Deceuninck-Quick Step, las 750 victorias ya quedaron atrás

Deceuninck 750 victorias JoanSeguidor

El Deceuninck sigue siendo la multinacional del triunfo

Epic gran canaria

La multinacional del triunfo sigue siendo belga, responde al nombre de Deceuninck y la dirige Patrick Lefevere. 

La suya es una historia de éxito que se perpetúa en el tiempo y la geografía, con el pie en el podio de varios países.

Así le cayeron tres victorias en dos días entre América y Oceanía, el mapamundi lleno de chinchetas en el despacho.

 

Un recital de éxitos que no quiere pararse en la zona de confort, carreras de un día y sprints.

Remco Evenepoel viene con idea de ser el vueltómano de los azules, abriendo la cuenta desde ya, con una general en San Juan que dispara las expectativas.

Desde el primer momento que puso el pie en pros, Evenepoel marcó distancia con el core del equipo, «lo mío son las vueltas» dijo y señaló corredores como Alberto Contador,

Curioso en un país como Bélgica y en un equipo como el Deceuninck.

Pero mientras Evenepoel ataba la general, cayó el éxito de Zdenek Stybar, en capilla de defender importantes triunfos del año pasado para continuar la racha de inicio de temporada.

Una racha que deja de ser racha para convertirse en tónica.

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En la Cadel Ocean Race un desenlace precioso entre Dries Devenyns y Pavel Sivakov le dio el triunfo al primero, una victoria que podría ser una más si no significara la número 750 en el libro de cuentas del equipo dirigido por Lefevere.

El inicio es 2003, cuando Quick Step entró en el maillot, heredero del mítico Mapei. 

Desde entonces mitos en vida han vestido esos colores, los han vestido y hecho enormes las vitrinas de la estructura, desde Johan Museeuw a Philippe Gilbert, con Tom Boonen el tríptico de la religión flamenca, una estampa a veces más trascendente que el cordero místico que descansa en la catedral de Gante.

La fortuna no cae del cielo, se trabaja y cincela, se reúnen egos, se complementan y se toca el cielo, una bóveda de 750 victorias.

El dominio del Deceuninck-Quick Step viene de largo

Deceuninck Paris Roubaix JoanSeguidor

En el Deceuninck-Quick Step las cosas vienen de más allá de los veinte años

 

Hay una máxima en el Deceuninck-Quick Step que reza sobre la excelencia en todo lo que se emprende, en la exigencia máxima, en que el trabajo se sólo para un fin: el éxito.

Pero la excelencia es una cosa, y la cuenta de resultados otra.

El Deceunick-Quick Step no es un pozo sin fondo, y en el encaje de figuras del calibre de Alaphilippe, Stybar, Lampaert… los números no siempre maridan a favor.

La temporada 2020 es la temporada de la salida del Deceunick-Quick Step de Enric Mas, Philippe Gilbert y Elia Viviani.

Poca broma, es hueso, core de una estructura que hizo del triunfo el hilo de una campaña, otra, que ha sido memorable.

 

Pero caen en gracia once ciclistas, algunos como Sam Bennett que veremos si rinde al 120% como lo hace cada perla que cae en las manos de Patrick Lefevere, el director que cada año empieza la campaña como un libro escrito de cero, hojas en blanco con la intención de llenarlo de euforia, resultados y podios.

En la entrada de nuevos talentos, podemos descontar que la savia nueva vendrá cargada de calidad, siguiendo la senda de los Remi Cavagna, Florian Sénechal, Álvaro Hodeg y el killer Fabio Jakobsen.

Todos jóvenes, todos con brillo desde el inicio, haciendo del ojeador de este equipo, o equipo de ojeadores, algo muy preciado.

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En la historia del ciclismo hay una colección de mecenas extensa que además viene a nuestra memoria vestidos de colores, estampados y líneas que tan bien recogen en este libro.

Que un patrocinador pueda permanecer más de dos décadas, fiel a este deporte, que además estas dos décadas, pensadlo bien, hablamos desde 1999, hayan sido problemáticas hasta la saciedad, y ello no haya espantado al inversor, es loable, casi milagroso.

Quick Step, sabéis es una marca de parquets y suelos laminados, lisos, bien acabados, pulidos, que heredó toda la grandeza del Mapei, el otro bloque azul, el equipo que se manejaba a las mil maravillas por suelos ásperos, saltarines, adoquinados.

En 1999 Quick Step irrumpió en el ciclismo  como segundo de bordo de Mapei.

Era el Mapei-Quick Step.

Tres años después esa estructura pasó a ser el Quick Step-Davitamon.

Nombres que suenan a prehistoria, pero que son de este siglo, de hace quince años escasamente, cuando Patrick Lefevere se entendió con Frans de Cock, entonces CEO de Unilin, el propietario de la empresa de laminado.

Hoy la estructura azul acumula más de 750 victorias, la cuenta sale fácil, más de treinta por temporada, una media que impresiona, como los nombres que las firman, desde un tal Johan Museeuw a Philippe Gilbert, una cuenta de estrellas, imágenes, éxitos en medio de tormentas, que habla de la grandeza de este deporte y de lo que puede ofrecer durante el tiempo.

Hay varios momentos memorables.

Esa Milán-San Remo que gana Pozzato, con Boonen en arco iris detrás, celebrándola como propia, cuando lo que hacía es de tapón, evitó la hemorragia por detrás. Porque Boonen es capital en esta empresa: un año perfecto, el 2005, campeón del mundo, ganador de Roubaix, de Flandes.

Fue el año perfecto, como los dos Flandes de Stijn Devolder o los mundiales de Paolo Bettini, el corredor guindilla, la pesadilla de los rivales.

Cambian los compañeros de viaje, pero Quick Step se hizo hace tiempo su nombre en la historia del ciclismo.

Deceuninck o Quick Step: los maestros del adoquín

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Esta Roubaix del Deceuninck es otra más para los anales

Ayer cuando en el velódromo de Roubaix, Philippe Gilbert salía de a pista camino hacia el podio, Patrick Lefevere le esperaba el primero de una larga ristra de gente que quería saludar al campeón.

Entonces pensamos en ese director belga y todo lo que atesora, tras de sí.

Y nos acordamos de un artículo que escribimos hace unos años, a raíz de leer la historia del capo del Deceuninck en una revista francesa.

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Permitidnos recuperar estos párrafos…

Patrick Lefevere no es un tipo cualquiera en el ciclismo actual, ni en el de hace veinte años. Sus quehaceres son arquetípicos en este deporte. Comparte rasgos con otro de los grandes directores de la historia, Cyrile Guimard. Ambos empezaron en el negocio pronto. Lefevere a los 24 años cuando era un ciclista en plena proyección con triunfos interesantes en su ultima campaña, una etapa de la Vuelta y la Kuurne, entre otros.

Pero Lefevere no quería ser segundón, ni siquiera la sombra de las no pocas estrelas que convivían con él. Merckx, De Vlaeminck, Van Impe,… mucha leña, mucho gallo para tan poco corral. Mejor ver la “corrida” desde el burladero, desde el coche. Y así se embarcó en proyectos y así vio como desde que empezó a trabajar mano a mano con Walter Godefroot y dirigir al propio De Vlaemink, fue creciendo poco a poco, con una ingente cantidad de estrellas, de padawan pasando por sus manos.

Lefevere convenció a Johan Museeuw para que preparara las llegadas a Mario Cipollini. Dirigió la orquesta del Mapei, a veces con riesgo de morir de éxito, como la vez que tuvo que dictar desde el coche y con tino el podio de la Roubaix de 1996. Si el patron Squinzi le dijo que llegaran Tafi, Museeuw y Bortolami al velódromo de Roubaix, Lefevere decidió el orden de llegada sin importarle los ruegos de Tafi, que tenía a su pareja a punto de dar a luz…

Con los años redimió a Richard Virenque, que se declaró limpio de todo lo que pasó en el Festina y con los años reunió otro equipo de grandísimos clasicómanos que suma y suman triunfos entre Flandes y Roubaix con Devolder, Boonen, Terpstra…

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Son cuatro trazos largos sobre una vida vertida al ciclismo.

Ver a Patrick Lefevere ayer en Roubaix permitía rememorar lo mucho que lleva a cola este director, este equipo.

Son los maestros del adoquín, especialistas en domar la piedra con cantidad y calidad, con talento, mucho, pero también estrategias que, lo estamos viendo, son buenas.

 

Aúnan todo bajo un paraguas, mueven piezas, algunas quedan por el camino, por ejemplo el valiosísimo Keisse, pero ponen otras en su lugar y se hacen omnipresentes.

Se preguntaban antes de las «majors», antes de Flandes y Roubaix: ¿Cómo derrotar al Deceuninck?

Pregunta sencilla sobre el papel, pero de complicada respuesta.

 

Porque además de correr con una perfección engrasada en base a años de dominio, se hacen querer como un equipo con todos los matices.

Cualquier corredor del Deceunick cuando trabaja para un compañero sabe que llegado un día, los otros se entregarán por él con la misma incondicionalidad.

Philippe Gilbert cubrió a Terpstra el año pasado, como él le cubrió ayer Lampaert, como Gilbert ayudó al vigente campeón belga en A Través de Flandes, como Alaphilippe a Jungels en Lieja, como Schachmann a Alaphilippe en la Flecha, como Trentin a Gilbert en Flandes, como…

Podríamos estar hasta el infinito.

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Deceuninck – Quick-Step 700 Victories

Sunday's victory in Paris-Roubaix was the 700th of Deceuninck – Quick-Step! An historic achievement for which we want to thank to all the 156 riders that have sported our jersey, the amazing staff and sponsors, and the superb fans that continue to support us.Video: La Pédale

Publicada por Deceuninck – Quick-Step Cycling Team en Domingo, 14 de abril de 2019

Ya lo veis, entran y salen nombres, pero el espíritu es el mismo, y así continúan, alargando la leyenda de hace veinte años y más, cuando coparon el podio de Roubaix, cuando ganaban con los nombres más diversos y de todo calado.

Un equipo en el que brillan las grandes leyendas de Tom Boonen y Johan Museeuw, pero que ha premiado gregarios y les ha aupado al primer tramo del podio.

Devolder, Tafi, Lampaert… han ganado o pisado grandes podios

En Flandes, hace una semana, en una carrera en la que fueron a contrapié casi todo el día, Kasper Asgreen fue segundo.

No han sacado el pie del podio, ni siquiera en los días malos.

 

Y en esta historia Gilbert ha granjeado también su suerte, poniéndose al servicio del colectivo, cuando se le ha pedido.

Ayer con Lampaert, estaba claro que iban a una, que uno u otro, en el momento que rompieran la cabeza, se cubrirían y llegarían hasta el final.

 

 

Primero, tercero, quinto y octavo: esas son las plazas de Roubaix que ocuparon los azules, dominio efectivo y real.

Cuando salen a una carrera como Roubaix sólo saben remar y sumar, remar y sumar.

Ocupan el tiro de cámara, lo llenan

Enfocan delante dos azules, bueno uno de ellos el tricolor belga, enfocan atrás, otros dos.

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Puede parece sencillo, pero no lo es, no es sólo cuestión de presupuesto, es gestión de personal y de no pocos egos.

Este equipo ha sobrevivido admirablemente a la retirada de un coco como Boonen y no contento con ello, querría tener en sus huestes el cuarto ciclista de la historia capaz de tener los cinco monumentos en su zurrón.

Imagen: ©Tim De Waele/ Getty Images

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E3 Harelbeke: Zdenek Stybar hace buenas las teorías del Deceuninck

Zdenek Stybar Het Nieuwsblad JoanSeguidor

La teoría de grupo del Deceuninck no se acuerda de Tom Boonen

El otro día divagamos sobre la suerte del Trek sin Fabian Cancellara.

Y no era gratuito, porque un equipo que se deja un buen presupuesto en clásicas y buenos especialistas, no logra una «major» desde que Fabian Cancellara se impusiera en aquel magnifico sprint en Flandes a Vanmarcke y Van Avermaet.

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La suerte del Deceuninck, el equipo histórico de Tom Boonen, ha ido por otro lado

No fueron pocas las veces que nos preguntamos cuán alargada sería la sombra de Tom, una vez colgara la bicicleta, pero tampoco fueron pocas las ocasiones que dijimos que el equipo de Lefevere correría mucho mejor sin Boonen.

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No hace tanto los azules se fueron de vacío de la primavera.

Y creo que el tiempo nos ha dado la razón.

El Deceuninck cuenta las mejores clásicas de lo que llevamos de temporada por éxitos.

No sólo eso, si miramos, veremos que además son tantos éxitos como corredores que los suscriben: desde la Cadel Evans de Viviani a la Strade de Alaphilippe, cuando no su San RemoMilán-San Remo: Julian Alaphilippe, ese corredor que todo lo puede

Sumadle la Het Nieuwsblad de Stybar, también Harelbeke, la Kuurne de Jungels y Le Samyn de Senechal.

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Esta maravilla estadística del sucesor del Quick Step se asienta en el liderato coral y un trabajo en equipo que rara vez se ve tantas veces ejecutado en la carretera.

Hay capos, sí, pero también muchos ciclistas marcados para tener, un día determinado, su oportunidad, y eso les tiene a todos a tope.

 

Antes de entrar en el Herelbeke de Stybar, queremos centrarnos en dos corredores que ya no son ni promesas ni exóticos en los primeros puestos.

Porque tanto Bob Jungels como Julian Alaphilippe son el paradigma del éxito en el trabajo del Deceuninck con sus primeros espadas.

Ambos son los vigentes ganadores de las clásicas de las Ardenas, Flecha y Lieja, y ambos han ganado sobre adoquín y tierra este año.

 

¿Qué está pasando en el Deceuninck?

Pues que no se les pone nada por delante y están resolviendo a placer todas y cada una de las situaciones que se les plantea porque corren si corsés, sin ese plomo que era tener que mirar siempre atrás por si venía Tom, por si guardaba opciones para ganar.

Recordamos aquella Het Nieuwsblad en la que Stannard se bastó para ganar a tres Quick Step, y vemos esto para comprobar que han aprendido la lección y sacado lo mejor de aquellas experiencias.

 

Experiencias amargas, sólo cabía ver la cara de Terpstra y Boonen en el podio con el inglés en medio.

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Harelbeke es una de esas joyas del calendario

Le dicen un pequeño Tour de Flandes, como a otras, pero es que se corre, ya, en el cogollo de la primavera flamenca.

Bob Jungels le ha dado una vuelta de tuerca y Zdenek Stybar lo ha rematado

Una estrategia perfecta que provee la victoria que empezamos a dar por descontada.

Una victoria en dos tramos, con sendas rúbricas.

Bob Jungels poniendo todo al límite, obligando a sacar lo mejor de Greg Van Avermaet y Zdenek Stybar rematando su posición privilegiada.

Al checo no le dio el aire al final y eso fue decisivo en el sprint definitivo.

Los últimos cuarenta kilómetros de Harelbeke son para enmarcar

Un compendio de emociones e imágenes que por mucho que veamos cada año, nos llenan como el primer día.

Y una exhibición de recursos por parte de los azules cuyos extremos van, insistimos, de Alaphilippe a Jungels.

Todos los demás quedan en medio,

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Julian Alaphilippe es el corredor franquicia del pelotón mundial. 

No sé si un día se centrará en una grande, creo que no haría bien, porque por el camino el ciclismo se perdería un corredorazo que regala momentos de ciclismo de nivel.

Es fino, con clase y certero.

Caja Rural, el maillot que recoge más de treinta años de ciclismo 

Bob Jungels por su parte es una fuerza bruta metido a ciclista. 

Recuerdo aquel Giro que llevó al límite a Andrey Amador durante kilómetros y kilómetros.

Su cilindrada no le da para tres semanas, pero sí para trepadas como las de Lieja o Kuurne o para cerrar huecos en medio de abanicos con la carrera enloquecida.

Pensamos que Harelbeke iba a ser de Jungels, le sobraron siete kilómetros.

Los dos son puntas de lanza, sí, pero también, grupo y equipo: líderes cuando se les reclama pero compañeros que saben guardar las espaldas.

Con esa filosofía, el Deceuninck lleva pero que muy bien la ausencia de Tom Boonen.

Imagen: © Tim De Waele / Getty Images

El rodillo es azul y se llama Deceunick

Florian-Senechal-Le-Samyn-1---_Luc-Claeesen---Getty-Images JoanSeguidor

Sénéchal prosigue la historia que Jungels dejó en suspensivos…

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Qué final más bonito de Le Samyn. 

Es primavera en esencia, carrera con cuatro World Tour, 200 kilómetros, adoquines, muros y en Valonia.

No en Flandes.

Pero poco importó, la primavera, en la ceja que limita Francia con Bélgica, sabe a gloria, su ciclismo es bonito, te quita el sueño y te entretiene como si fuera un monumento lo que está en juego.

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Lo habíamos dejado con Zdenek Stybar ganando la Het Nieuwsblad.

Retomamos la crónica en la Kuurne-Bruselas-Kuurne.

Una crónica que escribe de su puño y letra Bob Jungels, el misil que viste los colores de Lumxemburgo y que rodó como los ángeles en la primera gran exhibición de la primavera, manteniendo el pelotón a distancia durante kilómetros y más kilómetros.

En una clásica de adoquín, triunfó el vigente ganador de Lieja.

Valonia, Flandes, Flandes, Valonia… tanto monta porque en Le Samyn el ganador fue francés.

Y fue un hombrecito de azul, un poderío en la pedalada, y en el control, un eslabón más en el Deceuninck.

Florian Sénéchal no ganó el año pasado pero su nombre asomaba en la segunda línea del wolfpack.

Como los nombres de Cavagna, de Jakobsen.

Es la segunda línea del entonces Quick Step, hoy Deceuninck, que cuando se la reclama sale y juega a ganar.

Porque Le Samyn fue una pizarra que los azules movieron a conveniencia ante una concurrencia nada sencilla.

Entre adoquines descarnados y cotas sin desnivel, Sénéchal se plantó como la carta de Lefevere frente al poderío neerlandés.

Lars Boom y Niki Terpstra se movieron tarde, pero con tiempo que coger la cabeza y hacer trizas lo que quedaba de vanguardia.

En cada movimiento, en cada alarde, Sénéchal, se ponía paralelo, les miraba y desafiaba el poder establecido.

Teníamos expectación por ver a Terpstra fuera de la manada: ya sabe lo que es correr contra tres o cuatro del mismo equipo y no en el tuyo.

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El francés corrió de diez, manteniendo a raya el poder tulipán y guardando las espaldas de Tim Declerq, que nadó y nadó para acabar en la orilla.

Volvió a ganar el Deceuninck, el equipo de las maravillas y aún hay quien dice que no le conviene a Enric Mas.

Pero si es una máquina de ganar y de pertrechar estrategias exitosas, estar aquí es respirar ambición y poner el alma en cada momento.

Y mientras Enric crece y se hace, no puede estar en mejor grupo.

Un grupo que lleva trece victorias, el pleno en las clásicas y amenaza con nuevas conquistas.

Las carreteras blancas escribirán el nuevo párrafo.

En el Deceuninck no conocen el respiro

Zdenek Stybar Het Nieuwsblad JoanSeguidor

El Deceuninck lleva diez victorias sin haber acabado febrero

Hay una cifra que no sé si obsesiona en el Deceuninck, el renovado Quick Step, pero que sí flota en el ambiente: 72.

Son las 72 victorias que el equipo, cuando era Quick Step, firmó en 2018 en una de esas temporadas que quedan en el almanaque como imposible de repetir.

¿Imposible?

Cabrá ver si lo es o no, o al menos que no quede por intentarlo.

El Deceuninck ha empezado enchufado, como el año pasado o más

Diez triunfos en la tercera semana de febrero es la carta de presentación.

Había cierto disgusto sobre lo visto en la cumbre de Malhao, la cumbre final del Algarve por la estrategia del equipo azul sobre el rol de Zdenek Stybar.

El checo se aferró al triunfo a la rueda de Kragh Andersen sin pensar en las opciones que Enric Mas podía tener por detrás ante el joven Pogacar.

Que Stybar hubiera esperado a Mas no sé si habría cambiado el desenlace en la general, porque el mallorquín, al margen de Andersen, tenía Poels y Pogacar por delante.

Sin embargo, sea como fuere la estrategia de amarrar el triunfo parcial, por encima de todo, denota que en el equipo belga cada victoria es una gota de sudor que no se va a desperdiciar.

Stybar ganó y pasó a forma parte de un listado que crece y crece.

Son diez victorias, decimos, pero con siete corredores.

El Deceuninck es un equipo coral

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En ese listado ya están pesos pesados como Julian Alaphilippe, Elia Viviani o Bob Jungels.

Pero también la chavalería que crece, desde Fabio Jakobsen a Alvaro Hodeg, quien ejerce de Gavia de facto.

Y por encima de todos Philippe Gilbert, el patriarca que lo ha ganado casi todo y que afina su condición para San Remo, el apetecible, aunque improbable objetivo del mes de marzo.

Patrick Lefevere tiene el equipo a pleno pistón y no han empezado las clásicas, a donde siempre acude con la necesidad de justificar el enorme talento que tiene a bien gestionar.

Mientras foguean a Remco Evenepoel por los Emiratos, la plana mayor piensa en adoquines, muros y látigos.

Cruz Race: portabicicletas de techo con diseño funcional 

Equipo en modo clásicas y problemas, verdaderos problemas, para conformar un ocho titular entre tantos y tan buenos nombres…

Entre Keisse, Cavagna, Declerq, Morkov, Richezze, Viviani, Sabatini, Keisse, Senechal, Vakoc, Gilbert y las joyas de la corona, Stybar & Lampaert.

Ya no están Schachmann, ni Terpstra, ni Gaviria, pero es lo de siempre, el Quick Step, ahora Deceuninck, es el equipo que siempre, siempre, siempre sale a flote.

Como el mismo Patrick Lefevere.

Imagen: © Tim De Waele / Getty Images

Quick Step, ya no sólo importa ganar

Quick Step - Max Richeze JoanSeguidor

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Los problemas de patrocinio del Quick Step demuestran que las empresas buscan otras cosas en el ciclismo

La primera etapa de la Vuelta a Turquía, su desenlace concretamente, evidencia que cuando un equipo, dígase Quick Step, está en racha, es imparable.

El triunfo que se lleva Max Richeze, que significa el 70 en la actual campaña, viene precedido de una caída de Fernando Gaviria y un resbalón en una curva de Alvaro Hodeg.

Con los dos colombianos fuera de juego, emergió lo que Antonio Alix llamó el plan C, el as en la manga, y el argentino que tantos triunfos ha servido  sus compañeros ha tenido su momento de gloria.

Merecido.

El patrocinio de Quick Step

No habían pasado ni veinticuatro horas que Patrick Lefevere presentaba en la lejana Bélgica el nuevo nombre del Quick Step.

Es otra marca relacionada con el equipamiento del hogar, pasa de parquets a marcos de ventana.

A Lefevere le tienen que estar haciendo gratis la casa, no cabe otra.

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Sea como fuere el retraso del anuncio de este nuevo patrocinio demuestra que las cosas no son sencillas para nadie.

Ni siquiera para este Quick Step de récord.

El equipo azul ya estaba anunciando la salida de algunos de sus puntales: Schachmann, Terpstra… e incluso había rumores sobre Gaviria y Mas.

Entiendo que la sangría acaba aquí, aunque cierto daño ya se ha hecho, si bien el año pasado vieron partir a De la Cruz, Trentin, Kittel y Dan Martin, y mucho no los han extrañado.

De cualquiera de las maneras, quien pone dinero en ciclismo está claro que no sólo busca resultados.

Obviamente ganar cuenta, más en ciertas carreras donde hay overbooking, pero no lo es todo.

Y Patrick Lefevere lo ha entendido.

Él, que viene de un ciclismo donde apretaba la mano del patrón de la marca que le ponía los medios, introduce en su discurso términos como «experiencias VIP» para nuestros clientes.

Los debe sacar de paseo, para que vean el circo por dentro y vean la cantidad de gente que les admira desde cuneta y otro lado de la televisión.

Además ha creado una tienda tematizada en un centro comercial de Kortrijk, enclave muy querido por la gente del ciclocross.

Allí pone a sus ciclistas a atender a los fans cada poco.

Lo mismo que la edición de un libro para resumir su temporada de récord.

En Nacex, tu bici en destino 🙂 

Son apuntes, pinceladas, que así sueltas pueden parece poco, pero que hablan de que los tiempos cambian y que si Quick Step ha hecho lo que ha hecho es porque ha pensado mucho más allá de la propia carrera en la que tomaba parte.

Quizá aquí también resida el argumento de que el ciclismo, tal y como está montado, no es ni viable ni rentable.

Ahora, con Deceuninck, vaya con el nombre, tendremos más y mejor.

Imagen: © Alex Livesey / Getty Images