Cicloturismo blanco: Seis destinos buscando la nieve

El cicloturismo blanco nos llena la mirada de paisajes exóticos

El pasado 1 de diciembre dio comienzo el invierno meteorológico que se prolongará hasta el 29 de febrero.

Meteorológico, que no astronómico, ya que oficialmente lo hizo el 22 de diciembre a las 5.48, hora española:  fue el solsticio de invierno.

Es ahora cuando tenemos los meses más fríos combinados con los días más cortos del año.

 

¿Representa esto un impedimento para seguir disfrutando de nuestras salidas en bici?

Posiblemente, dependiendo de lo rigurosa que sea la estación, o de las ganas que pongamos cada uno, si queremos tomarnos un descanso o decidimos no arrugarnos ante los elementos y salir ahí afuera a pedalear.

Eso sí, bien abrigados, que para eso disponemos de ropa con los mejores materiales, para disfrutar de una manera diferente del innegable cambio en el paisaje, haciendo de nuestras salidas cicloturistas algo realmente exótico.

Se trata de pedalear en condiciones diferentes, porque nuestra afición no ha de disminuir en invierno y simplemente podemos cambiarla.

Hemos de animarnos a continuar con nuestras cabalgaduras en bici, pero buscando esos destinos que nos ofrezcan otro punto de mira, otra visión desigual de nuestras montañas cubiertas de nieve, que nos animará a experimentar y sentir de manera distinta.

 

Es un buen momento para elevar nuestra mirada y dirigirla hacia los territorios de los esquiadores.

Ellos son los que ahora dominan los puertos, tan aficionados como nosotros a la alta montaña, espacio blanco en invierno, y a los que debemos estar agradecidos porque han hecho posible que se hayan asfaltado pistas dirección a las estaciones de esquí, carreteras que salen disparadas hacia el cielo.

Pero alguien puede preguntarse…

¿quién fue primero el ciclista o el esquiador?

La respuesta la tenemos en la historia del esquí en nuestro país, y ésta es antigua.

SQR – GORE

 

A finales del siglo XIX, este deporte de invierno ya era practicado en Navacerrada por noruegos que vivían en Madrid, si bien su expansión comenzó en la primera década del siglo XX hacia Pirineos y Sierra Nevada.

No sólo fue una incipiente modalidad deportiva, sino también un medio de desplazamiento de los habitantes de la alta montaña que les permitía romper su aislamiento en los meses invernales.

Por tanto podemos comprobar que la nieve es pasado, presente y futuro, porque este oro blanco ha ayudado a prosperar muchos municipios deprimidos que gracias a este turismo han mejorado su nivel de vida, infraestructuras y comunicaciones.

Algunos ejemplos de lo que os estamos hablando para esta época del año, podrían ser Cerler, la Covatilla, Valdezcaray, la Bonaigua, Sierra Nevada o Navacerrada-Bola del Mundo, por citar algunos destinos buscando la nieve en otras tantas estaciones de esquí situadas en espacios de gran interés natural.

Parajes que no deberían ser obstáculo para seguir disfrutando del pedaleo mientras duren las bajas temperaturas.

SQR – GORE

 

La bicicleta no entiende de fronteras ni de dificultades y siempre habrá algún ciclista dispuesto a intentarlo para poner pedales a sus sueños e ilusiones.

Foto: Pau Catllà

Entrenar con frío vale por dos

Cuando el frío más arrecia, el ciclista pone más a prueba su fe

¿Frío yo? ¡Nunca!

¡Hoy salimos!

Primer sábado de enero, primer día de invierno riguroso.

No se equivocaron los hombres del tiempo, no, y la anunciada ola de frío polar ha entrado por el norte del país puntualmente, tal y como habían pronosticado.

La bajada de temperaturas es brutal, vamos, que hace un frío que pela, un frío del carajo.

Pero… ¿quién dijo miedo?

La temporada cicloturista de mi club, con su calendario de salidas, acabó el último sábado de noviembre, pero estos meses de enero y febrero, hasta el primer fin de semana de marzo, se sigue saliendo igualmente, en el punto habitual de encuentro, a las 8.30 horas en punto.

Se espera cinco minutos de cortesía y… ¡a correr!

Eso sí, para que no haya confusiones y buscando el «calor» de la costa, los sábados se van alternando los recorridos: un fin de semana se va hacia el norte, el Maresme, y al otro dirección al sur, el Garraf, para almorzar en alguna de las «cálidas» terrazas al sol de las turísticas y pintorescas poblaciones que iremos encontrando por el camino, como Sitges, muy cerca todas ellas de la playa, recorridos los cuales podremos recortar o alargar a nuestro antojo.

De todas formas hoy algunos valientes nos vamos a ir hacia el interior: queremos subir a Montserrat, aunque ya veremos, hace mucho, mucho, frío.

He abierto la ventana y la primera sensación casi me congela el alma: «sí que hace frío, sí, brr…».

La verdad es que ahora llega una época, cuando el pleno invierno se hace notar y de qué manera, para el «disfrute» de los que gustan de esta estación y de sus inclemencias típicas de estos meses: frío y frío extremo, nieve, viento, lluvia y hasta barro si es necesario: son nuestros clasicómanos.

Yo, la verdad, llevo unos años que sobrellevo mucho mejor el frío que el calor.

Serán los años -los años que tengo, claro- pero ahora casi lo prefiero, ya que con la ropa de la que disfrutamos hoy en día, con los tejidos que se fabrican, aptos para cualquier destemplanza, es más fácil echarse a la carretera, bien abrigado.

Lejos quedan aquellas temporadas en las que muchos colgábamos la bici «hasta el año siguiente», pero en la actualidad ya no hay excusa para seguir pedaleando incluso en invierno, por muy crudo que sea.

En mi caso, además, llevo unos años en los que me he curtido bien «la piel» con las asperezas invernales en jornadas memorables rozando los cero grados en el Pirineo, o bajo el intenso granizo -del tamaño de canicas- que sufrimos no hace mucho en las montañas de Ayora, o bien el recuerdo que tengo de un descenso épico, en pleno mes de diciembre, de los Rasos de Peguera a… ¡–6ºC!

Sí, seis grados bajo cero, con lo que la sensación térmica bajando no quiero ni saberla, pero seguro que muy por debajo de los –10ºC, bastante más, diría yo.

Creo que en mi vida había pasado tanto frío.

El aire helado me cortaba la cara y, a pesar de mi indumentaria, el congelado viento del descenso se intentaba colar por donde podía.

Aquel día había subido en compañía de otros amigos, como Claudi y nuestro estimado fotógrafo Sergi, para cubrir un reportaje de los Rasos de Peguera nevados en diciembre, algo espectacular «sólo para nuestros ojos», con aquellas montañas nevadas, ascendiendo por una carretera con las laderas completamente blancas.

Fue un día precioso, gélido pero encantador, y a pesar de aquel descenso infernal guardo un buen recuerdo (¿te acuerdas, Claudi?).

En esa jornada «de trabajo» creo que me vacuné para siempre contra el frío.

Iba bien abrigado, pero la temperatura tenía que ser tan brutalmente baja que al llegar al coche, que tenía aparcado en Berga, recuerdo que me metí y puse la calefacción a tope.

No arranqué hasta que no entré en calor.

A continuación de estas frescas anécdotas que os he contado, hoy por fin, después de vestirme bien… ¡salgo!

La verdad es que antes tardaba más en hacerlo, en esta cruda época, cuando tenía que ir colocando sobre mi piel, capa sobre capa, toda la ropa que me preparaba, que era bastante.

Ya se sabe, la técnica de la cebolla para intentar sobrellevar el intenso frío.

Esto ya no es necesario con las prendas específicas que disponemos en el mercado.

De todas formas mientras pedaleo calle abajo, el termostato que es mi nariz ya me va avisando de que la temperatura es muy baja, y al cruzarme con el termómetro de la farmacia de mi barrio  se confirma, ya que marca unos “preocupantes” –2ºC.

No son todavía las 8 de la mañana y es casi de noche, aunque ya se ven las primeras luces de la jornada.

Me dirijo a la plaza, lugar de reunión del grupo, y ya se respira un gran ambiente, frío, pero gran ambiente, entre tanto ciclista que, a estas horas de la mañana, van tapados hasta las orejas y es difícil reconocer a alguien.

El vapor que sale de las bocas de mis amigos y compañeros, charlando entre ellos, da un toque aún más invernal a los preparativos de la salida.

Comenzamos a pedalear, con suavidad.

Las piernas aún no van finas, pero a medida que el sol va levantando, vamos entrando en “calor” y ya casi no te acuerdas del frío, a pesar de que mi reloj marca 1ºC y que durante buena parte de la matinal no superaremos nunca los 3 ó 4ºC.

Después de dejar atrás la ciudad, continuamos pedaleando, arropados dentro del gran grupo, por una preciosa y estrecha carretera, convertida en una auténtica alfombra de hojas y junto a una acequia que riega los campos de cultivo que nos rodean que, a estas horas, están cubiertos de un manto blanco, completamente helados.

Los huertos van dejando paso a frondosos bosques de pino blanco y encina, donde el olor del frío húmedo se deja sentir plenamente.

A medida que vamos cogiendo cierta altura disfrutamos de las magníficas vistas del Pla del Bages y de Montserrat, e incluso a lo lejos de los bellos picos nevados del Pirineo.

Como muchos comentaban hoy, no hay mejor manera de preparar la temporada:

¡con una salida de éstas estás vacunado para toda la temporada!

Dibujo: Juan Manuel Escrihuela

La necesaria hibernación del ciclista

Está claro que el ciclismo es un deporte en el que está expuesto contantemente a la climatología y cuánto más dura es esta, más te desgasta. Una vez pasado el verano y entra el otoño, la mentalidad del ciclista se va apagando progresivamente como si del consumo de unas pilas se tratara…

Las energías del ciclista también se ven afectadas, y no es tan sólo físico (ya que el cuerpo si le das descansos dá mucho más de sí de lo que parece) sino psicológicamente. La ambición se desgasta, observar que la temporada llega a su fin, sin objetivos por los que luchar, junto la carga de entrenamientos y carreras de todo el año pesan, y lo que desea el ciclista es poder descansar de tanto sacrificio. A no ser que haber sufrido una lesión o cualquier otro parón obligado durante el año, que te hace llegar a final de temporada con todavía las pilas enteras y ganas de seguir corriendo.

También llega la práctica del ciclocross. Aunque para poder dedicarle un buen rendimiento durante toda la temporada de invierno hay que haber hecho un parón previo si no se quiere uno ir arrastrando por los circuitos, con más pena que gloria…

Lo que sí está demostrado, es que todo el año no se puede estar al 100% y el cuerpo necesita descanso. La entrada del otoño y el invierno anuncian que toca invernar como los osos, levantar el pie del pedal para recuperar de la dura temporada y comenzar un merecido descanso. Unos aprovechan para hacer las vacaciones totales y otros para practicar hobbies. Pensar en practicar deportes alternativos es una gran motivación para muchos.

Hay quienes les encanta los deportes de nieve y están deseando ir a hacer raquetas, esquí de fondo, pista o travesía! Hay quienes les gusta ir a caminar o incluso practicar deportes que no son muscularmente compatibles para el buen rendimiento del ciclismo como correr, tenis, padel, fútbol…y que ahora es el momento de disfutar de ellos y no pensar en las agujetas que ocasionan.

O quienes aprovechan para hacer todo aquello que la temporada ciclista no te permite, salir sin horarios, dejar la dieta de lado y hacer una vida más «normal». Muchos ciclistas de carretera también siguen dando pedales, pero en esta ocasión tirándose a la montaña practicando BTT!

Personalmente soy de los que aprovechaba el parón de final de temporada para hacer vacaciones y viajar. Desconectar yendo a la montaña con el perro a caminar o trotar y aprovechar para poder pasar el máximo tiempo posible con los amigos y familia. Un hecho tan sencillo como ir a almorzar con la colla, para mí era un placer y aprovechaba para salir relajadamente a pedalear, hacer unas risas y saborear unas buenas brasas.

Los deportes de riesgo los dejaba mentalmente en la agenda para el futuro ya que una lesión estando en activo podía tirar al traste toda la carrera deportiva.

Así que recomiendo que después de finalizar la temporada y la llegada del invierno se dedique a desconectar ya que suele pasar que después de unas semanas sin dorsal, pronto viene el mono de volver a las carreras y por mucho que lo pensemos, la temporada no va a llegar antes…

Por Israel Núñez

INFO

Otra propuesta para los días que anochece antes o da pereza salir, ciclismo de salón…