Todo al azul, todo al Etixx

Como si una ruleta de esas que seguro puebla los bajos de alguno de esos macrocomplejos hoteleros que salpican caprichosamente el paisaje de Qatar, el mundial de contrarreloj por equipos se juega todo al rojo o al azul. Recuerdo la primera edición de este desnaturalizado mundial, por no no celebrarse entre selecciones y sí por marcas comerciales. Recuerdo aquella subida al Cauberg, enseña de Valkenburg, que deshojó a los rivales del Etixx para que ganaran esos cuando aún se llamaban Quick Step. Pasó un año y volvieron a ganar los belgas y a los dos, ya en Ponferrada, pasaron al relevo los BMC, los rojos, que renovaron laurel en Richmond.

Qatar marcó el desempate. ¿Rojo o azul? salió lo segundo, el azul, en una hoguera de emociones, porque los belgas se abrazaron con generosidad tal punto vieron que los BMC no les iban amargar la tarde qatarí, en una de esas sugerentes puestas de sol que siempre se atisban desde suelo árabe.

Se abrazaban Tony Martin y Niki Terpstra, por tercera vez campeones en la disciplina, auténticos maestros del rodar colectivo. Sus compañeros Lampaert, y Vermote, participaban de la fiesta. Alrededor Bob Jungels, una de las perlas de la campaña que languidece, que sinceramente ofrecerá tardes gloriosas más no tardar, y, ojo atencion, Marcel Kittel, el velocista que contrarrelojea como los mejores, un ciclista que si ve lanzar el sprint de lejos puede optar a ser campeón del mundo perfectamente.

La cita por eso era especial para BMC que inicia aquí la cuenta atrás a su nuevo nombre en competición. Tras varios años de apuesta personal y desenfrenado desembolso, la marca suiza busca compañeros de viaje y no lo hará como campeona del mundo. El año que viene tendrá nueva denominación, no sabemos cuál a ciencia exacta, pero esto días la relojera suiza, la marca de los perucos que quitan el sueño, Tag Heurer, ya ha anunciado que se sube al barco. Excelente noticia, lo habían hecho desde el cronometraje de carreras, ahora desde el seno de un equipo, perfecto.

Se les hizo larga la crono a Dennis, Phinney, Quinziato y cia. No pudieron desempatar con Etixx, pero estuvieron ahí como los siempre omnipresentes Orica, terceros, mojándoles la oreja a los Sky, en el particular duelo anglosajón que tan bien se reproducen en las persecuciones de pista.

Y esto dio de sí el primer capítulo del controvertido mundial de Qatar. Sabemos de él porque había cámaras, otra cosa fue el público, terrible, no hubo ni la cantidad de personas que suele a haber en un velódromo español los días de campeonato. Aquí al menos van los familiares de los corredores, a Qatar me parece que ni eso. Empieza una semana curiosa para los mentores de la UCI, una semana al final de la cual alguno debería dar explicaciones.

Imagen tomada del FB de Uci Doha 2016

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El mensaje de David de la Cruz

Hace un año por estas fechas hablábamos del Tour del Porvenir de Marc Soler. Hablábamos de él como síntoma de esa nueva generación del ciclismo español, callada, abnegada y con el camino lleno de dificultades, a las propias del oficio, se le añaden la crisis económica que en el ciclismo se plasma con la carencia de equipos, y la total ignorancia de los medios sobre sus quehaceres.

Soler es un chaval discreto, callado y centrado en su oficio. Ganó la mejor carrera del mundo para los jóvenes como antes Rubén Fernández, líder ya en esta Vuelta, frente a selecciones potentísimas que apuestan or este deporte desde abajo arriba, sin dar por perdido ningún eslabón y apoyando todo el talento que les surge.

David de la Cruz es otro miembro de esta generacion, la que sigue a Purito-Valverde-Contador, la que según todos no estará a nivel de la que debe suceder. Viene una travesía en el desierto, dicen, el futuro es tenebroso, aseguran. Lo hacían desde el desconocimiento de esta generación que se ha hecho mayor cogiendo el petate y yéndose lejos a correr, lo lejos que hiciera falta, allí donde valoraran su talento.

Quienes conocemos a David de la Cruz desde pequeñito sabemos de quién hablamos, de raíces sencillas, de un chaval que dejó el atletismo, harto de lesionarse, que creció con los valores del Sant Boi, cuyo presi, el amigo Jesús ha dado algún garbeo por este mal anillado cuaderno. David ha pasado las de Caín para llegar a este punto, ha tenido lesiones, caídas, abandonos cuando su momento parecía llegar. Mientras los que miden el deporte por resultados seguían diciendo: “No hay relevo”.

Pero el momento llegó. Esta semana Levefere, el mánager del Etixx, anunciaba la renovación de David por su proyección. No había dado aún una victoria, pero sus hechuras eran argumento para apostar por él. No ha pasado ni una semana que David logra etapa y liderato en la Vuelta, el más difícil todavía, cazando una escapada lejana, aupándose con el pleno y en medio de una fuga rebosante de calidad.

El mensaje de David está ahí, en la cima del Naranco, la montaña que un día se vistió con el mejor prerrománico astur. Y ese mensaje habla de hechos, no de promesas, de trabajo, de sacrificio y voluntad. Que dos fuera clase como Terpstra y Stybar irrumpan en el set de entrevistas para felicitarle habla del carisma de este joven catalán en uno de los mejores equipos del mundo.

Ahora seguirán diciendo, no hay relevo, pero mientras esa generación sigue trabajando, en silencio para un día irrumpir y dar el resultado. La victoria de David es la de ese ciclismo que crece desde la entraña hasta el profesionalismo, de ese ciclismo que languidece en muchos lugares, porque no hay inversión ni calor humano que lo impulse. Las cosas no son gratis, ni fruto de causalidad. Ese es el mensaje que David nos ha dado hoy.

Imagen tomada del FB del Etixx

El final feliz

Corre cierta euforia, totalmente justificada a mi juicio, sobre la belleza del Giro. Dicen las redes, personas individuales que crean opiniones colectivas, que no hay día que no pase nada, que no hay jornada sin emoción, etapa que no nos deje ojipláticos. Totalmente de acuerdo, insisto, y añado, si a todo eso lo envuelves de ciudades increíbles, arcadas irrepetibles, basílicas de vigías y avenidas que trazaron los maestros barrocos junto a los pedruscos y nieves dolomíticos, tienes el Giro, la carrera más dura en el país más hermoso.

La jornada de Pinerolo era especial porque marcaba el último ciclo de la carrera, la antesala de los Alpes. En medio de la llanura piamontesa, a medio camino entre Turín y Sestriere, la ciudad de Pinerolo, de donde partió la cronoescalada triunfal de Indurain en 1993, tenía la llave de los Alpes, era un antipasto y caso nos ha ofrecido un plato principal.

Tan mal avenidos durante la primavera, y tan centrados en este Giro, los Etixx han dado una lección de correr en equipo, otra más, al estilo de la de Brambilla y Jungels el día que vimos una maglia rosa trabajar para una maglia bianca.

Las comunicaciones, eso que equipos de sello telefónico dicen que a veces no funciona, han sembrado el camino del equipo belga para que un killer con todas las palabras, Matteo Trentin, gane en un desenlace fantástico. “Me dijeron que venía Trentin y dejé de colaborar”. Eso es Brambilla, eso es hacerlo fácil, sencillo, sin complicaciones, ciclismo sin tonterías. Luego, eso sí, había que sufrir, y Trentin lo hizo en el empedrado previo a la meta. Moreno Moser estaba jodido sí o sí.

La victoria de Trentin llega un día después de dos hechos relevantes, que quizá os hayan pasado desapercibidos. El primero en la órbita del propio Etixx, cuyo magnate, Patrick Lefevere ya ha fijado sus ojos en la perla del ciclismo belga, Wout Van Aert, campeón jovencísimo de todo en ciclocross que ganó el prólogo de la Vuelta a Bélgica, algo que no puede pasar desapercibido. Ojo porque tenemos “un Stybar” en ciernes.

El otro hecho es que mientras un ciclocrossman como Van Aert ganaba un prólogo, un pistard, Roger Kluge, como bien me apuntó el seleccionador Salva Meliá, ganaba en otro final antológico del Giro a nada menos que Pozzato de quien pensaábamos que sólo quedaban los tatuajes. Kluge va a ir a Río, estuvo ya en Pekín. Tanto el alemán como el belga demuestran que hay vida más allá de la carretera y que ésta, “manque” les cueste entenderlo a muchos, puede picotear fuera de sus límites porque quien es buen ciclista, puede serlo todos los terrenos.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

Flandes: Una imagen, todas las claves

La resaca de Flandes es agridulce, dulce por el regusto que nos dejó, algo amarga, porque es pasado, historia. Sinceramente, siempre habíamos defendido que las mejores clásicas son aquellas que no son monumentos, por el simple hecho de que el prestigio implica presión y con ésta, las estrellas, que no dejan de ser personas, no siempre dan la medida de sus posibilidades por miedo al de al lado.

Sin embargo, la edición cien del Tour de Flandes ha sido fantástica, ha tenido un desenlace memorable, sencillamente el mejor desde hace bastantes años, al nivel de la edición que ganó Nick Nuyens hace cinco temporadas.

Fue una carrera cargada de emoción, de estadios, de escenarios cambiantes, y de entre otros nos quedamos con la recta adoquinada del Paterberg, una cota de 650 metros de longitud que cuando llevas 250 kilómetros en las piernas revienta cualquier previsión.

La imagen tomada muestra el momento clave, es la imagen de la carrera y posiblemente una de las del año y es una imagen que habla por sí sola, da, a mi juicio, todas las claves de la carrera. Por un lado, el pasillo de banderas con la cruz helvética, recordando la última De Ronde de Fabian Cancellara, que curiosamente no sale en imagen, porque como hizo cuando se le fueron los dos últimos campeones, se escondió. Cuánto se habrá arrepentido de no haber ido a por ellos.

Primero, apretando los dientes Sagan, exhibiendo clase, fuerza pero sobretodo técnica, demostrando que los tiempos han cambiado, que para ganar tienes que tener físico y la mente clara, pero también controlar la bici, ser elegante, gozar de una técnica que te da aire en cada descenso, en cada giro. Eso es Sagan una suma de virtudes, vestida de arco iris y ambición. Corre como siente, y se lo agradecemos, pero aunque lo tuvieran a la vista durante los últimos quince kilómetros, todos eran conscientes de que no le iban a pillar.

Tras él cabizbajo, Sep Vanmarcke, subiendo adoquines de pie y agarrando por las manetas, clavado, como dando pedaladas al aire. Otro que va cabizbajo es otro que renuncia, por detrás a lo lejos, medio minuto más allá, Niki Terpstra, destrozado por el acelerón de Cancellara y más atrás los Etixx, tirando vagamente, sin fe, con tantos corredores como líderes, pero sin bazas que jugar en la mano ganadora.

Sobresale de las espaldas de Terpstra, Imanol Erviti, tan excepcional en su prestación que queremos dedicarle un comentario estos días. No obstante, su emergente figura habla de la grandeza de su hazaña, de tal tamaño, que rivales diferentes se lo admitieron en twitter, porque esto es también ciclismo, un deporte donde no hay que salir en calzoncillos en el vestuario para vestir una falsa euforia.

Imagen tomada de Tinkoff

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La introducción del nuevo culote de mujer FS260-Pro SL es una auténtica declaración de intenciones de Endura. Con el claro compromiso de proporcionar ropa de carretera para la mujer ciclista con rendimiento de nivel profesional. Haber sido galardonado con numerosos premios es un elemento clave de la colección de hombre, y por primera vez en el sector, la colección de mujer está en igualdad de condiciones con su contraparte masculina.

El atasco del Etixx

Con lo primeros resuellos de la campaña, entre San Luis y Australia, nos damos cuenta de que había ganas de ciclismo. Aunque lo se vea ahora diste mucho del núcleo duro de la temporada, el desperezar de las estrellas, de las estructuras, de los glúteos, ya pone el olor a linimento en nuestro subconsciente y abre el apetito por ver acción.

Y claro, con el arranque que el Etixx protagoniza, ya de salida, en Argentina, empiezan las conjeturas de cómo se desenvolverá el equipo más poderoso, sobre el papel, para las clásicas, qué piezas moverá, cuándo y como lo hará. Desde luego las incógnitas son muchas.

No sabe duda de que cualquier pizarra de Lefevere, el mandamás del equipo belga, tiene a Tom Boonen como objeto prioritario. Por esperar al belga, por ponerle delante a veces de la propia estrategia grupal, el equip perdió carreras e incluso ofreció penosas actuaciones, como esa de la Het Niuewsblad en la que Stannard se desenvolvió con victoria ante tres rivales del mismo equipo.

Aunque el carácter de leyenda de Boonen merezca todo el respeto, con el peso de su edad es conveniente abrir el abanico y pensar en la triada de ciclistas que son, por defecto, aspirantes máximos a las clásicas de adoquines. En esa terna Niki Terpstra, que ya sabe ganar en Roubaix, es el primero en la jerarquía, si bien sus activos tienen mucho que ver con la dinámica del equipo, pues en el mano a mano es mucho más lento que rivales como Kristoff o Degenkolb. Terpstra ganó Roubaix por la superioridad de los suyos en el momento  clave.

Si de romper la carrera y ofrecer espectáculo hablamos, no podemos obviar que Zdenek Stybar es la punta de lanza. No ha ganado como su compañero holandés, per va como los ángeles sobre los adoquines y además se le conoce capacidad de hacer daño sin depender de su equipo.

Y está también Stjin Vandenbergh, el hombre para todo, el flamenco pero flamenco, que espera una oportunidad a la que se suman las declaraciones de Tony Martin, quien espoleado por ganar en Cambrai, se ve legitimado a intentarlo sobre el pavé. Es decir, empiezan a salir más bazas que casi ciclistas por nueve inicial en carrera.

Para las Árdenas el hombre es Dan Martin, que toma el relevo a Kwiatko y Uran de golpe, a la espera del progreso de Julian Alaphilippe. El irlandés no obstante irá con mucha menos presión que sus colegas del adoquín, auténtica obsesión de los directores del equipo belga, si bien, paradójicamente, el año pasado el arco iris Kwiatkowski logró en la Amstel la única clásica en la primavera del Etixx, un ciclo que en lo demás cerró a cero y con sonadas derrotas.

#TOP2015 – Cinco pifias

Cinco hechos en otros tantos escenarios nos han llevado las manos a la cabeza durante este año que echa el cierre. Son, a nuestro juicio, las cinco grandes pifias del año.

El drama de las motos

No ha sido un año afortunado para las motos en carrera. En esta entrevista al mánager de BMC Jim Ochowicz, se habla del incidente de Greg Van Avermaet en San Sebastian desde una óptica que me parece constructiva, sin la motivación de pedir una multa o un castigo y sí saber qué ha pasado y cómo evitarlo en el futuro.

Sin embargo la moto que tira a Van Avermaet es una más, pues se suma a la de Fuglsang en el Tour de Francia, al coche de Shimano en Flandes, a la del Prudential londinense que no sé qué le hacen a Vanmarcke,… y la guinda en la Vuelta con Peter Sagan abrasado. Un año para olvidar, para replantear si es posible la convivencia de tantos vehículos con los ciclistas.

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La remontada imposible de Nibali

De Nibali casi siempre hemos escrito bien, porque su admirable capacidad de reinventar la carrera, las situaciones y el personaje ha sido loable, pero en la Vuelta directamente se le fue la olla abriendo además la puerta a que ese coche al que se coge y le remonta no es el primero.

La acción fue reprobable, pero también lo fue el silencio de algunos de los rivales que iban en el grupo, un silencio que parece cómplice, una queja sorda que evidencia que quizá esto es parte muy habitual del paisaje.

El positivo de Luca Paolini

Luca Paolini se había ganado el cariño de buena parte de os aficionados con grandes y finas actuaciones, como la que hizo en la San Remo que ganó Kristoff o su gran triunfo en Wevelgem. Con esas señas, había logrado apaciguar un pasado complicado que ya incluyó coqueteos con el “lado oscuro” de este deporte.

Por eso, cuando, en la primera semana del Tour la noticia de su positivo por cocaína saltó para empañar un inicio vibrante de carrera, nos hicimos cruces de como se puede tan imprudente en unos tiempos en que se vende ciclismo limpio, depurado y transparente. A ver la cocaína no es algo que incremente el rendimiento, se le llama droga recreativa, pero un positivo de esta naturaleza en el Tour, tras la victoria de tu compañero, la de Purito en Huy, multiplica por diez su impacto negativo.

2La Het Nieuwsblad de Ian Stannard

La clásica que abrió la campaña de primavera fue una vez más una carrera gélida que se resolvió como una de las mejores pruebas de este periodo sobretodo por un final antológico que permanecerá por siempre en nuestras retinas.

Tres ciclistas del Etixx, Tom Boonen, Stjin Vandendergh y Niki Terpstra, contra un Sky, Ian Stannard, que tejió con calma y tesón una resistencia numantina que le llevó a ganar contra todo pronóstico y adelantar lo que, con las semanas, se consumaría como una desastrosa primavera para el equipo de Patrick Lefevere.

Richie Porte en el Giro

El inicio de Richie Porte en el Giro, estando en las quinielas como uno de los grandes nombres, fue realmente prometedor. Instalado en la roulotte aparte del equipo para no extrañar la cama de los hoteles, el tasmano parecía en disposición de corroborar lo mucho que se espera de él.

Sin embargo un pinchazo a mitad de carrera destapó el tarro de las desgracias. Porte recibió ayuda de Simon Clarke cuando el reglamento prohibía tal auxilio si no era del mismo equipo. Penalizado con dos minutos en la general, la maniobra le supuso salir de la lucha por la carrera. Lo increíble, al margen de la norma pareciera ridícula, fue que el corredor demostró desconocer el reglamento mientras un compañero suyo asistía en primera persona a los hechos.

Rigoberto Uran vuelve a empezar

En la revista a fichajes de alto rango, el otro día hablamos de Porte, ahora centramos el tiro sobre Rigoberto Uran, un corredor por el que no hace mucho ya demostramos aprecio y cariño, pues con todo lo que mueve, implica y habla, se lo ha ganado holgadamente,

Uran está, nunca mejor dicho, en el otoño de su periplo por el Etixx. Dentro de los no pocos movimientos que envuelven la estructura de Lefevere, que se desprende de Kiatwko y Cav, la baja de Uran es la más coherente por cuanto los ciclistas con aspiraciones en las generales de la grandes vueltas no han sido el fuerte de la estructura belga. De esta guisa, Uran, que este año ano ha olido las plazas importantes en las vueltas de tres semanas, se sigue agarrando a los Giros que concluyó segundo, uno tras NIbali y el otro tras Nairo, para creer que puede ganar una gran vuelta.

Al margen del principal problema que en su día le apuntamos, que siempre tiene uno mejor y que siendo bueno, no es el número uno en nada en concreto, la apuesta del Etixx por sus vueltas no se podía medir a la que el equipo de Lefevere hacía en las clásicas. Así Uran recala en el Garmin de Vaughters, un bloque que pierde sus dos mejores ciclistas históricos, Dan Martin y Ryder Hesjedal, pero que mantienen la esencia de grandes días de ciclismo escritos desde el trabajo colectivo y grupal.

Es decir que Uran, a sus podios en el Giro, a su vocecita interior que le dice seguir intentándolo en las grandes, le suma ahora sí un equipo que parece dispuesto a apoyarle en la medida que él apuesta por retos al alcance de muy pocos. Y hace muy bien.

Para el colombiano será además una forma de volver a empezar tras un año torcido en lo deportivo en el que su victoria, en el último momento, en Quebec adereza un poco la papeleta. Y es que hablando de carreras de un día, atención, porque a la apuesta sempiterna por el Giro, Uran será hombre a tener en cuenta en los Juegos Olímpicos, donde defiende la plata que conquistó hace casi cuatro años en Londres.

Imagen tomada de www.cromos.com.co

El BMC sigue en el “Dorado”

Daniel Oss es un ciclista italiano que forma parte del paisaje habitual en las clásicas de primavera. Gigantón, enorme, rodador rampante, Oss le clavó un grito de euforía al cruzar la meta de Richmond a Rohan Dennis sabiéndose campeón del mundo de contrarreloj por equipos, el primer envite de la cita norteamericana y resquicio de las casas comerciales en el plan de mundiales que nos llenará la próxima semana.

La crono por equipos parece la “hermana pobre” de los Campeonatos del Mundo de ciclismo. Su entrada en el programa fue hace cuatro ediciones, y poco a poco se consolida como el prólogo a los ocho días de competición. Sin embargo no hay poco en juego. Hay equipos que han estado todo el año dándose tortazos por medio mundo, hay estatus que salvaguardar y marcas que mostrar. Medio mundo les está viendo, y eso espolea más allá del sello de la UCI que se imprime en el maillot de los ganadores.

BMC ha repetido éxito en un emocionante pulso con Etixx. Fue un duelo mantenido con el grueso de ciclistas casi hasta el final. Los rojos sin embargo este año están de enhorabuena. La impresión de bloque compacto que otras veces hemos alabado, se ha respetado en una cita capital para ellos. Traían un equipazo pero eso no es suficiente: relevos claros, precisos, órdenes concretas, sinceramente verles rodar fue un gustazo y una satisfacción doble por comprobar que Taylor Phinney está de vuelta y Dennis es uno de los ciclistas del año.

Idem decir del Etixx que traía un equipo donde croner, croner, sólo tenía a Tony Martin. El resto era nada menos, entre otros, que Uran, Terpstra, Kwiatko y Boonen, cuya “tercera actividad” no le merma ni rendimiento ni ganas. Ciclistas como él surgen uno cada generación.
El podio lo completó Movistar, en unas lides que sinceramente hace unos años no le vaticinábamos. Eusebio Unzué nunca mostró gran aversión por la especialidad. Las cronos por equipos fueron el trago a pasar cuanto antes y ahora con Castroviejo, Dowset, Jon, Malori y compañía se ve ahí delante, incluso superando un equipo con «ADN TTT”, el Orica quien sacó parte de sus mejores pistares sin el podio que frecuentan.

Valga el ultimo apunte para el Tinkoff, que se fue al suelo en medio de la prueba, en un afilador asesino que despedazó el buzo de Valgren. El equipo ruso, aunque a nueve minutos de los ganadores, no quiso dejar la contienda. Grandes de verdad, haciendo honor a este deporte y lo que significa. Un digno ejemplo en el arranque de la gran semana del ciclismo mundial.

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