#LaVuelta 14: El Aubisque no defraudó

Constituía toda una incógnita el saber cómo se iba a desarrollar la decimocuarta etapa de ayer, que condujo a los corredores a la misma cima del Col d´Aubisque, en cuya cumbre se encontraba la línea de llegada, plena de una apretujada y enfervorizada multitud de aficionados deseosos de contemplar de cerca a sus favoritos. Esta cima se sitúa a una altura de 1.710 metros, lindando con la estación de esquí de Gourette, en la provincia de Eaux-Bonnes, un punto estratégico y bien colocado que engrandece la historia de la Vuelta.

Equivocados estábamos al tener la sensación de que un grupo de corredores de segunda fila iban a ser los protagonistas de la etapa que, aún siéndolo en parte, dejaron paso a una lucha abierta sin cartón ni sin tapujos, que culminó con preponderancia en los últimos compases de tan emotiva etapa bajo la responsabilidad también a cargo de los ciclistas más cotizados del momento, que encabezan los primeros lugares de la clasificación general. Hacemos hincapié y de manera especial al duelo sostenido a última hora por el colombiano Quintana, con sus inagotables ataques. El primero tuvo lugar cuando restaban cuatro kilómetros para alcanzar la cumbre, ataques constantes infligidos al británico Froome, su más directo adversario, en los contrafuertes del Aubisque, que resistió sin capitular a las exigencias planteadas por el líder.

En esos golpes finales, dejando aparte el triunfo meritorio y bien trabajado a cargo del holandés Robert Gesink (30 años), corredor profesional desde el año 2007, cabe consignar la realidad del momento ante la subida al tercer puesto en la tabla de otro colombiano, Johan Esteban Chaves, que viene pedaleando, tal como le hemos visto, con contundente regularidad día tras día y sin desfallecer. También debemos divulgar la cuarta posición que pasa a ser propiedad de Simon Yates, hermano gemelo del conocido bajo el nombre de Adam, con más fama como ciclista. El británico, muy persistente en el esfuerzo e inesperadamente, constituye por ahora una verdadera revelación. Fue estrella, tal como recordamos hoy, cuando venció en la sexta etapa de esta edición de la ronda española, que culminó en la localidad de Luintra, en el Valle de Ribeira Sacra, en los confines gallegos.

Por otra parte, no debemos silenciar la actuación del madrileño Alberto Contador, que debió ceder ante esa batalla final que se desencadenó en las pendientes del citado Aubisque, una institución histórica de alta montaña en el Tour. Pero a lo dicho, la noticia más deprimente no la dio el murciano Alejandro Valverde, que perdió inopinadamente todo lo conquistado pacientemente en estos pasados días, desde los inicios de la Vuelta en cuestión. Es algo que inevitablemente nos pesa, por más vueltas que le demos a nuestros pensamientos.

Dado el pistoletazo simbólico de salida, como suele suceder, se formó en cabeza un animoso grupo integrado paulatinamente por varios resueltos corredores, una acción que otros imitaron con el pasar de los kilómetros al unirse a la marcha desenfrenada. Este grupo de elegidos llegaron a la tasa de nada menos la suma de cuarenta y una unidades. Hombres del pedal con el afán de probar sus posibilidades e intentar una conquista con un posible éxito, un hecho iniciado en hora propicia. La ventaja sobre el pelotón de los que apelamos ilustres fue aumentando hasta rozar los seis minutos de ventaja. Lo evidente fue que algunos de los actores involucrados en la fuga pudieron resistir el acoso de los kilómetros y superar la fatiga para resistir hasta el final como así fue.

Mantuvieron la renta acumulada de minutos los más escogidos, aunque el cupo de esforzados fuera disminuyendo paulatinamente por el peso degradante y consecuente de la etapa. En cambio cabe reconocer que las plazas de honor primeras las ocuparon los ciclistas que de buenas a primeras decidieron dar la estocada matinal. Veamos los lugares significativos que conquistaron: el holandés Gesink (1º), el francés Elissonde (2º) el ruso Slin (3º), el neozelandés Bennet (4º), el español Zubeldia (6º) y el belga Bakelants (7º), que se aprovecharon de los minutos de favor que tuvieron desde sus inicios. Sus compañeros, los demás, fueron mostrando uno tras otro la bandera blanca de capitulación. Sin embargo, tanto el británico Yates (5º) como el estadounidense Talansky (8º), tuvieron doble mérito pues lograron evadir en las postrimerías del pelotón con cierta eficacia en el resultado.

Analizando un poco por encima tal como está la clasificación general, se deduce que la Vuelta tiene a estas alturas dos únicos favoritos. Abundamos en la osadía para destacar con prontitud manifiesta el concurso de dos atletas del pedal concretos: el colombiano Nairo Quintana, el actual líder y luchador de temple, y el británico Chris Froome, el incombustible. Los dos han afianzado algo más sus posiciones en la clasificación absoluta.

A continuación, a río revuelto, nos encontramos con el colombiano Johan Esteban Chaves (3º), británico Yates (4º), del que ya hemos hecho mención, el checo Leopold Kónig (5º) y los españoles Alberto Contador (6º) y Samuel Sánchez (7º), el veterano corredor asturiano que vuelve por sus fueros. Veremos los próximos días que es lo que sucederá y las variaciones que podrán repercutir en la tabla de honor, una distinción en el alero.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB de La Vuelta

Las bicis gigantes del Aubisque

Acabo de salir de la Oficina de Turismo la Maison de Gourette, en la bella población termal de Eaux-Bonnes, donde me han tratado de maravilla. Claro, el ir vestido de ciclista y presentarme como colaborador de una revista, interesado en hacer un reportaje sobre sus míticos «Grands Vélos d’Aubisque», me han abierto las puertas de par en par. Les he dicho que iba para allá, a visitarlas, ya que la última vez que estuve aquí en el año 2006 aún no estaban instaladas en la cima del coloso pirenaico. Me han explicado que su deseo fue desde el principio el dejar las bicicletas en el Aubisque «pour saluer le courage des milliers de cyclos qui franchissent tous les ans ce col mythique. Aujourd’hui il y a des photos du sommet avec les vélos et le somptueux panorama du Cirque de Gourette dans le monde entier…» que creo que no necesita traducción.

Se colocaron por deseo expreso de la Oficina de Turismo de Gourette y fueron fabricadas en ocasión de la celebración de la 16ª etapa del Tour entre Orthez y Aubisque-Gourette, el 25 de julio del 2007, ganada por el danés Rasmussen (*). Los encargados de los trabajos y de dar forma a las bicis fueron los propios operarios de la empresa E.P.S.A. (Etablissement public des stations d’altitude) que gestiona el dominio esquiable de la estación de Gourette. Las bicicletas son propiedad de la Oficina de Turismo y rinden homenaje al Tour y al propio Col, uno de los más concurridos por la Grande Boucle con más de 70 pasos desde el año 1910 por estos Pyrénées Béarnaises.

Salgo con una sonrisa de oreja a oreja por la información facilitada y sigo con mi cabalgadura dirección el Col d’Aubisque. El cielo está completamente azul y el sol brilla con fuerza y son decenas y decenas de cicloturistas los que me voy encontrando por el camino. Estamos en agosto y se nota. Yo sigo a buen ritmo, pasándolo algo mal en según qué rampas como la del 13% después de superar el puente sobre el río Valentin.

Después de un buen rato penando sobre la bici, por fin corono el mítico puerto. En esos momentos lo que más me atrae es acercarme a las bicis gigantes y fotografiarme junto a ellas, tarea complicada. Y aquí estoy, delante de ellas, tres enormes bicicletas cada una con los colores de los maillots del Tour: una amarilla, otra verde y cómo no, la blanca con lunares rojos de rey de la montaña. Paisaje espectacular y buenas vistas. La última vez que estuve había niebla. Hoy, por suerte, el cielo está despejado. Caballos sueltos. Cantidad de ciclistas tomando algo en la terraza del bar-restaurant o fotografiándose junto a sus colegas con las bicis con poses para todos los gustos. Algunos se lo pasan fenomenal, riendo y bromeando. No es para menos, junto a ellas parecemos todos muy, muy, pequeños.

Mientras espero que se despeje la zona para hacerme unas fotos, aprovecho para dar un paseo por el Col, ya que hay otras muchas curiosidades por contemplar. Además del típico mojón con la altura (1709 m) y la ubicación, te puedes recrear observando la estela en honor a André Bach, un oficial francés de la Legión de Honor que perdió su brazo izquierdo en 1916, durante la 1ª Guerra Mundial. Siguiendo el consejo de su médico, el Doctor Ruffier, se animó a hacer bici. Eso fue lo que hizo que se entusiasmara de nuevo por la vida a través de la práctica del ciclismo, y de 1937 a 1940 llegó a ser presidente del Béarn Cyclo Club. Solía ascender el Aubisque casi a diario para mantenerse en forma, hasta que en 1943 fue deportado a un campo de concentración alemán. En mayo del 45 murió volviendo de su cautiverio y el 26 de septiembre de 1948 fue inaugurado este monumento en su memoria por los cicloturistas del B.C.C. También existe un busto dedicado al belga Lucien Buysse, vencedor del Tour en 1926.

Bueno, voy a ver si por fin me dejan echar unas fotos a las bicis.
(*) Michael Rasmussen sería expulsado del Tour al final de esa etapa

Por Jordi Escrihuela , desde Ziklo, sueños ciclistas