Eso que llaman «prensa deportiva»

La demoledora confesión de Danilo Di Luca a raíz de un libro que apunta muy alto en las ventas ha corrido este domingo de Lieja por las portadas de varios diarios. Es curioso ver el trato de una noticia y otra, me refiero a la de las manifestaciones del italiano frente al trato que merece la clásica que ganó Wouter Poels en medio de un infierno helado.

Una vez más tenemos un clavo, largo, hondo e hiriente en el ataúd de nuestra llamada prensa deportiva, la misma que languidece en estado shock por una crisis que dijeron publicitaria, a causa de la economía, pero que tiene mucho que ver con su política editorial, sesgada, mediatizada y cargada de mala baba para quienes poco o nada pueden defenderse, en este caso los ciclistas y su colectivo. Hace poco un colega de un gran medio deportivo me habló de su redacción o lo que es lo mismo, un solar de gente que copia y pega y maltrata el idioma.

Este pantallazo es del diario Marca esta tarde de domingo a esto de las siete y media, así son las cosas, el destacado ciclista del día para Di Luca, lo otro, las putas migajas para Poels, porque ellos lo valen. Desconozco qué trato le dieron a Valverde y su histórica Flecha, no acostumbro a ver estas cosas, y si las miro es porque alguien me las pasa por WhatsApp.

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Me apena escribir así, de verdad, siempre he dicho que si un sitio como éste pequeño, humilde y unipersonal tiene cierto eco es por demérito de lo que se llama prensa tradicional, aunque si me permitís, me arrogaré algo de mérito, a raíz de la muestras de cariño y fidelidad que me mostráis y las lecturas que me brindáis.

Sobre lo que dice Di Luca, pues nada nuevo bajo el sol. Yo no pondré en cuarentena frases como el entrecomillado que sigue:

Mentimos a la familia, a la pareja, a los periodistas, a los masajistas, a los mecánicos, incluso a otros corredores»

Sin embargo sí cuestiono que se diga esto cuando no hay nada que perder, con el pescado vendido y con un libro en ciernes cuya venta te asegure una vida cómoda aunque sin excesivos lujos. Allá él…

“Liberad a Kiryienka”

Hay un tipo en el pelotón que anda por dos, por tres, por cuatro. Supe de él en un mundial de pista. En 2008, cuando ganó el título de puntuación sucediendo a Joan Llaneras. Luego a las pocas semanas en la mejor jornada del Giro de ese año le vimos tremendo, lozano. Era en el Monte Pora. En el marco de una gélida jornada, terrible, que puso a prueba a Alberto Contador rodeado de rivales italianos. Lo que no pudieron hacerle subiendo lo intentaron bajando. Dios cómo le atosigaron Di Luca y Savoldelli en aquel descenso donde las manos no tenían la sensibilidad para frenar. Qué mal lo pasó ese día el madrileño que vino desde Cádiz para ganar la grande italiana.

Ese día de perros un ciclista rodó por delante, con margen, para ganar la etapa. Bajo la pertinaz lluvia confundida con algún copo helado Vasil Kiryienka firmaba su primera gran muesca. Vestía los colores del banquero ruso por excelencia: Oleg Tinkoff. Ese equipo fue el germen del Katusha y ahora parte de su dinero va a parar a la estructura que lidera Bjarne Rijs. Qué cosas, ese ciclismo global y redondo.  Años después Kyrienka rubricaría otro éxito mayúsculo en el Giro, en Sestriere, en el recuerdo a Xavier Tondo.

Estas semanas de primeros rounds en las vueltas por etapas, la gente exclama asustada por el poderío del Team Sky. Quizá antes de dejarse impresionar por tales escenarios convendría reparar en qué tipo y qué corredores reclutan en el tenido como mejor equipo del mundo. No fueron tontos los ingleses cuando reclamaron a Kiryienka. Con su fichaje apuntalaban una ya de por sí terrible guardia alrededor de sus líderes. Un ciclista que suple con más que garantías la marcha de Michael Rogers, pues a la solvencia que iguala del australiano se suma una fidelidad como no veíamos en el pelotón desde años muy lejanos, quizá desde auténticos consortes del triunfo como Herminio Díaz Zabala o Alberto Leanizbarrutia, garantes a partes iguales de los éxitos de sus capos.

Dice el bielorruso que no le sabe mal entregar sus mejores pedaladas en pos del éxito de un compañero. Sin embargo, la acción de Kiryienka no es sólo de generosidad pues ésta la acompaña de un poso de grandeza que le da a su obra la dimensión de perfecta. La jornada más dura e histriónica del País Vasco destapó en su justa medida las sensaciones que este ciclista nos transmite: un profundo respeto por el oficio de ser no el gregario, si no el Gregario con mayúsculas que lo dispone todo desde la incondicionalidad y generosidad más absoluta para el mejor desempeño de sus jefes.

Por qué, viendo los últimos sesenta kilómetros del comodín del Sky se podría pensar que en clave egoísta, y viendo además cómo se defiende en todos los terrenos, haría pero que muy bien en pensar en sus propios intereses. Seguro que habrá que piense que hace aquello para lo que le pagan, pero a veces las cosas no resultan tan sencillas cuando tu forma es tal y tu pedaleo causa estragos hasta en los rivales de los tus líderes. Sólo reprocharle una cosa a Kiryienka, su exhibición en el circuito de Beasain nubló en gran medida el éxito de Omar Fraile. Eso no sabemos si personárselo.

Imagen tomada de Zikliamatore