A nadie le amarga Igor Antón

En el momento previo al descuento, cuando la temporada languidecía y la ola de los fichajes parecía haber pasado, cayó el traspaso más sonado del ejercicio y quizá no tanto por el tamaño del protagonista, Igor Antón, pues han habido otros movimientos interesantes, sino por el simbolismo que su llegada al Movistar reviste.

Siempre naranja, Antón pasa a ser azul. Cambia de compañía, la suya de toda la vida, Euskaltel, dejó de tener cobertura. Buen escalador, prometedor desde sus inicios, desde aquella victoria de Calar Alto con la bendición de su padre deportivo, Samuel Sanchez, Igor Antón ha sido lo más parecido a un futbolista del Athletic en lides ciclistas. Desposeído de la lógica competitividad de las grandes escuadras, por el cartel netamente vasco de su equipo, Antón ha crecido cómodo en las huestes de Madariaga e Igor González. Siempre ahí, alcanforado, tranquilo, en el abrigo de una escuadra sostenida por dinero público hasta que se desarraigó.

Los últimos meses han sido complicados para Antón. Deportivamente no sabemos qué queda de ese ciclista que maravilló en el Zoncolan o logró su “bilbainada” hace tan sólo dos años –por cierto poco se habló del papel de Marzio Bruseghin en aquella victoria de Antón en Bilbao-. Antón ha sido ese corredor que en el umbral de su Gloria con mayúsculas acabó besando el suelo como le ocurriera en el Angliru hace cinco años o en la Peña Cabarga hace tres.

Si el carácter funcionarial ha definido su periplo en Euskaltel, el de Galdakao llega ahora a otro equipo no menos funcionarial. Esto es ”chez Unzué”, es el mejor sitio donde podía ir a caer, visto ese carácter no siempre fuerte y robusto que otros sacan al menor desafío. La diferencia radica en el estatus. Antón pasa de ser cabeza de ratón a cola de elefante. Aquí se tendrá que ganar los galones y ni siquiera así puede tener la certeza de que las circunstancias le sonrían porque las servidumbres hacia Nairo Quintana, con quien se dice que podría correr el Giro, y sobre todo hacia Alejandro Valverde podan cualquier atisbo de crecer.

Como conclusión final subyace el auténtico estado del ciclismo español. Con la honrosa excepción del Caja Rural, quien parece que anunciará a Luisle Sánchez en enero, Movistar es el principio y el fin y eso significa muy posiblemente una reducción, otra más, a la calidad salarial del pelotón español. Hace dos años ficharon casi de saldo al ganador vigente de la Vuelta a España, ahora hacen lo propio con Antón. Unzué lo hace bien, la suerte le sonríe y las cosas le vienen rodadas, pero ahora mismo ver la plantilla del Movistar indica cuán pobre es la situación. El esperado rebote de la misma se hace de rogar pero quizá cuando llegue poco haya que reflotar.

Foto tomada de www.esciclismo.com

Hay ciclismo después de Euskaltel

Con un ERE, uno de los trámites administrativos más tristes y cotidianos de nuestros días, se cierran veinte años de peripecias en Euskaltel dentro del pelotón. Un ERE, una palabra mundana, manoseada que ahora forma parte de la vida de actores destacados de esa elite que es el deportista de alto nivel que con sus viajes, concentraciones y demás quehaceres vive muy al margen de lo mundano. Un ERE que afecta a Igor Antón, Egoi Martínez, Gorka Verdugo, Jon Aberasturi, Rubén Pérez y Miguel Mínguez. Sí Igor, Egoi, Gorka y Rubén, cuatro de los fijos cada año en las grandes carreras, con todo el respecto para Jon y Miquel. El membrete también incluye el nombre de Samuel Sánchez, que tenía firmado hasta 2015. Cómo hemos de vernos. 

Mientras en la acera de enfrente Miguel Madariaga trabaja para que a finales de mes tengamos un regalito de Papá Noel en forma de supervivencia de Euskadi. Está bien. Tras mucho ir y venir, el ciclismo vasco está cerca de cerrar un pacto de mínimos. Que lo celebren, otras regiones no tienen eso ni por asomo. No obstante la imagen que queda es de una desunión supina. El ciclismo vasco, el espejo de este deporte a nivel nacional, parece una lucha de bandas y corrientes.
Con todo es llamativa la retórica que ha rodeado todo lo ciclista en Euskadi desde que Euskaltel dijo que no seguía. Desde morder la mano que te ha mantenido, eso es hablar no muy bien de las administraciones públicas que poco o nada debieran pintar en estos proyectos, a lanzarse recados, bombas y puñales entre las partes implicadas.
En esa paradigmática desunión, el ciclismo en Euskadi es lo que es en el resto del mundo, se ha transmitido un completo desbarajuste y nula coordinación en la defensa de los intereses ciclistas de una zona que dicen vive esto como casi una religión. Dudo que fueran pocos los que no se alegraran por el tropiezo mortal de Igor, ni esbozaran satisfacción ante la soledad de Jon Odriozola, ni por la poesía que salió de la boca de Madariaga.
Sin embargo, como siempre hemos defendido, Euskadi es tierra de ciclismo, de Ciclismo, sí con mayúsculas. Y como tierra de Ciclismo dudo mucho que Euskaltel signifique el final de algo más que no sea la propia historia del equipo naranja. Esto es un capítulo aparte. Porque de ese color, o verde, o rojo, o del que gusten de citar, seguirán las cunetas tiñéndose de pasión, sabiduría y admiración. De gritos para éste, aquel y el otro. De empeños con nombre y apellido, porque conocen y admiran al corredor más que aquellos que se justifican en el casco y las gafas para sacar a pasear su desconocimiento.
En los años treinta del pasado siglo, el Tour de Francia era ya asiduo en los Pirineros. Despuntaba entonces un ciclista pequeño que apodaban “la pulga”. Era Vicente Trueba, cántabro y avispado en las subidas. Año 33, en la España de la segunda República, muchos cruzaban el umbral de Francia para animarle. Eran cántabros, astures y vascos, muchos vascos. Ni por asomo se esbozaba Euskaltel y esa región que se meció en los brazos de la bicicleta por la crisis de la industria armera ya respiraba ciclismo.
Siento decirle a los agoreros que, ochenta años después, esa pasión sigue intacta.

Momentos “Euskaltel-Euskadi”

Cosas del World Tour, en Pequín, el ombligo de la globalización y del mundo redondo Euskatel- Euskadi, una empresa telefónica cuyo público objetivo radica en una región concreta al otro lado del planeta, se despegó sus últimos dorsales. Dicen que el día fue como otro cualquiera, con algún poso de nostalgia, pero poco más. Los ciclistas, hombres duros de espíritu, huesudos de perfil, no quieren algarabías. Se adivina un futuro complicado para muchos de ellos, salvo los que no hayan firmado o tengan perspectiva de hacerlo con algún otro equipo. Ya se sabe cómo funciona esto, los equipos van cerrando plantillas, se confeccionan calendarios y las puertas abiertas son cada vez menos.

El repaso numérico y nominal que Ciclo 21 ha realizado de la historia de Euskaltel ha despertado en el subconsciente momentos con el sello naranja que siempre llevaremos en el recuerdo. Dos lugares, Azpeitia y Getxo, dos corredores, Agustín Sagasti y Juanjo Lobato, comprenden la historia de pasajes de gloria de este equipo que siendo pequeño, artesanal, local y arraigado se codeó con los mejores.

Retazos desordenados, puntos de inflexión que abrieron la puerta de los registros singulares para tamaño grupo. Como no esa etapa húmeda de abril en la Vuelta al País Vasco de 1994 que ganó Sagastí, un corredor que acabó por quitarse la vida y que se guarda en la psique colectiva como el pionero. 18 años después en una lluviosa semana en Euskadi Samuel Sánchez lograría frente a Purito la general de la carrera de la tierra, por esa que los naranjas suspiraron tantos años y que harían suya un año antes de desaparecer.

Obviamente, Samuel es la pieza angular del equipo y su historia. Hubo un momento que le marcó para siempre, y no sé si para bien o mal, porque visto en perspectiva te cuelgan un cartel que sea posiblemente merecido aunque pise el terreno de la leyenda. Sí, me refiero a aquel descenso de Cuenca, donde Samu hizo un retrato de cuán grande debe ser el riesgo si se quiere lograr algo grande. Era la Vuelta a España de 2006 y aquello casi le dio el título de mejor bajador del mundo. El ovetense es un grande de este arte, pero aquello rozó la leyenda.

Otro que abrió caminos fue Roberto Laiseka. Una tarde de julio, en el sofocante 2001, en medio de una marea naranja atacó a fondo desde el grupo que capitaneaban Lance Armstrong y Jan Ullrich. Era en Luz Ardiden, era en los Pirineos, el mismo escenario que le vio pasar el umbral del triunfo en la Vuelta a España, la misma cordillera donde Iban Mayo y Haimar Zubeldia fueron los únicos en todo el mundo en coronar el Tourmalet con Ullrich y Armstrong. No ahondaremos en las taticas que Julián Gorospe impartió esa tarde desde el coche.

Iban Mayo, a pesar de su triste epílogo, es otro de los grandes en esta línea. Ganador en Alpe d´ Huez, poseedor de la ascensión más veloz al Ventoux,… entristece no saber nada de él, adivinarlo al margen de la vida pública del ciclismo, un ejemplo más de cómo se las gasta este deporte, el deporte en general.

Sin embargo el momento cumbre comprende un fin de semana en Italia, hace dos años, en los increíbles Dolomitas, primero, un sábado en el Zoncolan con el intermitente Igor Antón, al día siguiente,  domingo, en Gardecchia mediante Mikel Nieve, en una de las etapa más duras que jamás he presenciado. El Giro tardó en abrir su “hall of fame” a Euskaltel y sin embargo le dio su última muesca en las más grandes, la de Ion Izaguirre, soberbio en Falzes.

Se cierra un episodio, de casi veinte años. Todo tiene un inicio y final, Euskaltel dejó de latir para el ciclismo, no conviene hacer un drama, hubo ciclismo antes de que Madariaga capitaneara esto, y lo habrá el año que viene. Esperemos tiempos mejores, eso es todo.

Las ingenuidades del Euskaltel

“Yo creo que tenemos un gran equipo, pero tenemos que apretar” le dijo un día Miguel Madariaga a Igor González de Galdeano

 

Hace tres semanas corría la euforia por twitter, facebook, titulares, prensa, televisión y hasta en las cunetas de la Vuelta a España que por esos días frecuentaba rutas granadinas. Fernando Alonso confirmaba que estaba cerrando un acuerdo, repito cerrando que no cerrado, para comprar la licencia del Euskaltel. Se habló mucho, de relaciones personales entre piloto y ciclistas, de la nueva ubicación de la escuadra, de los patrocinadores, de los compromisos adquiridos por Euskaltel… se habló mucho sin saber de nada. Y mira por donde tres semanas después el acuerdo peligra en diferentes grados dependiendo que medio se consulte: los hay que lo dan por inexistente hasta quienes opinan que hay opciones de arreglar el desaguisado. Euskaltel ya ha lanzado un comunicado hablando de cierre ordenado del equipo. Sólo recordar que en agosto lanzó otro similar.

Sea como fuere anoche pude ver este programa de ETB que nuestra amiga Helena Dias movió por twitter. Son poco menos de sesenta minutos pero sinceramente creo que se narra bien la historia del equipo y mejor aún, se retrata cada uno de los personajes que intervienen en el relato y dan muchas pistas de porqué a Fernando Alonso se le han hinchado las pelotas de tratar en un mundo gestionado con los pies. Y ojo que no digo que el asturiano sea un santo, pero me da que las cosas no le han resultado sencillas a pesar de lo que se argumente.

De todos los protagonistas de este programa me quedo sin dudarlo con la afición, me encanta ese que dice “si quieren un equipo 100% vasco que vengan y pongan la pasta”, que al final evidencia que tiene el criterio más fino y certero sobre estos quehaceres.

El resto de partícipes hace gala de una ingenuidad infumable en personas talluditas con no pocos tiros dados. Por ejemplo Julián Gorospe y Miguel Madariaga que atribuyen sus noches de desvelo y defenestración a no sabemos qué fuerzas ocultas. Son nombres, no dicen cuáles, personas, no sabemos si físicas o imaginarias, que les mataron, laboralmente hablando. Quizá en una pitonisa adivinen esas fuerzas malévolas que un día truncaron su sueño y nos digan de una vez quiénes fueron.

Tanto para Gorospe como Madariaga sin Euskaltel no habrá un mañana en el ciclismo euskaldun y no escuchan esa afición que admite en el mismo reportaje querer seguir yendo a las carreras por les enloquece el ciclismo, vistan o no de naranja. Y como no hay más ciego que quien no quiere ver la candidez de Carlos de Andrés, admitiendo a sus colegas que “Euskaltel nunca puede desaparecer”, es de traca cuando la sanidad pública, sin ir más lejos, lleva tiempo cayendo en picado. También sonrojantes los ánimos que Samu Sánchez e Igor Anton le profieren a Madariaga por el micro. “Puedes ir con la cabeza bien alta” le dicen admitiendo con estoicismo la debacle de Euskaltel y lo que es más grave, la complicadísima situación de la Fundación Euskadi, el germen que debería sobrevivir a este tsunami por si un día esto se puede relanzar.

Luego están las razones de Igor González de Galdeano –quien ha tenido el terrible trago de perder un ciclista y auxiliar en menos de un año en un trance horrible-, que una vez desvinculado del proyecto le confieren de primera mano el mismo en un curioso movimiento circular. Igor lo deja bien claro en diferentes pasajes, esto está aquí, en Euskadi y prescindir del legado social y cariño de la afición sería un error. Aviso de navegantes a Fernando Alonso. Curioso, cuando él fue quien plasmó el desarraigo de la estructura y por ende la normalísima desinversión de las instituciones vascas.

Igor, quien admite haber machacado el código de circulación por seguir a sus chichos en un entrenamiento, pone en solfa los fichajes. Como no tenían manera de contratar a Purito Rodríguez, buscan un marroquí, un griego, un ruso, que al final da positivo,… parece que no hay punto medio, o te vas al rango alto o a otros continentes, donde, con todos los respetos, pocas certezas tienes que no te acaben dando un susto, como al final pasó.

Con todo este dibujo, un embrollo monumental, una sensación de provisionalidad terrible, luchas de poder intestinas y subterráneas que asustan y una cuenta de resultados de la que poco queremos saber, qué podría pasar, pues lo que está sucediendo, que el equipo puede pasar a la historia en cuestión de horas. Ellos sabrán, pero el caramelo se lo habían puesto al aficionado…

La letra pequeña del «aterrizaje ciclista» de Fernando Alonso

En situaciones excepcionales nos agarramos a noticias excepcionales e inverosímiles y la situación del ciclismo español es, sigue siendo, de auténtica excepción. A quienes no se imaginaban un World Tour con solo un equipo español –un servidor se había hecho a la idea-, les ha llegado una noticia de esas que se marcan a fuego. Este dos de septiembre, el día de regreso para muchos de sus vacaciones, un soplo de aire fresco ha entrado en el ciclismo español, al parecer hay acuerdo para que Fernando Alonso, no sabemos si en rol de prescriptor o dueño, entre a formar parte de la estructura de Euskaltel.

Siempre he pensado que en ciclismo somos muy tiquismiquis y que muchas veces cuando vemos a alguien ajeno y mediático metido en nuestro tinglado nos medio horrorizamos. Recuerdo aquí en Barcelona, el año que el Fútbol Club Barcelona entró en el mundo del ciclismo. Fruto de esa entrada, la tradicional clásica reivindicando la seguridad del ciclista, la Barcelona-Sitges, emplazó su salida desde el Camp Nou, el feudo de los culés. Incluso hoy sigue saliendo desde allí. Encabezó la primera edición que partió desde el estadio, el entonces presidente Joan Laporta, aquello valió a la prueba una portada en casi todos los diarios al día siguiente, eso sí con el mandatario luciendo una escandalosa barriga bajo su maillot blaugrana. Hubo controversia, y se puede interpretar de oportunista en ese momento, de hecho lo fue, pero sin embargo una prueba que ponía en solfa la seguridad del ciclista estaba en portadas y eso, en clave resultadista, fue bueno.

Por eso valoramos positivamente, de inicio, el acceso de Fernando Alonso al circo de lo ciclista. Por eso y porque además el piloto de Fórmula uno ha ido dejando píldoras y fotografías de su buen punto físico gracias a la bicicleta y de su afinidad con este deporte dada su relación con estrellas del mismo, la más obvia la de Samuel Sánchez, y el seguimiento que hace de la temporada. Le recuerdo en la salida del Tour de 2009 con Alberto Contador y en el podio del Giro del año siguiente acompañando a la maglia ros David Arroyo. Su llegada es buena, y corrobora lo que ayer mismo comentábamos sobre la cantidad de buenos ciclistas que se pueden perder en España si no hay pasta que entre.

Sin embargo la euforia del momento no nos eclipsa interrogantes sobre cómo se ha gestado esta negociación y cuál es el futuro que le aguarda a la estructura. Por ejemplo nos asalta la duda sobre esta forma de hacer tan propia del ciclismo moderno en España donde todo se cierra en el descuento. El año pasado el organizador de la Vuelta al País Vasco dijo que no habría carrera y al final se salvó. Antes del Tour Perico confirmó que no lo comentaría y al final lo hizo. En los prolegómenos se anunció el final de Euskaltel y la carta de libertad a sus ciclistas y al final se salva la estructura. Es todo como muy caótico, muy a golpe de riñón. Como si ese ciclismo de raza, de rompe y rasga, de furia que siempre marcó lo español, se trasladara ahora a la gestión.

Luego está el baile de comunicados y rumores. Ayer se hablaba de que Sadadell-Atlántico podría salvar Euskaltel, curiosamente hablamos de la estructura que ya salvó Vuelta al País Vasco y Clásica de San Sebastián. Luego está lo que diga Miguel Madariaga y en qué papel quede la Fundación Euskadi. Todo en definitiva transmite caos, luchas intestinas y nada claro para el aficionado que es quien al final responde. Por otro lado, en honor a la verdad, esto siempre ha sido así.

Paralelamente estamos asentándonos en una curiosa cultura del mecenazgo. La llamaría incluso “cultura del mecenazgo 2.0”. Hemos pasado de entender que el dinero público se acabó a engendrar estructuras que se deciden por los personalismos. No olvidemos que el Team Movistar, que ahora es un tiro de marketing, surgió por el convencimiento y afición al ciclismo de una persona, Luis Abril, quien por cierto ya no está en la empresa. Ahora el proyecto de Euskaltel se mantiene por la persona de Fernando Alonso. ¿Dónde han quedado los valores que el ciclismo pone encima de la mesa para convencer a un departamento de marketing? Al final todo parece hecho por llamadas, gestiones subalternas y simpatías. Todo muy español en definitiva.

Veremos qué suerte corre el proyecto, qué patrocinios lo apuntalan, qué futuro se le da a los chavales de Fundación Euskadi, qué ubicación se escoge para el equipo y tantas y tantas incógnitas que ahora mismo la euforia del anuncio no nos deja ver.

Una autopsia sobre el cadáver de Euskaltel

Comentaba triste Fran Reyes que habría deseado otro final para el Euskaltel- Euskadi. Cierto es que se han despachado veinte años de historia en una escueta nota, pero es que los finales nunca son fáciles y en ciclismo se vuelven traumáticos.

Relata en su blog Luis Román una serie de motivos en la desaparición del emblemático equipo vasco. Como le dije por twitter, un análisis muy certero. Aquí mantenemos nuestras teorías, complementarias con las de Luis, que se suman e incluso dibujan un completo retrato de lo sucedido.

En nuestra disección tenemos factores internos y externos. De estos obviamente jugó en contra un sistema de mercado y perverso instalado por la UCI. Un sistema que no premia lo artesano, sino lo industrial y clónico. Si tienes pasta, adelante, pasas, si no, te puedes morir, pero no molestes. No eres ciclismo. En esa tesitura situaron a los naranjas y estos en la difícil elección jugaron a mantener el estatus que tanto costó lograr.,

No hubo un plan B, ni camino del medio. No se planteó un equipo intermedio que con los nombres que atesoraba podría garantizar cierto nivel de carreras. Cuando los gestores del equipo se separaron de la fundación descontentaron de la masa social e incluso invitaron a la salida de las instituciones. Pero en ciclismo está claro que lo que no se sostiene con dinero público tiene rara salida, más cuando hablamos de países financieramente dopados como España. Hablamos de un mantra tan instalado que alarma ver como parte de la estructura que se mantiene en pie sigue aun apostando a la diputación de turno. Ellos sabrán.

En esta disección creo que no hay nada que objetar a Euskaltel como empresa, que asumió el sobrecoste de la marcha de las instituciones. Sobre la empresa de telecomunicaciones cabe incluso felicitarse por una comunicación más o menos transparente. Aquí se rompe un patrocinio y se explican las causas, nada que ver con la salida de Geox, donde todo fueron nubes e incertidumbres.

Cabe preguntarse cómo un equipo con tal arraigo social no haya tenido mecenas interesados en entrar. Cabe preguntarse por tanto como Igor González de Galdeano y su equipo han descapitalizado el calor del público y su incondicionalidad. La respuesta es clara, se ha gestionado el equipo como se le ha dirigido en la carretera, siempre al calor de los acontecimientos, nunca anticipándose.

Cuando hablábamos de Amets Txurruka, contábamos la cantidad de horas en Caja Rural que no tuvo que tirar de carro por detrás para reducir la fuga buena que sus excompañeros no pillaban. Así han llevado al equipo y así ha resultado todo. El toro les ha pillado, y les ha pillado a ellos y a las cincuenta familias que se quedan en el desempleo, porque algunos de los ciclistas que crecieron en el seno del equipo, que se acomodaron las mieles de algo que pareció eterno, ahora son pretendidos. Pongamos que hablamos de Igor Anton, uno de los primeros “vendibles” cuando los rumores sobre el futuro del equipo crecieron.

Y no hablemos del cuadro de resultados ni de los fichajes emprendidos para mantenerse en el máximo circuito. Fichajes que además dieron sustos como el ruso cuyo nombre ni siquiera recuerdo haciendo pitar la máquina quizá en el momento más inoportuno, cuando posiblemente se estaba negociando algún patrocinador. En fin, que como dice Luis Román, entre todos la mataron y ella sola se murió. Ahora viene la travesía en el desierto que hace tiempo llevamos comentando en este cuaderno,. Con todo una cosa seguimos pensado, el ciclismo existió en el País Vasco antes de Euskaltel y dudo mucho que el aficionado de verdad le dé la espalda al deporte que enloquece esta bellísima tierra.

Foto tomada del Diario Vasco

La desaparición de Euskaltel no es el fin del mundo

El goteo desde el inicio del fin de Euskaltel, al menos en el sentido y forma que lo conocemos, hasta que esto tome una dirección concreta –refundación o desaparición – promete ser tortuoso y espeso.

Cada día una nueva surge en el círculo del equipo naranja. Que si Euskaltel no asume la factura, que si los patrocinadores no nos vienen a ver al Tour, que si los corredores reciben la carta de libertad…

Vamos a ver el ciclismo vasco ni nació ni creció con un proyecto como Euskaltel y llegó donde llegó. Euskadi forma parte de esa selección de regiones europeas que más que amar el ciclismo lo hacen suyo y propio.

Vemos las ikurriñas igual que los leones flamencos o esa especie de trébol lombardo en igual grado en las mejores carreras y lo cierto es que no se entiende verlas fuera del contexto de las dos ruedas. Son franquicias como lo es el emblema suizo cuando nos compramos un reloj.

Con esa base social y emocional es increíble que se esté sufriendo esta especie de tortura china en el camino de la desaparición del equipo, algo que muchos dan por hecho, cuando a mí me parece una maniobra de negociación con los frentes abiertos.

He leído que la gente del País Vasco ya no vivirá su vuelta o no irá a las cunetas del Tour si no hay un Euskaltel en liza. Con todos los respetos, entiendo que un alto porcentaje de la gente que se acerca a ver el Tour, al margen de amar los colores de su tierra, lo hace por una estima indescriptible a este deporte. Señores las expediciones de aficionados vascos al Tour son casi tan antiguas como la entrada de los Pirineos en la gran roda gala. Aquí dimos las señas de una edición que hizo que los Pirineos se llenara de afición, y mucha del País Vasco. Ojo que hablamos del 1933.

Yo, con todos los respetos, de este drama casi nacional que se está generando extraigo que la gestión de los actuales mentores del equipo naranja no se está poniendo encima de la mesa, al menos no en la medida que lo merecen. Es increíble que Euskaltel haya llegado a este extremo y que el argumento más repetido sea el de la privación de recursos por parte de los entes públicos.

Por otro lado, si Euskaltel desaparece habrá ciclismo. Si Euskaltel sigue, habrá ciclismo. Si Euskaltel cambia de nombre habrá ciclismo. Que la situación es muy jodida nadie lo duda, pero que la historia nos muestra que de peores se ha salido, también. Que miles de chavales en medio mundo crecen como ciclistas sin el equipo de su región ahí, al fondo, esperándoles, y también salen adelante y si el año que viene y al otro debemos pasar con Movistar y Caja Rural no hagamos un drama. Es lo que hay, y punto.

Las dos carreras de Euskaltel

La primera jornada del Tour por el norte del hexágono recorrió parajes imborrables. Las costas normandas que rodean Saint Malo, verdes, agrestes y recordadas, paisajes en cenital, que desde el helicóptero nos recuerdan a Euskadi. Camino de esos interminables puertos naturales, una carretera recta conduce el pelotón de la mejor carrera en línea recta. Quedaban unos 27 kilómetros y de los fugados saltaba Juanjo Oroz, otro dardo naranja delante. Probó una fortuna que sabía imposible.

Este Tour es una especie de goteo incesante pero tozudo respecto a la realidad del Euskaltel. La realidad lleva todo el año siendo cruda, y el cerco cada vez es más estrecho. Ello además ha parecido tener reflejo en la carretera. Un mal momento que incluso pareció pesar en las piernas de su mejor ciclista de siempre, Samuel Sánchez, que en el Giro corrió encogido, sin brío, aunque se rehiciera con una victoria en la Dauphiné que a día de hoy luce como la única del equipo en el máximo circuito.

Con los deberes sin hacer, llegar al Tour como en una especie de contrarreloj contra el tiempo y la tremenda economía no parece la mejor manera de abordar el test más exigente. Siempre se dijo que si alguien  va mal, el Tour no parece el mejor sitio para levantar cabeza.

Mientras Igor González de Galdeano escucha de Euskaltel que la inversión en un equipo de este tamaño es insostenible si no hay un compañero de viaje, el equipo busca la redención en la carretera. La presencia de los hombres del Euskaltel estos días está siendo buena, muy por encima que equipos con más posibles. A la mencionada acción de Oroz en esta incursión normanda, le sumamos la excepcional prestación de Mikel Nieve en los Pirineos, las llegadas que ven a Juanjo Lobato buscarse la vida y la segura presencia de los Izaguirre en los momentos donde otros caen.

Pero si alguien ejemplifica los problemas de Euskaltel es Igor Anton. De él se ha dicho todo. Una dosis de mala suerte ha influido en su trayectoria. De eso no cabe duda. Pero ha influido en la misma medida la autocomplacencia, suya y de quienes le rodean, y ello le ha acabado jugando una mala pasada. Antón nunca ha dado la medida en un equipo que mucho me temo ha vivido muy a gusto en las manos de las instituciones que ahora dicen no pueden ayudarle.

Y sin las diputaciones ni el gobierno en el presupuesto, esto se hace inviable. Me queda pensar que el SOS lanzado sobre la crítica situación del equipo es como aquel que Ugarte y la organización de la Vuelta al País Vasco activaron el año pasado. Para entonces se sabía en “petit comité” que tanto la vuelta, como la Clásica de San Sebastián, se celebrarían, sin embargo el órdago surtió efecto.

Con todo, cuesta mucho pensar en un pelotón sin Euskaltel, sin el apéndice de esa tierra que hace del ciclismo la costura de su idiosincrasia. Y sí, lo decimos aquí, donde hemos sido muy severos en la crítica con lo que entendemos no ha sido la mejor gestión, si bien nunca quisimos vernos en el papel de Igor González de Galdeano. Esperemos que si el ciclismo artesanal quiere seguir adelante, Euskaltel salga de ésta y celebre sus veinte años como merece.

Foto tomada de www.vavel.com