Strade Bianche: ¿De dónde viene la fiebre por el ciclismo vintage?

Ciclismo Vintage JoanSeguidor

La Strade Bianche es la cuna del nuevo gusto del ciclismo vintage

En 2020 la Strade Bianche es noticia por su anulación, pero la historia, la misma que no ha visto una suspensión de la Milán-San Remo desde la II Guerra Mundial, viene de antes.

En 1997 nació en Italia, en la preciosa Toscana, la tierra de viñedos e increíbles ciudades medievales, L´ Eroica, era la nueva edad de oro del ciclismo vintage.

Por los caminos que en Castilla se podrían llamar “de concentración”, se lanzaron miles de cicloturistas equipados por bicicletas de sabor añejo.

Dotados de glamour de antaño, viejos hierros rehechos a sí mismos. Piezas de museo, menospreciadas durante muchos años, por su peso e incomodidad, abordaron las rutas de la Strade Bianche.

Todos debían llegar a la salida de Gaiole in Chianti con una bicicleta anterior a 1987, es decir, y para ubicarnos, todas las anteriores al triplete inédito de Stephen Roche. Combinando gravilla, tierra y asfalto se pusieron varios recorridos y distancias según los niveles y exigencias.

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Todo se vistió de rosa, muy italiano, vino y pasta rodearon el evento, el círculo estaba cerrado, fantástico producto que desde entonces no ha parado de crecer.

Y lo ha hecho tanto que cada mes de marzo, un sábado en las líneas que dibujan el mapa de Siena se reúne parte del mejor pelotón mundial dando salida a grandes ganadores y mejores momentos de ciclismo: Cancellara, Kwiatkowski, Stybar, Gilbert, Alaphilippe…

Arrate JoanSeguidor

Es la Strade Bianche, la repercusión más obvia y directa de este evento que al mismo tiempo ha inspirado no pocas citas en el calendario español e internacional en las que ciclistas pertrechados con maillots de hace cuarenta años, chichonera en ristre y vieja, pero remozada, bicicleta entre las piernas se dan cita para recorrer pintorescos lugares.

Hace un tiempo Jordi Escrihuela nos deleitaba con una pieza sobre la vieja bicicleta que le acabó cautivando y llevando por los páramos de medio mundo a presumir el mero placer de rodar como antaño.

Con Jordi quisimos saber de las raíces de esta nueva pasión que además de generar eventos por doquier da de comer a no pocos restauradores, auténticos artistas platerescos que en otra circunstancia no habrían tenido esta cantidad de trabajo.

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El amante del ciclismo vintage admiraba a Perico, a Ocaña, a Bahamontes, y echa de menos aquel ciclismo de costura y tapiz, sin pulsómetros, ni CRM no ostias, era ciclismo a pelo, corrido con el corazón y las sensaciones, de rompe y rasga. La tecnología le ha robado alma al ciclismo, como a otros deportes, al mismo tiempo.

Hay auténticos nostálgicos de aquello.

Y la única manera de revivir esa época es montando estas fiestas del ciclismo sin pulsómetros, ni medias, ni chips, ni dorsales sino sacando las viejas bicis de rastrales, manetas en el cambio, y nuestros maillots de laneta de los sesenta o setenta

Gobik nos presentó los maillots de la Volta 100

Hoy en día se ve a Froome, Bernal, Roglic y compañía, se disfruta, se sabe más que nunca de ellos, quizá demasiado, y la química no es la de entonces cuando un campeón era la cara de tu chapa en los juegos de corral y llenaba de posters las paredes de tus paredes con relieve de gotelé.

Hoy las carreras muchas veces se resuelven por un puñado de segundos, ya no existen las pájaras, ni los ataques suicidas, ni las heroicidades en montaña ni la épica, todo está bajo control, el ciclista no es dueño de sus actos, no hay tiempo para la improvisación, todo está bajo el mando de la voz del director en el pinganillo.

Por eso triunfan estas marchas, por eso  vuelve lo antiguo, que aunque un incauto lo pensara, nunca pasó de moda.

Imagen tomada de totalwomenscycling.com

trata de un accesorio fundamental para las bicis de piñón fijo, porque significan el único sistema de seguridad para los que no llevan freno o llevan un solo freno. Es un sistema de retención que básicamente te ayuda a frenar hacia atrás con los pedales sin que vueles de la bici.

No obstante como todo sistema de frenado, los straps de pedales deben ser regularmente mirados para ver si hay desgaste. Todo depende de cuánto los usas y del tipo de bici que tengas. Nuestros straps aguantan bastante y a nivel de relación precio/calidad son de los mejores del mercado.

¿Quién no ha usado nunca la mítica chichonera?

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La chichonera es el símbolo de un tiempo que nunca volverá

En el mundo en el que vivimos todo pasa muy deprisa.

Las noticias, los hechos, las informaciones, se suceden una tras otra sin cesar, sin darnos demasiado tiempo a frenar, reflexionar y pensar, porque detrás de una info llega la siguiente y así, es un no parar.

Por eso es necesario visitar a veces lugares que nos permitan comprender nuestra evolución en el universo que nos rodea.

En nuestro caso, en el del ciclismo, y en concreto en el de la bici, este hecho no escapa a esta realidad y por eso los museos están desarrollando un papel fundamental a la hora de mostrarnos no sólo la historia de «la pequeña reina», sino también de todos los complementos y materiales que tuvieron relación con ella.

Son lugares donde el tiempo se para y donde podemos informarnos, aprender y sobre todo observar la evolución técnica de, además de estas máquinas, accesorios que se han vuelto imprescindibles -y obligatorios- para una práctica segura de nuestro deporte favorito.

En este último caso, en efecto, estamos hablando del casco ciclista, pero es que antes de que evolucionara de manera increíble hasta lo que se ha convertido hoy en día, en un elemento esencial que ofrece la máxima protección con toda la ligereza y ventilación que necesitamos, como cualquier historia, tuvo un antepasado: la chichonera.

Ese día que Miguel Indurain llevaba una chichonera…

El otro día, en la imagen destacada que ilustraba un post publicado en este mal anillado cuaderno, que recordaba la épica etapa de Lieja del Tour del 95, en la que Miguel Induráin llevaba puesta una chichonera, mientras Bruyneel se hacía un tras moto a su rueda, muchos se sorprendieron de ver al campeón navarro mostrando un retrato poco habitual en él, tan acostumbrados que estábamos a verlo con las equipaciones más innovadoras de todo el pelotón.

Bruyneel Indurain JoanSeguidor

Verlo con aquel feo casco que, por cierto, tuvo que llevar inevitablemente porque entonces en Bélgica ya era obligatorio competir con protección en la cabeza, nos trasladó, con aquella fotografía, a un ciclismo de otra época que hablaba de heroicidades, épica y aventura, como la que él mismo protagonizó aquella memorable jornada.

Quizás fuisteis los más jóvenes los más extrañados al ver aquella pieza tan arcaica en la cabeza de Miguel, pero para los que ya tenemos una edad, ay, no nos lo era para nada raro.

Lo que Induráin llevó aquel día, para superar aquella etapa, fue una reproducción fiel del casco clásico de tres bandas, que habían usado los ciclistas durante las competiciones de los años 60 y 70. En aquella época, el uso del casco aún no era obligatorio y todavía no era objeto de estudio científico sobre aerodinámica.

La seguridad del ciclista se había confiado a esas tres simples bandas de cuero que ofrecían escasa protección, por no decir mínima.

Ésto el que llevaba chichonera, porque la mayoría salían “a pelo”. Cuando se empezaron a promocionar las primeras chichoneras modernas, las marcas llamaban la atención de los ciclistas con frases del estilo:

Si usted siente aprecio por su cráneo, póngase chichonera, porque más de la mitad de las lesiones graves y de los impactos por accidente de bicicleta provienen de golpes en la cabeza. Una buena chichonera reduce espectacularmente el riesgo de lesiones en la cabeza al amortiguar los impactos por caída”.

¿Estamos de acuerdo?

La verdad es que luego, con la práctica, se demostró que en caso de caída no servían para nada… o casi.

Este llamativo anuncio venía acompañado con la imagen de uno de estos “trastos”: un modelo llamado Casco Banana (no hace falta dar muchas explicaciones del porqué de este nombre) de la marca Brancale, hecho de tiras de espuma que visiblemente daba la sensación de ofrecer muy poca protección.

Eso sí, ligero sí parecía.

Todos los portabicicletas de Cruz

Chichonera Gianni Bugno JoanSeguidor
Castelli

En resumidas cuentas, había nacido la chichonera como protector para la cabeza y es lo que se usaba antiguamente antes de inventarse el casco tal y como lo conocemos hoy en día, aunque algunos corredores, de manera residual o simbólica, la siguen usando.

Quizás lo que muchos no sepan es que esta protección mínima de cuero, con forma de redecilla, tuvo su origen siguiendo un modelo que se había comercializado en Catalunya nada menos que ya a a finales del siglo XIX.

Aquel “invento” consistía en una gorra de paja diseñada para niños que, al dar sus primeros pasos, no se golpearan en la cabeza si caían al suelo.

Alguien pensó entonces que si era bueno para los niños también lo habría de ser para el ciclista, y así empezó todo, ya que la finalidad era la misma y se trataba de protegernos contra impactos en la cabeza.

Yo también tuve mi particular experiencia con la chichonera, por supuesto, y a finales de los años 80 me hice con una que usé muy poco tiempo, porque cada vez que la miraba sentía un cierto escepticismo y dudaba de su seguridad:

¿qué podía hacer aquello en caso de caída, con aquellas ligeras tiras negras del grosor de un dedo índice unidas entre sí y que se ajustaban a mi cabeza con un complejo cierre?

Afortunadamente, en el año 1975, unos pioneros como la marca Bell diseñaron el primer casco exclusivo para bicicleta: el Bell Biker, con una cubierta dura de poliestireno.

Aunque a algunos no les gustaba porque con él puesto decían que era lo más parecido a la “hormiga atómica”, la verdad es que se estuvieron viendo muchos cascos de este tipo durante muchos años, compaginándose con las chichoneras, hasta que poco a poco fueron quedando arrinconadas y obsoletas en los fondos de armarios de los ciclistas.

Unió Ciclista Vilanova JoanSeguidor

Sin embargo, gracias en gran parte a la moda retro, al retorno de la estética vintage en el ciclismo y que tanto nos gusta a los nostálgicos, y a la organización de eventos de ciclismo clásico como La Eroica o La Pedals de Clip, las chichoneras se han vuelto a sacar del cajón, las hemos desempolvado y se han convertido, como otro tipo de elementos retro, en auténticos artículos de culto que nos transportan a la época romántica del ciclismo, de sensaciones, de competiciones heroicas y que completan la vestimenta perfecta del aficionado a estas marchas clásicas.

Y vosotros, ¿también tuvisteis chichonera?

 

El eterno encanto del ciclismo antiguo y sucio

Cicismo antiguo Strade Bianche en JoanSeguidor

Pocas cosas evocan tanto como las imágenes que recuerdan el ciclismo antiguo

El fin de semana ha sido prolífico en imágenes propias de otro tiempo, propias de ciclismo antiguo.

Como si de un día de la marmota se tratara, la Strade Bianche puso la guinda a ese reguero de imágenes que corren como pólvora por perfiles y cuentas.

Imágenes de Van Aert y Bardet irreconocibles, la de Alejandro Valverde moldeado en barro, pero también las de Rémi Cavanna en el Oeste de Flandes, o las de la París-Niza, con ciclistas mojados y sucios llegando a una meta adoquinada.

Remi Cavagna- Ciclismo antiguo JoanSeguidor
© Quick-Step Floors Cycling Team – © Nico Vereecken/PhotoNews

La Strade Bianche supo que prolongar su Eroica al profesionalismo iba a causar furor.

Lo ha hecho, ha hecho del ciclismo antiguo y sucio modernidad, sello y marca.

Ha alofrado el sentimiento de muchos ciclistas que no se identifican con la perfección del GPS ni la precisión del arco de meta.

Ciclistas que sencillamente quieren rodar, no comerse cunetas en cicloturistas que son de todo menos cicloturistas.

El moderno éxito del ciclismo antiguo, también llamado vintage

Nos preguntamos hace un tiempo por las marchas vintage y su atractivo…

En definitiva gustan, enamoran y atraen porque no se alimentan de geles, ni de técnica, ni de lo último en SRM, ni de vatios…

Son marchas que permiten llenarte el cesto de cultura, que en el caso del ciclismo, y del ciclismo antiguo, es sapiencia ancestral y diagonal.

Porque la cultura del ciclismo habla de ciclistas, de carreras, pero también de pueblos, de paisajes, de puertos hechos en la época del imperio austrohúngaro, de teatros naturales, de carreteras, de rutas trazadas por los ingenieros de Napoleón, de minas, de campos de Flandes, de tierras lejanas y cercanas, de ciclismo entre viñedos…

El ciclismo antiguo y sucio no es una moda, es la esencia propia de este deporte, que si sobrevive será con esta marca.

La lejanía de las estrellas

Se quejan algunas figuras, hoy en la picota, de que el ciclista medio vive muy al margen del público, de su público, que se esconde en confortables camiones y buses equipados a full y no baja más que para firmar y presentarse en la salida.

Queremos añoramos, esas mañanas entre Iñaki Gastón, Marino, Etxabe, Anselmo Fuerte… con los pies estirados por encima de la ventanilla, que interrumpían la charla para complacer al niño que los veía como dioses de marfil.

No es tan complicado, sabemos que incluso con el ciclismo que evoluciona y se vierte a las redes y a los mil focos, es posible, mantener ese halo.

Porque en el fondo cuando un puñado de ciclistas con rastrales y cables a la vista por sus máquinas de acero se reúnen en torno a la Strade Bianche y notan temblar su alma, piden eso, nada más que eso, que ese ciclismo antiguo y sucio siga con vida, por muchos años.

Imagen tomada de FB de Strade Bianche

INFO

Toda la ropa del Burgos BH en la tienda de Maglia Sport

Mi cesto está lleno de cultura ciclista

Unió Ciclista Vilanova JoanSeguidor

Creo que entre la cultura que existe en el ciclismo cabría diferenciar, entre la propia de la competición y los profesionales, y la de los cicloturistas, que pueden ser cicloturistas sin saber quiénes fueron Coppi, Merck, Ocaña o Indurain. Sobre todo esto me gustaría profundizar en el tema en este humilde post.

Porque salir a rodar en bicicleta te permite disfrutar de un buen estado de forma, te permite disfrutar de la máquina, del paisaje, pero desde mi punto de vista, tienes que llenar ese buen estado y esa comunión con la flaca, como si fuera un cesto, de cosas que te ayuden a entender este deporte y sus raíces. Evidentemente el ciclista que sólo sale a correr, intentando mantener una buena media y no quedar cortado de la grupeta, merece todo mi respeto, pero permitidme explicarme.

Yo no sería ciclista o cicloturista si no llenara ese cesto de elementos de la historia del ciclismo, igual por eso me gustan tanto las pruebas clásicas, l’Eroica o la Pedals de Clip. Si miro atrás la culpa seguro que la tiene mi padre: yo tenía 5 años y me acuerdo como si fuera ahora, cuando el hombre, con unos compañeros de trabajo, se fue para Barcelona a ver el Tour y le dijo a mi madre que Pérez Francés venía escapado, que lo habían escuchado por la radio, ese fantástico medio sin imágenes, pero que te absorbía como una esponja. Aquel día José ganó la etapa del Tour en Montjuïc, una hazaña, 200 km en solitario, las carreteras llenas de gente, “gallina de piel” al recordarlo.

Yo no iría en bicicleta si no me sumergiera en el territorio, no entiendo este maravilloso deporte si no va ligado al paisaje, a los pueblos, a las masías y a las bodegas de mi estimado Penedès. Podemos rodar en las cuatro estaciones, cada una tiene su color, su olor, su viento, sus pájaros. Me gusta observar, conocer por donde voy, a veces llego a casa y lo primero que hago, antes de ducharme, es mirar un mapa para ver donde iba aquel cruce que dejé. Quizás sea un privilegiado por vivir donde vivo, me gusta exprimir el territorio hasta el final.

Luego miro la bicicleta, me gusta conocerla desde el manillar al cambio trasero, no voy al mecánico, sólo en contadas ocasiones, la desmonto, la engraso, la limpio, repongo lo gastado. Un día me dijo Iturat que la mejor manera de ver si hay una avería, una grieta o un tornillo flojo era limpiando la máquina. Nunca salgo con la bicicleta sucia, es una manía que tengo desde pequeño.

Una bicicleta, sus componentes y complementos, sobre todo los de antes, son auténticas piezas de museo, llenas de historias, de trabajo, de talleres, de artesanos soldadores, de pintores, mecánicos, artesanos del cuero para hacer sillines, para hacer zapatos de piel a mano, chichoneras, bidones de aluminio, maillots y culotes de lana. Aquí se escondía todo un mundo que ahora se llama Taiwán o fabricación en serie sin sentimientos y poca historia.

También está el ciclismo en papel, que es mucho más que las revistas o la hoja del periódico deportivo que hablan de ciclismo que todos hemos comprado. En este país hemos tenido muy pocos libros que hablaran de ciclismo, de ciclistas, de sus gestas, de los puertos, de bicicletas,… aunque poco a poco van apareciendo. En países con gran tradición ciclista, en Francia, Italia, Bélgica, Reino Unido… las librerías están llenas, una buena forma de respirar, embriagarse y entender este mundo.

Pero tampoco seriamos nada sin recordar a esos personajes que iban a correr el Tour, el Giro o la Vuelta en tren, por su cuenta, con maleta de cartón, con pocos recursos económicos, sin médicos ni masajistas, sin servicio mecánico, con un solo plato y muy pocas coronas en el piñón, por pistas de tierra en unas etapas larguísimas. Todo un homenaje a los pioneros.

Saber de ellos también llena el cesto, ese cesto que en mi caso va lleno de lo dicho, porque eso es lo que yo entiendo por Cultura Ciclista.

Por Carles Soler, desde La Pedals de Clip

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La superficie de la llanta PR1400 Oxic tiene una capa de cerámica que dar un aspecto espectacular by DT Swiss

El amigo Celestino Prieto

Un cicloturista como otro cualquiera, que disfruta de sus salidas todos los fines de semana con su grupeta de la U.C. Vilanova, para relajarse del estrés diario, practicar algo de deporte y sobre todo seguir cultivando amistades, que son muchas, muchos colegas que podemos presumir de conocerlo, de su amistad y de haber compartido con él kilómetros en bici.

Lo conocí el pasado mes de junio… pedaleando, claro. No lo llegué a reconocer al principio. Me puse a charlar con él, con aquel ciclista con maillot del KAS y con el que enseguida entablamos una animada conversación, comentando lo divertido que lo estábamos pasando en aquella marcha de auténtico estilo retro. En un momento dado me dejé caer un poco y otro cicloturista me tocó en el hombro y me dijo:

-¿Sabes con quién estabas hablando?
-Pues no, la verdad -le respondí francamente.
Es Celestino Prieto…

¡Caramba! ¡Qué apuro pasé! Había estado hablando con una leyenda viva del ciclismo y yo sin darme cuenta. ¡No lo reconocí! Pues sí, el gran Celestino, ex ciclista profesional barcelonés, instalado en su querida Vilanova i la Geltrú donde ahora regenta una tienda de ciclismo (Esports Prieto, Rambla del Castell), desde donde se implica en organizar actividades para promocionar el ciclismo, colaborando en eventos como la organización de la próxima Pedals de Clip o la Trobada de Tàndems, ambas en la comarca del Penedès, concentraciones poco vistas hasta ahora pero que están adquiriendo un gran auge entre los cicloturistas.

Desde aquí no os vamos a explicar toda la carrera profesional (entre 1983 y 1990) de este auténtico mito del Reynolds, KAS y ONCE, pero sí os diremos que fue con el equipo de la refrescante bebida donde corrió y coincidió un par de temporadas con Sean Kelly, tirando siempre de él, o en cabeza en las cronos por equipos. Entre sus mayores logros destacar los éxitos deportivos en la Vuelta a España, donde consiguió la victoria en la 4ª etapa (Salamanca-Cáceres) en la edición de 1981, su subcampeonato de España de ciclismo en ruta en el 84, ganador del Gran de Premio de Navarra en 1985 y acabando el Tour de Francia, de aquel mismo año, en el puesto décimo séptimo de la general.

Todo un gregario de lujo, tal y como lo describía en septiembre de 1986 el seleccionador español Pepe Grande en vísperas del Mundial de Colorado Springs (EE.UU.) «porque cumple a la perfección cualquier misión y sobre todo en la selección siempre ha funcionado como un miembro fundamental«. A pesar de que era un «currante del pedal», luchador nato, siempre intentaba la victoria, como en su mejor Tour, el del 85, cuando en su 2ª etapa, entre Lorient y Vitré, se escapó, a 55 km del final, de un pelotón que volaba cercano ya a la meta, y para eso «hay que tener una impresionante fuerza y muchos kilates de moral» (Javier Dalmases).

Celestino quería dedicarles el triunfo a sus padres. No pudo ser y fue alcanzado y neutralizado 15 km después, «pero a él no le importó, sabía que estaba a su alcance el intentarlo otra vez«. En diciembre de 1990, con tan solo 29 años, se retiró prematuramente, por una polémica renovación con la ONCE que nunca se llegó a firmar, pero a todos nos quedó un gran recuerdo de «un ciclista tranquilo, sencillo, y que ningún director deportivo que tuvo pudo decir una palabra crítica a este corredor abnegado y discreto que pasó a ser uno de los mejores gregarios de España«.

Celestino… ¿crees que el cicloturismo goza de buena salud?
Por supuesto, el cicloturismo goza de muy buena salud, a pesar de algunos disgustos que nos podamos llevar alguna vez.

¿Del ciclismo profesional no podemos decir lo mismo, no?
El Ciclismo Profesional en España tiene un nivel altísimo. Tenemos ciclistas capacitados en cualquier disciplina. Las generaciones de Arroyo, Perico, Indurain… hicieron despertar una afición y descubrir este deporte a mucha gente.

¿Qué diferencias encuentras entre el ciclismo que tú conociste y el de hoy en día?
Nunca es bueno comparar épocas y generaciones. Lo que está claro es que hay denominadores comunes como el sacrificio y la disciplina. Antes los ciclistas hacían servir más la intuición, no se llevaban los pinganillos y requerían una lectura rápida de la carrera.

¿Dónde está el límite de exigencia en el ciclismo actual?
El ciclismo es un deporte de sacrificio, de retos y competitivo. La exigencia la lleva la propia competición.

¿Qué te quedó por hacer como corredor?
No lo sé. Guardo grandes amigos y grandes recuerdos.

¿Miras atrás sin acritud?
Fui un privilegiado en hacer lo que me gustaba y tenía pasión. Coincidir con los ciclistas y directores de aquella época fue una etapa bonita.

¿A qué rival de tu época admirabas más?
Hay tantos a los que admiraba por diferentes razones que se me hace difícil marcar a uno. Unos por casta, otros por la clase que mostraban, por su picardía, por su valentía o por su constancia.

Y recientemente… ¿quién es tu favorito?
Un corredor que lo sigo siempre desde que tenía 8 años: Flecha.

Gregario de lujo… ¿hubieras preferido que te hubieran recordado de otra manera?
Todos tenemos nuestras ilusiones, pero fui consciente de mis limitaciones. En aquella época en mis equipos había grandísimas figuras. Quedo satisfecho de mi labor.

¿Disfrutas más ahora del ciclismo o echas de menos tu etapa competitiva?
Ahora disfruto del ciclismo. La bici se ha convertido en una herramienta para pasármelo muy bien, para salir de la rutina y de paso intentar cuidarme físicamente.

¿Participas en marchas cicloturistas? ¿Crees que son carreras encubiertas?
Salgo en algunas marchas, pocas, porque no tengo demasiado tiempo. El carácter competitivo de las personas hace que sin querer se conviertan en carreras.

¿No sería mejor quitar dorsales y chips a las marchas?
La competición está dentro del mismo ciclista. Aún sin llevar dorsal o chip seguro que habría ese afán de llegar primero. Eso no quiere decir que todos los ciclistas tengan esa mentalidad, simplemente que hay ciclistas que sí la tienen.

¿Te sigue picando el gusanillo de la competición?
Sí, pero como espectador. Aún me apasiona el ciclismo.

¿Se pican contigo? ¿Te picas fácilmente?
Por supuesto que hay quien se pica, pero yo no me pico para nada.

¿Pincho de tortilla o barrita energética?
Hemos cambiado el ciclismo de fondo por el ciclismo de fonda: un buen pincho de tortilla, una buena tertulia…no tiene precio.

¿En tu época de corredor, cuántos kilómetros solías hacer?
Sobre los 30.000 km. Tendría que buscar entre mis reliquias guardadas donde apuntábamos kilómetros, peso, pulsaciones, etc.

¿Pulsómetro o sensaciones?
Voy con pulsómetro, pero me dejo llevar por mis sensaciones.

¿Un lugar para perderte con la bici?
Sierra de Prades, precioso

No sales de casa sin…
Revisar la bici y llevar recambios

Lo peor de la bici…
La dificultad de compartir un medio (la carretera) con más respeto y civismo con otros vehículos.

¿Cómo ves la nueva moda de las marchas retro?
Es maravilloso que le demos valor a nuestras bicis, a nuestra historia, al igual que a los coches, motos, o trenes antiguos.

¿Crees que engancharán a mucha gente?
Seguro que sí, tanto por recuerdos como para dar valor a bicis guardadas y casi olvidadas, como a nostálgicos y a curiosos.

En Italia, l’Eroica reunió a más de 5000 ciclistas… ¿llegaremos a esta cifra en alguna prueba emergente amante de las bicis clásicas en nuestro país?
Es difícil, pero lo importante es empezar y arrancar. Tener ilusión y compartirla con más ciclistas.

Por Jordi Escrihuela

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Por si no conocías la serie Spartan de Suunto

La reconciliación de la bicicleta

El calendario de cicloturismo en España es realmente importante. Raro es el lugar que no incluye en su porfolio deportivo una marcha, más o menos corta, más o menos dura. Son eso, marchas, y como tales no entendemos el cicloturismo de alforjas, porque eso se hace en otros momentos, pero sí comprendemos que hablamos deán paseo, más o menos rápido, con más o menos competitividad. El problema, lo triste a mi juicio, es que muchas de estas marchas, aunque mil veces dicho, se convierten en un coto de lobos que salen a cuchillo, meten cuneta, suben como si no hubiera un mañana y se la juegan en los descensos. Legítimo, sí, poco estético, también.

Son marchas que se miden por desnivel positivo, por parajes míticos. Marchas que tienen alguna neutralizada para que no se desmadren y la guardia civil no ponga problemas, marchas que dan barrigas energéticas y geles en los avituallamientos, marchas que entienden del mejor material, que ponen expos en la salida con la mejor rueda, el maillot más moderno, el casco más cool… se nutren dde lo último.

Sin embargo crecen pruebas que intentan huir de todo eso. Esta tarde de jueves presencié la puesta de largo de una de ellas, de La Pedals de Clip, de la que no hace mucho nos hablaron, y que es una especie de viaje en el tiempo, décadas atrás, al ciclismo de racores y soldaduras a la vista, de los cuadros de tubo redondo, de los ratrales, de los cables a la vista, del cambio en la barra oblicua, de maillots de lana, de gorra al revés,… otro ciclismo.

Es una marcha en la que no importan los tiempos, en la que el avituallamiento es producto local, que te ponen pan tomate, frutos secos y un poco de vino, no mucho, que se acompaña de motos de época, por caminos de tierra, porque la tierra bien acondicionada se deja querer por el tubular, porque en el fondo es la mejor manera de huir del frenesí de los tiempos, las prisas y los afiladores asesinos.

Ese ciclismo es posible, y es la respuesta a tantas y tantas marchas que no se diferencian, que son todas iguales, que son todas auténticas picadoras de carne. Al igual que la prueba, que no carrera, del Penedés, hay otras, y van creciendo porque la gente quiere eso, que la bicicleta se reconcilie con el entorno, el aire, el paisaje, la pausa y la libertad. Merece la pena probrarlo, aunque esos hierros te dejen el cuerpo dolorido.

Mirad aquí qué tenéis, buen calendario de ciclismo vintage en España

INFO

Tu bici, sea o no vieja, en destino con Nacex

La vieja bicicleta

Cuando tenía el garaje abierto y yo pasaba por delante de su casa, la de mi querido y viejo vecino Joan, siempre la veía allí colgada, una bici que no me llamaba especialmente la atención, pero que miraba una y otra vez, igual que cuando se me van los ojos detrás de cualquier bici que vea pasar o que esté aparcada delante de un bar, junto a otras, delatando la presencia de ciclistas en su interior almorzando.

Sí me fijé varias veces que no era una bicicleta digamos “moderna”: de color rojo, manillar encintado de color blanco sucio, cableado por fuera, manetas del cambio en el cuadro y pedales con rastrales. Siempre pensaba “¡Buf! ¡Vaya hierro!”.

Eso es lo que pensaba hace cinco años y no tenía ningún interés por aquella bici. ¿Quién se iba a sentir atraído por una bici así, en plena época del carbono y del cambio electrónico? Yo ya sabía de la gran afición al ciclismo de Joan, amigo y vecino de 88 años, que también había disfrutado de la bici en sus épocas “mozas”, como él mismo siempre me recordaba. Y Joan sabía de la mía, claro, sobre todo cuando me veía salir una y otra vez de mi casa con mi bici dirección vete tú a saber dónde. Y casi siempre bajaba y me paraba, y nos tirábamos un buen rato hablando de ciclismo, del de antes y el de ahora.

A on vas avui?

Siempre me recordaba que su suegro, Joan Segura (padre de su mujer, mi estimada vecina María Lluïsa), con 20 años había coincidido y corrido junto al gran Mariano Cañardo y que incluso había llegado a disputar alguna Volta a Catalunya. Estamos hablando de años anteriores a la Guerra Civil, entre 1932 y 1934. Después de la guerra, tuvo que emigrar a Francia, instalándose en Marsella, donde pudo seguir compitiendo en carreras locales. Algunos años más tarde, allí se pudo comprar una bici, un último modelo de lo mejor que había en Francia, imposible de encontrar, lógicamente, en la España de la post-guerra, que le serviría para continuar disputando carreras en sus últimos años como corredor, para luego reciclarse y disfrutar con ella plenamente del cicloturismo.

Así fue durante mucho tiempo, hasta que hace unos 40 años se la regaló a su yerno Joan, porque ya no tenía muchas ganas de salir con ella. Mi vecino la disfrutó durante bastantes años también, hasta que, por la edad, la colgó definitivamente en el trastero del garaje de su casa, donde ha permanecido inamovible y descansando de las múltiples batallas vividas, haciéndose vieja, muy vieja, llenándose de polvo y óxido por el inexorable paso del tiempo. Pero a mí, la verdad, seguía sin llamarme mucho la atención.

Sin embargo, hace unos pocos años, y cuando seguía pasando por delante de ella, algo había cambiado, ya la miraba con otros ojos, con mucho más interés, sobre todo a partir de un magnífico reportaje que se publicó en Pedalier sobre una marcha de bicicletas antiguas que se desarrollaba en mi querida Toscana (aquel mismo año había estado allí de vacaciones y vine completamente enamorado de aquella tierra). El nombre de la prueba, actualmente conocida por casi todos los ciclistas, cómo no, era el de l’Eroica. El artículo me dejó fascinado, aquellas bicis de otras épocas, aquellos cicloturistas con maillots de los 60 y los 70, aquellos caminos sin asfaltar… De repente, me subió la fiebre retro: yo quería estar allí.

Pero en aquellos años, participar en una prueba así era para mí imposible: sin bicicleta antigua, sin maillots de época y el no poderme desplazar tan lejos simplemente para participar en una marcha ciclista, añadido todo a que en aquel momento no se hacía nada parecido, ni por asomo, en nuestro país, pues hizo que mis ganas se quedaran en solo eso: en las ganas de un día poderme rodear de ese ambiente festivo de un ciclismo que ya nunca más volverá.

Y yo seguía pasando cada día por delante de la puerta de mi vecino y ya la observaba con más detenimiento. Yo calculaba que sería de los años 60 ó 70, lo cual ya daba bastante bien el perfil de bici antigua, ¡y tanto! Pero me desmoralizaba verla cómo estaba y, además, por mucha confianza que tuviera con Joan, yo no se la iba a pedir, claro, era su reliquia, todo un recuerdo para él.

Pero hace un par de años todo iba a cambiar. Un día, como otro cualquiera, picaron a la puerta de mi casa. La abrí y era Joan, mi vecino, y venía acompañado por su vieja bici. Me quedé un poco perplejo. Recuerdo que lo primero que me dijo fue:

La vols?

No supe qué contestarle. Solo le dije que cómo es que se quería deshacer de ella y que me sabía muy mal. Me explicó que su mujer le hizo limpiar el garaje y tirar todos los trastos que no hicieran falta, como aquella destartalada y vieja bicicleta. «Si no la quieres tendré que tirarla a la basura. La María Lluïsa no la quiere ver más por el garaje«.  Y me la quedé. Le agradecí enormemente el regalo, le di un abrazo y la entré para adentro, más con la sensación de no saber si aquello tenía arreglo.

Millor que amb tu, no ho estarà amb ningú

La bici, una Prestige francesa con la curiosa característica de llevar triple plato, estaba bastante mal, muy oxidada y tenía bastante faena por delante si algún día quería salir a pasear con ella. Ahora la tenía colgada en el garaje de mi casa, donde me la miraba una y otra vez, sin saber por dónde tenía que meterle mano.

Pasaron muchos meses y no me atrevía con ella hasta que, por fin, tuve una excusa innegable para poderla reparar: muy cerca de mi casa, en el Penedès, se iba a celebrar una concentración de bicis retro, el sueño que llevaba persiguiendo durante años.

Un día ya no me lo pensé, la fecha se acercaba y empecé a limpiarla con esmero: ¡la cinta del manillar era blanca! Le quité todo el óxido que pude, dejándola bastante decente. Un cambio de cables por aquí, un buen lubricado de las partes móviles y… ¡los frenos y el cambio funcionaban! Un cambio de cadena, cubiertas desmontables (un poco viejas para que no se notara mucho) y los tubulares destrozados fuera. El sillín Soffatti y el manillar estaban impecables y los frenos Mafac en perfecto estado.

La estuve probando e iba bastante bien. Me di unos cuantos paseos, subí incluso a Montserrat con ella, y funcionaba bien, quitando algunos bruscos y lógicos saltos en el cambio o pequeños ruidos que uno ya no sabía de dónde salían, pero pedaleaba y con gusto. Aquella vieja bici recuperaba sensaciones perdidas en el tiempo.

El resto ya lo conocéis, participé en mi primera retro, la Pedals de Clip, de la que quedé completamente enamorado y ya enganchado definitivamente a este ciclismo épico. Pero en nuestro país, por suerte para los que amamos el ciclismo de antaño, han salido más pruebas de este tipo en el calendario: la Histórica de Abejar (Soria), Canal de Castilla en Medina de Ríoseco (Valladolid), la Monreal de Ariza en Zaragoza y la Pedals de Clip en Sant Martí Sarroca (Barcelona), y más que se irán añadiendo…

Por Jordi Escrihuela

INFO 

Y hablando de recuerdos…

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Orbea comenzó haciendo armas en Eibar hace 175 años. Con el tiempo fabricó también carritos de niño y finalmente bicicletas, a partir de 1930. Desde entonces, su actividad se ha centrado en la fabricación de bicicletas, a lo que en la última década se le han unido cascos, ropa ciclista, mochilas, al margen de numerosos eventos en los que tratan de estar lo más cerca posible del apasionado ciclista.

Con motivo de esas 175 primaveras, y si Orbea te ha acompañado alguna vez en tu vida, puedes ponerte en contacto con ellos y enviarles alguna foto o contarles alguna historia. Es pieza puede completar la historia de Orbea y tú, formar parte de ella.

Hazlo en el mail 175@orbea.com.

Aquellos años de metas pintadas con tiza

 

Para los amantes de ciclismo vintage traemos una perla firmada por nuestros amigos de @olympia_vintage. Se trata del critérium de Caboalles de Abajo, una localidad leonesa, allá por la comarca de Laciana, que en la edición de 1983 fue ganada por Ginés García Pallares por delante de Bernardo Alfonsel y Enrique Aja. La imagen se culmina con el ganador desenfocado por el alborozo, al final de una carretera, atiborrada de público y la meta pintada en tiza. Sabroso. Ese ciclismo de nietos y abuelos, que recordamos con cariño. Ese ciclismo artesanal que treinta años después vuelve a estar vigente, ahí, a tocar con los dedos.