El verdadero problema del relevo en el ciclismo español

Todos se preguntan por el relevo en el ciclismo español

Muchos hablan sobre el relevo en el ciclismo español, pero pocos señalan los motivos. Por ejemplo, la categoría junior. Ahí el relevo del ciclismo español está a unos años vista y si la pirámide es estrecha, se nota en el futuro…

La verdad es que nuestro ciclismo junior no está muy boyante, que digamos, han disminuido considerablemente los equipos en todo el ámbito nacional, a excepción, claro está, del País Vasco. Por ejemplo, aquí en Andalucía, sólo hay cuatro equipos, cuando hace unos ocho años, estábamos alrededor de doce. Indudablemente la crisis económica también nos ha afectado.

Volviendo al pasado, pues qué duda cabe que nos da cierta envidia, como decía antes, con la cantidad de equipos que había y el considerable número de pruebas de que componían el panorama andaluz y no digo ya el nacional. Entonces no existía aun el boom del MTB ni del ciclismo master.

El panorama que se presenta no lo veo muy claro, si las instituciones no se involucran en el apoyo del ciclismo base, mal lo llevamos, creo que las Diputaciones deberían ser el pilar base para el fomento de nuestro deporte, como ejemplo tenemos la Diputación Provincial de Ciudad Real, que patrocina casi en exclusiva al equipo Junior Fenavin, con una importante cantidad económica.

Del mismo modo, los Ayuntamientos también deberían involucrarse más en este nivel, así como nosotros, los clubes, equipos y peñas. Tenemos que saber vender más y mejor nuestro producto ante los patrocinadores privados, como hacen los equipos master, pero éste es otro tema.

La prueba de nuestra realidad está por ejemplo en la cantidad de vueltas. A los que llevamos unos cuantos días en esto, nos da cierta nostalgia mirar atrás y ver la cantidad de vueltas de cinco días que habían por todo el territorio, y que desgraciadamente han desaparecido.

Por ejemplo la Vuelta a Granada, de los hermanos Juan y Jacobo Miranda, era una de las grandes y punteras de España, y los equipos se daban de «hostias» por venir.

Igualmente la Vuelta a la Sierra Norte de Torrelaguna (Madrid), que gestionaban si mal, no recuerdo, la familia Martin. Era, sin lugar a dudas, las más dura de las que se hacían. Siempre constaba de unos doce puertos y como mínimo dos o tres de primera, muchos de los hoy profesionales brillaron en ella.

La Vuelta a Soria, que organizaba la Diputación, una vuelta pequeña y muy coqueta, de solo tres días, a mí particularmente era una de las que más me gustaba. Luego están las que han venido a menos, como la Vuelta al Besaya, que gestionaba magníficamente mi amigo «Nano», y la Vuelta a Pamplona, mas implicada al ámbito vasco.

El año pasado surgió aquí en Andalucía la Vuelta de los Castillos y las Batallas de Jaén, pero este año, «nuestro gozo en un pozo», se ha hecho para las categoría sub-23.

En la actualidad solo «sobreviven», la magnífica Bizkaiko Itzulia, que cada año va a más, y se ha consolidado como una de las mejores del calendario europeo, el Circuito Cántabro, la Vuelta a Valladolid, que cada año va a mas, la Vuelta a Álava, la de Guipúzcoa…

El año pasado surgió la Vuelta a la Ribera del Duero, con una aceptable organización y este año, ya se ha consolidado pasando a ser una de las referentes del calendario nacional.

Con todo esto quiero hacer hincapié en el desastroso momento que atraviesa el ciclismo junior en España. Mirad la última Bizkaiko Itzulia, de los 20 primeros de la general, 15 son extranjeros y sólo 5 españoles.

Creo que la Federación Española y la Territoriales, deberían tomar cartas en el asunto, e intentar recuperar las vueltas que han desaparecido, así como potenciar las que aún perduran. Y como no, esas diputaciones que se gastan una millonada en la Vuelta a España, que miren un poco por el ciclismo base, tanto de Junior como de Sub-23.

Yo no digo que, no haya relevo generacional, pero indudablemente de la cantidad, tiene que salir la cantidad.

Por Joaquín León (Director Deportivo GSPORT-RTE. ALEXANDRE)

De Landa a Izagirre, los juveniles vascos de oro

Mikel Landa durante el Tour de Francia

Cuando Mikel Landa se queda a un solo segundo del podio en París, después de hacer el Giro de Italia, resulta que todo el mundo lo conoce, todo el mundo sabe y de él y, por supuesto, señores, esto es España, todo el mundo opina y sienta cátedra sobre él.

Al igual que Landa, muchos, muchísimos niños jugaban a ser ciclistas e incluso algunos soñaban con serlo. Personalmente conozco a bastantes corredores vascos que, allá por 2006 y 2007, eran juniors, unos juniors con una ilusión tremenda, con los que tuve la suerte de trabajar.

Algunos de ellos, muchos teniendo en cuenta los tiempos que corren, son ahora profesionales. Me dejaré alguno, seguro, pero recuerdo al citado Landa a Ion Izagirre, Peio Bilbao, Garikoitz Bravo, Igor Merino y Jon Aberasturi en ruta más Jonathan Lastra y Omar Fraile, como corredores de BTT.

Ya entonces tenían algo, se les veía calidad, pero, para sorpresa de muchos, no eran dominadores de la categoría ni mucho menos. Como ejemplo, Landa e Izagirre fueron los dos últimos corredores de la selección de Euskadi en el campeonato junior que se celebró en Onda y que ganó el navarro Enrique Sanz. Esto es sólo un detalle, pero da pistas sobre cómo son estos corredores actualmente, buenos compañeros, sacrificados y conocedores del oficio.

Recuerdo a Mikel Landa como lo veo ahora, un tío con una clase descomunal, no como el corredor más autodisciplinado, no era un chico al que le encantara entrenar, pero tenía un don. Un don, una chispa que a día de hoy ha pulido con trabajo.

Mikel Landa es lo que era, un tío al que no le importaba sacrificarse por sus compañeros pero, ojo, tirado para adelante como pocos y que le gustaba ser líder cuando se sentía bien. Un tío con carácter, un líder en el grupo con sus chistes, sus gracias, un crío que no se callaba ni debajo del agua, que a veces se pasaba de la raya, que resultaba irrespetuoso, pero que generalmente lo hacía con un sentido, con un fin. Un tío, que podrá equivocarse o no, pero que no da puntada sin hilo.

Ion Izagirre en la salida del Tour de Francia

Izagirre era otro talento natural, el del pedaleo fácil, al que le daba lo mismo una carrera de carretera que una de ciclocross, un chaval al que le veías pedalear y decías: “¡Qué clase tiene!”.

Al igual que Landa y que todos los corredores vascos, un junior de maduración lenta que todavía jugaba a ser ciclista era Peio Bilbao, un año más joven, el diamante, el niño flaco, desmadejado, con perfil de escalador y callado pero que lo mismo se te metía en una escapada por el llano y te la liaba.

Jon Aberasturi, un velocista que nació en el lugar equivocado, triunfando en Asia, ahora. Este ya era de los míos, como fui yo, un currante, un chaval con algo menos de talento natural pero con una capacidad de trabajo y sacrificio fuera de toda duda.

En este grupo metería a Jonathan Lastra, también a Omar Fraile, el niño que se hizo atleta remando en la ría de Bilbao, a Igor Merino…. Otros muchos, tan talentosos y trabajadores como estos, y hablo sólo de los nacidos en Euskadi, se quedaron por el camino, entre ellos Aitor Ocampos, medalla en aquel campeonato de España de Onda.

Por tanto, está claro que a la cumbre del ciclismo profesional se llega por varios caminos, pero, los dioses del Olimpo, los cracks, sólo son aquellos que tiene un brillo especial, un duende, un don….para hacer magia en bicicleta.

Por Unai Yus

Imagen tomada del FB del Team Sky y Team Baharain

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Las gran fondo by Rose Bikes…

El ciclismo así tiene los días contados

Hubo un momento en el ciclismo profesional que ciertas sustancias estaban tan instaladas en la rutina del ciclista que se tomaron como normales, como el peaje por defecto a pagar por seguir en el mundillo. Fueron como la grasa de la cadena que propiciaba el movimiento, que todo fluyera y todos dieran por bueno. Nadie decía nada porque se tuvo como norma hasta que hubo un día que todo cambió. Bueno quizá no fue un día, pero sí un proceso que derivó en hechos concretos que rompió aquella jornada que un masajista del equipo Festina fue sorprendido en una frontera cargadísimo de porquería dirección al Tour de Francia.

Es para consumo propio” dijo, como si aquel cargamento se lo fuera a pulir en las dos o tres vidas que pensaba experimentar. Ahí se rompió la baraja y pilló a muchos con el pie cambiado. Profesionales que veían como uno de los eslabones de la cadena saltaba por los aires sin aviso previo. Las tornas cambiaron y parece que el ciclismo actual goza de una salud muy diferente a la de entonces, eso dicen los entendidos y los muchos que están dentro. Yo sinceramente no tengo ni idea.

Ahora bien, hay niveles en los que las cosas no parecen bajar lo claras que se debiera. El otro día hablamos de los herederos de la trampa y se abrió la caja de Pandora, una auténtica ola de indignación, nunca un post despierta tanta unanimidad ¡¡¡a favor!!!. El positivo del campeón de España master dejó un reguero de reacciones que hemos tenido la delicadeza de leer y que demuestran que el ciclismo tal y como está no va por buen camino.

Al margen del linchamiento de Torrella, al cual no quisimos contribuir aunque pareciera lo contrario, la lectura va más allá. Si el ciclismo fuera un país su pirámide demográfica sería preocupante. Siempre se dice que las bases deben ser amplias, las edades más joven, y según se avance el perfil debe ir estrechándose. Eso es claro, pero como ocurre en la vida moderna en general, en ciclismo las cosas están en la misma onda.

Las categorías master gozan de mayor cantidad de participación, de mayores índices de inversión, de mejor material, de mejores carreras, de amplio calendario si lo comparamos con las categorías inferiores. Contradictorio ¿verdad? pues es así, es cierto y una realidad tremenda. Leía en Facebook a Nacho Silver que la gente tiene más por la mano el nombre de un campeón master que uno juvenil. Cierto, completamente cierto.

Y todo esto ¿por qué ocurre? al margen de que nuestros pequeños no estén por la labor de sufrir como perros sobre una bicicleta, se añade la ola de falso deporte que invade nuestra sociedad, una ola que encumbra e idolatra a gente normal que muchas veces hace cosas normales, pero que se ve inflada en su ego y ambición por un mundo que tiene mucho de bueno pero que a veces hace perder la noción de la realidad: las redes sociales.

Sazonad la ambición de ser manteado en Facebook con la proliferación de pseudo competiciones con mil categorías con sus respectivos trofeos que se visten de golosos sloganes, que hablan de límites que no existen y del sufrimiento que nuestra vida diaria no nos proporciona. Todo eso genera un caldo de cultivo proclive a hacer barbaridades e incluso a mostrar compasión por quienes las perpetran. Hay gente que lamenta la mala suerte de Torrella al ser cazado, incluso después de admitir éste su error. Eso está ocurriendo.

Y para cuadrar el círculo las marcas, que ven en edades avanzadas un mercado sencillamente cojonudo. Lo sé de buena tinta, de viva voz: “Vivimos gracias a estos cuatro flipados” me dijeron una vez. No cabe decir nada más. Romper este círculo vicioso no lo veo sencillo, pero no nos engañemos, el ciclismo como tal sólo pervivirá si se cultiva realmente la base, algo que hace unos años se buscaba cuidar. En caso contrario, esto son años contados de gloria y ventas para morir en la orilla. Menos mal que nos quedan nuestros ángeles, esos que velan al margen de ganancias y comodidades, por los chavales.

Foto tomada de Castellón Información

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Sube el nivel de las bicicletas de segunda mano…