Serra Gelada: la cima que se envuelve del mar

«Es el paraíso»
«Vistas maravillosas»
«Un espectáculo increíble»
«Uno de los placeres de esta vida que no os podéis perder»

Estábamos en el vértice geodésico, a más de 400 metros sobre el nivel del mar y a tan sólo cuatro kilómetros del acero y el cemento de Benidorm. Habíamos dejado el bullicio y el asfalto de esta sorprendente ciudad para adentrarnos en pleno Parque Natural de La Serra Gelada y conectar con la montaña y su naturaleza.

Una de las excursiones en bici más apasionantes que se puedan realizar por la Costa Blanca alicantina.

Tocando la fina arena de la playa del Levante encajamos nuestras calas en los pedales para dirigirnos al punto más alto de esta abrupta sierra que separa las bahías de Benidorm y Alfás-Altea. Encaramos la cuesta de la calle Alcalde Manuel Catalán, dejando a nuestra izquierda el desvío a La Cruz y unos metros más adelante el cruce a nuestra derecha que nos llevaría al mirador de la Punta Llisera y la Cala del Ti Ximo.

Mientras ascendíamos y ganábamos altura las vistas aumentaban en espectacularidad. La contemplación del repetidor y sus antenas, ver hasta dónde, y por dónde, había que subir, nos daba un poco de terror escénico.


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«No miréis hacia arriba»

Los comentarios sobre la belleza de este enclave eran generalizados entre los amigos que habíamos echado el resto para llegar hasta aquí.

Como nos dijo el maestro Juanto en su día:

«Coronar Serra Gelada y morir»

En aquel momento, aún entre respiraciones entrecortadas, no nos queríamos acordar ya de los malos momentos que habíamos pasado algunos retorciéndonos en la famosa rampa de hormigón al 34% de desnivel. Qué bestialidad.

Y no sólo en ésta, ya que en tampoco espacio, en la distancia y en el tiempo, las rampas al 20, 24 y 30% se sucedían una tras otra sin tregua ni respiro, mientras reptábamos como podíamos por esta estrecha y muy exigente senda abierta en la montaña de este increíble paraje bordeado por grandes acantilados coronados por el Alt del Governador, que se levanta vertical sobre el mar.

«Durísimo pero con final feliz» -exclamó Jon

En efecto, uno de los kilómetros más duros del país que puedas afrontar con tu bicicleta de nada menos el 17% de media. Terrorífico, y como decía un buen amigo mío, para cicloturistas muy bien preparados.

Allí arriba el profundo olor a mar que nos enviaba la brisa se mezclaba con el intenso del romero, el brezo, el enebro y los pinos que nos rodeaban. Desde aquel cortado nos sentíamos como las gaviotas que sobrevolaban elegantes por encima de nuestras cabezas.

«Un sitio precioso»

Contemplábamos admirados el Mediterráneo en todo su esplendor, sus calas, sus playas, sus pequeños Illots (islotes) como el de Benidorm, el de la Mitjana o los de l’Olla y la Galera y toda la cresta de la montaña que daba a parar al mar.

Era hora de sentarse, descansar y disfrutar.

Para este día de cicloturismo de lujo, con el telón de fondo de los increíbles rascacielos que conforman el skyline de Benidorm, sólo habíamos necesitado llenar nuestros bidones de agua, echar unos bocadillos, una cámara de fotos, buena compañía y sobre todo, muchas ganas.

Nosotros las teníamos y desde allí disfrutamos de las espectaculares vistas, alucinábamos con todas las perspectivas y no dábamos crédito a lo que veían nuestros ojos. Increíble.

«Te dan ganas de quedarte aquí para siempre»

Cien mil años tardó en formarse toda esta sierra cuyo perfil se refleja acantilado abajo en sus cristalinas aguas y, según comentan, en noches de luna llena, y vista desde el mar, ofrece un mágico aspecto helado.

De ahí su nombre.

Ven. Te sorprenderá.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de Link Alicante

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Un galimatías llamado cicloturismo

Me encanta la sensación de libertad que ofrece la bicicleta. La superación de retos. La mejora de uno mismo, la gente que conozco, saber de territorios y destinos turísticos… su gastronomía… a fin de cuentas es una forma de entender la vida.

Como profesional de cicloturismo es diferente, lo ves desde el otro lado, además de mi actividad en BIKTRA (Bike & Travel) como director, formo parte de la comisión de la organización de la Marcha BTT Serra de Biar y llevo la parte de agencia de viajes y parte de la comunicación del Tour del Juguete en Ibi (marcha que se celebró hace pocos días).

Creo que nos falta la madurez cicloturista de otros países en varios sentidos. Por ejemplo cuando hablamos de cicloturismo en grupos reducidos, gente como los belgas u holandeses está más acostumbrada a pagar por servicios de una agencia. Si bien es cierto que con toda la información que hay ahora en redes sociales, destinos turísticos, etc., tienden a organizarse por su cuenta.

Porque nuestro objetivo, como agencia, es marcar un valor diferencial para que la gente vea que merece la pena contratar nuestros servicios. Ese es ahora el gran reto de las agencias de viajes: marcar la diferencia con la «infoxicación» existente.

Luego están las marchas cicloturistas, otro mundo en sí mismo. Aquí creo que tenemos un concepto erróneo porque, aunque los organizadores no las planteemos así, hay mucha gente que las ve como carreras.

Por ejemplo, hace años asistí a la BTT de El Cabrerés, y si no recuerdo mal teníamos dos horas (de 8h a 10h) para salir. Luego se almorzaba (almorzar, no avituallamiento) en Rupit, a donde he vuelto un par de veces, tras conocerlo gracias a esa marcha. Y es que para mí una marcha cicloturista es eso: más allá del reto deportivo, que también existe, es conocer nuevos sitios, nueva gente, etc., haciendo lo que más me gusta: pedalear.

Otro ejemplo curioso ha sido el de la Marcha Cicloturista Castillos de Ayora, celebrada hace unas semanas. Es una marcha dura y exigente. Bueno, pues por cuestiones que no vienen al caso se suspendió (Alerta 3 de viento…) y muchos la hicimos por nuestra cuenta, sin dorsal. Pues creo que el resultado fue el de una auténtica marcha cicloturista: Gente disfrutando del paisaje, charlado unos con otros y parando a almorzar, incluso los «galgos». La gente que acabó muy cansada evitó el último puerto… si se hubiese hecho de la forma tradicional nada de eso hubiese ocurrido. Sin quererlo la organización, creo que ha sido la más cicloturista de las marchas cicloturistas en las que he estado.

Ahora os hablaré de mi experiencia organizando: En el caso de la bicicleta de montaña, en Biar llevamos 12 ediciones. Hasta ahora, salvo alguna discrepancia puntual sobre el recorrido con los técnicos de medio ambiente no hemos tenido ningún problema. Todo se ha solucionado con normalidad.

Pero ahora ha habido un cambio normativo en cuanto a la celebración de pruebas deportivas en caso de alerta, y se están suspendiendo un montón de eventos, y no sólo de mountain bike. Imagino que los responsables tendrán sus motivos, pero lo que veo es mucha falta de información a los clubs y una falta de coordinación muy grande entre  las diferentes partes implicadas: Municipios, consellerías, agentes forestales, clubes organizadores, etc., y lo que echamos muy en falta es la intervención de la Federación Valenciana de Ciclismo, en este caso, que debería ser el propulsor de todo este tipo de pruebas y por lo tanto de que existiera esa coordinación.

En el caso de la bicicleta de carretera nuestro tendón de Aquiles, en Alicante, es la Guardía Civil. Es muy difícil de explicar en pocas palabras. Según ellos, si es una carrera tiene que ir el grupo «emcapsulado» según la normativa de competiciones etc.,

Pero si es una cicloturista, no puede pasarse de determinadas velocidades, el grupo no puede tener más de una longitud determinada, no puede haber participantes más allá de las 14,00h (Porque no hay efectivos en el cambio de turno),… etc. Volvemos al mismo escenario. Falta de coordinación entre las partes interesadas, y bajo mi punto de vista la inacción de la Federación Valenciana de Ciclismo.

Desde el Tour del Juguete, por ejemplo, no ponemos en duda los motivos y criterios de la Guardia Civil, en absoluto. Lo que pedimos es que nos den herramientas para poder solventar estos problemas. Hay una cosa que está clara. Si yo hago una marcha cicloturista a unos 24-27Km/h de media, suelo ser de los de la parte central del pelotón, no es de recibo que alguien que ha entrenado para hacerla a 34Km/h me tenga que esperar… eso lo entiende cualquiera que practique ciclismo.

El que va delante se desespera, se quita el dorsal, y no vuelve a esa marcha. Por el contrario, si alguien tiene la paciencia de hacer la marcha a 18km/h pero la acaba y disfruta del paisaje etc., ¿quién le va a quitar la ilusión de acabar el reto? ¿Cómo le explicamos a un cicloturista de Bélgica, Holanda, Reino Unido o como este año que traemos un grupo de Panamá… que tiene que ir detrás de las motos de la Guadia Civil al ritmo que decida el motorista si eso no ocurre en ningún otro país que conozcamos?

Otra cosa que no entendemos es la diferencia de criterio entre las diferentes zonas de España. No creo que haga falta especificar, ni quiero entrar en polémica en este aspecto. Pero no lo entendemos. Hay que entender que este tipo de pruebas son una fuente de riqueza muy importante, y que normalmente atraen turismo a destinos a los que no llegan tour operadores, ni otras formas masivas de entender el turismo.

Hay que decidir si se quiere potenciar o lo queremos anular. Así de sencillo. A partir de ahí, de la voluntad política primero, y la voluntad del resto de agentes que intervienen en el proceso después, hay que crear mesas de trabajo para que todo el mundo pueda aportar lo que sabe con sus medios. Y creemos sinceramente que la intervención de las Federaciones de Ciclismo en este aspecto es fundamental.

Por un lado tiene que haber un cambio de mentalidad en los cicloturistas. Tenemos que estar convencidos de que no son carreras, independientemente de que haya una clasificación. A mi esa clasificación me sirve para el cachondeo posterior con los miembros de mi grupeta, para mi satisfacción personal y ya está.

No puede ser que no respetemos las normas de circulación por ganar unos segundos. A esos «cicloturistas» yo los sancionaría de forma ejemplar. Además de la multa administrativa que corresponda como a cualquier otro ciudadano que no cumpla el código de circulación, le prohibiría la participación en marchas durante un periodo o penas similares.

Y por otra parte tiene que haber coordinación administrativa. No me parece de recibo, por ejemplo, que en Alicante se haya hecho un esfuerzo importante para traer la Vuelta a España durante varios años, que ha sido un escaparate bestial, y no se aproveche al 100%.

A nosotros hay clientes que nos llaman porque quieren subir Tudons, El Xorret de Catí o Cumbres del Sol porque lo han visto en la tele… y sin embargo no podemos organizar marchas cicloturistas como en otros puntos de Europa y España, que es la continuidad a esas acciones… me gustaría recordar que en la provincia de Alicante hace cuatro años había unas seis marchas y sólo queda el Tour del Juguete.

Y perdonad que vuelva a hablar de nuestro destino, la Costa Blanca, pero es de lo que más puedo hablar. Como destino turístico, al igual que Castellón, y otros… le auguro un futuro importante, ya que el cicloturista cada vez viaja más y somos destinos que nos estamos dando a conocer muy bien como ya he dicho antes, y nuestro potencial es muy alto. Otra cosa es que seamos capaces de organizarnos bien para que la riqueza que esto genera se quede aquí… en esto tengo más dudas.

En cuanto a las marchas cicloturistas, creo que tienen un futuro incierto, más bien pesimista, si no se coge el toro por los cuernos y se empieza a trabajar en buscar soluciones en vez de prohibir.

Por Oscar Sánchez, www.biktra.com

Llevo profesionalmente como consultor y agente de cicloturismo 4-5años… como aficionado, nací en Guipuzcoa, creo que se nace aficionado al ciclismo. Creo que una subida de Sean Kelly escapado en el puerto de Deskarga me marcó…

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En Rates subirás entre almendros en flor

Aquel invierno había sido muy duro. Y frío, muy frío. Incluso nevó.

Llegaba a finales de febrero con hambre de bicicleta. Necesitaba sol. Anhelaba quitarme ropa, afeitarme las piernas, ponerme maillot y culotte cortos, y pedalear de nuevo sintiendo el aire en mi piel.

Justo en aquel momento conseguí una preciosa oportunidad de acercarme con mi bici a una estada en Calpe. En tan encantador pueblo de la Costa Blanca encontré el sol y la playa que andaba buscando para caminar en bici, pero también para sorprenderme con la bella y abrupta montaña alicantina.

Era aquel entorno un lugar envidiable, rodeado por el maravilloso mar Mediterráneo y por las sierras que a modo de racimos forman pasos montañosos de gran renombre en el mundo del ciclismo profesional.

Puro aroma ciclista.

Aún era invierno, pero entre almendros y cerezos en flor respiraba el avance de la primavera bajo el estupendo sol de esta tierra, siempre cerca del mar y como telón de fondo el idílico paisaje de la media montaña de Alicante.

Nos esperaban Bernia, Cumbres del Sol, Castell de Castells, Val d’Ebo y, por supuesto, Coll de Rates, el puerto más frecuentado por los cicloturistas de estas comarcas de la Comunidad Valenciana.

Aquel día tomamos la carretera desde Parcent, uno de los nueve pueblos de la Vall de Pop, para aquellos que prefieren llamar al territorio según el dominio de sus montañas, o del valle del Jalón, siguiendo el patrón de sus ríos.

Recuerdo que nos comportamos todos los integrantes de aquella salida como un auténtico equipo capitaneados por nuestro coach, ascendiendo en grupos de dos y dando relevos en cabeza bien coordinados.

Entre frutales, pinos y algunas palmeras, sorteando muchas curvas, coronamos el alto del Coll de Rates por su vertiente norte, todos muy juntos y cruzándonos ciclistas de todo tipo: con pinta profesional, amateurs y cicloturistas, subiendo por una bonita carretera de dificultad contenida, pues rara vez su pendiente superaba el 5% de desnivel, si bien alguna herradura que despuntaba las dos cifras la tuvimos que afrontar a bloque.

Paso de montaña de la Sierra del Carrascal, se trata de un puerto en el que se miden muchos ciclistas de la zona, profesionales o no, en el que incluso existe un sistema de registro de tiempos, estableciendo un ranking, dispuesto por una empresa alemana.

Mientras escalaba aquella cuesta observando el mar, entre respiraciones agitadas, y mirando al cielo, me hicieron recordar algunos inolvidables fragmentos del poeta valenciano Francisco Brines: «Porque todo va al mar y el hombre mira al cielo que oscurece, la tierra que su amor reconoce, y siente el corazón latir. Caminar al mar, porque todo va al mar».

Allí, junto al restaurante del Coll de Rates a 626 metros de altitud, estábamos en el punto de observación de las dos Marinas: la Alta, desde El Verger hasta Calpe, y la Baja, desde Altea a Vilajoyosa, con sus montes, valles y vegas.

Habíamos superado un desnivel de 350 metros en casi 7 kilómetros de ascensión a una media razonable del 5,28%, pero no estábamos en lo más alto. Unos dos kilómetros más arriba, y por una empinada pista forestal casi toda de cemento, nos esperaba la atalaya de vigilancia forestal de la Cumbre Carrascal de Parcent, a 950 metros de altura: una subida terrorífica, un duro esfuerzo y unos tremendos sudores que fueron ampliamente gratificados por la sublime perspectiva.

Como dijo en su día Jon: “turrón del duro en Alicante”.

Ahora no sé de quién fue la idea de subir hasta aquí pero recordando aquel momento tendría que haber sido recompensado por hacernos disfrutar de unas magníficas vistas.

Con un panorama de 360 grados a la redonda, muchos pueblos como Parcent, justo a nuestros pies, se divisaban desde allí: Jávea, Orba, Murla, Pedreguer, o Alcalalí entre otros, pintados al natural, como un gran mapa geográfico usando nuestros propios ojos.

El día era claro y se avistaban las sierras del Segaria, la Safor y el Montgó, las paredes y crestas del Ferrer, las alturas de Bernia o de Oltá, junto al Peñón de Ifach y el mar azul, intenso, recortando a lo lejos en la línea del horizonte la silueta de la isla de Ibiza.

Un mapa, hecho en piedra, situado en el mismo mirador, nos ayudó a situarnos y localizar todos estos puntos que alcanzaba nuestra vista desde las alturas y la distancia, hacia todas las direcciones sin dejar de sentir fascinación.

En aquel sitio entablamos una animada charla con un grupo de excursionistas que, sorprendidos, se admiraban de nuestra resistencia física para lograr semejante hito y que padecían por nosotros por el miedo que les daba pensar que también íbamos a bajar en bici por aquella carretera llena de curvas cerradas.

Fue de agradecer que valoraran nuestro esfuerzo para lograr aquella cima y también que se asombraran de nuestro «equilibrio» para descender.

En efecto, como decía el poeta, debíamos irnos ya dirección al mar, ya que había llegado la hora de marchar de allí, con algo de pena y emoción, dejarnos de charlas porque en una hora debíamos estar ya de regreso y se hacía tarde, como así nos anunciaba el dorado del sol que se reflejaba en nuestras miradas que acababan en el mar.

Ningún cicloturista que se precie de serlo y que pase por esta zona del Levante debería perderse la subida al Coll de Rates para disfrutar de sus paisajes, no sólo viéndolos, oliéndolos y escuchándolos también.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de Cycling Locations y Univers Bicicleta

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Ya tenemos las gafas Eltin, y en breve os diremos qué nos han parecido