Cycling speaks english

Estos días estoy empezando el libro “Gregario”, la edición castellana de la obra firmada por Charles Wegelius, ciclista pro durante una década, que ahora ejerce en la dirección del Cannondale. Más adelante comentaremos qué nos parecen el libro y la historia que cuenta, que realmente es interesante y cobra relevancia, puesta negro sobre blanco con lo que es ahora mismo el ciclismo internacional.

Sin embargo, nos vamos a los primeros capítulos, aquellos que narran una obsesión en el personaje, algo así como muchas veces me han recordado sobre el “algoritmo del triunfo” que perseguía Mariano Cañardo en “El primer campeón”. Para Wegelius ese algoritmo sólo podía dar un resultado: un contrato profesional.

Para ello pasó por dos estadios. Primero en casa, después de correr en el Vendée, casa madre del actual Direct Energie, siendo partícipe del plan de talentos que los ingleses arracaron a finales del siglo pasado. Con base en Manchester, esa apuesta fue brutal y explica el presente preclaro del ciclismo en ese país. Wegelius tenía como amateur en el equipo de su país un sueldo y unas condiciones que mejoran, seguro, la de algunos de los pros que ahora mismo se retuercen por el Tour. Cuando llegó el momento de dar el salto al continente, lo hizo en Mapei, donde como inglés era el raro de un grupo poblado de ruidosos italianos y un español irisado y despreocupado, Oscar Freire.

Así fue la realidad de Wegelius esos años, ser británico en el ciclismo significaba ser parte de una pequeña familia dentro de ese mundo dominado por italianos, belgas, holandeses, franceses y españoles. Hoy las cosas ya no son así. Ese plan que dio cobijo a Wegelius en sus años amateurs con sede en Manchester empezó a dar resultados, principalmente en la pista, y así hasta la actualidad: mirad este Tour y entenderéis la magnitud del tema, el ciclismo británico sencillamente se ha impuesto.

Y es que como decimos, las estadísticas de ciclismo de las islas en este Tour son abrumadoras, como pocas veces se habría apostado hace tan sólo diez años. La posible tercera victoria de Chris Froome, que sería la cuarta en cinco ediciones, los récords de Mark Cavendish, que supera leyendas como Hinault y amenaza mitos del tamaño de Merckx, la irrupción de Adam Yates, tercero y mejor joven a una semana de llegar a París, las repetidas victorias de Stephen Cummings y la consistencia que le dan al equipo del líder un inglés como Ian Stannard y dos galeses como Geraint Thomas y Luke Rowe.

Es sencillamente abrumador. El centro de gravedad del cilcismo moderno ha virado al norte, a las islas, ha sido un “Brexit” a la inversa. En su libro Wegelius habla del poder italiano, de la tradición francesa, de las excentricidades de los españoles, ahora mismo ninguna de esas tres naciones, por primer vez en la historia, ha ganado una etapa a estas alturas del Tour, los “hijos de la Gran Bretaña” llevan seis, nada más y nada menos.

Cycling speaks English.

Imagen tomada de FB de Dimension Data

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Los altibajos del ciclismo británico

Dice Monica Santini, directora de la firma italiana de ropa ciclista, en la web www.bikebiz.com que su venta en UK ha subido un 30% en el año. La ejecutiva llega afirmar que existe «un renovado amor inglés por el ciclismo«.

Lo dijo un acto en el centro de Londres, en la espectacular y semicircular Regent´s Street, el legado de la regencia, en una tienda que se llama The Bike Rooms que exhibe en su escaparate las bicicletas con las que Brad Wiggins y Miguel Indiurain batieron sus récords de la hora. Un museo de Pinarello, cuya intimidad con los ingleses se airea en los éxitos del Team Sky.

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Esto es el ciclismo ahora mismo en UK, algo de lo que se habla, que se sigue, no sé si al nivel de la Premier, me atrevería a decir que no, pero que se le acerca. Este fin de semana pasado, como siempre el ultimo domingo de septiembre, tuvo lugar una cita icónica, como a ellos les gusta decir: la carrera de ciclocross que es un monumento la Three Peaks, una prueba que se desarrolla en el corazón de la muy ciclista región de Yorkshire, la misma que dio la salida al Tour de 2014.

La prueba reúne unos 650 participantes, casi como los descensos aquí en Catalunya, se corre en más de sesenta kilómetros y su ganador tarda unas tres horas en hacer el recorrido. Un festival con los primeros barros del otoño que esconde el triste y aislado episodio de la Copa del Mundo de la modalidad en las islas, el año pasado en Milton Keines, donde ya no volverá la mejor competición porque sencillamente se destina el dinero a otras cosas y eso que la cita tuvo buena acogida.

Como parece que Londres dedicará el suyo a otro menester, renunciando a la salida del Tour de Francia de 2017, diez años después de reventar las previsiones con ese prólogo por el Whitehall, Parlamento y Hyde Park. No pocos aficionados ingleses se ha acordado de los gestores del ayuntamiento londinense: “No veremos el Tour en años por vuestra culpa”, les han venido a decir. El ciclismo es tema de controversia casi política. Es que estaba casi firmado y en ASO tienen muy buena memoria.

Ya veis, Londres, la ciudad que se está mudando para ser más ciclable, que acogió unos Juegos en los que su velódromo fue una de las grandes atracciones, por su diseño, pero también por los resultados de los anfitriones.

Por que la pista sigue siendo la génesis del ciclismo de las islas y en muchos casos el final para sus leyendas, que como en todos los lados cumplen años y envejecen. Wiggins ha vuelto a ella y Mark Cavendish también quiere hacerlo, pues en la carretera su estrella se apaga.

Por el momento el futuro de éste está en el Dimension Data. Curioso, un equipo de raíz sudafricana acogiendo a una celebritie inglesa. El mundo al revés. No sé cómo lo gestionarán, pero en el equipo que es Qhubeka hasta final de año y que se ha hecho con Omar Fraile, hay overbooking de velocistas con Tyler Farrar, Theo Bos, Kristian Sbaragli y Edvald Boasson Hagen.

Ello sumado a que Cav no es insustituible augura un año entretenido en el primer equipo africano que aborda el máximo circuito. Sea como fuere con el de Man, UK empieza y acaba en los mundiales de fondo, esa cita en la que naufragan, sea por el motivo que sea, desde hace cuatro años en Copenhague. Como veis en todos los sitios hay asignaturas pendientes…

El dulce momento de la bicicleta inglesa

La salida del Tour de Francia el año pasado desde el corazón de la Gran Bretaña concitó millones de personas en la cuneta, tantas personas que incluso en algún momento se temió por la integridad de los propios ciclistas. Dos años antes las carreras de ruta y sobretodo de pista fueron las estrellas de los juegos londinenses. Este año se ha estrenado el Tour de Yorkshire, tras el verano viene la Vuelta a Gran Bretaña. Estas semanas tenemos sendos récords de la hora, el que protagonizó Alex Dowsett, y el de Brad Wiggins. No olvidar el mundial de pista el año que viene en Londres, ni el Tour de Francia al que opta Chris Froome,…

Sí, el ciclismo está de moda en el Reino Unido. Lejos de aquel deporte estigmatizado de las carreteras británicas, por parecer antiguo y minoritario, como una vez me contó David Millar. Ese ciclismo provinciano, de chavales frustrados por falta de oportunidades  que tenían que cruzar el Pas de Calais para buscar una opción en Francia, en el continente. Conviviendo en auténticos cuchitriles de Luxemburgo, Gante o Roubaix.

Y esa moda tiene cifras, las da el medio de referencia The Times, que además dispone de una “sección ciclista” de auténtico lujo. Una sección que tiene hasta hashtag #CycleSafe en la que todos ponen un poquito de lo suyo para que la bicicleta gane presencia en una sociedad narcotizada por el petróleo. Como Chris Hoy pidiendo que los críos vayan en bici al colegio, como Chris Boardman solicitando más dinero al Gobierno para infraestructuras,… estrellas olímpicas metidas a prescriptores de la bicicleta.

Como decimos The Times ha sacado recientemente un artículo que habla en números de ese buen momento. Por ejemplo, desde que la autoridad de tráfico tiene datos, desde 1990, 2014 fue el año con mayor uso de la bicicleta, calculándose 3,25 billones de millas entre todos pedaleando así , al unísono, cada uno a sus labores. Decir que tras la Segunda Mundial, esta curiosa estadística, que no sé cómo la podrán calcular, rebasó los 14,7 billones, casi nada.

El gobierno de David Cameron ha renovado su inversión dejando la cifra en 10 libras por ciclista, cuando antes estaba en 6. Para responsables de policía “la gente se está enganchando a la bicicleta para evitar el sobrecoste y los problemas de congestión de tráfico. Estos números empujan a invertir en infraestructura ciclista” algo que en Londres ya toma forma con el inicio de obras las celebérrimas vías elevadas para ciclistas. Sigue habiendo personas que utilizan el coche, pero si “hay una política seria” se verá que as emisiones bajan y que incluso el transporte público se beneficia de ello.

Es obvio que el camino es largo, pero los cambios necesitan de una concienciación más o menos colectiva y ese cambio, esa marea, ha llegado a UK  que poco a poco gana adeptos a una causa que seguro asegura mejor porvenir a sus hijos. Pocas veces todo, el usuario, la competición y la bicicleta han mostrado una simbiosis tal o ¿creéis que en España la gente irá en bicicleta al trabajo por los éxitos de Contador y Landa en el Giro?

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El Tour x los Pirineos: Tom Simpson eclipsa la gesta más redonda de Bahamontes

El líder que sale de los Pirineos en este Tour es inglés, de raíces keniatas, pero compite con los colores de su Majestad. Chris Froome sucede en la línea real a Brad Wiggins, que también cruzó en amarillo los Pirineos y lleva a adentrarse en la edición de 1962, año que vio el primer hijo de la reina en líder. Fue en Saint Gaudens. Tom Simpson vistió efímeramente por 24 horas la prenda que le perturbó hasta la casi total locura.

Tom Simpson era entonces ya un ciclista de renombre que servía además para darle cierto caché a este deporte tan radicado en la Europa continental. De veinticuatro años, había sido segundo en la París-Niza de ese año. Afincando en Gante, luego en Saint Brieuc, la oxidada escuela británica le dio su apellido y poco más. No obstante su bagaje ya escondía éxitos premonitorios para ese país en materia ciclista pues se colgó un presea olímpica en Melbourne en la persecución por equipos.

Simpson escribía semanalmente en el Daily Express sobre ciclismo. Contaba e informaba de esas aventuras sobre bicicletas maltratadas por los elementos más allá del Canal de la Mancha. Ese mes de julio de 1962 dieron mal tiempo en las Islas y las partidas de cricket no celebradas por la lluvia darían más espacio al ciclismo. Hasta The Guardian y la BBC dieron papel y minutos al maillot amarillo de Simpson en los Pirineos.

Y en estas que en Superbagneres, tras una agotadora ascensión en solitario, Simpson empezó a dar que hablar. Atosigado por el esfuerzo, superado por la situación, padece unas extrañas convulsiones en meta. Más de un uno le da una interpretación en términos de dopaje y trampa. Está claro que la carencia de escrúpulos no surge por generación espontánea y su fatídica muerte en el Ventoux, años después, había arrojado algún antecedente.

Por que Simpson logró copar titulares que sencillamente Federico Martín Bahamontes se había trabajado a conciencia con un paso casi limpio por la cordillera pirenaica. El alado y aguileño ciclista de Toledo logró coronar delante de todos Aspin, Tourmalet, Peyresourde y Portet d´ Aspet, al margen de ganar la cronoescalada de Superbagneres, esa que dio pistas sobre el trágico final que aguardaba a Simpson.

Imagen tomada de www.cyclinghalloffame.com