La abrumadora cultura ciclista francesa

Cultura ciclista francesa JoanSeguidor

Sobre cultura ciclista en Francia: En vísperas de una semifinal del Mundial con Francia en ella, L´ Equipe abre con el Tour

No hemos podido resistirnos a retuitear esta entrada

Es la portada, «l´ une» como dicen allí, del diario L´Équipe en vísperas de toda una semifinal del mundial de fútbol.

Un partidazo que para quienes amamos el fútbol es una muesca muy roja en la agenda.

Pero L´Équipe abre con el Tour

Sin embargo el diario L´ Équipe, auténtico ejemplo de periodismo deportivo, abre con el Tour de Francia, relacionándolo, muy provocativamente con el resultado de la semifinal futbolera.

Es un ejemplo, entre cientos, de cómo se vive y se prioriza la información deportiva más allá de los Pirineos.

Información plural, realmente deportiva, retratando el momento, un momento singular: el país anfitrión del Tour en lo más alto de un mundial de fútbol.

No se desdeña nada, ni se margina, se complementa, se cocina y se plasma en una portada magnífica.

Por cierto ¿le gustará el fútbol a Greg Van Avermaet?

Viendo cosas como ésta, entendemos por qué el ciclismo sigue siendo popular en Francia 33 años después de su última victoria en el Tour.

La cultura ciclista no sólo interesa a los ciclistas

Aunque en los últimos años el ciclismo francés ha logrado mejorar mucho sus prestaciones en el Tour, hubo un ciclo negro, donde el mejor local asomaba a duras penas en el top ten.

Pero ellos nos desistieron, haciendo piña con el valioso patrimonio que es el Tour siguieron en ello hasta llegar al estado actual.

Porque el Tour es más que una carrera, es embajador de un país en medio mundo, la forma de meter hogares lo bueno y mejor de Francia.

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Si alguien en la «patrie» tuviera que pagar a pelo los minutos de publicidad que el Tour genera, no habría dinero en el mundo.

Y no sólo eso, Galibier, Izoard, Tourmalet… Francia atrae cientos de miles de cicloturistas cada día para ver in situ las rutas de los héroes.

Todo ello genera riqueza, dinero y empleo.

También ayuda a la industria.

Eso es cultura ciclista, cultura ciclista que engrasa para que sistema se retroalimente.

Y la rueda gira, y no para, porque aquí no existe la lastimosa cultura del todo gratis en la que nos hemos instalado en este lado de los Pirineos.

Suerte la de ellos que no tienen que aguantar ciertos personajes que opinan de deporte con el mismo criterio que de física cuántica.

Aquí ya tenemos unos cuantos.

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No hay milagros en el ciclismo francés

Barguil ganando en el Izoard

Se mira siempre de reojo y con cierto recelo, desde este lado de los Pirineos todo lo que acontece más allá de los mismos. Se mira hoy y se ve un ciclismo rehecho en todos sus niveles, un país que ha pasado por el desierto que ahora se anuncia para España -está por ver si será así- pero que ha retomado el pulso de la historia, una historia que lo sitúa como cuna, como auténtico mecedor de las raíces de este deporte más que centenario. Es el ciclismo francés.

Los vértices del ciclismo francés los conocemos todos, son muchos y variados, responden a varios perfiles y dan prestaciones en terrenos diversos. Sin embargo, nos gustaría empezar este viaje con el que se va, con quien colgó la bicicleta en los Campos Elíseos parisinos y ha sido cara y gesto de la Francia ciclista durante muchos años.

Hablo de Thomas Voeckler, el corredor que hizo de su profesión un show en el que sólo me quedo con una cosa: una casta como pocas veces he apreciado en un ciclista. Voeckler, conviene recordarlo, llegó a tener un Tour a su alcance, un triunfo entero y verdadero en la mejor carrera, la de hace seis años, cuando la tontería de los Schleck, obsesionados con Contador, sumada al conservadurismo de Cadel Evans, resultó un balón de oxígeno para el líder francés.

Voeckler quits cycling

Recordaréis aquellas imágenes, dantescas de Voeckler perdiendo los papeles, clavado, como si no le hubieran enseñado a elegir ni perfilar las multiplicaciones. En esos momentos cavó su tumba para ese Tour. Con todo Voeckler fue como ese grano de mostaza, como su compañero Sylvain Chavanel, el que mantuvo viva la llama cuando pintaban bastos.

Chavanel ganó el Station des Rouses en 2010, como Lilian Calmejane en este Tour. Junto a Thomas De Gendt, Calmejane se ganó el título de “mosca cojonera” estas tres semanas en Francia. La timidez que se le supone a su juventud es inversamente proporcional a su arrojo, Calmejane no entiende el ciclismo sin moverse, sin buscar y sin encontrar, porque su palmarés empieza a ser importante.

Nos hubiera gustado ver en el Direct Energie los progresos de Bryan Coquard, pero mar de fondo entre él velocista y el director le apartó de la carrera. Le veremos en otro Tour, con otros colores. La velocidad gala no obstate tuvo su cuota, sobre todo antes de explotar Arnaud Démare, ganador de la famosa etapa de Sagan y Cav.

Demare gana en Vittel su etapa en el Tour

Démare ha roto el umbral, pero se vino abajo a la semana de carrera en un fatal error de su equipo, que por esperarle se quedó diezmado y sin rumbo, pues no sabemos muy bien a qué fue Thibaut Pinot al Tour.

Con todo los galos tuvieron presencia en la general con Romain Bardet, un ciclista joven aún, pero que como dijimos, no acabó de dar muestra de progresión respecto al año pasado que esperábamos.

Sin embargo, el francés del Tour fue Warren Barguil que firmó la carrera que muchos esperaban desde verle triunfar en dos etapas de la Vuelta a España. Con áurea de figura en ciernes, los años pasaban sin resultados para Barguil, quien además copaba titulares con su infortunio y terribles caídas más que por gestas deportivas.

Barguil se ha cobrado todas las deudas juntas en este Tour, siendo parte perenne del gran paisaje de la carrera, estando delante en la práctica totalidad de las jornadas importantes, entre los grandes nombres, debatiéndose con ellos, llegando escapado a Chambery, donde le ganó Uran por photo finish, y Foix, atacando desde el grupo del líder y ganando en el Izoard y llevando un maillot a topos hasta la entraña de París. El Tour redondo.

Alexis Vuillermoz, cerca de Bardet, Brice Felliu, activo y resurgiendo como aquel que ganara una etapa en Andorra hace ocho años, el mentado Chavanel… todos dieron la cara en la carrera, incluso Yoann Offredo, que deleita por su forma de rodar, y Nacer Bouhanni, fijo en todos los sprints, aunque un peldaño por debajo de los grandes.

Y es más, arrojaron un nombre, que cumplió años el día que el Tour arrancó el Düsseldorf, es Elie Gesbert, corre en el Fortuneo, y se dejó ver, incluso en jornadas finales, de esas que no están hechas para querubines de 22 años.

Imagen tomada del FB del Team Sunweb y del Team Direct Energie

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Romain Bardet contra la sequía patria

No es la primera vez que me preguntan qué le vemos a Romain Bardet, qué nos atrae de su figura, de su forma de correr, de su dimensión como persona. Sinceramente, diría que todo, es fino y sutil sobre la bici, alargado y espigado, se viste de dandy cuando se levanta, bate la máquina con suavidad y tente, no es agresivo, se le nota aerodinámico, baja como los ángeles y sobre todo ataca una vez, porque con ello alcanza el objetivo.

Esta impresión, que podréis o no compartir, la teníamos hace unos meses. De hecho siendo un corredor de 26 años, con una progresión palpable en el Tour, segundo ya el año pasado, podemos imaginar que le queda margen por recorrer. Sin embargo el año de Bardet deja bastante que desear. Pillado in franganti y expulsado mientras se remolcaba con un coche en la París-Niza, muy anónimo en todo lo que ha tomado parte, y un par de peldaños por detrás de los mejores en Dauphiné, Bardet tiene una prueba de fuego en el Tour que arranca de Düsseldorf.

Comparan en Velo Magazine a Bardet con Louison Bobet. De hecho, Jean, el hermano de Louison, que escribiera un delicioso libro que publicó Cultura Ciclista hace unos años, dice que Bardet es lo más parecido que ha visto a su hermano, dándose dos coordenadas que invitan a las cábalas: Louison no había ganado el Tour a los 26 años y cuando lo hizo por primera vez, lo sentenció en el Izoard, la cima más destacada que tenemos en la edición en ciernes.

Mostramos decepción con la temporada de Bardet, porque hasta la fecha siempre se había mostrado regular en buenas carreras tipo Volta, las Ardenas e incluso Dauphiné y París-Niza, sin olvidar que estuvo en la pelea de Lombardía. Cuando vimos ese nuevo ciclismo francés que tomaba posiciones, todo hacía pensar que Thibaut Pinot sería la vanguardia en el Tour, pero el tiempo nos dio la medida de la calma y raciocinio que Romain le pone a todo lo que hace, sin embargo, imaginábamos un ciclista de sesión entera, no de julio, como parece que poco a poco se encamina. Brillar en el Tour es importante, solventa la campaña, sin duda, pero despreciar, al menos en apariencia, el resto de la campaña, no es deseable.

Bardet sin embargo centra el tiro en el Tour, una carrera que le va muy bien, porque premia el corredor de su perfil, un ciclista que va de menos a más, que busca los recovecos del recorrido, que se apoya en el equipo –ojo que AG2R ha reunido un buen grupo- y tiene cierta alergia a las cronos (36 lastimosos kilómetros en total).

Bardet sabe gestionar la primera semana de Tour, como gestiona su bagaje intelectual. Es un tipo que suele ir bien ubicado y llegar con opciones a las jornadas clave. Es un especialista en Alpes, donde este Tour irá a romper en la ultima semana. Para él, como para casi todos los rivales de Chris Froome, la clave será ver qué balance de desperfectos tiene en las primeras llegadas en alto, ahí donde el inglés abre la brecha que su equipo tan bien defiende después.

Han pasado 32 años desde que Bernard Hinault subiera al podio de París a vestirse de amarillo, incluso con la sensación de que su segundo de abordo, Greg Lemond, era mejor. Más de tres décadas de sequía que han pasado por múltiples intentos de paliar la escasez de resultados patrios en la mejor carrera del mundo, donde se quedaron Fignon, Jeff Bernard, Jalabert, Virenque y Péraud no quiere quedarse Bardet, el ciclista que vino para marcar la diferencia.

Imagen tomada del FB de AG2R La Mondiale Pro Cycling

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Angelito Bardet vs demoniete Pinot

Cuando hace dos años sendos franceses acompañaban a Vincenzo Nibali en el podio del Tour, resultaba obvio que el país con el acerbo ciclista más notable del mundo recuperaba las sensaciones de grandeza que los tiempos recientes habían aplacado. De aquel podio se cae, parece que definitvamente, un ciclista que nos encanta por todo lo que implica de honestidad y sacrificio, Jean Christophe Peraud, mayor, cansando y en la antesala de dejar el deporte al que tantos años lleva sirviendo.

Tercero fue, en esa edición, Thibaut Pinot, un poco por detrás quebaba Romain Bardet, el ciclista con contenido, que no estuvo en el podio, pero lo filtreó muchos días, a pesar de su obvia juventud de tez fina y ojos angelicales. Como en tiempos pretéritos, el ciclismo francés ya tenía su dualidad, como siempre, como en los viejos tiempos, los del Bobet-Robic, los del Anquetil-Poulidor, los del Fignon-Hinault, los del Jalabert-Virenque, incluso los del Demare-Bouhanni… ángel y demonio.

Y como las mentadas, esta dualidad presente ofrece los matices y antagonismos del pasado. El corredor medido, estudioso, urbanista y yerno perfecto, llamado Romain Bardet, frente al ciclista visceral, amante del terruño, apegado a lo suyo y carente de mesura que es Thibaut Pinot.

Sinceramente, ambos, en lo suyo, nos encantan. De Bardet hemos hablado quizá más veces, porque creemos que es la ciencia y la razón aplicada en en el rendimiento ciclista. No cabe mejor ejemplo que el último Tour, la carrera que apuntala, más si cabe, una trayectoria ascendente. El único movimiento de un grande de la carrera, más allá de los que plasmó el propio Froome, lo firmó Bardet en su asalto a la segunda plaza.

El de la Auvernia movió el equipo, atacó bajando, en un descenso donde los demás se caían y aguantó la subida final. Un movimiento: etapa y podio. Chapeau, esfuerzo medido y objetivo logrado. No esperéis locuras de Bardet, ni movimientos aislados, no entiende de ciclismo especulador, pero tampoco entiende de locuras. Si lo hace es porque puede, y si puede, seguro que querrá hacerlo. ¿A dónde llegará? es complicado saberlo, pero no es baladí lo conseguido y seguirá creciendo, tenedlo por seguro.

Enfrente el despeinado y a veces desencajado Pinot, el corredor de los Vosgos que rehuye la popularidad como alma que lleva el diablo. Su apego a los suyo y los suyos es el mejor termómetro para medír lo mucho que le afecta la presión y las expectativas que él solito genera. Este año sin ir más lejos, dio un vuelco a su suerte cuando ganó la contrarreloj de Romandia, frente a excelsos especialistas, con esos descensos que un día le quitaron el sueño y le descolgaron de los grupos.

“Hay favorito al Tour” pensamos esa tarde en vísperas del uno de mayo. Que un corredor, cuyo mejor logro fue ganar en Alpe d´ Huez , en uno de esos días de despecho que le caracterizan, complete su progresión ganado un test contra el reloj nos daba pistas de su potencial. Luego llegó el Tour y casi desde el principio el nombre que sonaba en retaguardia era el suyo, junto al de Contador, atosigado a caídas.

¿Podrá optar Pinot al Tour? yo creo que sí, pero si en el caso de Bardet la baza es más fiable, al menos no tan inestable, en el caso de Pinot los astros y circunstancias deberían alinearse para ello y eso no siempre ocurre. Es un tema de caracteres, cada uno con sus pros y sus contras, pero siempre con la sensación de que esto es un “dèja vû”, como si la Francia ciclista siempre se debatiera en los antagonismos.

Imagen tomada del FB del Dauphiné

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Mundial de ciclismo, la salomónica selección francesa

Francia, «la patrie», la tricolor.

Llega el mundial de ciclismoRojo de fraternidad, azul de libertad, blanco por igualdad. Tres colores en el corazón, pero en la práctica dos, sin grises ni matices. Una selección dividida en dos podríamos decir, a la vista de la alineación que anticipan.

Para el Mundial de Qatar

Se prevé la bicefalia en la punta del equipo galo,

que no gana un mundial desde hace casi veinte años, cuando lo logró Laurent Brochard en San Sebastián. Se propone azul o rojo, no hay blanco, que sería el tercero en discordia, Bryan Coquard, un ciclista que nos gusta mucho, por sus progresos, maneras y pasado pistard, pero que no destaca tanto como para eliminar a los otros dos velocistas con los que comparte generación. Al final, el único de los tres que curiosamente ha sido campeón del mundo en algo, americana el año pasado en el velódromo de París, se queda fuera.

La Francia roja es pasión, fuerza bruta y pegada. Es Cofidis

Al frente el velocista menos discreto que ha dado el país en los últimos tiempos. Nacer Bouhanni, el ciclista que entiende esto como un cuadrilátero, conflictivo y muchas veces peligroso, pero creo que el velocista más solvente del hexágono ahora mismo porque las veces que no le han descalificado ha logrado reunir un buen palmarés. Le acompañará su guarda pretoriana: Laporte, Lemoine y Soupe.

Cofidis siempre ha estado presente en la ronda Italiana del Giro, una prueba en la que los del equipo francés se han visto cómodos y han podido demostrar su estado de fuerza como equipo

La Francia azul es seda, sutil y efectiva. Es Française des Jeux.

Quizá en velocidad pura, Arnaud Demare no despunte coomo Bohanni, con quien le resultó imposible convivir en el mismo equipo, pero Demare tiene un registro de clasicómano, voila la San Remo,

Que puede servirle en la península arábiga, pues la carrera, aunque se presume al sprint, parece que tiene muchos matices antes del desenlace con muchos kilómetros en medio de desierto. Con Demare estarán Offredo, Bonnet y Sarreau.

Me gustaría saber cómo se sentirá Adrien Petit, compañero del ausente Couqard en el Direct Energie, solo entre dos bloques tan marcados, aunque con pasado en el Cofidis, donde ganó el emblemátco Tro Bro.

A mí esta selección me recuerda a aquellos equipos de Francia y las escuadras regionales que iban al Tour de los cincuenta y acababan como el rosario de la Aurora, con Geminiani mosqueado con Anquetil y Riviére, mientras Bahamontes le ganaba el Tour a Anglade. “C´ est la France”.

Imagen tomada de http://news24.tn

 

Las revalidas francesas

Pasa el tiempo, las décadas, que no años, nos caen como castañas, y vemos que ya son más de treinta años que un francés no gana el Tour de Francia.

Duro trago para la cuna del ciclismo como la entendemos, pues es el lugar donde nació gran parte de la cultura que prenda hoy lugares por todo el mundo y que acoge el “Evento” con mayúsculas.

Desde 1985, cuando Hinault ganó con la hueca promesa de dejar a Lemond el siguiente año, muchos han quedado por el camino de la gloria en su país.

El momento más doloroso fue sin duda la derrota en su casa, en su avenida, de Laurent Fignon en manos del americano volador, Greg Lemond.

En estas tres décadas no han habido muchos franceses en el podio, incluso hubo ediciones en las que los anfitriones ni pisaron terrenos del top ten.

Richard Virenque

pudo haberle metido mano a Jan Ullrich en aquella jornada de los Vosgos hace 19 años. Pensaba el arrogante francés que tendría más ocasiones, pero a la siguiente salió del Tour expulsado por el affaire Festina.

Hace un par de años Peraud y Pinot estuvieron en un podio enrarecido por la masiva ausencia de figuras, por uno u otro motivo. Grandes ciclistas como Laurent Jalabert o Christophe Moreau sondearon el podio, pero se quedaron a un paso.

También Luc Leblanc, Charly Mottet e incluso Jeff Bernard, tercero en 1987.

Renovar el ciclismo francés

Ahora, muchos años después el ciclismo francés se enfrenta a su historia con una renovada generación que buscará en dos terrenos reverdecer los laureles del pasado. Para la general suenan, como no, Thibaut Pinot y Romain Bardet.

Por partes, hablamos de dos ciclistas mayúsculos, el primero escalador asustadizo en los descensos que ahora gana cronos ante la plana mayor. El otro un inteligencia académica al servicio de unas piernas cargadas de fe. Su etapa reina en el Duaphiné, donde no se amedrentó ante Contador y Froome, lo atestigua.

Los dos tienen ante sí el Tour que marcará su progresión, una suerte de punto de inflexión.

El tercero en la terna es el que aún opta a premio de mejor joven, Warren Barguil, quien en Suiza demostró estar a punto.

Un top ten para el del Giant parece un premio probable, pero atención, porque si algo comparte con sus dos compañeros de terna es que es un ciclista sin miedo a perder por mucho que tenga ganado en la carretera. Puede ser, otro más, uno de esos elementos desestabilizadores que quizá no gane, pero sí decante la balanza.

Escondido pero en franca progresión,

Julian Alaphilippe es la baza más ambigua.

De poderoso final en las clásicas, no para de crecer en las subidas, puede ser outsider a brillar en las primeras y complicadas etapas, pero creo sus miras pueden centrarse en el blanco, donde colisionará seguramente con Barguil. Carta ganadora de hoy, pero sobretodo de futuro.

En las llegadas también hay otro que espera dar el salto. Bryan Coquard lleva una temporada de impresión, pero en el segundo nivel. Aquí tendrá la velocidad alemana más el siempre imprevisible Cavendish y algún otro para medir su progresión.

Será el del Direct Energie la mejor opción gala en la velocidad, porque Arnaud Démare se cayó de la lista de una FDJ que lo juega todo a Pinot, y Nacer Bouhanni se lesionó la mano en una pelea, un hecho tan lamentable como ilustrativo de que a éste o le encauzan o se encauza, porque perderse el Tour por una pelea es comprometer el trabajo e ilusión de un equipo y muchas personas para que estés en lo más alto. Indigno.

Imagen tomada del FB del Dauphiné

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“Franceses, ahora o nunca”

A cien kilómetros, por un mar de tachuelas y terreno verde aunque abrasado, tres ciclistas abordaban la fuga del día. Tres ciclistas, dos de ellos franceses: Delaplace y Lemoine. No llegaron, fueron arrasados por un pelotón que no  sabe rodar tranquilo. Quedaron en la nada, pero dieron color, protagonismo a sus colores y lanzaron un mensaje, el ciclismo francés está de vuelta. Tony Gallopin, quien no murió en la Planche des Belles Filles, asumió el relevo.  Sí que llegó, generoso él, incluso ahora que está marcado. Por suerte el ciclismo premia a los valientes. 

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No hace mucho hablábamos de un cuarto de siglo y hoy estamos a puertas de los treinta años. Sí, en 1985 se produjo el último éxito francés en el Tour. Lo firmó Bernard Hinault porque en su equipo ataron en corto a Greg Lemond, posiblemente superior a su jefe ya en ese Tour. Desde entonces, el país vecino ha predicado en el desierto de los resultados. Dos ciclistas pisaron podio, en 1989 Laurent Fignon y el 1996 y 1997 Richard Virenque. La estadística habría sido más benévola si en esa crono de Versalles a París, Fignon no hubiera sucumbido.

Por medio quedaron varios ciclistas que fueron cuartos, a un paso del podio, pero fuera de él: Laurent Jalabert, Christophe Moreau y Thomas Voeckler. También se cuentan ediciones sin presencia en el top ten, sin casi victorias de etapa. Este ha sido el panorama, éste ha sido el retrato del ciclismo francés en el Tour, en su carrera, en la mejor carrera del mundo.

Pero no perdieron la fe. Si España hubiera pasado el paréntesis que Francia ha sufrido en el ciclismo, este deporte se habría borrado de la faz de la tierra. Si en los mejores años, con los éxitos más sonoros, el ciclismo sólo ha sido protagonista en días puntuales, y a veces por dopaje, qué no le habría pasado si los resultados deportivos no hubieran sido los que fueron. Sin embargo en el país vecino nunca se perdió el vínculo.

Y los resultados, mucho tiempo después, llegan ahora. Como reza la portada de L´ Equipe surgida de la Planche des Belles Filles el ciclismo francés está ante la oportunidad de dar el salto adelante, de cerrar el círculo de su renacimiento con esta generación realmente buena, que desplaza a los Chavanel, Casper, Fedrigo y compañía para hacerse con los premios mayores. No esconde el diario de cabecera la ausencia de Froome, Contador, Nairo y compañía, pero también son conscientes que el nivel de consagración de un buen Tour puede serles muy útil para cuando les toque enfrentarse a los cocos del pelotón.

Ahí está ese resquicio biker, Jean Christophe Péraud –por quien apostamos en nuestra previa- acompañando a un ciclista cuya trayectoria sencillamente nos encandila, hablamos del joven, jovencísimo Romain Bardet, que hace de la discreción su mayor ostentación. Y luego Thibaut Pinot, corredor con reminiscencias enológicas, que sorprendentemente ha debido superar todos sus miedos en los descensos este mismo invierno. Son varios, ahí, llamando a la puerta y Waren Barguil está en casa, quizá esperando que Dave Brailsford le escoja como ese francés con el que quiere ganar el Tour.

#fact La ventaja más pequeña jamás vista en el Tour fueron los ocho segundos que Lemond le tomó a Fignon hace 25 años. Tras 3300 kilómetros ese suspiro reventó las ilusiones del francés.

#àdemain Nueva jornada por una zona pestosa, llena de tachuelas y constantes trampas. La carrera aterriza en Saint Étienne, un lugar típico de segunda semana de Tour.

Imagen tomada de @ultimo__km

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Los franceses dejaron de ser comparsas

El inicio de temporada y ciertos pasajes de las pasadas hablan de que en el ciclismo francés algo se mueve y mejora. No estamos ante un cambio de ciclo tal que sitúe un corredor de ese país en primera línea para ganar el Tour, esa carrera que no prueban, ojo, hace 29 años y no al menos este año no está en su órbita, sin embargo sí que vemos que poco a poco, paulatinamente, este ciclismo de grandísima tradición, sino la mejor, emerge mientras sus vecinos del sur, Italia y España principalmente, ven venir una época complicada con escasez de talentos, carreras en la picota y cada vez menos equipos.

En la última Vuelta a España ya tuvimos un tasto de esta nueva realidad, difícil de percibir fuera de las carreras franceses, y en este Giro estamos de bruces ante una situación difícilmente imaginable hace unos años.

No nos quedamos en la apariencia de los tres triunfos de Nacer Bouhanni. Es obvio que este corredor de tintes pugilísticos está siendo una de las sensaciones de la carrera, pero no lo es menos que la baja de Marcel Kittel tras el periplo irlandés está resultando decisiva para que el moreno velocista de la Française des Jeux esté amasando un palmarés considerable en esta grande. Bouhanni es la punta de lanza del titular de este post, por cuanto sus actuaciones están obligando a que el azul de las loterías galas sea partícipe de los mejores momentos de este Giro. Un equipo, éste de la FDJ, que vive una situación de guerra civil entre sus dos velocistas, el citado Bouhanni y Arnaud Démare, por el desigual trato que les dispensa ese peculiar director llamado Marc Madiot, el hombre que no da instrucciones sino que directamente chilla a sus ciclistas.

Pero la observación para la FDJ es extensible a un equipo muy metido en lides de grande este año. Hablamos del AG2R quienes trabajando para Pozzovivo ya tienen suficiente cuota de pantalla, sobretodo en estos primeros días de  montaña en los que parece que otros favoritos no están encontrándose como quisieran. Igual que en la París-Niza con el irregular Betancur, el AG2R ha dado un salto al frente del pelotón mandando y cubriendo el vacío de, entre otros, el Team Sky, inédito en la carrera.

Y luego tenemos el Europcar un equipo que poco a poco brilla más allá de su hábitat natural, el Tour de Francia. Angelo Tulik estuvo cerca de ganar una etapa y Pierre Rolland naufragó en la primera llegada a los Apeninos en un final agónico, incluso atacó bajando, cosa que siempre es curiosa, pero parece estar metido en carrera como se vio en Oropa y su compañero Malacarne ya estuvo rondando el triunfo.

Foto tomada de www.eluniversal.com.co