¿Para cuánto le dará esa clase a Jakob Fuglsang?

Lieja-Bastogne-Lieja Fuglsang JoanSeguidor

Jakob Fuglsang no es un favorito top pero puede condicionar el Tour

El Criterium del Dauphiné no es una verdad relativa que se acerca, a veces, mucho a la absoluta.

Jakob Fuglsang es uno de esos corredores que no puede dejar indiferente

Marcado, estuvo siempre marcado, desde que se aupó como la mano derecha de los Schleck, en el Saxo y luego Leopard, siendo un tipo importante en el engranaje de unos de los mejores equipos del mundo hace menos de diez años.

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Desde entonces, nuestra mirada nunca ha esquivado la clase y talento de este danés que nunca dio el tono en las grandes vueltas, y que sin embargo, los 34 años sigue manteniendo la puerta abierta.

Lo hace por cosas como las de este Dauphiné que Jakob Fuglsang se vuelve a llevar a su palmarés, dos años después.

Una carrera que pasará a la historia por el desgraciado accidente de Chris Froome reconociendo una contrarreloj pero que, si queremos hacer justicia, debe pasar por la que sigue completando un año de ensueño de este danés prendado de calidad.

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Jakob Fuglsang, en la tormenta de Pipay, manejando la carrera con esa tibieza en el pedaleo en medio del aguacero, es una de esas imágenes que te reconcilian con el buen ciclismo.

Ha ganado el Dauphiné de la misma manera que lleva maravillando desde inicio de campaña, siendo ariete de un Astana que camina desmelenado esta campaña.

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Ser ariete de Astana da la medida como camina el caballo danés, que progresa en todos los terrenos.

No competía desde el último domingo de abril, el de las elecciones, entonces ganó Lieja.

Ahora le suma este Dauphiné.

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Quizá en la consistencia de su temporada encuentre Jakob Fuglsang el mejor argumento para optar a algo importante en el Tour de Francia.

Ciclista de momentos, destellos interesantes, pero nunca más allá del Rubicón, en Francia, en julio, creemos que podemos tener un ojo sobre lo que haga.

 

 

Porque lleva una campaña cargada, es cierto, pero no menos lo es que ese mayo de descanso activo le ha sentado bien, lo mismo que las tres semanas que quedan hasta que el mejor ciclismo del mundo parta de Bruselas.

Poner a Jakob Fuglsang en la quiniela del Tour más incierto de los últimos años no es una tropelía, al contrario, es de justicia y se lo ha ganado.

Un tipo sin miedo, en una carrera que va a estar abierta, en la que el Ineos tocará la misma música de siempre pero sin la certeza de tener a Froome, puede ser una variable importante.

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Si este Tour necesita de incertidumbre para romper con un pasado reciente lleno de ediciones tediosas, Jakob Fuglsang puede ser de esos elementos.

Va bien la escasa contrarreloj prevista y como un tiro para arriba, le queda tiempo para afinar y tiene poco que perder.

No es un favorito top, pero puede estar ahí, y de paso igual hasta rompe la mala historia que grandes ciclistas daneses tuvieron con el Tour.

Y Richie Porte volvió a pisar de pies a la tierra

Toda la semana lo íbamos diciendo, Richie sí, va bien, progresa, lo tiene, lo va a conseguir y… al final se quedó a las puertas, otra vez. Porque podremos decir que sí, que tiene Down Under, Romandía y otra buena fila de grandes victorias, pero un Dauphiné es otra cosa, otro nivel, es dotarte de casulla para optar al premio papal que es el Tour de Francia y Richie ha vuelto a fallar.

Ha sido ahí, cuando muchos ya le veían coronar la Colombiere entre los mejores que no siguió a Froome. Quedaban más de treinta kilómetros para meta, y el amarillo iba solo, totalmente solo, inmisericordemente solo. Tú puedes sacar adelante tu objetivo sin un equipo mínimamente decente en muchas ocasiones, el ejemplo lo tuvimos con Dumolin en el Giro, claro que en Italia, el holandés llevaba a rueda una ristra de rivales más preocupados por puesto que por arriesgar.

El caso es que Porte tenía detrás a los mejores con ganas de marcha y los tenía relativamente cerca en una carrera importante y con caché. Claro, le dieron hasta en el carnet nada más olieron debilidad.

Dice Porte que no sabe qué lección sacar de la jornada, hombre yo creo que dentro del desastre que es perder en el último suspiro puede deducir que su trabajo va por buen camino, que está donde quiere estar y tiene perspectivas. El último aliento de etapa de Porte fue, por eso, para enmarcar. Perseguir de esa manera, cuando dos de los de adelante se llaman Aru y Froome y han sido líderes virtuales, y por medio sigue media docena de tíos peligrosos, tiene grandísimo mérito.

Porte no dejó de currar nunca, no cejó y tuvo un placer ¿relativo? al pasar a cuchillo a casi todos los que le habían dejado de rueda, a Froome, a Contador, el ciclista cuya nueva versión le impide dar una pedalada de más mientras otros se vacían por minucias, a Valverde,… fue un espectáculo, ciertamente, y Porte se lo lleva, eso sí que se lo lleva.

Ahora bien, el tasmamo vuelve a pisar con los pies en el suelo, vuelve a su “new normal”, a esa sensación latente de que cuando menos lo parece puede acabar besando la lona. A mí, de verdad, me apena que gente de calidad y talento no saque el resultado que merece y Porte está en esa valoración, me parece un ciclista mayúsculo, de los pocos además que lo tiene todo para competir con Froome, como vimos el año pasado, pero claro, para ser Froome no sólo hay que ir como un tiro, hay que ser una roca mental, superar limitaciones y sacar provecho de todo, incluso de las debilidades, como el inglés de origen keniata ha hecho con los descensos, por ejemplo.

¿Lo hará Porte en este Tour?

Imagen tomada de FB de BMC Racing Team

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¿En qué piensa Froome?

Estaba claro que no iba a llegar, pero en el poso de nuestro ser, esperábamos, deseábamos ese milagro, el de un ciclista solo a plomo con todo el grupo persiguiendo denodadadmente por detrás. No lo logró, pero Dylan Van Baarle nos ofreció una exhibición que se diluirá como azucarillo en café pero quedará en la retina de quienes amen de verdad este deporte.

Porque la Dauphiné, como Niza, como el Tour, es una carrera que sin saberlo, sin percatarse, te pasa el rodillo el día menos pensado. Ocurre, claro está, muchas veces a lo largo del año, pero en Francia, en las “majors” estas cosas son más tangibles que el espeso aire caliente que anuncia otro tórrido verano.

En la jornada previa a la gran montaña lo hemos visto. Hemos visto como cualquier repecho se convertía en un Tourmalet para los escapados, y para mucho miembros del pelotón que, llegados a un punto, hicieron huelga de piernas caídas dejándose llevar a la parte más trasera de la carrera. Se quedaban corredores a modo de rosario, uno, tres, cinco, cuatro, dos,… así hasta dibujar esa flor sin pétalos.

Era cada repecho, no sé si el calor, dudo que en Francia el calor sea el de julio ya, y era Dylan Van Baarle, que no corría, se deslizaba por la ruta con la calidad que sugiere ser un grande en una grande como Flandes. Qué forma de rodar, esa en la que se aprecia el poder de cada pedalada y el golpe de cada latido. No hay muchos así en el pelotón. Iljo Keisse, Pin Ligthart,… todos ellos por cierto pistards, auténticas apisonadoras en el arte del rodar que te vacían y te vacían hasta dejarse seco.

El Dauphiné consume un ciclo, un ciclo que evidencia un bajísimo tono de Alexander Kristoff en lo que va de campaña, ahora viene la gran montaña y una incógnita que llevo días manoseando: ¿Cuál es el verdadero estado de Chris Froome?. Si atenemos a la crono, le queda un hervor, cosa rara porque él aquí nunca hacía prisioneros, si vemos el resto de la campaña, como que se lo ha tomado con calma ¿excesiva? no lo sé, pero si el año pasado ya retraso un poco su “punto” para encarar mejor a Nairo en el final del Tour, esta vez parece incluso más retardado ese pico de forma.

¿Pensará en clave doblete Tour-Vuelta?

Imagen tomada del FB de Criterium du Dauphiné

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Hemos probado un casco de Uvex y en breve os lo contaremos…

Dauphiné: entre Porte y Bardet

Esto hay varias formas de afrontarlo y el mini Tour que es el Dauphiné ha atravesado la línea roja, el punto de no retorno para buena parte de los nombres que se jugarán la campaña en la mejor carrera.

Pero el Dauphiné es el Dauphiné, es un carrerón, de esos que dan el caché que en Francia tiene este deporte, y merece la foto fija por separado, aunque a nadie se le escapa que la suerte de esta crono de medio radio puede ser extrapolable a lo que ocurra en la carrera grande en menos de un mes.

Y como decimos, esto hay varias formas de hacerlo y quien prefiere amasar por lo que pueda ser es Richie Porte, un ciclista que sinceramente merece una oportunidad de correr de tú a tú con los grandes, a los cuales creo que podría poner en aprietos si esquiva ese no sé qué que le sobreviene en las grandes citas y que le acaba privando de lo mejor.

Porque cuando un ciclista como Porte, que apunta a la general final es capaz de calzarse a un especialista, llamémosle Tony Martin, en una crono como ésta, es que tiene calidad, mucha calidad, porque donde el rígido alemán, que mira con ojitos la salida de Düsseldorf, se descolgará, en la montaña, Porte dará el tono con los más grandes alrededor suyo para propinar un primer golpe de efecto.

El australiano, podemos decir, los ha repasado, aunque habrá quien diga que esto es un partido de ida, que queda la vuelta y si me apuráis la final a match único, y es cierto, tanto como que en Dauphiné conviene hacer pocos experimentos e ir sobre seguro, sólo cabe ver la nómina del top ten, con Alejandro Valverde, esas cadenas que hacen daño a la vista pero que con su tintineo parecen alimentar su fuerza, tercero y en una condición excelente, como si por él no hubiera pasado este ciclo de descanso.

Alberto Contador y Chris Froome también están ahí. No nos engañemos, si el primero se ve para ganar, no perdonará, y su crono es de contención, de asomar, pero no rascar, para dejar la puerta abierta, mientras que el segundo tiene aquí un baluarte, siempre que le ha ido bien Dauphiné, Froome ha ganado Tour. C´ est tout dit.

Otros dos ciclistas han tenido nuestro foco. Ambos nos gustan mucho, y aquí no hemos ahorrado piropos, pero en el caso de Romain Bardet, sinceramente su campaña está siendo decepcionante. Cambiará el paso, supongo de aquí al final y en el Tour estará fuerte, pero ser segundo en la mejor carrera y no dar mucho más en todo el año, siendo expulsado de una carrera, por remolcarse, y pasar anónimo durante todo el ejercicio, nos deja mal sabor de boca.

El tema con Esteban Chaves es diferente, la crono no le ha ido bien, era de esperar y veremos hasta donde ha limitado los daños de su lesión cuando llegue la montaña. Entretanto el de Bogotá quema etapas, sigo pensado que va justo, pero como pasa muchas veces, ahí están los acontecimientos para contradecirnos, y podéis estar seguros que en el caso del líder de Orica, así lo esperamos.

Imagen tomada del FB de Dauphiné

La fatiga de Contador

Cambio de tercio, nuevo ciclo. Finalizado el Giro, llega la previa, la aproximación al Tour. Como si de una puerta de París se tratara, el arco hacia la “Grande Boucle” se atraviesa en el Dauphiné, una carrera de esas que pone ya en solfa las piernas de los corredores que optan al máximo premio.

Entre otros muchos, Alberto Contador, que se ha retirado al Teide para poner la maquinaria a punto. Ha ido acompañado de quienes serán parte de su guardia en Francia. Gente potente en el llano como el exrecordman de la hora, Matthias Brändle, pero también Cardoso, la cuota portuguesa que antaño ocupara el despechado Paulinho, Gogl y Felline, ciclista que, ya dijimos, nos encanta por su polivalencia y que sería extraordinario verle con el madrileño por Francia. No estaba Pantano, entiendo que rodando por su país, y sobre Mollema no sé hasta qué punto estará bien en el Tour tras hacer el Giro muy a su estilo, defendiendo el puesto como en los tiempos de Irureta en el Depor.

Aprovechando su estadía en la cima canaria, la más alta de España, Contador ha repasado varios temas a pocas horas de irse al Dauphiné. Sabemos a ciencia cierta qué es el Teide, lo que implica ir allí arriba, es trabajar al 120% y progresar más aún, el pedregoso lugar invita a concentrarse y la altitud hace que la faena cunda más, pero al mismo tiempo te aburres como una ostra. “Te tiene que gustar mucho” me dijeron no hace mucho.

Trabajar en el Teide tiene un peligro y es que te emociones, por allí también ha estado Froome, que te vengas arriba y le metas al cuerpo una tralla invisible en el momento pero que pueda surgir cuando menos te lo esperes. Dice Contador que anda midiendo la fatiga y los esfuerzos, que se lo toma con calma y que pretende ir con el freno puesto hasta el Tour.

Si no fuera porque nos conocemos hace mucho, hasta pensaríamos que el pinteño tiene un plan, pero mucho me equivocaría si no creyera que éste tiene previsto ir a saco ya desde el minuto uno en el Dauphiné, esa carrera en la que los grandes echan la meadita para marcar terreno. Estarán Froome, Bardet, Porte y Valverde, como para no marcar músculo. Y además la alpina no es de su colección, y eso que la ha tentando varias veces.

Sea como fuere quizá no reparemos en el principal problema que le vemos a Contador, contra el que lucha, admirablemente además, como ya hemos dicho muchas veces. Hace ocho años que ganó su segundo Tour, eso es una eternidad, nadie ha logrado repetir en la mejor carrera tanto tiempo después, nadie salvo Gino Bartali, a quien una Guerra Mundial le espacio sus dos victorias en Francia.

Yo creo que a Contador su suerte se le ha agotado en el Tour, lo pienso de hecho desde el día que se retiró hace tres años, cuando era una seria amenaza para Nibali, sin embargo persiste en el empeño y eso es de admirar, otros darían un paso atrás y mirarían objetivos más asequibles, conviene recordar que desde 2009, Contador ha ganado dos Vueltas y un Giro, que no es cualquier cosa. El domingo empieza el slalom, veremos si sale indemne y en caso que sí dónde tiene el tope.

Este corredor rara vez desiste, pero a veces en la vida no todo son ganas y testosterona.

Imagen tomada de FB de Paris-Nice

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