El récord secreto de Enrique Aja

Hubo un día muy celebrado en la historia moderna del ciclismo español, fue esa jornada en la que se torció el destino del deporte de las dos ruedas a este lado de los Pirineos. Los mayores de este mal anillado cuaderno lo recordarán, casi con la misma lucidez que nuestro amigo Jorge Lastra.

Hablamos del loco Tour de Francia de 1983, aquella aventura en la que José Miguel Echávarri se embarcó contra pronóstico de agoreros, que le decían que el ciclismo español no tenía las tablas para estar en una carrera histórica. La edición, sin su dominador natural Bernard Hinault, tuvo un día D en la cronoescalada de Le Puy de Dome.

#DiaD 16 de julio de 1983

Una etapa que pasaría a los anales por el doblete de los dos corredores del Reynolds del “incauto” Echávarri, Angel Arroyo y Pedro Delgado, para entonces ya Perico. Primero y segundo, toma ya, nada menos, superando a todos los grandes, dejando al pujante Fignon fuera del top 3, pues en tercera plaza se metió el colombiano Patrocinio Jiménez, quien fue el más rápido en subir el volcán más famoso de la Auvernia.

Aquella etapa no obstante, tenía una subida anterior, un puerto inicial donde también hubo cronometraje para ese tramo concreto de subida. Ahí el más rápido fue Enrique Aja, compañero de Perico y Arroyo.

Fue la Còte du Parc Naturel, estaba en el octavo kilómetro de etapa, a mitad de recorrido más o menos, y como decimos el mejor fue Aja superando a Lucien Van y al propio Arroyo, siendo Peter Winnen, cuarto, y Perico, quinto en ese tramo, aunque líder en el cómputo global de la carrera. Aja por eso acabó lejos de los mejores en el volcán, a más de seis minutos.

Enrique Aja fue ciclista pro durante casi toda la década de los ochenta que ahora nos da tanto por recordar. Natural de Pontones, ese fue su primer Tour y lograría ganar una etapa de la Vuelta a España de 1987.

La trascendencia del día se explicó ampliamente en la prensa de la época que situó las anteriores gestas hispanas en el Tour casi diez años antes, eso es el ciclo de Luis Ocaña. Aquella etapa tuvo grandes singularidades con el líder Pascal Simon corriendo con el omoplato fracturado y la entrada que los 100.000 espectadores debieron abonar porque la coronilla del volcán era de propiedad privada. Se dijo que entre Levitan, el patrón de la burocracia del Tour, y el dueño se llevaron 20 millones de pesetas. El negocio siempre fue el negocio.

Imagen tomada de @olympia_vintage

El ciclismo como cronista de lo social

Esta imagen la colgó hace tres días @olympia_vintage en twitter y llamó nuestra atención desde el primer momento. Como la arquitectura y la pintura más allá de cuando existía la fotografía nos sirvieron para narrar la historia, el carácter nómada del ciclismo sirve para expresar realidades sociales que cuando menos lo imaginamos vuelven.

La imagen de Enrique Aja cruzando en la meta de Reinosa en la Vuelta a España de 1987 pone de relieve los tensos días que se vivieron en la idílica localidad cántabra aquella primavera por el cierre de Cenemesa que debía poner en la calle 2000 personas en una localidad de 13.000 habitantes. Cenemsa es hoy Gamesa.

Aquel cierre se enmarcó en el proceso de reconversión industrial que dejó España desprovista de muchas de sus industrias. Curioso que en los tiempos que corren se habla de revertir aquella situación hablando de una reindustrialización. La historia es circular. El ciclismo fue entonces testigo, como en otros muchos casos, de esa problemática y la difundió. Es curioso por eso que en España de 2013 no surjan más señas de malestar como en aquella época.