El ciclismo inglés explicado en Ed Clancy

Es una manga de la copa del Mundo, pero es en la catedral, no en un sitio cualquiera, velódromo de Manchester, los HQ del Team GB. Pasan los nombres, siguen los éxitos, se acumulan los nervios, pero sigue el de siempre, Ed Clancy, el tipo que diez años después sigue en la pomada.

El ciclismo en pista británico no sabe ni de complacencia ni de casualidades. No es baladí. Culminan un programa de casi veinte años desde aquella vez que tomaron la opción de apostar al ciclismo en la quiniela olímpica para rellenar su medallero y estar entre las grandes naciones y de paso dar vida al Team Sky y todo lo que le sigue.

La final de persecución por equipos se corrió entre GB y Dinamarca. Una final de tronío. En el conjunto británico el conformismo no es ocurrencia, directamente no se permte. Medalla de oro con 3´55´´. Si en unos juegos no quieren el dorado sin récord del mundo, en una manga de casa no se quedan con tiempos de medio pelo.

El espectáculo es inenarrable. Son cuatro rodando y parecen uno, un ente, una cosa. Recuerdo cuando contamos la persecución perfecta, la que narra Brad Wiggins sobre Pequín 2008, nueve años desde entonces y un nombre que sigue en la terna: Ed Clancy.

Clancy, con background de velocista, tenía el mandato de arrancar. El hoy ya veterano pistard se puso al frente e incrementó hacia la velocidad de crucero tras unos 25 segundos al frente. Le tomó el relevo Manning y el ritmo ya rozó los 66 kilómetros por hora. Entró Wiggo con la consigna de que nada se fuera de las manos: tranquilidad y buenos alimentos. El mejor persecucionista individual del cuarteto fija la cadencia ante la entrada de Geraint, el cuarto y más joven.

Así rotaban entonces y así se metió Ed Clancy en la rueda de Manchester, lleno al rebose, con gente pagando entrada, asómbrense, junto a Burke, Emadi y Wood. Tuvierom algún problemilla durante el primer kilómetro y medio, pero cuando los daneses se quedaron en tres, los anfitriones marcaron la diferencia. Les fue de poco para no superarles.

Ed Clancy es uno de los ciclistas que desde la segunda línea explican el fondo de armario del éxito británico. Es tres veces campeón olímpico, uno de los fijos entrando y saliendo de las cuartetas titulares, e incluso fue la primera baza inglesa en el ómnium, en Londres 2012, cuando esta carrera se calzó a contrapelo en el programa olímpico. Se colgó un bronce.

Ed Clancy sigue ahí, en una cuarteta que está al corriente de liderar el ciclismo mundial, una cuarteta por la que han pasado Geraint, Wiggo, Kennaugh, Doull, Tennat, Manning… un lujo de ciclismo que se escribe desde la meticulosidad y de no dejar cabo suelto. Si una modalidad marca el trabajo de equipo, la calidad del mismo y el esfuerzo es ésta. En UK lo tienen claro, los resultados son los que son.

Imágenes tomadas de @Ed_Clancy

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La venganza australiana

Dedicadle los menos de cuatro minutos que dura a la final de persecución por equipos del mundial de Londres. Son eso, cuatro minutos escasos, de perfección sobre la máquina, de cuatro tipos contra otros tantos, que ejercen una obra de orfebrería suiza en tiempo récord y sin mayor dilación. La persecución perfecta.

La mejor carrera de los últimos años, mejor incluso que aquellas que acabaron con récord del mundo y por tanto con monólogo británico. Me decían el otro día que la clave de UK en la pista es la pasta, la pasta y la pasta. “Antes eran más malos que la carne de pescuezo” me decían. Pues menos mal que lo eran, pero «qué dinero tan bien invertido«, añado yo.

Y eso que cuando hablamos de la cuarta británica hablamos de la vigente medalla de plata, sí porque los australianos quisieron ser uruguayos en Brasil y les clavaron un “maracanazo” en toda regla, con el velódromo entregado a las más bajas pasiones y la gente cantando el éxito anfitrión, pues a medio kilómetro comandaban una carrera que había sido austral en su práctica totalidad.

Pero ocurrió lo inesperado, que el durísimo y eterno Ed Clancy reventó, perdió la aspiración de tantísimo dolor en las piernas y lacatato surgiendo por doquier. Explotó al martilleo del ritmo de Brad Wiggins para dejar en dos lo que ya entonces era un terceto. No queremos imaginar los mil cuchillos que agujerearon la resistencia del bueno de Clancy, que poco tiene que demostrarnos, en esos momentos.

Jugada redonda para los finísimos australianos, que se cobraron con victoria a domicilio las repetidas victorias inglesas en los diferentes foros a los que acudían. Llegaban a los juegos de Londres investidos en favoritos y les ganaron los anfitriones, aquí pasó exactamente lo contrario. Luego os preguntáis porqué el Orica es una máquina de ganar cromos por equipos.

Ahora me pemitiréis hablar de Wiggins, un ciclista tan singular, que añade una presea plateada a su increíble palmarés. Nada más apearse de la bici habló de Río y de que allí la historia será muy diferente. Con su edad, su palmarés, su Tour, sus medallas olímpicas, con todo, que siga demostrando ese apetito ganándose la plaza en una cuarteta llena de jóvenes lobos sedientos de gloria, es loable.

Aunque algunos medios hablen de la derrota de UK a pesar de tener a Wiggo, nada más lejos de la realidad. Esto es un trabajo de cuatro, y alguno más, donde la individualidad no se diluye, sencillamente se hace una con otras tres, exactamente lo que hicieron los australianos en casa de su enemigo.

Imagen tomada del FB de los Track Cycling World Championships

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La persecución perfecta

Este jueves noche pudimos ver una excelente final de persecución por equipos que Nueva Zelanda acabó por ganarle a Gran Bretaña, tras un tira y afloja memorable en el que los “all blacks” sacaron lo mejor de sí mismos para remontar a una cuarteta, la británica, que aunque competitiva, dista de ser la memorable combinación de estrellas y “savoir faire” que le ha dado por ejemplo las dos últimas medallas de oro olímpicas en la especialidad.

La persecución por equipos es un arte de magia y equilibrio a más de sesenta kilómetros por hora. Necesitas talento, calidad y técnica a partes iguales. En España, Jaume Mas bebió la tradición de su padre en la preparación de esta modalidad, muy prestigiada pues es de las pocas del fondo que ha resistido la criba del programa olímpico. La clave está en entrenar, entrenar y entrenar para que, casi rozando la perfección y haciendo cuatro kilómetros por debajo de los cuatro minutos puedas optar a un top ten.

En su biografía, Brad Wiggins describe con detalle el entrenamiento y guion que llevaron a UK  a firmar el doblete mundial-juegos en 2008 con un equipo cuyo sólo relato de nombres dejó huella: Ed Clancy –también presente en los mundiales de París-, Paul Manning, Brad Wiggins y Geraint Thomas –protagonista estos días en el Algarve-.

Precisamente por ese orden se dispusieron. Clancy, con background de velocista, tenía el mandato de arrancar. El hoy ya veterano pistard se puso al frente e incrementó hacia la velocidad de crucero tras unos 25 segundos al frente. Le tomó el relevo Manning y el ritmo ya rozó los 66 kilómetros por hora. Entró Wiggo con la consigna de que nada se fuera de las manos: tranquilidad y buenos alimentos. El mejor persecucionista individual del cuarteto fija la cadencia ante la entrada de Geraint, el cuarto y más joven.

El primer kilómetro se pasa en minuto tres segundos  tras hacer la primera vuelta en veinte segundos. Shane Sutton, desde el interior de la elipse, recuerda: “Seguid la línea”. El tren es uno. Son cuatro ciclistas en un hilo de peralte. El manejo de la situación les lleva a rodar con centímetro y medio entre rueda y rueda. Una obra de arte a más de sesenta por hora.

Segundo kilómetro en 57 segundos, a razón de poco más de siete segundos la media vuelta. Se exige extra de concentración, quien tira no puede ceder ni un ápice. Prohibido bajar la velocidad. Tercer kilómetro en poco más de 57 segundos. El grupo de cuatro se hace tres y estos tres entran en zona roja. “El dolor es indescriptible” dice Wiggo. Nadie puede mirar hacia delante, nadie puede girar la mirada. Ajenos al dolor, pero también al jolgorio que resuena en la pista. Todo para rodar con holgura por debajo de los cuatro minutos. Todo para firmar un doblete al que sólo se aspira cada cuatro años y posiblemente no más de tres o cuatro veces en la vida.

Imagen tomada de www.cyclingweekly.co.uk

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