Coronavirus: ¿Hace el ciclismo todo lo posible?

Coronavirus ciclismo

Las bajas de algunos equipos en la Clásica de Navarra demuestra brechas de la seguridad en ciclismo ante el coronavirus

Este jueves de julio, con todos pegados a estadísticas y tendencias de la curva, y la seguridad de que no hay nada seguro, el ciclismo profesional ha vuelto a España tras la crisis del coronavirus con la Clásica de Navarra femenina.

Una buena noticia, antesala de las grandes carreras que han de venir y un calendario de ciclismo pro rediseñado para ser resiliente a la amenaza del coronavirus.

Todo bien y leemos esto…

 

El CCC femenino dice que no corre en Navarra porque, tras los controles pertinentes sobre sus corredoras, no pueden ponerse en riesgo en una carrera a la que algunos equipos acuden sin un PCR negativo que les respalde y en una región que está experimentando un repunte de positivos por coronavirus.

A las primeras de cambio, sin casi haber arrancando, nos encontramos una tormenta que, esperamos sea como esos chubascos de verano, corta e intensa.

Pero la reacción, totalmente acertada del equipo naranja, está ahí y siembra un antecedente que entronca muy directamente con lo que estamos viendo estos días en La Coruña con el Fuenlabrada de fútbol.

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Una cosa es que todos digan que cumplen y cumplirán con los protocolos, que van a tomar mil medidas, uy una más, que se pasará el paño a todo, y otra la realidad que nos iremos encontrando en cada carrera que se compita.

Si hay un deporte sensible a los cambios de escenario que nos regala la Covid19 a diario, ese es el ciclismo, por eso un PCR parece lo mínimo y más accesible para esto funcione.

¿No lo dejó claró la UCI?

Si la salud es el primer objetivo de los mentores de este deporte, es complicado entender que se falle en algo tan elemental y básico, incluso antes que arranque la competición.

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Avisamos que la temporada, incluso con las mejores de las intenciones, no iba a ser sencilla, no podía serlo de ninguna manera

El ciclismo, deporte itinerante por excelencia, va a tener que navegar, cuando no esquivar zonas conflictivas de coronavirus, no quiero saber la pesadilla logística que implicará organizar una gran vuelta en estas circunstancias, pero si se omite algo tan básico como el reunir un pelotón con PCR´s en regla, mal vamos.

Y peor cuando cada equipo hace la suya y toma sus decisiones.

El Movistar, el mismo equipo que no corrió en la París-Niza por la inseguridad del momento, sí que tomó la salida en la «carrera de casa».

Están obviamente en todo su derecho de tomar la salida, pero si ésta es la unidad y unanimidad a la que vamos será complicado que salga algo coherente de todo esto, más cuando ni organizaciones ni equipos parecen muy holgados en budget para implementar tanta medida y tanto protocolo…

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Ciclismo 2020: El coronavirus sigue ahí fuera

coronavirus ciclismo JoanSeguidor

Aunque la campaña de ciclismo está rediseñada, el coronavirus sigue campando

Cuando a finales de febrero, un wasap de un amigo me preguntaba si podíamos quedarnos sin Giro de Italia, con las noticias que llegaban de la bota itálica con el coronavirus prendiendo fuego por donde pasaba, nunca imaginamos el desastre que se avecinaba para todos, ciclismo incluido.

Pero aquella curva de contagios de la que nos hablaban no fue una etapa llana, fue un Tourmalet, que nos llevó al abismo.

Un abismo que ahora queremos no ver ni imaginar en el corto y medio plazo, pero que está ahí, como las laderas desnudas de protecciones del Crostis, aquella montaña que el Giro quiso un día subir, pero descartó porque se le podían descalabrar los ciclistas en el descenso.

 

Leemos esta pieza sobre uno de los managers que más alzaron la voz los primeros días de la suspensión del ciclismo por el coronavirus.

Patrick Lefevere, como persona que se juega su dinero, puso acento en la ruina económica que se podía extender por el pelotón si esto se alargaba, cruzando los dedos para que, al menos, hubiera Tour de Francia.

Lefevere soltaba aquellas soflamas en los días de abril que deberíamos haber estado disfrutando de Flandes y Roubaix, días en los que todo era negro, sin ambages.

Lo que está pasando a este lado de los Pirineos desde hace menos de dos meses y más recientemente lo sabemos, lo sabemos bien y a veces tememos lo peor.

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Una desescalada que fue por fases en un principio para llegar un día en el que parece que el coronavirus no siga campando a sus anchas, una falsa euforia de la que el ciclismo no escapa.

Dice Lefevere que le preocupa el ciclismo del mes de julio, antes de las carreras del World Tour, y lo comenta a sabiendas de que en el celebérrimo Campeonato de Eslovenia no hubo ni protocolos ni nada que se le asemejara para la prevención de la Covid19.

Ello añadido a lo que ha pasado en el torneo de tenis en el que Novak Djokovic se ha contagiado debe ser suficiente para saber que esto no resulta tan sencillo.

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El Deceuninck ha tenido en grupos a sus corredores por algunos de los principales enclaves de Flandes, ahora se va Val di Fassa, a quemar calorías y afinarse para la campaña que empieza en ls Strade.

Pero por medio hay carreras en julio, cuya seguridad está en entredicho.

Y ese agujero negro puede ser la perdición si no se toman medidas.

Un lockdown ciclista ahora sí que sería mortal para un deporte cuyo sistema económico lo parió un enemigo de la bicicleta

En su día entendimos que Lefevere avisara de los costes de una campaña de ciclismo, ahora le comprendemos ante el peligro de recaída.

Hacer las cosas bien, más cuando buena parte del pelotón ha estado en un feroz confinamiento, no debería ser tan complicado.

Y ya no es sólo ir a carreras del World Tour, es estar en pruebas que demuestren su compromiso por la salud de todos, de sus aficionados, trabajadores, ciclistas… pero especialmente de su propio país.

Imagen: Strade Bianche

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Durante el confinamiento, he viajado pedaleando más que nunca

Un Camino de Santiago, un par de Transpirenaicas, alguna vuelta al Mundo y hasta un Everesting en el Páramo de las Letras durante mi confinamiento 

Todo esto y mucho más, más de mil kilómetros después de bicicleta estática, sudando a chorros, atravesando países y continentes sin moverme del salón de mi casa desde que empezó el confinamiento, pedaleando mínimo una hora al día.

No, no creáis que me he convertido en un delincuente saltándome el aislamiento para salir con mi bicicleta, haciendo caso omiso del estado de alarma decretado.

No, para nada.

Tampoco penséis que he sido un terrorista a pedales escapándome con mi bici a otras regiones y otros lugares, con alevosía y, quizás, nocturnidad.

No, tampoco.

Y sin embargo, he vivido la aventura de viajar en bicicleta de diferente manera, dejándome seducir conociendo otras tierras, otros paisajes y otras gentes.

Todo esto sin saltarme el confinamiento.

¿Cómo?

Pues quedándome en casa y sacándole humo al rodillo durante la hora diaria que he dedicado a practicar mi deporte favorito sin moverme del sitio.

¿De qué manera?

De la única forma en el que este martirio de estar 60 minutos pedaleando sin ir a ninguna parte puede ser algo, por qué no, provechoso, satisfactorio, entretenido y toda una aventura en sí misma.

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El ritual siempre ha sido el mismo: ponerme maillot y culotte, prepararme un bidón lleno de agua, una toalla colgada en el manillar y subirme al potro de tortura, situándome delante de mi televisor.

Desde esta privilegiada posición, sentado en mi bici estática, no he necesitado pasaportes, ni visados, ni permisos especiales, tan solo conexión a YouTube y teclear la palabra mágica “cicloturismo” en su campo de búsqueda.

Y, de repente, miles de aventura a mi alcance para soñar viajando y conociendo mundo, aliviando en parte ese viajero interior que se puso a salvo del coronavirus.

A través de ese canal, he podido pedalear a multitud de sitios que en muchos casos escapaban a mi imaginación.

Lo he hecho desde casa, siguiendo las recomendaciones de las autoridades competentes, pero ahora no me arrepiento, al contrario, he disfrutado y gozado en primera persona de estos viajes virtuales, al igual que sus protagonistas, experiencias muy bien narradas de muchos de estos aventureros que se han subido a una bici para vivir experiencias de todo tipo.

Ciclo viajeros que han pedaleado por otros países, por otros continentes, en bicicleta, que han optado por este estilo de vida considerado por muchos como una forma de nomadismo moderno.

Sin moverme del salón de mi casa, he sentido la libertad de su movimiento, de su autonomía y autogestión, igual que si lo hubiera hecho yo mismo.

Empecé siguiendo al periodista Guilherme Cavallari en un recorrido por la Patagonia chilena-argentina: 5800 kilómetros recorriendo durante seis meses, y sin rumbo fijo, paisajes únicos.

Después, y sin moverme del continente sudamericano, me desplacé hasta Colombia para ponerme a rueda de Sebastian Gil y Miguel Olarte en su doble ascensión al mítico Páramo de Letras en el que hicieron historia al acumular la altura del monte Everest con sus 82 kilómetros de ascensión.

Una proeza extraordinaria.

Después de aquí, crucé el charco y di el salto hasta la Península Ibérica, concretamente hasta Pirineos para seguir al equipo de Imparables en su travesía “coast to coast”.

Fue una aventura preciosa en la que he podido revivir la aventura de la Transpyr Backroads durante más de 1000 kilómetros, casi 20.000 metros de desnivel ascendido y los 44 puertos de montaña que tuvieron que afrontar, acompañándolos desde el Mediterráneo hasta el Cantábrico.

Durante aquel precioso y exigente recorrido he disfrutado de la compañía de Santi Millán, Ibon Zugasti y Tomi Misser, entre otros muchos conocidos, y otros no tanto, cicloturistas combativos.

Como me gustó mucho esta gran aventura, seguí con la idea de hacer otra nueva Transpirenaica, así que manos a la obra decidido a perseguir las seguras y rápidas ruedas de los chicos de Txema Delos, que pedalearon por el trazado clásico siguiendo la variante por el Pirineo francés, desde Rosas a Hondarribia, pasando por Bagneres de Luchon, Luz-Saint-Sauveur, Argeles Gazost, salvando todo los míticos puertos pirenaicos.

Han sido 7 días a rueda de estos chicos que iban como auténticas motos en sus ligeras bicicletas de carretera y, aprovechando la cercanía, decidí viajar hasta Bayona para acompañar virtualmente a Víctor Molina en su aventura de recorrer el Camino de Santiago a través del Camino del Norte.

Diez días hasta Santiago de Compostela para un total de 900 kilómetros.

Una bonita aventura a pedales.

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Como aún me quedaban días -muchos- me conecté al canal de Albert Sans para seguirlo en su “Vidaje”: una vida, un viaje en bicicleta, una vuelta al Mundo en la que cumplió el viejo sueño de vivir mil situaciones, tal y como él mismo nos relata: miedos, soluciones, regalos y lecciones, gentes, paisajes, instantáneas capturadas, músicas creadas, vídeos guardados y recuerdos tatuados en 74 minutos que susurran 7 años de rodaje.

Me quedó tan buen recuerdo de este viaje que no dudé en embarcarme en otro proyecto bastante parecido: “Pedal The World” del alemán Félix Starck, otra aventura alrededor del Mundo en bicicleta.

Félix se preguntaba: “¿Cuál es el significado de la vida?”

Algo que se cuestionaba todos los días hasta que decidió llegar al fondo de su inquietud: quería explorar el mundo por su cuenta, en bicicleta.

Sin entrenamiento, partió en junio de 2013 con más de 55 kg de equipaje y una cámara de vídeo para pedalear más de 18 mil kilómetros por 22 países con un solo objetivo: el sueño de la libertad absoluta y el descubrimiento de otras tierras y otras gentes.

He disfrutado mucho con él de su gran aventura: un documental basado en la vida y no en un guión.

Después de este tremendo reto, aún me quedé con más ganas de cicloturismo y alforjas, más nuevos países, más nuevas aventuras a lomos de mi bici estática virtual.

De esta manera he descubierto al que hasta ahora me ha parecido el más genial, didáctico y simpático nómada en bicicleta: el mallorquín Miquel Sorell, a través de su canal “ Ser Nómada”.

He de decir que es quien mejor me está haciendo pasar estas largas horas encima del rodillo y aún me quedan capítulos para rato, ya que el buenazo de Miquel, además de hacerlo muy entretenido, está dando la vuelta al Mundo en bicicleta, dejando atrás Mallorca, su tierra natal.

Desembarcó en Barcelona y empezó a pedalear hacia Girona para viajar en bici hacia el Este, cruzando Europa y Asia.

Desde allí trasladarse hasta América para finalizar en África.

Yo lo voy siguiendo.

Viaja sin ruta y sin planes, abierto a todas las realidades que se encuentre en su camino para inspirarse y seguir siendo nómada.

Cómo podéis comprobar, a lomos de mi bicicleta fija, he huido de competiciones virtuales y he apostado, sin moverme de casa, por el cicloturismo de alforjas, y no me arrepiento, es más, creo que cuando todo esto finalice, quizás pueda algún día acompañar en alguna etapa, a mi amigo virtual Miquel, quien ya es como si fuese de la familia y lo conociera de toda la vida.

Seguro que se alegraría, aunque a él lo que realmente le gusta es viajar solo, como buen nómada.

Y vosotros, ¿hasta dónde habéis viajado sin moveros de casa?

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El ciclista en el arte de la desescalada

La desescalada ciclista es más difícil que el confinamiento

Ya estamos en el momento soñado por el ciclista medio: la desescalada.

El descenso de un puerto es mucho más difícil que su ascenso.

Y esto lo sabemos muy bien los que amamos la montaña, la alta montaña: alpinistas, escaladores, ciclistas, esquiadores…

Para lanzarse hacia la otra vertiente, descender, bajar o como se ha puesto de moda ahora la palabra desescalar, el deportista debe llegar a la cima muy lúcido, sin acusar una fatiga que le haría perder en gran parte sus opciones de éxito en la declinación del pico.

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El descenso vertiginoso y con temeridad es peligroso.

Se necesitan reflejos rápidos y se ha de calcular muy bien y con precisión cuándo frenar, escrutando la bajada y sus peligros: una curva con poca visibilidad, un reguero de agua, una calzada deslizante, gravilla, etc.

El buen descendedor muestra calma y habilidad.

Porque una desescalada es también agotadora y nos pone a prueba ya que es continua y exigente.

La tensión ha de ser permanente para no perder el control.

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Después de una dura ascensión, de muchos esfuerzos realizados en la subida, la recomendación es no dejarse caer y relajarse de tal manera que nos haga pensar que todo ya está hecho.

Por tanto, como con nuestras bicicletas, desescalemos también moviendo las piernas, como en la escalada a ese puerto, que nos permita estar atentos a todos esos peligros ocultos que parece que hayan desaparecido después de coronar el alto.

Y no es así porque siguen ahí.

Que tengáis tod@s una buena desescalada, amig@s.

Foto: Pau Catllà

Ciclistas: no es el momento de quejarse (II)

Oír y leer a ciclistas protestando me hace pensar que viven en otro mundo

Leer reacciones al post que rescatamos del muro de nuestro amigo Jaume Rué en Facebook nos dibuja un panorama en el que o muchos que practican ciclismo no están afectados por la crisis económica que se está derivando de todo esto o no son conscientes de la realidad que nos rodea.

Pensar en salir en bicicleta es lícito, claro que queremos salir, y a correr, nos ha jodido, somos deportistas, nos gusta que nos dé el aire, sudar, cansarnos y luego ser generosos en la mesa. 

Todo eso está muy bien, pero la situación es disruptiva.

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Si a la maraña de voces que suenan desde todos los lados, ya incluso hasta el fútbol está en el lote, añadimos la de unos deportistas amateurs que, estando en todo su derecho de quejarse, no se dan cuenta que las reivindicaciones que lanzan son nimiedades respecto a lo está en juego… ¿qué podemos esperar cuando surge gente diciendo que tenemos que ser solidarios?

Hace menos de dos semanas, más de de uno estaba maldiciendo su rodillo o el patio donde dar vueltas corriendo o caminando, hoy podemos salir, con todas las limitaciones del mundo, de distancia, municipio, sin grupeta,… pero joder, podemos salir.

Y lo hacemos valorando como oro en paño esos kilometrillos que toda esta mierda nos ha robado.

Cabe disfrutar y esperar que escampe.

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Ya sabemos que un ciclista solo por la montaña no va a contagiar a nadie, no cabe ser epidemólogo para tenerlo claro, lo sabemos de sobra, pero en este caso creo que hay un tema moral detrás de una decisión, si sale uno a la montaña, sale un tropel, si sale uno a la montaña, ya tenemos grupetas por la sierra, quedadas y otras sobradas que hace dos meses que están vetadas por salud pública.

Igual que cuando un ciclista habla mal de los otros cuando se salta un semáforo, también lo hace cuando camina en medio de un redil, sin distancia, ocupando espacio, a la vista de todos.

Y no queremos defender una medida, no somos sospechosos ni ser de unos o de otros, nos merecen todos la misma opinión, somos pragmáticos ante una sociedad a la que le das la muñeca y te toma el brazo.

Es lícito pensar que el sistema económico montado en este país en base de servicios, turismo y bares debe revisarse, pero es el que es amigos, ahora y en este momento y es por el que hay que luchar para reflotar.

Luego esos políticos que abrazáis, cortoplacistas y que sólo hablan para sus parroquias, que tengan los cojones de cambiar el sistema de raíz cuando toque, pero no ahora, cuando estamos salvando los muebles.

De ahí que una terraza con diez tipos bebiendo cerveza, respetando la norma sea de recibo…

Y no menospreciéis tanto el turismo, alrededor de él hay puestos de trabajo que ni imagináis, creando una inteligencia de país de la que sentirse orgulloso, atrayendo ingenieros y matemáticos y exportando «savoir faire» a nivel internacional.

Por cierto que al ciclismo, a los ciclistas y a la bicicleta les va bien cuando al turismo le va bien.

Que España siempre tendrá en el sol su mejor aliado y con él todo lo que viene. 

¿Momento de oro para la bicicleta? Ciclistas, no la caguéis ahora

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Si los ciclistas actúan con responsabilidad, la bicicleta puede ganar muchos enteros en nuestras vidas

Salir esta mañana a la calle fue vivir la auténtica primavera de ciclistas, bicicletas por doquier, a su ritmo, con su pausa, con su mirada, respirando el aire libre ansiado durante semanas, buscando el paisaje que hace que una hora en la carretera sea como cinco minutos de rodillo, tostándose al sol, con los modelos que se compraron durante el confinamiento, guapetes y conjuntados.

Así han sido las cosas esta mañana, una mañana atípica de sábado de mayo sin grandes marchas en el horizonte, sin ciclismo en la televisión, pero también sin exclusividad para el rodillo, las ligas virtuales y las subidas de Bkool.

Poco a poco, ya hemos puesto el pie en la calle, ahora cabe soñar.

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Y sí, es cierto, suena escaso, decir que puedas circular por tu municipio, algunos son pequeños, urbanos, sin atractivo, pero amigos la nueva normalidad es esto.

Me escriben que algunos han entrado en municipios ajenos, allá ellos, en este juego hay mucho de serio y más de trascendente.

La nueva normalidad es esto, una libertad condicionada con rayas difusas que apela a la moralidad de cada uno.

Haber llegado a este punto, siete semanas después de haber salido por última vez, entonces con la normalidad en toda su expresión, creo que merece responsabilidad y también perspectiva.

Hoy muchas ciudades españolas van a cerrar al tráfico grandes avenidas de centros urbanos.

Esto en fútbol se dice corta y al pie, es una oportunidad de oro para demostrar lo que nuestro amigo Jordi nos explicaba el otro día en un artículo que nos encanta admitir ha tenido muchísimas lecturas…

que la bicicleta está en el filo de todos los cambios que pueden venir, que tiene recorrido, margen de mejora, que puede tomar calles y plazas, vías interurbanas y el paisaje.

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Pero la bicicleta no va sola, necesita ciclistas, que se amolden a una realidad que dista de ser la que queremos, pero que es la que es impuesta por un bicho que nos ha dado la vuelta como un calcetín.

La bicicleta necesita ciclistas, no trileros que busquen la trampa y el resquicio para irse a donde no se les está permitido o salgan cuando no deben hacerlo. 

Eso es lo que necesita la bicicleta para que más de uno vea que es la solución y no el problema para lo que está por venir.

Por cierto ¿qué será de las ligas de ciclismo virtual?

Imagen: Dani Luque

Tras el coronavirus: Cinco motivos por los que la bicicleta saldrá victoriosa

El caldo de cultivo para que la bicicleta crezca tras el coronavirus ya se está dando

Siempre que veo a un adulto encima de una bicicleta recupero la esperanza en el futuro de la raza humana”

Seguro que más de una vez, cualquier amante de la bici que se precie de serlo, habrá escuchado o leído esta célebre frase pronunciada hace casi 100 años por el británico Herbert George Wells.

Y sin embargo, la cita, sigue tan vigente como el primer día, sobre todo teniendo en cuenta que pertenece a uno de los padres de la ciencia ficción, quien además de escritor y novelista prolífico era un reconocido crítico social con gran visión de futuro, casi profética.

Porque, en efecto, cuando todo esto pase y podamos salir de casa, no sólo para ir a trabajar, también para desplazarnos, movernos ahí afuera con libertad y seguridad, la bicicleta triunfará, por encima de todo.

Nuestra reina se convertirá en una aliada fundamental para el transporte cuando debamos afrontar la nueva realidad que viviremos, huyendo de medios masivos e invasivos, siempre con la recomendación (por no decir obligación) de mantener ese distanciamiento social, de manera que nada volverá a ser igual.

En este sentido, la bici ejemplificará (de hecho ya lo está haciendo) una adaptación inmejorable a las exigencias sanitarias del nuevo estatus social.

Esta capacidad, añadida a otros factores indiscutibles, y que no vamos a descubrir ahora, como son el hecho de ser un transporte ideal, energéticamente eficiente, no contaminante y barato, hacen de la bicicleta el más grande ingenio moderno, la máquina más eficiente del planeta, el invento más noble creado por la raza humana.

Como también dijo el polifacético austríaco Iván Illich (escritor, filósofo, historiador, antropólogo, entre otras muchas facetas) “hace 100 años, apareció la bicicleta y elevó el poder propio de la movilidad del hombre a un nuevo orden, más allá del cual no puede encontrarse un progreso superior. En terreno llano el hombre puede viajar tres o cuatro veces más deprisa que a pie, y equipado con su bicicleta supera no sólo a cualquier máquina sinó también a cualquier animal”.

Así es, porque es el motor humano quien hace que sea eficiente y además elegante.

Compleja en diseño, pero simple por naturaleza, la bici no es nada más que círculos andando en círculos, tras 200 años de prueba y error hasta llegar a lo que es hoy en día.

Doscientos años de innovación e invención, de no rendirse nunca ante nada ni nadie.

Ni siquiera ante una pandemia, nada detendrá a la bicicleta y en los próximos años alcanzará la perfección, siendo el medio de transporte que más se utilizará en el mundo en la próxima década, sin lugar a dudas.

Si antes de la pandemia los viajes diarios se habían multiplicado de manera exponencial, la previsión es que cuando todo esto finalice el número aumente hasta más del doble.

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Cinco motivos por los que la bicicleta saldrá victoriosa cuando derrotemos al coronavirus 

Son muchos los motivos por los cuales la bici demuestra sus grandes ventajas colectivas e individuales, pero nosotros hemos querido destacar de entre todos ellos cinco oportunidades únicas que nos dará su uso, sobre todo a nivel urbano.

-La bicicleta será un vehículo esencial para reducir el riesgo de contagio en la población que normalmente se concentra en el transporte público, eso sí, teniendo en cuenta que para circular con ella habrán de establecerse algunos límites de seguridad, entendiendo que no será una actividad colectiva.

En este sentido, algunos expertos hablan lógicamente de salidas individuales, manteniendo la distancia de unos 4 metros entre ciclistas.

Conservaremos la calidad del aire que hemos ganado con el confinamiento, libre de contaminación.

Porque… ¿quién quiere volver a la situación anterior de tráfico, retenciones, humos, de colapso circulatorio en las calles de nuestras ciudades?

Queremos continuar viendo cielos azules, montañas lejanas que antes no alcanzábamos a visualizar, observar cómo la flora y fauna urbanas han avanzado en este periodo de cuarentena, seguir respirando aire puro y escuchar el canto de nuestros pájaros.

-La bicicleta, además, puede ser un gran recurso para el abastecimiento de mercancías de primera necesidad, alimentos y medicamentos, algo que ya se está valorando y llevando a cabo a través de la eficiencia de personas que trabajan en bici y hacen entrega de estos productos con cero emisiones y sin contaminación auditiva.

-Porque como dijo el sociólogo y urbanista ecologista vasco Mario Gaviria “la sensualidad de la bici está en el pedaleo, y el erotismo, en el tiempo de libertad que obtienes al no tener que trabajar para comprarte un coche o pagar los transportes colectivos”.

-Viajar con nuestras bicis por espacios naturales bien conservados, disfrutando de esos lugares, nos hará conocer los problemas ecológicos que les afectan solidarizándonos con su conservación, incrementando nuestra responsabilidad, despertando nuestro interés por la naturaleza y sensibilizando nuestra conciencia ante los atentados a que está sometida.

Con nuestras bicis, nos olvidaremos de todo excepto del “aquí y ahora”, balanceándolas bien, sin dejar de pedalear, y no habrá lugar que no podamos alcanzar, porque cuando el hombre se sube a la bici está creando y no destruyendo.

Eso es Vida.

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No importa lo lejos que hayan llegado las bicicletas, porque el empuje nunca se detendrá y no hallaremos nuestro límite, siempre y cuando las ciudades se adapten a nuevas ciclovías y espacios seguros para circular y también poder aparcarlas.

Las autoridades deberán impulsar un nuevo espacio para la bici fomentando su uso cotidiano entre la gente, y de esta manera conseguir que en las grandes urbes sigamos protegidos después de la pandemia, con la esperanza de un futuro mejor para nuestra salud, economía y movilidad.

Esperemos que así sea, porque no será fácil.

Philippe Gilbert: ¿Qué hacía saltándose el confinamiento?

Philippe Gilbert JoanSeguidor

Pillan y multan a Philippe Gilbert por salir en bicicleta

Leemos que a Philippe Gilbert le han multado en Mónaco por burlar el confinamiento.

El valón que optaba a aunar los cinco monumentos en San Remo ha sido pillado en su circuito de cabecera por el principado y le han caído cien euros de multa, calderilla podríamos decir.

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Pero no lo es tanto, desde el momento que estamos viviendo unos momentos extremos, con todos en casa, profesionales incluidos por un enemigo que dicen invisible, pero que se hace bien patente.

El propio Philippe Gilbert ha tenido que cerrar su tienda de bicicletas, han hecho algunas reparaciones para algunos clientes que necesitan la flaca para ir al trabajo, a causa del coronavirus.

El golpe es tal, que no hace mucho leímos que incluso podría ver amenazada su viabilidad, desgraciadamente con la de otros tantos negocioS.

Gilbert, de quien no sabemos si ha tenido infectados en su familia, que padece por dos lados las consecuencias de esta mierda, reducción de sueldo en el equipo y cierre de su tienda, sin embargo ha salido en bicicleta.

Se lo ha tomado con deportividad, pero sinceramente no es de recibo, por mucha admiración que le procesemos.

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Lo que está en juego aquí no es salir a estirar las piernas un rato o que te dé el aire, que estés harto de Zwift y esas cosas, lo que estamos viviendo es una enmienda a la totalidad de nuestra vida y forma de entenderla.

Por eso nos cabrea que Philippe Gilbert salga en bicicleta, si la norma dice lo contrario.

Sobretodo cuando dice que «todos somos iguales ante la ley, el que haya ganado la última París-Roubaix no me da más derechos que a otros».

Nos alegramos que le pillaran, que le multaran y que tenga que admitirlo en público.

En su día defendimos que los pros saliesen por que es su oficio, pero cinco semanas después si la norma se lo impide, mala suerte, peor lo tiene otros, que cierran a cal y canto sus negocios y no podrán reabrirlos en mucho tiempo.

No sé si Gilbert pensaba que sería pillado, tampoco soy de los que crea que los pros deban dar ejemplo de nada… pero lo que ha hecho me hace pensar que a veces esta gente se cree al margen de la realidad.