#LeCahier El merecido de Boasson Hagen

Boasson Hagen gana en el Tour

Victorias muy caras. Qué complicado ha sido ganar en este Tour si no eras un top, por cierto Boasson Hagen lo es, si no estabas en la quiniela de velocistas o de los grandes de la general. Pocos Tours como éste en ese sentido, entre el multiganador Kittel, los dobletes del Sunweb, las llegadas en alto entre los mejores y alguna fuga que ha llegado, la de Calmejane y poco más, no ha habido más cera que la que arde.

Boasson Hagen lo merecía. El noruego es como el clima de su país, frío. Puede perder en una photo finish imposible con Marcel Kittel que no se le oye una palabra más alta que otra. El fair play guía su camino y la clase su postura sobre la bicicleta.

Prodigio precoz, ganador insaciable, el nórdico era un ciclista que parecía vivir del recuerdo, de los tiempos pasados, pero este Tour ha sido otra cosa, como aquel competidor que hace seis años estaba marcado por los rivales. Recuerdo aquel Tour, había dos noruegos en el pelotón y ambos ganaron sendas etapas. El otro era un tal Thor Hushovd, poseedor del arco iris.

Exigencia máxima. El final de Boasson Hagen es de enmarcar en las escuelas, para verlo una y otra vez. No es necesario ciclismo de altitudes y puertos imposibles para ver finales preciosos, como esos a los que nos acostumbraba Peter Sagan hace tan sólo un año. El segundo clasificado Nikias Arndt probó el castigo en sus carnes, el mal paso de jugársela contra Boason Hagen desmelenado. Qué forma de rodar, por Dios.

Una fuga excelente. Veinte tíos se metieron en el corte de la jornada, veinte tíos que sufrieron lo suyo para ponerse con ventaja y hacer hueco. Ojo a la nómina: Bakelants, quien despertaba morbo por si visitaba el podio, Bennati, Mollema, su mejor Tour sin el puesto por obsesión, Albasini, Keukeliere, Brambilla, Galloopin, Chavanel y De Gendt, de quien dijeron que llevaba un tercio de Tour escapado en Eurosport. Con esa relación podéis imaginaros el desenlace.

Las tareas del Team Sky. Nos llamó la atención el trabajo que, en una etapa presumiblemente llana han desarrollado, Mikel Nieve y Sergio Henao. No había otro motivo que el reparto de fuerzas, y que los dos rodadores del equipo -sin Geraint- Kiryienka y Kwiatkowski descansaran para, con Froome, atar el primer triunfo por equipos del Team Sky en la crono marsellesa.

#LaProchaine Llega la segunda crono tres semanas después de la primera. Marsella y su mítico estadio del Velodrome acogen una prueba en la que posiblemente Froome salga coronado del Tour, que no tenga imprevisto alguno, y se defina el podio. Uran tiene más números, pero una cronometrada a final del Tour es un libro en blanco.

Imagen tomada del FB de Team Dimension Data

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Hasta el próximo 24 de septiembre rodará la Summer Cup de Bkool

Todo lo que oísteis de Roubaix era cierto

Hace 120 años un par de hiladores de Roubaix, dos empresarios de textil, dijeron que querían una carrera que uniera la capital, París, con el deprimente entorno de la última metrópoli francesa antes de pisar terreno belga. Nació la París-Roubaix, la carrera que pudo con todo, con guerras mundiales, con la modernidad, con el automóvil. “Sans pave, par de course”.

Hoy, 120 años después el ciclismo se ha citado en esos más de 250 kilómetros para ofrecernos la mejor carrera en mucho tiempo, una carrera de la que hablaremos por décadas, rememorando las muchas, muchísimas estampas, situaciones y embrollos que nos regaló durante más de 150 kilómetros. Una carrera de grandes, de gigantes, que no tuvo respiro, que no dio tregua. Una CARRERA con mayúsculas.

Los astros se alienaron y dieron buena luz en la senda hacia Roubaix, no cayó el agua que las apps pronosticaron hace unos días, pero sí regaron de sabios charcos el recorrido. Ay, ese recorrido, un nido de trampas donde el peligro acechó en cada momento, de tal manera, que cuando menos lo imaginabas, un castillo de naipes se derrumbaba frete a ti, un desastre.

Cayeron casi todos, algunos más que otros y en algunas de esas caídas estuvo la clave. Aunque si hemos de buscar el momento que torció la historia, cabrá irse a más de cien de meta, cuando los Etixx hastiados de tanta crítica e infortunio, resolvieron que lo mejor para ganar a ciclistas que son superiores a ti, léase Cancellara & Sagan, principalmente, es adelantarse.

Y eso hicieron, mientras rodaba una inofensiva, en apariencia, fuga por delante, Tom Boonen dijo basta, basta a tanta racanería, a tanto papel mojado, a tanto ataque a su persona y equipo. Le dijo a Tony que “para adelante” y precipitaron los acontecimientos. Una bola de nieve rebotando por los pavés.

Y la carrera encloqueció a ciento y pico de meta, sí, a más de dos horas de Roubaix y su velódromo y las situaciones se hicieron inestables, y donde mandaba Sky se fue todo al garete porque en sendas caídas se precipitaron al vacío, y donde parecía mandar el Jumbo tampoco valió porque la mejor carrera posible del mejor Sep Vanmarcke de la historia no fue suficiente, hizo corto, como en el caso de Boasson Hagen, el corredor que vino para comérselo todo, que pareció el más entero en muchos pasajes pero que no tuvo suficiente.

La carrera fue como una de esas margaritas deshojadas tramo a tramo, perdiendo hojas, perdiendo prestancia, corredores. Y quedaron cinco, cinco de los que surgió un australiano, que venía con Imanol Erviti, top 9, de la primera fuga, para ganar en dos tiempos, primer intimidando en las pedanías de Roubaix y luego ganando Tom Boonen al sprint. No le contemplan más de cinco triunfos en una longevísima trayectoria profesional y tiene una Roubaix, algo que si miramos atrás veremos que no es la primera vez que pasa: Knaven, Backstedt y Van Summeren me vienen a la memoria,

Mathew Hayman arruinó las estadísticas de Tom Boonen y prorrogó su retirada. Si Boonen, excelso, hubiera ganado esta edición podéis tener por seguro que su registro hubiera pervivido mucho tiempo. El belga se despidió de Roubaix desde el podio, no pudo Cancellara, que estuvo a prueba de todo salvo de caídas, la ultima en la despedida del velódromo, aunque no os perdáis el “salto” que le hace Peter Sagan en la que eliminó al suizo, sencillamente sublime, la técnica de Sagan gana carreras, una pincelada más en una jornada que pasa a los anales, sin duda, de la historia del deporte más bonito del mundo.

Imagen tomada del FB de la París-Roubaix

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Remolques para llevar tu bici en el coche, en Cruz tienes unos cuantos… 

La estrella de Boasson Hagen vuelve a brillar

Las cosas no siempre son dos más dos cuatro, y menos en ciclismo. Cuando vemos a alguien con el poder de Edvald Boasson Hagen ganar 13 carreras con 22 años, los estadísticos del ciclismo, que haber hay unos cuantos, se vuelven literalmente locos y empiezan a proyectar. Si esto lo hace siendo un mozalbete de rubia calebellera y mofletes rosados, qué no hará cuando le salga pelo en el pecho.

Pero ocurre que los guarismos que tenemos por seguros no siempre lo son. Dicen en Road & Mud que EBH -pues responde a estas siglas- no es un ciclista ganador, yo no diría tanto, yo diría que es un ciclista diluido, como tantos otros, en el café para unos pocos que es el Team Sky.

Sólo valga un dato. EBH ganó 22 veces en el equipo de negro, de 2010 a 2014, es decir cinco temporadas. Fuera del mismo, entre HTC y Qhubeka, ahora Dimension Data, recogió ramos en el podio veinte veces, es decir dos años y muy poco, porque esta temporada ni siquiera ha roto y el noruego de promesas de oro ya ha ganado dos veces y perdió Qatar por un pinchazo.

Pero hay más, mirad la jornada reina de Oman, el brutal ritmo que rasga el pelotón en mil pedazos según gana altura. Mirad quiénes están ahí: Domenico Pozzovivo, Vincenzo Nibali y Greg Van Avermaet. Si un tío con la potencia de Bob Jungels acaba gripando.

Y EBH en medio del cotarro, aguantando la tremenda selección para darse un homenaje, una segunda victoria, exhibiendo un poder que no estaba en su repertorio reciente, que no estaba, hablemos claro en el noruego de grandes promesas que se diluyó en el Team Sky.

Dicen que EBH ha recuperado su entrenador de siempre, que en Oslo trabaja a destajo para volver a ser quién era, que quiere recuperar ese punch. En el Team Sky le tuvieron haciendo de mamporrero para Froome, Wiggins y cía como quien quisiera a Fernando Alonso para conducir el bus. Su trabajo fue para mantener el tempo durante muchos kilómetros en maratonianos tramos de montaña. Y eso diluyó su velocidad, y le situó un paso por detrás de Sagan, Kristoff y Degenkolb.

Creo que la noticia de este inicio de temporada, es ésta. que EBH está de vuelta y es una excelente noticia porque en su suerte va del ciclismo con un tipo que vende, cae bien y qué cojones, es un buen ciclista.

Imagen tomada del FB de Tour of Oman 

Team Sky: “Classics are the limit”

Hay una palabra inglesa que vemos mucho escrita. Se refiere a desafío, reto, obstáculo. Hablo del vocablo “challenge”. Este es un término que define muy bien la cultura anglosajona con su afianzada idiosincrasia de esfuerzo, trabajo, equipo, objetivo y meta. En el camino hacia la excelencia que dicen anhelar, tienen margen, ya lo creo. Excelencia es dominar todos los campos y facetas, y ellos a pesar del empeño, andan lejos de cerrar ese círculo.

Sin duda el equipo más importante del mundo, el Team Sky, tiene un hercúleo reto por delante. Un desafío que no habla del Tour, quizá de ninguna otra vuelta por etapas, aunque no las hayan ganado todas, han logrado un importante palmarés en sus cuatro temporadas. Son poseedores de las dos últimas ediciones del Tour y han estado presentes en los podios de Giro y Vuelta.

Hace un año, cuando Bradley Wiggins se relamía de su temporada redonda afirmó que quería algo más y no lo mismo. Fue entonces cuando tomó forma su presencia en el Giro de Italia, resuelta de la peor de las maneras con un abandono en la primera parte de la carrera y la certeza de que si hubiera seguido en liza, su ocaso habría sido peor. En una mente ciclísticamente normal cuando se logra el Tour, el Tour vuelve a ser un objetivo top al año siguiente, en Sky no, quieren retos, retos nuevos, “new challenges”.

Pero el Giro fue un desastre para los hombres de negro porque se corrió como una clásica. Una prueba de un día diario que sazonada con frío y lluvia convirtió la norma y el orden que mueven el equipo de Dave Brailsford en un auténtico caos. En el Campeonato del Mundo el ciclismo inglés nadó en la misma dirección, un poco de desorden, una selección que ataca en bloque –la italiana- sumado a la lluvia y el frío y el equipo naufraga como si vinieran del país más seco y soleado del mundo. Cuando menos curioso.

Y es que miremos la campaña de Team Sky en las clásicas. La palabra que define su actuación es la de desencanto. Team Sky ha sido un comparsa, mirado con ojos de estrella, en las grandes carreras de un día. Dado que los mentores del equipo y sus corredores demuestran querer dominar las artes de la clásica, que quieren y aprecian el pasado y poso histórico de estas carreras, aquí tenemos el desafío del mejor equipo del mundo.

Aunque en el Mundial y Lombardía, los comentarios fueron duros y hablaron casi de dejación de obligaciones por parte de los corredores, la mala sintonía del bloque en estas carreras vino de primavera donde la excelente nómina de corredores que integra fue mero espectador en la lejanía de los duelos de Cancellara y Sagan. Sea por táctica, por mala suerte, sus dos mejores hombres, Boasson Hagen y Geraint Thomas estuvieron lejos, siendo la San Remo de Ian Stannard la única nota positiva del trance primaveral, pues ni si quiera los colombianos Sergio Henao ni Rigoberto Uran rayaron alto en las Ardenas y Chris Froome  no está en la línea de este tipo de carreras. Sólo un dato, la única clásica de los hombres de negro la logró Juan Antonio Flecha en 2010 con Het Nieuwsblad, desde entonces “nothing”.

Con todo se antepone una duda, ¿seguirán apostando por lo que conocen y dominan o se implicarán en terrenos desconocidos? A mí, si me pe pidiera una opinión me decantaría por lo segundo, lo primero ya lo tienen por la mano y lo otro implica “reto”, y eso les pone.

Imagen tomada de www.zimbio.com

 

El Team Sky no mete miedo sobre los adoquines

Con Juan Antonio Flecha, en su primera temporada en el pelotón, empieza y acaba lo mejor de Team Sky en las grandes clásicas de primavera. El catalán firmaba en 2010 el primer éxito del entonces recién creado equipo inglés, siendo el mejor en la rebautizada Het Nieuwsblad, la Het Volk de toda la vida. Desde entonces el vacío más absoluto puebla el palmarés del mejor equipo del mundo en las grandes citas de un día.

De hecho, si tomamos las estadísticas comprendidas en estos mes de marzo y abril, sólo Flecha implicó al Sky en las grandes carreras con su tercera plaza, por ejemplo, en la París-Roubaix y en el E3 de Harelbeke en 2010. Fuera de estos resultados emergen las victorias en la Kuurne –clásica de segundo orden- de Mark Cavendish y Chris Sutton y podios concretos, tales como el de Geraint Thomas en A Través de Flandes (segundo en 2011) y el de Thomas Lofkvist en la Strade (segundo en 2010). Fuera de estos resultados un solo podio más en un monumento: Rigoberto Uran tercero en el Giro de Lombardía ganado por Purito por delante de Samuel Sánchez.

Curiosamente pues, el ciclista más errático en lo táctico, Juan Antonio Flecha, ha sido el gran, por no decir que el único, valedor del perfeccionista equipo negro en este teatro. Y eso que en el seno del equipo de Dave Brailsford no han corrido unos cualquiera por mucho que no hayan hecho honor a sus respectivos cachés.

En el caso más evidente tenemos a Edvald Boasson Hagen, ese ciclista casi anónimo e inestable en las grandes citas del adoquín. Un corredor que prometía no mucho, muchísimo, pero que quema años sin explotar el mínimo que se le supone. Incluso el noruego cuajó actuaciones para el análisis como la del año pasado cuando ante la arremetida de Tom Boonen ni tiró ni ayudó ni siquiera buscó salir a por el belga. Simplemente fluyó sin pena ni gloria hasta el velódromo.

En la presente campaña dos ciclistas negros vestidos de la tela de la glamurosa Rapha han afinado pero no sabemos si lo suficiente. El leal Mathew Hayman que Flecha se trajo de Rabobank fue tercero en A Través de Flandes, en ese sprint imposible que ganó Oscar Gatto, mientras que Ian Stannard ha merodeado sin suerte la vanguardia aunque transmitiendo un poder terrible, a tal punto, que nos es descabellado pensar que hasta podría ser de la terna de cuatro o tres estrellas en un baremo de favoritos que vaya de uno a cinco.

Y luego está la perla del ciclismo británico, aunque galés en este caso: Geraint Thomas, el elegante “velodromista” de Cardiff que ganó la París-Roubaix juvenil y que debe dar el salto. El año pasado tuvo la bula olímpica para desinhibirse del tétrico papel de su equipo camino de Roubaix pero en esta ocasión debe asumir galones más cuando su gélido partenaire, EBH, no atisba mejora evidente.

Veamos pues a los Sky ante el binomio del pavés por antonomasia. Y es que, a pesar de del enorme dominio en pruebas por capítulos, a los Brailsford aún les quedan terrenos por conquistar en esto que le llaman ciclismo.