El escalofrío rosa llamado Giro de Italia

Giro de Italia

Una vez al año, una y no más, hay un escalofrío, una especie de tintineo que mueve la bota itálica.

Nada tienen que ver las charangas sicilianas ni los volcanes especialmente activos por estas tierras, es una sacudida sostenida en tres semanas, una especie de transmisión sísmica que atraviesa la península de arriba abajo y al revés y suele romper en el norte, habitualmente en Milán, el año pasado en Brescia, esta vez en Trieste.

En 2014 el latigazo viene de muy lejos, desde el norte de Irlanda del Norte.

el Giro empezó en Belfast

Hasta Belfast -a los pies del mito del Titanic, hace falta ser cenizo- nada menos se han llevado todo el tinglado rosa para vestir de gala, y en viernes, este Giro que anuncia la época de las grandes vueltas. Si quieren que les diga la verdad, estamos ante la grande más bella porque en efecto Italia fue un país que el creador cinceló para ser surcado por ciclistas, por empedradas calles sin aceras, por hermosísimos rocódromos en el cogollo dolomítico, que en esta tardo primavera se puebla de verde y hermosura, por ciudades bellas a rabiar, por parajes únicos.

Italia es ciclismo, el Giro es Italia, bello, desorbitado, rosa, vivo.

La edición que tenemos sobre el tapete es la primera con Paolo Bellino, como el mito Coppi “un uomo solo al comando”.

Bellino lleva la salida lejos de la madre patria, posiblemente lo más lejos que haya ido nunca una gran carrera, superando incluso esa que el Tour realizó desde Dublín en el infame 1998, pues Francia, por cuestiones tectónicas del pleistoceno cayó más cerca de las islas británicas.

Bellino no contento con el radio abarcado sondea y escucha, próxima parada, quién sabe si Dubái, ahí donde pusieron el huevo no hace tantos meses.

El Giro será una fiesta, pese a quien pese, falte quien falte.

Ser favorito para esta edición se ha convertido en una suerte de estigma para algunos. Richie Porte, eternamente enfermo este año, y Chris Horner, brutalmente atropellado en los lagos septentrionales, no están en la salida irlandesa. Finalmente llegó Purito, que con su semana de pasión entre Amstel y Lieja incluso vio peligrar su concurso. El moreno catalán es la baza hispana, pero así como otras veces me transmitía poder, esta vez no.

También hablan castellano otros grandes pues Nairo Quintana y Rigoberto Uran tienen importantes opciones.

Si este Giro viaja a Colombia

no se extrañen, sería un paso natural en un país que ciclísticamente es una potencia. Completa el vértice de la pirámide el admirable Cadel Evans, que corre en una cuenta atrás, ahora acompañado de su apreciado Samuel Sánchez.

La clase media del Giro incluye a los italianos, algunos también con pocas opciones de hacer algo grande si aquí no lo logran: Ivan Basso, Michele Scarponi –quien fue fichado para ayudar a Nibali en el Tour- y  Domenico Pozzovico.

Luego está Daniel Martin, bueno, abnegado pero difícilmente regular en una cita tan exigente, y también su compañero Nicolas Roche, que bien podría estar en la parte noble de este pronóstico. Muchos años después de Stephen Roche, el Giro sale desde Irlanda y tiene un par de bazas desde las islas.

Mikel Landa y el Giro

Interés tenemos por ver a Mikel Landa, no esperamos mucho de Pierre Rolland, tan dado a su Tour, y cuidado con Robert Kiserlovski. Salvo los cuatro o cinco grandes nombres, el Giro se compone de muchos equipos liderados por segundos espadas que pueden salir de Italia como gallos. Una participación muy mejorable.

¿Y del recorrido qué? Pues como siempre está concebido como una bola de nieve que se hace grande según pierde altura. La carrera atravesará rauda de sur a norte y en este estrecho pasillo continental se frecuentarán cimas con sabor a ciclismo de mayúsculas: Oropa, donde Ugrumov cercó a Indurain, Montecampione, donde Pantani acometió mil veces,  y Zoncolan, una subida por entre pistas de esquí.

Se retoma la anulada etapa de Val Martello –con Stelvio y Gavia, veremos qué pasa con la nieve- y se incluyen dos cronos, la de Baroli, 42 kilómetros de culebreo y toboganes, y la del Grappa, en una subida que otea el horizonte donde crece tan afamada y fortísima bebida. Todo acuñado por numerosas llegadas para velocistas. La alta montaña cayó en saco roto.

Por cierto se cumplen diez años del Giro de Damiano Cunego, el ciclista veronés que nunca más dio el tono de entonces dando pábulo a un reguero de preguntas que este ciclismo loco de un tiempo a esta parte nos impide descifrar.

Pantani Figura del Giro

También es el primer Giro diez años después de la pérdida de Marco Pantani, el símbolo de cómo la inmundicia pudo consumir un mito y una persona al mismo tiempo. Paradójicamente le quieren homenajear en la carrera que fue su punto de inflexión… hacia abajo. En ciertas cosas Italia se parece mucho a España.

 

INFO

Llega la Marcha Desafío Puertos del Guadarrama

El 8 de Junio a las 8:00h en el Polideportivo Martín Colmenarejo (Avenida de los Remedios) en Colmenar Viejo (Madrid) dará comienzo la cuarta edición de la Marcha Desafío Puertos del Guadarrama. Como bien dice el lema de esta edición de 2014 «Los Puertos de Madrid y tú frente a frente«, será una prueba dura con 161,9 km de distancia y eso ya son palabras mayores. Sin duda un gran reto para todos los participantes que se animen a formar parte de esta marcha que seguro que gusta a todos, como ha ocurrido en ediciones pasadas. Contará con el sello organizativo de la Federación Madrileña de Ciclismo que pondrá todos los medios disponibles para que sea todo un éxito tanto de participación como de organización y seguridad.

¿Dónde habría llegado Damiano Cunego?

Cunego cuelga la bicicleta

Hubo un momento, hace catorce años, sólo eso, que Damiano Cunego estaba llamado a ser el gran rival de Alejandro Valverde.

Compañeros de generación, ambos explotaron por esos años, pero el camino que les siguió fue distinto.

De Alejandro Valverde poco podemos añadir o comentar que no se haya dicho.

De Damiano Cunego, el balance es desigual.

El Giro puso el listón muy alto a Cunego

El ciclismo, como otras cosas en la vida, tiene sus tiempos y edades.

En el caso que nos ocupa, ya hemos visto que triunfar joven, no siempre es sinónimo de éxito a largo plazo.

Los estadísticos, entre los que nos incluimos, somos muy de proyectar:

Si ha ganado esto con 22 años, lo que le espera es…

y claro el ciclismo bebe de dos ciencias, y una de ellas no es exacta, porque entiende que los corredores no siempre progresan y crecen al mismo ritmo.

Damiano Cunego ganó un Giro de Italia con 22 años y lo hizo en el seno de aquel equipo que aquellos días era un polvorín, el Saeco.

Su convivencia con Gilberto Simoni habría llenado literatura y páginas en un país encantado de fomentar las leyendas, en especial si le son propias.

Y el duelo Simoni-Cunego propuso miles de lecturas.

Ganador tan joven del Giro, lo que podría ser una excelente catada de presentación quedó ahí.

Damiano Cunego firmó buenas victorias, está entre los grandes de siempre en una de las «majors» italianas, tres veces en Lombardía, un par de Amstel, alguna etapa en la Vuelta.

Pero quedó ahí.

Dos cosas más sobre Cunego

¿Por qué Cunego no ha dado más de sí?

Quizá un día explique el verdadero motivo.

Nosotros podemos tener nuestra teoría y como siempre en ciclismo nos tomamos la hipótesis más tétrica de las posibles.

Por otro lado para Cunego la bendición es haber nacido en Italia, el sitio donde el campeón lo es siempre y ganar el Giro le da y le dará estatus.

Así las cosas, queda su triunfo en el Giro por encima de todas las lecturas. Para algo nació príncipe.

La participación de la Vuelta no es la gallina de los huevos de oro

Hay euforia por la participación de la Vuelta a España. No es para menos. En la salida de Jerez, estarán, entre muchos otros, Carlos Betancur, Fabio Aru, Robert Gesink, Cadel Evans, Samuel Sánchez, Philippe Gilbert, Peter Sagan, Thibaut Pinot, Daniel Martin, Jonh Degenkolb, Joaquim Rodríguez, Chris Horner, Damiano Cunego, Jurgen Van den Broeck, Alejandro Valverde, Nairo Quintana, Gerald Ciolek, Rigoberto Uran, Tom Boonen, Tony Martin, Alberto Contador, Fabian Cancellara y Chris Froome.

Traducido al cristiano, vemos palmareses acumulados que reflejan cuatro Tours de Francia, tres Giros de Italia y otras tantas Vueltas a España, cinco Campeonatos del Mundo, unos veinte monumentos y unos Juegos Olímpicos, si bien, siendo exactos, deberíamos añadir el título de Brett Lancaster en la persecución colectiva de Atenas de hace diez años y el de Peter Kennaugh en la misma prueba de Londres 2012.

La nómina es excelente, por calidad de nombres y la cantidad de los mismos. Además muhos llegan necesitados de buenos resultados. Creo, siendo sinceros, que el Tour difícilmente habría igualado este listado y el Giro no opta al mismo desde hace años. Pero sin embargo, a  diferencia de las otras dos grandes, la Vuelta, con este plantel sigue teniéndolo complicado en un país de escasa cultura deportiva y de esfuerzo como España.

El Tour es el Tour, como dicen los gabachos “Le Tour c´ est le Tour”, y es cierto, este año con una criba bestial entre los grandes nombres en las primeras diez etapas, la carrera no perdió ápice de interés y seguimiento a nivel planetario. Es con diferencia el gran evento ciclista, con mayúsculas, con la grandilocuencia de los franceses. El Tour es el acontecimiento deportivo anual más grande del mundo, incluso tras todos los varapalos que le han llovido al ciclismo.

Luego el Giro está en otra división. Italia es ciclismo cuando el Giro rueda, incluso cuando coincide con los grandes partidos del Calcio. El Giro es una carrera de enormes pasiones, de personas entendidas en las cunetas y un seguimiento mediático que ha sido ejemplar en medio mundo. Ahí está ese programa llamado “Processo della Tapa”, un vivo ejemplo de lo mucho que genera esta carrera.

En España la realidad es más complicada y mucho me temo que la cosa se convertida en un entremés de tercer orden, desplazado por el arranque de la Liga de fútbol y otras menudencias del deporte rey. Es así pero real, y hasta que las tornas no cambien no tendremos una carrera que se mida a las otras dos grandes. Una carrera bella, que se singularizó por correrse en primavera y con grandes nombres de este nuestro ciclismo.

La Vuelta basa sus atractivos en dos grandes activos que a mi juicio son efímeros. Por un lado la participación, algo que no suele fallar pero que no garantiza grandes titulares en los medios más importantes ni se puede asegurar que vaya a ser buena. El otro es el recorrido, algo que enorgullece a la organización pero que no es otra cosa que el resultado de una carrera cuyo carácter no está definido. La Vuelta se ha convertido un asalto a la caza de grandes cuestas sin importar el ciclismo de pizarra y táctico pues en ello se cree que va la audiencia, cuando ésta es caprichosa y muy posiblemente se acabe cansando.

Las vainas inoxidables del Lampre

Los días que la luz del Euskaltel se apagaba, en una cabecera vasca, no recuerdo cuál, hablaban de lo inoxidable del patrocinio de Lampre, una empresa metida en el trabajo del metal que está involucrada en el ciclismo hasta tal punto que hablamos de unos de los patrocinadores de mayor peso histórico en la actualidad. Lampre se sitúa sin duda en ese estatus de histórico y quizá sólo superado por la firma belga del Lotto.

Lampre entró en el ciclismo con cierto posicionamiento en 1991. El entonces equipo Colnago de Pietro Algeri lucía las siglas de esta empresa en un proyecto que encumbró los primeros años profesionales de ciclistas interesantes como Jan Svorada, Davide Bramati y Gianluca Bortolami. El hombre importante en ese momento fue un polaco, Lech Piasecki, corredor de segundo orden con buen palmarés sobretodo en Italia.

Pero poco duró la aventura compartida pues al año, en 1992, Lampre ya era primer sponsor y por tanto patrocinador principal de una estructura ciclista. El llamativo maillot que combina el azul, fucsia, rosa, y otros colores de similar matiz ya estaba en medio de un pelotón que por aquel entonces poblaban marcas tan legendarias como el Ariostea, Del Tongo, Banesto u ONCE. Sólo mentarlas implica saber del poso histórico que maneja Lampre.

En 1993 el equipo contempla una de las mejores campañas que un ciclista ha rubricado en los tiempos modernos del excampeón del mundo Maurizio Fondriest que se pega un hartón de ganar con el nombre de Lampre en el pecho. Desde San Remo a la Volta a Catalunya, cuando ésta se celebraba en septiembre, pasando por un sobresaliente Giro de Italia, Fondriest fue, números en mano, el mejor ciclista de un año en el que Lampre sacaba adelante el que posiblemente fue su mejor corredor históricamente hablando: Pavel Tonkov.

Aquel ruso histriónico, serio pero de pedalada trabada, redonda y elegante le dio a esta casa gestionada por auténticos locos del ciclismo el Giro de Italia de 1996 como botín más preciado en una dura pugna con un Abraham Olano, entre otros, enjutado en el maillot de arco iris. También venido de más allá del telón de acero, Djamolidine Abdoujaparov aportaría buenos éxitos.

Panaria y Polti fueron compañeros de viaje, por esos controvertidos años. Compañeros que luego acabarían por volar solos. Luego vendría Daikin en el ciclo en el que Oskar Camenzind fue campeón del mundo, casi nada. Entrados en el siglo XXI un español aterrizó para traer pocas pero buenas victorias: Juanma Gárate. Lampre llegó a subir al podio del Tour, en 2002, con un ciclista que ofrecía muchísimas dudas como fue Raimundas Rumsas. Luego tuvieron otro que corrió como emblema de las ganas y el coraje: el belga Ludo Dierckxsens.

La italianización de Lampre pasó por varios nombres que vistieron esta elástica. Francesco Casagrande, uno de ellos, Gilberto Simoni, otro. El doble ganador del Giro se despidió del ciclismo en la arena veronesa con los colores de la histórica marca. Y ya que hablamos de Verona, hacerlo del príncipe de la zona, el ciclista que posiblemente más íntimamente se ha insertado en este equipo que vio como el paso de muchas de sus estrellas fue efímero, hablamos de Damiano Cunego, el pequeño veronés que ganó un Giro a muy tierna edad, no ha alcanzado el nivel que se le presumía pero sí al menos ha dado muy buenos momentos al equipo que le ha sido más fiel.

Con Cunego guardándole las espaldas, Alessandro Ballan se hizo campeón del mundo en Varese el día que ambos fueron oro y plata para goce de la hinchada. En 2011 la descalificación de Alberto Contador le dio al equipo otro Giro, éste de la mano de Michele Scarponi, segundo en la carretera pero aupado al primer lugar un tiempo después en una de esas victorias que si bien lucen en el palmarés no gustan como si las ganaras de primera mano.

Por que en una travesía tan larga los compañeros de maillot son cambiantes. Si del Lampre surgió el Panaria y el Polti, con Lampre también entró en ciclismo el Vini Farnese, hace tres años y con el anotador por antonomasia a su cobijo, el velocista Alessandro Petacchi más el talentoso Filippo Pozzato, acompañados de quien hace tiempo se señala como hombre importante en la estructura que en esta Vuelta dirige Matxin, es decir Diego Ulissi. Nacido los días que Lemond, Fignon y Perico luchaban por el Tour, el toscano es el último eslabón de una familia a la que deseamos otras dos décadas en el pelotón.