12 x 13. ¿Es el ciclismo anglosajón hegemónico?

Hace poco comentaba, al hilo de la actualidad y el rumbo de los acontecimientos, que la retórica, los argumentos, la forma de hacerse entender es siempre la misma. Es indiferente que hablemos de un tiempo u otro, que por medio pasen años, décadas, generaciones. En momentos diferentes de la historia, en instantes separados y espaciados por el tiempo, el argumentario que se pone encima de la mesa es idéntico, siempre asumido a gusto del consumidor.

Miremos por ejemplo el ciclismo hablado en inglés. Ese ciclismo que se vende hegemónico en lo deportivo y espejo en lo ético. Un ciclismo que llevaba tiempo llamando a la puerta y ahora irrumpe con todas sus virtudes, que no son pocas, pero también con sus taras, que también las tienen.

Dos Tours, los dos últimos, han ido a pasar a los dominios de la reina, allá, donde viven los hijos de la Gran Bretaña. Nunca ganaron nada y ahora dos de dos. Lo han logrado siendo coherentes con su ideario de método y precisión. Hablan de cosas que nos suenan a metafísica, como esas ganancias marginales que sumadas hacen una muy grande. El Team Sky es la punta del iceberg, adoptan una forma de hacer propia, dicen, aunque equipos que innovan existen desde la prehistoria del ciclismo, si bien estos lo visten y moldean con traje de pulcritud y limpieza extrema, habrá que creerlos, aunque el escepticismo nos invada, como es el caso.

Actúan como un rodillo tanto fuera como de puertas hacia dentro. Creen que la clave está en el trabajo, trabajo y trabajo, y si cabe añadirle algo pasemos revista a las ganancias esas. No cabe duda de que han irrumpido con éxito, pero mantenerse no será sencillo, más en un entorno en el que desde un principio no fueron recibidos con el calor que esperaban.

Pero no creáis que esto empieza y acaba con Sky. Hay dos equipos que quiero traer a coalición. El fenomenal Orica, tremendo y efectivo, simple, metódico y directo al grano -Stuart O´ Grady al margen-. Resultados enormes con plantilla modesta. Si queremos tomar un buen  ejemplo de lo que es el trabajo bien hecho, lo tenemos en los australianos. Como contrapunto el BMC, equipo enorme, dotado de recursos mil, pero exento de ambición y repleto de ciclistas desnortados, inapetentes, muy bien pagados pero sin espíritu. Como veis aquí también hacen mal las cosas.

Porque el discurso del ciclismo hablado en inglés presenta grietas. Una muy grande, que afecta a toda su línea de flotación. Siempre echando pestes sobre la facción latina, vendiendo Italia y España como paraísos del dopaje, resulta que el ciclismo anglosajón incluye el escándalo de Lance Armstrong y su cuartel, la trama más sofisticada de dopaje a nivel global, algo que por cierto hablando de ciclismo sonroja. Ese descrédito pesa y los apelativos de “UK Postal” para hablar del Sky demuestran que muchos escépticos no tragan su discurso.

El año que acaba ha sido la soga al cuello del campeón que quiso ser Dios y acabó con las alas abrasadas como Ícaro. Ser soberbio en la vida pasa factura, y Lance Armstrong sembró muchos enemigos en la ruta. Dio lecciones cuando fue el menos indicado y el mundo de mentiras sobre el que él se manejó como nadie acabó por tragarse su aureola, como el sumidero de nuestra pica se lleva el jabón.

Sin embargo la vida no sólo sitúa a Armstrong en el papel de aleccionador reprendido. Otros ciclistas de ese círculo tan guay son partícipes de esa doble moral. Mark Cavendish, otro que no guardará un buen recuerdo de este 2013, siempre tan locuaz, siempre tan limpio de palabra pero sucio y marrullero cuando disputa un sprint o cuando valora los errores de sus compañeros o las trifulcas de sus rivales. Es como si la limpieza que estos santos divulgan acabara y empezara en el círculo del dopaje, de ser cortés, deportivo, tolerante, cero, nada, no se habla. Esos son los valores, eso es doble moral. Yo compro la humildad de Froome, de Geraint Thomas,… pero no la soberbia de algunos, eso es impresentable en las islas y en el continente.

#13×13 es el relato de perfiles, paisajes y momentos que describen el año que se nos escapa.

Foto tomada de www.sbs.com.au

En el ciclismo de masas, ganaba un negro

Deliciosa pieza de culto con la que nos obsequió hace un tiempo Cultura Ciclista. Las memorias de Major Taylor son necesarias para entender el carácter universal e infinito del ciclismo. Se trata en esencia de la historia de un ciclista negro que hizo las delicias de los expectadores y las amarguras de los rivales en el cambio de siglo, allá por 1900, cuando el ciclismo era la NBA y llenaba velódromos y pistas de medio mundo. Cuando Estados Unidos era la cuna del odio racial.

Curiosamente siempre que hablamos de ciclismo anglosajón lo hacemos en términos de novedad, sin embargo, las pistas de Chicago, New York y Dallas ya vivían tremendas veladas de ciclismo donde la audiencia dejaba sin espacio las gradas en un baño de fervor y éxtasis por los jinetes del peralte.

Cuando Major Taylor decidió ser ciclista todo le acompañaba: un espíritu indomable, un físico perfecto y una cabeza perfectamente amueblada. Todo aderezado con ese punto de soberbia de quien es el mejor en lo suyo. Pero su entrada no resultó sencilla, el fervor que despertó en el respetable fue proporcional a la indignación que creció en el corazón de unos rivales que no concebían un negrito mojándoles la oreja. Taylor les pasó a rodillo uno a uno, con la satisfacción doble o triple de ganarles, demostrarles que la diferencia entre colores de piel no era más que un prejuicio y llevándose unas bolsas de dinero que desde luego le proporcionaron una vida profesional y muy digna como nadie o casi nadie puede decir hoy en día del ciclismo en pista.

El libro es un relato cronológico de las andanzas de este corredor en los años que vieron la bicicleta crecer en la sociedad como elemento de transporte y entretenimiento. Los quemaderos de apostantes japoneses en kerin tienen un antecedente en estas competiciones de velocistas desbocados que se compinchaban por temas raciales para joder al negrito que les acostumbraba a ganar.

 

De toda la obra me quedo con dos pasajes perfectamente extrapolables al presente:

 

De camino hacia mi vestuario me di cuenta con más claridad que nunca de que el público siempre está con el ganador, independientemente del color de su piel

 

La modestia debería ser siempre una característica de cualquier campeón. Siempre me ha parecido que un campeón de verdad tiene que afrontar las carreras con autoconfianza pero nunca con presunción. En cambio he conocido corredores mediocres que transpiraban presunción antes de tomar la salida en las carreras

 

 

En unos tiempos convulsos como los actuales volver a las raíces es siempre interesante. Taylor vivió el tiempo en que el ciclismo estaba inventándose, casi de forma contemporánea a otro entrañable héroe, Charles Terront y su primera París-Brest-París, y por ello muchas de las cosas que dice tienen sentido pleno un siglo después. Ambos vieron el paso de la rueda maciza al neumático y ambos vivieron años muy complicados, Terront corriendo en medio de nada, Taylor impregnado del desprecio por ser negro. Quizá por eso en ambos tengamos un excelente baremo de cuán afortunados seguimos siendo.

Las cositas del ciclismo anglosajón

La raíz latina del ciclismo rara vez ha rozado tan bajo ante su alter ego, los países anglófilos. A la acumulación de triunfos importantes en las huestes de estadounidenses, ingleses y australianos, principalmente, dominio que no sólo se plasma en carretera sino también en pista, se le suman noticias de diversa índole y pelaje que hablan del peso y trascendencia que está tomando esta mitad del ciclismo.

Por ejemplo tres perlas. La primera es de Lance Armstorng, corredor machacado hasta el abuso, sin haber reparado que el sistema que ahora le hunde fue el primero en elevarlo al altar y pedirle ingentes sacrificios en pos de un récord que se antojó inhumano. El americano ha cumplido con el encargo del COI y ha devuelto la medalla de bronce que se colgó tras la crono de Sidney. Al margen del ridículo que implica rearbitrar cosas que pasaron hace trece años, exactos además por que aquellos Juegos fueron en septiembre, malo esto de revisar y revisar ¿qué logras al final? Armstrong pierde su presea, pero no se la pueden dar al cuarto en esa ocasión, que no fue otro que Abraham Olano.

Uno de los más críticos con Lance Armstrong y aquellos que hace de la trampa una cuña en su éxito ha sido Bradley Wiggins. En el capítulo de Sean Yates basado en el Tour de 2012 cuenta que el inglés quiso dejar la carrera por un “inesperado” ataque de Froome. Entendemos que para Brad el ciclismo es eso, recalar en un equipazo y que tu peor enemigo sea tu segundo de a bordo con el fin de no importunar. Si el dopaje es una flagrante vulneración de la competición limpia y directa ¿qué es esto?

Y dado que por este lado del Atlántico están que todo se lo llevan, la Vuelta a España que está realizando Chris Horner desafía cualquier principio de la edad, el desgaste físico y norma que tenga que ver al respecto. De “increíble” ha calificado el rendimiento Nibali de Horner, algo que lleva implícita una segunda lectura mucho más allá del halago. Ahora mismo, en el punto que estamos y cómo evoluciona el ciclismo, que Horner gane la Vuelta no sé si será o no un bien para este deporte, lo que sí es obvio es que la mejor carta de presentación no es. 

El romanticismo ha muerto

“Nos guste o no, esto es una nueva era, con más tecnología, mejores entrenamientos y esperemos que menos drogas” Procycling (mes de mayo)

 

 

La llegada en alto que vertebró la última Tirreno-Adriático despertó un debate dormido, pero latente, desde el Tour de Francia pasado. Una vez más, y un día después de que Porte ganara en la París-Niza, el Team Sky había absorbido la carrera de tal manera que otras opciones se eclipsaban al ritmo de sus corredores. De esos días surgió una llamativa declaración de Alberto Contador, algo así como que “ha sido interesante ver los datos de mi SRM –medidor de potencia- a rueda de los Sky”.

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Aquellas palabras de Contador arrojaron muchos comentarios. Sin embargo recordadas ahora suenan hasta bien. En el Procycling del mes de mayo, se dedica una página a esas maquinitas acopladas en el manillar de los ciclistas llamadas SRM. Como bien indica el artículo estas herramientas son usuales en el ciclismo desde hace unos veinte años. Algunos equipos las usan para todo, entrenar y competir, otros sólo para entrenar. Al parecer el Team Sky lo usa para todo, es una cuestión casi de fe.

Alrededor de su uso en el frenesí competitivo, algunos abogan por excluirlas como en su día apostaban por quitar las radios. En el fondo surge un choque de mentalidades, la anglosajona con la latina. Vincenzo Nibali se los cargaría todos. Bradley Wiggins no pasa un día sin consultarlo. En medio, están los conversos. Por ejemplo el italiano, pero militante de las teorías del norte, Marco Pinotti: “Si algunos no quieren usar los SRM es por que no son capaces de interpretarlos”. Entramos casi en el terreno del potencial intelectual de los ciclistas. Podríamos pensar que en el sur son hasta más tontos.

El bando anglosajón completa que el dominio de los hombres de negro no se debe a los SRM en competición, si no al durísimo trabajo que se desarrollan en las diferentes concentraciones que llevan a cabo durante el año. “Esas reuniones no son colonias de críos, se trabaja mucho y muy duro” afirman. Para los mentores de Sky y allegados el romanticismo ha muerto en el ciclismo. No es tiempo de intestinas exhibiciones de ciclistas con el 58% de hematocrito. “Nos guste o no, esto es una nueva era, con más tecnología, mejores entrenamientos y esperemos que menos drogas” completa el artículo de Procycling.

Pero hay más, desde el medio inglés se sugiere que los SRM formen parte de la artillería antidopaje. Igual que se estudia la sucesión de valores en un pasaporte biológico, se podría hacer lo mismo con los datos arrojados por el SRM y de esta manera nos ahorraríamos exhibiciones sustos posteriores a exhibiciones fuera del alcance humano.

Sea como fuere, en la mesa está el debate y en este Giro viviremos un primer round. El concepto anglosajón frente al librillo latino. Modernidad vs tradición. Son en definitiva dos concepciones que golpean el devenir cotidiano de todos nosotros sólo que resueltos sobre una carretera y puertos de montaña. Veremos.

Foto tomada de www.TDWsport.com