Plazas limitadas para esta Ciclobrava

El 27 de septiembre se celebrará una edición muy singular de la Ciclobrava

70, 100 o 140 Km, estas son las distancias de los distintos recorridos que puede escoger el participante a la Continental Ciclobrava. ¡Alternativas para que todos los ciclistas disfruten al máximo!

Sin clasificaciones, sin presión, sin prisas. Una prueba con auténtica filosofía de cicloturista. Disfrutar de los pequeños detalles como compartir amistades o sentir la velocidad; las auténticas sutilezas como estrenar un maillot nuevo… El ciclista sabe cuáles son las que marcan la diferencia para él.

Una prueba que reúne todos los ingredientes para el ciclista. Puntos de paso por sitios emblemáticos que la hacen una experiencia única. Girona es una tierra perfecta para la bicicleta y la Continental Ciclobrava integra muy bien lo que es el ciclismo de carretera en esta región. Poder bordear el Mar Mediterráneo con espectaculares vistas, maravillarse pasando por Madremanya, afrontar el reto de superar puertos como el de Sant Grau d’Ardenya, el Empordanet, Romanyà o Montjuïc. Un territorio tan completo, que asombra a todos aquellos que lo descubren.

El recorrido incluirá una zona de entrenamiento de pequeñas ascensiones, la seguridad que aportan las carreteras poco transitada y paisajes nuevos para el cicloturista, que pedaleará entre dos terrenos antagónicos como son el Pirineo y el mar Mediterráneo.

Se ofrecen tres recorridos: uno más exigente de 140 kilómetros y 1750m+ ,pero sin una dureza extrema, ya que la intención es que el cicloturista de la Continental Ciclobrava goce de un recorrido que le transportará hasta la Costa Brava. Otro más suave, de 100 kilómetros y 1.000m+, un recorrido más rodador que descubrirá distintos puntos emblemáticos de Girona; y un tercer recorrido, novedad de la edición 2020, dirigido a aquellos y aquellas ciclistas que hace poco que han empezado a salir con la bicicleta de carretera, 70 kilómetros y 800m+.

Ciclobrava: Maillot oficial para todos los inscritos

Wear Design tiene preparados todos los maillots de la Continental Ciclobrava. Un diseño único, con el que podrás sentir el ciclismo desde el mismo día de la prueba.

Sobre los avituallamientos individualizados, la organización sabe perfectamente de la situación en la que nos encontramos y tiene todos los protocolos de seguridad bien preparados. Desde salidas por cajones a partir desde las 7:30 hasta las 7:50, control de mascarillas, mantenimiento de la distancia de seguridad, hasta unos avituallamientos que se harán en formato individual, que constará de una bolsa que contendrá un bocadillo, fruta y bebida, para que no haya ningún contacto entre participantes.

Una cicloturista que se encuentra en una perfecta localización como es Girona, ciudad con gran cultura ciclista.

+ INFO

Cicloturismo en la nueva normalidad

La Alp-Cerdanya Cycle Tour

Así fue una de las primeras experiencias de cicloturismo en la nueva normalidad

 

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Este fin de semana vimos un par de citas de cicloturismo enmarcadas en la nueva normalidad… quisimos saber más.

La quinta edición de la marcha cicloturista Alp-Cerdanya Cycle Tour tenía que ser especial.

Era una buena ocasión para celebrar la consolidación de la cita, un número de los “redondos” para guardar en la memoria.

Y sí, ha sido especial, pero por motivos bien distintos a los esperados. El pasado 19 de julio, en Alp, vivimos la primera marcha cicloturista en la nueva normalidad, la que nos obliga el maldito coronavirus.

Cuando en septiembre de 2019 el grupo de trabajo encargado de organizar la Alp-Cerdanya Cycle Tour se reunió para plantear la flamante quinta edición, el objetivo era construir un evento digno de ser recordado tanto por los que repetían año tras año, y a los que queríamos premiar por su fidelidad, como a los que vinieran por primera vez a descubrir nuestra CicloExperiencia de los Pirineos, como acordamos que sería el eslogan para 2020.

Así se planteó la campaña de inscripción, con la mente puesta en todas las actividades festivas que queríamos preparar el fin de semana de la cita. Llegamos a abrir inscripciones en febrero, con una gran acogida inicial.

La propuesta gustaba, ¡bien!

En marzo,  nos topamos de bruces todos con la inesperada y cruel realidad de la COVID-19

Eterna espera… 

Para bien o para mal, esta marcha no es un negocio.

Su celebración quedó en pausa indefinida sin más.

Cada miembro de la organización se centró en conciliar su vida familiar y profesional, vigilantes ante todo de la salud y expectantes ante la situación que llevó a la declaración del estado de alarma. ¿Qué pasaría en julio? De entrada parecía un parón temporal breve, que afectaría un tiempo a las inscripciones… fue que no. Semanas y semanas de confinamiento.

 

Mientras iban llegando cambios de fecha y alguna cancelación, nosotros esperamos.

La climatología de la Cerdanya no permite mucho margen para ir mucho más allá de los primeros días de septiembre y si julio fuera imposible, lo normal era cancelar y ya está.

Ver y esperar.

Nueva normalidad y ¿cicloturismo?

Cuando llegó el calendario de desconfinamiento, vimos que sí podríamos llegar.

Si todo evolucionaba bien ¿por qué no?. Comenzó la ronda de reuniones con el ayuntamiento de Alp, principalmente, y la Federació Catalana de Ciclisme.

¿Es factible hacer una marcha cicloturista?

¿Qué debemos hacer para cumplir con las normas de cicloturismo en la nueva normalidad?

Los protocolos que nos iban facilitando no eran sencillos y, lógicamente, implicaba un cambio radical de planteamiento respecto a lo que debía ser inicialmente… ¡septiembre parecía el siglo pasado!

Asegurar distancias interpersonales, evitar la mínima aglomeración, higiene de manos, reducir cualquier actividad del village a lo estrictamente necesario, avituallamientos individualizados, control de temperatura… y la responsabilidad de todos los participantes de asistir única y exclusivamente si no tenía síntomas ni contacto con algún posible positivo de coronavirus en los últimos 15 días.

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Era difícil, pero no imposible

Comenzamos a redactar el protocolo de actuación, a planificar cómo debía ser cada momento, desde la recogida de dorsales, la entrega de maillots, la salida, el límite de inscritos, etc.

La decisión más drástica fue eliminar el recorrido más largo, el Endurance, de 180km, para controlar avituallamientos y horarios.

Los inscritos en esta ruta entendieron la situación, si no se puede, no se puede… y mejor eso que nada después de meses sin normalidad sobre la bici.

 

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Colaboración total

Las idas y venidas de textos, propuestas y sugerencias para acabar de aprobar un protocolo para la prueba han sido constantes, pero lo más destacable es que cuando estas modificaciones han sido incluso a 48h de la marcha, por fuerza mayor, el conjunto de los participantes ha aceptado las lógicas molestias con una enorme responsabilidad.

Era fácil enfadarse por cambios imprevistos, seguramente sí. No obstante, todos sabíamos que era cuestión de adaptarse a lo que se pedía desde el plan de emergencias de la Generalitat de Catalunya (PROCICAT) o aceptar la suspensión.

El protocolo aprobado estaba ahí y todos los permisos en regla.

Solo faltaba seguir el guión.

Y gracias al comportamiento de todos, se cumplió con éxito total. La recogida de dorsales y la bolsa del corredor, que incluía parte del avituallamiento para el día siguiente, con pasillos independientes según tramos de dorsales (bloques de 200), tres horarios de salidas (7.30h, 8.30h y 9.30h) para no superar los 300 ciclistas en cada salida.

Y dentro de cada una, parrillas de menos de 100 ciclistas con marcas en el suelo para mantener una distancia interpersonal de más de 2,5 m2 que salían cada 10 minutos.

Y una recomendación final, evitar crear pelotones

No hizo falta llamar la atención a nadie.

Todos sabíamos por qué era necesario cumplir con ello y el beneficio de ser responsables, disfrutar de una jornada ciclista que llevábamos muchos meses esperando.

Al acabar la marcha, nuevamente mascarilla, envase individual de comida para reponer fuerzas y vuelta a casa. Esta vez no pudo haber masaje, ducha, piscina y sobremesa con los compañeros. Ni carpas de patrocinadores y celebraciones con la familia. El público también entendió que en la distancia colaboraba también a hacer posible la marcha.

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El ingente trabajo interno dio sus frutos, pero sin la predisposición de todos los participantes no hubiera sido posible de ninguna manera. Ser la primera marcha de la nueva normalidad tal vez ayude a que otras puedan seguir el camino.

Mientras se mantenga la consciencia que se vio el otro día en Alp, y si la situación general se mantiene controlada, no es imposible

Texto: Juanma Muraday

Foto principal: QuieroMisFotos.com

Alp-Cerdanya Cycle Tour, el cicloturismo vuelve a Cataluña

La Alp-Cerdanya Cycle Tour

La Alp-Cerdanya Cycle Tour fue la primera cicloturista tras el confinamiento en Cataluña agotó inscripciones con antelación batiendo su récord particular de participantes

Un estricto protocolo de seguridad y la colaboración de los ciclistas posibilitó la celebración del quinto aniversario del evento emergiendo conceptos como la distancia de seguridad, mascarillas de protección en la salida, gel hidroalcohólico por doquier, toma de temperatura a todos los participantes durante la recogida de dorsales y en la línea de salida… pero sobre todo el sentido común y la colaboración de los 800 ciclistas que se dieron cita en Alp, hicieron posible la celebración del quinto aniversario de la Alp-Cerdanya Cycle Tour el domingo 19 julio.

Desde las 7:30 de la mañana, entre tres turnos cada hora, y en salidas escalonadas cada diez minutos cada vez, se puso en marcha la quinta edición de la Alp-Cerdanya Cycle Tour en la que los y las ciclistas pudieron recorrer las dos distancias planteadas por la organización (86km y 141km) y disfrutar de una manera segura de sus paisajes y carreteras.

En la línea de salida se encontraban diversos deportistas de élite como los triatletas internacionales Víctor del Corral o Erik Merino o la catalana Anna Godoy, camino a los Juegos Olímpicos de Tokyo. Otro ilustre triatleta, Marcel Zamora, seis veces campeón del mítico Embrunman francés tampoco quiso perderse la oportunidad de volver a disfrutar de las carreteras que fueron su centro de operaciones durante muchos años.

  La Alp-Cerdanya Cycle Tour

Otra participación destacada fue la de Álex Roca. El deportista, que sufre una parálisis cerebral con un 76% de discapacidad física, escogió la #CicloExperiencia de los Pirineos para seguir demostrando que existen diferentes capacidades y no discapacidad.

Tras concluir el evento, la valoración por parte de todos los implicados fue muy positiva y tanto instituciones como patrocinadores y los propios ciclistas calificaban de éxito la celebración de una marcha no exenta de dificultades e incertezas en todo momento debido a la cambiante situación sanitaria.

 Joaquin Camacho, director de carrera, comentaba que “No ha sido fácil, pero gracias a todos los participantes por su empatía y sentido común hemos podido tirar adelante esta quinta edición. Tenemos que seguir aprendiendo y mejorando el evento, pero dentro del contexto estamos muy satisfechos y sobre todo agradecidos por la confianza depositada por los participantes así como a las instituciones y los patrocinadores del evento. El protocolo de seguridad que planteamos ha sido fundamental. Entre todos lo hemos hecho posible”.

En la web oficial están disponibles fotografías del evento y el listado de tiempos particulares.

Fotos Prensa : QuieroMisFotos.com

La chicas ciclistas que se cruzaron en mi camino

En mi vida entre ciclistas he coincidido con no pocas chicas

Sobre chicas y ciclistas, Esta es la pregunta que me hizo nuestra compañera y amiga Ada Xinxó, después de leer hace unos días en este mal anillado cuaderno mi entrada sobre lo que había viajado en bicicleta durante el confinamiento… sin moverme del salón de mi casa:

«Jordi, ¿tantos viajes en bicicleta durante el confinamiento y no has encontrado ninguna cicloaventurera  que te acompañara en tus largas sesiones de rodillo?»

Mi respuesta fue, sin lugar a dudas, que tenía toda la razón, que tendría que haber encontrado una aventurera ciclista… ¡para escaparme con ella!

Bromas aparte, sí que le dije que yo había conocido algunas de ellas en persona.

Y le puse algunos ejemplos y le prometí que hablaría de ellas en próximas entradas.

Y aquí estoy, para cumplir mi palabra y hablaros de aquellas chicas ciclistas que yo conocí en mi sociedad de toda la vida. 

Era un club modélico a todos los niveles.

Podría explicar por qué me tuvo enamorado durante casi 20 años ininterrumpidos, saliendo siempre con ellos todos los sábados de excursión.

Con ellos… y ellas, por supuesto, porque lo importante a destacar de aquel club es que siempre había contado con un grupo muy amplio de chicas de todas las edades y niveles de forma, claro está.

En este sentido, lógicamente, para mí nunca había sido nada raro ver a chicas montando en bici, por supuesto.

Estoy hablando de principios de los años 90, cuando me di de alta en aquel club, pero es que en aquella asociación ya había mujeres que habían comenzado a salir en bici nada menos que en la década de los 80.

Era el caso por ejemplo de Ana, la chica más veterana de todas ellas, que a sus 50 años se enganchó a practicar este deporte.

 

En aquella época, como podéis imaginar, hacerse socia de un club ciclista era algo todavía raro, a no ser que tuvieran algún padre o marido que las hubiera animado a apuntarse y a disfrutar junto a ellos de las deliciosas salidas en bici de fin de semana.

Con Ana mantuve largas conversaciones encima de nuestras bicicletas.

Me gustaba escucharla.

Ella, a su edad, siempre explicaba que parecía la madre de todas las chicas del club.

Sería por veteranía, porque su aspecto físico era el de una persona mucho más joven.

Además ella nunca se desenganchaba del grupo fácilmente y daba bastante guerra a sus queridas compañeras más jóvenes.

Me comentaba que pedalear le había dado muchísimas satisfacciones y me remarcaba la importancia de hacer deporte.

Gracias a su marido se hizo socia de aquella entidad, para seguirlo en su bendita locura, algo que ha hecho hasta estos últimos años.

Ana, por su ímpetu, su manera de ser y su buen hacer, no tardó en ocupar un puesto en la junta directiva, impulsando desde su secretaría no sólo la organización de eventos como marchas cicloturistas y salidas especiales, sino también, claro está, la promoción del cicloturismo femenino, algo en lo que triunfó indiscutiblemente y cuyos frutos se ven hoy en día, siendo uno de los clubes con más chicas en sus diferentes grupos de participación.

Ella, como muchos otros y otras, comenzó a pedalear con el grupo «C», el más tranquilo y el que hacía las salidas más cortas, si es que se pueden llamar cortas a excursiones entre 60 y 70 kilómetros.

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Pero enseguida saltó al grupo «B», más numeroso, más batallador y con recorridos mucho más largos de hasta 100 km o más.

Siempre recordaba con ilusión todos los kilómetros que había hecho con su bici y explicaba con orgullo su mayor logro consistió en recorrer el Camino de Santiago en 11 días.

Pero como os decía, había muchas más chicas ciclistas.

Entre ellas también recuerdo a Merche, una auténtica apasionada de la bici, que ya desde muy joven aprovechaba cualquier oportunidad para salir con ella.

Empezó haciendo cicloturismo de alforjas en unos tiempos en el que era rarísimo ver en nuestro país a este tipo de cicloturistas, ya fueran hombres o mujeres.

A ella esta modalidad la cautivó desde el principio, disfrutando del esfuerzo, del paisaje, de la compañía y viendo cómo su forma física mejoraba.

Siempre recordaba con cariño su primera participación en una marcha como la Tres Naciones:

«¡qué emoción a la salida! ¡Qué lucha por poder seguir la rueda de algún ciclista! ¡Y qué placer llegar a meta, con la faena hecha y esa reconfortante sensación de cansancio y disfrute a la vez!».

Durante muchos años participó en todas las marchas posibles.

Tenía auténtica predilección por la Quebrantahuesos, la Marmote o la Hubert Arbes.

Luego cambió de registro y comenzó con la larga distancia: cuantos más kilómetros, mejor.

No paró hasta conseguir finalizar la París-Brest-París: 1200 kilómetros completados en 83 horas.

Una auténtica pasada, aunque su mayor disfrute era salir con el club, en el que siempre encontraba un grupo de gente que se adaptaba perfectamente a su ritmo, compartiendo su afición con todos ellos.

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De entre todas aquellas chicas ciclistas también tuve la satisfacción de conocer a Ariadna, la más joven, que ya desde bien pequeñita le apasionaba ir en bici haciendo excursiones con su destartalada BH en inolvidables veranos hasta lugares, que en aquel momento a ella le parecían muy lejanos.

Cuando se enganchó definitivamente a la práctica del cicloturismo nos explicó que fue por varios motivos:

«la sensación de deslizarte sobre el asfalto, la dureza de los puertos, la nueva dimensión que adquiere el paisaje a la velocidad del ciclista y, sobre todo, la buena compañía y el buen ambiente que siempre hay en este mundillo».

El club para ella se convirtió en un lugar de encuentro que le permitió hacer muchas amigas formando un buen grupo de chicas ciclistas, con las que salía regularmente, participando juntas en muchas marchas y compartiendo muy buenos momentos sobre la bici.

También fue una gran luchadora para conseguir que las marchas no dieran la imagen habitual de un inmenso pelotón de chicos ciclistas en los que alguna vez se veía una chica solitaria.

Aunque siempre, con una gran sonrisa, explicaba cómo el hecho de ser poquitas participantes en las marchas contribuía a que el público las animase con mucha más fuerza que a los chicos, quienes veían cómo al paso de ellos los gritos menguaban.

Decía que las chicas solían crear una especie de fraternidad femenina entre ellas, saludándose, charlando, y sin preocuparse si una la adelantaba o era ella quien lo hacía.

Era tanta su inquietud por el bajo número de mujeres que practicaban el ciclismo de carretera, que incluso elaboró un trabajo de investigación para el boletín de aquel club, porque sentía curiosidad por conocer con exactitud la participación real de féminas en estas citas ciclistas.

Sabía que eran bajas, pero… ¿cuánto?

No os voy a marear ahora con cifras y números, pero llegó a la conclusión que un 5% de participación femenina en una marcha -en aquella época- se podía considerar todo un éxito.

Este tanto por ciento podía aumentar si la marcha era menos dura, más corta y menos competitiva, o cuando a un recorrido largo se le daba la opción de uno corto.

También dejó evidente que en Francia había mucha más participación femenina ya que existe más cultura ciclista y es por este motivo que las mujeres se lanzan a la carretera para participar mucho más en las marchas.

Este estudio ya tiene unos años y parece que hoy en día todo esto está cambiando.

Muchas mujeres ya empiezan a sentirse mucho más cómodas en el cicloturismo actual, al poder disponer de bicicletas en las que las grandes marcas ya tienen su versión femenina y, sobre todo, porque éstas ya no son tan caras como aquellas bicis pioneras de hace unos años.

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También ayuda la existencia en el mercado de material y ropa exclusiva para ellas.

Esto es básico, claro está.

Para finalizar, recuerdo también como la propia Ariadna nos explicó una jugosa anécdota de cuando en aquellos años se formó de manera casi espontánea un grupo de chicas ciclistas bajo el nombre de «me tendréis que esperar».

No creáis que era un grupo exclusivo de mujeres, pero sí que eran muchas las que se juntaban todos los fines de semana para salir en bici.

Lo anecdótico de este nombre se debe a la manera en cómo surgió, de una forma natural.

Cada nueva integrante que se incorporaba a las salidas era habitual oír de “motu proprio”: ¡me tendréis que esperar!

Como Ariadna nos explicaba, a muchas de las incorporaciones sí era necesario esperarlas, pero en otros casos no sucedía así.

A fin de cuentas, cada una rodaba a su ritmo, pero al final todas se esperaban las unas a las otras.

Un gran gesto del cual tendríamos que aprender todos.

Ana, Merche y Ariadna: tres ejemplos de motivación, de superación, de maneras de entender el cicloturismo, pero sobre todo tres espejos donde las chicas ciclistas puedan mirarse y verse reflejadas para continuar saliendo a la carretera a pedalear.

Foto: Ariadna

Los motivos para hacer el Camino de Santiago en bicicleta

Hay tantos motivos como personas que se lanzan a realizar el Camino de Santiago, en nuestro caso en bicicleta

Donibane Garazi, punto de partida, el camino hacia Santiago en bicicleta.

Siempre nos ha gustado más su nombre en euskera para mencionar la francesa población de St. Jean Pied de Port.

Su sonoridad, la belleza de su pronunciación, no sólo nos evoca a una de las ciudades más bonitas del Camino de Santiago, sino que también nos hace escuchar los ecos de los peregrinos que desde aquí inician su aventura, al otro lado de la frontera, sea a pie o en bicicleta.

Porque a pesar de este límite administrativo, todos estamos de acuerdo en que la muga no ha influenciado en la cultura y en las costumbres de estos valles pirenaicos, que comparten una misma lengua y una historia casi en común lo cual no ha impedido salir de ellos a sus gentes por motivos de fe o por la necesidad de caminar más allá.

Los más expertos dicen que la mejor manera de iniciar la ruta jacobea es desde la Porte d’Espagne de esta antigua ciudad amurallada que formó parte del Reino de Navarra. Pero es también la más osada, porque es la forma más dura de meterse de lleno en el Camino, pero del mismo modo la más bella.

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No es fácil, ya sea a pie o en bici, ponerse en marcha desde los 165 metros sobre el nivel del mar del inicio para, dirección Roncesvalles, superar el desnivel que representa alcanzar los 1236 metros del Puerto de Arnostegi, por su vertiente de Honto, dura y muy exigente, una de las diferentes y variadas maneras por las que se puede acceder a este tremendo y típico collado de Iparralde.

Una escalada sin tregua que el pasado mes de agosto afrontamos a lomos de nuestras bicis y en la que coincidimos en el Camino con muchos peregrinos que se habían dispuesto a cruzar a pie los Pirineos por este auténtico rompe piernas que los iba a poner a prueba.

Charlamos con ellos y nos dimos cuenta que hay tantos motivos como personas que se lanzan a realizar el Camino de Santiago, en nuestro caso en bicicleta.

Hay peregrinos por «fe», cuyo único objetivo es alcanzar la tumba del Apóstol Santiago y conseguir «La Compostela», exclusiva acreditación que se otorga por motivos religiosos.

Hablando con otros, su reto es simplemente deportivo.

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El deseo de estos «peregrinos», fáciles de distinguir del resto equipados con material atlético de última generación, pulseras GPS y monitores de ritmo cardíaco variados, es poner a prueba su resistencia y condición física.

Igual que nosotros que, no sin menos esfuerzos, nos enfrentamos a las terribles rampas cercanas al 20% de este coloso, pero que bien valían la pena porque los paisajes pirenaicos que nos ofrece son impresionantes.

Fuertes repechos. Y mucha calma, siguiendo la Ruta de Napoleón, alternando la contemplación de caseríos (baserris) con grandes y verdes prados, mientras águilas y halcones sobrevuelan por encima de nuestras cabezas.

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Es momento de pensar, reflexionar y fijarnos que, en la inmensidad de estos parajes, muchos entiendan este Camino como una iniciación a su mundo espiritual.

Aquí, rodeado de estas montañas y este cielo, dónde si no, caminando en soledad, a pie o en bici, es donde uno se encuentra así mismo, en actitud contemplativa y en contacto con la naturaleza y en el que todo nuestro cotidiano mundo, el que hemos dejado atrás, es banal y que lo que verdaderamente importa es llegar al refugio para comer y descansar.

Porque es aquí cuando uno se siente vulnerable y si necesita desahogarse y echarse a llorar, pues lo hace, sin vergüenza alguna.

BIKEPACKING: lo que no cabe no se necesista  

«Todo peregrino llora al menos una vez durante el Camino».

Como lo podemos hacer cualquiera de nosotros, salvando las fuertes y salvajes pendientes a través de duras revueltas, mientras vamos contemplando en lo alto, y a lo lejos, las figuras inequívocas de las siluetas de los peregrinos recortadas en la niebla del horizonte.

Extraños personajes de diferente pelaje. Todos ellos. De férreas voluntades y donde también se reencuentran con la solidaridad hacia los demás, en la que todos se ayudan y no existen clases sociales. Todos somos iguales ante la inmensidad de estas montañas.

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Llegamos al refugio de Orisson. Hemos alcanzado los 800 metros de altitud. Muy cerca, la Virgen de Biakorri, en medio de la montaña y llena de ofrendas, bendice a todos los que por allí pasan. A partir de aquí, seguimos ascendiendo por el Camino, aunque de manera más suave, mientras seguimos descubriendo praderas y tupidos bosques de hayas. Una ruta espectacular mientras ahora, coronando Arnostegi, contemplamos las ruinas de la Torre-trofeo situada en la cima del monte Urkulu.

Porque aquí, en Arnostegi, el buen Camino también es Historia y Cultura, porque a ritmo sosegado, sin prisas, se pueden disfrutar de todos estos tesoros al aire libre. Y de la amistad, que muchos también vienen buscando, lobos solitarios que aquí encuentran apego y compañía, y por qué no, su alma gemela.

Cada uno de aquellos peregrinos nos transmitieron muy bien sus sensaciones y sus maneras de sentir el Camino, pero hubo alguien que nos dijo, parafraseando un anónimo refrán, que «no era la fuerza de la bravura navarra la que le empujaba ni atraía, que él no sabía explicar… ¡qué sólo el de Arriba lo sabía!».

Foto: https://labicikleta.com/

Un junio sin Quebrantahuesos no es junio

El vacío de este 2020 nos ha quitado la Quebrantahuesos del mes de junio

Mediados de junio, seguro, a estas alturas, estarías pensando en tu inminente participación en la Quebrantahuesos.

Pero este extraño mes de junio sin Quebranta no es un mes de junio cualquiera.

Sin Quebrantahuesos y otras marchas cicloturistas.

Sin sol ni calor.

A los ciclistas nos han robado la primavera.

Sin salidas de club.

Y, sin embargo, ya estamos en junio.

Un mes atípico para un «año que no existió».

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¿Cómo habría sido en condiciones normales tu mes de junio?

El sábado tendrías la primera salida “importante” del mes para preparar la Quebranta.

Tocaría “etapa reina” con los colegas de tu club, la salida más larga de la temporada, con cerca de 200 km, y sin duda la más exigente, con la ascensión al puerto más duro de la zona, un fuera categoría con todas las de la ley.

Una «excursión» que habría marcado la hora de tu puesta a punto y dejado preparado, fino, para afrontar con garantías la reina de las ciclodeportivas.

Para eso, seguro, habrías alcanzado más de cinco mil kilómetros de entreno desde enero, para disfrutar de ese momento.

Sabes que junio es el mes de las grandes marchas marcadas en rojo en el calendario, es… “tu” mes.

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Pero este año no va a poder ser.

¿Cómo habría sido ese día?

Te habrías bajado tres puntos la cremallera del maillot, y es que, a pesar de salir tan temprano, se notaría ya bastante calor en el ambiente.

El paso por el termómetro de la farmacia de tu calle te lo habría dejado bien claro: 20 ºC.

Desde luego hubiera sido un día caluroso, de los que te gustan, sin pasarse, claro, y se habrían rebasado los 30 grados con facilidad.

El sonido de las golondrinas, que tanto te gusta también, cantando alegres y revoloteando entre los callejones, hubieran evidenciado con claridad que el verano ya habría llegado y que te encontrarías en tu mejor estado de forma, en la cresta de la ola.

Habría empezado a hacer tanto calor que, bajando una de las callejuelas saliendo de tu barrio, hubieras agradecido ese primer fresquito de la mañana, que refresca y despeja la cara, pensando que realmente el día sería de órdago.

Subirías por la calle que da acceso, una rampa bastante larga y mantenida, al punto de encuentro con los compañeros, la plaza que es fiel testigo de todas las salidas de tu club.

Lo habrías hecho con facilidad, con tres piñones menos de los que usas normalmente, pensando: “¡caramba! ¡Me encuentro fuerte!”,  alucinando lo “fácil” que irías.

Te habrías mirado las piernas, encontrándolas poderosas, morenas y robustas, dos mazas que te hubieran hecho sentir como nunca.

Habrías llegado arriba comprobando el tremendo ambiente en la salida, con mucho colorido.

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Tus amigos te estarían ahí esperando, esos que te habrían llevado con el gancho todo ese invierno-primavera.

En tu fuero interno sólo tendrías en mente una cosa: “¡que se preparen!”.

En fin, como dijo un buen amigo mío: » en septiembre aún estaremos fuertes»

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Durante el confinamiento, he viajado pedaleando más que nunca

Un Camino de Santiago, un par de Transpirenaicas, alguna vuelta al Mundo y hasta un Everesting en el Páramo de las Letras durante mi confinamiento 

Todo esto y mucho más, más de mil kilómetros después de bicicleta estática, sudando a chorros, atravesando países y continentes sin moverme del salón de mi casa desde que empezó el confinamiento, pedaleando mínimo una hora al día.

No, no creáis que me he convertido en un delincuente saltándome el aislamiento para salir con mi bicicleta, haciendo caso omiso del estado de alarma decretado.

No, para nada.

Tampoco penséis que he sido un terrorista a pedales escapándome con mi bici a otras regiones y otros lugares, con alevosía y, quizás, nocturnidad.

No, tampoco.

Y sin embargo, he vivido la aventura de viajar en bicicleta de diferente manera, dejándome seducir conociendo otras tierras, otros paisajes y otras gentes.

Todo esto sin saltarme el confinamiento.

¿Cómo?

Pues quedándome en casa y sacándole humo al rodillo durante la hora diaria que he dedicado a practicar mi deporte favorito sin moverme del sitio.

¿De qué manera?

De la única forma en el que este martirio de estar 60 minutos pedaleando sin ir a ninguna parte puede ser algo, por qué no, provechoso, satisfactorio, entretenido y toda una aventura en sí misma.

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El ritual siempre ha sido el mismo: ponerme maillot y culotte, prepararme un bidón lleno de agua, una toalla colgada en el manillar y subirme al potro de tortura, situándome delante de mi televisor.

Desde esta privilegiada posición, sentado en mi bici estática, no he necesitado pasaportes, ni visados, ni permisos especiales, tan solo conexión a YouTube y teclear la palabra mágica “cicloturismo” en su campo de búsqueda.

Y, de repente, miles de aventura a mi alcance para soñar viajando y conociendo mundo, aliviando en parte ese viajero interior que se puso a salvo del coronavirus.

A través de ese canal, he podido pedalear a multitud de sitios que en muchos casos escapaban a mi imaginación.

Lo he hecho desde casa, siguiendo las recomendaciones de las autoridades competentes, pero ahora no me arrepiento, al contrario, he disfrutado y gozado en primera persona de estos viajes virtuales, al igual que sus protagonistas, experiencias muy bien narradas de muchos de estos aventureros que se han subido a una bici para vivir experiencias de todo tipo.

Ciclo viajeros que han pedaleado por otros países, por otros continentes, en bicicleta, que han optado por este estilo de vida considerado por muchos como una forma de nomadismo moderno.

Sin moverme del salón de mi casa, he sentido la libertad de su movimiento, de su autonomía y autogestión, igual que si lo hubiera hecho yo mismo.

Empecé siguiendo al periodista Guilherme Cavallari en un recorrido por la Patagonia chilena-argentina: 5800 kilómetros recorriendo durante seis meses, y sin rumbo fijo, paisajes únicos.

Después, y sin moverme del continente sudamericano, me desplacé hasta Colombia para ponerme a rueda de Sebastian Gil y Miguel Olarte en su doble ascensión al mítico Páramo de Letras en el que hicieron historia al acumular la altura del monte Everest con sus 82 kilómetros de ascensión.

Una proeza extraordinaria.

Después de aquí, crucé el charco y di el salto hasta la Península Ibérica, concretamente hasta Pirineos para seguir al equipo de Imparables en su travesía “coast to coast”.

Fue una aventura preciosa en la que he podido revivir la aventura de la Transpyr Backroads durante más de 1000 kilómetros, casi 20.000 metros de desnivel ascendido y los 44 puertos de montaña que tuvieron que afrontar, acompañándolos desde el Mediterráneo hasta el Cantábrico.

Durante aquel precioso y exigente recorrido he disfrutado de la compañía de Santi Millán, Ibon Zugasti y Tomi Misser, entre otros muchos conocidos, y otros no tanto, cicloturistas combativos.

Como me gustó mucho esta gran aventura, seguí con la idea de hacer otra nueva Transpirenaica, así que manos a la obra decidido a perseguir las seguras y rápidas ruedas de los chicos de Txema Delos, que pedalearon por el trazado clásico siguiendo la variante por el Pirineo francés, desde Rosas a Hondarribia, pasando por Bagneres de Luchon, Luz-Saint-Sauveur, Argeles Gazost, salvando todo los míticos puertos pirenaicos.

Han sido 7 días a rueda de estos chicos que iban como auténticas motos en sus ligeras bicicletas de carretera y, aprovechando la cercanía, decidí viajar hasta Bayona para acompañar virtualmente a Víctor Molina en su aventura de recorrer el Camino de Santiago a través del Camino del Norte.

Diez días hasta Santiago de Compostela para un total de 900 kilómetros.

Una bonita aventura a pedales.

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Como aún me quedaban días -muchos- me conecté al canal de Albert Sans para seguirlo en su “Vidaje”: una vida, un viaje en bicicleta, una vuelta al Mundo en la que cumplió el viejo sueño de vivir mil situaciones, tal y como él mismo nos relata: miedos, soluciones, regalos y lecciones, gentes, paisajes, instantáneas capturadas, músicas creadas, vídeos guardados y recuerdos tatuados en 74 minutos que susurran 7 años de rodaje.

Me quedó tan buen recuerdo de este viaje que no dudé en embarcarme en otro proyecto bastante parecido: “Pedal The World” del alemán Félix Starck, otra aventura alrededor del Mundo en bicicleta.

Félix se preguntaba: “¿Cuál es el significado de la vida?”

Algo que se cuestionaba todos los días hasta que decidió llegar al fondo de su inquietud: quería explorar el mundo por su cuenta, en bicicleta.

Sin entrenamiento, partió en junio de 2013 con más de 55 kg de equipaje y una cámara de vídeo para pedalear más de 18 mil kilómetros por 22 países con un solo objetivo: el sueño de la libertad absoluta y el descubrimiento de otras tierras y otras gentes.

He disfrutado mucho con él de su gran aventura: un documental basado en la vida y no en un guión.

Después de este tremendo reto, aún me quedé con más ganas de cicloturismo y alforjas, más nuevos países, más nuevas aventuras a lomos de mi bici estática virtual.

De esta manera he descubierto al que hasta ahora me ha parecido el más genial, didáctico y simpático nómada en bicicleta: el mallorquín Miquel Sorell, a través de su canal “ Ser Nómada”.

He de decir que es quien mejor me está haciendo pasar estas largas horas encima del rodillo y aún me quedan capítulos para rato, ya que el buenazo de Miquel, además de hacerlo muy entretenido, está dando la vuelta al Mundo en bicicleta, dejando atrás Mallorca, su tierra natal.

Desembarcó en Barcelona y empezó a pedalear hacia Girona para viajar en bici hacia el Este, cruzando Europa y Asia.

Desde allí trasladarse hasta América para finalizar en África.

Yo lo voy siguiendo.

Viaja sin ruta y sin planes, abierto a todas las realidades que se encuentre en su camino para inspirarse y seguir siendo nómada.

Cómo podéis comprobar, a lomos de mi bicicleta fija, he huido de competiciones virtuales y he apostado, sin moverme de casa, por el cicloturismo de alforjas, y no me arrepiento, es más, creo que cuando todo esto finalice, quizás pueda algún día acompañar en alguna etapa, a mi amigo virtual Miquel, quien ya es como si fuese de la familia y lo conociera de toda la vida.

Seguro que se alegraría, aunque a él lo que realmente le gusta es viajar solo, como buen nómada.

Y vosotros, ¿hasta dónde habéis viajado sin moveros de casa?

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El ciclista en el arte de la desescalada

La desescalada ciclista es más difícil que el confinamiento

Ya estamos en el momento soñado por el ciclista medio: la desescalada.

El descenso de un puerto es mucho más difícil que su ascenso.

Y esto lo sabemos muy bien los que amamos la montaña, la alta montaña: alpinistas, escaladores, ciclistas, esquiadores…

Para lanzarse hacia la otra vertiente, descender, bajar o como se ha puesto de moda ahora la palabra desescalar, el deportista debe llegar a la cima muy lúcido, sin acusar una fatiga que le haría perder en gran parte sus opciones de éxito en la declinación del pico.

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El descenso vertiginoso y con temeridad es peligroso.

Se necesitan reflejos rápidos y se ha de calcular muy bien y con precisión cuándo frenar, escrutando la bajada y sus peligros: una curva con poca visibilidad, un reguero de agua, una calzada deslizante, gravilla, etc.

El buen descendedor muestra calma y habilidad.

Porque una desescalada es también agotadora y nos pone a prueba ya que es continua y exigente.

La tensión ha de ser permanente para no perder el control.

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Después de una dura ascensión, de muchos esfuerzos realizados en la subida, la recomendación es no dejarse caer y relajarse de tal manera que nos haga pensar que todo ya está hecho.

Por tanto, como con nuestras bicicletas, desescalemos también moviendo las piernas, como en la escalada a ese puerto, que nos permita estar atentos a todos esos peligros ocultos que parece que hayan desaparecido después de coronar el alto.

Y no es así porque siguen ahí.

Que tengáis tod@s una buena desescalada, amig@s.

Foto: Pau Catllà