13 x 13. Un pelotón sin ilustres

Se cuentan casi por medio centenar. El grueso de ciclistas que no ejercerá su profesión en 2013 será importante, nada escaso. El último aldabonazo de este repaso emprendido sobre el año hace referencia a aquellos que ya no veremos en el pelotón el año próximo. Es el momento de sentir su marcha, y valorar lo que nos perderemos sin muchos de ellos.

Hay un repóquer de ases que pone su pie fuera del profesionalismo. Entre ellos suman Giros, Vuetas, algunas clásicas e interesantes triunfos. Denis Menchov, con el pie cambiado, en medio de la temporada, una vez fue el último en claudicar ante Richie Porte en la París-Niza, es el corredor más importante de este listado. Ha quemado su etapa, progresado hasta donde y pudo y pudo elegir el momento de decir basta, lo que significa un privilegio, algo que muchos no pueden aducir. Como Mechov, Stefano Garzelli también se embolsó un Giro, nada menos que hace catorce años, ese que ni Casagrande ni el calvo sucesor de Pantani parecían no querer ganar.

Andreas Kloden, ciclista lagunar, desaparece para siempre en una maraña poco clara de sus relaciones con la trama de Friburgo. Asuntos turbios que también han envuelto a Levi Leipheimer, perenne y más consistente que el alemán, pero a la postre víctima de los abusos que han minado el pelotón. Porque mantenerse ajeno ha sido imposible para muchos y el que fuera líder en el Tour 2005, David Zabriskie, otro Garmin arrepentido, también probó, lo mismo que su compañero Christian Vandevelde. Ambos también se van.

El pelotón español acusa la desaparición del Euskaltel. Mientras Samuel Sanchez apura opciones, y Luisle acabó en Caja Rural, dos símbolos del equipo naranja, ya histórico, se dejan el profesionalismo por el camino. Uno, Egoi Martínez, doméstico coherente, de lujo, sabio, longevo pero con la gloria a tocar en aquella famosa etapa de los Alpes italianos que le birló Simon Gerrans. Luego Mikel Astarloza para quien la máquina pitó. Tras lo cual nos sorprendió con una curiosa rueda de prensa, alegato y golpe en la mesa y pecho inclusive.

En la próxima primavera la tradicional figura de Juan Antonio Flecha ya no será de la partida. Siempre a la contra, siempre disputando, al final esa gran clásica que muchos le atribuían no llegó, a causa, por un lado, de sus obvias limitaciones, sobre todo en lo táctico, y por el otro por coincidir con una generación enorme encabezada por Cancellara y Boonen, pero también por Stuart O´Grady, otro de los que se van tras una eternidad compitiendo, tras una Roubaix en ganador, tras admitir pecados y abusos.

Como Flecha también tuvo sus últimos momentos por los alrededores del Nido de Pájaro pequinés, el italiano Marco Pinotti, la excepción italiana en la disputa de cronos. En el país transalpino se van dos buenos velocistas, uno supremo, casi superlativo como Alessandro Petacchi, quien en 2003 no sé cuántas etapas ganó entre las tres grandes, y otro esporádico como Angelo Furlan, ciclista reconocido por una victoria en la Vuelta, casi tanto como la Clásica de San Sebastián que luce lozana en el palmarés de Xavier Florencio, lastrado por las lesiones en su retiro. Otro que también apareció poco pero bien fue Sandy Casar, miembro efectivo de esa generación de ciclistas franceses que anunció el buen momento que ahora se revela para el país vecino. Y hablado de francófonos, cerramos con David Veilleux, autor de una renuncia curiosa, pues está  en edad de merecer, logró una bonita victoria en la Dauphiné, pero ha dicho que la vida es más, que la vida es estudiar, que es familia y el ciclismo, en su caso, una anécdota.

#13×13 es el relato de perfiles, paisajes y momentos que describen el año que se nos escapa.

Y hasta aquí el 2013, en total, no llevo la cuenta más de un post diario. Ha sido un placer, y esperemos en 2014 sigamos con lo que hace tres años por estas fechas iniciamos. Entretanto que el 2014 se os presente sobre ruedas. 

Fotos tomadas de www.buenorros.net, www.dailypeloton.com y www.cyclesportmag.com

¿Qué puede acabar con el ciclismo?

La imagen que ilustra esta entrada, la última cena ciclista, cuando yo le llamaría la penúltima merienda de negros sobre ruedas, es sencillamente reveladora y nos da la medida de cómo este deporte a pesar de todo es y seguirá siendo querido por una masa de aficionados cuya fe parece a prueba de bomba. Y si dudan de lo que decimos vean el dibujo, a Alberto Contador y sus doce apóstoles y valoren uno por uno su pasado, presente y futuro para explicar las complicaciones que surgen alrededor del ciclismo.

El dibujo demuestra cuánto cambian las cosas en tres años, pero sobretodo evidencia que en el ciclismo el panorama de estrellas nada tiene que ver en tan pequeño lapso de tiempo. Algunas de ellas, como veremos, están fuera de concurso por asuntos turbios y poco claros, por otro lado algunos convivieron con algún affaire y los menos son los que nada han tenido que declarar. A veces me pregunto cuántos deportes resistirían tantos cambios, y no precisamente para bien, en tan escaso tiempo.

A la izquierda de todo sale un discreto, y raramente fino, Cadel Evans con el maillot arco iris que meses antes conquistara en Medrisio. Acompañan a Evans dos ciclistas ya retirados y compañeros de generación, por mucho que el australiano alargue su carrera: Carlos Sastre y Denis Menchov.

Manoseando un saquito de dinero, y en el más genuino papel de Judas, Lance Armstrong, el auténtico demonio del cuadro inspirado en la obra suprema de Leonador Da Vinci. Le sostiene por detrás su compatriota Chris Horner, un ciclista tan desgraciado en las caídas como en las sombras que le merodean. Éste solicita la atención de un dopado confeso, Christian Vandevelde, a quienes muchos que echan pestes de las trampas siguen poniendo por las nubes.

Alberto Contador es el eje de la pieza, de amarillo, poseedor de la prenda más importante del ciclismo internacional, aunque como se demostraría más tarde desposeído de tal privilegio por el tema del solomillo. Le acompañan a su izquierda –derecha para el espectador- los hermanísimos, uno, Frank, suspendido por dopaje, el otro, Andy, no se encuentra.

Señalándose a sí mismo como solución a todos los males, de negro Sky, y fino como acostumbra, Bradley Wiggins quien da paso a un tridente del Liquigas. Sinceramente no reconozco al primero de ellos, a quien le sigue Vincenzo Nibali, el personaje de todo el cuadro a quien los años quizá mejor hayan tratado pues no se le ha involucrado nada raro, no se le ha desposeído de lo que ha logrado y se ha ganado el cariño del público. Al final, cierra Ivan Basso, ligeramente separado, pero no distante, en ese efecto que nos transmite de una persona que vive al margen de todo.

Ya lo ven, de lo que era noticia hace tres años, de los trece ciclistas más destacados de ese momento, sólo perviven de cara al Tour Alberto Contador y Cadel Evans. El ciclismo que tan rápido gira es también esto, un rodillo de consumir personajes y no todos de la mejor manera.

Imagen tomada de @amantes_cycling