La bicicleta: abierta las 24 horas y los 365 días del año

Bicicleta JoanSeguidor

¿Qué tiempo mínimo exigible le dedicáis a vuestras salidas en bicicleta? ¿No menos de una hora? ¿Valen tan solo 20 minutos?

Hace un tiempo, bastantes años, estuve hablando con un buen amigo, ciclista como yo, de cuándo entrenar, qué días eran mejores o qué horas las más idóneas para salir en bicicleta.

Después de charlar un largo rato sobre el tema, me dijo -a modo de sentencia final- que lo suyo era hacerlo siempre que pudiéramos, porque lo importante era salir y no quedarse en casa.

Y aunque dispusiéramos de poco tiempo, ni que fuera media hora, o tan sólo 20 minutos, daba igual: lo suyo era coger la bici y pedalear, lo que fuera.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

En efecto, todo cuenta, todo suma: 20 kilómetros por aquí, 40 por allá, 1 hora bien aprovechada un día, y otro, y así, casi sin darnos cuenta, seguimos adelante, seguimos sumando.

El caso es pillar un pequeño circuito cerca de casa -no es preciso ir muy lejos-, dar algunas vueltas, las veces que queramos.

No es necesario que hagamos series, ni puñetera falta que nos hace, se trata sólo de movernos, de poner en marcha nuestro cuerpo.

También de no perder los beneficios acumulados en los entrenos digamos “convencionales”, esos que efectuamos junto a nuestros colegas los fines de semana, esas kilometradas que nos metemos entre pecho y espalda, todas esas horas encima del sillín que nos pasamos sentando las bases de nuestra forma y fondo.

Los días de cada día, con sus pequeños paréntesis, también cuentan.

Los tenemos ahí.

Sólo se trata de colgar la pereza detrás de la puerta de nuestra habitación, despojarnos de las sábanas que pesan mucho más de lo que parece y salir.

En nuestro caso, los cicloturistas, lo tenemos fácil: nuestra bicicleta no cierra nunca, la tenemos ahí disponible las 24 horas del día, los 365 días del año.

Es así de agradecida.

Siempre preparada.

Salir y pedalear.

Cualquier momento es bueno, por el simple amor a la bici y apta para todos los públicos.

 

Conozco gente que me comenta que ellos no salen si no disponen al menos de más de hora y media de tiempo.

Craso error.

Hemos de saber ser ciclista en cada instante, que sea nuestro modo de vida, porque la bici nos hace sentir bien y nos hace sonreír, por eso hemos de aprovechar cualquier ocasión para repetir la experiencia y la aventura de montar en bicicleta una y otra vez.

Toda esta perorata para muchos, seguro, pueda ser muy obvia.

Adivina sobre los orígenes de DT Swiss 

Pero la idea que queremos trasladar es la de mirar a nuestra bicicleta con placer, como una compañera “cuatro estaciones”, siempre dispuesta a salir con nosotros.

Habrán días buenos, regulares, malos y hasta imposibles, pero rodar siempre es una opción.

Cada uno es libre de organizar su propio viaje.

 

Podemos ser protagonistas de nuestro propio destino: desde salir a la calle para ir a trabajar o dar un paseo, sensibilizando conciencias ante los atentados a los que están sometidas nuestras ciudades, o bien dejándonos llevar por nuestro único esfuerzo cuando nos decidimos a pedalear buscando valles, bosques o pueblos apartados.

O ascender cimas de puertos de montaña, mientras nuestra respiración entrecortada nos hace sentir vivos y libres.

La elección es nuestra e independiente y nuestra llegada en bici a cualquier lugar, por muy apartado que esté, siempre llama la atención, porque su estética alimenta e invita al saludo inmediato y a charlar con las gentes del lugar.

Somos un ejemplo y son muchos los que seguramente con cierta envidia sana, al vernos desplazar en nuestra bici o bien al verla equipada con alforjas, aparcada fuera de un albergue, se preguntan si ellos lo podrían hacer también.

Viajar en bici hace que sus habitantes vean nuestra presencia como una muestra de amistad y concienciación ecológica para su entorno.

 

Por eso desde aquí reclamamos, de nuevo, este tipo de cicloturismo que nos permita llevar un ritmo más sosegado para poder disfrutar plenamente del entorno que nos rodea, huyendo de ese espíritu competitivo que aún arrastran muchos, que pedalean en bici para intentar rivalizar en la primera subida que afrontemos.

Queremos pasarlo bien juntos, disfrutando y compartiendo nuestra forma de vida, de ver y amar el mundo del ciclismo turista.

Apostar en nuestras salidas por dejar el reloj en casa, sin mirar el tiempo (bueno, el que hace sí), sin cronos ni potenciómetros, ni falta que nos hace.

Lo que sí se mira (y admira) son los paisajes.

Esperar a todo el mundo.

En caso de avería o pinchazo parar y luego seguir todos juntos. 

No importa lo que tardemos.

Tenemos todo el día por delante.

SQR – GORE

 

Queremos pedalear disfrutando en los sitios donde vamos, aunque para eso, como a todos nos gusta, hacerlo sufriendo un poquito, pero con buen desarrollo, tranquilidad y compañerismo se sube todo.

Si tenemos que tardar 10 horas para hacer 100 km por las montañas… ¡no pasa nada!

Además, no es ninguna deshonra, si un día estamos cansados, el echar pie a tierra, que no significa abandonar, para nada.

En cualquier momento podemos retomar nuestra bici y seguir pedaleando por parajes de ensueño.

Sin piques.

Y si los hay delante, peor para ellos, más nos tendrán que esperar arriba. 

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Desde estas líneas seguiremos -intentando- trasladaros nuestra visión del ciclismo no sólo como deporte, sino también como un estilo de vida.

Si hemos de pedalear bajo la lluvia, cogeremos nuestros impermeables y saldremos ahí afuera mientras nos dejamos empapar nuestros sentidos.

Pedaleando firmes atravesando charcos y alzando los pies al aire como niños, bajo la atenta mirada de muchos, bajo sus paraguas, que nos observarán perplejos pero a la vez con envidia de vernos más vivos que nunca.

Mientras tanto, desde estas líneas, seguiremos hablando de ir en bici… los 365 días al año.

El paraíso ciclista se llama España

Si decimos que España es el país más importante del mundo en el ciclismo profesional, todo el mundo pensará inmediatamente en los éxitos cosechados por nombres como los de Alberto Contador, Alejandro Valverde, Joaquín Rodríguez… Pero, en realidad, España es la primera potencia mundial en otro apartado, desconocido para el gran público, pero importante para la economía: España es el verdadero paraíso para las concentraciones invernales de los equipos ciclistas profesionales.

La lista de equipos concentrados en España es casi tan larga como la de los propios equipos del pelotón mundial. Hay conjuntos como Lotto NL-Jumbo que llevan casi una década visitando el mismo hotel y la misma ciudad. Nos referimos a Mojácar (Almería). Hay otros que han ido cambiando de ubicación, como Bora, quienes han pasado por Mojácar (Almería), Mallorca o Gandía (Valencia). Pero la realidad es que son mayoría los equipos profesionales que optan por la costa española.

Pensando en tendencias, hay conjuntos que optan por Cataluña. En concreto, podemos citar al Delko-Marsella o al Cannondale o al nuevo Cycling Academy de Israel. Prefieren Lloret de Mar, Salou… porque les pilla cerca de sus bases logísticas y porque piensan que más hacia el sur hace un calor excesivo y los cuerpos se van a resentir cuando vuelvan a centro Europa.

Otros equipos optan por Gandía (Valencia), que es la última gran ciudad en incorporarse a la moda. Este año, por ejemplo, repite Ag2r y se incorpora Bora. La gran ventaja de Gandía es la opción de poder entrenar en el velódromo Luis Puig (importante para mejorar la posición biomecánica de los corredores) y alternar llano y montaña.

La gran mayoría suele utilizar las ciudades de Calpe y Benidorm (Alicante). En ese grupo podemos incluir a los navarros de Caja Rural-Seguros RGA o a Quick Step, que lleva décadas usando los hoteles de Calpe. Y, como comentábamos anteriormente, los hay que apuestan por irse todavía más al sur: en concreto, hasta Mojácar.

A todo esto hay que sumar la legión de equipos que aprovechan Mallorca para entrenar y disputar la Challenge. Y los que muy pronto usan la base de El Teide para que entrenen en altitud sus mejores hombres. Como vemos, España… ofrece territorios para todos los gustos y presupuestos.

Esa es una de las grandes ventajas de los hoteles españoles: el precio. Pero también las carreteras y la montaña que ofrece la orografía. No hay que olvidar, por ejemplo, que Benidorm se encuentra rodeado de puertos de primer nivel de exigencia. Y, sobre todo, el clima. Sin embargo, la principal virtud es la capacidad de los hoteles para adaptarse por completo a los equipos ofreciendo comida caliente incluso a las 16.30 horas cuando los corredores llegan de un entrenamiento de fondo de seis horas.

Todo este sector casi secreto para el gran público permite a los hoteles compensar sus cuentas en dos meses muy delicados: diciembre y enero. Y, además, lo hace fuera de las fechas clave, puesto que ningún equipo se concentra en Nochebuena, Nochevieja o la Fiesta de Reyes. Así que todos salen ganando. Pero… ¿se explota comercialmente? Ese es el gran problema. Hablamos de actividades individuales y no hay un plan global. Desde nuestra empresa, VELOFUTUR, hemos gestionado durante muchos años las concentraciones de decenas de equipos. Pero es una lástima que todo ese potencial no sea difundido suficientemente en los países de origen.

Una buena campaña de marketing de Benidorm, Calpe, Mallorca, Gandía, Mojácar… podría ser muy interesante no sólo para atraer a los equipos profesionales, puesto que ese negocio es realmente limitado en el tiempo y en el número de habitaciones. El verdadero negocio está en hacer ver a los cicloturistas europeos que puedan disfrutar de los mismos hoteles, carreteras y clima que los profesiones por un precio módico.

Esa es la verdadera desestacionalización del turismo. Pero por el momento son pocas las iniciativas coordinadas que puedan apreciarse en esa línea. Tal vez Mallorca sea la plaza turística que más ha peleado por atraer al turista extranjero de centro-Europa. Y Mojácar también supone un caso único pensando en el cicloturista belga. Pero esa iniciativa a través de la Marca España y con una visión global no existe. Y lo peor es que tal vez tampoco se puede esperar que vayan a ser presentadas.

La maldición de España es que atraemos el turismo casi sin darnos cuenta. Son millones -tal vez 75 millones en 2016-, pero podrían ser muchos más y de más calidad si de verdad se hiciera una apuesta por llenar España de turistas cuando los necesitamos: en los fríos meses del invierno, cuando las ciudades se llenan de ancianos… y por qué no de cicloturistas extranjeros.

Por Jorge Quintana

Imagen tomada del FB del Quick Step Floors