Una vuelta resumida en una subida

¿Os acordáis de aquel infumable perfil de la jornada de La Camperona en la última Vuelta a España? Una etapa llana, llana, llana, por la tierra de campos leonesa, entre adobe y palomares que se decidió como un scracth en pista, a toda leche, subida brutal y maricón el último…

Esto ha sido esta Vuelta al País Vasco, una prueba corrida como un sractch en pista que, a 24 horas del final, se resume en una subida, un trecho brutal, casi en línea recta entre el barrio de Matsaria de Eibar y Arrate, que no ha resuelto casi nada, dejando la tarea de coronar al ganador en una crono más larga de lo usual. Esta subida y el paseo de David de la Cruz, camino del Boulevard Donostiarra, han servido para abreviar los cinco primeros días de esta Vuelta al País Vasco.

Entiendo que la edición presente de la Itzulia revestía sus dificultades. Por cuestiones internas de organización, que si os soy sincero tampoco estoy muy al corriente de lo que ha pasado, el recorrido no ha sido el de los últimos años. Ha resultado mucho más suave, intrascendente y ha vuelto a los orígenes, cuando las capitales de provincia eran inicio y final de etapa. Sin embargo, entiendo que algo de salsa al guiso se le podía haber metido, no sé algo más como el acceso a San Sebastián por Igueldo, algo que complicara la vida a unos ciclistas que han ido a velocidad de centella hasta el epílogo de la carrera.

Si pudo haber un acierto en recorrido ha sido precisamente este final, en menos de 24 horas poner una subida tan brutal como la de Arrate combinada con una contrarreloj, que todo lo ponía en duda y cuarentena, obligando a los que estaban obligados, a moverse con más ambición, una palabra que por cierto le va como esos «skin suits» de Endura a Alejandro Valverde, un ciclista que cumple años al revés y cada sesión que pasa mejora y mejora en base a su privilegiado físico y mejor conocimiento de ciertos lugares, como el lugar fetiche que le resulta Arrate, donde le levantó una etapa de la Vuelta a Purito entrando segundo en la última curva.

La ascensión por eso tiene su miga, es tan violenta que yo creo que hasta enfría los ánimos y quita las ganas de hacerlo desde lejos. Ni Valverde, el más activo, ha conseguido hacer hueco. Estas subidas son como un castillo de naipes, cuyos argumentos se derrumban cuando coges las clasificaciones y ves que las diferencias brillan por su ausencia.

Por eso no cabe cantar victoria, van todos apretados de cara a la crono, lo único que cabe celebrar es salir antes o después, que en una crono larga puede ir bien para medir esfuerzos y conocer tiempos rivales. Muchos detestan las bonificaciones, yo qué queréis qué os diga, creo que unos segundillos en juego habrían arreglado un poco esto, al menos en la llegada en Arrate y lo que habría significado. Es lo que hay, esperemos que el año que viene haya más y mucho mejor.

Y si me pedís un favorito, diré Ion Izagirre, me encantaría que ganara en su tierra, delante de los capos y de paso le dé carnaza a los del relevo y esas cosas.

Imagen tomada de Iberobike.com

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El Cruz Bike-Rack N es el portabicicletas de techo en acero (negro)

Hoy soy un poco más del Eibar

Hace un par de años pude conocer con algo de detalle Eibar, su cuenca, su historia y lo que más nos movía, su bicicleta. En el proyecto de los 175 años de Orbea, indagamos y supimos de una tierra que por muchos motivos te marca. Conocimos gente que nos explicó eso del “gen” eibarrés, algo que creo surgió el mismo día que una persona puso el pie en esos valles tan complicados e inhóspitos, imposibles de domar y con la única opción de quemar la leña para trabajar el hierro para salir adelante.

De ese trabajo, supimos de la pericia que inundó la cuenca del Deba. Como el día que no vieron futuro en las armas, utilizaron esos tubos para hacer bicicletas y de éstas como surgieron grandes competiciones que llenaron de gloria los festivos de esa tierra que es verde, pero también azul, azul de Bergara, como los buzos de los obreros que dejaban la máquina para ver pasar un pelotón y cuyo homenaje quedó impreso en los maillots de la Bicicleta Vasca.

Eibar es al ciclismo en España lo que Flandes en el universo. Es un ombligo, adelantada en muchas cosas, ahora que se celebra el día de la mujer, aquí la mujer casi siempre llevó un sueldo a casa, también lo fue en la bicicleta gracias a esas familias que la hicieron crecer: los Gárate, los Beistegui, los Orbea,…

Eibar además es laboriosidad, saber hacer, paciencia, fuego lento. A quienes nos gusta seguir el fútbol, pero no la pasión y la desmesura, el fútbol de verdad, el que se explica y no se chilla, el Eibar es un ejemplo profundo de cómo es esta tierra: modesto pero ufano de sus raíces, artesanal, del pueblo, en un estadio que no puede crecer, porque la montaña le empuja,… por donde cada semana desfilan los mejores futbolistas del mundo.

Ese Eibar que está en la parte noble de la tabla, ese Eibar que inunda de azulgrana balcones, el Txoko, el Arkupe y otros sitios de reunión, apoyará el Memorial Valenciaga a través de su fundación. “Una forma de devolverle a la sociedad lo que nos da” dice la presidenta del equipo que viste como el Barça, porque no sé qué año ni en qué competición, el Barça les dejó las camisetas para salir al campo y ya nunca dejaron esos colores.

Pocas veces encontramos comunión entre el fútbol y el ciclismo y sí en algún sitio maridan tenía que ser en Eibar. Yo conozco gente de la Eibarresa y sé lo complicado que lo tienen para sacar adelante la mejor carrera amateur de España, cosa que parece mucho, pero que en el fondo no es tanto, porque la historia está llena de torres muy altas que acabaron cayendo. Sé del rally de patrocinios que afrontan cada año, y muchas veces con teléfonos que no responden y puertas que no atienden. Sé de todo eso y por eso me alegro muchísimo que el Eibar, en los mejores años de su historia, se acuerde de los suyos y mantenga vivo ese monumento que aupó a Freire, Purito, Rosón y compañía.

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Conoce las Rutas Míticas WD-40!!!Este año el premio final consistirá en un viaje a las Cataratas del Niágara