Un turista en bicicleta no es un cicloturista

De turista en bicicleta a cicloturista, hay mucho más que algunas pedaladas de diferencia

No quisiera que se me malinterpretara, porque pensaréis que a qué viene éste ahora a (intentar) desmontar la definición de lo que es un turista en bici: ¡con la de ríos de tinta que ha costado explicar lo que es un cicloturista!

Es más, seguro que muchos recordaréis que, desde estas mismas páginas, siempre hemos defendido que lo que practicamos la mayoría de ciclistas de este país que no vivimos de esto, ni somos amateurs, ni pros, ni siquiera másters, sólo se puede definir bajo la percepción del ciclismo y el turismo.

Y… ¡ojo! así lo seguimos pensando, por supuesto, siempre teniendo en cuenta que dentro de esa enorme palabra («cicloturismo») que abarca a miles y miles de usuarios de las dos ruedas que practicamos esta modalidad todos los fines de semana, existe una amplia gama que nos lleva a diferenciar varios tipos de cicloturistas: desde el más tranquilo hasta el más combativo, que suele ser también el que quiere ir más «rápido».

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Sí es cierto que a este último ejemplo lo podríamos denominar como ciclodeportista, de la misma manera que al que se lo toma con más calma sería posible definirlo como ciclopaseante.

¿Estamos todos de acuerdo en esto? Seguro que sí.

Podréis preguntarme: ¿y entonces?

Buff 4 Cims cicloturismo JoanSeguidor

Vamos a ver si me explico…

Con el título que encabeza este post quiero demostrar que entre el paseante turista en bici, que no tiene por qué hacer sólo recorridos cortos, y el cicloturista, hay mucho más que algunas pedaladas de diferencia.

Está claro que no es lo mismo que nos metamos 50 kilómetros a ritmo de carrera, jugando con nuestros compañeros de club a ser ciclistas, que salir a recorrer el doble, solos o también en compañía, pero haciéndolo tranquilamente: si tenemos que echar todo el día para acabarlo pues se hace y ya está, sin complejos, por supuesto.

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Seguro que acabaremos esa jornada mucho más cansados si hemos optado por picarnos con nuestros amigos que el haber pedaleado 100 kilómetros a una media, por ejemplo, de 15 km/h.

Eso está muy claro.

Pongamos un ejemplo que muy bien podría servir a los «iniciados» en este deporte: un buen día, alguien que sale a recorrer kilómetros de forma contemplativa se da cuenta que se encuentra como nunca, sus piernas están fuertes, marcha bien, ha automatizado el pedaleo y adquirido buenos hábitos: su bici avanza más despacio que él, sobre todo en su cabeza.

La ruta, como otras muchas veces, es preciosa, pero esta vez todas estas excelentes sensaciones hacen que nuestro protagonista se vea capaz de aumentar el ritmo.

De esta manera piensa que los 100 kilómetros de hoy que normalmente suele tardar en hacerlos unas 5 horas, a una media de 20 km/h, si se exige algo más reparará en que lo puede completar en sólo 4 horas, a una media de 25 km/h.

Ya ha dado un gran paso -una gran pedalada- y con satisfacción, algo más fatigado de lo habitual pero también más contento, comprueba que sí, que sigue siendo cicloturista («ciclo» sí, pero no sólo «turista») pero que en esa salida ha abandonado el pelotón de los contemplativos para engancharse no sólo al disfrute de los paisajes sino también querrá ahora devorar los kilómetros rodando rápido.

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Seguramente si antes era más turista que ciclo, las paradas para sacar fotos se irán reduciendo y ahora quizás se concentrará más en su pedaleo, se convertirá en «un loco de las cumbres» (¡gracias, Juanto!) al darse cuenta que su cuerpo se elevará ágil en las cimas, o bien será un gran rodador, realizando esfuerzos como un metrónomo en los que intentará economizar su esfuerzo.

Probablemente será capaz de rodar a 35-40 km/h en el llano, o de lanzarse solo a completar un recorrido de más de 100 kilómetros en algo más de 3 horas.

Quizás se vuelva más científico, controle sus pulsaciones, tan acostumbrado como estaba a realizar largas marchas a menor velocidad, con la experiencia que le han dado estas salidas para tener una buena base de forma.

A lo mejor su bici querrá cambiarla por una más rápida y ligera, atreviéndose cada vez más con más kilómetros, más lejos y más rápido, cambiando de esta manera de categoría: de turista en bici a cicloturista.

Para eso, seguro planificará su temporada, empezando a entrenar en invierno, para acumular kilómetros y llegar a las grandes citas del calendario en primavera, sobre todo los meses de mayo y de junio, y poder brillar en las grandes pruebas de alta montaña.

Cuidará también de su alimentación, se preocupará por su peso y se volverá un tiquismiquis a la hora de comer.

 

¿Alguien se reconoce en este perfil? ¡Buf! ¡Cuántos!

Espero que también hayan muchos que se vean reflejados en el turista en bici -el paseante- que para ellos la bici no sea el sudor, el esfuerzo y el sacrificio que le supone al protagonista que hemos puesto de ejemplo, sino que les represente una manera de cambiar de registro, salir de su casa para visitar otros lugares, otros pueblos, otros parques y jardines, sitios que puedan ser un reclamo por su historia, su arte, su geografía, su cultura o su gastronomía.

 

Este grupo, más o menos también numeroso, dará más importancia al factor turismo y, para que os hagáis una idea, si lo que quieren es visitar el casco antiguo de una población, sus iglesias y sus museos, o monasterios y castillos, estaremos de acuerdo que presentarse en maillot, culotte y zapatillas con calas, no será lo más adecuado para caminar entre sus calles y plazas.

 

Con esto no quiero decir que este tipo de cicloturistas -que pueden viajar la mayoría, lógicamente, con alforjas, o bien pueden tratarse de ciclocampistas, o por qué no, también se pueden alojar en hoteles o casas rurales-, se desentienden por completo de la bici, pero para ellos es sólo un medio más o incluso el único, el que les hace olvidarse del coche, los aviones, los trenes o los autocares, que dominan y que disfrutan desde hace mucho tiempo.

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De todas formas, lo importante es que también sin nuestras bicicletas sigamos siendo nosotros mismos porque hay muchos que en cuanto se bajan de ellas se sienten diferentes, se encuentran bloqueados y casi no saben caminar sin ellas.

Eso que no nos ocurra nunca.

Por tanto no hay que caer en la trampa de muchos que se pasan a ciclodeportistas, que se dedican a luchar sólo encima de la bicicleta y se olvidan de hacerlo por sus vidas diarias.

Cambrils Square Agosto

 

Alguien dijo que el ciclismo para los que no somos profesionales, y el deporte en general, está genial, es fantástico, qué vamos a contar nosotros ¿verdad?, pero siempre que no se convierta en una droga.

Y vosotros, ¿en qué fase os encontráis?

Foto: https://news.ual.es/

El peor enemigo del ciclista: la báscula tras Navidad

ciclista gordo JoanSeguidor

La báscula es el peor enemigo del ciclista tras el maratón navideño

«¡Oye! ¡Engordaste! ¿Eh?»

Ya estamos, la pregunta más puñetera que te pueden hacer después de Navidad, siempre hablando en términos cicloturistas y entre amigos, claro, cuando te los encuentras a la vuelta de vacaciones y te presentas con tu bici y, todo sea dicho de paso, con el maillot algo más ajustado y apretado, a la primera salida post navideña con los compañeros de tu club.

Y lo sabes, porque eres consciente de que cuando esta mañana te has puesto el culote ya no te va tan holgado como la última vez que te lo pusiste antes de dedicarte a la buena y contemplativa vida de estas pasadas fiestas.

Y, reconócelo, cuando te has mirado al espejo (porque sí lo hacemos, para ver si estamos «guapos» y «elegantes» con nuestras equipaciones) y además lo has hecho de perfil, claro, has comprobado que, en efecto, una ligera curva de la felicidad se dibuja debajo de tu maillot oficial del club.

Y lo sabes, sabes que en cuanto te vean será lo primero que te suelten.

¿Has engordado en Navidad?

No te preguntarán por la familia, ni cómo te lo has pasado, ni siquiera te dejarán explicar lo que te han traído los Reyes.

Quizás lo hagan, sí, claro, pero después de haber puesto primero el dedo en la llaga de tu pérdida de figura, entre sonrisas cómplices y comentarios poco afortunados («no veas cómo te has puesto, ¿no?», «se te ve fondón»).

«¡Oye! ¡Engordaste! ¿Eh?»

¡Cómo duele!

¿Verdad?

Y si encima no es que te lo pregunten (¿engordaste?) sino que te lo confirmen (¡engordaste!) ya ni os cuento, y si a la temida pregunta (o afirmación) va acompañada de una suave palmadita en tu incipiente barriguita (¡con la rabia que te da!) ya te acuerdas directamente de toda la familia de todos tus queridos colegas, dicho esto con todo el cariño del mundo.

«¡Oye! ¡Engordaste! ¿Eh?» ¡Ah!

Eso de que te recuerden lo bien que lo has pasado durante estas navidades, entre polvores, turrones y mantecados, que han ido a parar a tus michelines sin demasiadas contemplaciones y sin saber aún muy bien cómo, o esos vinos y ese cava al calor del hogar, por no hablar de esos corderos, pavos, besugos o canelones que te has metido entre pecho y espalda y que han hecho que hayas engordado…

¿Un par de kilitos? ¿Tres? ¿Cinco? ¿Más? ¿Tantos?

«¡Oye! ¡Engordaste! ¿Eh?»

Con lo fino que te marchaste de vacaciones, y mírate ahora, delante de tus amigos, esos que no han dejado la bici ni en Navidad ni en Nochevieja, los que pensaban… «ya llegará enero, ya…».

«¡Oye! ¡Engordaste! ¿Eh?»

Y lo sabes, de nuevo lo sabes. Si es que ya tenemos una edad, hombre.

Que cuarentañeros, cincuentañeros, sesentañeros (no cuarentones, no cincuentones, no sesentones) o más, nos pongamos un maillot ajustadito y nos siente bien… pues qué queréis qué os diga, supongo que no es lo más apropiado para nuestra edad, aunque siempre hay, claro está, benditas excepciones que, a pesar de que el chasis ya tiene unos cuantos cientos de miles de kilómetros se conservan finos, finos, y esto, sin duda, aún les hará aparentar más jóvenes, desde luego, porque por otra parte, si quieres quitarte unos añitos de encima, lo mejor es ponerte un casco, unas gafas oscuras y echar a correr con la bici. Ya verás qué bien te verán.

«¡Oye! ¡Engordaste! ¿Eh?»

ciclista gordo JoanSeguidor

El conjunto de invierno de Endura

Eso es lo que le decían sus amigos a Cundo (Javier Cámara) cuando volvía, después de mucho tiempo, a su tierra (Asturias) en la deliciosa película «La Torre de Suso» y sufría en sus carnes esa frase, escuchándola muy a menudo, pues te sentirás igual que él («¡la madre que los parió!«), nuestro querido protagonista de una bonita historia de familia y amistad, ambientada en el marco de lujo que representa disfrutar del paisaje asturiano.

Pues ya lo sabes, si ahora a la vuelta, este segundo sábado o domingo de enero, te encuentras con esta incómoda sensación y te repiten una y otra vez «¡Oye! ¡Engordaste! ¿Eh?», que parece la presentación oficial a modo de bienvenida de nuevo al grupo, siempre podrás responder como el bueno de Cundo:

«¡Sí! ¡Engordé! ¿Pasa algo?»

¿Para qué sirven tantos entrenadores en un ciclismo sin carreras ni equipos?

Desconectemos un momento del entorno que envuelve el ciclismo, acosado por la prensa, que ha visto un filón fácil. Cada cronista tiene su paga y cada periódico, radio, internet o TV inmersos en este pastel, también, y bien que se lo trabajan. Pero vayamos al meollo, miremos en lo que se denomina base del ciclismo. Jóvenes, chicos y chicas, que viven aparte de las noticias trágicas, que se centran en su sueño: el ciclismo. Su mundo y su pasión. A estos jóvenes, no hay medio de comunicación, ni lobby que les pare, por suerte.

Pero veamos cómo se engrana ciclismo joven. Las tendencias han cambiado mucho respecto épocas anteriores. Antiguamente muchos eran los jóvenes que optaban por subirse a una bicicleta e introducirse a este bello deporte. Se juntaban para pedalear, después optaban por pertenecer a una peña cicloturista, salían a rodar los fines de semana y paulatinamente se interesaban por la competición. En ese proceso los padres acostumbraban a quedarse bastante al margen. Cuando el chaval se convertía en corredor, ellos intervenían para poder ayudarle.

Actualmente el proceso es algo diferente, por desgracia los jóvenes no tienen  el ciclismo como actividad prioritaria y los que se introducen en él, por norma general acompañados por sus padres. Esto no es un problema. Todo ha cambiado y creemos que no deja de ser una forma de adaptarse.

Actualmente, desde edades muy tempranas, incluso en categorías infantiles, se opta por introducir unos elementos muy interesantes y a la vez productivos. Nos referimos a entrenadores personales, fisioterapeutas, expertos en nutrición, biomecánicos, pruebas de esfuerzo, bicicletas cada vez de más alta gama…..

Estos nuevos conceptos y parámetros están cada vez más instalados en una buena formación de un ciclista. Se trata de una nueva cultura, una nueva forma de aprender, si bien es cierto que todo financiado por las familias del corredor. Ello implica que este deporte se vuelva cada vez más elitista si se pretende conseguir un nivel óptimo que ya se aprecia a partir de la categoría juvenil.

Pero hay algo que ha quedado en general fuera de este nuevo engranaje. Y ese algo es lo más importante en todo este proceso. Hablamos de los equipos y las competiciones. Si se ha conseguido que los deportistas puedan disponer de las últimas novedades en tecnología, unos buenos conocimientos en entrenamiento y formación, rodeados de muy buenos profesionales, la pregunta es: ¿Para qué? Si tenemos en cuenta que después no hay estructuras de equipo adecuadas o no hay competiciones de nivel suficiente.

El sistema establece que para completar el círculo los corredores deben de pertenecer a un equipo y así poder asistir a las competiciones y aprender a correr en grupo, formular estrategias de carrera…. Vemos que los organizadores de carreras, en un gran número, están desmotivados y con muchas dificultades de financiación y ayuda. Por otra parte están los equipos, que cada vez lo tienen más difícil.

La formación de equipos y la organización de carreras se han convertido en el parte débil del proceso, cuando son imprescindibles para aflorar  toda esa formación. En nuestra opinión se ha perdido el respeto al organizador, se le ha quitado valor, así como al gran trabajo y esfuerzo que realiza, altruistamente, la mayoría de clubs para formar un equipo. No es procedente que esto ocurra por que así todo ese esfuerzo de inversión en corredor se quedará en ascuas.

Por Jordi Escursell (creador de www.aritmedepedal.com)

Foto tomada de www.arueda.com