José Antonio González Linares y la bendita “casta de comentaristas”

José Antonio González Linares fue uno de los mejores ciclistas españoles de la década de los setenta. Si no me equivoco sigue siendo el corredor con más victorias en la Vuelta al País Vasco y tiene en su haber triunfos simbólicos en los que incluso batió a Eddy Merckx, nada menos. Con el tiempo fue alcalde de su pueblo, que supongo estará en Cantabria, la patria del incorruptible Miguel Angel Revilla “mírame a los ojos y dime que no te has dopado”. Pasó también por director de equipo y estos años pulula comentando, y desinformando, sobre ciclismo en los medios del Grupo Prisa.

“Habría sido vergonzoso si llega a ganar Cavendish” firma González Linares en la edición de este viernes 5 de julio en el Diario As. El exciclista, exalcalde y exdirector argumenta las reiteradas “ayudas” que siempre ha recibido el ciclista inglés para mantener su sitio en carreras y pelotón. Argumenta que fue ayudado por un coche, que le remolcaron y que ello le devolvió a posiciones de disputar la etapa.

Aunque lo que dice no deja de ser cierto, como la mayoría en la casta (*) de comentaristas de lo humano y divino que pueblan los medios, cuenta la verdad a medias pues diariamente asistimos a que la cámara de televisión que cierra la carrera recoge imágenes de los más variados ciclistas remolcándose de coche en coche hasta que alcanzan la cola del pelotón.

Pero es más, él, que ejerció de director deportivo, debería saber lo que se mueve entre los coches, lo que se comenta y lo que se acuerda, todo a espaldas, obviamente del gran público. Tendría que explicar porqué si lo de Cavendish es tan evidente y escandaloso llevamos años oyendo siempre la misma cantinela de una boca y otra pero nadie hace nada. Quizá por que conviene mirar a otro lado para cuando uno necesite el beneplácito de su colega al volante.

Esa realidad no la cuenta don Antonio, un ejemplo de esa mentada casta de comentaristas que emiten juicios erróneos e interesados. Claro que calzar la parte alta de una información dedicada al Tour despotricando del malísimo de Canvedish es muy goloso como para renunciar a ella. Lo trágico es que aquí hablamos de ciclismo, de deporte, es decir de algo intrascendente, peor es la pléyade de analistas que opinan de lo más variado con total impunidad de cosas que acucian a la gente sembrando más desazón que otra cosa.

Y por favor don Antonio, que Peter Sagan no gana por que le tienen tomada la matrícula y no por que “su” Cannondale se vaciara a favor de Vincenzo Nibali en el Giro de Italia.

 

(*) He de decir que fue un buen seguidor mío en twitter, Juanjo Barquedano, quien me dio en bandeja la palabra casta para referirme a los columnistas y opinadores que sostenemos. Gracias nen.

La mancha que llega al Chava Jiménez

Nunca pude escribir sobre José María Jiménez, el Chava. Fue un ciclista que a mí personalmente no me gustó. Hablo en lo deportivo. En lo personal no pude convivir con él más allá de alguna entrevista. No me gustaba por lo errático de su trayectoria. Capaz de lo mejor y lo peor en 24 horas, la regularidad no fue su virtud. Creció a golpe de talegazos de genio. Cuánto gustaba entre la prensa. Entre cierta prensa.

Recuerdo la primera vez que la Vuelta a España subió el Angliru. Decir que hubo expectación, mucha expectación, por ver a los corredores retorcerse en la ya célebre cima astur es quedarse corto. En una etapa calada por la lluvia, la ascensión se hizo casi en la penumbra, pues era imposible ver ciertos tramos de la subida por la niebla y las dificultades de las conexiones. Parecía que iba a ganar Pavel Tonkov, el primero en coronar, pero no. El Chava tuvo uno de esos aires que levantaban la parroquia y superó in extremis al ruso.

Cómo gritaba Manolo Lama, el mismo que le tiró una propinilla a un mendigo alemán, en meta. A los micrófonos de la Cadena Ser, el cortesano narrador de los partidos del Real Madrid, ahora en la Cope, vivió, casi durmió con el Chava esa jornada. “Chava,  hoy he estado más tiempo contigo que tu propia madre” le espetaba en antena. Dios qué torrente de emociones agolpadas. Qué furor. Quizá se ofreció a secarle el sudor confundido con el barro.

Les gustaba llamarle el “Curro Romero del ciclismo”, tardes de gloria sucedidas de miseria deportiva. Un día arriba, al siguiente anónimo y escondido. Anidaban la emoción del momento. Se la pelaba lo que hubiera detrás. Hoy las cosas son muy diferentes y aquel desmesurado trato se torna en conjeturas de vecindario.

Este martes el diario As publica una entrevista con el vecino íntimo de Jesús Manzano. Cualquier siembra de sospecha que sirva para redondear la arista morbosa de un diario es perfecta si se vende un ejemplar más. Al parecer el vecino del exciclista vio al Chava cuando Manzano le recomendó las terapias de Eufemiano Fuentes. Fue en 2001, el año de las famosas bielas de Sevilla y Casero. Al parecer el galeno canario no dio abasto ese mes de setiembre.

El artículo se ilustra con una foto de Manzano con José Luis Montoya, como una de esas que la gente se saca cuando viaja por ahí. Viene firmado por Juan Gutiérrez, autor del serial de Manzano y sus prácticas de dopaje hace nueve años por estas fechas (esos días que el As abrió con una portada donde un defensa del Sevilla decía esperar a Zidane con un cuchillo en la mano o en la piñata, no recuerdo). Todo muy convencional.

El periodista, jefe de polideportivo del As, o lo que es lo mismo de la información residual en un diario de esta calaña, ha sido uno de los mejores informadores del juicio de la Operación Puerto que hoy se tiene a bien dar por concluido. Guti, si me permite que abrevie su apellido, sufrió el vacío de muchos integrantes del pelotón a raíz de sus informaciones con Manzano. Incluso tuvo a bien despachar y discutir de forma somera con algunos aficionados vía Twitter sobre las tenebrosas informaciones de Manzano y sus consecuencias.

Lamentamos que dicho informador dé pábulo a lo que dice el vecino de Manzano con una terrible sensación de descontrol sobre lo que comenta y manchando el nombre de un ciclista ya fallecido, que fue mucho para muchas personas y que ellos mismos, su grupo mediático, cebaron de fama y gloria.