¿Dónde ponemos lo de Remco Evenepoel?

Clásica de San Sebastián- Remco Evenepoel JoanSeguidor

Lo de Remco Evenepoel ya no es que entre en los registros…

El año que nos lleva es no es un año cualquiera.

Lo que definimos como esa generación que vino a llevárselo todo, que tenía prisa, ya se lo está llevando, y crudo.

La machada de Remco Evenepoel en Donosti es de esas que muchos años después seguiremos recordando porque no será tan sencillo mejorarlo.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

El año que nos lleva es un año que no entra en los cánones, que contradice teorías mínimas de maduración del ciclista, de un ciclista que en su caso va con unas prisas que producen vértigo mezcladas con la extraña sensación de querer verle en cada salida y temerle por el destrozo que pueda ocasionar.

El ciclismo de Remco Evenepoel es de todo menos causal, no es un arrebato ni un capricho, es un ciclismo consciente que hace daño, que no escatima medios en el objetivo ni tiene corseres mentales de antaño que hoy nos parecen dinosaurios.

 

Este ciclismo es precoz, voraz, atrevido pero principalmente certero y eficaz. 

Es un ciclismo que no entiende de guardar, que no deja pasar trenes.

Arriesga y gana, eso que muchos no entienden.

Recuerdo gente diciendo en la previa del Tour que Egan Bernal debía aprender y guardar para mañana, el mañana eso que mueve el mundo pero que nunca sabes por dónde saldrá el sol o dará el aire.

Es un ciclismo contradictorio, se basa, como nos contaron en un conocimiento casi científico de los corredores, sus vatios, números y proyecciones, al tiempo que se corre a base de atrevimiento y arrojo, como si toda esa base científica fuera una piscina a la que tirarse sin miedo no arrepentimiento.

Hay una generación intermedia que pagará los platos rotos.

 

SQR – GORE

 

¿Cuál es la imagen ciclista de un año que va por los dos tercios consumido?

Lo de Van der Poel en Amstel, Egan en el Tour o Evenepoel en el Boulevard. 

¿Dónde queda lo de este crío de 19 años?

Asusta pensar en lo que puede lograr, en lo que conseguirá amasar, pero no perdamos la cabeza, esto es largo, siempre lo decimos cuando nos dejamos llevar por la euforia del momento posterior a presenciar algo tan singular.

REBAJAS por Santa Fixie

La clave no es compararle con Eddy Merckx, aturulla el mero recuerdo del caníbal, ni pensar en que van copar, la clave es saber qué tiempo están dispuestos a apostar por este mundo que no es sencillo, que exprime y te pone al límite.

Ayer en San Sebastián, Evenepoel estaba al lado de un tipo como Greg Van Avermaet, segundo, quince años mayor, qué le pregunte las vueltas que da esto.

Eso sí, que por el camino disfrute de una senda que con 19 años sólo él ha atravesado.

Imagen: ©David Ramos/ Getty Images

Clásica de San Sebastián: otro baño de multitudes y ciclismo

Michal Kiatkowski wins San Sebastian

Una semana después de la crono del Tour, llega una Clásica de San Sebastián reúne gran parte de las estrellas de Grande Boucle

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Dice Tony Gallopin, ganador en su día de la carrera, que en la Clásica de San Sebastián pueden rondar rodadores y escaladores en el mismo corral.

Decir ciclismo en Euskadi es encontrar un aficionado bajo cada piedra, y lo que pasó en la crono final del Tour de Francia, al otro lado del límite navarro, fue la muestra.

No muy lejos de allí, en Donostia y sus confines, por la desembocadura del Bidasoa y los montes de Jaizkibel se resolverá el sucesor de Michal Kwiatkowski.

Es, como muchos medios y servicios de prensa foráneos destacan, la única clásica española en el World Tour, como acentuando esa querencia ibérica por las grandes vueltas.

Así las cosas el mejor de siempre en San Sebastián es un vueltómano entrañable y querido llamado  Marino Lejarreta.

La subida final, por las colinas del Igueldo, pondrá electricidad a una participación de alto voltaje: Adam Yates, Primoz Roglic, Greg Van Aveermaet, Daniel Martin y Julian Alaphilippe -nuestro favorito-.

Son 228 kilómetros por la provincia aunque lo gordo quedará para el final con la subida al murgil Tontorra, el muro del 22% que abre la lata de cara a meta en el Boulevard, allá abajo, tras cruzar toda La Concha.

Kwiatkowski y los que no especulan

Michal Kiatkowski wins San Sebastian

Premio gordo en Donosti, premio mayúsculo en la Klasikoa, una recompensa en forma de nombres y corredores que no saben el significado de la palabra especular. Los cinco de adelante que salieron disparados de la cima que antecede el Igueldo eran un regalo, amantes de un desenlace incierto, del pelear la victoria, sin escrúpulos, ni cortapisas.

Delante al final quedó Michal Kwiatkowski, recordando viejos tiempos por Euskadi, completando un julio de ensueño, tras contribuir al éxito de Froome en el Tour, sumado a un 2017 que habla de su dimensión. De San Remo, ganando a Sagan, a San Sebastián haciendo lo propio con Gallopin. Kwiatko, se veía, que les iba a dar para el pelo, que iba a poner Donosti en su selecta lista, que iba a llevarse otra clásica del máximo nivel.

 

Kwiatko tuvo premio, y no es sencillo, tenía rivales que no especulan. Tom Dumolin, por ejemplo, no pudo seguirle en los descensos que el polaco toma rectos. El neerlandés es otro que cuando entra en liza no acostumbra a fallar, no escatima, no esquiva relevos ni ataques, otro lujo de corredor.

Mikel Landa: hace un tiempo que dijimos que no entiende de triunfos sin alma. Jugó su baza, obligó a reaccionar a los rivales y acabó llegando delante. Landa fue parte del engranaje de Sky, otra vez de negro, como Gianni Moscon, “what a rider”, el italiano que rueda como los ángeles y va camino de ser un castigador en estos terrenos, no sé si llegará al palmarés, palabras mayores, de Bugno, con quien le comparan, pero sigue creciendo…

Toni Gallopin, segundo en el Boulveard, que tiene pequeño pero valiosísimo palmares, incluso San Sebastián. En el Tour dio lo que tenía, pero no le quedaba tanto como para una etapa, cogió compañeros de escapada de nivel, y mucho. Bauke Mollema sí tuvo suficiente, ganó una etapa y en Donosti estuvo defendiendo con honor la corona que defendía en San Sebastián, un dorsal número uno que cedió a su compañero Haimar, el último día de su trayectoria pro.

Son ciclistas que por lo general no saben especular, ciclistas que nos remiten a aquellos que corren para la victoria sin esperar nada a cambio del de al lado, que no racanean, porque llegan a meta vacíos, sencillamente rotos. Dumolin, Kwiatko, Gallopin,… pero también Peter Sagan, el mismo que ganaba en Polonia al tiempo que el polaco en el córner guipuzcoano. Sagan es otro de esos que se quedaron con las ganas, quizá por dar más de lo que el rival merecía.

Eso le pasó mucho a Greg Van Avermaet, mucho tiempo plata y bronce, hasta que dijo voy a por el dorado y acabó siendo el máximo anotador de la primavera, algo que ansía Tim Wellens, pero que no encuentra, porque el valón quiere dar el salto que sabe le falta para ser un grande como Philippe, Philippe Gilbert, el corredor que si se siente fuerte y se ve bien no espera componendas, entra a degüello y salta a cincuenta kilómetros de la meta de Flandes, con intención de ganar.

Y Contador, Alberto, un corredor que no deja pasar la opción para bajar su impronta, buscar el máximo, aunque a veces con esos «ataques de peseta», dícese de esos que se hacen con el convencimiento de que no van a ninguna parte, pero con otros como los de Foix y Formigal, que sí que hacen camino y daño.

Son los ciclistas que no escatiman, que se parten el espinazo para seguir a flote, que logran lo suyo por méritos propios, a veces desaviniendo las leyes de la dosificación de esfuerzos. En su mano está en buena parte que nos siga gustando el ciclismo.

Imagen tomada de FB del Team Sky

Donosti, la crontracrónica

La Clásica de San Sebastián, carrera que viene celebrándose por tradición a principios del mes de agosto tras haber finalizado el Tour de Francia, que nos ha tenido absorbidos por el período de tres largas semanas. Nuestro país, justo hay que decirlo, que no cuenta desgraciadamente con muchas competiciones de rango internacional de un sólo día, ha acogido con interés y hasta atención deportiva esta prueba que cuenta con cierta relevancia. El holandés Bauke Mollema, que tuvo precisamente una actuación relevante en el Tour, nos ha brindado una valiosa victoria digna para ser elogiada. El hombre de los Países Bajos llegó a la meta con ligera ventaja, la suficiente tal como suelen moldear los valientes. Su ventaja fue de dieciséis segundos sobre Tony Gallopin (2º) y Alejandro Valverde (3º). Los tres pisaron el pódium, un honor que da importancia a su prestación.

Las dificultades para poner en marcha esta competición

Esta clásica de referencia no tiene una excesiva antigüedad. Lleva treinta y cuatro ediciones en su historia y hacemos votos para que siga conservando esta continuidad que todos bien deseamos en un ciclismo que de varios años a esta parte se ha visto obligado a ir prescindiendo de ciertas carreras de prestigio, que no han podido perdurar en el calendario básicamente por falta de medios económicos sustanciales. Los encargados de organizar y poner en marcha esa clase de carreras conocen al dedillo el meollo de esta cuestión y los esfuerzos que deben realizar para mantenerlas a toda costa a flote sin ahogarse por la falta de dinero, este poderoso caballero.

Escaramuzas que no sobrevivieron

La prueba constaba de más dureza con respecto a ediciones anteriores. Se debían salvar nada menos que seis ascensiones, tomando en consideración que tanto el conocido Jaizkibel y como el Arkale se cubrían por partida doble. Desde que se dio la salida oficial a los concurrentes hubo varias escaramuzas cortas que no llegaron a fructificar. Uno tenía la sensación de que la carrera, controlada por varios equipos de cierto fuste, debía resolverse atacando en la parte decisiva y final. No valía la pena echar pólvora en salvas. El gran pelotón en todo momento registró un alto promedio, eso sí, pero cada cual aguantó su vela con cierta facilidad. Los ciclistas actuales están mejor preparados para soportar físicamente lo que sea, incluso en los terrenos de configuración difícil o intrincada. Era una temeridad con tanto control por parte de los equipos dominadores de la situación el atacar así como así a las primeras de cambio.

A una veintena de kilómetros del final -agitados estaban los ánimos de los corredores-, el grupo de vanguardia fue disminuyendo hasta pisar las estribaciones, zona extremadamente boscosa, del conocido Monte Igueldo, que tiene un eco turístico sin igual para lo que visitan la ciudad de San Sebastián, adornada majestuosamente por su amplia y arenosa concha, una visión que llama poderosamente a la atención a cualquiera.

El golpe decisivo

Fue en el puerto de Murgil Tontorra en el citado Monte Igueldo, que se situaba a algo más de 7 kilómetros de la línea de llegada, con rampas del 20%, en donde la situación de carrera se hizo más trascendente o palpable. Rompieron el cerco el veterano Adam Yates, vencedor de la pasada edición, que pronto capituló; quedando al mando nuestros dos representantes españoles, Joaquim Rodríguez y Alejandro Valverde, el holandés Bauke Mollema y el francés Tony Gallopin. Entre una cosa y otra, este lucido cuarteto libró la decisión final de la prueba guipuzcoana.

El holandés Mollema, cuyo apellido se nos hizo tan familiar en el curso del pasado Tour, quiso evitar a toda costa el mantenerse con sus compañeros de escapada. Temía una llegada a la meta al “sprint”, que le llevaría a perder la partida. En el descenso al puerto, con no poco riesgo, apuró al máximo sus posibilidades. Efectivamente, salvado el último escollo de la jornada, evadió en solitario con voluntad y con mucha entereza de tal manera que ya no pudo ser alcanzado, conquistando una gloria bien trabajada.

El mal recuerdo de Mollema en el Tour

El último Tour de Francia nos deparó más de una sorpresa, especialmente en el transcurso de las concluyentes etapas alpinas. Durante varios días brilló con evidente soltura este holandés, nacido en la ciudad de Groningen, que se sitúa en la parte norte del país. Cuenta con 29 años. Llegó a ocupar durante varias etapas el segundo lugar en la clasificación general a la sombra del británico Chris Froome, el líder. Pero los acontecimientos fueron deprimentes para él en la dura decimonovena etapa, que finalizaba en la localidad de Saint-Gervais, no lejos de las estribaciones del coloso Mont Blanc. Sufrió una terrible caída de la cual se recuperó sólo a medias. Terminó el Tour en la decimoprimera posición, esfumándose su cara ilusión en la prueba más cotizada del calendario ciclista internacional. El tan esperado podio truncó en definitiva sus caras esperanzas. Todo había sido como un sueño al igual que acontece con una pompa de jabón, que es empujada bajo el impulso del viento y explosiona al son de tu entorno no lejano ¡Vaya decepción!

Mollema, profesional desde el año 2007, actualmente milita en las filas del equipo estadounidense Trek-Segafredo. Pesa 64 kilos y mide un metro con 81, lo cual nos traduce que su contextura física es más bien liviana. Es de destacar su triunfo absoluto logrado en la Vuelta al Porvenir en el año 2007, que supuso toda una garantía. Igualmente, se adjudicó el Circuito Montañés más una etapa. En el 2010, se recuerda su victoria en la Vuelta a Polonia y su decimosegundo lugar en el Giro de Italia. Al año siguiente, conquista la elástica verde en la clasificación por puntos de la Vuelta a España, y, además, se clasifica el cuarto en la tabla de la general. Dos años más tarde, se adjudicaría una etapa en la Vuelta a Suiza y otra en la Vuelta a España. En el 2015, venció en el Tour de Alberta (Canadá).

Vale la pena destacar sus prestaciones más llamativas en el Tour de Francia. Veamos: Sexto (2013), décimo (2014), séptimo (2015) y decimoprimero (2016). Esta continuidad nos convence. Lo transmitido aquí denota que es un corredor con cierta clase. Nuestra exposición de datos es sobre todo muy simplificada. Pero con ello tendrán una idea más clara acerca de sus antecedentes sobre las dos ruedas, antecedentes que no son ni mucho menos despreciables.

Haciendo un poco de historia

Realizando un breve recuento histórico de la aludida Clásica de San Sebastián, que celebraba su trigésimo sexta edición, no podemos por menos que señalar que ha habido un corredor español, el norteño Marino Lejarreta, que fue ciclista destacado en otros tiempos, al que le ha correspondido el justo aplauso de haber inscrito su nombre en tres ocasiones a lo largo del historial de esta prueba (1981, 1982 y 1987).

La primera edición de esta prueba data del año 1981, con victoria precisamente del aludido corredor vasco. Por otra parte, si constatar que ha habido cuatro corredores que han conseguido un par de victorias en esta misma competición. Se trata de los españoles Luis León Sánchez (2010 y 2012) y Alejandro Valverde (2008 y 2014), el francés Laurent Jalabert (2001 y 2002) y el italiano Francesco Casagrande (1998 y 1999). Otro dato a señalar es que España lleva logradas doce victorias; siguiéndole Italia, algo más alejada, con siete, y finalmente, con cuatro, figuran Francia y Países Bajos.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de web de Trek

 

La Klasikoa de Miguel Indurain

“Es un superclase” exclamaba Eddy Merckx mientras presenciaba por la televisión el desenlace de la Clásica de San Sebastián. Agosto de 1990, la temperatura es elevada en Donosti y alrededores. La gente puebla el Bulevar, tarde de sábado, muchas personas saboreando el descanso estival. Cita con las estrellas, las estrellas ciclistas, y una que reluce, Miguel Indurain.

Semanas antes es mozalbete alto y moreno de cerca de Pamplona, había dejado sello en el Tour. Sin levantarse, solo con un sutil cambio de ritmo dejó atrás al Greg Lemond que venía a sellar su tercer Tour. Luz Ardiden era el teatro, en medio de los circos pirenaicos. Un paso de testigo sutil, imperceptible a la gran masa enfervorecida que veía ese chavalote volar por fin solo, sin servidumbres para con nadie, con Perico cayéndose del podio y de la jefatura del equipo. A los pocos días ese mismo gigantón caía en las Lagunas de Neila frente a Marino Lejarreta, el incombustible ciclista de Berriz, que le ganaba por la mano una Vuelta a Burgos que tuvo alto voltaje.

La revancha tenía día, hora y lugar. A media tarde de un once de agosto en las primeras rampas de Jaizkibel. Ahí, donde la arboleda aún es densa, Marino quiso abrir la segunda entrega del duelo con Miguel. Fue abrir la caja de Pandora. Apareció el Indurain de Luz Ardiden, el que dio cuenta del tremendo Lemond. Al primer ataque de vizcaíno, Indurain responde con ritmo sostenido, in crescendo, una pesadilla que hacía de rampas llevaderas el muro más infranqueable.

Indurain lo estaba haciendo. Incesante yunque, Marino se descuelga al son de un ritmo horrible que no incluye cambios ni excesos. Es solo eso ritmo. Pero qué ritmo. El navarro volador corona con unos cuarenta segundos y abre el magisterio de cómo rodar el solitario. Si alguien quiso buscar un precedente primero a la crono de Luxemburgo debería prestarle atención a ese primer rodar, como el primer mosto de esos caldos rojos que con el tiempo son tesoros.

Por detrás el desespero, la caza del hombre. Fede Echabe tira y tira en primer persona, pero al relevo pasan Sean Kelly, Tony Rominger y Claudio Chiapucci. Lo hacían en vano. Indurain disparaba la distancia a más de dos minutos en meta. En el Bulevar, incredulidad ante tamaña exhibición. El navarro entra sonriente con el puño derecho en alto describiendo círculos como si estuviera en un rodeo. Acababa de inscribir su nombre en la Copa del Mundo, ese ranking para clasicómanos que rara vez frecuentaban los fondistas tipo Indurain.

Acababa de avisar de lo que venía, sólo era el principio.

Imagen tomada de www.zonacycling.com

INFO

Tú viaja, Nacex te lleva la bici donde quieras

#RadioVuelta – Semana 26

#Trend  El voltaje no cesa

El Tour de Francia y su larga sombra no pueden ocultar diez días de ciclismo interesante y a veces triste. Y decimos triste porque, muchas jornadas después, nada salió bien en la Clásica de San Sebastian, una carrera que, nos consta, se organiza con todas las ilusiones del mundo pero que pasó a la historia por desdichas que pintarán el éxito de un ciclista que en muchos años puede decir que ganó aquí su primera gran carrera, Adam Yates. La semana siguiente, la Vuelta a Burgos dio un desenlace increíble con los Astana jugando casi al copo y la “reventada” final del colombiano López ante el caso omiso de sus compañeros Taaramae y Scarponi en medio del ataque de Dani Moreno, quien rara vez sale de vacío de Burgos. Y en Polonia una piedra más en la trayectoria de Ion Izagirre, un ciclista que “como las hormiguitas” añade una vuelta del WT a su palmarés en un final trepidante y precioso por Cracovia.

#Click Burgos siempre da buenas estampas 

Que la Vuelta a Burgos sea posiblemente la carrera española que mejor sepa vender el territorio que pisa es tan increíble como cierto. Si el año pasado alabamos su final en Aranda esta vez varios momentos ofrecieron el patrimonio burgalés a través del ciclismo. Destacó la etapa de Burgos capital, donde su catedral supone el mejor telón a cualquier cosa que se haga, pero también el resto de etapas, con una producción que entendemos muy complicada por los recursos que se manejan pero muy digna, de verdad, invitando a visitar la provincia.

#Profile Ion Izagirre merece más galones

Cuando decimos que es una desgracia que Movistar sea el único equipo español en la cumbre lo hacemos mirando a gente como Ion Izagirre, el típico corredor que podría liderar equipos con gracia y tino y que en los azuzones no pasa de tercer grado. Y la prueba de su valía estuvo en Polonia esa carrera que se le resistía y acabó siendo suya en la corno final. Izagirre añade esta perla a la etapa del Giro y Campeonato de España. Este año fue podio en País Vasco, ante el derrumbe de Nairo. Su futuro es interesante, y en el Team Sky, que de tontos tienen poco, ya se anotaron su nombre hace tiempo.

#Clipping

El ejemplo de Polonia. La verdad es que no sé si Polonia es un país al nivel del despliegue de su vuelta, pero de serlo hablamos de un lugar que quisiéramos habitar. La Vuelta a Polonia fue en muchos aspectos una carrera que en prestancia se asimiló al Giro y miró de cerca el Tour. Los montajes de meta fueron excepcionales, pero la presencia televisiva invitaba a conocer el país y lo que fue más importante, mostró que la modernidad del país. Eso sí la realidad del país, nos afirmaron, dista de la idílica imagen de su mejor carrera.

Las disculpas a Van Avermaet. Días después de la clásica, la organización donostiarra se quiso disculpar, eso parece, con Greg Van Avermaet, en castellano, cosa que el ciclista belga acentuó en su posterior declaración. El final de esta historia espero acabe bien, pero lo cierto, es que, como dijimos, nada les salió bien ese día a los mentores de la carrera.

Dinamarca & Portugal. Dos vueltas nacionales también acontecieron en la misma semana. Jensen fue profeta en su tierra, además del último reducto danés en Tinkoff tras la defenestración de Riis. De todos los daneses, Tinkov se quedó el mejor, llamadle tonto. En Portugal Gustavo César Veloso ha repetido triunfo y refrendado el poder gallego en el lugar, pues de las últimas diez ediciones lusas, ocho cayeron del lado gallego.

#Hashtags by @LiveCiclismo

#Eneco Tour, #TourdelAin, #ArticRace

Imagen tomada de http://patrimoniociclista.blogspot.com.es

¿Qué pasa con las motos?

Es curioso que, en tiempos en los que la bicicleta busca hacerse un hueco en carreteras y ciudades, estemos presenciando casi en directo y tiempo real accidentes o situaciones surrealistas con otros vehículos a motor dentro de las propias carreras ciclistas.

En plazo de diez dias, tres incidentes han acontecido, los tres con motocicletas de la organización en lo que es el colmo de la contradicción porque se les supone un papel de auxilio y no de estorbo para quienes compiten.

La primera situación fue en el propio Tour y ocurrió con Jakob Fulsang cuando estaba atento a los movimientos de Romain Bardet en la cima del Glandon. Una moto desbocada serpenteó hasta llevarse al danés en fuga por delante, privándole de al menos disputarle el triunfo a Bardet.

Ya este fin de semana en San Sebastián Greg Van Avermaet fue arrollado por otra moto cuando iba escapado, en cabeza y con opciones reales de ganar. Segundo tiro. El tercero fue en el espectacular Prudential de Londres, cuando a unos cinco de meta una moto se acerca al fugado Sep Vanmarcke y su piloto le toca la chepa sin saber el motivo ni la razón. Surrealista.

Estas incidencias quedan atadas a la del último Tour de Flandes y alguna más para quizá plantear que más motos y más vehículos no implican más seguridad para los ciclistas, al contrario, si se roza la capacidad de carga de la ruta, se les pone en serio peligro, como así se ve. El ciclismo ultramoderno tiene estas cosas, que se ve todo, o casi todo, y esto no habla precisamente bien de las organizaciones que dicen velar por la seguridad del dueño de este circo: el ciclista.

La dedicatoria que Valverde no hizo

El otro día en el gimnasio me comentaban que Alejandro Valverde se había vaciado en la Ser, creo que dijeron. El murciano acabó agotado física y mentalmente el Tour de Francia, hastiado de gente que le criticó, aquí los primeros, por su apuesta por la carrera francesa, la hipoteca que ello le supuso y el desenlace que aconteció. Lejos de amilanarnos, su triunfo en San Sebastián creo que corrobora lo que hemos dicho mil veces, fijados en una posición que no hemos cambiado nunca, aunque nos tacharan de oportunistas, aunque el entorno del ciclista montara en cólera: Alejandro Valverde es un ciclista de los de entre un millón pero no para el Tour.

Hubo expectación por los cambios en el recorrido de la Clásica de San Sebastián. Entiéndanme, el trazado ha sido vistoso e incluso ha ofrecido una estampa de la Concha a poco de la meta que para el turismo de la ciudad habrá sido perfecta, pero sinceramente, el ciclismo contemporáneo corre un riesgo, el riesgo de estandarizarse, de ser siempre igual, sin matices ni signos locales. Si tienes una rampa del veinte por ciento no la desperdicies, estrella tu pelotón hacia ella.

El desenlace de la carrera fue óptimo, pues los nombres y el espectáculo valieron la pena. Valverde estuvo excelso, fenomenal. Dejó a Purito hacer en el tramo más duro, lo mantuvo a la vista y le remachó con un descenso fantástico. No paramos de repetirlo, nos encanta ver a este Valverde dominador, con iniciativa, el de la Roma Maxima, el de la Flecha Valona,… y no el ciclista arrugado y atosigado del Tour.

Esta victoria de Valverde en Donostia, seis años después de la primera, llega paralela a la Volta a Portugal, la “Grandissima” como nos justificó nuestra querida Helena. Recordemos que a falta de finalizar, el vigente ganador de esta carrera es Alex Marque, un ciclista a un calvario pegado. Marque, ayer precisamente, dio una rueda de prensa para explicar su “affaire” y aunque en el ciclismo es todo excesivamente complicado de entender, el veredicto es que es inocente. No sé si la UCI querría llevar esto hasta el final como el tema de Contador.

Recuerden que Marque fue uno de los fichajes de Movistar para el presente año y que una vez surgió su positivo el equipo despachó su adquisición con una no entrada en vigor del contrato que debió activarse el primero de enero del presente año. Marque dijo ayer esto respecto a Movistar:

El Movistar me dio la espalda en su momento. Esperaba algo más de su parte, sobre todo viendo que habían apoyado otros casos mucho peores que el mío. Me sentí un poco defraudado por cómo hicieron las cosas, ya que a raíz de una noticia falsa que sale en la prensa tomaron la decisión. Yo tengo la resolución de que soy inocente, ahora veremos cómo actúan ellos

La decisión de Movistar se hizo sobre la hipótesis de culpabilidad, ahora desmentida. ¿Se hará marcha atrás? ¿Se hizo eco o solidarizó Valverde con quien pudo haber sido su compañero al cruzar la meta? Valverde se vio en una similar y apoyo no le faltó –cosa que además celebro-. No he visto reacción alguna  y sí enorme sobre el oro de Alex Dowsett en la Comonwealth en el twitter del equipo. Una vez la indefensión del ciclista al descubierto.

Y siguiendo con el hilo portugués, nadie se pregunta por la ausencia de Eduard Prades en la Volta a Portugal siendo uno de los mejores ciclistas de aquellas tierras. Quizá su equipo debería comentar las causas.

Foto tomada de