Las grandes de Contador: Vuelta de 2012

La segunda Vuelta de Contador siempre será la de Fuente Dé

El verano de 2012 estaba siendo el verano británico, el verano de los Juegos de Londres que siguieron al Tour de Wiggins y Froome, el verano del boom de la pista inglesa, el verano que en ciclismo, en España, sin embargo, fue el de la vuelta de Alberto Contador.

Dos largos años habían pasado desde el positivo de Pau, Tour de 2010. Alberto Contador en amarillo es cazado y purga la pena, dos años en blanco, por mucho que ganara ese Tour y el siguiente Giro. Lo que ocurre en ese periodo mejor obviarlo, centrados en la competición, recuerdo a Contador, recién vestido de ciclista en el Eneco Tour, si hasta subió a la capilla.

Aquella Vuelta a España empezaba en Pamplona. En el templete de la Plaza del Castillo Contador charla con Miguel Indurain para deleite de los fotógrafos, premonitorio.

Pero no fue sencillo, nada sencillo.

Desde la primera llegada en alto, Arrate, atesada de aficionados, en pleno mes de agosto, se comprueba que Alberto Contador no rompe. Lo intenta el primero, varias veces, además. Otras tantas Joaquim Rodríguez y Alejandro Valverde le toman la rueda. Chris Froome, carente de la forma del Tour en el que le tocó esperar a Wiggins, tarda más en reaccionar, pero se suma a la fiesta.

Y así transcurren las etapas. Jaca, Andorra e incluso las llegadas gallegas.

 

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Con Valverde desplazado en una caída previa a la llegada a Valdezcaray y Froome a remolque toda la carrera, el rival, el principal desvelo de Contador, es Purito, rojo a full, que sale reforzadísimo de la crono pontevedresa.

Purito, líder, se acopla día tras día, montaña tras montaña a Contador, y le supera en meta. Cada llegada lo mismo. Más rápido y en un estado de forma sublime, el de Katusha supera Ezaro, Ancares y hasta la cima más allá de Pajares, en rojo.

“Desde aquí se ve Madrid” recuerdo que dijo en Pajares, sabedor que lo más complicado podía haber pasado.

Se equivocó.

En la etapa de Fuente Dé, una jornada de pizarra que exigía arrestos para atacar de lejos, Contador lo hace. Encadena varios saltos, hasta que en uno toma distancia, la perdición de Purito, solo, sin equipo y con el Movistar jugando a no sé qué.

Contador tendría compañeros y amigos, en concreto Tiralongo, por delante. Sentenciaría la Vuelta en la etapa más inesperada. Miles de subidas, miles de porcentajes imposibles y la jornada más liviana, sobre el papel, decide. Cosas que pasan.

En los anales del “contadorismo”, Fuente Dé sería como la cueva para Covadonga y así, mucho tiempo después sigue ocurriendo. Aquella victoria fue la de un ciclista que a sabiendas de no ser el de antes de la sanción, nunca cejó en el empeño y eso también le honró. Aún vendrían otras dos grandes.

Imagen tomada de RTVE

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Cadel Evans y la inspiración de Richie Porte

Mucho tiempo después, y a pesar de todo, Richie Porte sigue en primera línea

Una de las principales novedades del ciclismo presente respecto al de hace unos quince o veinte años, es el amanecer australiano de la temporada ya en enero. Ya en las fiestas navideñas oímos de equipos y alineaciones para el Tour Down Under y la carrera de Cadel Evans y paulatinamente, el histórico letargo invernal se deja atrás al ritmo del calor austral.

En unos días estaremos con la mirada en el estío de Adelaida, “south Australia” como reza el slogan, y seguramente el nombre de Richie Porte sea uno de los más pronunciados.

Porque su condición de australiano le confiere a Richie Porte la responsabilidad patria de estar bien ya en enero, lejos de su ansiado Tour y los meses decisivos de la campaña.

Compañero de Froome en el Team Sky, le ayudó en dos de sus cuatro Tours, así como a Wiggins en el que ganó en el 2012. Richie Porte decidió un día jugársela en el BMC donde ya cumplirá su tercera campaña y sigue en el punto de partida.

Porque si miramos atrás, veremos que de Richie Porte siempre escribimos lo mismo en este periodo del año: que tiene condiciones, que aspira a todo, que es un corredorazo, pero….

Siempre eso, un pero, la eterna duda, la sombra alargada de algo que pasa inesperadamente. Un cambio de rueda no permitido, una caída, un corte, un percance. Richie Porte encarna en su pequeño pero poderoso cuerpo la carencia de duende y lo que ello comporta.

Con Richie Porte tomamos conciencia de lo complicadísimo que es triunfar en este deporte, de las muchas variables e imponderables que completan el puzzle de un campeón y de cómo en un segundo todo se puede ir al traste.

Richie Porte dejó el año pasado el Tour en una tremenda caída en el mismo puerto en el que ya, un mes antes, había tenido problemas en el Dauphiné.

Bajar es otra de las facetas que se le exige a un ganador de Tour, más cuando la organización tiene a bien poner llegadas de este estilo, dos o tres cada año.

En ese puzzle del campeón, a Richie Porte le faltó esa pieza el año pasado, y su salida del Tour demostró que con todas las condiciones del mundo, que incluso con una temporada para enmarcar, las cosas no son ni fáciles ni sencillas.

Riche Porte, por eso, no desiste. Sigue a lo suyo, sabe que por condiciones es aspirante natural a la mejor carrera, y volverá a intentarlo. Quizá la falta de suerte la pueda suplir con eso, perseverancia, insistencia y voluntad.

Que mire en casa, y vea que un australiano de BMC acabó ganando el Tour cuando quizá muchos lo dimos por amortizado. Cadel Evans puede ser el espejo de Richie, quizá hasta le explique cómo lo hizo, aunque pésimos estrategas como los Schleck hay cada vez menos.

Imagen tomada del FB de BMC Racing Team 

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Mi viaje al corazón de Orbea

Cuando recibí el encargo de escribir el libro de los 175 años de vida de Orbea, me surgieron varias preguntas, pero una principal : ¿Por qué se fijan en un escritor barcelonés para tal cometido?. Hizo falta una primera toma de contacto para saber el motivo. Desde el primer día, el primer apretón de manos, las primeras palabras, quedó claro el objetivo: abrir las puertas de la casa Orbea de par en par. Lo que hay en ese libro es así, sin cortapisas, sin filtros, es tal cual, la historia de una empresa que hecha raíces en 1840 con avatares repartidos en tres siglos diferentes y multitud de vicisitudes históricas por medio.

Y así empezó el viaje, y espero no dejarme a nadie, porque además de injusto, delataría la frágil memoria que define nuestro tiempo. Abrieron las puertas de su fábrica de Mallabia, y conocí a los socios fundadores, gente que hace cuarenta y pico años jugaron con sus ahorros y desvelos para sacar adelante una empresa al borde de la desaparición. De aquellas personas, hay muchos testimonios hoy y algunos vivos, muy vivos, pues las generaciones venideras entraron por ellos y admiten en confianza que en su casa “Orbea era el tema de conversación en las cenas. También hablé con los Orbea de sangre, los que conectan con los tres hermanos y hermana, y en su corazón siguen llevando muy adentro lo que fue la marca que llevó su apellido.

Su tiempo fue el de Eibar, cerca de donde están ahora. La imposibilidad de crecer les llevó al otro lado de la frontera, a Bizcaya, a Mallabia. En esa mudanza Carmelo Urdangarín se empleó a fondo, también para explicármelo. Igual que la terrible gestión de los ochenta, momentos críticos en los que Ignacio Ciarsolo y Jesús Baranda tomaron el testigo de decisiones no siempre gratas, más tratándose de una cooperativa. Pero salieron a flote y llegó Miguel Ocaña con la apuesta de la gamma alta, producto propio e internacionalización en un mercado que no compraba las BTT que sobraban. Hoy Jon Fernández es el rostro más reconocible, pero un grupo de inquietos colaboradores le secunda.

Y en ese círculo conocí a Miguel Angel Estandía que me contó lo de hoy, lo de ayer y lo de anteayer, a través de su encantador padre, y a Aitor Larrañaga, que fue el que dio forma a las primeras bicicletas de la cacareada “gamma alta», y Miriam Bengoetxea, que es tan encantadora hablando como conocedora del trenzado del carbono, y a Joseba Arizaga, que sabe de todo y mucho, y a Xabi Narbaiza, que es gen eibarrés en el carcasa de la BTT, y a Jon Coloma, que comanda la suerte de Orca, y a Juan Carlos Nájera que idea Monegros, la Vitoria Gran Fondo… también a Pilar, venida de Zeus, qué más puedo decir.

Ideas e ideólogos, pero las ideas necesitan escaparate donde probarlas y sus atletas  no escatimaron tiempo en colaborar. Ahí estuvieron personajes que tenía en estima y que en persona corroboraron lo bueno que me transmitían. Sí Marino Lejarreta, sencillez en lo que dice y hace,  Jokin Mujika, lo mismo pero con una sonrisa más generosa si cabe, Roberto Lezaun, la simpatía en persona, Andoni Olaberria, timidez donostiarra, y Samuel Sánchez, que en su garaje guarda el 99% de las Orbeas que utilizó en los grandes momentos. Emergieron el perenne encanto de Txomin Perurena, la infinita memoria de José Kruz Mujika, la espontaneidad de Laiseka, la timidez de Egoi Martínez y la complicidad de Iban Mayo. Ah, e Ixio, un duende entre bicis y maillots.

Y de Perico, qué decir de este tipo que rara vez cae mal, pues que las dotes de televisión las llevó al corazón de la fábrica con una soltura tal, que hasta los cámaras iban a su ritmo y no al revés. Qué suerte tuvo la marca, cuando en los críticos ochenta pensó en él.

Y de esta manera dimos forma aun libro, un libro en el que sale mi rúbrica, pero considero coral, porque sólo cuando te abren las puertas de la casa de par en par, te la enseñan, te conducen por ella y te tratan bien, sin condiciones sale algo que merece la pena. Ese libró corrió por las manos de los invitados al acto de este jueves, en el que muy a mi pesar no pude estar, porque no tengo el don de ubicuidad, pero estuve en corazón, porque desde hace un tiempo mi corazoncito es un poco azul. Gracias Ander, gracias Arantza. Zorionak Orbea.