El efecto reparador del deporte

KIGALI, ciudad que sufrió un terrible genocidio en 1994 quedó terriblemente dividida internamente. Todos conocían a gente que había matado o que había sufrido terribles perdidas. La proliferación del CICLISMO y la creación del TOUR DE RWANDA creó en la sociedad ruandesa una unidad sin igual que sorprendió a muchos. Incluso hoy en día, las imágenes del tour de RWANDA, con miles de aficionados animando, DAN LA VUELTA AL MUNDO por su espectacularidad. FRANCESC RELEA filma imágenes, habla con participantes y entrevista a miembros del equipo de Ruanda en el documental.

Ciudades a contraluz” supone una película documental que retrata la supervivencia del ser humano con ganas por normalizar una situación pasada, utilizando el deporte en sus diferentes vertientes como asidero al que agarrarse. Paulatinamente, la película va encontrando a personajes que han vivido en primera persona o han sido testimonios de primera línea de las atrocidades cometidas por una guerra.

En las ciudades de la película vemos como restos del pasado conviven con las nuevas generaciones. Algunos de esos vestigios son personas que con solo verlas, podemos imaginar qué sucedió en aquel lugar. “Ciudades a contraluz” nos conduce a través de imágenes del antes para ubicarnos, con visiones del horror de la guerra en sus diferentes escenarios, pero evoluciona hacia ciudades que van arrinconando esos recuerdos para seguir tirando.

En este viaje, la música, como en todo buen reportaje, es el hilo conductor que te acerca a los escenarios bajo el relato de un narrador que sutilmente nos envuelve e introduce en los diferentes sitios. La película, grabada a caballo entre diferentes ciudades, utiliza esa narración como eje, transportándonos mediante secuencias rodadas de la vida diaria junto imágenes de archivo y otras aéreas por los barrios más destacados de la historia mas reciente. Y es que, como su nombre índica, “Ciudades a contraluz” es eso, la fotografía como excusa para mostrar la fiel realidad, no haciendo falta añadir palabras.

Al mismo tiempo tiene moraleja: El desconocimiento de nuestra historia más reciente nos proporciona chichés que poco tienen que ver con la realidad. Estas ciudades reivindican su actual estado, tan diferente, con ganas de enseñarlo al mundo. Es la convivencia de diferentes razas, religiones y culturas, con un solo objetivo: olvidar y poder disfrutar de la vida.

Y ¿cuáles son esas ciudades?

Dentro de unos escenarios impactantes, en donde cada rincón de la ciudad nos recuerda lo que allí sucedió, o en zonas donde nadie quiere ir porque la propia ciudad pretende olvidar su pasado, los protagonistas nos cuentan la historia de su tierra, de una forma natural y aterradora.

Así nos enseñan una ciudad muy próxima a nuestra Europa, Sarajevo y los crímenes cometidos allí. También vemos Medellín y una olvidada Rwanda, no menos dañada o un Líbano que lleva décadas sufriendo las guerras que han marcado generaciones que no han conocido la paz.

En el caso de Sarajevo los protagonistas nos dejan bien claro cuál es el motivo de su destrucción y la guerra: La religión y las diferentes etnias que fueron los detonantes de la desaparición de un país en Europa: Yugoslavia. En Rwanda fue la lucha por una tierra insuficiente para todos, generando un conflicto que en sólo cien días dejó un millón de muertos de la manera más cruel. La vieja Beirut padece las luchas más antiguas desde que el hombre es hombre a causa de la religión. Un caso a parte parece Medellín, donde la droga y el ejercito son una mezcla demasiado peligrosa para una sociedad.

¿Que significa ser bosnio y musulmán, bosnio ortodoxo, croata cristiano, hutu o tutsi, sirio o palestino en el S. XXI? ¿Tiene sentido en un mundo cada vez con menos fronteras? ¿En un mundo donde las ciudades se nutren de emigrantes de cualquier rincón del mundo?

“Ciudades a contraluz” relata como su gente se ha agarrado a la vida de una forma u otra. Como siempre los más débiles son los niños, foco de recuerdo, pero a la vez los más importantes para reconstruir un país a través de gente con ganas de olvidar y mirar hacia delante. En ese proceso centra la mirada el film, el proceso de olvidar e involucrar las sociedades en la búsqueda de algún tipo de ejercicio para restaurar la paz. Retratar el individuo y su día a día por intentar devolver la normalidad en su sociedad, ciudad o simplemente olvidar el más terrible de los pasados.

“Ciudades a contraluz” indaga y nos enseña sus detalles diarios. Como a través del arte, la cultura y el deporte se puede luchar contra las guerras y sus consecuencias. En ese trabajo el director muchas veces deja al protagonista en un segundo plano, para destacar el momento o la imagen que describa los sentimientos. Cada escena nos describe con la más absoluta normalidad, la vida cotidiana para dar paso al relato de los actores y sus historias.

Los directores, de esta forma, fijan el foco en ciudades y sociedades completamente distantes entre ellas y a la vez con una misma pasión. Familias de diferentes etnias y religiones que en un pasado estaban enfrentadas y ahora, la sociedad e incluso los políticos, intentan enmendar el camino. En esa acción como no podrá ser de otra manera, el deporte entra en sus vidas para ser el eje de una nueva etapa.

Por ejemplo, los equipos de ciclistas recorren Ruanda en una suerte de Tour, llevados por una fiebre similar a la que vivimos en a nuestras ciudades. Algunos pretenden ser igual de famosos que algunos de los participantes de su vuelta nacional. De hecho uno de los creadores de la carrera se sincera, esperando queque alguno de ellos, algún día pueda disputar una grande, como el el Tour de Francia.

En Líbano vemos que un grafitero que plantó cara a la realidad demostrando su enfado de esta forma de arte pintando. Los edificios que participaron de una forma u otra en las guerras civiles sirven ahora de punto de partida de uno de los maratones de la ciudad, siendo un elemento de unión entre ellos. ¿Puede ser un maratón un mensaje de paz?.

La danza como forma de cultura y la danza en su multitud de formatos es otro elemento pacificador para reintegrar una sociedad o comunidad mediante la música y sus canciones. Todo sirve si se consigue una Colombia mejor y menos violenta, tolerancia y diversidad para anular su peligros.

¿Puede una ciudad perdonar? ¿Y olvidar? ¿Puede llegar a no volver a mirar atrás?
¿Se puede volver a abrir una brecha en una misma ciudad entre hermanos como ha sucedido en el pasado? O lo que es más importante, ¿hemos aprendido algo de lo sucedido?

Por Toni Marín

Foto tomada de http://ciudadesacontraluz.com/

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