Euskaltel y los días más naranjas del ciclismo

Euskaltel Haimar Zubeldia JoanSeguidor

Euskaltel es al ciclismo lo que el naranja a la paleta del pintor

En la ronda de charlas de este ciclismo confiando que estamos manteniendo, el Euskaltel y aquella famosa marea naranja que rebosaba por las cumbres de los Pirineos es el hilo de la de hoy.

Al otro lado del teléfono, Haimar Zubeldia, símbolo de aquella generación de corredores que puso ese maremoto naranja muy arriba, para hablar de esos años que dieron la medida de cuán alto puede llegar el corazón de un proyecto que espera seguir dando que hablar…

Haimar ¿qué era Euskaltel cuando tú subiste a pros?

«Era el referente para nosotros, no estaba al primer nivel que llegaría luego, pero nos motivaba ser pros en el equipo de casa. Hablo de los años 98 y 99, cuando todavía era un proyecto relativamente joven»

¿Cuándo subes tú al primer equipo?

«En 1998, fue especial, ahí dimos el salto dos guipuzcoanos, dos vizcaínos y dos alaveses, ahí íbamos Beloki, Gorka Gerrikagoitia y yo, entre otros. Para mí fue clave ganar el Campeonato de Euskadi amateur»

Recuerdos de esos años…

«Volví a estar con Julián Gorospe, que había sido mi director en Olarra. Empezamos a crecer como equipo y en ambiciones, enganchábamos a la gente»

El Euskaltel se hacía mayor poco a poco…

«Cada año subía alguien de aficionados, eso nos apegaba a la tierra, pero es que los resultados crecían, a mí me salió una buena Euskal Bizikleta, Beloki, podio en la Volta. Aquello no llegó de la noche a la mañana»

¿Recuerdas qué cambios notaste cuando te dijiste: «Ya soy pro»?

«Notas que empiezas como de cero, todo está más organizado, las ideas están más claras. Abres un libro en blanco con idea de llenarlo y aprender día a día, piensas en lo que puedes llegar a ser…»

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Y debutas en una carrera que te marcó, debutas en el Tour

«Sí, fue en 2001, el de la victoria de Laiseka en Luz Ardiden. Recuerdo que fue muy duro, días en los que iba en la grupeta final, sufriendo los cambios del viento, un aprendizaje a marchas forzadas. Al año siguiente pasé quince días buenos, pero la tercera semana se me hizo pelota»

Hay un año en la historia marcado a fuego en Euskaltel, incluso en la historia de algo tan vasco como Orbea, es el 2003, aquel Tour fue la bomba

«Era mi tercer Tour, llegaba bien, con la idea de ganar la etapa, pero empezó bien desde el mismo prólogo de París, en el que estuve con el mejor tiempo mucho rato, al final acabé cuarto. Arrancar así fue bueno, incluso con la pérdida de la crono por equipos, porque luego llego Alpe d´ Huez y el triunfo de Ibán Mayo»

En el álbum de familia del Euskaltel, pero también en el Haimar, hay una foto que marca aquella época: dos naranjas con Ullrich y Armstrong en la cima del Tourmalet

«Fue tremendo. Recuerdo que antes de La Mongie, Armstrong muestra debilidad y Ullrich arranca. Iban Mayo, con ellos. Vinokourov iba conmigo atrás, pero veía que no caminaba así que decidí probar, ya en los túneles. Hice La Mongie solo y les cogí saliendo»

En ese momento se desató  la locura…

«Íbamos por un estrecho pasillo de gente,  gritos, pasión… y en medio de todo gente conocida, que me gritaba y animaba. Increíble»

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¿Recuerdas alguno en especial?

«En la última recta reconocí a los organizadores de la Itzulia, a Jaime Ugarte y compañía. Ver toda esa gente, todos esos conocidos, en el Tour… impresiona mucho»

Dos Euskaltel con los dos más grandes personajes del momento, pasión, furia, atacando para el PODIO EN EL TOUR… pero, pasada la cima, Julián Gorospe, en el coche de equipo, os pide calma

«Cuando empiezas a bajar un puerto como el Tourmalet debes tener cuidado, los primeros metros son peligrosos, además a más me vino a la mente la caída que había tenido en Tour del Porvenir. Julián (Gorospe) nos pidió tranquilidad…»

Visto ahora ¿fue una oportunidad perdida?

«Fríamente, ahora, creo que es entendible, era la primera vez que estábamos ahí, a ese nivel, no es sencillo tomar una decisión, en cierto modo podemos decir que a nosotros, aquello ya nos valía»

Pero el podio estaba a tocar…

«Ya y nos acabaron adelantando Hamilton y Vinokourov»

Vaya nombres, Hamilton, Vinokourov, Ullrich, Armstrong…

«A posteriori salieron muchas cosas feas, da que pensar, claro, y te preguntas qué habría sido de ti sin ellos en competición, qué final habría tenido todo, pero es lo que hubo y no creo que quepa darle más vueltas»

¿Fuisteis conscientes de lo logrado?

«Costó, pero te das cuenta de lo que es el Tour y llegas a casa y vas de homenaje en homenaje, durante la carrera no eres consciente de lo que estás logrando?

¿Fueron aquellos días los mejores de la historia de Euskaltel?

«Posiblemente sí, desde luego encumbraron al equipo, pero no podemos olvidar que luego vinieron grandes nombres como Samu, Antón o Nieve»

Y ahí estaba la famosa marea naranja…

«Era increíble, en el Tour lo llenaban todo, un puerto como el Tourmalet no tenía hueco alguno, no sólo iba gente del ciclismo. Cuando cruzabas la meta y bajabas al bus te daba hasta miedo de la cantidad de gente que había, ahí te encontrabas de todo, amigos, familiares que te paraban, te cogían casi en volandas, aunque hay que decir que la gente siempre supo comportarse bien»

A los diez años Euskaltel decía adiós al ciclismo

«Lo viví muy triste. Sé que había una presión enorme por los dichosos puntos UCI  y que la gente no acabó de entenderlo»

Pero este rarísimo 2020 nos ha devuelto Euskaltel al pelotón…

«Es ilusionante. Desde la parte que me toca, desde Etxe Ondo, ves que las cosas vuelven a salir, poco a poco. Que Euskaltel volviera nos saco una sonrisa a todos»

¿Volverá a ser lo que fue?

«¿Por qué no? entonces ya llegamos»

Imagen: Diario de Triatlón

Equipo Euskaltel ¿Se cansó Alonso o se inmoló Euskaltel?

Equipo Euskaltel

Dice Rubén Pérez, hombre emblema de Euskaltel, con varios Tours a su espalda y muchos tiros dados que, pase lo que pase, quien siempre sale perdiendo es el ciclista. Tenía una ilusión Egoi Martínez, como cuenta Luis Guinea, de seguir un año más inoculado por la envergadura del proyecto de Fernando Alonso, si bien no descartaba otro posterior.

Las estrellas del Euskaltel van encontrando acomodo en otros equipos. ¿Cómo no lograrlo? Son muy buenos ciclistas a precio que entiendo arreglado a la situación. Otros cuantos tendrán que replantearse sus opciones vitales. Hace un año Euskaltel anunciaba un equipo para cuatro años, ahora camina hacia su desaparición.

También en los recortes de estos días vemos que corredores de Euskaltel no están convencidos de que sus gestores hayan obrado con la necesaria habilidad en las negociaciones.

Cuando Alonso y Euskaltel anunciaron el inicio de acuerdo, yo mismo apunté algunas dificultades en el compromiso. El principal era el ideario de los actores. Fernando Alonso no quería chapa y pintura, en la dirección del equipo vasco aseguraban que el objetivo era mantener el corazón de la tierra.

El exotismo del equipo vasco

Porque ser un equipo que represente una zona de arraigo y pasión es bonito, pero va camino de ser exótico. Ante la ausencia de detalles, la impresión que queda es la defensa a ultranza de los rasgos diferenciales del equipo naranja han sido un impedimento.

Las cunetas del Tour en ese color, la identificación de miles de personas con ese color,… todo invitaba a los responsables a que ese sería el camino ideal para Alonso. Y eso no son conjeturas. En este vídeo lo dicen. Está grabado en las primeras horas después del inicio de acuerdo.

Tenían muy clara la postura de salida y a falta de más explicaciones entendemos que las han defendido.

Y es que una vez más hemos caído en lo fácil. Los comentarios que ha generado la noticia de la ruptura de las negociaciones, que no son pocos, apuntan muchos a cuestiones de ideología y geografía. Bendito país, que todo se reduce a eso, cuando en el fondo es todo mucho más complejo.

Miguel Madariaga la promesa del ciclismo

Ya no hablamos de ser un equipo vasco, español, europeo o panamericano. Hablamos de que las cosas han cambiado para siempre y mentalidades como las de Miguel Madariaga, voluntariosas, e incluso populistas, no tienen sitio entre estructuras como Omega, Sky o BMC.

Esto es otra cosa, lleva tiempo siendo otra cosa. Marcas globales para equipos globales, donde el acento de lo local no es bienvenido. Es triste pero es así. Un chaval debe crecer como ciclista con la conciencia de que puede acabar en cualquier punta del mundo.

La cantera australiana ha sido siempre abundante pero no han tenido un Orica hasta dos años.

En contrapunto a Madariaga, Igor González de Galdeano, en una gestión demasiado global para lo que los tiempos exigían. Bueno, una gestión global, y desacertada, un poco como la estrategia que movió el equipo estas dos últimas temporadas, siempre a contrapié, superado por el momento, nunca delante, siempre persiguiendo.

Y sin embargo todo esto quizá resulte anecdótico frente al verdadero problema, que tiene que ver con identidad, pero no tanto como muchos apuntan. Euskaltel, hace un tiempo y por cuestiones de mercado, ya no es dueña de sí misma. Las decisiones gordas no son tomadas en Euskadi, y allí, desde donde deciden, la marea naranja es una anécdota.

Aún no sabemos qué pasó en el Euskaltel

Euskaltel Euskadi JoanSeguidor

Esta mañana he leído que Igor González de Galdeano añoraba los tiempos que un equipo naranja trepaba por el pelotón. Hablaba de ese color, de las ikurriñas por medio mundo, de la gente buena que quedó en el camino y de la presencia de profesionales surgidos del entorno de Euskaltel que ahora están corriendo al máximo nivel, cuando no liderando grandes equipos en las mejores pruebas.

Sólo cabe verlo, ver a Ion Izagirre en el Bahrain y a su hermano Gorka en Movistar, a Mikel Landa haciéndose un hueco en el competidísimo Sky, donde brilla, y mucho, el otro Mikel, Nieve, a Samu siendo valorado en el BMC, a Igor Antón quemando días en Dimension Data,…

La calidad de aquel conjunto y lo que significó, la marea naranja, siguen resonando hoy en muchas mentes y sobre todo en corazones. Igor retomó hoy esa nostalgia y lamentó que todo se devaneciera y hace un ejercicio de realidad, admitiendo que volver a aquello será muy difícil y cada vez más mientras los días pasen penosamente desde aquel otoño de 2013 cuando todo se quedó en el camino.

La carta de Igor vuelve sobre lo que muchas veces hemos pensado, en el tema del Euskaltel hubo, dicen todos los protagonistas, una mano negra, una especie de “aire” o algo místico que se lo llevó todo por delante. Madariaga se enciende hablando del tema, él que lo sacó de cero, sólo dice que le quitaron un hijo y se lo devolvieron muerto. Dice que no hubo derecho, que es una puñada, habla constantemente de los “hijosputa”,… habla, habla y habla, pero nunca le escuché autocrítica.

Igor es más sutil, emplea la frialdad que le elevó en su periplo ciclista, es distante y esconde las cartas. Sí que es cierto que admite errores, o quizá dar cosas por hecho, pero empredió un camino que desarriagó el equipo y lo consumió en un año. Hablar ahora es sencillo, muy sencillo, pero entonces se veía claro y meridiano y el final sería el que el propio protagonista describe.

Y luego está Jon Odriozola, que quiere que lo que fue naranja sea verde matizado en el futuro. No es nada sencillo, las cosas están como están, su equipo es semillero de buenos ciclistas, pero el panorama que nos describió Guillem Cassú hace unas semanas, la del sub23 desmotivado por lo complicadísimo que es sacar la cabeza, se ha calcado, supongo que con sus peculiaridades en el caso de Imanol Estévez que ha colgado los hábitos siendo uno de los más prometedores ciclistas del panorama.

Como siempre decimos, y me repite un amigo calvo como yo, nada es lo que parece y no nos enteramos de la misa a la media. Los protagonistas de esta historia hablan de manos negras, de palos en las ruedas, de mil cosas, pero no concretan, esto es como el sexo de los ángeles o los billetes de 500 euros, algo de lo que todos hablan, pero nadie palpa.

Y esto pasa en Euskadi, el vergel, la cuna, la cantera donde se endurecen los talentos y dan el salto, si lo han de dar, pero algo se debe estar haciendo mal, de verdad lo creo, cuando con la bolsa de afición y interés que despierta este deporte nadie es capaz de sacarle algo mejor que voluntarismo, ganas e ilusión, esos ingredientes de una ensalada invisible, esos que condimentan pero no dan sabor. Se perdió el Euskaltel, o el equipo WT de la Fundación Euskadi, llamadlo como queráis, y deshacer el camino puede ser una tortura que acabe con la salud de más de uno.

Imagen tomada de El Referente

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La suerte de Amets, Igor y Omar

No han sido pocas las veces que, durante estos dos años, desde que despareciera el Euskaltel, se haya hecho inventario de los ciclistas surgidos de la entraña de la Fundacion Euskadi y de la suerte de los mismos. Cuando el equipo naranja dejó de existir ya había desperdigado talento por todo el World Tour y con cese de actividad acabó de liquidar sus activos con auténticos corredorazos a precio de de ganga.

Mirad sin ir más lejos los dos mejores equipos del mundo, el Movistar Team y el Team Sky, dos conjuntos bien surtidos de corredores que en su día fueron naranjas y que actualmente se debaten en el umbral de las mejores carreras.

A pesar de los nombres que nos vienen a la mente, en esta historia son tres los que queremos tener como protagonistas y ahora veréis los motivos de esta elección porque éste es un relato que arranca desde la Vuelta al País Vasco de 2013 y nos lleva hasta este otoño de 2015, que llama a nuestra puerta mientras sacude el felpudo y nos invade de frío y episodios de lluvia.

En la Vuelta al País Vasco de 2013 Euskaltel estaba inmerso en el pozo de los “no resultados” siendo un equipo que había perdido la frescura que le había hecho “diferente”. O no querían o no sabían, pero lo cierto es que la otrora seña del equipo de Igor González de Galdeano estaba languideciendo tenuemente ante la mirada atónita de la afición. Nunca cazaban la fuga buena, siempre tirando, siempre a la contra, nunca delante y con la cuenta de resultados a cero.

Ocurrió que en esa carrera destacaron dos nombres: Amets Txurruka y Omar Fraile. El primero había sido omitido en la nueva estructura naranja en cuya fría gestión, ajena al calor de la Fundación, Igor Gonzalez de Galdeano premió puntos venidos de otros continentes despojando de alma al equipo. Txurruka cogió el macuto y se fue al Caja Rural siendo omnipresente en esa carrera y ganando poco después la Vuelta a Asturias.

En esa Vuelta al País Vasco, que como recordareis ganó Nairo Quintana, emergió otro nombre, Omar Fraile, también en el Caja Rural, como Amets, y no en el Euskaltel, al que le dijo que esperara al año siguiente para sumarse a su causa. Como sabéis no hubo «año siguiente» pues Euskatel dejó de existir. Fraile dio otro recital de coraje, entrega y corazón, esos valores que las credenciales de los naranjas ya no tenían en repertorio.

Pasaron los años y Fraile siguió creciendo, y no sólo cogiendo escapadas, también entrando a ganar carreras, algunas prestigiosas, otras preciosas, como Dunkerque. En la Vuelta ganó la montaña al borde de la extenuación y todo ello le ha valido un contrato en el Dimension Data, el celebrado equipo sudafricano de Cavendish. Omar ya tiene su cielo, como Amets lo tendrá en el Orica, el fenomenal proyecto australiano que se lleva un corredor que es una perla.

Y el tercer protagonista de este cuento es Igor Antón, un ciclista que sufrió sendas caídas cuando más y mejor andaba, pero que a diferencia de los otros dos no se ha reinventado. Su temporada en el Movistar ha sido tediosa, gris, alejada de lo que un día prometieron sus piernas. Dice que se queda con la victoria en Asturias, cuando cualquier carrera en este bendito país es una lotería entre los corredores de Unzue. En el Giro deambuló, siendo protagonista el día que ayudó a Alberto Contador….

Así las cosas, con 32 años y un espíritu “cuasi” funcionarial, Anton espera que alguien le abra las puertas, a ser posible en el WT. No sabemos si encontrará o no acomodo, más cuando no sabe lo que es correr si no está en casa, sin embargo de lo que sí estamos seguros de que el ciclismo, como la vida, a veces es justo, y con Omar y Amets lo ha sido.

Imagen tomada del FB de Caja Rural 

Los problemas que acabaron con la Fundación Euskadi

En la Vuelta a Burgos se acabaron, por el momento, los más de veinte años de historia de la Fundación Euskadi. Dos décadas largas de aquel equipo que auspiciaron nombres en franca retirada aunque consagrados, como Peio Ruiz Cabestany, que aupó valores como el de Iñigo Cuesta primero y Joseba Beloki posteriormente, entre otros talentos, y que tocó el cielo con los colores de su principal mecenas, Euskaltel, anaranjados sueños que fueron realidad, tangible y chillada por miles y miles de gargantas  en cunetas de medio mundo. Pero todo tiene su fin y el sueño que Miguel Madariaga hizo que fuera real tocó su ocaso en la ronda burgalesa.

Fue la crónica de una muerte anunciada, a pesar del mazazo que hace un año por estas fechas daba el equipo Euskaltel anticipando su desaparición a final de la pasada temporada, la fundación encontró el acomodo económico para seguir esta temporada. Pero ese colchoncito no dio para todo el año y renunciando a algunas carreras, el equipo echó el cierre.

El pasado domingo Miguel Madariaga recibió una cariñosa enjabonada en El Larguero, ese programa que sólo se acuerda del ciclismo cuando Contador se estampa, hay un positivo o una noticia luctuosa como la desaparición de un equipo. En el transcurso de mismo se dio voz a Madariaga pero también a actores principales en la historia de este equipo. Los mismos medios que lloran el final del Euskadi son aquellos que llevan meses mareando la perdiz con las líneas maestras, por no decir obviedades,  del proyecto de Alonso, proyecto que suena bien pero que no se plasma, al menos por el momento.

Escuchando la pieza de poco menos de media hora se adivinan las causas de este desenlace. En la Fundación Euskadi ahora, y en Euskaltel hace un año, se dieron erróneamente muchas cosas por hecho. Se dio por hecho que en el País Vasco el ciclismo prevalece siempre, se dio por hecho que sólo cuenta lo deportivo, se dio por hecho que Fernando Alonso tragaría con lo que fuera, se dio por hecho que por ayudar a chavales jóvenes no faltarían los mecenas. Se dieron por hecho tantas cosas que claro la realidad es tozuda y jodida cuando no caminas en contacto con ella.

Las cosas cambian y el discurso de Miguel Madariaga, sin querer restarle un ápice de mérito a su obra, es el vivo ejemplo de un ciclismo inadaptado a la realidad, al presente. En sus declaraciones Madariaga sólo reta, nunca hace autocrítica. Asegura que no ha dejado puerta por tocar, pero no especifica porqué nadie le ha prestado ayuda. Sigue anclado en el maná de las instituciones cuando hace tiempo que éstas le dieron la espalda al ciclismo y posiblemente al deporte en general porque las urgencias sociales así les obligan.

Un año después el capítulo del ciclismo al más alto nivel en el País Vasco escribe un nuevo capítulo en su historia más triste. Queremos pensar que en el País Vasco habrá quien tome nota de los errores, y también de las virtudes, pues también las hubo, en la gestión de fundación y seguro que saldrá algo más adaptado a los tiempos.

Tiempos que no hablan de ir a un patrocinador a pedir dinero a fondo perdido y sí de ofrecer contraprestaciones, intangibles que hacen marca, la divulgan y proyectan. Con esos mimbres se podrá dar a Euskadi y al ciclismo en general el potencial que atesora. Todo lo demás son palos de ciego.

Imagen tomada de Fundación Euskadi

«El timo de Pino»

Otra historia con final dolorosamente esperado. Acabamos de enterarnos que el personaje cuyo apellido ponía nombre al proyecto chileno en el máximo nivel era un bluf, humo, una estafa. Juan Pablo Pino se llama el sujeto y nadie sabe de su paradero. El nivel de corruptela fue tal que se habla de proveedores manipulados para aparentar normalidad. Sinceramente, dantesco.

Hace unas semanas Fran Reyes espoleaba su teclado a golpe de guitarra para dar luz a la intrahistoria que dio origen al Pino Road. Hablaba de movimientos, de gestiones, conferencias vía Skype, viajes, movimientos por la geografía nacional,… hablaba de ilusión, de ganas, de comerse el pastel. Esa pieza vio la luz varios días después de ser escrita. “Espera un poco”, “aguarda”, “gracias por tu paciencia” me espetaba Fran a la espera de que todo el tinglado fuera legal a ojos de la UCI. A un servidor la pieza no le molestaba en la carpeta de pendientes, pero uno que lleva unos años en esto empezaba a barruntar lo peor.

Llámenlo pálpito, presagio, presentimiento,… no sabría describirlo, pero esos retrasos, esos matices burocráticos inconclusos, en ciclismo son usuales, mucho, y anuncian que las cosas no se están haciendo como se debiera. Porque este deporte, bello no, lo siguiente, vive demasiados capítulos de este estilo. Capítulos tristes, desordenados, que denotan vacíos legales, lagunas donde los pordioseros olisquean a conveniencia. Y no siempre hablo de estafas, como la que nos ocupa, hablo de otros procesos de final triste que por cierto en España ya han escrito varios capítulos.

Y es que no puedo menos que acordarme de Geox y cómo dejó el ciclismo sin previo aviso, con vacías argumentaciones y escasa respuesta por parte de los gestores del equipo. Ni olvido el Andalucía, donde por fiarlo todo a un patrocinio público se fue al garete un equipo que era un bombón para patrocinadores con el foco en aquellos mercados en los que el ciclismo es un vehículo enorme de promoción. Ni quiero hablar de Euskaltel, un proyecto que pasó de ser internacional y desarraigarse a extinguirse en tiempo récord, incluso con el esperpento de la frustrada negociación de Alonso por medio.

Y miren por dónde que uno de los perjudicados en todo este embrollo del PinoRoad es Pablo Urtasun, un navarro veloz con cara de buenazo, que tras una década en el profesionalismo vive la misma historia, con diferente nudo pero similar desenlace, en menos de un año. Es terrible  que las garantías que se le aplica a cualquier otro deportista no aparezcan por el ciclismo, un deporte que sigue queriendo ser global pero que dando esta imagen dudo que atraiga a más de los que están ahora mismo embarcados porque entiendo que ahora mismo en Chile no quieren ni oír hablar de ciclismo.

 

La plantilla trabajará durante la semana para encontrar una alternativa que vuelva a encaminar este ilusionante proyecto a buen puerto

 

Y saben lo peor de todo, que siempre hay un damnificado: el ciclista. En este caso son cuatro españoles más el técnico Buendía, otrora excelente pistard, y dos periodistas jóvenes en edad pero hastiados de tanto sinsabor. A Fran le desee suerte hace un rato, mi deseo lo hago extensible al resto del grupo, y no sólo a los españoles. Una vez más ha habido listos que se han aprovechado del ciclismo y su gente, una vez más, nos ha tocado recibir.

Foto tomada de www.ciclo21.com

13 x 13. Un pelotón sin ilustres

Se cuentan casi por medio centenar. El grueso de ciclistas que no ejercerá su profesión en 2013 será importante, nada escaso. El último aldabonazo de este repaso emprendido sobre el año hace referencia a aquellos que ya no veremos en el pelotón el año próximo. Es el momento de sentir su marcha, y valorar lo que nos perderemos sin muchos de ellos.

Hay un repóquer de ases que pone su pie fuera del profesionalismo. Entre ellos suman Giros, Vuetas, algunas clásicas e interesantes triunfos. Denis Menchov, con el pie cambiado, en medio de la temporada, una vez fue el último en claudicar ante Richie Porte en la París-Niza, es el corredor más importante de este listado. Ha quemado su etapa, progresado hasta donde y pudo y pudo elegir el momento de decir basta, lo que significa un privilegio, algo que muchos no pueden aducir. Como Mechov, Stefano Garzelli también se embolsó un Giro, nada menos que hace catorce años, ese que ni Casagrande ni el calvo sucesor de Pantani parecían no querer ganar.

Andreas Kloden, ciclista lagunar, desaparece para siempre en una maraña poco clara de sus relaciones con la trama de Friburgo. Asuntos turbios que también han envuelto a Levi Leipheimer, perenne y más consistente que el alemán, pero a la postre víctima de los abusos que han minado el pelotón. Porque mantenerse ajeno ha sido imposible para muchos y el que fuera líder en el Tour 2005, David Zabriskie, otro Garmin arrepentido, también probó, lo mismo que su compañero Christian Vandevelde. Ambos también se van.

El pelotón español acusa la desaparición del Euskaltel. Mientras Samuel Sanchez apura opciones, y Luisle acabó en Caja Rural, dos símbolos del equipo naranja, ya histórico, se dejan el profesionalismo por el camino. Uno, Egoi Martínez, doméstico coherente, de lujo, sabio, longevo pero con la gloria a tocar en aquella famosa etapa de los Alpes italianos que le birló Simon Gerrans. Luego Mikel Astarloza para quien la máquina pitó. Tras lo cual nos sorprendió con una curiosa rueda de prensa, alegato y golpe en la mesa y pecho inclusive.

En la próxima primavera la tradicional figura de Juan Antonio Flecha ya no será de la partida. Siempre a la contra, siempre disputando, al final esa gran clásica que muchos le atribuían no llegó, a causa, por un lado, de sus obvias limitaciones, sobre todo en lo táctico, y por el otro por coincidir con una generación enorme encabezada por Cancellara y Boonen, pero también por Stuart O´Grady, otro de los que se van tras una eternidad compitiendo, tras una Roubaix en ganador, tras admitir pecados y abusos.

Como Flecha también tuvo sus últimos momentos por los alrededores del Nido de Pájaro pequinés, el italiano Marco Pinotti, la excepción italiana en la disputa de cronos. En el país transalpino se van dos buenos velocistas, uno supremo, casi superlativo como Alessandro Petacchi, quien en 2003 no sé cuántas etapas ganó entre las tres grandes, y otro esporádico como Angelo Furlan, ciclista reconocido por una victoria en la Vuelta, casi tanto como la Clásica de San Sebastián que luce lozana en el palmarés de Xavier Florencio, lastrado por las lesiones en su retiro. Otro que también apareció poco pero bien fue Sandy Casar, miembro efectivo de esa generación de ciclistas franceses que anunció el buen momento que ahora se revela para el país vecino. Y hablado de francófonos, cerramos con David Veilleux, autor de una renuncia curiosa, pues está  en edad de merecer, logró una bonita victoria en la Dauphiné, pero ha dicho que la vida es más, que la vida es estudiar, que es familia y el ciclismo, en su caso, una anécdota.

#13×13 es el relato de perfiles, paisajes y momentos que describen el año que se nos escapa.

Y hasta aquí el 2013, en total, no llevo la cuenta más de un post diario. Ha sido un placer, y esperemos en 2014 sigamos con lo que hace tres años por estas fechas iniciamos. Entretanto que el 2014 se os presente sobre ruedas. 

Fotos tomadas de www.buenorros.net, www.dailypeloton.com y www.cyclesportmag.com

10 x 13. La demolición no controlada del Euskaltel

A raíz del anuncio de Fernando Alonso sobre las negociaciones con la estructura del Euskaltel, la ETB realizó un reportaje sobre el equipo de bandera vasco en el que Igor González de Galdeano hace un breve repaso de lo mucho e intenso que la ha dado para vivir la vida en este último año. El fallecimiento de miembros del equipo, el cambio de las bases sociales del mismo, la enorme discusión que el mismo originó, las complicaciones en la gestión diario, el progresivo desarraigo de las instituciones, la no aparición de un segundo patrocinador, la ausencia total de resultados,…

No fue, desde luego, sencillo el último año para el vitoriano que en las páginas de El Diario Vasco repasa con medida dosis de sinceridad los muchos avatares que la vida le ha deparado estos doce meses. Muchos e interesantes datos de una realidad que en este cuaderno ya describimos y acertamos a revelar como caótica. El ciclismo vasco se ha convertido en un sumidero de desunión y desconfianza. Igor habla de actores que no dudan en fastidiarle un patrocinio al de al lado por el mero gusto de hacerlo. Situaciones dantescas que en la región donde el ciclismo es cuestión de estado suenan a susto.

No cabe duda que la verdad verdadera de la desaparición del Euskaltel dista mucho de ser sabidas con exactitud. Los movimientos propios del mercado, la propiedad de la institución, muy lejos de las fronteras de Euskadi jugaron su influencia. A la gente que firmó la titularidad de la empresa poco menos que les importaba un rábano la marea naranja y los pasillos que armara en las cunetas del Tour. Aquí se supo de resultados, no de arraigo, aquí se quisieron dividendo y buen precio, y si para ellos iba el coste del equipo, fuera equipo. Sencillo y abrumador, tanto como las leyes del mercado.

Si en algo nos atrevemos a opinar en este tinglado es la gestión deportiva, muy tangible a nuestros ojos. Euskaltel estos últimos tiempos no guardó nada del ese fragor naranja que siempre marcó el desenlace de las grandes carreras. En la carretera hemos apreciado ciclistas inapetentes, en muchos casos. Pocas ganas y menor presencia en esos momentos en los que el naranja era parte del paisaje.

Igor González de Galdeano no tiene palabras amables para Amets Txurruka en la entrevista referenciada, sin embargo el carismático ciclista del Caja Rural es el vivo ejemplo del carácter almohadillado que se había instalado en el cuadro naranja. Amets se pasó la Vuelta a España de 2012 tirando de carro, encabezando las persecuciones, trabajando para otros que, rara vez, cogían el corte bueno. Fuera de Euskaltel, Amets ha inaugurado su palmarés en Caja Rural, en la Vuelta a Asturias, y se ganó el calor y cariño en la Itzulia, esa carrera en la que él se escapaba y Euskaltel tiraba para que luego ganaran otros.

Sobre el desmonte del equipo, la opacidad ha sido una máxima. Desde que se supo que el equipo estaba en barrena poco o nada de claro se sondeó en los medios. Todo eran manos negras y sombras. Había hechos consumados, como la desaparición del equipo, pero ningún culpable confeso, todo se achacó a la crisis y las circunstancias, esas que no trascendieron cuando Fernando Alonso se interesó y desinteresó por la estructura. Luego historias para no dormir. Historias como la de Jon Odriozola y Ner Group, historias como las de la Federacion Vasca. Historias que no culminaron más allá de la supervivencia de la flor de Madariaga, el hombre que lo arrancó todo, el hombre que con su peculiar estilo sigue ahí, en el tajo, salvando los mínimos, con la esperanza de que el vaticinio de Igor no se cumpla y que Euskadi recuerde lo que es, una tierra de ciclismo fecunda y grande y que en ello se entierren las diferencias y surja algo tan bello como lo que fue Euskaltel estos veinte años.

#13×13 es el relato de perfiles, paisajes y momentos que describen el año que se nos escapa.

Foto tomada de www.euskalteleuskadi.com