¿Quién es el mejor «vueltómano» de la historia?

Grande Vueltas JoanSeguidor

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Entre los más grandes, nada se puede medir a Eddy Merckx

Las grandes vueltas son al ciclismo lo que los arbontantes a una catedral.

Podrán gustar más o menos que las grandes clásicas, ciclismo de un sorbo, cargado como un buen café, pero en las tres semanas de un Tour o Giro o Vuelta salen a flote las miserias y excelencias de los ciclistas.

Nosotros somos más de clásicas, ciertamente, pero el fuego lento también le sienta bien a este deporte.

Hemos visto este listado, este top ten en Facebook y no nos hemos podido resistir a opinar, un poquito sólo, sobre los grandes de siempre en esta historia de tres semanas y mil aventuras.

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Y vemos que el primero, como en casi todo, porque superarle se antoja imposible en un largo tiempo es Eddy Merckx, el corredor que resume su carrera diciendo que lo ganó todo, todo lo importante, salvo la París-Tours.

Eddy Merckx instauró una especie de yugo sobre el ciclismo que conoció que no tuvo muchos más nombres salvo el suyo desde finales de los sesenta a mediatos de los setenta.

El control de Merckx fue tal que en esa lista sólo sale un contemporáneo suyo, el escurridizo Felice Gimondi, protagonista en aquella jornada de Pra-Loup que cantó el ocaso del belga.

Gimondi fue, como Alberto Contador, un ciclista que explotó pronto.

Pero se le cruzó Merckx, como a otros tantos.

A Alberto Contador se le cruzó Chris Froome, a quien pudo ganar netamente una vez, en la Vuelta del 2014.

Alberto Contador en este listado podría haber estado más arriba.

Pero…

Sin embargo, no se puede obviar ese legado de siete grandes vueltas, siendo además uno de los pocos con las tres.

La lista también contempla a Miguel Indurain: si esto fuera un medallero olímpico, el Tour sería la medalla de oro y eso le pone a la estela de los más grandes.

Es curioso porque el desempate de Merckx e Hinault lo provoca la Vuelta que el belga ganó.

El tejón sigue siendo, más de treinta años después, el último campeón de la vieja escuela.

Ese ciclista que no ganaba, que atacaba de amarillo, rosa o lo que fuera, que amasaba triunfos de etapa, que abría distancias de diez minutos sobre los rivales.

Miguel Indurain fue otra cosa, como Jacques Anquetil, un poder contenido, medido en la habilidad contra el reloj.

Luego están los italianos, auténticos pioneros.

Belle époque, inaugurada por Alfredo Binda, ciclista que recibía primas por no tomar parte en las carreras y abrir el pronóstico.

Fausto Coppi y Gino Bartali, cuya rivalidad despierta aún emociones.

¿El mejor de la historia?

Cada uno tuvo lo suyo: su tiempo, sus rivales, sus recorridos.

Medirlos en igualdad es imposible.

Nacex, la bicicleta donde la necesites

Si por algo hemos de fiarnos, más allá de los sentimientos que despertaron esos triunfos, es de la estadística.

Y ésta es inapelable: Eddy Merckx

La dimensión del Mont Ventoux

A unos 2 km de su cima encontramos otro auténtico tesoro para el cicloturista: el monumento a Tom Simpson, lugar de peregrinación para todos los aficionados al ciclismo que, desafiando las duras rampas del Gigante de Provenza, se acercan hasta aquí, con reverencia y respeto, y suben los peldaños que dan acceso al monolito para depositar ofrendas de todo tipo: bidones, maillots, banderas, hasta piedras con la fecha escrita con rotulador… tal y como manda la tradición.

En el recuerdo, la muerte en estas rampas del inglés Tom Simpson, en el Tour de Francia de 1967. Aquel día Tom ya se había levantado mal, no se encontraba bien, pero decidió correr lógicamente por dinero. Tenía que acabar al menos entre los cinco primeros para asegurarse los critériums post-Tour. Tom cayó hasta tres veces antes de la definitiva.

Los espectadores y el mecánico de equipo lo subieron literalmente a la bici mientras el inglés se convulsionaba con espasmos. Aún pedaleará unos 300 metros más, completamente hipnotizado, con la cabeza inclinada antes de caer definitivamente al asfalto. Cuando llegó el médico, ya estaba muerto. Aún y así le hace el boca a boca y le aplica un masaje cardíaco. Incluso le suministra solucamphre, un potente estimulante cardíaco. Demasiado tarde. La organización del Tour comunicó oficialmente que murió durante el traslado al hospital. Falso.

El final ya lo conocéis. Se le encontraron en los bolsillos del maillot anfetaminas y se le demonizó y utilizó como referente en la lucha contra el dopaje. Pura hipocresía. Sólo asistió un corredor a su funeral en Inglaterra: Eddy Merckx, su amigo y compañero en el equipo Peugeot.

El propio Merckx sufrió en sus carnes el martirio del coloso. El 10 de julio de 1970, y a la misma altura del monumento a Tom, el belga está a punto de explotar, quedando al borde del colapso. No pedalea. Sus piernas tiemblan y a la llegada se desploma literalmente sobre los brazos de un policía: “siento como un fuego en el pecho”, fueron sus palabras antes de subir a la ambulancia.

Estas historias, y muchas más, han forjado la leyenda del Mont Ventoux, y es que su nombre lo dice todo, ya que es con diferencia la montaña donde más sopla el viento: el mestral puede superar fácilmente los 200 km/h. Aunque parezca mentira, nadie se pone de acuerdo ni en su altura ni longitud exacta. Algunos dicen 1905 m. Otros 1909. El Tour le da 1912 m en su libro oficial, pero Armstrong dice que “parece más alto.

En su paisaje lunático (la característica cima “nevada” debido al color blanco de fragmentos de roca calcárea) sólo viven algunas extrañas especies de flora y alguna que otra víbora. La montaña también padece fuertes contrastes de temperatura en verano: las zonas más bajas pueden llegar a convertirse en un auténtico horno y sin embargo en la cima puede hacer frío. La diferencia a veces puede llegar a los 30ºC.

Otras curiosidades: el poeta florentín Petrarca realizó una primera incursión en el año 1336. Posteriormente lo consagraría con una oda. En su cima ya existía un observatorio meteorológico desde 1894, y en 1902 se corrían carreras automovilísticas en sus curvas. ¡Ah! Y en el Chalet-Reynard, a 6 km de la cima, se hacían tortillas de trufas.

Por Jordi Escrihuela desde Ziklo, sueños ciclistas

Imagen tomada de www.elpeloton.com

El futuro de los pequeños organizadores

Adriano Amici corrió el Giro de Italia de 1970. Hoy preside el Gruppo Sportivo Emilia, una pequeña organización italiana, como alguna queda en España, que sobrevive en los tiempos en que el ciclismo es redondo y no entiende de lo local y pequeño. Adriano narra desafiante sus peripecias en uno de los últimos ProCycling pintando un retrato que no nos es ajeno, porque aunque aquí en España sigamos viendo Italia como un oasis de organizaciones ciclistas, de excelentes redes que sostienen el sistema y una pasión desbordada, lo vemos en el Giro, por ejemplo, la realidad marca que los organizadores humildes las pasan canutas para sacar adelante sus carreras, en muchos casos monumentos, pequeños homenajes al ciclismo de siempre, ciclismo de trabajo, historia y leyenda, forjado en esfuerzo en su cogollo natural, la vieja Europa.

Adriano es el responsable del Giro de Emilia, una carrera con 105 años de historia que cuenta con grandes nombres en su cesto de ganadores. Tomen nota sino de Fausto Coppi, Eddy Meckx, Francesco Moser y Jan Ullrich para saber de atemporalidad de la carrera. Ajena al World Tour Emilia, que finaliza en la mítica iglesia boloñesa de San Luca, ha encontrado su rol en los últimos años: encontrar grandes talentos y marcarlos para lo que ha de venir.

De esta guisa en Emiila han ganado estos últimos años Diego Ulissi, Nairo Quintana y Carlos Betancur. Podríamos decir que ambos colombianos e italiano han tenido uno de sus bautismos de fuego aquí. Poco a poco el Gruppo Sportivo Emilia incorpora carreras a su porfolio, la última fue el Trofeo Laigueglia, sumando ya entre todas, diez días de competición.

Sea como fuere la entidad subsiste en una doble crisis, la económica, que está dejando Italia tan tocada como España, y la propia del ciclismo con esa exclusiva elite que pone las cosas muy complicadas a los pequeñitos.

El ente boloñés sin embargo marca el camino de la pequeña organización ciclista: especialización en carreras que sirven para destapar talentos y creciente cartera de eventos. Quizá en España pueda surgir algo similar, no sé un Unipublic en pequeña escala, una máquina de organizar que por ejemplo tomara las vueltas a Asturias y Castilla y León y le sumara un par de clásicas –aprovechando el recorrido que quede del Mundial berciano- y la recuperada Volta a Galicia. Lo sé es elucubrar, pero si no se toma este camino el futuro ofrece más preguntas que respuestas…

Foto tomada de noticias.lainformacion.com

El “ciclismo vintage” como inspiración funciona

La semana pasada tuvo lugar un acto desapercibido pero que creemos entrañable. En la zona de San Lorenzo de Mare –entre Imperia y San Remo- parte una ruta para bicicletas, exclusiva para bicicletas de unos 24 kilómetros de los cuales 1,7 pasan por un túnel en desuso que se ha dedicado a la historia de la Milán-San Remo. Esta singular instalación fue inaugurada por Eddy Merckx, quien sólo debe presenciar este tipo de cosas en Italia al margen de su enloquecida Bélgica con todo lo que tiene que ver con ciclismo. El tramo incorpora 100 imágenes de esta carrera que vio la luz en 1907.

Deseamos éxito a esta singular infraestructura que desde luego vuelve a poner de relieve que el ciclismo y sus adeptos pueden ser apetecibles piezas en la promoción de zonas turísticas de la importancia de la costa de Liguria. Hay fiebre por el ciclismo histórico, sus héroes, sus ropas, sus máquinas. No en vano estos días la Volta a Catalunya pone por doquier las bonanzas de esta tierra para ciclistas que viajan con su bicicleta desmontada y perfectamente acomodada en una bodega de avión.

 

Foto tomada de www.pezcyclingnews.com