60 años de excesos y ciclismo en el Gavia

Entre los colosos del Giro el Gavia es la joya de la corona

¿Qué contar del Passo di Gavia?

Estas fotos las separan cuarenta años .

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Leemos que el Passo di Gavia cumple sesenta año en la historia del Giro y por ende del ciclismo.

 

Su primera incursión fue en 1960, cuando se insertó en una maratón de 220 kilómetros con tres nombres del calibre de Nencini, Gaul y Anquetil jugándose los cuartos.

El joven italiano Imerio Massignan fue el primero por la cima, lejos de amedrentarse ante tales rivales, el ciclista de 23 años cumplió con algo que nunca imaginó acabaría siendo tan icónico, el primero en una cumbre de leyenda.

«Poco sabíamos del Gavia y ni si siquiera quisimos reconocerlo por adelantado. De repente me vi en pistas de tierra y en medio de paredes de seis metros de nieve. Me sentí como Fausto Coppi»

Así habló el escalador italiano, y así recordó la figura de Coppi, fallecido meses antes.

Coronó con un par de minutos sobre el ángel luxemburgués Gaul pero los pinchazos del descenso le dejaron sin opción.

El Gavia pasó a la historia aquella etapa de 1988, cuando Andrew Hampsten se abrió paso entre la tormenta de nieve para sentenciar el primer Giro ganado por un estadounidense.

Gafas de esquí, ciclistas ateridos de frío… el camino nunca fue más difícil, el Gavia quedó maldito desde aquel día en la memoria del ciclismo.

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En la jornada final del Giro del 96, Abraham Olano no pudo con el Gavia y el Mortirolo 

Sábado 8 de junio de 1996. Estamos en la estación de esquí de Cavalese, situada en la región del Alto Trentino, en Italia, al pie de los majestuosos Dolomitas.

Un lugar tranquilo en verano y bullicioso en invierno, un precioso destino rodeado de bellas y sugerentes montañas.

Pero esto hoy no será así para los supervivientes del Giro de Italia.

Ni será un día de calma ni tampoco tendrán demasiado tiempo para recrearse con las vistas del pintoresco paisaje.

Desde este turístico sitio parte la penúltima etapa de la gran ronda transalpina dirección Aprica.

Por delante, 250 kilómetros de recorrido con las ascensiones a Mendola, Tonale, Gavia (Cima Coppi) y Mortirolo.

Casi nada.

Segundo día de dos jornadas genuinamente dolomíticas, un “tappone” que va a ser decisivo para el desenlace final de la corsa rosa.

Es el día del juicio final y estas montañas dictarán sentencia.

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Situemos la carrera.

Los corredores están muy castigados por la etapa del viernes: 220 kilómetros entre Marostica y Pordoi, en los que los sufridos ciclistas han tenido que enfrentarse al Passo Manghen, el Pordoi, el terrorífico Passo Fedaia (la terrible Marmolada) para finalizar la carrera con una nueva ascensión al mítico Pordoi.

Nuestros protoganistas son los Berzin, Tonkov, Ugrumov, Zaina, Gotti, Bugno y Olano, que son los que se están jugando la maglia rosa.

En estos momentos, la lleva a sus espaldas el teniente ruso Pavel Tonkov.

Olano tan sólo está a 1´´ y Berzin, tercero, a 14´´.

La general está en un pañuelo después de la cronometrada de Marostica en la que ha vencido el otro joven rubio ruso, Berzin, sacándole también un sólo 1´´ a Abraham Olano.

Faltan 72 horas para finalizar el Giro de Italia y la maglia rosa no tiene dueño

La incertidumbre se masca en el ambiente.

Va a ser un desenredo no apto para cardíacos.

La corsa rosa guarda el suspense hasta el final.

En la etapa de la Marmolada muchos corredores han reventado: una cinta asfaltada diabólica.

El desenlace no llega hasta la ascensión definitiva al Pordoi.

Gana Zaina, seguidos de Gotti, Bugno, Olano y Tonkov, todos dentro de un minuto.

Berzin paga su exhibición del día anterior y pierde 3’45´´, quedando descartado.

La etapa había resultado durísima y aún quedaba lo peor.

El Giro se va a resolver 24 horas antes de su conclusión.

Volvemos a Cavalese.

La etapa en el día del caos va a tener 80 kilómetros de puertos.

Ochenta mil metros pavimentados mirando al cielo.

Llega el momento de la verdad.

Empieza la ascensión al Gavia.

Triki Beltrán, compañero de Abraham Olano en el Mapei, se acuerda muy bien de aquella apocalíptica etapa:

Subimos el Gavia un sábado en vísperas del final del Giro. El día antes, en el Pordoi, Abraham salió de líder. Fue un Giro al que veníamos con la vitola de favoritos después del triunfo de Rominger el año anterior”.

Mendola y Tonale sólo hicieron que ablandaros.

Sí, en efecto, sirvieron para calentar las piernas y seleccionar el pelotón. Trabajamos toda la carrera para Abraham, que llevamos muy controlada hasta el pie del Mortirolo”.

Y llegó el Gavia, 18 kilómetros y medio de puerto, de exigente «hors catégorie».

Así es. A mí me tocó trabajar en el Gavia con Andrea Noé y pasamos con los favoritos”.

El Gavia conserva un tramo de unos 5 kilómetros sin asfaltar: tierra, piedras y baches, que permanecen inalterables desde los años 60…

Los ciclistas dábamos botes en las bicis en los tramos de tierra en la subida. Es un puerto donde se acusa mucho la falta de oxígeno, te va quemando y te deja vacío. Ese año estaba sin asfaltar en muchos tramos, con muchos boquetes que tenías que ir esquivando. Entre polvo, barro de la lluvia del día anterior, fue un puerto complicado. Una ascensión muy mala. Llegamos arriba y en la cima estaba nublado y en sus cunetas había nieve”.

Si la subida era mala, el descenso no nos lo queremos ni imaginar…

Sí, llegas roto arriba, muy fatigado y con los sentidos confundidos lo que puede suponer tener un accidente. Pasé mil penurias para no quedarme y de esta manera poder trabajar en el tramo anterior al Mortirolo, que eran nada menos que 40 kilómetros entre los dos puertos”.

Después de 6 horas y media de pedaleo, llega el «juez único».

Sí, el Giro estaba en juego en esos momentos. Tiramos con Abraham, con Lanfranchi y Fernández Ginés. Yo llegué muerto al Mortirolo. Pensaba que no acababa. Ese día subí tramos del Mortirolo descolgado con Andrea Noé, agarrado a una moto de un carabinieri. Ni me lo pensé agarrarme a su hombrera, lo agarré tan fuerte que casi se la arranco”.

Las rampas del Mortirolo son mortales…

La gente también nos ayudó. Nos jugamos la descalificación a 24 horas del final. Veías a gente muy cascada, arrastrándose por la carretera”.

Olano nada pudo hacer con el endiablado ritmo de los escaladores…

Eran 77 kg contra los 63 de Zaina y Ugrumov. Recuerdo que pasando estas penurias preguntábamos a los aficionados vascos por la suerte de Abraham. Según subíamos nos iban diciendo que cada vez iba más descolgado. Zaina y Tonkov le reventaron y perdió el liderato”.

En estos puertos, cebarte para intentar seguir a los escaladores es un suicido.

Sí, como corredor intentas que no haya ningún cambio de ritmo y vas a la marcheta, dejando un punto de más y ser conservador, pero con esas rampas iba parado. Ni llegaba a 12 km/h y sin embargo las pulsaciones las llevaba disparadas a 186. Reventado. Iba reventado. Llegué cerca del fuera de control, en una de las grupetas”

Abraham Olano quedó tercero y salvó al menos el podio.

Por delante Tonkov se fue con Gotti y pactaron la victoria: para el ruso la maglia rosa y para el italiano la etapa. Abraham no se rindió en la bajada, a pesar de ir acalambrado llegó 5º a Aprica”.

¿Qué recuerdos te quedan del Gavia?

Es un lugar para quien le guste la bicicleta. Un escenario único en el mundo. Desde entonces no he podido volver a este lugar en bici de carretera, pero sí he competido cerca, en un mundial BTT de Selva di Val Gardena”.

Explícanos la anécdota del Fir, Fir, Fir…

Los ojos me daban vueltas y yo venga leer Fir, Fir, Fir… en mi llanta de lo despacio que giraban las ruedas subiendo el Gavia. La gente se reía cuando lo explicaba”.

Fotos: Ciclo21

¿Por qué nos gusta el Giro?

Giro de Italia - George Bennett JoanSeguidor

¿Pasión? Nos gusta el Giro porque es la carrera más bonita en el país más bello

Porque su recorrido atravesando hermosos pueblos medievales, renacentistas… nos traslada a la épica, al mito, a la historia.

Porque el mejor ciclismo del planeta es el italiano.

Se trata de la prueba más importante del año para las firmas, marcas y corredores italianos.

Es una carrera espectacular desde el principio.

El Giro de Italia siempre se corre de forma nerviosa, buscando los equipos solucionar la papeleta lo antes posible.

Aunque esa forma de correr entrañe riesgos para los corredores, que han de llegar lo más enteros hasta el final.

Porque nos gustan sus volatas, donde los esprinters tumban sus bicis a más de 70 km/h.

La ronda italiana se vive bajo el signo del descontrol. Y eso nos entusiasma.

Lleva a los corredores al límite.

Porque el ritmo en Italia es siempre muy fuerte. La carrera siempre es movida.

Y es ciclismo de ataque, con escapadas constantes.

Porque su victoria se disputa en las montañas del juicio final.

Como los Dolomitas.

Puertos de leyenda, cumbres sin piedad, que no saben de compasión y hunden a los más débiles para coronar a los más fuertes.

Rampas envueltas de odio y sentimientos. Maravilla de paisajes, de éxtasis mirando a todos lados, pero también de sufrimiento atacando a las viles anacondas grises que surcan estas colladas.

Puertos de montaña que componen una sinfonía de belleza y angustia.

 

Etapas de altísima montaña, los tappone, como se denominan en Italia, que acaban por reventar totalmente la carrera en una borrachera de espectáculo deportivo y agonía.

Jornadas matagigantes. De miedo.

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Paredes. Cortafuegos asfaltados. Cicatrices que dejan huella en sus laderas.

Puertos que revientan los cuerpos.

Muros. Cuestas. Subidas que hacen daño.

Carreteras con vertiginosos barrancos en sus flancos, sin protecciones, escenarios grandiosos para vivir épicas batallas en bicicleta.

Descarnados y polvorientos ascensos como el Gavia.

Salvajes pendientes como las del Mortirolo.

Obras de ingeniería como el Stelvio, porque nos gustan los tornanti.

Pasos de montaña bajo la nieve, ofreciendo un espectáculo digno de figurar en una antología.

Escenarios inmortales como el Passo Pordoi, una cima legendaria.

El paisaje irreal de las Tres Cimas de Lavaredo y su rampa infernal al 16% donde atacó Merckx en el Giro del 68.

Recorridos confeccionados para la mayor gloria de los escaladores.

Los hachazos en el pelotón lo rompen en mil pedazos.

Y es cuando escasean las fuerzas y comienza el sálvese quien pueda.

Porque las grandes dificultades están situadas en el tramo final de la carrera. Gran emoción.

En cualquiera de estas etapas se puede ganar el Giro pero también perderlo.

Porque los héroes, sufren, se desvanecen y al final sólo puede quedar uno.

El Giro de Italia es Girardengo, Binda, Bartali, Coppi, Gimondi, Moser… pero también Bugno, Chioccioli, Gotti, Garzelli, Simoni, Chiappucci y Pantani.

Y Nibali.

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Y los nuestros: Poblet, Fuente, Angelino Soler, Julio Jiménez, Perurena, Chozas, Cubino, Lejarreta y también Induráin, Ángel Edo, Rubiera, Ventoso, Nieve, Purito y Contador.

Entre otros, muchos.

Una carrera pródiga en mantener la tensión hasta sus momentos finales.

Porque al final de la carrera los organismos suelen estar muy castigados. Muchos explotan.

Y pueden ser jornadas para la debacle, que pueden llevar a 20 ó 30 corredores para casa.

Nos gusta el Giro porque la corsa rosa siempre se nos muestra abierta y sorprendente.

La ronda italiana cada año se muestra insidiosa, inexplicable y peligrosa.

Porque es veneno puro en forma de ciclismo, deporte de infarto, vaticinio difícil.

Y nos gusta el trofeo de los campeones, como dijo Nibali: “la sua belleza equivale al peso, è davvero spettacolare”.

Porque nos va el rosa, la maglia rosa, el color que da personalidad a la carrera, la luz que todo lo ilumina.

¿Por qué nos gusta el Giro?

Porque amamos el ciclismo.

Porque somos unos tifosi más.

Y nos emociona.

Foto: FB Giro d´ Italia

El Giro en Telecinco

Giro de Italia Telecinco JoanSeguidor

En Telecinco el Giro tenía a Miguel Induráin, el cuero negro, un compresor y una música espacial

Las dos ediciones de Giro en Telecinco, los años 1993 y 1994, fueron los de Induráin, Ugrumov, Berzin y Pantani, pero también los de J.J. Santos, Oswaldo Menéndez, Jaime Ugarte, JuanjoLobato, un compresor y una chica buscando a un tal Jacq´s, todo aderezado con la inolvidable sintonía de “Chronologie” nº 4.

¡Vaya tiempos!

Muchos comentaban, y las siguen recordando así, que fueron unas retransmisiones penosas, que eran malísimas.

Yo no lo voy a negar, pero tampoco voy a decir que fueran tan nefastas.

Por muchos motivos.

Primero, porque es lo que había y al menos pudimos disfrutar aquellos años del Giro de Italia por televisión con una emisión revolucionaria, más atrevida y dinámica, y se le suponía más moderna, con invitados que comentaban la etapa desde el plató con pasión, con nostalgia y a la heroica.

Como era el caso, por ejemplo, de nuestro estimado Federico Bahamontes.

“El Águila de Toledo” se dedicaba, casi en exclusiva, a explicar sus batallitas encima de la bici y, sobre todo, a cambiar el nombre de manera caprichosa a los corredores extranjeros (“ahí va Ugrumon” -decía) y se quedaba tan pancho, claro.

Si es que al buenazo de Bahamontes le teníamos que perdonar todo.

Aquel Tele5 era el de Berlusconi, Valerio Lazarov, las “Mammachicho” o las “Chicas Chin Chin”.

En una palabra, era la cadena “Teleteta”.

Dando por bueno este desacreditado apodo, los anuncios del Giro tampoco se libraron de mostrar explosivas chicas como cuando el pobre J.J. Santos -apodado “el cojo”- daba paso a la publicidad con aquel “volvemos en unos minutos”, que siempre era en el momento más electrizante de la etapa, por supuesto.

Porque además, sabíamos que el corte sería para largo y sufríamos por si llegarían a tiempo para conectar al menos con el último kilómetro de carrera.

Porque eran así. Todo por la publicidad.

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Pero yo reconozco que la primera vez que vi aquel anuncio casi me caigo de la silla.

No me lo podía creer.

En aquel momento, y creo que a todos nos pasó lo mismo y así lo recordamos, cuando vi a aquella chica con aquella voz tan sugerente anunciando un compresor (sí, sí, un compresor), quedé descolocado por completo y en estado de shock.

¿Pero esto qué es?” -pensé enseguida.

No sabía si me habían cambiado de canal, si me habían puesto en ese momento una película erótica, o si aquello era un anuncio porno.

¿Te gusta el compresor?”, -decía la chica, mientras aparecía en pantalla un trasto que parecía haber salido directamente del atrezzo de una sala bondage de una peli estilo “50 sombras de Grey”.

Así fue, y a partir de entonces con un “llama a este número”, la popular chica nos machacó en aquella peculiar retransmisión del Giro del 93 que se nos aparecía, como por arte de magia, cada cinco minutos en pantalla, algo que, cada vez que pasaba, no dejaba de ser un pequeño susto el verla con aquel posado.

El chiste fácil de algunos fue el llegar a decir que habían llamado a aquel número de teléfono para interesarse por la compra del “compresor” y, en efecto, lo que vendían era nada menos que un tremendo compresor.

Bromas aparte, todas estas anécdotas hicieron que fuera una de las carreras más excitantes que podemos recordar.

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Entre tantos anuncios y cortes publicitarios que solían meter estratégicamente faltando pocos kilómetros para meta, tampoco olvido el de aquel famoso “busco a Jacq’s”, en el que otra chica espectacular, enfundada en cuero negro y montando en moto, se bajaba la cremallera de su bodi hasta límites insospechados, nunca antes vistos en un anuncio de colonia.

Telecinco era así, el Giro no se escapaba 

Fueron memorables retransmisiones porque coincidieron quizás con dos las ediciones más épicas y recordadas de todos los tiempos: los Giros del 93 y del 94, con sus “tappone” dolomíticos, que aún lo parecían más escuchando los acordes del álbum de estudio de Jean-Michel Jarre.

La música cósmica y futurista del nº 4 de “Chronologie” sin duda mantenía la tensión, le daba tintes épicos y toques heroicos a aquellas batallas que se disputaban en aquellas montañas dolomíticas.

El responsable en elegir este tema acertó de pleno ya que contenía todos los ingredientes que una buena banda sonora ciclista ha de tener.

Aún hoy en día, cuando la escucho, me traslada de manera inequívoca a aquellos años, a aquellas etapas, a aquellos Giros y a mis salidas ciclistas a cuchillo, siempre con aquella electrónica melodía que no paraba de sonar en mi cabeza.

Aquellos inolvidables Giros eran los de los “hachazos definitivos” de J.J. Santos, frase que podía repetir hasta la saciedad durante todas las etapas, y los de la voz en off de Jaime Ugarte, que era la voz de aquel ciclismo con aires de leyenda.

La opinión generalizada era que Ugarte no lo hacía tan mal, pero que estaba mal asesorado por J.J. Santos y Lobato, dando como resultado una retransmisión lamentable y por momentos deplorable.

Efectivamente, los comentarios podían ser patéticos… pero teníamos Giro.

Tele5 triunfó con la emisión de aquellos Giros y alcanzó audiencias millonarias, obteniendo una media de más de tres millones de teleespectadores y de casi cinco en las etapas más decisivas, sobre todo las dolomíticas, como la recordada Merano-Aprica de 1994.

Unas cifras impensables hoy en día.

El ciclismo hay que verlo por televisión y aunque sea de perogrullo porque aún es así, no es lo mismo disfrutar de él en abierto que pagando.

Y no lo digo por lo que pueda costar.

Lo comento porque entonces, en este caso el Giro, todo el mundo tenía acceso a este ciclismo de competición, era popular, y seguro que se enganchaban espectadores que no eran aficionados a este deporte, porque cuando contemplaban aquellas bellas imágenes se quedaban allí disfrutando del espectáculo.

«Hace unos cuantos años, y como decía un buen amigo mío, cuando me ponía el culote no conocía ni a mi padre. Ya sabéis todos lo que esto significa: salidas a cuchillo con las pulsaciones desbocadas, llevando las fuerzas al límite»

Fue una manera de que muchos descubrieran estas épicas carreras y a unos corredores que dejaron huella.

Hoy en día, a pesar de que sigue siendo accesible el ciclismo por televisión, pienso que no es lo mismo, porque sólo lo verán los auténticos aficionados, dejando perder de un modo u otro, nuevos seguidores que apoyen la futura evolución de la competición.

Porque ya sabemos que lo que no se ve, no se conoce.

Llegados a este punto y de nuevo mirando al pasado de aquellos Giros, mi pregunta es la siguiente: ¿venderían muchos compresores?

Passo di San Boldo, el puerto intermitente del Giro

El Giro asciende esta maravilla llamada Passo di San Boldo, una carretera que os dejará con la boca abierta 

Los supervivientes de la corsa rosa tendrán la oportunidad de grimpar este muro de 18 exquisitas curvas numeradas del tirón, ya sea en pelotón, en grupo o escapados.

¿Por qué del tirón?

El Passo di San Boldo es un puerto intermitente, es el Guadiana de los pasos de montaña, porque aparece y desaparece ante nuestros ojos de manera caprichosa.

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Con sus cinco túneles que trepanan la montaña, los cicloturistas lo tenemos imposible para poderlo subir de una sola vez sin parar, en algún momento, en uno de sus 7 kilómetros de escalada desde Tovena, en la provincia del Véneto italiano.

Y no es precisamente por su dureza contenida para su casi 7% de porcentaje medio.

SQR – Cerdanya Cycle

 

Tampoco por su gran altura.

El Passo San Boldo, a pesar de su gran magnitud, es un puerto bajito y a duras penas supera los 700 metros de altitud.

Lo que hace que sea una subida interrumpida y discontinua es que, aunque de doble sentido, la carretera es muy estrecha -apenas 5,50 metros- y hay que dar paso alterno a los vehículos que caracolean -nunca a más de 30 km/h- por semejante pared.

Incluidas las bicicletas.

Esto hay que tenerlo en cuenta.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

No somos tan rápidos y es fácil encontrarnos que el semáforo de turno, que regula el paso en cada uno de los túneles que perforan estos muros, se haya puesto en verde para los que vienen en sentido contrario.

Es el momento de parar y esperar nuestro turno.

Mejor, así podremos deleitarnos con más detalle con este monumental camino pavimentado.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Eso los que no lo conozcáis, porque ya sabemos que en la actualidad es muy difícil sorprender a nadie ya que todo lo consultamos en internet y queda poco margen para la imaginación.

Quizás, por tanto, igual tendría que dejar aquí mi redacción para recomendaros que fuerais de inmediato a preguntar a Google por esta impresionante obra de ingeniería de principios del siglo XX.

Es fácil, teclead “Passo San Boldo” y veréis.

Bromas aparte, si lo hacéis, sino lo habéis hecho ya, sobran las palabras y basta con contemplar con detenimiento las fotos de esta bendita locura en forma de paso de montaña.

 

Esto sería lo fácil para dejar de escribir ahora mismo, pero no lo voy a hacer porque no es mi estilo y, por tanto, el desafío es intentar expresar negro sobre blanco sobre lo que significa, en nuestro caso, pedalear por este increíble lugar.

Yo tuve la suerte de estar por aquí hace ya unos cuantos años, en 2007, camino de mis vacaciones a Dolomitas, donde pude ascender míticos puertos como las Tres Cimas de Lavaredo.

Pero no os voy a engañar.

No pude abordar estos increíbles tornantis a lomos de mi bici.

Me tuve que conformar con hacerlo en coche.

Sí, una verdadera lástima.

Iba de paso y no tenía mucho tiempo, pero quise dar un pequeño rodeo para acercarme hasta aquí y ver este tremendo paso de montaña en vivo.

 

Sí es cierto que también había visto ya algunas imágenes de la subida, muy bonitas y fotogénicas, además de que tenía -tengo- algún amigo que ya había estado antes por aquí y me había hablado con fascinación de este puerto de ensueño.

Ya os puedo decir, en este preciso momento, que por muchas fotos que hayáis visto antes la visión de esta carretera, contemplada desde abajo o desde arriba, os va a impresionar igual y quedará grabada en vuestras retinas para siempre.

Los túneles encadenados son espectaculares y es un puerto que no olvidaréis jamás.

De la misma manera que a mí me estremeció, allí parado, esperando a que uno de los semáforos me diera vía libre para continuar mi camino por esta cinta asfaltada que se agarraba, cuesta arriba, a esta pared de roca dolomítica.

Desde luego que eché de menos, en aquel instante, el poder disponer de una bici para disfrutar de semejante rincón inclinado, que parecía sacado de un cuento de sueños ciclistas. ¡Qué rabia!

De este modo tuve tiempo para ir leyendo, a través de las imágenes que documentan el paso, la historia de la construcción de este exclusivo puerto en el mundo.

SQR – GORE

 

Hace siglos también se subía por aquí.

Lo hacían los comerciantes, los pastores con sus rebaños, los granjeros con sus mulas cargadas, que ascendían penosamente estos empinados tramos de piedras y de rocas que llegaban hasta la cumbre.

San Boldo es también el puerto de los 100 días.

Que es su eslogan más reconocido, porque se construyó en tan sólo ese corto espacio de tiempo.

Siete mil trabajadores, en su mayoría prisioneros de guerra rusos, niños, mujeres y ancianos, que fueron obligados por el imperio Austro-Húngaro  a construir a toda prisa esta carretera por motivos militares durante la 1ª Guerra Mundial.

San Boldo, el puerto de los 101 años.

Porque el próximo mes de junio esta carretera cumplirá esta mágica cifra.

San Boldo es uno de los puertos más pintorescos del mundo.

Muchos así lo consideran: mítico, impresionante, turístico.

San Boldo, un  puerto italiano con nombre de un ermitaño español.

Que es quien da nombre a este paso y que vivía en estas montañas haciendo milagros.

San Boldo, un puerto que deseareis que no se acabe nunca.

Como una bonita historia interminable.

Fotos: it.wikipedia.org/

www.italybikehotels.com