Se está quedando un calendario ciclista muy europeo

Volta a la Comunidad Valenciana Adam Yates JoanSeguidor

La pandemia ha dado color europeo al calendario ciclista, como en los viejos tiempos

Cuando hace once meses por estas fechas veíamos de lejos la bola de nieve generada desde China apuntando a Italia y disfrutábamos de las primeras carreras del calendario ciclista, no imaginábamos que acto seguido nos vendría el silencio, el vacío, el más absoluto agujero…

La carreras que se salvaron el año pasado, las australianas junto a San Juan y Tour Colombia, ya han caído del calendario en este rodillo que avanza y no para.

Quienes pensaran que 2021 iba a ser un punto y a parte se equivocaron, quienes imaginaron que todas las organizaciones iban a tener la capacidad que demostraron el año pasado las que pudieron salvar sus carreras, también.

La realidad se impone al ciclismo, que no deja de ser un pequeño eslabón en el gran engranaje del mundo, y la temporada va retrasando, poco a poco sus miras.

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Sobrevive, ahí en medio, como aquel pueblo galo en una esquina del hexágono a la invasión romana, la Clàssica de la Comunitat Valenciana a finales de enero.

Los valencianos, mejor dicho, toda la franja de Levante, son anfitriones de buena parte del pelotón internacional, y los que no, no andan muy lejos,

Una realidad en la que, en un contexto donde la movilidad está tan condicionada, es clave

Y es que la pandemia ha conseguido deshacer, en unos meses, el camino de mundialización del ciclismo con una pasmosa facilidad.

El año pasado se cayeron las carreras de Canadá y en este enero sólo sobrevive la Vuelta a Tachira, entre las que se programaban fuera de Europa.

Ojo que no es poco lo que se deja de celebrar, a la tradicional apertura australiana, con el criterium previo al propio Tour DownUnder, se sumaba el Herald Sun Tour, la carrera más antigua de Oceanía que el año pasado ganó un tal Jan Hindley, segundo en el Giro de Italia.

Luego están las sudamericanas: el pelotón se privará del baño de masas que supone el Tour Colombia, en lo que para algunos especialistas es bueno para las estrellas colombianas, menos exigidas de entrenar estos días, y la Vuelta a San Juan.

Con la salida de estas carreras, emergen las europeas como adalides del primer ciclismo del más alto nivel, a la valenciana, unidle la Marsellesa antes de la Estrella de Bessèges.

El ciclismo vuelve a tener en Europa el cogollo, el nido de todo lo que acontece a la espera de que la pandemia pase y la normalidad se instale de nuevo.

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Ciclismo en 2020: Quedaros con lo bueno, que lo ha habido

Todos los cambios que acechaban al ciclismo se dispararon en 2020

365 después otra vez aquí, otra vez el champagne y las uvas que van… y esas cosas que nos ha dejado el 2020, entre otras CICLISMO.

Describir estos doce meses es una montaña rusa general y una interpretación tan personal como gente lea esto, por eso no sacaremos las miserias y sí nos quedaremos con lo bueno de año que dejamos atrás, con la mirada en el nuevo y más allá.

Ciclismo incluso este año ha habido, ya lo creo que sí, y es un motivo para estar contento y orgulloso

Una campaña en dos actos, un entremés cortado de raíz en algún lugar de los Alpes mediterráneos, a un día de llegar a Niza y retomada en Burgos.

Entonces se anunciaba un calendario inestable e incierto que pudimos disfrutar como si no hubiera un mañana, desde la lejana y polvorienta Strade, a la caída de Remco en Lombardía, el corazón en un puño con Fabio Jakobsen, las tres grandes, el desenlace brutal de Lieja, el sueño de ver a los dos cocos en Flandes, la Vuelta de otoño…

Esto ha sido también 2020, ha sido CICLISMO.

Un año raro para un revolcón en toda regla, la sensación que todo va rápido, muy rápido, con esa legión de intrépidos imberbes que quieren mucho y más, lo pretenden todo, sin esperar a ser fruta madura.

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El año del confinamiento ha acelerado el pulso del relevo y ha puesto sobre la mesa nombres con los que no contábamos, al menos tan pronto: Hirschi, Remco, Pogi, Van Aert, Van der Poel… y ¿Bernal?

Con ellos soñamos, con el ciclismo de valientes, de no guardar, de remar y remar en medio del deporte tomado por la ciencia, la cadencia, los vatios y la biblia de datos que parece necesaria manejar para salir vivo de este caldo.

El año del confinamiento ha traído esos campeones y ha puesto en valor la bicicleta en nuestra sociedad, como elemento de independencia y emancipación, un boom de demanda que acuerda entregas a seis meses vista y que pone la flaca como elemento de deseo.

La vemos más por las ciudades y por las carreteras, un cambio obligado para un mundo mejor, más lógico, humano y sostenible.

El paisaje que queremos ver, y que durante los meses de plomo del confinamiento latió profundo en el otro elemento estrella del ciclismo en 2020: el rodillo.

De odiado a compañero imprescindible para quemar excesos en la mesa y los sinsabores de la vida, si la bicicleta vino para quedarse en las ciudades y la carretera, el rodillo ya no será el jarrón feo del salón.

Sólo una cosa lamentamos del ciclismo de 2020, y es lo de siempre, lo de cada año, la desgracia de ver, leer y oír sobre accidentes, momentos que nos rompen en mil pedazos y nos dejan la sensación de cuánto queda por hacer para que el ciclista no sea visto como algo extraño y sí algo integrado, íntimamente, en el paisaje.

Este 1 de enero de 2021, El Cuaderno de JoanSeguidor celebra diez años, brindamos por otros tantos

FELIZ AÑO y que 2021 nos lo ponga + fácil. 

Imagen: FB de Giro d´Italia

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Una temporada ciclista diferente ¿La Vuelta en octubre?

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2020 demuestra que otra temporada ciclista sería posible

Podemos y podremos decir por mucho tiempo que la temporada ciclista 2020 que un día pudimos disfrutar fue la más singular de la historia…

Tres meses escasos, entre finales de junio e inicios de noviembre, han puesto escenario para una campaña que, con todos los peros que queráis ponerle, nos deja un regusto dulce en el año más negro.

Y así, echando la vista atrás, pensamos en lo que comentan en VeloNews sobre si las cosas podrían volver a ser como en 2020 o al menos repetirse como se hicieron este año alguna otra vez.

La Vuelta en octubre e inicios de noviembre ha sido un regalo de ciclismo en un paisaje que muda, con una meteorología más benigna que agosto, sin ese calor, y un espectáculo que ha estado a la altura.

Lo mismo decir, como se cuestionan, de una Strade Bianche en agosto, una carrera seca y arenosa que tamizó el ciclismo de un polvillo seco tan legendario como el barro de la edición más húmeda,.

Lo mismo decir de la travesía por el Piemonte hacia San Remo o el estival lago de Como que se dispuso para Lombardía.

La campaña nos dejó jornadas de niebla espesa en la Vuelta hacia Sanabria, pero ojo, también en el sur de Italia, como el día que vio a Filippo Ganna imponerse en solitario.

Pero si creímos, por momentos, que se les iba a hacer de noche, con la humedad cayendo, el sol escondiéndose y las cuitas entre De Gendt y Rubio.

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El Tour de Flandes fue el de las hojas muertas, no se pudo correr Roubaix pero sí otras muchas carreras, desubicadas en el tiempo, algo que a algunos no acabó de convencer.

Pero hubo ciclismo «Show must go on» y lo disfrutamos, a la espera que las aguas vuelvan a su cauce, pues en Australia ya se han quedado sin ciclismo de inicio de campaña.

Sabemos que Flandes volverá a abril, que Lombardía será otoñal y que agosto espera a la Vuelta, pero si una cosa ha demostrado este deporte es que marida con toda meteorología y cualquier paisaje, que es perfecto para darnos un buen momento incluso en el año más complicado de nuestra historia.

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On Biking Up&Down, el 31 de enero por el Guiniguada

Los participantes unirán Las Palmas de Gran Canaria y Santa Brígida con dos tramos cronometrados 

El año 2021 empezará con fuerza para los riders que ya han elegido On Biking Up&Down.

El 31 de enero unirán Las Palmas de Gran Canaria y Santa Brígida por el Barranco Guiniguada.

Así de bien y exigente suena este reto de 35 kilómetros, 17,5 de ascenso y 17,5 de descenso, con control de tiempo y cuyas inscripciones están abiertas.

El alcalde de Santa Brígida, Miguel Jorge Blanco, junto al concejal de Deportes de Las Palmas de Gran Canaria, Aridany Romero, el edil del mismo área de la Villa, Juan Armando Umpiérrez, y el director deportivo, Ángel García, presentaron la competición que ya cuenta con medio centenar de inscritos y que repartirá premios en metálico de 100, 75 y 50 euros para los más rápidos. Además, involucra a todos los amantes del ciclismo de montaña desde la categoría Cadete hasta Master +60.

La cita comenzará a las 09:00 desde la Plaza de Stagno, en la capital grancanaria, con salidas grupales cada minuto cuyos protagonistas afrontarán el tramo de ascenso en tandas de cinco especialistas. Saldrán neutralizados hasta El Pambaso, donde comenzará a contar el tiempo. Será a partir de las 12:00 cuando afronten el recorrido de descenso desde Santa Brígida. Y lo harán con todos los servicios a su alcance: maillot oficial, zona de boxes, taller, avituallamiento, guardarropa, amplio dispositivo de seguridad y emergencias, entre otros aspectos destacados, así como con un importante protocolo sanitario.

Los dos consistorios y DG Eventos son los encargados de promover esta prueba que tiene en el Barranco Guiniguada un recorrido espectacular. Cuenta con el apoyo del Cabildo de Gran Canaria, a través del Instituto Insular de Deportes, Federación Canaria de Ciclismo, Mercedes-Benz Flick Canarias, Fred. Olsen Express, Coca-Cola y Free Motion.

Equipos

La organización anima a los clubes a participar y a aprovecharse del descuento especial. Por la inscripción de diez riders, abonarán ocho. Una iniciativa con la que pretende implicar al mayor número de deportistas posibles hasta alcanzar el límite de 300 participantes por motivos de aforo y tiempo de desarrollo de la carrera.

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Esos momentos que el ciclismo fue surrealista

Ahí van unos buenos capítulos de ciclismo surrealista

Ciclismo surrealista es aquel ciclismo que en el marco de lo oficial nos deja el sabor de boca de los grandes momentos y la incredulidad de un niño.

Situaciones que nos ponen las manos en la cabeza y nos dejan en escorzo en el sofá, que trepan como bichos virales por las redes y llegan a manos de gente que no tiene porqué ver ciclismo.

Ahí están escenas dantescas como la de Nairo, Valverde y Landa dándose cremita en el bus, bajo la mirada de Eusebio, diciendo que todo bien, que todo perfecto.

Aquello acabó con masaje.

Los vídeos los carga el diablo, que se lo digan a Alberto Contador que colgó aquel tras la salida de cadena de Andy Schleck en Balès, de aquello no sacamos nada en claro, pero lo más importante, aún no sabemos si vio o no al luxemburgués saltando la cadena.

Mikel Landa y su acordeón, con cara de niño bueno, la que no puso cuando le pegó un hachazo al rodillo durante el confinamiento.

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En la retina queda la historia entre Leonardo Sierra y Ramontxu González Arrieta en la primera Vuelta de septiembre, allá por el 95.

Tras una caída en el seno del pelotón ambos se enzarzaron en una pelea que parecía de mástiles meneados por el viento, una imagen que llenó diríamos que miles de zappings por años y años.

Como también lo hizo el recto de Lance Armstrong antes de la curva donde Joseba Beloki se destrozó, la toma del helicóptero del tejano volviendo a la carretera metros más abajo fue la muestra tangible del ángel que le llevó de la mano esos años que han quitado de los anales.

El americano también dejó sello aquella vez que salió, con las cámaras ahí presentes, a devolver a Filippo Simeoni al pelotón

Aquello era surrealismo y un insulto a la audiencia.

Sobre el italiano pesaba la ruptura de la omertá para el americano, que mucho tiempo después admitiría que aquellas imágenes eran dantescas, una vergüenza, la plasmación de ese rumor que habla de silencios cómplices en el pelotón.

En todo caso a Lance Armstrong le llovieron los reproches de un italiano y no de Simeoni exactamente, y sí de Marco Pantani por dejarle pasar primero la meta del Ventoux

Volviendo sobre tomas imposibles, aquella de Thomas Voeckler bajando de amarillo por el patio de casa de una familia italiana por que el francés, que no bajaba tan mal, hizo un recto mientras perseguía a Cadel Evans y Alberto Contador.

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Eso fue el 2011, el Tour que Alberto Contador corrió pero que no figura en la estadística por la sanción que se estaba gestando para ese otoño.

Entonces en el Saxo Bank, a Contador le tocó competir con algún aficionado corriendo disfrazado de cirujano y jeringuilla gigante en mano.

Son esas cosas que hemos visto de vez en cuando, que también le tocó al propio Armstrong, y que se pasó de madre cuando a Froome le arrojaron orín a la cara.

Fue una época en la que los «guiñoles» franceses hacían mella en ese lema tan instalado hace diez años de «soy español a qué quieres que te gane».

 

Espectadores incautos e indeseables los ha habido siempre, algunos rozando la tragedia, como este «fotógrafo» en Flandes…

En todo caso, que haya gente corriendo con los ciclistas es algo tan antiguo como peligroso.

A veces no se mide bien y sucede que el ganador de Alpe d´ Huez atropella a un crío cuando las rampas del coloso de los Alpes empezan a suavizar.

A Guiseppe Guerini no le arruinaron la imagen de cruzar Alpe primero, pero aquel imbécil midió mal, pues veía a través de la cámara, y provocó un susto cojonudo al ciclista, sus patronos y espectadores.

Alpe d ´Huez es circo de barbaridades, como el ambiente onírico de las bengalas, hace un par de años, del que salió Vincenzo Nibali por los suelos.

Que un espectador condicione el desenlace es algo clásico, como en el Monte Zoncolan, cuando a Manuel Bongiono lo apearon de la bicicleta y de la estela de Michael Rogers.

Los colapsos en la ruta son habitual en el Tour, Chiapucci pidiendo a las motos que le dejaran pasar en Sestriere o Chris Froome corriendo Ventoux arriba, corriendo a pie, por que su bicicleta se había roto por chocar contra unas motos atascadas por la cantidad de gente en la ruta.

En esas que en Colombia siguen creyendo que Fabio Parra no ganó el Alpe d´ Huez a causa de las motos, fue en el Tour de Perico.

Y acabamos este incompleto viaje en San Juan, allí donde vimos a Tom Boonen meter los pies en un caldero de hielo, a Vincenzo Nibali regalarle una cuchilla para afeitarse las piernas a Peter Sagan y Ijko Keisse hacer una gracieta de mal gusto con una camarera.

En fin, que el ciclismo surrealista nunca nos lo acabaríamos.

Gracias a Jordi Escrihuela, por refrescarnos la memoria

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El ciclismo no puede dar que hablar por la basura que deja

Un deporte que se dice ecologista debe dejar el medio como lo encontró

Esta misma mañana, hablando con una persona vinculada a la industria ciclista, me comentaba lo limpia y bien que se vio la subida al Angliru el domingo, una ascensión sin gente, donde pudimos apreciar la carrera sin nada ni nadie  por medio.

La asturiana siempre ha sido una de las cimas más atestadas de la Vuelta a España, pendientes imposibles, con una afición inquebrantable al ciclismo, por toda la España verde, apostaba miles de personas por sus pendientes, si a ello le añadimos que Angliru siempre ha sido una llegada de fin de semana, tenemos la alquimia perfecta.

Esa pasión desmedida, tenía sus costes en forma de toneladas de basura al día siguiente.

Que a uno le gustes las bicis, no quita que pueda ser un cerdo y tiré el papel de aluminio de su bocata a la cuneta con la esperanza que la naturaleza lo reabsorba.

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Aún recuerdo la historia que nos contó Odei Gil desde un Arrate atestado de porquería hace un par de años.

Esto es sobre el público, pero ¿qué decimos de los ciclistas?.

Bien es sabido que la Vuelta a España habilita unos kilómetros para que los ciclistas suelten lastre y luego la carrera ponga una brigada a limpiar lo que dejan por la carretera.

En la etapa que iba a Orense, incluso vimos a ciclistas tirar cosas en la zona de avituallamiento, a poco más de sesenta para meta, y los auxiliares de los equipos recogiendo los desechos.

Esta práctica se afanan a explicarla en la tele, cuando vemos, en ocasiones de forma exagerada, una ristra de porquería surgiendo por los lados del pelotón.

Kilian Jornet abunda sobre el tema por esta foto que puso en twitter nuestro amigo Iker Gallastegi, diciendo que no se puede aplaudir algo que debería ser evidente y de obligado cumplimiento.

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Tiene razón a medidas Kilian…

Si bien es cierto que la carrera se encarga de limpiar, también lo es que, entre que pasan los ciclistas y vienen a limpiar la calzada, algunas cosas pueden extraviarse en medio de la naturaleza, por ejemplo por que sople el viento.

Por otro lado, no son pocas las veces que vemos a ciclistas soltar bidones en zonas pobladas, con gente en las cunetas, e incluso niños reclamando su souvenir, como ese que recibió uno de manos del propio George Bennett.

Otra cosa es el ciclista que sale a hacer su ruta y piensa que el medio va a hacer desaparecer toda la porquería que tire en marcha, eso sucede y sólo hay que ver las cunetas de forma casual para cercionarse.

Eso cuando no se realiza una carrera pequeña por la montaña, con organizaciones modestas que no tienen la estructura de la Vuelta o el Tour para ir limpiando la ruta.

Por eso no compartimos lo que dice Hermida…

 

Al final no podemos sacudirnos la culpa mirando a otros, ser limpio es implícito a los valores ecológicos y sostenibles que pregona el ciclismo.

De hecho el alpinista no sólo se ciñe al ciclismo y sí a toda actividad que deja el medio hecho una porquería.

Y como dice Jornet, la industria debe ser sensible a este problema.

Por que al final esto es un tema de todos…

Imagen: Iker Gallastegi

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Ciclismo 2020: La temporada más difícil salió adelante

Evenepoel

2020 ha demostrado que el ciclismo puede celebrarse en estas condiciones

Si una cosa nos ha dado el año que encarrila su recta final, si algo nos deja el 2020 en ciclismo es apreciar lo bueno y a veces inesperado que nos da la vida.

Entre marzo y mayo nos atiborramos de reposiciones de ciclismo desde que la televisión aterrizó en éste, desde el mismo momento que Perico ganó por primera vez en los Lagos o Hinault hizo el destrozo de Ávila.

Vueltas de los ochenta en nuestra televisión, sintonías que teníamos olvidadas y nos trajeron a la memoria la magia de algo que por aquellos días negros no teníamos claro volver a ver: ciclismo en directo.

Y recordamos los veranos en el pueblo con Miguel Indurain, las andanzas del Chaba en el Angliru, las cabalgadas imposibles de Chozas, Pino, Lale Cubino… los mundiales de Freire.

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Pensábamos en el vacío que se había adueñado de nuestras vidas con la primavera robada, el Giro cancelado, sin dar crédito a las fechas que la UCI y en ciclismo pergeñaban para finales del verano y albores de otoño.

Qué locura, pensamos.

Pero hoy, a mediados de este noviembre tomado por el bicho que va a dejar una huella indeleble en nuestros corazones, podemos felicitarnos por la campaña ciclista que hemos podido ver y disfrutar.

Recuerdo la semana final de julio, con la sensibilidad a flor de piel, los nervios puestos sobre una ciudad que hoy leo que quieren confinar totalmente: Burgos.

Recuerdo el trabajo, las noches de insomnio que el organizador contaba a los medios ideando una carrera, la primera del calendario con estrellas, que fuera libre de coronavirus.

Pero también recuerdo a los agoreros, aquellos que, por algún ciclista que no pudo tomar la salida por contactos con positivos en Covid19, pedían suspenderlo todo, volver a encerrarnos.

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Valiente solución, parar el mundo, matar nuestra ilusión.

Por suerte se siguió adelante, y Burgos fue un éxito del que nos sentimos orgullosos, con chaval dejando la concurrencia ojiplática y escribiendo la historia antes de cumplir veinte.

Y luego vino la Strade Bianche y el carrusel de Van Aert, preludio de su San Remo victoriosa, una San Remo que no fue por la costa, que fue por el Piemonte para salir al tramo decisivo, allá por Imperia, hacia el mar.

Y siguió la campaña, con sustos que nos dolieron en lo más profundo, la caída de Jakobsen a mil por hora y el costalazo de Evenepoel en Lombardía, una carrera excelsa.

 

Vinieron las tres grandes, desubicadas pero vinieron, se corrieron los mundiales, cuatro de los cinco monumentos, la cancelación de Roubaix fue el prólogo de algunos cambios en la ruta de Giro y Vuelta, que tenían previsto entrar e Francia… se celebró la temporada casi como se había diseñado aquellos lejanos mayo y junio.

Un premio de cien días de ciclismo que tuvieron ese momento crítico, volvemos sobre ello, en Burgos, pero que alguien decidió tomar la salida y seguir hasta el final.

Felicidades, pues demostró que el ciclismo, el deporte itinerante por excelencia, de contacto con la gente y el territorio, se puso en pie y pudo salir adelante.

Ahora las cuentas siguen siendo duras, pero no tanto, los equipos han sacado rédito para que el circo que pensábamos que se iba al garete se vuelva a poner en marcha el año que viene, no en Australa, pero en marcha en definitiva, con la experiencia cercana y tangible de que el ciclismo es posible en estas circunstancias.

Y éste es un éxito de todos.

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KAS, de vuelta al ciclismo

La Vuelta 2020 recupera la presencia de KAS en el ciclismo

KAS regresa al ciclismo como proveedor oficial de la Vuelta Ciclista a España 2020 que arrancó ayer y recorre el norte del país de este a oeste. “La vuelta a La Vuelta” se produce en una edición con marcado acento norteño que coincide con el espíritu del refresco de origen vitoriano. La marca de Grupo PepsiCo retoma así su larga relación con este deporte rememorando el legado del mítico equipo KAS para la historia del ciclismo español.

La apuesta por apoyar #LaVuelta20 llega 32 años después de la retirada del equipo ciclista KAS, aunque el tiempo no ha borrado la huella que la empresa de refrescos local dejó en el ciclismo, ni la memoria de varias generaciones de españoles que se convirtieron en aficionados del deporte de dos ruedas.

 

Pese a que esta edición de La Vuelta Ciclista a España se celebra sin público debido a la COVID 19, KAS ha querido compartir con todos los aficionados la ilusión de estar de vuelta. KAS, el refresco de origen local desde 1956, ofrecerá la oportunidad de disfrutar la experiencia de #LaVuelta20 de la mano de Iván Mariñas deportista y duelista de MasterChef. El invitado vivirá una etapa de La Vuelta en primera persona, un pase único en el que será acompañado por el coruñés para sentir la emoción de la carrera desde dentro. El afortunado o afortunada podrá seguir al pelotón desde el coche oficial de La Vuelta y disfrutará del privilegio de sobrevolar la etapa en helicóptero y presenciar la llegada a meta de los ciclistas.

Este regreso, sin embargo, abre un nuevo capítulo en su historia que va más allá de la nostalgia. “Para nosotros estar de vuelta significa seguir construyendo sobre la herencia local y el arraigo de la marca al norte. Un hito con el que KAS renueva el apoyo a un deporte que consideramos muy de aquí, y por consiguiente, muy de KAS”, apunta Natalia Suazo, Directora de la Categoría de Bebidas para el Suroeste de Europa.

El equipo KAS nació en Vitoria en 1958 de la mano de la familia Knörr, propietaria por aquel entonces de la empresa de refrescos. El equipo despuntó enseguida y a sus primeros éxitos le siguieron tres décadas de competición que lo convirtieron en un auténtico referente en el ciclismo español. Pero quizá el legado más notable del mítico equipo fue el impulso social que despertó la afición en torno a la bicicleta de muchos españoles. Un legado que sigue vivo a día de hoy en el imaginario colectivo de muchos deportistas, ciclistas, jóvenes y mayores que se emocionaron con los éxitos del KAS como si fueran propios y entendieron el potencial del deporte español ya en la pasada mitad del siglo XX.

Bajo el maillot de la marca de refrescos han corrido ciclistas tan emblemáticos como Federico Martín Bahamontes, Julio Jiménez, José Manuel Fuente, Txomin Perurena, José Pesarrodona o Sean Kelly, todos ellos de profundo impacto en la memoria del aficionado español e internacional.

Con este patrocinio, KAS reivindica su espíritu local ligado al norte en la edición de La Vuelta que atraviesa en su séptima etapa (27 octubre) el lugar que vio nacer a la marca de refrescos vasca. Tierra que ha moldeado el carácter de KAS y esa pasión por el ciclismo tan del norte; porque es indudable que ¡hay algo de KAS en el norte!

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Una historia que viene de los años cincuenta…

Todo comienza a finales de 1950 de la mano de la familia Knörr, aficionados al ciclismo y dueños de la fábrica de gaseosa de Vitoria El As. A raíz del lanzamiento de dos nuevos refrescos de naranja y limón, añaden la K de su apellido al nombre (K-As) y deciden patrocinar un equipo ciclista. El equipo obtiene sus primeros resultados rápidamente y se hace con los servicios del primer ganador español del Tour de Francia, Federico Martín Bahamontes. Durante sus primeros años de existencia, KAS se embolsa etapas en la Vuelta España, su primer podio (de la mano de José Segú) y numerosas victorias en el circuito nacional (Subida al Naranco, Vuelta a Andalucía o Clásica a los Puertos, entre otras).

Será en los años 60 cuando el equipo se convierta en el auténtico referente del ciclismo español, tanto por sus logros en la Vuelta (tres podios consecutivos entre 1966 y 1969, con victoria general de Patxi Gabica incluida) como en Europa. A partir de 1964 KAS llenaría su vitrina de trofeos internacionales: la prestigiosa Milán-Turín gracias a Valentín Uriona; etapas en Dauphiné y Giro de Italia; y variadas victorias en el Tour, muchas de ellas obtenidas por uno de los corredores más memorables de la estructura, Julio Jiménez.

Los 70 marcarían el punto culminante de un equipo ya entonces sinónimo de España y ciclismo. Corredores como Vicente López, José Pesadorrona y muy especialmente Txomin Perurena y José Manuel Fuente dominarían el calendario nacional y competirían con los mejores en el Tour de Francia y en el Giro de Italia. Fuente, en particular, ganaría dos Vueltas y subiría al podio de las pruebas francesas e italianas, insertando el nombre de KAS en la historia más selecta del deporte.

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Tras dos décadas de andadura y centenares de triunfos en su haber, la primera etapa del equipo KAS llega a su fin en 1979. Aquel año la dirección del equipo contrata a múltiples corredores europeos (Van Impe y Criquelion a la cabeza) que obtienen notables victorias durante la temporada, insuficientes para mantener el equipo a flote. La desaparición de KAS supuso un trauma para el aficionado español, acostumbrado como estaba a su omnipresencia y competitividad en todas las carreras del calendario, muy en especial en La Vuelta.

Pero quizá el legado más notable del KAS fue el impulso social que logró crear afición en torno a la bicicleta y marcó un antes y un después para esta disciplina en España. Gracias al equipo y a su marcado espíritu local, fueron muchos los que se lanzaron a pedalear, a seguir, a escuchar, a aplaudir y a encumbrar el ciclismo. Un legado que sigue vivo a día de hoy en el imaginario colectivo de muchos deportistas, ciclistas, jóvenes y mayores que se emocionaron con los éxitos del KAS como si fueran propios.

Aquel KAS, paradigma del ciclismo vasco y símbolo absoluto del pelotón español, regresaría fugazmente entre 1986 y 1988, ya como patrocinador de otra estructura y con un acento más internacional. La estrella de aquel equipo, Sean Kelly, obtendría triunfos tan recordados como la París-Roubaix, la París-Niza, la Milán-San Remo y, cómo no, una ansiada Vuelta a España de 1988 que hasta entonces le había sido esquiva. KAS volvería así a escribir con letras de oro la historia del ciclismo. Una a la que regresa ahora de la mano de su carrera fetiche: La Vuelta.