¿Un carnet de puntos para ciclistas? venga ya

Permitidme partir de una base, y no os subáis por las paredes nada más oírlo. No me parecería mal un censo de bicicletas ni un control de quién va o viene en ella. Más que nada para reglar las cosas, saber de qué y cuántos hablamos y tenerlo todo más hilvanado.

Ahora bien, veo ridículo que un ente como el RACE vincule matricular las bicicletas a un descenso de la accidentalidad. Eso y un carnet por puntos. Desconozco si el RACE, en sus anteriores comunicados o declaraciones, ha dicho a sus asociados que velen por la seguridad de todos los que se cruzan por la vía y que respeten a los que son obviamente más débiles. Si lo ha hecho no lo sé, en caso afirmativo me perecería perfectísimo.

Pero no me parece bien poner a los ciclistas y los coches en el mismo nivel en la ciudad. Es decir no veo porqué los ciclistas tienen que cumplir los trámites que cualquier otro automovilista cuando no se ha garantizado la misma seguridad y viabilidad que ha tenido el coche desde que llevó a nuestra vida. Cuando se tenga igualdad en esas cuestiones, quizá se podría volver al principio del post.

Lo que no dice el RACE es que los ciclistas son menos agresivos en las ciudades, que su profusión les harían mucho bien. Los beneficios los sabemos en cuestiones de salud, pero también en espacio y ruidos. Que el ciclista es el elemento frágil ante un coche como para equipararlo a él y que en caso de colisión ya sabemos quien pierde. El goteo de muertes es inaguantable y como una vez dijo nuestro amigo Bernat, nos dan arcadas solo verlo.

Para mí un debate productivo sería estudiar la inclusión de la bicicleta como Dios manda. Centrar el debate en los accidentes y porqué no hay una ley que ampare a los viandantes y ciclistas ante muchos imprudentes al volante. Ahí el RACE no entra o no quiere entrar o no tiene pensado entrar y ahí es donde habría que negociar antes de decir sandeces de matriculaciones y seguros.

No entra tampoco en dar claves de convivencia pacífica y sostenible para todos, no habla del respeto al más débil y a la propia salubridad de las ciudades, no quiere cambiar nada, quiere que todo siga igual e igual no puede seguir, porque con el abuso del coche, éste ha quemado todo el crédito que daba a las personas, al menos a las personas razonables, porque sigue habiendo auténticos ignorantes que todo lo ven en clave de cuatro ruedas.

Por favor, sé que el tema da de sí, que cualquier cosa que se diga eriza los ánimos, pero aportemos ideas que nos hagan retroceder a los ochenta, porque en ese retroceso parece que a algunos les va la vida.

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¿Alguien sabe qué es Red Hook?

Por cuarto año se ha celebrado en Barcelona esa prueba dedicada a aquellos riders alocados que se miden entre el malabarismo de las bicicletas sin frenos y la irreverencia. Es el Red Hook Crit, una carrera que se celebra en el aislado y lejano Parc del Fòrum de Barcelona, con el Mediterráneo de fondo. Un escenario desangelado, que no invita a acercarse, aunque la asistencia crezca paulatinamente.

Una pena porque creemos que si la prueba diera el salto al gran público, el éxito estaría asegurado. Ver circular a esos ciclistas, muchos de ellos urbanos y diferente procedencia, tatuados y con pinta de malos encima de sus coloreadas y customizadas bicicletas es un espectáculo impagable, más cuando frenan de esa forma que sólo ellos saben hacer.

A la dificultad de manejar la máquina se añade el circuito, un entramado de vallas que serpentea entre columnas pudiendo llegar a ser peligroso para sus participantes, por pisar diferentes tipos de pavimento que pueden albergar sorpresas. Sin embargo esto no deja de ser otro de los alicientes de la carrera, abriendo la posibilidad al espectador de ver alguna caída que recoger con su teléfono.

Su creador David Trimble ha conseguido sacar cuatro ediciones en Barcelona, consiguiendo poco a poco dar a conocer este espectáculo, reservado a un sector de público, que no siempre es el aficionado más tradicional del ciclismo. Un público que es amante del riesgo, la moda y algún deporte minoritario y desconocido, que se practica por los rincones de ciudades cosmopolitas como Barcelona. Sirva como ejemplo el Polo&Bike.

La moda por este deporte, nace de unas bicicletas que salen de su lugar natural, los velódromos, esos templos del ciclismo más puro, siendo adoptadas por los jóvenes, como medio de transporte y símbolo de rebeldía para asaltar calles o como un elemento de moda digno de estudio, no sin peligro, donde muchas veces se pone en solfa la frágil convivencia entre usuarios de la propia bicicleta, conductores o transeúntes.

Las primeras carreras, por supuesto ilegales, transcurrieron como gincana, entre calles y alentadas por el reflejo de profesiones que utilizaban este medio como transporte y transmitiendo el mismo sentimiento que Dennis Hopper en el film “Easy rider».

El día de la competición se organiza a su alrededor toda una serie de eventos para fomentar la participación de empresas, webs y blogueros con el fin de difundir este tipo de cultura que esperemos crezca fomentando el uso de la bici en la ciudad, y que los ayuntamientos vean que no sólo son cuatro los que vamos en bici, para seguir creciendo y quitarnos de encima la etiqueta de “esos locos, que se saltan todas las normas de convivencia con los otros ciudadanos de la ciudad”.

Cuando vemos la parrllla de salida y comprobamos la procedencia de los equipos y participantes, uno se da cuenta de los pocos equipos nacionales, unos pocos naturales y muchos de fuera, donde lamentablemente es más popular. Nada se deja al azar. Se preparan como auténticos profesionales, con un tiempo previo de rodillo para estar a punto y salir a jugarse el tipo en el circuito.

Todo se disputa en un lugar poco iluminado, donde la propia organización recomienda, no utilizar flash en las cámaras para no deslumbrar a los ciclistas, como hemos dicho es un circuito no muy “agraciado». Ya nos gustaría que las entidades colaboraran y ofrecieran un lugar de más público y difusión.

Con todo debemos felicitar a todo el equipo de Red Hook, por el esfuerzo que requiere y el tesón de luchar contra viento y marea para poder ofrecer un espectáculo que pocas ciudades pueden disfrutar y difundir una modalidad de la bicicleta, tan solicitada, como desconocida a nivel nacional.

Por Toni Marin

 

La bicicleta y la economía

De forma esporádica, como un goteo que no cesa, la bicicleta ocupa espacios cada vez más importantes en la prensa económica. No nos engañemos, la máquina que según muchos marcó el hito más interesante de la inventiva humana hace más de un siglo sigue estando muy lejos de grandes lobbies, como el automóvil, pero sin embargo va poco a poco teniendo cuota y ganando terreno, y eso siempre es interesante.

Hay dos tipos de noticias económicas que pueden generar la bicicleta y su industria. La meramente crematística que habla de cifras, ratios, producción y facturaciones. Ese apartado lo tratamos hace unos meses aquí, tras pasear por Unibike, traduciendo la incidencia de la bicicleta en 16.000 empleos, una producción en España que llega al 3% del total de la Unión Europea y la creación de pequeños negocios directos, como ropa, accesorios, complementos y talleres, y transversales, como cafés o restauración customizada de bicicletas.

Incluso a veces se da la circunstancia de que empresas españolas que fabrican bicicletas se toman como referencias para prever el futuro inmediato. La recentralización de Orbea y su producción en su sede de Vizcaya, dejando la factoría china ha sido interpretada por muchos como un primer capítulo de lo que se llama la reindustralizacion de España, un sueño que vuelve a la palestra ahora que nos damos cuenta que no hay trabajo para todos y que los estándares de calidad se controlan mejor in situ y no a miles de kilómetros. Algo curioso, este hecho, pues en reuniones de las patronales vacas ya se ha insinuado que traer aquí lo que hace dos años se producía masivamnete en China es altamente recomendable.

Pero al margen del precedente de Orbea, de los números, del empleo y esas cosas, hay una segunda senda para sacar la bicicleta en las páginas de economía de los diarios, y esa habla de salud y los costes que su preservación implican. En este artículo de Cinco Días habla Jaime Novo, socio de La Sonrisa Eléctrica, ente que promueve la movilidad urbana en bici eléctrica –de ella  nos habló hace una semana Gabriel Pernau– ayuda a entender porqué la bicicleta se impone poco a poco como medio eficaz y útil en las ciudades.

Por ejemplo en Madrid, donde los niveles de contaminación son noticia casi semanal, la imposición de restricciones al tráfico rodado se solventan en parte con la bicicleta, que además gana terreno en el transporte público, pero es que además su uso implica otros beneficios como la mejor salud de quienes van al trabajo en bici, lo que significa, ojo, un 25% menos de absentismo laboral, una de las lacras más arraigadas a muchas cuentas de resultados.

Al margen de lo que pudiera hacer el gobierno en material fiscal, el artículo echa de menos mayor cultura empresarial a favor de la bicicleta entre sus empleados. En el Reino Unido ir en bici está incentivado económicamente, y también en Francia.

Es curioso, como cita el artículo, que una empresa española como el Banco Santander, que además patrocina la bici pública en Londres, motive a sus trabajadores en UK a ir en bici como no lo hace en España. Son esas cosas que sitúan cuán lejos está nuestro país de las grandes referencias en el modelo de transporte sostenible y cuánto queda por hacer.

Imagen tomada de comercorreryotrascosas.blogspot.com

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¿Qué hay de ciclismo por las ciudades?

Si quieren tener un perfil fiel del nuevo ciclista que crece en las ciudades, les aconsejo pasarse por una edición de Cyclo, ese serial de magazines en vivo que se celebran esporádicamente en Barcelona con la bicicleta como eje de todo: historias personales y  empresariales, documentales, debates y demás entremeses del siglo XXI.

Allí verán rostros afilados, cerveza en mano, cuyo vértice inferior se puebla de una densa barba, con diferentes espesores dependiendo la época del año, supongo, ataviados con sombreros o gorras que portaba Jan Raas hace cuarenta años, pañuelos desinteresadamente hilvanados al acuello, zapatilla lisa, preferiblemente de tela y pantalones estrechos, “arrambados” y muchas veces cortos o arremangados intencionadamente, al más puro estilo pescador. Les rodea un áurea: una dialéctica confusa de términos relacionados con la bicicleta que los que venimos de antiguo no acertamos a entender a no ser que nos lo repitan con pausa e incluso expliquen con paciencia.

Esto es el ciclismo urbano, una moda para muchos, una tendencia de por dónde van a ir las cosas, para otros. El pasado día 18 de abril, Viernes Santo en los hogares cristianos, se celebró el día mundial de la bicicleta y ello dio para literatura digital que estuvimos prestos a leer. Escogimos esta pieza de El País por tratar sobre la autenticidad del personal que rula por las urbes montado en una bicicleta, insufriblemente de piñón fijo, aunque ello te cueste un riñón en cada repecho.

La entradilla de dicho artículo es significativa de lo que muchos pensamos. Hay postureo y mucho. Ciclar sobre este enlace de Vogue y ver supermodelos posar con una bicicleta entre las piernas –ya me permitirán la maldad- complementando su traje chaqueta con el cesto floreado de su bicicleta habla de moda y algo pasajero, un signo muy poco alentador para quienes creemos que el cambio puede venir en bicicleta.

Sin embargo, creo que las modas, aunque modas,  algo dejan y ésta de la bicicleta viene en un momento crítico para nuestra sociedad. Aunque las carencias viales y de infraestructura son notorias, la suerte de la bicicleta parece echada más allá de esas modelos y los que utilizan la máquina como complemento con sus zapatos. Hay una apuesta más o menos clara de las ciudades para mejorar las cosas, siempre con planes cogidos con pinzas, pero con planes en definitiva. Hay una conciencia de dejar el coche aparcado por una razón sencillamente económica e incluso surgen negocios directos e indirectos que emplean gente y animan a emprendedores.

Otra cosa es coger a cualquier friki escuálido y barbudo de estos y preguntarle por la antigüedad de la Lieja-Bastgone-Lieja o por las fechorías de Laurent Fignon. Tiempo al tiempo, seguramente no lo sepan, ni siquiera hayan oído qué es un monumento, y les sonará de oías el Tourmalet, sin embargo, que vayan en bicicleta es bueno porque tarde o temprano se pueden impregnar de esa sana cultura que es la ciclista. Sin ir más lejos, un buen puñado de estas personas se dieron cita en agosto en el Forum barcelonés para vibrar con una carrera, el Red Hook, disputada sin frenos y con el maldito piñón fijo que reunió un gentío inconcebible en muchas llegadas de la Vuelta a España, que casualmente arrancaba aquel mismo día en Galicia.

Toda esa gente no quiere saber nada de Alberto Contador, ni del Giro,… sin embargo acatan reglamentos de ciclismo en pista, reglamentos redactados cuando se creó el Giro y el Tour, acatan unos registros y hace suya la moda vintage relacionada con el ciclismo de siempre, un ciclismo que ven como algo amigo y no el semillero de dopados que se percibía hace una década. Aunque no nos lo creamos en esta generación geek tenemos parte de nuestro futuro. Quizá será mejor no interrogarles sobre sus conocimientos y seducirles con lo que de entrada ya les ha gustado: la bicicleta y por ende el ciclismo.

Foto tomada del Facebook de Enciclika.com