La fuente ciclista más famosa está al pie del Tourmalet

Todo buen cicloturista para en la fuente de la base del Tourmalet

Gravel Ride SQR – 300×250

Eugène Christophe se quitó la gorra y muy lentamente aparcó su destrozada montura metálica.

Con voz profunda, se dirigió al comisario que le vigilaba: “Ahí está, viendo pasar el tiempo, la fuente de Sainte Marie de Campan”.

Perdonad el parecido con la famosa canción, pero estamos convencidos de que fue así, cuando en el Tour de Francia de 1913, Eugène, descendiendo el Tourmalet, rompió la horquilla delantera al ser embestido por un vehículo y tuvo que llevar su bicicleta, andando los 14 km de descenso, hasta la fragua del pueblo para repararla él mismo.

Eso o abandonar.

Lo consiguió y acabó la etapa, a casi 4 horas del vencedor (Thys) en Luchon, pero forjándose en leyenda.

Pirinexus 300×250

Hoy en día una placa conmemorativa, cerca de este manantial, recuerda este hecho.

Pero de lo que estamos seguros es que el gran Eugène tuvo que beber agua de esta fuente, convirtiéndose quizás en el… ¿único profesional que ha parado en ella?.

Estaréis de acuerdo con nosotros que esta fuente es un monumento cicloturista cien por cien, que es harto difícil que ciclistas pros, sobre todo si están compitiendo, paren a coger agua aquí.

¿Quién de vosotros ha ascendido el Tourmalet y no ha parado a rellenar bidones en ella, respetando la tradición?

O bien, ¿quién ha descendido del gigante pirenaico y no ha calmado su sed en uno de sus dos caños, como manda el ritual?

Preguntad, preguntad… ¿cuál es la fuente más famosa del cicloturismo mundial?

Sin lugar a dudas que os responderán al unísono y sin vacilar: “la de Sainte Marie de Campan”.

Situada justo en un cruce de caminos donde poder escoger entre dos míticos cols: a la derecha, dirección La Séoube, os dirigiréis hacia el Aspin, a la izquierda, dirección La Mongie, ya sabéis, la épica os espera a 2114 metros de altitud.

Adosada a la iglesia Notre-Dame-de-l’Assomption de este pequeño pueblo del Valle de Campan, rodeada de casas con techos puntiagudos, el año 1856 grabado en su piedra nos delata su antigüedad: nada menos que más de 150 años refrescando viajeros, desde los que simplemente se paran de su agradable paseo por Sainte Marie, pasando por todos los cicloturistas que se dan cita en ella, como testigo perenne de las muchas charlas comentando lo dura que se va a hacer, o que ha sido, la subida.

Da la casualidad también que el año de inauguración de la fuente coincide justo cuando la bicicleta daba sus primeras pedaladas, como dando a entender que allí estaría para satisfacer a los esforzados de la ruta.

Así funciona el Suunto 9

Durante los meses de verano, si vuestra visita coincide con las fiestas del pueblo, podréis observar sentados junto a la fuente los famosos “mounaques” los muñecos de trapo de tamaño natural que son toda una tradición local, pero no os dejéis intimidar por estos “hombres de paja” y no os olvidéis de seguir las tradiciones y rellenad vuestros bidones en la célebre fuente, seguro que a “ellos” no les importa.

La San Remo más dramática

Eugène Christophe consiguió una sonada victoria en la clásica italiana internacional, Milán-San Remo, en la temporada 1910. Venció destacado con nada menos una hora de ventaja sobre un tal Giovanni Cocchi, italiano. Se registró un valioso promedio de 23,330 kilómetros a la hora, una cota de gran mérito dado que la clásica transalpina se celebró bajo unas condiciones climatológicas terribles, con tormentas de lluvia, viento a remolinos e incluso nieve en la zona preponderante del monte Turchino.

Basta resaltar que salieron de Milán sesenta y tres concurrentes y llegaron a la meta de San Remo solamente cuatro a los que llamamos verdaderos supervivientes, supervivientes que lo fueron más que nunca. Entre ellos se encontraba Christophe, venido de Francia, toda una novedad. Este hecho escueto que aludimos aquí fue un acontecimiento más bien que desconocen los mismos aficionados al ciclismo.

Es algo que aconteció y que vale la pena resaltar. Una cruda y casi inverosímil realidad fraguada a la fin por cuatro verdaderos héroes, casi encuadrados en el anonimato, salvo el galo Eugène Christopher, que llevaba tras de sí una cierta fama y hasta popularidad. Los cuatro citados actores o protagonistas en aquel día lejano se resistieron a abandonar y lograron sobrevivir frente a los imponderables de una naturaleza desatada.

1

Fue una fecha convulsa, un día acuciante, caótico y con evidente riesgo. Es algo que los ciclistas de hoy, lo actuales, deberían aprender en torno a estos forjadores, sacrificados y voluntariosos corredores de otros tiempos. Los franceses, a raíz de la noticia que les dio Christopher, comenzaron a sentirse más identificados por aquel atleta del pedal llamado Christophe, oriundo de la localidad de Malakoff, que parecía más bien un nombre ruso, emplazada en la zona del Sena, en el norte de la nación francesa, en la región conocida por Ile-de-France.

En Italia y por aquellas datas, pudo aprovechar de carambola para adjudicarse igualmente también el Circuito de Brescia, un triunfo que revalorizó todavía más la actuación que había tenido días antes en San Remo. De su figura o mejor de su faceta personal llamaba poderosamente a la atención su faz diáfana, tranquila y hasta ausente a los hechos de su alrededor. Posteriormente, eso sí, se habituó a lucir un enorme bigote un tanto chocante a las gentes.

P.S.- El documento gráfico que se adjunta al presente artículo fue editada por el rotativo “L´Équipe” y facilitada por la agencia vinculada de servicios Press Sports.

Por Gerardo Fuster

 

La mítica desgracia de Eugène Christophe

Fue en el año 2010 que el Tour de Francia conmemoró el centenario del coloso puerto pirenaico del Tourmalet, acontecimiento que nos ha traído a la mente no pocos recuerdos y gestas que se fraguaron en este tradicional lugar de la geografía francesa, colindante a nuestro país. Ateniéndonos a la historia, no hemos tenido reparos en seleccionar la hazaña, entre varias otras, que protagonizó el corredor galo Eugène Christophe, en el mes de julio de 1913; es decir, tres años más tarde de haber cruzado por vez primera esta ascensión de 2.115 metros de altura, cuyo descubridor se debió al polifacético periodista Georges Steinès, bajo el amparo de la cabeza visible del Tour, Henri Desgrange,  fundador, gerente e impulsor de la famosa ronda francesa.

Catorce kilómetros andando

No hay duda que Christophe fue una de las figuras más populares con que contó el ciclismo francés. Lo más curioso del caso es que participó en once ocasiones en el Tour de Francia, viéndose obligado a abandonar en tres. Nunca tuvo la grandeza de poder vencer a pesar de que lo tuvo muy cerca en más de una ocasión. El drama de su vida fue este y no otro.

En nuestro recuerdo nos hemos de situar en el año 1913, en la etapa Bayona-Luchon, de 326 kilómetros, con la inclusión del célebre Tourmalet, un puerto de alta montaña inaugurado por los ciclistas con tan sólo tres años de historia. Christophe, coronó la cima en segunda posición tras el belga Philippe Thijs, que sería el futuro vencedor absoluto del Tour. En pleno descenso de la cuesta citada, al querer sortear un automóvil seguidor, tuvo la mala fortuna de sufrir un serio encontronazo que le llevó a romper la horquilla delantera de su bicicleta.

Terrible momento para el corredor francés que poseía facultades para llevar a cabo una sonada actuación y su triunfo absoluto. La dura realidad fue que debió cargar sobre sus espaldas la máquina, andando con ella por espacio de nada menos catorce kilómetros, los que restaban para llegar a la población de Sainte Marie-de-Champan, en donde se le había indicado la existencia de una pequeña herrería, con la posibilidad de que pudiera en ella realizar personalmente la reparación pertinente, cosa que hizo ante la mirada severa de dos severos comisarios  del Tour, allí presente en aquel acto de aspecto hasta dramático.

Los reglamentos de aquella época dictaban que cualquier avería debía ser enmendada por el mismo corredor sin recibir ayuda del exterior. Se dio la circunstancia, un tanto casual, que Christophe, el afectado, había realizado unos cursos para trabajar el hierro en una escuela de formación profesional emplazada en su pueblo de origen. Aquel hecho reforzó su prestancia de forma un tanto inesperada ante aquel tan desgraciado accidente. Cuando entró en el pequeño taller de forja, emplazado a las afueras de la mencionada población, fue parco en palabras ante una petición dirigida al  modesto dueño del establecimiento que le salió al encuentro un tanto asombrado viendo lo que veía. Christophe, ni corto ni perezoso, le formuló el siguiente aserto: “¡Préstame tú forja y facilítame cuanto antes un martillo! El trabajo correrá  por mi cuenta. Nadie debe ayudarme en la faena”. Y así, el ciclista galo inició su laborioso trabajo que requería  mucha paciencia y a la vez habilidad para desenvolverse con el fuego.

Honores para Defraye, el primer belga que ganó el Tour

Aún así, Christophe, pudo llegar a París, ocupando el sétimo lugar de la general, lo cual supuso un grado de popularidad más ante el gran público, que recordaba la edición anterior del Tour 1912, cuando aquel mismo esforzado ciclista, algo ignorado en los anales del ciclismo, había cristalizado una buen actuación al clasificarse segundo tras el belga Odile Defraye, un corredor desconocido de elegante pedaleo, muy gentil con las gentes y con un fino bigote, que le asemejaba más, en cuanto a porte, a un cineasta que a un simple ciclista, según anunciaban las crónicas de la época.

2

Un monumento merecido para  la posteridad

Fue un veterano y gran amante en la práctica de la bicicleta, dado que habiendo cumplido los 40 años, aún se permitió la osadía de participar una vez más en el Tour para terminarlo en decimoctava  posición. Tenía una voluntad muy tenaz, la misma que cuando se enfrentó ante la adversidad en la forja en Sainte-Marie-de-Campan, cuya placa de homenaje se erigió allí como dando fe y rememorando un recuerdo que sigue vivo en la cronología ciclista.

Publicamos, efectivamente, acompañando al presente reportaje, un documento gráfico que tuvimos la fortuna de obtener en aquel recóndito lugar pirenaico. Constituye un hito histórico cuyas palabras escritas nos traen a la memoria no poca  emoción y sí, además, una inevitable   admiración. El texto dice: Eughène Christophe, líder de la prueba, perdió aquí toda opción de victoria, pero aun así dio una formidable lección  de coraje y de tenacidad. El Tour de Francia continúa recordando con todo respeto aquel comportamiento ejemplar.

El misionero del ciclismo

Como colofón final, sí quisiéramos dar a conocer a la luz lo que comentó aquel ciclista de cierta fama en su tiempo llamado Antonin Magne, compatriota suyo, en ocasión del fallecimiento de Christophe ocurrida el primero de febrero de 1970, al querer glosar su figura del todo tan ejemplar. Le definió como un corredor sufriente en la práctica de su oficio, predicador de innumerables enseñanzas ciclistas, difusor de las excelencias de este duro deporte y sencillo en el trato.

Aquellas palabras, breves si se quieren, encerraban la descripción justa de lo que representó aquel hombre que luchó en silencio frente a la adversidad. Se le llamó incluso con el apelativo de ser un “misionero del ciclismo”. Son palabras, éstas, que perduran en el hondo de nuestro corazón. Son palabras que no pueden desaparecer así como así al compás de los vientos. Es una fiel glosa, una más, que hemos querido resaltar aquí y que nos acercan a aquellas gestas contraídas por unos ciclistas en aquellos difíciles tiempos con tintes  dramáticos y con actitudes casi inverosímiles.

Por Gerardo  Fuster

INFO

Con este frío que nos encoge, conoce los tejidos de Bioracer

Iceberg 100 es un tejido elástico ligero regulador del calor con propiedades cortaviento e hidrófugas que mantiene una temperatura constante entre la piel y el tejido. El 100 significa que tiene una impermeabilidad del 100 %.

Esto convierte al Iceberg 100 en un tejido caliente y transpirable que los corredores pueden utilizar durante los recorridos invernales intensivos en condiciones frías, sin el volumen de una chaqueta de ciclismo de los tejidos de invierno comunes.

… e incluso personaliza tu propia ropa en línea

Una manera fácil y rápida de crear ropa de ciclismo. Elige en la galería de prendas y diseños actuales. Colorea tu ropa con los mismos colores que los de tu equipo y coloca el logotipo en su posición correcta. Ve a la pantalla de consultas, introduce tus datos de contacto y un representante de Bioracer se pondrá en contacto contigo para hablar y ofrecerte un presupuesto.