La imposible forma de correr de Chris Froome

La llegada a Vaujany de este Dauphiné creo que ha marcado el punto de inflexion de la carrera por el golpe certero y exitoso que Chris Froome le ha propinado a Alberto a Contador. El ciclismo al revés, el pronóstico roto, si en la cronoescalada no hubiéramos jugado nuestros cuartos al madrileño, en la llegada en alto no lo habríamos hecho al inglés, dado el nivel que Contador marcó en la jornada inaugural.

Pero ya dijimos que Froome tiene más certezas que interrogantes en la carrera que mira al Tour. Y está en la plaza que le gusta, arriba y en amarillo, como las veces que luego logró ganar la Grande Boucle.

Con todo la manera de de correr de Froome es un catálogo de contradicciones en sí solo. Hace unos años dijimos que la paradoja del Team Sky estaba en su propio líder: todo tan tecnológico y medido en manos de una persona que parece correr a golpes de estómago.

El ataque de FROOME

La subida a Vaujany fue prueba de ello: siempre da el pasito atrás cuando empieza en movimiento. Al ataque de Dan Martin, Froome responde descolgándose, luego se rehace, recompone las deshilachadas piezas de su alargado cuerpo y empieza a crecer. Ataca de pie, pero con un arqueo de brazos y alargamiento de tronco que le asemeja a una “lagartija bailarina” sobre la bici. No deja de asediar al rival hasta que éste cede, como si tuviera un “rush” infinito. Contador acabó claudicando.

Y ¿cómo traza algunas curvas? le hizo un interior a Richie Porte por la parte sucia del viraje del cual salió airoso no sé ni cómo. En el descenso previo trazó también raro, como si se fuera a ir al garete en el primer alcantarillado que pillara por la carretera.

Contador ya ganó hace dos años así

El sprint él no lo disputa. Hace una ultima serie a unos 400 metros de meta, sentado, imprime una tortura en forma de tormenta sobre pedales, ahora al rival y éste desiste hasta de ponérsele al lado porque no es posible. Froome gana por martilleo, como hace dos años frente a Contador en la primera llegada en alto.

Viendo a Froome, correr de esta manera, tentando la suerte a este nivel, nos asombramos que sea capaz de esquivar todos los peligros que esconde una vuelta de tres semanas. Es, diría, sencillamente milagroso, pero ahí está él con dos Tours y opositando a un tercero.

Imagen tomada del FB del Dauphiné

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Toda la magia de la Costa Brava convertida en desafío

Los muy grandes ganan el Tour tras hacerlo en el Dauphiné

Aunque sea una ciencia no exacta, la teoría dice que la Dauphiné suele ser una buena pista de cara al Tour de Francia, de hecho se comenta que el Dauphiné es un “mini Tour”. Los años de historia compartida entre las dos carreras, que son más de 60, dictan que son más bien pocos los que han firmado un doblete, por otro lado muy prestigioso. Tanto, que el elenco con las dos carreras en la misma temporada responde a un selecto grupo de campeones, un palmarés de ensueño: Lance Armstrong –si se nos permite incluir-, Miguel Indurain, Bernard Hinault, Bernard Thévénet, Luis Ocaña, Eddy Merckx, Jacques Anquetil y Loison Bobet. La práctica incluye a los dos últimos ganadores británicos: Chris Froome y Brad Wiggins.

Antes por eso fueron esos ocho ciclistas de perfil alto, con dos o más Tours en su bagaje, a excepción de Ocaña, con excelentes prestaciones en la montaña, pero hábiles croners, cuando no inmejorables. Ocho ciclistas y diez coincidencias. Lance Armstrong hizo de la Dauphiné su auténtico banco de pruebas, y no precisamente con gaseosa. A un mes escaso del Tour el tejano comprendió que lo que pasara en la vuelta por etapas posiblemente más cotizada tras las tres grandes resultaría esclarecedor de su suerte en el Tour. Así lo hizo en dos ocasiones, de forma consecutiva además, en 2002 y 2003. En algunas ocasiones forzando hasta lo recomendado, como en 2003 cuando Iban Mayo le propuso un duelo que el americano no rehuyó, al punto que en el Tour se le vio exento de esa chispa tan suya. Entre Suiza y Dauphiné, el americano siempre prefirió la vía francesa, quizá por gozar de un privilegio único: compartir parajes y puertos con el Tour. Sin ir más lejos en la presente edición ambas pruebas compartirán el Ventoux, puerto erigido en clave de la “Grande Boucle”.

Otro que ha repetido triunfo en dos ocasiones fue Bernard Hinault. Lo hizo un par de veces, en los años 1979 y 1981. El francés acumuló en el primer año cuatro etapas y la general de la Dauphiné para luego sumarle el triunfo absoluto y siete parciales en el Tour. Dos años después, Hinault repitió jugada casi idéntica. En 1995 Miguel Indurain conseguía apropiarse de tan singular logro. El año de su quinto Tour, el navarro sacrificó el Giro de Italia, donde un año antes había sido derrotado por Berzin y Pantani, por atar un camino más cómodo hacia el Tour, en el que también se llevó por delante la otrora prestigiosa Midi Libre. Saltando de década, debemos remontarnos hacia Bernard Thévenet, ganador en 1975 de ambas pruebas. Antes lo habían logrado Luis Ocaña en 1973, Eddy Merckx en 1971, Jacques Anquetil en 1963 y Loison Bobet en 1955.

Dos ediciones resultan especialmente significativas de que lo que ocurra en la Dauphiné no debe extrapolarse al Tour. Ambas tienen además a dos protagonistas españoles. En 1996 Miguel Indurain firmaba en la prueba alpina una victoria extraordinaria, de las mejores que se le recuerdan. Ganó con autoridad la crono individual y se mostró insultante en montaña, ganando incluso una etapa, algo poco usual en él. Un estado de forma rotundo, acompañado de su aureola de quíntuple ganador del Tour, le alzaba con exclusivo favorito para la grande gala.

Aquella edición partió de los Países Bajos, una semana de lluvia y frío inéditos en Francia y en julio pasaron factura al mejor ciclista español de la historia que ya en los Alpes cedía para declinar toda opción en los Pirineos. Un caso más reciente fue el que aconteció con Iban Mayo. En 2004 el ciclista nato en Igorre marcó una carrera antológica, con una cronoescalada al Mont Ventoux que entra entre los mayores revolcones que se le recuerdan a Lance Armstrong en plenitud. Luego en la primera semana del Tour se dejaba toda suerte en un adoquinado polvoriento del norte de Francia.

Entre las curiosidades que encontramos hurgando entre estos más de 60 años de historia común entre dos carreras íntimamente vinculadas por su proximidad de fechas y escenarios comunes, destacan dos corredores, ambos con un sino muy similar: frecuentar podios para recoger premios secundarios, rara vez como ganadores. En las últimas ediciones tomamos nota de la segunda plaza firmada por Cadel Evans tanto en la Dauphiné como en Tour. Años antes, tenemos a Raymond Poulidor, el corredor con más podios en ambas carreras coincidiendo el año.

El llamado “eterno segundón” logró ganar la Dauphiné en dos ocasiones, en 1966 y 1969. En esos años acabó tercero el Tour. En 1962 fue tercero en ambas carreras y 1965 y en 1974 segundo en las dos. Un par de ciclistas cuyas similitudes salvados los tiempos y sus diferencias parecen más que evidentes. Dos ciclistas a los que se une Chris Froome en tiempos recientes, dos ciclistas que en definitiva acentúan esa sintonía existente entre dos grandes pruebas.

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Ullrich y Rose Bikes, veinte años después de ganar el Tour

Los retratos del Dauphiné

Una semana después ya tenemos sobre la mesa lo que ha dado de sí esa carrera llamada Criterium del Dauphiné y que abre la cuenta atrás de cara a su hermano mayor, el Tour de Francia, el rey sol del calendario internacional, aunque cada año, más eclipsado por la lozanía y descaro que luce la grande italiana, a efectos festivos y estéticos, cien veces más bonita, al menos en lo que a los últimos tiempos de refiere.

Hoy lunes, primer día de de carera, imaginamos los cuarteles generales y las mentes pensantes analizado y procesando lo que han dado ocho etapas que han tenido de todo y para todos. Cada uno seguro que encuentra su argmento, su “clavo ardiendo” al que agarrarse, aunque la realidad de la carrera, viéndola desde fuera, nos dé una lectura diferente.

Si algo hay que convenir es que todos los grandes nombres que han estado por el Delfinato estos días no están aún ni a tope ni esperan estarlo hasta bien entrados en el Tour de Francia. Sin embargo, esto empieza a ser un poco como el fútbol, ese deporte en el que juegan no sé cuántos y siempre gana Alemania. Cambiad Alemania por Chris Froome y tendréis el resultado de la ecuación al menos a día de hoy, porque en julio las cosas pueden ser muy diferentes.

Y digo que pueden ser diferentes porque la seguridad que transmite Froome tiene un componente de imprevisión que realmente asusta, más trantándose de quien se trata y corriendo donde corre. Froome es frágil, transmite esa sensación sobre la bici. La prueba es que las grandes que no gana, las abandona por eventualidad o accidente, salvo en las dos Vueltas que ha acabado segundo.

Creo que el Froome de este Dauphiné ha estado contenido, como sabedor de que el premio de una tercera victoria aquí le situaba en la historia y también en la quiniela del Tour que debe defender. Froome ha dado sólo un golpe duro, una muestra del poder que alcanzan sus piernas cuando se lo propone, pero por lo demás ha corrido a mantener. Creo que ha hecho buenas nuestras dos disquisiciones de la semana pasada: se ha tomado en serio la carrera como test y referencia, pero no ha querido apurar pensando que el Tour es largo.

Sin embargo, Froome saca otra lectura de aqui, y es que el corral esta revuelto y que igual, más allá de Nairo y Contador, hay peligro. Romain Bardet es un ciclista que nos gusta por muchas cosas, y este fin de semana nos ha dado más argumentos. Ese aspecto de inofensivo estudiante de administración de empresas, disfraza una tremenda ambición y sobre todo una imaginación para plantear la carrera más allá del pulso uno a uno en el que posiblemente no encuentre salida. Tanto Bardet, como un desdibujado Thibaut Pinot, salen en la foto de inicio de curso hacia el Tour.

Como también sale Daniel Martin, uno de los pupas del pelotón, que cuando tiene continuidad emerge por su propia calidad. En el mismo peldaño que al irlandés vemos a Richie Porte, aunque éste más sólido en apariencia, su irregularidad le hace encantador. Porte no ofrece el discurso uniforme de Van Garderen, pero tiene un áurea de incógnita que, ciertamente, le dan un atractivo inmenso de cara a julio.

Y si de agarrarnos a un clavo ardiendo hablamos, Alberto Contador lo hará con su tesoro, la cronoescalada inaugural donde le pudo dar a su “archirival” en su terreno. Lo que vino después es una carta al aire, no pudo, no quiso, no tuvo para seguirlo, complicado saberlo, aunque si os soy sincero el problema de Contador ya no son sólo sus rivales, lucha contra el tiempo y contra la quimera de ganar el Tour muchos años después y eso, en la historia pesa. Ya lo creo que pesa.

Imagen tomada del FB del Dauphiné

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Por tercer año consecutivo los amantes de las dos ruedas tienen una cita en el Parque Natural de Somiedo – Asturias

El 20 de Agosoto la Clásica Puertos de Somiedo te brindará la posibilidad de subir 4 puertos de la Vuelta a España finalizando el el Alto de la Farrapona Lagos de Somiedo. Pero para llegar alli habremos tenido que pasar el Puerto de Somiedo (1ª cat), Puerto de Ventana (3ª cat), y el temido Puerto San Lorenzo (cat especial) con unos 5 últimos km que no bajan del 10%.

Dauphiné, la contracrónica

Acaba de concluir la 68ª edición del Critérium del Dauphiné, competición de alto rango internacional, que siempre ha llamado a la atención a los medios informativos y a la clase ciclista por su proximidad ante inicio del Tour de Francia, anunciado para principios del mes de julio. No hay duda que esta competición del Dauphiné siempre bien valorada en los ámbitos deportivos constituye y ha constituido siempre a lo largo de su existencia un banco de prueba muy idóneo y orientativo para calibrar las posibilidades de los concurrentes que van a participar en la ronda francesa, la máxima y trascendente competición con que cuenta el calendario ciclista en ruta.

Ha transcurrido un año más para que este corredor de la Gran Bretaña, Chris Froome, oriundo de la capital Nairobi (República de Kenya), con su compostura chocante, pero no inesperada, haya vuelto por sus fueros imponiéndose en la prueba que nos ocupa, y, además, casi de la misma manera que lo hizo en sus dos actuaciones victoriosas que tuvo con anterioridad en esta cita.

Sí hay que decir que el ganar a los 31 años en esta valiosa y dura competición, no le ha resultado ni mucho menos una tarea de fácil ejecución. Ahí vemos muy cercanos al francés Romain Bardet (2º), al irlandés Daniel Martin (3º) e incluso el australiano Richie Porte (4º), separados por muy escasos segundos de tiempo y jugando con las bonificaciones en litigio, un ingrediente con el cual no nos congratulamos. Ha sido una carrera de complicada resolución a lo largo de las siete etapas encerradas todas ellas en el laberinto de los Alpes franceses, adicionando el consiguiente prólogo, que se vivió en los confines de la Estación de esquí de Les Gets, con la escalada al Mont Chéry, que se sitúa en la zona sur del Lago Leman, en territorio francés, con un paisaje muy exuberante.

Nos sorprende, lo hemos constatalo, que evaluando la distancia total de 1.147 kilómetros de que constaba la carrera bajo una configuración más bien intrincada no se hayan registrado mayores diferencias de tiempo. La verdad cierta es que entre los siete primeros ciclistas clasificados en la tabla absoluta, quedan amparados por una diferencia que no supera los 57 segundos, una cota que no esperábamos y que encierra el británico Adam Yates (7º). Hoy en día las competiciones están amparadas, por lo general, por carreteras bien asfaltadas, una preparación física por parte de los ciclistas bien moldeada y un control muy estricto por parte de los equipos participantes, sin querer nombrar a otros condicionamientos que implica el avance y progreso del actual deporte de competición. No nos adentramos en más consideraciones para no alargar en demasía este comentario.

Merece también una especial atención el ímpetu batallador y continuado desplegado por el español Alberto Contador, que tuvo la virtud de colocarse líder precisamente en la jornada prólogo; en una cronoescalada individual de apenas 4 kilómetros de áspera ascensión cuesta arriba, que obligó emplearse a fondo a todos los participantes. Hubo más tarde una serie de jornadas de transición que dejó en el aire la incógnita por saber si el corredor madrileño impondría su ley en los severos puertos ¡vaya pesadilla! que se debían afrontar en el transcurso de los tres últimos días.

Siempre en un apretado duelo surgió el inevitable Froome, un veterano en el oficio de las dos ruedas, que supo con cierta habilidad incluso sortear los escollos que le deparaba la ruta, colocándose en vanguardia y luciendo por tres días consecutivos, los últimos, la camiseta amarilla de líder, que le han significado en definitiva el triunfo absoluto. Contador debió contentarse con ser el quinto en la tabla, con una desventaja mínima de 35 segundos, lo cual es muy poca cosa a la hora de realizar el balance global de lo acontecido.

Se podrían exponer muchas cosas de más, pero lo cierto es que el Critérium del Dauphiné, así se la suele apelar hoy, celebrado básicamente en los confines de la provincia de Ródano-Alpes, quedó sentenciada, definida, a favor de Chis Froome, que no dilapidó energías en vano y que pedaleó siempre con inteligencia práctica, moviéndose bajo el marco de unos segundos de tiempo que valían oro. Viéndole subir no hizo gala de un buen estilo. Uno tenía la sensación de que torturaba a la bicicleta con unos movimientos algo extraños y hasta descompasados. Pero cabe reconocer de todas a todas que es efectivo cara al objetivo que persigue, que es lo que vale a los ojos de las gentes. No hay más a decir y sí descubrirse ante su gesta.

De entre los españoles -se les ha visto- destacamos, aparte de la prestación de Alberto Contador, que tiene su pensamiento en el Tour, la victoria de etapa por obra del ciclista Jesús Herrada, nacido en la población de Mota del Cuervo (Cuenca), en la segunda etapa, con llegada al alto de Chalnazel-Jeansagniére, con cota elevada a 1.114 metros de altura. Hagamos mención también del ciclista asturiano Daniel Navarro (11º) y el alavés Mikel Landa (12º), bien en la clasificación general. Este último muy solícito al ayudar con empuje a Froome, su capitán de filas, encuadrado en la escuadra denominada Team Sky, una fortaleza ambulante con poderío fehaciente. De este hecho no puede poner en duda nadie.

Los honores ahí están

Aunque con otra nomenclatura, el Critérium del Dauphiné inició su historia en el año 1947, por obra del entusiasta benefactor Georges Cazeneuve, espoleado por el periódico galo “La Dauphiné Liberé”, que deseaba a toda costa aumentar las ventas de su rotativo. Hasta la fecha hoy, la nación que ha logrado con más autoridad dominar esta prueba ha sido Francia, con treinta y un triunfos absolutos. Le siguen España, con diez, Reino Unido, con siete, a raíz de los triunfos absolutos logrados por Brian Robinson (1961), Robert Millar (1990), Bradley Wiggins (2011y 2012) y en eco reciente debe figurar Chris Froome (2013, 2015 y 2016), que ha conseguido hoy subir la cuota del país que representa.

En el cuadro de honor hemos de colocar a los franceses Nello Lauredi (1950, 1951 y 1954), Bernard Hinault (1977, 1979 y 1981) y Charly Mottet (1987, 1989 y 1992); al español Luis Ocaña (1970, 1972 y 1973), y finalmente al británico Chris Froome, con sus consiguientes y señalados tres triunfos absolutos.

No podemos dejar de mencionar entre los nuestros a aquellos ganadores que perduran en nuestra mente: el malogrado Valentín Uriona (1964), Miguel Induráin (1995 y 1996), Iban Mayo (2004), Íñigo Landaluze (2005) y Alejandro Valverde (2008 y 2009). Vale la pena recordar las actuaciones propicias inscritas por el madrileño Alberto Contador, que consiguió dos segundos puestos en la tabla (2010 y 2014) y un tercero (2009). Esta relación puntual a favor de nuestros corredores españoles nos da a entender que esta prueba entre una cosa y otra nos ha sido particularmente propicia. Sus apellidos quedan plasmados con honor en el historial de esta prueba por etapas integrada en la ruleta ciclista.

Por Gerardo Fuster

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Nacex evita que tu viaje sea un engorro con la bici a cuestas

Los valores que Contador ve en Aru

Sabéis el concepto que en este mal anillado cuaderno tenemos de Alberto Contador, un corredor que es el mejor ciclista en grandes vueltas de su generación (siete generales finales lo avalan) que cuando habla sube el pan. El madrileño este año en ese sentido, en las declaraciones, está algo más comedido que otras veces y no entra al trapo en jardines que le llevan a trampas que él mismo se monta. No hablaremos por eso de su fecha de retirada, algo que obviamente nunca coló. Nos gustó la grandeza con la que cayó en Niza, tanto como la tenacidad de País Vasco luchando hasta el final y nunca dando por perdida la carrera.

Y es ahí donde más nos gusta Contador, “never give up” podría ser el lema que lleva impreso en el alma y que practica a diario con adusta disciplina. El domingo se reivindicó frente a Chris Froome en su terreno. A ver ganar la cronoescalada no es ganar el Tour, ni siquiera decantarlo, pero es simbólico y síntoma de que trabaja bien. Ahora le viene por delante lo más complicado: etapas muy duras, un estado de forma que siendo bueno está aún por testar y rivales que le conocen y le tienen ganas. Nos divertiremos.

Mientras a modo de entremés tuvimos el show ayer de Fabio Aru, un corredor que, admitimos, no nos acababa de convencer, pero que en la tercera etapa del Dauphiné nos ha acabado de ganar. Si a algo se le puede decir tener fe, es a Fabio Aru y lo que deja en la carretera. Contador así se lo ha admitido y ojo que el de Pinto no es de adular los oídos, de rivales, además en este caso.

Aru corrió bajo la presión del peloton durante kilometros y kilómetros y al final ganó una etapa antológica, de esas que seguro se recuerdan más que esas cuestas infralqueables. Ganó a lo Virenque. Su victoria abre otra duda, a priori, con el sardo pocos cuentan para el Tour, yo posiblemente el primero, pero ojo, porque este ciclista de anárquica figura cuando se deja la vida sobre la máquina, es capaz de renacer cuando menos lo imaginemos.

El año pasado lo demostró en el Giro, siempre inferior a Landa, y al final casi hasta da un susto al ganador, y en la Vuelta, en la que no cejó hasta que Dumolin se descolgó en la sierra madrileña. Ello además aderezado con una crono en Burgos por la que seguro casi ninguno de nosotros hubiera apostado. Aru no tiene, es obvio, la calidad de Contador, pero su humildad y trabajo le llevarán lejos, a dónde, cabrá verlo, pero creo no equivocarme si digo que lejos.

Imagen tomada del FB del Dauphiné

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El ciclista Jesús Herrada y su trabajo silencioso

El técnico de ciclistas conocido por todos

Hace unos años, un técnico que seguro muchos lectores de este mal anillado cuaderno conocéis, me habló de dos corredores que tenía en su equipo, el entonces rosado Grandvalira.

Los ciclistas Eduard Prades y Jesús Herrada

Hablo más o menos del año 2009 y me señaló, del excelente plantel que manejaba dos ciclistas: Eduard Prades y Jesús Herrada.

Del primero decir que el otro día ganó en Philadelphia, otra pieza más para el Caja Rural, que para ser pro tuvo que demostrar lo bueno que era cien veces, pero con la persistencia que caracteriza a los cracks se ha hecho un hueco en esa piña verde que es el equipo navarro.

Ciclista joven llamado Jesús Herrada

Camino diferente tomó Jesús Herrada, un ciclista que edades jóvenes me recordó mucho a otro fenómeno como Alberto Torres, hoy campeón del mundo de americana y corriendo en UK.

Ambos me llamaban la atención porque ganaban siendo muy jóvenes ante corredores mas hechos. En el caso de Herrada, además. se daba la circunstancia de que dominaba crono y montaña por igual, era, salvando las distancias, lo más similar a Alberto Contador por esas edades.

El primer Tour de Jesus Herrada

Y en estas que Herrada creció y creció. Se marcó un Tour, el primero que hizo, antológico, y se ha ganado un puesto. Lo mil veces dicho aqui vuelve a cobrar forma, la segunda línea de Movistar es escandalosamente buena, tanto que si hubiera dos o tres equipos de mismo nivel de los azules en España, la explosión de Herrada la habríamos visto hace tiempo.

El la Dauphine, será el turno de los relevos

Pero claro hay un cuello de botella, dos grandes líderes, Nairo & Valverde, e insuficientes citas para todos. Por eso este Dauphiné es perfecto para quienes deben tomar el relevo de los grandes capos.

Sin colombiano ni murciano, Herrada ha logrado un triunfo de esos tan sobrados que recuerdan al Valverde de los buenos tiempos, que por cierto no tiene nada lejanos.

El problema es que esa segunda linea que aludimos entra en edad de merecer y quiere más, como es lógico. Si Jesús Herrada y Ion Izagirre siguen de azules deberán tener objetivos para ellos, pero no caramelitos, objetivos con mayúsculas, dignos de su clase y categoría.

Lo poco que han podido brillar lo han aprovechado tan bien, que si se les abre el abanico, de qué serían capaces.

Team Movistar

Herrada ha tenido suerte, eso sí, en Movistar, porque su maduración se ha sabido llevar de forma admirable. Si en otras cosas Eusebio Unzue no parece tener el tino de antaño, léase tácticas de últimos Tour y Giro, en hacer crecer a los chavales como en su día maduró a otros, siguen siendo buenos, muy buenos.

Marc Soler, Ruben Fernández, Antonio Pedrero y Jorge Arcas están en buenas manos.

Por otro Herrada pertenece a esa generación post Purito-Contador-Valverde, una generación mil veces vilipendiada por esa prensa que sólo ve trabajo cuando se gana.

Esta es una generación que callada y centrada en lo suyo, progresa, sin hacer caso del ruido de quienes ahora se sorprenden de que si, había calidad y trabajo, mucho trabajo.

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El “menú degustación» de Fran Zurita

El 8 de octubre se celebrará la primera “250-4000 CHALLENGE IN COSTA BRAVA”, una marcha que combina sabiamente paisajes de costa y la magia del Montseny

“250-4000 CHALLENGE IN COSTA BRAVA”

Es el nombre del nuevo y singular desafío que propone el ciclista Fran Zurita a los amantes de la bicicleta y de las experiencias extremas. No en vano esta nueva cita contará con la presencia de notables deportistas de toda índole que, seducidos por la propuesta de Fran, ya han anunciado su intención en participar.

El día D es el próximo 8 de octubre y el lugar desde donde se dará la salida, Blanes

“Es una idea en la que mi entorno y yo mismo llevamos trabajando desde hace casi dos años. Todo empezó a raíz de algunos entrenamientos que he compartido con ciclistas profesionales que suelen entrenar por la región en invierno.

Saliendo con ellos, que vienen desde sitios tan diversos y lejanos, me percaté del encanto que apreciaban en la zona y muy especialmente del macizo del Montseny, un lugar de culto, repleto de sorpresas y lugares mágicos” relata el Fran Zurita.

“Fue a raíz de esas experiencias que todo empezó a tomar forma hasta concluir en una ruta excepcional que ha tomado la forma de reto por su dureza y singularidad.

Con ello quiero mostrar los atributos ciclistas de un territorio que ha contribuido a hacerme el ciclista que soy hoy. Son los paisajes de mis entrenamientos y el lugar en el que he vivido desde que nací” afirma el ciclista sub campeón de España 2015 en la categoría élite y que actualmente milita en el Vorarlberg, conjunto austriaco de categoría continental.

La 250/4000, tal como la define Zurita, es un “menú degustación” de lo mucho que esta región puede sorprender al ciclista, una combinación inigualable de belleza y dureza que todos los inscritos en la marcha podrán disfrutar el 8 de octubre.

Oscar Pereiro, “maestro de ceremonias”

El proyecto nace con la idea de rendir un homenaje a los diferentes países donde el ciclismo trenza parte notable de su cultura. Es por ello que cada año se invitará a un país con el que confraternizar de forma muy especial.

Un encuentro de culturas y hermanamiento de nuestra región con aquellas zonas que viven la bicicleta como algo especial.

Para esta primera edición ese país, como no podía ser de otra forma, será España, y es por ello que hemos querido refrendarlo con la presencia de uno de nuestros ciclistas más relevantes y queridos, como Oscar Pereiro, ganador de un Tour, que nos ha concedido el honor de dar el banderazo de salida y participar en el reto.

Un día Bouhanni causará una desgracia

No está siendo mala la temporada de Nacer Bouhanni. Lleva un buen serial de triunfos y algunos en carreras de la historia de París-Niza, Volta y Dauphiné. Sobre la que logró en esta última este lunes, no hemos podido contenernos de algunas apreciaciones, que además sus compañeros de gremio en la velocidad ya han querido retratar en las redes.

El primer sprint del Dauphiné de este año es un vivo ejemplo de ese milagro que se llama equilibrio y que con Bouhanni se ve comprometido a cada metro. El último kilómetro es de traca, tanto por parte del francés, cuya cabeza ha creado molde en el hombro de Alexander Kristoff, como de sus compañeros. Si ya es difícil distinguir a los Cofidis del Katusha, cuando corren como si fueran uno la labor es imposible.

Bouhanni ha ganado su etapa, pero como le pasó en la París-Niza, podría haberla perdido perfectamente si los jueces hubieran fallado viendo el último kilómetro. No se puede correr con más riesgos ni despreciar con tanto atrevimiento la fortuna. Bouhanni es un ciclista que vende, que tiene buena imagen -hablo comercialmente hablando- pero es un peligro, un tipo que un día armará una gorda en el pelotón, del tipo a aquella que lió Marc Cavendish en una Vuelta a Suiza cuando, al verse superado, envistió contra Haussler y arruinó la temporada y el físico de varios ciclistas, entre otros Tom Boonen, quien nunca tiró para el mulo inglés cuando fueron compañeros en el Etixx.

Cada sprint que gana o disputa el francés tiene su miga e intrahistoria. Mirad el vídeo on board. El proceder de Bouhanni es generalizado en su equipo, que juega con las cabezas como con las piernas. Muchos diréis que gana, y sí, ganar gana, pero juega a la ruleta con sus rivales. Sus compañeros galos no son ni la mitad de peligrosos y también ganan. Arnaud Demare se casó con la fortuna y las circunstancias de una San Remo loca para ganar y Bryan Coquard le repasó en los Cuatro Días de Dunquerke. Coquard es un corredor que viene de la pista y como tal su dominio de la bici es ejemplar, no toca el freno, no se cruza y juega su baza sin más.

Ahora viene el Tour, la grande en la que la generación de velocistas franceses estará frente a la creme de la creme mundial. Veremos si alguno de los tres, y especialmente Bouhanni, abre su cuenta, ahí se acabarán las tonterías, especialmente con los alemanes, que además de ser la punta de lanza en los pronósticos, no tendrán problemas en retratar aquello que el ciclista que fue boxeador hace en el asfalto.

Imagen tomada del FB del Dauphiné

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Portabicicletas de techo con carril de aluminio. Equipado con doble pomo antirrobo.

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Fácil montaje sobre todo tipo de barras.
Fijación compatible con todo tipo de cuadros.
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Nairo condiciona a Froome

A raíz del prólogo de ayer en el Dauphiné, Chris Froome ha realizado unas declaraciones que creo más importantes de la trascendencia que se le han dado. El inglés dijo estar satisfecho, que todo va bien, que el trabajo es bueno, que queda mucho, que bla bla bla…, hasta que apuntó hacia algo que curiosamente hasta la fecha no se había planteado en el Team Sky y no es otra cosa que empezar el Tour más relajado para ir creciendo en forma y pegada según avance la carrera.

La explicación mata dos pájaros de un tiro. Por un lado Froome se descarga de lo que pueda irle mal en Dauphiné, le pasa la tostada a Contador, cuando en su fuero sabe que lo que ocurre aquí le interesa y mucho por ese duelo latente que mantiene con el de Tinkoff, que además si os fijáis en los años pares le ha superado como no lo ha logrado en los impares, y también porque a nadie la amarga un dulce y tantas semanas sin competir también necesitan de un triunfo que refrende el trabajo hecho lejos del mundanal ruido.

La otra explicación tiene que ver directamente con el Tour y en concreto con Nairo Quintana. Yo no sé qué jerarquia tienen Nairo y Contador en los miedos de Froome. Creo que son tres rivales que se conocen muy bien y que han tenido cada uno momentos buenos en los que han hecho besar el polvo al de enfrente.

Sin embargo, en los dos Tours que ha ganado Froome quien ha estado ahí, cerca, impacientando al personal del equipo de negro ha sido Nairo, y no Contador. Los miedos de Froome con el colombiano se resumen en la tercera semana y la fortaleza que el de Movistar exibe cuando los demás empiezan a flaquear. Nairo ha puesto en aprietos a Froome en sus dos victorias en el Tour, en ambos momentos espcialemnte en Alpe d´ Huez, cuando la tercera semana parecía hacer la carretera más espesa y pesada que nunca.

La amenaza de Nairo por tanto hace cambiar los planes de raíz en el Sky. Conviene un cambio, total y absoluto, un giro respecto a todo lo que se ha hecho hasta la fecha, que no era otra cosa que el plan que activaban Indurain y Amstrong cuando veían las primeras cimas: atacar a fondo, abrir hueco y gestionar la ventaja.

Froome trabaja con otra hipótesis, la de ir creciendo durante la carrera y alcanzar al final el mejor momento. Se evitará los sustos del último momento, posiblemente, pero también abre la puerta a la interpretación, el inglés de raíz keniata valora y mucho el redimiendo y posibilidades de Nairo, y eso es, en otros deportes, un triunfo que se empieza a definir a los puntos a favor del excepcional escalador colombiano.

Imagen tomada de FB del Tour de Francia

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Por tercer año consecutivo los amantes de las dos ruedas tienen una cita en el Parque Natural de Somiedo – Asturias.

El 20 de Agosoto la Clásica Puertos de Somiedo te brindará la posibilidad de subir 4 puertos de la Vuelta a España finalizando el el Alto de la Farrapona Lagos de Somiedo. Pero para llegar alli habremos tenido que pasar el Puerto de Somiedo (1ª cat), Puerto de Ventana (3ª cat), y el temido Puerto San Lorenzo (cat especial) con unos 5 últimos km que no bajan del 10%.