#RadioVuelta – Semana 12

#Trend El deporte más bello del mundo 

Rara vez, ni siquiera en la considerada temporada alta, como el Tour de  Francia, el ciclismo arroja tantas noticias y tan trepidantes como las de la semana que dejamos atrás. En la Volta a Catalunya, la caótica jornada inicial electrizó la carrera de los favoritos que tuvieron que dar un poco cada día para remontar la situación. Richie Porte se refuerza para el Giro -ojo que una cosa son Niza y Volta y otra todo un Giro- y Alejandro Valverde parece que gana casi sin querer. En el tríptico flamenco vimos un in crescendo. En A Través de Flandes los Topsport sacaron petróleo frente a los World Tour con doblete encabezado por Jelle Wallays. A los dos días, Geraint Thomas ganó a dos cocos (Stybar & Sagan) en Harelbeke y otros dos después, la guerra total se instaló entre Gante y Wevelgem en una de las mejores clásicas de los últimos años. Llegaron poco más de treinta ciclistas, casi de uno en uno, dando imágenes que seguro se guardaran en los anales. En río obviamente no puede sorprender la victoria del maestro Luca Paolini. Mención especial para Jurgen Roelandts y su raro equilibro cuando el viento se obsesionaba en tirarle. Mientras en Francia, en el devaluado Criterium Internacional, el duelo Peraud vs Pinot fue para el primero, pero la emoción de la subida a L´ Ospedale no fue poca y eso que el listón vino alto de Flandes.

#Click La guerra flamenca

Cuando hablamos de Flandes obviamente se sugieren no pocos pasajes bélicos. Por suerte la guerra de este último domingo de marzo no contó las desgracias de antaño y se dirimió sobre bicicletas, cuando estar sobre ellas fue posible. A la alienación de los elementos se unió un grupo de valientes que nos dieron un espectáculo antológico donde el dolor de quien pedaleaba al otro lado de la pantalla era tan explícito, que incluso sentados al calor del hogar, el alma se arrugaba sólo con verles. 

#Profile Geraint Thomas encuentra el mapa del tesoro

Hacía tiempo que discurríamos por este mal anillado cuaderno con la sensación de que el ciclismo le debía una, bien gorda, a un ciclista galés, del Team Sky, resuelto y generoso, llamado Geraint Thomas. Tras varios tiros al palo, o rozando el poste, Thomas resolvió a lo grande en Harelbeke y estuvo cerca de repetir en Wevelgem, donde la torpeza de los Etixx jugó también en su contra. La semana de Thomas viene tras ser el mejor ciclista en el conjunto de San Remo y estar delante en París-Niza. Con todo, y ante la variedad de estrellas del equipo inglés, no es de extrañar que el futuro de Geraint parezca fuera del Team Sky si quiere asegurarse los galones que se ha ganado.

#Clipping

Semana negra en Tinkoff. La caída de Matti Breschel que ilustra este post, en medio de marabunta, es el vivo ejemplo de la malísima semana que se ha padecido en uno de los mejores equipos del pelotón. Alberto Contador salió magullado de la Volta y Peter Sagan parece lejos de su mejor momento, a pesar de que no se le puede negar que le ponga ganas. La salida de Bjarne Riis ha sido el colofón a una situación que habla de un equipo cuyo timón no se sabe bien qué rumbo toma.

El juicio al Etixx. Dice Patrick Lefevere, el mandamás del Etixx-Quick Step, que los juicios sobre las actuaciones del equipo deben hacerse el 13 de abril, es decir el día después de Roubaix, pero la primavera vivida hasta el momento habla de un equipo que con o sin Tom Boonen no resuelve como su ramillete de figuras presupone. Al final situaciones como las de Michal Kwaitkowski en A Través de Flandes no son más que el ejemplo de que a este equipo se le ha perdido totalmente el respeto.

Problemas familiares para Chris Froome. La Volta protagonizada por Chris Froome no ha sido la mejor. En otros tiempos se diría que queda mucho para el Tour, pero a nadie se le puede escapar que estos últimos años la suerte que ha marcado los grandes nombres durante la temporada es la misma que se han encontrado en el Tour, y en esta línea Froome no está en sintonía con lo esperado.

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Imagen tomada de Facebook de Tinkoff-Saxo

Filias y fobias históricas del ciclismo español (I)

Finalizadas las clásicas, a puertas de la primera grande del año, el Giro de Italia, y con Romandía rodando, quería recuperar en dos entregas este artículo de los logros del ciclismo español y aquellos foros que se le resisten, como es el caso de las dos grandes clásicas adoquinadas. En este primer capítulo repasamos vueltas por etapas y campeonatos del mundo.

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Década de los 50. Años en los que la España de la época dura de la dictadura generaba su debate favorito entorno a dos de los grandes ciclistas de nuestra historia. Unos apostaban por Bahamontes, los otros querían a Loroño. Entre el toledano y vizcaíno, ese país recuperándose de las heridas de una tremenda guerra encontraba distracción ante males mayores e imponderables. En esa España, como en la de ahora, aunque no en la misma medida, interesaban principalmente las grandes vueltas. En el ocaso del citado decenio, el águila toledana ganó el primer Tour de Francia. Hablamos de la edición de 1959. Ese año el ciclismo español se graduaba entre las grandes potencias. Y lo hacía en el único foro donde las podía igualar, en el terreno de las tres semanas y 21 etapas.

Antes de la victoria de Bahamontes en Francia, ya se contaban algunos podios en la más grande de las carreras, e incluso se había probado el sabor de los laureles en la Vuelta a España, como buenos anfitriones. Sin embargo, en esos tiempos, un aislado halo de modernidad recorrió nuestro pelotón cuando en un par de ocasiones, Miquel Poblet hacía historia ganando la Milán- San Remo de los años 57 y 59. La causa del catalán respondía a cánones excepcionales para el ciclista español de la época. Enrolado en un equipo italiano, el sprinter de Montcada surcó de cierta originalidad la evolución del ciclismo español. A sus éxitos en San Remo, unía otros hitos, como ganar numerosas etapas en el Giro o pisar el podio de Roubaix. Antes de él nadie lo había hecho y pasarían muchos años para ver algo igual.

Pequeñas y grandes vueltas, territorio amigo

El ciclismo nacional no tardó en probar los laureles en la grande de casa. En la Vuelta, con tres de sus ediciones consumidas, llegó el primer éxito de los anfitriones por medio de Julián Berrendero en 1941. Luego vendrían los éxitos de los hermanos Rodríguez, Delio y Emilio, Langarica, Ruiz,…. En el Tour de Francia, Bahamontes ganó al medio siglo de historia. No ha ocurrido lo mismo en el Giro de Italia. A pesar de los memorables momentos ofrecidos por personajes casados con el espectáculo, como el caso de José Manuel Fuente, se tardó la friolera de 83 años en ganarlo. En la olímpica edición de 1992 Miguel Indurain puso cerco a tal maleficio. Un año después repetiría.

Realizando un repaso a las principales carreras por etapas, salvado el capítulo de grandes vueltas, una vez más Miguel Indurain marca puntos de inflexión. En la París- Niza de 1989, mismo año en el que ganó el Criterium Internacional, el navarro sería el primer español en hacerse con el triunfo toda vez se habían quemado unas 60 ediciones. No ocurrió lo mismo en la Tirreno que hasta 1991 no se la llevó para España Hermino Díaz Zabala, aunque con sólo 25 ediciones desde su inicio. En la tradicional previa del Giro, el Tour de Romandía, a pesar de un podio de Bahamontes, allá por el 63, la primera victoria española la lograría Francisco Galdós en 1975. Un par de años antes, José Manuel Fuente zanjó la sequía en la Vuelta a Suiza, mientras que en su gemela alpina, la Dauphiné, Valetín Uriona halló fortuna en 1964, a los 17 años de su creación.

Esta revista repaso incluye carreras modernas por mucho que ofrezcan no ofrecen la perspectiva histórica de otras. A las tres ediciones el Eneco Tour ya estuvo en manos de un cántabro, Iván Gutiérrez. El Tour Dowm Under vio el éxito de Mikel Astarloza en 2003 con cinco ediciones a sus espaldas. En la Vuelta a Alemania, una de las carreras más antiguas del calendario internacional, a pesar de ser pocos quienes lo saben, tuvo a David Plaza como ganador en 2000, es decir casi 90 años después de su inicio. No se contemplan ni éxitos ni podios españoles en la Vuelta a Polonia, ni en carreras de la representatividad de los Cuatro Días de Dunkerque y Tres Días de La Panne, pruebas que vistas sus afinidades con las clásicas adoquinadas, han sido tradicionalmente ajenas a los calendarios de los nuestros.

 

Extracto de un artículo publicado en Ciclismo en Ruta

El año perfecto del ciclismo irlandés

Efectividad es la palabra que define el año de Daniel Martin. Ha competido más bien poco. Hasta la fecha ha saldado con sendos abandonos tanto Amstel como Tour del Mediterráneo. Finalizó Tirreno lejos de los mejores, el vigésimo, luego ganó la Volta, más una etapa, se quedó muy cerca del podio de la Flecha y acabó conquistando la Lieja-Bastogne-Lieja.

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En el pelotón son pocos, muy pocos, los ciclistas irlandeses. En la historia tampoco hubo muchos, sin embargo los que pasaron el corte  fueron muy buenos y en ese estadio sólo podemos acordarnos de dos nombres: Sean Kelly y Stephen Roche. El tiempo les hizo coincidir durante la década de los ochenta. El palmarés de ambos es excelso, pero sus logros en 1987 supusieron un registro por países que creo pocas veces se vio en la historia del ciclismo.

Stephen Roche y Sean Kelly fueron primero y segundo en el baremo de la época, llamado Superprestige Pernod. En el ranking patrocinado por la bebida espirituosa Roche fue primero con 800 puntos por los 560 de Kelly y los 490 de Claude Criquielion. Roche hizo lo que se conoció como el triple, ganar en un mismo año Giro-Tour-Mundial, siendo aún el único ciclista que lo culminó por más que Miguel Indurain lo rozó pero no lo logró, a causa de Lance Armstrong, en 1993.

Los capítulos de Roche ese año fueron intensos, pero ninguno como el primero, el del Giro de Italia. Allí Roche corrió con los colores del Carrera y tuvo enfrente a sus propios compañeros, entre ellos el vigente ganador Roberto Visentini, a los rivales y el pueblo italiano en su extensión que no entendieron que su dorsal uno debía ceñirse al guión que beneficiara a Roche. Sin embargo así tuvo que ser. El irlandés, que ganó una crono en descenso del Poggio a San Remo, tuvo que lidiar con situaciones hilarantes para hacerse con su Giro.

Luego ganaría el Tour que Pedro Delgado acarició hasta la crono final en una de las ediciones más abiertas de los tiempos, con los dos mejores especialistas fuera de carrera, Greg Lemond convaleciente de un accidente de caza y Bernard Hinault ya retirado. Al mes y poco sin embargo vino el éxito más inesperado. Garante de un fair play terrible, Sean Kelly no dudó en ayudar a Roche a pesar de que en un principio éste había reconocido la mejor punta de velocidad de King Kelly. Pero en el corte final de trece ciclistas, donde estaban ambos, Roche burló la obsesión de los rivales por Kelly y consiguió el título por delante del campeón saliente Moreno Argentin.

Antes de ganarlo todo, Roche perdió cosas importantes, como por ejemplo la París-Niza y la Lieja-Bastogne-Lieja. Si en la segunda cedió frente a Moreno Argentin, en la primera Sean Kelly logró su sexto éxito consecutivo que añadió al Criterium Internacional. Enrolado en el Kas, Kelly realizaba interesantes progresos en las grandes vueltas, hecho que sin embargo no le valió para ganar la Vuelta a España de la temporada, una carrera que tuvo en su mano hasta que Lucho Herrera despegó en los Lagos de Covadonga.

26 años después el apellido Roche continúa en el pelotón con Nicolas, quien este año tiene encomendada la defensa de Alberto Contador. Sin embargo es su primo, Daniel Martin, quien con su explosión va camino de emular aquella fantástica y pequeña generación de corredores que deshojaban tréboles de cuatro hojas.

Alberto Contador no se encuentra

Hace una semana, en los prolegómenos de la Vuelta al País Vasco, nos preguntábamos por la suerte de Alberto Contador en una carrera y tierra que le motivan y exaltan como pocas. Vinculábamos su resultado, en cierta medida, a estos intangibles psíquicos que alimentan las piernas y la ambición del deportista. Creíamos estar ante una carrera vinculante en su futuro, pues no es usual ver al de Pinto parado y quieto en el grupo cuando una victoria merodea el frente.

Pues bien, siete días después la respuesta es ambigua. Es más, la contestación resulta jeroglífica. Alberto Contador busca y busca, pero no encuentra. Su danzarina figura emerge, rodeado de buenos rivales, aunque no de los primeros espadas a los que se supone se medirá en julio, está ahí, delante, pero no es el mejor como acostumbra. Incluso hasta se le ve pardusco, ensombrecido. No ataca, no se mueve. No cabe duda de que el punto de forma no le llega y lo que es peor, lleva tiempo en su encuentro.

Miren si no los resultados de este ciclista acostumbrado al éxito. Podio en Tirreno, una etapa en San Luis,… y poco más. Comparar con años anteriores quizá no tenga sentido. Contador para estas alturas otros años se había llevado varias perlas al palmarés, y no pocas: Volta a Catalunya (de la que sería desposeído), París-Niza, País Vasco,… en la actual temporada, y en el contexto de un equipo muy reforzado pero con pingües resultados, el madrileño no acierta.

¿Qué cambiado en esencia? Pues yo creo que mucho. Hay dos teorías. La primera es que no está como antaño ni por asomo y que alcanzar ese nivel puede serle ya imposible. Las causas son diversas. Algunos lo atribuyen a que no va con gasolina súper. Es una opinión, qué duda cabe, pero no deja de ser simplista. Un solomillo no tiene la clave. A mí entender es una mezcla de todo. El ciclista tiene ya 30 años, no es un crío y en su trayectoria han sido tantísimos los malos momentos que al final pueden haberle restado la salud que antes le permitía disputar aquello que se proponía.

Por otro lado, la segunda teoría entronca con la coletilla de la primera y referencia al hecho de que si sale a disputarlo todo, al final quema tanta energía, tantos cartuchos, que perpetuarse en el Tour como pretende sería tarea imposible. Quizá hasta preferido reservarse. Valoremos también que una gripe le apartó del Criterium Internacional. Pudo ser una gripe mal curada. Se quejó del frío en el País Vasco, pero corrió en manga corta alguna etapa en la que otros iban abrigados hasta las trancas.

De cualquiera de las maneras los años pasan y cuelgan. Para Alberto Contador han pasado varias temporadas de su carrera de forma bizarra y espesa. Mareado entre abogados, juicios, periodistas y conjeturas detectivescas. Hasta se ganó la reprobación del gremio cárnico vasco. No duden que todo eso pasa factura. Quizá a partir de ahora debamos preverle en perfil bajo en esas citas que, aunque importantes, no le son trascendentes. No obstante en julio encontraremos el final de este rompecabezas, al margen de precisas respuestas a hechos que son constatables desde hace tiempo, como su increíble bajón en las cronos, esa modalidad que le distinguía de los escaladores como él y que sin embargo ahora contribuye a hundirle un poquito más en la general.

Fotografía tomada de Zikliamatore

La curiosa forma de hacer amigos de Chris Froome

Quizá dentro de unos meses lo tengamos por anecdótico. Posiblemente hasta nos riamos al pensarlo y acordarnos. Tengamos en cuenta que Sky es un equipo soportado por un ente televisivo y entonces deduzcamos que todo pudo ser previsto y guionizado. Un poco a imagen y semejanza de esos años en los que Lance Armstrong corría con impunidad simulando estar apajarado para que Jan Ullrich entrada al trapo.

Sin embargo todo lo que rodea a Chris Froome no huele a planificado o sesgado. Este descacharrante ciclista, quien lleva contados 18 meses en vanguardia, es un amasijo de sentimientos tan desordenados e inconexos que las sensaciones del momento le empujan a actuaciones dantescas, sencillamente indescriptibles.

El pasado domingo, en la jornada reina del Criterium Internacional, tomó el relevo al frente del pelotón y cuando se dio cuenta dejó de rueda a todos, incluido a su compañero y líder en ejercicio Richie Porte. Un golpe sutil, pues no aceleró, pero efectivo, pues los dejó de lado y bien atrás. Sólo el exbiker Péraud intentó seguirle, pero desistió. Se ve que Froome le pidió relevo, el francés se lo negó, y le dijo “Bye”.

La sensación de poder contenido que transmitió Froome en el Criterium retrotrae al pasado Tour de Francia y esas terribles imágenes en las que sólo le faltó bajarse a empujar a su incapaz compañero Wiggins. Si en Team Sky piensan que manteniendo estos pulsitos internos la competitividad de los suyos crece y con ella las opciones del equipo, perfecto, pero no deja de tener cierto riesgo tales convulsiones centrífugas.

Por que como hace poco afirmamos, a los problemas que se puedan generar en el seno de Sky se pueden sumar los propios que les propinarán rivales que también corren y por tanto cuentan. Esta temporada ya hemos tenido alguna píldora. Ciclistas que mano a mano seguramente serían derrotados ya les han infringido alguna derrota. Miren Daniel Martin en la Volta o Vincenzo Nibali en la Tirreno. Todo ello sin reparar en que en el calendario clásico Geraint Thomas y Boasson Hagen prometen mucho, corren bonito pero parecen un peldaño por debajo de los mejores.

Sky mete miedo sí, cuenta con una cuadrilla de currantes como no la hay en el pelotón, pero ojo con las debilidades de sus líderes. Si nadie les cuadra, pueden convertir cada carrera en un vodevil de grotesco resultado y eso al final beneficia a los muchos y buenos rivales que seguro les acosarán.

Foto tomada de www.elmundo.es

El método Garmin

Muchas veces ocurre que nos olvidamos que el deporte es cosa de varios. Sí. Recordemos la semana de la París-Niza simultaneada con la Tirreno. Aquello fue un baño de pesimismo frente a lo que se presumía un paseo militar de meses para el Team Sky. Richie Porte se anotaba con solidez la carrera del sol mientras Chris Froome atenazaba la prueba delos dos mares. A lo rocoso de sus líderes se unían las hechuras del equipo. Sin embargo hubo una sima, una pequeña brecha en la penúltima etapa de la Tirreno, la encontró Nibali y la explotó hasta la extenuación de los hombres de negro.

En la Volta a Catalunya que acaba de concluir tenemos otro botón. Mientras Froome y Porte se repartían las mieles del Criterium Internacional, en tierras catalanas a Sky se le ha adivinado otra tara. En la  jornada reina los Garmin buscaron el todo por el todo y, oh sorpresa, encontraron el premio. Terrible. Sencillamente demoledor. Los compañeros de Brad Wiggins no pudieron contener un ataque tan de lejos, tan a saco. Dos formas de entender un ciclismo. Se impuso la menos lógica, la menos analítica. No cabe duda de que torres más altas cayeron.

El Garmin-Sharp es un equipo de la clase media-alta del pelotón que convive entre la culpa pasada y el pregón de un presente limpio y un futuro cristalino. Claro, arrepentidos los quiere Dios. Eso sin embargo, en los matices de la lucha contra el dopaje, no cabe en la concepción del Sky. Mientras que para los ingleses todo aquel que presente una tacha de dopaje es un proscrito, Garmin quiere abrir las puertas de la reinserción a aquellos que presenten “sincero” arrepentimiento.

Son formas de verlo. Jonathan Vaughters, siempre en el fino alambre del equilibrista sin red, defiende las tesis del perdón por que él se vio inmerso en la podredumbre que corroe las estructuras. Sin embargo, ¿sería tan ligero en sus juicios si no hubiera sucumbido? De cualquiera de las maneras, no hay mejor que hacer caja con una historia de tan jugosa sustancia.

Si no que se lo pregunten a David Millar en su media confesión plasmada en un libro que va por su cuarta edición y llena estúpidas editoriales y columnas de opinión. Al público anglosajón, a pesar de la intolerancia integrista del Sky, le encanta el arrepentimiento. Millar adoptó ese perfil. Le está valiendo una segunda oportunidad, la misma que le niegan a otros muchos que no hablan su “chic” inglés, y al tiempo una opción de ingresos “no ordinarios” en forma de autoría editorial. Perfecto. Negocio redondo. Bien visto David.

Y mientras sigue el camino de Ryder Hesjedal hacia la defensa de su título en el Giro de Italia. En la jornada reina de esa carrera llamada Volta le vimos por fin en las lides de campeón, como no le apreciábamos desde junio pasado. Hesjedal es un corredor que no es una persona, es una bandera, un lema, una proclama por un ciclismo limpio. Paradójico. Ganó una gran vuelta casi al mismo tiempo que su compañero Millar dijo que era imposible ganarla siendo trigo limpio. El método Garmin. Ya ven, también presenta grietas.