EPO y ciclismo no deben ir en el mismo titular

Victor Campenaerts recoerd de la hora JoanSeguidor

Mentar EPO en ciclismo es convocar al diablo

Buscar el titular fácil es algo que todos buscamos, más o menos, casi siempre de forma consciente y con la idea clara de llevarnos un piquito de lecturas.

Admitido esto, lo que nos sorprende es que el protagonista de una noticia sirva el titular tan en bandeja como ha hecho Victor Campenaerts.

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En el cuerpo de la noticia leemos que…

«Después de estas semanas en una cámara que simula altitud me siento muy fuerte porque produces muchos glóbulos rojos, es como si fuera un corredor que toma EPO»

Campenaerts se ha ido hasta los 4700 metros, el umbral de todo, a partir de ahí «tu cuerpo podría empezar a acusarlo»

Con el pelotón confinado, y este 2020 de mierda, está claro que las concentraciones en altura quedaron en el cajón, no hubo forma humana de llevarlas a cabo y la ciencia ha hecho el resto.

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Aunque la altitud es algo que todos tiene en la mano, algunos vienen con ella de serie, el caso de los ciclistas colombianos, no creo que echar mano de ella y beneficiarse de lo que implica sea malo, incluso cuando lo tienes que hacer obligado por las circunstancias.

El dopaje como tal debe tener dos patas, la trampa de buscar beneficio y el daño que cause a la salud del individuo

Tener una cámara hipobárica es algo tan extendido que dudo que genere grandes beneficios frente a otros, al final creo que todos pueden ir más o menos como Campenaerts.

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El daño al organismo no es tal, al final se trata de meter al cuerpo a producir glóbulos rojos que lleven oxígeno al músculo, no es exógeno, como si fuera EPO.

Y ahí viene el gran error, dar el titular, meter «EPO y ciclismo» en los buscadores, que vienen servidos de la asociación.

Ya sabemos que parece hilar fino, pero hay asociaciones que si no te vienen de fuera, quizá mejor no ponerlas al pie.

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Los herederos de la trampa

Esta semana vi una noticia que creo ha pasado algo desapercibida. Hablo en efecto del positivo de Francisco Torrella, campeón de España máster 30. Al parecer el amigo Torrella, de amplio historial ciclista, ha sido cazado con la célebre EPO en el cuerpo, esa sustancia que ha marcado un antes y un después en la historia negra de este deporte llamado ciclismo.

Así es, positivo por EPO en categorías no competitivas o al menos en uno de esos escalones donde y no está el pan de los tuyos en juego, donde no hay nada más que diversión y ratos libres complementados con los quehaceres de una persona normal.

Si señores, carreras de corte amateur en las que se juega el orgullo de la cena de los sábados o la de Navidad con los cuñados. Aquí la trampa campa a sus anchas, lo hemos dicho otras veces, hemos puesto otros ejemplos, hemos hablado de otras cuestiones. Y este positivo es la guinda a una cultura de la trampa que creo que queda y se transmite en horizontal y vertical.

¿Cómo se explica este positivo?. Yo creo que desde la total carencia de escrúpulos, una situación que por desgracia en nuestra sociedad no nos es ajena. Está extendida. El éxito como tal, la imagen que transmite, el poder contarlo,… todo ello contribuye. Empuja a que muchos coqueteen con historias que una amplia mayoría dan por amortizadas. Un ciclista popular, un runner popular cualquiera, del montón, no puede imaginar que al lado suyo hay este tipo de personas. Bueno para ser exactos, en un principio no se lo podía imaginar, ahora hemos matado cualquier atisbo de sorpresa.

Estas personas pululan, reptan y se esconden en la confianza que les dan sustancias que en un mundo civilizado se usan en hospitales. No hace mucho hablamos de una encuesta a los participantes de la Quebrantahuesos Y allí se dedujo el tipo de material que corría. Muchos aceptaron lo que unos cuantos nos temíamos, que el río no bajaba lo limpio que esperábamos.

Ahora este positivo oficializa esa sospecha, ya no son encuestas, ya no son comentarios en privado, ni insinuaciones de que en estos niveles las cosas andan tan podridas que un día nos llevaremos un susto mayúsculo. Es un positivo notificado por la Unión Ciclista Internacional. Qué cabe pensar pues.

Como mero aficionado al deporte sin mayor pretensión que sudar un rato y mejorar en la medida se pueda, me preguntó de dónde viene este tipo de personajes, de qué fuentes han bebido, qué valores les han movido, qué piensan cuando se miran al espejo, en definitiva por qué narices se empeñan en decepcionar a quienes queremos que esto puede ser muy diferente.

Yo les veo como herederos y transmisores de la trampa, del mamoneo y del engaño. ¿Qué valor tienen las vitrinas de su salita de estar cargadas de trofeos? ¿qué pensarán al mirarlas?. A mí me daría vergüenza tener eso en mi casa logrado así. Y no una vergüenza pública, como la que ahora pasan cuando ven su nombre en titulares, hablo de una vergüenza íntima, la que te sobreviene cuando estás en la cama conciliando el sueño y preguntándote si son necesarias estas alforjas para tal viaje.

¿Cómo justificarán estas personas el dopaje del deporte profesional cuando ellos lo ejercen fuera de él? Os lo juro, me encantaría oír su respuesta delante de todos que salieron perjudicados por su engaño. Gracias por contribuir a la prostitución del deporte popular.

Imagen tomada de https://consultecgsport.wordpress.com

INFO

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Una resaca de EPO

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos pasado por una buena resaca. Espesura mental, confundida con lentitud de movimientos, dolorcillo de cabeza y sequedad de garganta. Es el precio de los excesos. La informe ley de que la vida te devuelve lo que das y todos esos rollos filosóficos.

El ciclismo está de resaca. Si todos los males de este deporte confluyeran en una palabra, ésta sería dopaje. Es como si el concepto del mal sólo se plasmara con una foto de Adolf Hitler. Si la palabra dopaje tomara forma de una sustancia esa sería EPO, una medicina que en deporte empezó a sonar en los ochenta y que tuvo yo creo un antes y después en el Tour del 91, cuando un equipo entero llamado PDM dejó el Tour en una nube de insinuaciones, pero ninguna más alta que la otra, pues la omertá estaba en plena vigencia.

El ciclismo tiene pues resaca de EPO. Que el uso de este elemento fue más o menos generalizado creo que no se esconde ya. El senado francés dio la última pieza para corroborar una realidad que por otro lado a mí personalmente ni me enturbia ni me roba los momentos de emoción que me regalaron aquellos que ahora aparecen en listas.

He oído por activa y pasiva que el ciclismo está más limpio que nunca pero que su imagen es la peor de siempre. Curiosa paradoja. Yo quisiera creer que es cierta, pero como bien dije ayer, espero que acciones como las del senado gabacho vayan más allá del morbo y hagan un raspado concienzudo de las malas hierbas que aún crecen bajo los tubulares de quienes hoy ejercen la labor de ciclista.

Antes del Tour de Francia, Laurent Jalabert recogió sus bártulos al saberse señalado por la investigación que acaba de ver la luz. No admitió su culpa y se declaró sorprendido, pero se hizo a un lado. A mí sinceramente, como dije antes, e incluso en el momento en que cargaron toda la culpa sobre Jaja, mi percepción del ciclista sigue siendo la misma. Hay cosas que entiendo van más allá de lo químico, y la grandeza de un ciclista en la carretera, su compromiso cada vez que se pone un dorsal, los gestos con los rivales y todas esas cosas no se mejoran con un chute de EPO, ya que a muchos les encanta llamar yonkis a los deportistas que se dopan, como si su fin fuera lúdico y no profesional.

A la luz del informe, sin nombres y ojo que se concluyó que es un problema de todo el  deporte, aunque no se haya querido poner acento en esto, ha salido implicado el ya exdirector técnico de la Vuelta a España, Abrahan Olano. Yo no seré quien diga si Olano debía o no debía seguir ejerciendo su oficio. Una cosa está clara: se debía a una empresa privada, si bien por su cometido se sentó en la mesa de muchos cargos públicos de este país. Unipublic no quiso vacilar y ha prescindido de él. Olano, quizá esperanzado de que esto quedaría en esquirla y no mucho más, dijo que no sabía nada, pero el lastre es grande. Olano quiso ganar tiempo, pero es que no lo hay. Sólo anotar la actitud de Jalabert y la de guipuzcoano. Sólo eso.

Como notar también la demagógica confesión de un corredor que me merece todo el respeto por su completa y larguísima trayectoria. Sí hablo de Stuart O´ Grady quien ciño y concretó su coqueteo con la EPO al Tour del 98 en otra trampa verbal tipo Ivan Basso y otros tantos. A estas alturas un tipo tan talludito como el australiano debería saber que el público se descojona ante semejantes confesiones de medio pelo. En su país, que no aplican el perdón y la segunda oportunidad de los estados católicos, ya barruntan quitarle todas las medallas olímpicas.

Sea como fuere esta es la realidad. El ciclismo sufre una resaca que ya dura mucho, el atracón debió ser de escándalo. Esperemos no debamos tomar un café con sal.

Al final nada es por el bien del ciclismo

Hoy se ha activado esa bomba silenciada durante el Tour y retardada a tres días de su conclusión. El Senado Francés ha aireado los papeles de los controles antidopaje de los nada sospechosos Tours de 1998 y 1999 y lo ha hecho a medias, pues de los nombres que ya sabíamos no se ha pasado. Obviamente Le Monde, en su afán de dosificar la mierda, al margen de titulares que nada tienen que ver con el cuerpo de la noticia, se adelantó añadiendo al de Laurent Jalabert el nombre de dos franceses más: Laurent Desbiens y Jacky Durand.

Si unimos estos tres exciclistas a los integrantes del Festina que fueron expulsados en los albores de aquella carrera –en aquel equipo estaban Richard Virenque, Pascal Hérvé y Laurent Roux, entre otros- veremos que se desvanece esa teoría de que los franceses no ganaban por iban más limpios que sus vecinos.

El aspersor señala también a los tres integrantes del podio. Creo que nadie se extraña de que Marco Pantani, quien a petición expresa de sus padres y posterior promesa de Pat Mc Quaid no perderá su Tour, y Jan Ullrich esté entre los pringados. Más reveladora es la historia de Bobby Julich, pues habiendo sido cazado en esta revisión, nadie olvida que hasta hace muy poco ha estado integrado en la estructura del Team Sky.

De hecho las sombras de Julich fueron las que llevaron a Dave Brailsford a firmar una especie de inmolación del individuo a todo aquel que estando en el equipo de negro tuviera, aunque de lejos, algo que ver con el dopaje. Y sí en el caso de Julich la revisión ha sido buena, pues se ha extirpado un miembro corrompido por esa época de excesos del ciclismo actual y es ahí donde el Senado Francés debería incidir, en todos aquellos que desacreditados por su pasado, y en una situación de emergencia por la cantidad de mierda que surge, no deben seguir ni un minuto en este deporte. Habrá que ver cuáles son las consecuencias sobre el ejecutivo de la Vuelta, Abraham Olano,

Pero no. Se hizo mucho ruido y salieron pocas nueces. Se removió el árbol con la sensación de la fruta podrida sigue al amparo de la rama. ¿Por qué esta “semideclaración”? Yo tengo mi teoría y esa la que llevo tiempo manteniendo, la mierda en el deporte es tal que si se tirara de la manta del ciclismo es muy complicado que “vacas sagradas” de otros deportes no acabaran cayendo. Dejemos pues este reguero de pequeños cadáveres, algunos del simbolismo de Laurent Jalabert que en el fondo tienen la vida resuelta y sigamos como si nada hubiera pasado aquí.

Por cierto ayer un lector de Le Monde comentaba que este rotativo ha publicado un porrón de artículos vinculados al dopaje en el ciclismo. Precisó que fueron sesenta, si bien está cifra me parece retórica. De cualquiera de las maneras en Francia si el ciclismo se convierte en arma de lucha entre grupos mediáticos, principalmente todos contra ASO, se deja clara la trascendencia de este deporte en el país vecino, que como bien comentamos hace unos días hace del Tour una insignia en la solapa de su traje de país.

Recordad a Laurent Jalabert como el gran campeón que fue

Mi recuerdos de Laurent Jalabert son los de un ciclista grande, los de un tío grande. Su trayectoria se desarrolló durante la década de los noventa, la que todo lo pone en cuestión. Recuerdo cuando era el baby del pelotón en el Toshiba, compartiendo entrevistas con el eterno Gilbert Duclos Lasalle. Pasó a la ONCE y en su primer Tour vestido de rosa ganó la etapa de Bruselas en la que Lemond y Chiapucci le tendieron una emboscada a Indurain. A los dos años tuvo dos acontecimientos clave en su carrera: la etapa que gana en los Lagos de Covandonga y la brutal caída de Armetiéres por culpa de un gendarme que quiso ver el pelotón más cerca de lo recomendado. No hubo rincón de su cara que no escupiera sangre.

En 1995 logró su campaña redonda con victorias que fueron desde la París-Niza a la Vuelta a España dejando por el camino la impronta de ciclista insaciable pero tremendamente respetuoso con el rival, cosa que no es sencilla. Ese día, camino de Mende, donde por cierto se bautiza la montaña con su nombre, vestido de verde, rozó la perfección poniendo en jaque el coche de Banesto. Luego con los años se convenció de que el Tour no estaba en su perfil, pero que sin embargo podía hacerse grande, e irrepetible, a base de triunfos que otros no prestigian pero que él siempre tuvo en el punto de mira.

Cerró el círculo, por decirlo de alguna manera, cuando fue campeón del mundo contra el crono en San Sebastián, asaltando el terreno que más se le resistía. Incluso en los años que podríamos llamar de añadido no paró de acumular triunfos como la montaña del Tour, la Clásica de San Sebastián, que en sus mejores años tanto se le resistió, y el Giro de Lombardía.

Ese fue Laurent Jalabert, un competidor nato, una persona que vivió por y para este deporte, que cometió pecados, qué duda cabe, pero que nos dejó una muesca en el corazón que sinceramente conserva la misma hendidura que hace 48 horas cuando vivíamos en la más completa ignorancia sobre las prácticas con el EPO que se le atribuyen.

Quince años después de aquel infausto Tour que empezó doblado con el masajista del Festina cargado de mierda camino de Dublín y finalizó con todos los equipos españoles en casa –qué poco sabemos de cierto sobre ese episodio-, el ciclismo sigue gota a gota, pieza a pieza desarmando lo que tanto costó construir. Lanzar estas acusaciones sobre un personaje como Jalabert es a día de hoy inaudito en la historia del deporte. Lo escrito escrito está, removerlo con la hilaridad que se confiere no conduce a nada salvo a convertirse en el hazmerreír del mundo, por si no lo fuera ya.

Sólo una recomendación para padres incautos, nunca sitúen un deportista de elite como referencia para sus hijos, la experiencia nos dice que los ídolos tienen pies de barro. Cuando no es un diario que dice que consumió EPO en su juventud, es otro que afirma que alterna con señoritas o defrauda al fisco.

El autor de este cuaderno no tiene la más remota idea sobre la culpabilidad de Jalabert y sus rivales en las prácticas que se denuncian. Es más, ni siquiera me planteo valorarla pues raya lo absurdo. No conduce a nada esta revisión, pues deja hueco el pasado y enturbia el presente sin que la catarsis sirva de mucho pues como vemos mongoles siguen surgiendo, llámense Santambroglio o Di Luca, y seguro que habrá otros.

Como en su día respondí a mi quiosquero de cabecera, que hace unos meses eché el cierre, cuando me dijo que sospechaba que su gran Eddy Merckx  iba hasta las trancas:

 

“Pues sigue viéndole como le recuerdas. El deporte de alto nivel es como la magia, tiene truco, y no le des más vueltas, siéntate en el sofá y disfruta. No pienses en lo que hay detrás”

 

Pues eso.

Foto tomada de LeDeralleiur

 

Team Blanco “roto”

No sé cuántos incendios más harán falta para que estos paletos se vayan a su casa. El ciclismo se encoge de nuevo y lo hace en su zona cero. Si el testimonio de Lance Armstrong, seis días después nos parece cosa de la prehistoria, silbaba a previsible y por tanto los daños que se le suponían se controlaron nada más salieron las palabras de su boca, ahora las cosas parecen algo más enrevesadas.

En los Países Bajos están de cuchillos largos y quieren aplicar bisturí sin anestesia a su pálido pasado. Curioso. Sale Rabobank y todo el mundo gira su mentalidad a declarar: Dany Nelissen, Thomas Dekker,… de cualquiera de las formas, convendría “reacuñar” esa tontería llamada Blanco Team, o similar. Quizá ahora se llevaría más lo de “Blanco roto”, ya saben, por eso de que muchas novias lo usan avergonzadas de no alcanzar el sagrado sacramento del matrimonio enteras y verdaderas. Los años de Rabobank y sus prácticas no invitan a tan inmaculado nombre.

La revisión del ciclismo holandés es un tsunami en ciernes y como todo en este mundo se interconecta con muchos lugares y como siempre uno perenne y magistralmente situado: España y en concreto la costa levantina, desde donde Dekker firma que quiere piarla. Ya veremos cómo se resuelve la OP siglos después de su implosión.

Sin embargo el melenudo ciclista es sólo una ramificación de todo lo que se mueve en ese pequeño país donde, para que tomemos conciencia de lo que les implica el ciclismo, las columnas de Pedro Horrillo en el País traducidas y encuadernadas constituyeron un “best seller”. Con ello queda todo dicho, el ciclismo les enloquece.

Por que como decimos lo de Dekker dibuja  es la punta del iceberg de un retrato de treinta años pues  se habla de escarbar entre la mierda del PDM de nada menos que el año 1988. Sí exacto, el mismo que coronó a Pedro Delgado como ganador del Tour y el mismo que tuvo a Steven Rooks y el malhumorado Gert Jan Theunisse como guardia pretoriana del segoviano. De hecho el racial escalador de larga cabellera, el segundo de ambos, ya dio positivo en esa edición.

Lo cierto es que la locura revisionista puede acabar enterrando uno de los grandes mitos de la historia del ciclismo. Esa época que ahora parece estar dispuesta a tumbar el amable país norte europeo forjó una de las mayores peregrinaciones que el ciclismo moderno conoció: la de los holandeses al Alpe d´ Huez a la vista de las continuas victorias que estos acumulaban en la cima más emblemática del Tour. Siempre se pensó qué curioso resulta que un país tan llano dé tan excelsos escaladores. Convendría estudiasen los informes de la muerte de Bert Oosterbosch, ganador de etapas en el Tour, que alimentó teorías sobre EPO en los primeros años de los ochenta, sin omitir la retirada masiva del PDM en 1991. Son tantas cosas…

Y en el fondo de todo, uno de los personajes más oscuros que nunca han poblado estas líneas: el holandés y miembro honorario del COI Hein Verbruggen. Más o menos airoso frente a la confesión de Lance Armstrong, el cerco parece se estrecha. Obviamente no será fácil que se le remueva la silla, pero su “acierto” en los suculentos negocios con vistas a los JJOO de Pequín no tuvo plasmación en el dedazo sobre Pat Mc Quaid. El irlandés ha sido una desgracia para todos y una bendición para él. Ahora que en su país se dedican a airear los resortes quizá apuntar sobre lo mucho que calla esta persona pudiera ser un buen inicio para apuntalar esta acción de limpieza.

El humeante puzle humano de Laurent Fignon

Laurent Fignon lo repite varias veces en su biografía “Éramos jóvenes e inconscientes”. “Soy una persona complicada, difícil”. A la luz estaba. Pero su repulsivo carácter, en España era especialmente vilipendiado, algo recíproco, le añadía un plus de encanto que en las palabras que se autodedica que en la última obra traducida por Cultura Ciclista hayamos con total nitidez.

Tensas relaciones

Sin embargo y pesar de lo complejo de su estructura mental, el fenomenal ciclista parisino esboza ciertos comportamientos también en función de las personas que le rodearon. Sí, él que fue un ser humano enorgullecido de su emancipación y fácil éxito, perfila su ego merced a otras personas con nombre y apellidos que se cruzaron en su camino. Hemos querido tomar nota de algunas, que resultaron clave y desde luego moldearon ese tremendo ciclista que fue Laurent Fignon.

Por ejemplo Bernard Hinault, su ídolo y gran figura en sus tiernos amaneceres en pros pero rápidamente superado al año y poco de estar en el equipo. Dado que en 1983 Hinault expuso más de lo necesario para ganar la Vuelta, aquella decidida con la gesta de Ávila, el tejón causó baja en el Tour que acabó ganando de forma imprevista Fignon. Aquella ruptura de guiones, trastocó la naturaleza exaltada y primaria de Hinault. Fignon le soliviantó como nadie supo hacerlo.

De Greg Lemond cabe una lectura rápida y muy gráfica: “Fue un oportunista e instaló en el pelotón el vicio de jugarlo todo al Tour”. A pesar de ser compañeros y coincidir muchas veces en competición, el aprecio por el americano fue escaso. Su convivencia fue fría y distante. Obviamente le dedica gruesas palabras al Tour del 89 y al manillar que Lemond utilizó. Al filo de la norma, el californiano jugó con la misma y los matices que permitía. Aquello le valió un Tour.

Y es que el Tour fue quien le condujo al estatus de bicampeón para arrastrarle a las marismas del horror años después y fastidiarle en su faceta de negocios cuando quiso reflotar la París-Niza una vez colgó la bicicleta. Sale malparado ese mediocre personaje que fue Daniel Baal en contraposición con la mano izquierda que Jean Marie Leblanc siempre supo manejar.

Cómo no, la espina dorsal de la obra la protagoniza un personaje de relieve abrupto: Cyrile Guimard, a quien poco menos describe como el emperador Palpatine de Star Wars. Cuando Hinault ya no le valía le faltó tiempo para sustituirlo por Fignon y tres cuartos de lo mismo cuando éste decayó por Luc Leblanc. A pesar del manifiesto egoísmo que describe del mismo, entre los dos dieron forma a estructuras que hoy alumbraron conceptos como Garmin o HTC. Eso sí, se despacha con contundencia con “la llorona”, ése es Luc Leblanc.

Si desagradables son las palabras que sostiene sobre Lemond, no menos simpáticas mantiene sus apreciaciones ante España, “un país recién salido de la dictadura franquista que en 1983 aún nadaba en las mezquindades del tercer mundo”. No obstante fue un español, Miguel Indurain, quien doblándole en Luxemburgo, tras salir seis minutos después, le demostró cuán lejos estaba de los mejores. A Carlos Sastre lo tacha de ciclista normalito y ejemplo de cuán mediocre es el ciclismo actual y su figuras.

Cuando Fignon fue superado por Indurain en aquella célebre crono, vestía los colores del Gatorade, equipo italiano capitaneado por el frágil Gianni Bugno que le descubrió los sabores del dopaje organizado. Sí, un conocimiento total de esa sigla EPO, sus bondades y facultades. Una substancia que a su entender sacaba caballos de auténticos burros. Una línea marcada entre el ciclismo de los ochenta, donde se abusaba de las anfetas y los noventa, el despipote.

 

Sólo deciros que a mi entender ésta es la mejor obra de la fecunda labor que Cultura Ciclista ha desplegado desde mediados de año.

La historias para no dormir de Tyler Hamilton

Hace unos días en la presentación de la nueva “mini editorial” Cultura Ciclista, pude ojear un libro que hablaba de los días en que la trastienda del vilipendiado US Postal sacaba humo. “Inside the US Postal bus” se titulaba. Días de actividad y frenesí escondidos en una densa cortina de mentiras cuyo fragor huyó al estampido de un golpe de viento con la misma causalidad que se derrumba un castillo de naipes.

El libro en cuestión se complementó con un artículo que Cycle Sport dedica a la obra de Tyler Hamilton, otro de los ciclistas que se arrepintió de ser malo y decidió contarlo todo. La descripción de los hechos que realiza de sus años en el seno del equipo que capitaneó Lance Armstrong sitúa en el disparadero a muchos. Demasiadas personas, y demasiado importantes como para que las cosas se diga que están como estaban por mucho que sospecháramos que esto era cierto. Eso, o que la prescripción que la revista anglosajona hace del libro debe ser material de denuncia por parte los damnificados en la obra.

Obviamente el staff médico venido de España, en Luis García del Moral, el brazo ejecutor de los planes de MIchele Ferrari, y Pedro Celaya, su propinador del primer “huevo rojo” de testosterona, suponen clave de bóveda en la  arquitectura de la historia. Pero algunos más quedan muy mal parados. El Tour y la UCI por ejemplo, en esa época de Leblanc y Verbrughen, quienes por ejemplo miraron para el otro lado cuando se ve que la máquina pitó cuando sobre Armstrong en el Tour 99. “No se podía permitir otro escándalo tras el affaire Festina” vinieron a decir

De cotidianidad se definirían otras historias que nos cuentan como la latita que George Hincapie guardaba con sus aperos para el suministro de EPO en el fondo de su nevera. El EPO, ese acrónimo del cual un servidor empezó a oír cuando el PDM salió en estampida en el Tour de 1991, que los americanos llamaban Poe, para disimularlo con el nombre de Edgar Allan Poe. Y ese motorista llamado Philippe que rulaba con termos por toda Francia en un Tour paralelo para ser recompensado en París con un Rolex. Generoso presente.

Aquí como ven todos han hablando menos el actor situado en la zona cero de esta comedieta. Lance Armstrong sigue en silencio. Sabemos de su carisma, raza y carácter. Si emprende la revancha no sabemos hasta qué punto su derrota podrá resultarle dulce. A algunos no les debe llegar la corbata al cuello. Hamilton al menos ha purgado y pasado página. Eso ya lo lleva.