Una primavera poco clásica

Ya acabó. Cada año cuando se atraviesa el umbral de Ans atamos cuentas, miramos hacia delante y contamos las semanas que quedan para que empiece la próxima primavera. Wouter Poels es el último nombre de un listado que abrió a finales de febrero Greg Van Avermaet con victoria en la Het Nieuwsblad, la primera de la cuenta primaveral, una carrera que es espectacular, pero que rara vez marca tendencia por coronar ciclistas que luego, en el meollo de la temporada de clásicas no acaban de explotar. Como Van Avermaet, podemos hablar de Flecha, Vanmarcke o Stannard, quien ganó dos del tirón y nunca más se supo esas dos temporadas que se aupó con el triunfo.

Sea como fuere la primavera de 2016 nos deja varios nombres y muchos de ellos inesperados porque en ninguna quiniela, por rara que fuera, se pudo prever nombres como los de Arnaud Demare, Mathew Hayman o Enrico Gasparotto como ganadores de clásicas del mejor rango. Incluso el éxito de Poels en Lieja se habrá pagado muy bien en las casas de apuestas.

Sólo dos nombres han estado donde se les esperaba. El primero Peter Sagan, del que hemos glosado lago y tendido, pero de quien no conviene olvidar que logró dos triunfos y dos segundas plazas, algo realmente complicado, sobretodo cuando vemos lo incierto de estas carreras y las muchas sorpresas que encierran.

El otro ha sido Alejandro Valverde quien tiene en la Flecha Valona la horma de su zapato, la carrera que le permite aliviar la hinchada que le reclama clásicas mientras él sigue tirando a las grandes vueltas. Pocas veces un ciclista muestra tanto dominio de la situación como Valverde, y por ende el Movistar, en la clásica unipuerto, pues aunque sea, como dicen por el lugar, “wallonnée”, no deja de ser una carrera que se decide en las pendientes de Huy. Todo lo que pasa, pasa por y para ese muro, todo lo demás, excede lo noticiable.

Y es que, lo siento, pero la parte de los adoquines sigue siendo a la primavera lo que el agua al río. Las Ardenas volvieron a quedar ensombrecidas por el control típico de gente que disputa grandes vueltas, reduciéndose a escasos segundos de emoción. No sabemos si es la propia composición de los equipos, las mentalidades, no sabemos qué, pero es imposible burlar el corsé de los grandes nombres. Sólo Tim Wellens ha sido algo osado, y a la vista de su éxito posiblemente cambie de estrategia en lo sucesivo.

Las Ardenas necesitan Jalabert, Bartoli, Criquielion, Argentin, Vandelbroucke,… grandísimos ciclistas que sólo temían su sombra. Corredores que armaban el zafarrancho desde lejísimos convirtiendo la carrera en una ratonera, en algo impredecible que te levantaba del sofá. Similar lectura le vale a San Remo, la carrera que vio llegar en solitario a Chiapucci y Bugno o ganar en duelos de dos a Kelly y Jalabert. Ahora ni Dios rompe San Remo.

Mal está la cosa cuando el aficionado medio prefiere carreras como la Strade, de nuevo cuño y cargada de tierra, a la San Remo. Yo prefiero seguir decantándome por el monumento, pero es complicado, cada vez más, justificarlo. Por suerte siempre nos quedará Flandes, con valientes como Sagan,Kwiatkowski y Cancellara, y Roubaix, sobretodo Roubaix, para mí una de las mejores carreras de los últimos tiempos, con 120 últimos kilómetros para enmarcar, prendados de singularidad y emoción, llenos de vivencias.

Es ciclismo experiencial, eso que muchos venden ahora en paquetes regalos que te dan una noche en un spa o una cena en un estrella Michelin. Ese domingo, las dos ultimas horas y media de Roubaix no las cambio por nada. Sé que eso no se puede tener todos los días, pero es el sello de un monumento, la marca del ciclismo añejo, del que prendó a una parroquia que lo sigue reivindicando.

Imagen tomada de FB Liege-Bastogne-Liege

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Y hablando de apuestas primaverales, ya hay ganador de la #PrimaveraKronos. El reloj Kronos se va la costa levantina en una complicadísima quiniela que se ha resuelto, asómbrense, por el segundo puesto de Peter Sagan en E3 y es que nadie ha pasado de dos aciertos de ocho carreras posibles.

Amstel, la contracrónica

La más prestigiosa carrera que se celebra en Holanda no hay ninguna duda que es la Amstel Gold Race, que este año cumplía su 51ª edición. Se ha visto catapultada, muy de sorpresa, por el italiano Enrico Gasparotto, que ha tenido la osadía de imponerse en la misma línea de meta al danés Michael Valgren (2º) y a otro italiano Sonny Colbrelli (3º). La conclusión que entresacamos es que estos tres hombres que han ocupado el podio han marcado una jornada final de asombro. Los tres, por ahora, no dejan de ser unas medianías analizando someramente sus historiales o su pasado.

La aludida competición, como dato informativo, constaba de 31 muros o cotas que obligaban a denodados esfuerzos dándole a los pedales. Era un sufrir casi constante. Nadie pudo zafarse de aquel tormento, aunque la carrera no pudo ser decididamente selectiva como bien hubiéramos deseado. Tras los dos primeros clasificados llegó un grupo integrado por nada menos 29 unidades. No hubo, en fin, disgregación apenas abierta.

Por otra parte, revisando los ocho primeros clasificados, advertimos la presencia de cuatro italianos, hecho que hacemos hincapié al adicionar a la relación de honor a los transalpinos Ulissi (7º) y Visconti (8º). Es Siempre un dato que debemos valorar a su favor.

La carrera se desarrolló bajo un ritmo trepidante, sin respiro. Aunque no por ello el pelotón quedó desmembrado de buenas a primeras. La intervención de los grandes equipos contribuyó a paralizar varias iniciativas a lo largo de la misma. Los kilómetros trascendentes estaban en sus postrimerías. Lo demás, por más que se dijera, era echar pólvora en salvas nada más ante un paisaje realmente halagador que se sitúa en la parte sur de los Países Bajos, concretamente en la provincia de Limburgo, provista de un sinfín de carreteras estrechas en dónde continuamente se subía y se bajaba sin miramientos. Las Ardenas son así y no otra cosa.

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Surgió Gasporotto inesperadamente

Entre las varias escaramuzas iníciales la más importante, pero no trascendente, se moldeó a 35 kilómetros de la salida al formarse un conglomerado de once unidades entre las cuales no se encontraba ningún español. En un momento fugaz y muy al final, vislumbramos un ataque por obra del checo Kreuziger, sin resultado positivo, y a continuación otro a cargo del belga Wellens sin consecuencias tampoco.

Cada cual trataba de ganar en solitario en la llegada que se dirimía cerca del alto de Cauberg, cuya longitud era de un kilómetro y medio de ascensión, con un porcentaje medio de pendiente del 5,8 %. Había que jugárselo todo allí, a dos kilómetros de la misma meta, ante una apretujada multitud de aficionados, vibrantes y entusiastas, atacó el veterano Gasparotto y tras su estela se le pegó el danés Valgren. Un forcejeo entre ambos y finalmente el corredor italiano se llevó la victoria sin paliativos, merecidamente.

Enrico Gasparotto (34 años) ya no pertenece a la nueva generación. Su historial no tiene mucha luz. Se le recuerda por la conquista del del título de campeón de Italia de carretera (2005), y también, en aquel mismo año, al imponerse en la etapa que finalizaba en Cambrils de la Volta a Catalunya. Era su primer año como corredor profesional. Posee un Giro a la Romagna (2008) y una etapa en la Tirreno-Adriático (2010).

En la temporada del año 2012, se impuso precisamente en la Amstel Gold Race. Sabía, esta vez, la clase de terreno que pisaba. Este segundo triunfo reiterativo le ha de servir siquiera como consuelo y gloria al mismo tiempo. Es oriundo de la localidad de Sacile, emplazada en la región de Friuli-Venecia Julia, emplazada en el norte de Italia. En su pueblo, pequeño pueblo, de seguro que sus gentes estarán de fiesta. Una gesta deportiva de esta índole es algo que se valorará mucho entre sus paisanos.

¿Stablewski o Stablinski?

Todos sabemos que la carrera a la que hemos hecho alusión, la clásica Amstel Gold Race, que en esta ocasión conmemoraba tal como hemos reseñado su 51ª edición. Su inicio en el calendario de carreras se remonta al año 1966, gracias al impulso dado por dos magnates de la popular firma cervecera holandesa. Indagando en su faceta anecdótica, cabe comentar algo acerca de su primer ganador.

Se llamaba en realidad Jean Stablewski, que aunque nacido en la localidad de Thun-Saint-Amand, ubicada en la parte norte de Francia, lindando a la frontera belga, sus padres eran de origen polaco, encontrado allí un progreso económico en sus vidas, léase trabajo. Dura labor la de su padre que se ganó el sustento trabajando en unas duras minas carboníferas.

Lo curioso del caso es que la familia ante los éxitos conseguidos por el hijo en el mundo del pedal decidiera cambiar el apellido de origen con una denominación más asequible de pronunciamiento cara a las gentes. En las competiciones se popularizó bajo el nombre de Jean Stablinski. Así quedó plasmado a lo largo de su extenso historial deportivo.

Lejos de extendernos en el tema cabe señalar el de que se adjudicara en la Vuelta a España en el año 1958. Fue campeón del mundo de carretera en Saló, a orillas del Lago Garda (Italia), al imponerse al irlandés Seamus Elliot, en la temporada 1962. Por otra parte, por cuatro veces conquistó el título de campeón del país galo (1960, 1962, 1963 y 1964). Falleció prematuramente en la misma Francia, en el mes de julio de 2007, a los 75 años. Constituyó un buen ciclista para ser recordado en la historia del pedal.

Jan Raas, una estrella destacada

Otro dato digno de ser divulgado son las cinco victorias alcanzadas por el holandés Jan Raas en la Amstel Gold Race (1977, 1978, 1979, 1980 y 1982), un récord que no ha podido ser arrebatado por nadie hasta la fecha. Por encima de todo, aunque batallador, era un corredor de escala velocista.

Logró nada menos un total de 115 triunfos en el período comprendido entre los años 1975 y 1985, en donde destacó por encima de todo el título mundial de carretera, que ganó en su país, en Valkenburg (1979). Su retirada fue un tanto adelantada a raíz de un grave accidente sufrido en la Milán-San Remo (1984), carrera que había vencido en 1977. Se impuso en otras clásicas de renombre, tales como la París-Bruselas, París-Roubaix, y, por partida doble, la París-Tours y la Vuelta a Flandes. Raas, nacido en la provincia de Zeeland, no era un ciclista del montón como tantos otros. Destacaba por encima de las medianías. Al igual que el malogrado corredor francés Laurent Fignon o el suizo Alex Zülle, se le distinguía por sus elocuentes gafas, cual fuera un docto profesor universitario.

Haciendo más historia

Introduciéndonos un poco en el campo estadístico de la carrera nunca está de más el saber que los Países Bajos domina el historial con 17 victorias; mientras que Bélgica, se basta con 12, e Italia, con 7, tras el reciente triunfo que acaba de registrar Enrico Gasparotto. Alguien se podrá preguntar cuál ha sido el papel de los representantes españoles en el país de los tulipanes.

Hasta la fecha nos cotizamos por los fogonazos de alto vuelo protagonizados por el murciano Alejandro Valverde, tercero en el 2008, y segundo en los años 2013 y 2015, y el catalán Joaquín Rodríguez, segundo, tras el belga Philippe Gilbert, en el 2011. Recordamos, además, que el cántabro Óscar Freire hizo el cuarto en el año 2012. Los otros corredores hispanos se quedaron más o menos entre dos aguas.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de FB de Amstel Gold Race

Otra triste Amstel Gold Race

Lo hemos dicho mil veces, quizá más, pero no por ello podemos cambiar de criterio o mostrar tibieza: la Amstel Gold Race es un ladrillo cada vez más intragable. No nos pondremos exquisitos, no. No hablaremos de forma peyorativa de los integrantes del podio, a todas luces inesperados e imprevisibles, ni del caché que desprenden. Enrico Gasparotto es un raro ciclista que no mojaba desde que ganó la Amstel hace unos años y ahora ha vuelto, vestido de un maillot que no es World Tour, para engordar su magro palmarés.

Con Gasparotto subieron al podio Michael Valgren, el tercer o cuarto hombre del Tinkoff que hace gala a lo que dicen de él, y Sonny Colbrelli, un corredor que hizo el agosto en los estertores de la campaña italiana de hace dos años, que ahora tiene este podio pero que, curiosamente, sigue en el Bardiani, ajeno al máximo circuito.

Ese es el paisaje, esa es la realidad, la carrera que para el entorno más ciclista de Europa es una fiesta, pero cuyo desarrollo es un auténtico bodrio, lo siento, pero es así. Una carrera que premia el control, y no será por subidas, más de treinta, que privilegia a trotones como Mathew Hayman para ruina de los pocos ciclistas que lo prueban con algo más de ambición, como Tim Wellens, un corredor que a más no tardar tiene que ganar algo grande de verdad, y cuando digo algo grande no me refiero al Eneco Tour, carrera respetable, pero no encumbra como las que nos ocupan estos días.

Sinceramente vi los últimos diez kilómetros, y me sobraron casi ocho, porque el valiente intento de Wellens estaba acabado al fracaso por un Orica que ha ganado grandes carreras y curiosamente nunca con Michael Matthews, el corredor que siempre está ahí, pero no despunta. Como dije al principio, no penséis que este análisis lo mueven los integrantes del podio y su caché.

Hay carreras y carreras, y muchas que no están en el WT, que corren ciclistas desconocidos: por ejemplo mirad el desenlace del Gran Premio de Denain -el terrible sprint de McLay-, del Tro Bro Léon –con un doblete impactante- o la Flecha Brabanzona -Vakoc excelso- para entender que los nombres no hacen el espectáculo, a veces es incluso al revés, el problema es la carrera, su concepción y ese sitio que se tiene por legendario, el Cauberg, que alimenta escasos segundos de emoción pura.

La única alegría de verdad que me llevé de esta Amstel es el emocionante homenaje que el Wanty ha logrado tras la irreparable pérdida de Antoine Demotié. Creo que el recuerdo, el sonado y sentido homenaje que las grandes carreras no le hicieron, o al menos no proyectaron en toda su importancia, se lo ha podido dar un compañero de equipo Gasparotto.

Imagen tomada del FB de la Amstel

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