Ciclismo femenino ¿Cuáles son las mejores de siempre?

ciclismo femenino Jelena Eric

El top de la historia del ciclismo femenino nos trae apellidos de siempre

Todos tenemos claros nuestros ciclistas top en la historia del ciclismo masculino, pero ¿qué pasa con las mejores de siempre?

Esta pregunta se la realiza Nacho en un nuevo vídeo a la ciclista del Movistar Team Jelena Eric y nos dan sus cuatro top de la historia.

Y entre ellas el fichaje estrella del equipo celeste para el nuevo año: Annemiek Van Vleuten

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Con ella en el equipo está claro que la estructura telefónica va a dar un paso decisivo hacia adelante.

Lo que hace un par de meses nos contó Saúl sobre el fichaje de la mejor ciclista del mundo ahora mismo lo corrobora la propia Jelena.

Y es que formando parte de la historia de siempre del ciclismo femenino, Van Vleuten demuestra que ver ciclismo femenino, es ver un poco el ciclismo de antes, el de siempre, por el que suspiramos a diario y llega a cuenta gotas.

Tenemos numerosos ejemplos.

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En Movistar esperan que el salto de calidad de Van Vleuten sea el empujón que necesita el ciclismo femenino.

Y un bonus track: una breve pero directa opinión sobre Pogacar, a éste no se le pondrá nada por delante.

Queremos agradecer al Café-Bar Polmar, cycling hub de la Marina Baixa, habernos guardado un rinconcito de su local para esta charla.

 

Imagen: Movistar Team

 

 

 

Ciclismo femenino: las cosas están donde estaban

Ciclismo femenino

En el reinado del ciclismo femenino nadie puede con Annemiek Van Vleuten

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Las cosas han regresado exactamente en el mismo sitio donde se dejaron.

Esta es la primera conclusión obvia que se extrae de lo presenciado en el arranque del calendario femenino 2.0 en el año 2020.

Navarra y el País Vasco tuvieron el honor, esta pasada semana, de volver a encender la mecha del ciclismo no solo en la categoría de féminas, sino prácticamente a nivel internacional en cuanto a competiciones de categoría UCI.

Un nuevo comienzo un tanto inestable, por la confusión respecto a la obligatoriedad de presentar los correspondientes test PCR negativos a la organización por parte de todas las corredoras y staff de los equipos, que dejó la primera de las carreras navarras con una lista de participantes mermada.

Por fortuna, a partir del segundo día, ya con todos los tests en regla y la normativa clara, la participación fue completa y la atención pudo desviarse al plano puramente deportivo.

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Navarra, con sus dos pruebas de un día, y País Vasco, con la ya veterana Durango-Durango Emakumeen Saria, aparte de sortear las enormes dificultades de organizar sus carreras en un año como este, montaron un escenario digno del exquisito plantel de estrellas que acudieron a la cita: recorridos duros, variados y perfectos para deparar diversos desenlaces tácticos.

Decíamos que las cosas regresaron tal cual habían quedado allá por principios de marzo. Annemiek van Vleuten, portadora del arcoíris y ganadora hace cinco meses de Omloop Het Nieuwsblad, logró la hazaña de levantar los brazos en las tres carreras, haciendo honor a la prenda que la identifica como la mejor ciclista del mundo.

Van Vleuten, ya sobradamente conocida por su constante alusión a la épica de este deporte en su manera de afrontar las carreras, dejó sus cabalgadas en solitario marca de la casa día tras día, aunque en cada uno de ellos se encontró con una rival diferente que trató de desafiar su dominio a su manera.

Si Mavi García estuvo a punto de lograrlo con un sorprendente ataque entre puerto y puerto en la primera jornada navarra, Elisa Longo Borghini intentó el más difícil todavía arrancando sin mirar atrás a más de 60 kilómetros de meta en los muros y adoquines dignos de una gran clásica que presentaba el segundo de los recorridos.

Ambas tuvieron que conformarse al final con sendas segundas plazas, pero jugaron a ganar.

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En Durango, Anna van der Breggen, la gran rival generacional de Van Vleuten, retó a la campeona mundial en las rampas de Goiuria con una persecución agónica que las dejó en una invariable diferencia de 10 segundos durante toda la ascensión. Se vinieron a la mente las imágenes del pasado Giro, donde pudo finalmente neutralizar y doblegar a su compatriota en una lucha muy similar durante la última etapa de montaña.

Aquí, sin embargo, se quedaría con la miel en los labios.

Annemiek van Vleuten aún no ha perdido una sola carrera desde que viste el arcoíris; una estadística impresionante. Su dominio, lejos de ser aburrido, se engrandece por la actitud de sus rivales y la suya propia, siempre al ataque y sin eludir la responsabilidad que otorga su inevitable favoritismo.

Como muestra del altísimo nivel del pelotón, la Durango-Durango se completó a una media de 39,6 km/h, verdaderamente notable para una jornada de media montaña en la que el viento no fue un factor diferencial.

En el reencuentro con el ciclismo profesional, podríamos decir que la actitud estuvo a la altura de la aptitud.

Por Saúl Miguel

Imagen: @ehitzulia

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La chicas ciclistas que se cruzaron en mi camino

En mi vida entre ciclistas he coincidido con no pocas chicas

Sobre chicas y ciclistas, Esta es la pregunta que me hizo nuestra compañera y amiga Ada Xinxó, después de leer hace unos días en este mal anillado cuaderno mi entrada sobre lo que había viajado en bicicleta durante el confinamiento… sin moverme del salón de mi casa:

«Jordi, ¿tantos viajes en bicicleta durante el confinamiento y no has encontrado ninguna cicloaventurera  que te acompañara en tus largas sesiones de rodillo?»

Mi respuesta fue, sin lugar a dudas, que tenía toda la razón, que tendría que haber encontrado una aventurera ciclista… ¡para escaparme con ella!

Bromas aparte, sí que le dije que yo había conocido algunas de ellas en persona.

Y le puse algunos ejemplos y le prometí que hablaría de ellas en próximas entradas.

Y aquí estoy, para cumplir mi palabra y hablaros de aquellas chicas ciclistas que yo conocí en mi sociedad de toda la vida. 

Era un club modélico a todos los niveles.

Podría explicar por qué me tuvo enamorado durante casi 20 años ininterrumpidos, saliendo siempre con ellos todos los sábados de excursión.

Con ellos… y ellas, por supuesto, porque lo importante a destacar de aquel club es que siempre había contado con un grupo muy amplio de chicas de todas las edades y niveles de forma, claro está.

En este sentido, lógicamente, para mí nunca había sido nada raro ver a chicas montando en bici, por supuesto.

Estoy hablando de principios de los años 90, cuando me di de alta en aquel club, pero es que en aquella asociación ya había mujeres que habían comenzado a salir en bici nada menos que en la década de los 80.

Era el caso por ejemplo de Ana, la chica más veterana de todas ellas, que a sus 50 años se enganchó a practicar este deporte.

 

En aquella época, como podéis imaginar, hacerse socia de un club ciclista era algo todavía raro, a no ser que tuvieran algún padre o marido que las hubiera animado a apuntarse y a disfrutar junto a ellos de las deliciosas salidas en bici de fin de semana.

Con Ana mantuve largas conversaciones encima de nuestras bicicletas.

Me gustaba escucharla.

Ella, a su edad, siempre explicaba que parecía la madre de todas las chicas del club.

Sería por veteranía, porque su aspecto físico era el de una persona mucho más joven.

Además ella nunca se desenganchaba del grupo fácilmente y daba bastante guerra a sus queridas compañeras más jóvenes.

Me comentaba que pedalear le había dado muchísimas satisfacciones y me remarcaba la importancia de hacer deporte.

Gracias a su marido se hizo socia de aquella entidad, para seguirlo en su bendita locura, algo que ha hecho hasta estos últimos años.

Ana, por su ímpetu, su manera de ser y su buen hacer, no tardó en ocupar un puesto en la junta directiva, impulsando desde su secretaría no sólo la organización de eventos como marchas cicloturistas y salidas especiales, sino también, claro está, la promoción del cicloturismo femenino, algo en lo que triunfó indiscutiblemente y cuyos frutos se ven hoy en día, siendo uno de los clubes con más chicas en sus diferentes grupos de participación.

Ella, como muchos otros y otras, comenzó a pedalear con el grupo «C», el más tranquilo y el que hacía las salidas más cortas, si es que se pueden llamar cortas a excursiones entre 60 y 70 kilómetros.

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Pero enseguida saltó al grupo «B», más numeroso, más batallador y con recorridos mucho más largos de hasta 100 km o más.

Siempre recordaba con ilusión todos los kilómetros que había hecho con su bici y explicaba con orgullo su mayor logro consistió en recorrer el Camino de Santiago en 11 días.

Pero como os decía, había muchas más chicas ciclistas.

Entre ellas también recuerdo a Merche, una auténtica apasionada de la bici, que ya desde muy joven aprovechaba cualquier oportunidad para salir con ella.

Empezó haciendo cicloturismo de alforjas en unos tiempos en el que era rarísimo ver en nuestro país a este tipo de cicloturistas, ya fueran hombres o mujeres.

A ella esta modalidad la cautivó desde el principio, disfrutando del esfuerzo, del paisaje, de la compañía y viendo cómo su forma física mejoraba.

Siempre recordaba con cariño su primera participación en una marcha como la Tres Naciones:

«¡qué emoción a la salida! ¡Qué lucha por poder seguir la rueda de algún ciclista! ¡Y qué placer llegar a meta, con la faena hecha y esa reconfortante sensación de cansancio y disfrute a la vez!».

Durante muchos años participó en todas las marchas posibles.

Tenía auténtica predilección por la Quebrantahuesos, la Marmote o la Hubert Arbes.

Luego cambió de registro y comenzó con la larga distancia: cuantos más kilómetros, mejor.

No paró hasta conseguir finalizar la París-Brest-París: 1200 kilómetros completados en 83 horas.

Una auténtica pasada, aunque su mayor disfrute era salir con el club, en el que siempre encontraba un grupo de gente que se adaptaba perfectamente a su ritmo, compartiendo su afición con todos ellos.

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De entre todas aquellas chicas ciclistas también tuve la satisfacción de conocer a Ariadna, la más joven, que ya desde bien pequeñita le apasionaba ir en bici haciendo excursiones con su destartalada BH en inolvidables veranos hasta lugares, que en aquel momento a ella le parecían muy lejanos.

Cuando se enganchó definitivamente a la práctica del cicloturismo nos explicó que fue por varios motivos:

«la sensación de deslizarte sobre el asfalto, la dureza de los puertos, la nueva dimensión que adquiere el paisaje a la velocidad del ciclista y, sobre todo, la buena compañía y el buen ambiente que siempre hay en este mundillo».

El club para ella se convirtió en un lugar de encuentro que le permitió hacer muchas amigas formando un buen grupo de chicas ciclistas, con las que salía regularmente, participando juntas en muchas marchas y compartiendo muy buenos momentos sobre la bici.

También fue una gran luchadora para conseguir que las marchas no dieran la imagen habitual de un inmenso pelotón de chicos ciclistas en los que alguna vez se veía una chica solitaria.

Aunque siempre, con una gran sonrisa, explicaba cómo el hecho de ser poquitas participantes en las marchas contribuía a que el público las animase con mucha más fuerza que a los chicos, quienes veían cómo al paso de ellos los gritos menguaban.

Decía que las chicas solían crear una especie de fraternidad femenina entre ellas, saludándose, charlando, y sin preocuparse si una la adelantaba o era ella quien lo hacía.

Era tanta su inquietud por el bajo número de mujeres que practicaban el ciclismo de carretera, que incluso elaboró un trabajo de investigación para el boletín de aquel club, porque sentía curiosidad por conocer con exactitud la participación real de féminas en estas citas ciclistas.

Sabía que eran bajas, pero… ¿cuánto?

No os voy a marear ahora con cifras y números, pero llegó a la conclusión que un 5% de participación femenina en una marcha -en aquella época- se podía considerar todo un éxito.

Este tanto por ciento podía aumentar si la marcha era menos dura, más corta y menos competitiva, o cuando a un recorrido largo se le daba la opción de uno corto.

También dejó evidente que en Francia había mucha más participación femenina ya que existe más cultura ciclista y es por este motivo que las mujeres se lanzan a la carretera para participar mucho más en las marchas.

Este estudio ya tiene unos años y parece que hoy en día todo esto está cambiando.

Muchas mujeres ya empiezan a sentirse mucho más cómodas en el cicloturismo actual, al poder disponer de bicicletas en las que las grandes marcas ya tienen su versión femenina y, sobre todo, porque éstas ya no son tan caras como aquellas bicis pioneras de hace unos años.

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También ayuda la existencia en el mercado de material y ropa exclusiva para ellas.

Esto es básico, claro está.

Para finalizar, recuerdo también como la propia Ariadna nos explicó una jugosa anécdota de cuando en aquellos años se formó de manera casi espontánea un grupo de chicas ciclistas bajo el nombre de «me tendréis que esperar».

No creáis que era un grupo exclusivo de mujeres, pero sí que eran muchas las que se juntaban todos los fines de semana para salir en bici.

Lo anecdótico de este nombre se debe a la manera en cómo surgió, de una forma natural.

Cada nueva integrante que se incorporaba a las salidas era habitual oír de “motu proprio”: ¡me tendréis que esperar!

Como Ariadna nos explicaba, a muchas de las incorporaciones sí era necesario esperarlas, pero en otros casos no sucedía así.

A fin de cuentas, cada una rodaba a su ritmo, pero al final todas se esperaban las unas a las otras.

Un gran gesto del cual tendríamos que aprender todos.

Ana, Merche y Ariadna: tres ejemplos de motivación, de superación, de maneras de entender el cicloturismo, pero sobre todo tres espejos donde las chicas ciclistas puedan mirarse y verse reflejadas para continuar saliendo a la carretera a pedalear.

Foto: Ariadna

La mujer y la bicicleta

«El día en que la mujer se suba a la bicicleta, el hombre la va a seguir” David Byrne

«Me congratulo cada vez que veo a una mujer montada en bicicleta…. la feminidad libre y sin ataduras» Susan B. Anthony

La bicicleta es el compañero ideal para muchas mujeres” Ann Strong

Hoy, día 25 de este atribulado mes de noviembre, se celebra el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, una celebración que resulta increíble en esta sociedad que se precia de avanzada y superior, moralmente, a las anteriores y muchas contemporáneas a ella.

Tan sólo unas citas, las de arriba, y las palabras de un negocio vinculado a la mujer que va en bicicleta, algo que poco a poco va creciendo y tomando forma, para explicar que la bicicleta no entiende de sexos ni condiciones si quien la conduce quiere recibir lo mucho bueno que pulula por la vida.

Así que sin más preámbulo queremos dejaros con las reflexiones de Anna, la persona que gestiona D´bike d´Dona, una nueva tienda para mujeres que quieren ir en bicicleta en Girona.

Nuestra idea surge de la demanda creciente en el sector femenino que quiere introducirse al mundo del ciclismo, al mismo tiempo que era idóneo tener en un mismo sitio todo lo necesario para realizar y disfrutar de este deporte: desde bicicletas con la geometría especifica femenina a textil adecuado, accesorios y todo lo necesario para la práctica del ciclismo.

La mayor parte de gente piensa que solamente se distinguen las bicicletas, ropa, cascos, etc de mujer de las de hombre en el color. Pero se equivocan. La mujer necesita una bici con unas medidas específicas para ella, una ropa con un diseño y material específicos para ella, zapatos de su numeración y con la horma diferente, guantes más estrechos, cascos más pequeños… y podría seguir una lista muy larga! Así como los hombres tienen sus necesidades específicas en este deporte, las mujeres tenemos las nuestras.

En lo que hace referencia a la bicicleta, la mujer necesita una máquina con una geometría adecuada a ella ya que las medidas de su cuerpo son distintas a las del hombre. Físicamente la mujer suele ser más larga de piernas y el tronco superior más corto, (al contrario que los hombres, de piernas más cortas y tronco más largo).  Por ese motivo, la forma de la bicicleta variará para mujeres y para hombres. Las mujeres necesitamos, por lo general, una bicicleta con una geometría del cuadro con unos cm de diferencia a las bicicletas de hombre, de esa manera la posición será más cómoda y adecuada a la fisonomía femenina.

Creo que apostar por el ciclismo femenino es muy interesante porque la participación de la mujer en pruebas ciclistas ha ido creciendo, sobretodo en triatlones.  No obstante creemos que todavía tiene que crecer el nivel de participación, pues la cantidad de usuarios no ha parado de subir.

Cada vez somos más las mujeres que queremos practicar el ciclismo por nuestra cuenta. Y, al ser más, se forman grupos dónde hay niveles similares y se programan salidas conjuntas para hacer deporte y pasar un buen rato mientras se practica.

Por eso para el futuro creemos que hay un buen potencial. La tendencia de la generación actual esta cambiando. Ahora la gente en general prefiere disfrutar de ocio deportivo al ocio nocturno. Y el sector femenino en particular, está focalizando el deporte como estilo de vida sana, y el ciclismo es un buen deporte para poder practicar en grupo, si uno quiere puede practicar este deporte acompañado.

INFO

En el RH Hotel Bayren & Spa ponemos a disposición del ciclista un espacio en el que podrá limpiar y acondicionar su bicicleta con toda comodidad y seguridad.

Ciclismo femenino vs ciclismo masculino, las diferencias siguen siendo importantes

ciclismo femenino Alberto Bettiol Flandes JoanSeguidor

Los premios del ciclismo femenino siguen estando lejos del masculino en algunas grandes carreras

En la entrada del Centro del Tour de Flandes, entre el acceso a la zona de exposición y la cafetería hay un par de fotografías grandes en la pared que se guarda a los dos últimos ganadores de la carrera.

Alberto Bettiol y Marta Bastianelli ocupan el espacio. 

Son los dos últimos ganadores de De Ronde en versiones masculina y femenina..

Son los dos reyes de una tierra eminentemente ciclista.

Para Alberto Bettiol aquella tarde de domingo, en el Kwaremont, cuando distanció todas las estrellas del grupo principal, la vida cambió para siempre.

Su primer triunfo fue el Tour de Flandes.

Su estatus desde entonces es otro, se ha ido a Lugano, desde la Toscana, tiene otros gastos, otras servidumbres, pero quiere mantener los pies en el suelo.

 

Ser el italiano que ha sucedido a gente como Ballan, Bugno o Bartoli es un peso importante y un impulso económico notable, por todo lo que comporta romper el hielo en esta carrera.

El premio no es nada del otro mundo, es lo que viene después.

Leemos unas declaraciones que describen quién es este ciclista a la perfección.

«Ganamos mucho dinero después, en los contratos que vienen, porque si te paras a pensar el premio por ganar la carrera no es nada del otro mundo, unos 20.000 euros. Aunque peor lo tiene Maria Bastianelli, la ganadora femenina, que se lleva 1265 euros. Es pero para las chicas, mucho peor. Es una desgracia porque para ganar ella sufrió lo mismo que yo o incluso más, y el ciclismo femenino es una realidad»

 

Y es cierto, el ciclismo femenino es una realidad como tal que a pesar de todo lo que vemos y leemos necesita aún dar el salto, un salto de verdad, ser considerado como el masculino no será nada sencillo, pero poner los mimbres para que se le aproxime no estaría nada mal.

Paulatinamente, las mejores carreras sacan su versión para chicas, a modo de entremés de la prueba masculina, y reiteradamente, la competición femenina suele ser mejor que la masculina.

Más espectáculo, más igualdad, a veces menos control.

Todos los portabicicletas de Cruz

Así nos lo escribió nuestro amigo Saúl Miguel un día…

Desde los adoquines flamencos hasta las cumbres alpinas, pasando por las cotas valonas y las contrarrelojes, e incluso con incursiones puntuales en la pista, en la bici de montaña y en el ciclocross, haciendo gala de una versatilidad sin igual, llevan tiempo escribiendo páginas memorables de una historia que, paradójicamente, está pasando desapercibida a la gran mayoría de la afición ciclista.
Y es así, cunde la sensación de que el ciclismo femenino que mejora su versión masculina, tantas veces bloqueada, y por ello que los premios deberían igualarse, ya se hace en varias carreras, que bien que lo anuncian, debería ser una prioridad.
Un deporte que se precia de estar poblado de aficionados con unas inquietudes digamos que diferentes, no puede permitirse estas diferencias, y menos en las grandes carreras que tan idealizadas tenemos.
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Pero la cadena no se engrasa si todos los eslabones no hacen su parte.
Igualar premios en base a mejor cobertura, reconocimiento y esas cosas.
E igualar premios de abajo hacia arriba, no penalizando el ganador masculino… ese es otro reto.

 

Cosmopolitan, el ciclismo femenino sólo pide más rigor

Ciclismo femenino- JoanSeguidor

El ciclismo femenino también merece seriedad cuando se habla de él

El otro día nuestra amiga Marta Vilajosana tuiteó sobre ese reportaje que la revista Cosmopolitan le dedicó al ciclismo femenino…

Sin esperarlo ni mamarlo, porque para ella las redes son una cosa más, no la cosa, se vio con un aluvión de respuestas, likes y todo eso que llegado a un punto te abruma.

Entre las respuestas, surgieron algunos comentarios que beben del desconocimiento…

https://twitter.com/isengarder/status/1158262885145042944

Generalizar, eso que se lleva tanto, eso que es tan injusto.

Quien conozca a Marta Vilajosana sabrá que lo que dice está muy alejado de poses, tópicos y clichés.

Ella es ciclismo femenino, desde siempre, desde pequeñita, por eso lo que diga no busca ni el consenso ni la aprobación, ni siquiera decirle a Cosmopolitan qué tiene que publicar, sólo se arroga el derecho de opinar sobre un artículo que parece de ciclismo de salón, con «poses» extrañas que pueden acabar muy mal…

Conozco a Marta Vilajosana hace unos veinte años, algo menos, entonces era una de las pocas ciclistas españolas que podía llamarse profesional.

Corría en equipos italianos y llegó a ganar etapas en el Giro femenino, al margen de ese Campeonato de España que tanto se le resistió.

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Desde el minuto uno de dejar la bicicleta de forma rutinaria, como herramienta de trabajo, se consagró al ciclismo femenino en la Federación Catalana de Ciclisme, donde continúa.

Marta nos admitió que ella no acostumbra a comprar la revista en cuestión, que le llegó por una amiga.

La leyó y sencillamente flipó con lo que vio.

«Es muy bueno que el ciclismo femenino siga creciendo y tenga cada vez más expectación, pero esto no se hace así -me dice-. Hablamos de un tema serio y la gente acaba disgustada».

Primero las imágenes, como aquel cartel de una marcha en Colombia que no creo que fuera necesario: «¿Si la mujer se aficiona a la jabalina deberíamos sacarla en bikini apoyada a una jabalina».

No puede tener más razón, esto no es ni feminismo rancio, ni similar, es tan sólo tener buen gusto.

Y lo afirma alguien que no entiende que no haya azafatas en el podio.

 

«Son fotos de chicas como sacadas de un banco de imágenes. Montan la bici, que es de carretera, de una forma que pueden acabar estrelladas contra el suelo. Esas imágenes no ayudan, confunden, como algunas partes del texto, cuando hablan de entrenamientos que no son adecuados«.

Incluso se atreven con el BTT.

«Si no sabes de un tema llama a gente que sí lo conozca, que te ayude, te dé las claves, hay preparadores muy buenos, federaciones. Estaríamos encantados de ayudarles«.

 

Porque en el fondo es un honor y habla bien del ciclismo femenino que una revista como Cosmopolitan lo quiera en sus páginas.

El ciclismo femenino vive momentos dulces, y eso se nota en cosas como éstas.

Marta hace veinte años no hubiera soñado algo así: «Cuando yo era ciclista no veías chicas en la carretera, ahora las cosas han cambiado, todas las grupetas tienen chicas y las marchas cicloturistas crecen gracias a ellas«.

Y no es necesario competir, aunque poco a poco la competición se beneficia de esta dinámica.

¿Conoces el recomendador de Tuvalum?

En la Copa de España ya hay cupos rebasados de 200 ciclistas entre elite y sub 23, «pero si en nuestra época nos juntábamos sesenta«.

Paulatinamente carreras del World Tour incorporan versión femenina, e incluso se camina hacia la igualdad de premios.

«Tengo un amigo en una empresa de rutas en bici que me asegura que el 70% de sus clientes son chicas«.

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El mercado que mueve el ciclismo femenino

En el nicho que representa la mujer en ciclismo, Giant con la creación de Liv dio en el clavo y abrió el camino hacia un segmento que no para de demandar más y más en todos los niveles: desde bicicletas, a ropa y complementos.

Y en esa cresta de la ola va también la bicicleta eléctrica que favorece que algunas parejas puedan salir juntas «cada vez más«.

Esta es la realidad del ciclismo femenino, la realidad que posiblemente empujara a Cosmopolitan al artículo.

Que se acuerden de las chicas ciclistas, y de las que puedan sumarse, es un orgullo, que lo hagan con criterio, creemos que una obligación.

¿Podría Annemiek van Vleuten competir con los hombres?

Annemiek van Vleuten JoanSeguidor

Los registros de van Vleuten compiten con el propio Tour de Francia

Pocas veces he presenciado semejante ebullición de mensajes sobre algo relacionado con el ciclismo femenino como el pasado martes, al término de la quinta etapa del Giro Rosa.
Primera etapa de montaña, con puerto de salida y también final en alto, en Torri di Fraele, vecino de colosos como el Gavia o el Stelvio.
Annemiek van Vleuten, portadora del dorsal 1 como vencedora de la edición 2018, se vestía de rosa al ganar la etapa con 3 minutos de diferencia sobre la segunda clasificada.
SQR – Cerdanya Cycle
Ya se sabe lo rápido que vuelan los mensajes hoy en día.
Mi timeline se llenó rápidamente de vídeos del imponente ataque desde la mismísma base del puerto.

De pie sobre los pedales durante un minuto veinte.
Sin pausa, sin mirar atrás.
¿5,7 w/kg?
¿VAM?
Los números rápidamente afloraban entre los gurús del tuiterío ciclista.
DT-Swiss Junio-Agosto

 

Y la pregunta que parece perseguir al ciclismo femenino cuando hay una actuación física excepcional.

¿Podría Annemiek van Vleuten competir con los hombres?

¿Tendría nivel Annemiek van Vleuten para defenderse en el World Tour?
¿Podría Annemiek van Vleuten pelear por carreras entre continentales?
Es comprensible la curiosidad del aficionado.
Es más: indirectamente, la propia ciclista neerlandesa quizá alimente la discusión no solo con sus prestaciones sobre el asfalto, sino también por sus bien conocidas sesiones de entrenamiento con hombres, sus registros en Strava y los artículos que de vez en cuando afloran en la prensa.
«La que entrena con hombres»
«Cuando el hombre más rápido de la carrera es… una mujer»
Estos fueron los títulos de dos piezas que aparecieron a principios de marzo en la prensa belga, con motivo del inicio de la campaña de clásicas con Omloop Het Nieuwsblad.
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En la primera, describía sus entrenos en altitud con Primoz Roglic, Laurens De Plus y Steven Kruijswijk, así como la concentración de 10 días junto al equipo masculino del Mitchelton-Scott, en la que completaron una media de 200 kilómetros y 3.000 metros de desnivel positivo acumulado al día, además de dejar el dato de su umbral de potencia funcional: 5,7 w/kg.
En la segunda, el periodista en cuestión recogía los registros en Strava de varios corredores y corredoras en algunas cotas adoquinadas de la mencionada clásica belga, siendo los tiempos asombrosamente similares.
Aparecían unas declaraciones de Luke Durbridge en las que describía a Van Vleuten como «un fenómeno. Puede completar 200 kilómetros a nuestro ritmo sin problemas».
Resulta fácil también, por ejemplo, examinar sus mejores actuaciones en los nacionales contrarreloj de su país, como fueron las de 2016 y 2019, y comprobar que se mueve al nivel de sus mejores compatriotas sub-23 o de los continentales élite.
Completar cronos de más de 30 kilómetros a medias oscilando entre los 48 y 49 km/h no es ninguna broma.
Pero, al fin y al cabo, ¿qué importancia tiene esto?
¿Significa algo el hecho de que pueda pedalear casi tan rápido como ciclistas que, por razones obvias, jamás serán sus rivales en competición?
Enfocar el debate ahí es un error que no lleva a ningún lado.
El ciclismo femenino tiene atractivos de sobra para no necesitar de comparaciones externas que le otorguen un supuesto valor adicional.
¿Queréis una opinión personal y subjetiva?
Creo que, independientemente de géneros, los ciclistas más espectaculares de la actualidad, en carretera, son Annemiek van Vleuten y Mathieu van der Poel.
Esto es de lo que se tendría que hablar.
De su forma de correr.
De sus ataques sin mirar atrás.
De su carisma y su trato siempre afable y respetuoso.
De su alucinante capacidad de superación y recuperación tras contratiempos.
De su claridad a la hora de hablar de las cosas que deben mejorar de su deporte. Incluso de sus ocasionales, entrañables y característicos despistes.
Y también de sus rivales.
De cómo Kasia Niewiadoma resistió su persecución in extremis en Amstel Gold Race.
De cómo el duelo con Anna van der Breggen nos regaló la memorable edición de La Course hace un año.
De cómo su en su día mentora y líder Marianne Vos sigue añadiendo páginas a su inabarcable palmarés.
De la brillantez táctica y habilidad para leer las carreras de su compañera de equipo Amanda Spratt.
¿Habéis oído hablar de Lorena Wiebes?
Merecería el mismo número de páginas y loas que un tal Remco Evenepoel, que seguro que os suena a estas alturas.
Si el descubrir que las mujeres pedalean mucho más deprisa de lo que algunos piensan sirve para ganarse el respeto y la atención de parte de un público que desconocía esto, bienvenido sea.
Pero el valor intrínseco del pelotón femenino no necesita de ninguna comparación para darle más nivel.
Lo que hace falta es verlo, y no perderse algunas de las páginas más emocionantes de la historia del ciclismo moderno, porque es precisamente ahí donde se están escribiendo.
Cada vez se retransmiten más carreras, y ya no hay excusa para perdérselo.
Texto e imagen: Saúl Miguel 

La edición de este año de la Omloop Het Nieuwsblad nos demuestra que la desigualdad de género todavía sigue existiendo en el ciclismo

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El pasado 8 de marzo se celebró en todo el mundo el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Miles de mujeres de todos los rincones del planeta se lanzaron a las calles para reivindicar la igualdad entre géneros y la necesidad de implementar medidas desde las instituciones públicas para conseguirla. Una marea violeta, en la que mujeres de todas las edades se daban la mano en una lucha común, fue la protagonista durante esa jornada en todas las ciudades de España. Doctoras, abogadas, periodistas, estudiantes, peluqueras, economistas, taxistas, empresarias, autónomas, poetisas, cantantes y un largo etcétera salieron a la calle para hacer ver que cuando ellas se paran, el mundo se para. Porque su trabajo cuenta y es tan valioso como el que realizan los hombres, y por tanto debe ser recompensando del mismo modo.

Pero además de ser profesionales en un gran abanico de ámbitos, muchas de las mujeres que salieron a la calle el pasado 8 de marzo son también deportistas a las que continuamente se les ponen trabas en función a la disciplina que practiquen. Porque sí, en el deporte lamentablemente también existe una enorme desigualdad de géneros. No es extraño escuchar en los telediarios noticias que hablan sobre las faltas de respeto a árbitras en partidos de fútbol o a jugadoras en deportes como el rugby, el boxeo o el motociclismo. Es más, tampoco es extraño que los medios de comunicación no se hagan eco de los triunfos deportivos de equipos o selecciones femeninas por considerar que son menos importantes que los conseguidos por los hombres.

En el caso del ciclismo debemos decir que, por desgracia, sigue siendo un deporte asociado principalmente al género masculino. Esto significa que las ayudas a los equipos femeninos son menores, que los premios en las competiciones son sustancialmente inferiores a los de competiciones similares pero enfocadas a un público masculino, que los patrocinios y la visibilidad que se le da en los medios de comunicación al deporte son irrisorios, y que el trabajo y el esfuerzo de las ciclistas está infravalorado. Esta situación resulta cuanto menos vergonzosa, sobre todo si tenemos en cuenta que el Tour de Francia es el evento deportivo con mayor cobertura mediática y mayor seguimiento de público en el planeta, tan solo por detrás del Mundial de Fútbol y de los Juegos Olímpicos. El ciclismo es un deporte de primer nivel que cuenta con millones de adeptos en el mundo, con canales propios de retransmisión de competiciones, que está presente en los principales medios que estudian los pronósticos como Oddschecker y que mueve grandes cantidades de dinero en patrocinios. Y sin embargo, cuando sobre las dos ruedas las que pedalean son mujeres, todo esto se evapora y en ocasiones nos deja hasta situaciones dignas de olvidar.

Hace apenas unas semanas el nombre de la ciclista Nicole Hanselmann dio la vuelta al mundo. No lo hizo por haber ganado ningún campeonato, aunque podría haberlo hecho, ni por haber batido ningún récord. No, esta ciclista suiza saltó a la esfera pública porque fue obligada a parar en medio de una competición por estar “demasiado cerca del pelotón masculino”. De esta forma, lo que se buscaba desde la organización era que Hanselmann no llegara nunca a pillar a sus compañeros masculinos, aunque el motivo de esta decisión no ha quedado demasiado claro.

Pero pongámonos en situación. El primer fin de semana de marzo se llevó a cabo en Bélgica la Omloop Het Nieuwsblad, una carrera profesional que se celebra desde 1945 y que supone el pistoletazo de salida para las carreras europeas englobadas dentro del calendario del UCI World Tour.  El trayecto engloba los 123 kilómetros que separan Gante de Ninove, y una de las principales particularidades es que se trata de una competición mixta, es decir, que tanto hombre como mujeres pueden participar. No obstante, y de manera paradigmática, hombres y mujeres no compiten entre sí sino que existen dos categorías diferenciadas y, por extensión, dos premios independientes. Por esta razón es por la que el pelotón masculino comienza la carrera con diez minutos de ventaja con respecto al de las mujeres, una medida que nunca ha generado ningún problema hasta este año.

Tras los diez minutos iniciales de diferencia, el pelotón femenino comenzó con su recorrido. Hanselmann atacó durante los primeros 7km, lo que le dio una amplia ventaja sobre sus compañeras y la dejó sola durante más de 20km. El “problema” llegó en el kilómetro 35, cuando la suiza le sacaba dos minutos al resto del pelotón femenino y comenzó a divisar la cola del masculino. Fue en este momento cuando la organización de la competición interceptó a Nicole para pedirle que parase durante unos minutos con el objetivo de ampliar la distancia que existía con el pelotón masculino. De esta forma, la ciclista suiza, que participaba por primera vez en esta histórica carrera, se vio obligada a frenar en seco su ritmo y permanecer quieta en medio del asfalto durante alrededor de 5 minutos. Junto a ella, tuvieron que hacerlo el resto de mujeres del pelotón a las que Hanselmann les sacaba una importante distancia. Tras el parón, todas ellas reiniciaron la carrera y con el objetivo de favorecer de algún modo a Nicole la organización decidió darle dos minutos de ventaja. Pero esta medida fue insuficiente, esos cinco minutos de parada jugaron en contra de la suiza, que no consiguió recuperar el buen ritmo que llevaba y finalmente terminó en el puesto 74. De no haber sido obligada a parar, probablemente Hanselmann se hubiera alzado con el premio de la competición femenina, que finalmente fue a parar a Chantal Blaak.

Fue la propia ciclista, que a pesar de su posición final se mostró orgullosa del resultado, la que denunció esta situación a través de las redes sociales. La organización, por su parte, comunicó a los medios que la decisión de frenar al pelotón femenino se basó en la necesidad de “neutralizar” la carrera. Pero, ¿si ambas competiciones estaban claramente diferenciadas desde el principio qué necesidad existía de neutralizarla? Que Nicole Hanselmann y el resto de sus compañeras hubieran alcanzado al pelotón masculino no habría cambiado en nada el funcionamiento de la carrera, seguiría habiendo una ganadora y un ganador en cada categoría, aunque tal vez la primera habría cruzado la línea de meta antes que su homólogo masculino a pesar de la ventaja inicial de 10 minutos.

La Omloop Het Nieuwsblad finalizó así con un mal sabor de boca, y aunque hace ya más de 150 años de aquella primera carrera de ciclismo femenino y muchos de los prejuicios iniciales ya han desaparecido, situaciones como las vividas en Bélgica nos indican que todavía queda mucho por hacer por la igualdad de género en el ciclismo.

Imagen: Foto: Pixabay // Dominio Público