra cuánto cambian las cosas en tres años, pero sobretodo evidencia que en el ciclismo el panorama de estrellas nada tiene que ver en tan pequeño lapso de tiempo. Algunas de ellas, como veremos, están fuera de concurso por asuntos turbios y poco claros, por otro lado algunos convivieron con algún affaire y los menos son los que nada han tenido que declarar. A veces me pregunto cuántos deportes resistirían tantos cambios, y no precisamente para bien, en tan escaso tiempo.

A la izquierda de todo sale un discreto, y raramente fino, Cadel Evans con el maillot arco iris que meses antes conquistara en Medrisio. Acompañan a Evans dos ciclistas ya retirados y compañeros de generación, por mucho que el australiano alargue su carrera: Carlos Sastre y Denis Menchov.

Manoseando un saquito de dinero, y en el más genuino papel de Judas, Lance Armstrong, el auténtico demonio del cuadro inspirado en la obra suprema de Leonador Da Vinci. Le sostiene por detrás su compatriota Chris Horner, un ciclista tan desgraciado en las caídas como en las sombras que le merodean. Éste solicita la atención de un dopado confeso, Christian Vandevelde, a quienes muchos que echan pestes de las trampas siguen poniendo por las nubes.

Alberto Contador es el eje de la pieza, de amarillo, poseedor de la prenda más importante del ciclismo internacional, aunque como se demostraría más tarde desposeído de tal privilegio por el tema del solomillo. Le acompañan a su izquierda –derecha para el espectador- los hermanísimos, uno, Frank, suspendido por dopaje, el otro, Andy, no se encuentra.

Señalándose a sí mismo como solución a todos los males, de negro Sky, y fino como acostumbra, Bradley Wiggins quien da paso a un tridente del Liquigas. Sinceramente no reconozco al primero de ellos, a quien le sigue Vincenzo Nibali, el personaje de todo el cuadro a quien los años quizá mejor hayan tratado pues no se le ha involucrado nada raro, no se le ha desposeído de lo que ha logrado y se ha ganado el cariño del público. Al final, cierra Ivan Basso, ligeramente separado, pero no distante, en ese efecto que nos transmite de una persona que vive al margen de todo.

Ya lo ven, de lo que era noticia hace tres años, de los trece ciclistas más destacados de ese momento, sólo perviven de cara al Tour Alberto Contador y Cadel Evans. El ciclismo que tan rápido gira es también esto, un rodillo de consumir personajes y no todos de la mejor manera.

Imagen tomada de @amantes_cycling