Lo de Euskaltel es diferente, se mire por donde se mire

La Vuelta de 1993 tuvo un momento álgido. En la entrada por terreno asturiano la carrera salvaba un día de perros, lluvia y frío, camino de la cima del Naranco. Por el camino, el descenso de la Cobertoria veía la caída de Alex Zulle, desbordado por los riegos que asumió Tony Rominger. Aquel día saltaron cuchillos camino de Oviedo y en la subida definitiva. Rominger portaba sobre sus espaldas enseñas astures como la Central Lechera o la caja regional. Aquello enloqueció el pasillo humano. Aunque en definitiva fueron dos suizos quienes se jugaban el éxito, que Rominger despegara su rival hizo vibrar Asturias.

En España estos años, el ciclismo ha tenido muchos proyectos apadrinados por regiones. Galicia, Extremadura, Valencia, Illes Balears e incluso Andalucía han serigrafiado su nombre en maillots dentro del pelotón pro. Sin embargo ninguno de los mentados han movido las conciencias regionales como entonces lo lograron en el Clas o ahora, de forma acentuada además, Euskaltel.

Esta mañana en twitter, una conversación con Jon Hernández, un excelente aficionado, me descubrió la incredulidad con la que muchos aficionados vascos están presenciando lo que acontece en Euskaltel. Me aseguraba que el tema no da para tanto e incluso que se está haciendo una montaña de la nada y que Euskaltel puede mover su plantilla y activos como le venga en gana sin dar tantas explicaciones.

Aunque en parte coincido con esta argumentación, no puedo concebir iguales los movimientos en el cuadro naranja como en cualquier otro equipo del World Tour en el que aspira a mantenerse. No lo puede ser por que la transversalidad de su influjo es enorme, como ningún otro equipo del WT puede asegurar. Mueve sentimientos más allá incluso del ciclismo y conecta  con otros muchos lugares que siempre proclaman la intención de importar un proyecto tipo Euskaltel para su ciclismo.

Porque para un servidor Euskaltel implica un sentimiento y mueve masas. Trasladada el cariño que le tiene esa afición al ciclismo y le sirve para vender una tierra hermosa como pocas. Y ello no pasa desapercibido, ni allí ni fuera. Finalmente si es como me han dicho no sólo una cuestión de puntos sin de latentes intereses político-comerciales, una vez más la realidad transcurre muy lejana a los acontecimientos.

Los sapos de Igor González de Galdeano

Estos días San Sebastián hierve en caldo cinematográfico. Su festival de cine es objeto de comentarios y tertulias radiofónicas. En una de ellas, barruntaban sobre esas películas de ciencia ficción que describían un futuro sombrío, lluvioso y grandes países/confederaciones centralizados y homogéneos. Ese futuro en borrador ya está aquí. Nos permite ver cuán equivocadas estaban esas agoreras cintas. Aunque no en todo. Las cosas, los países, las regiones tienden a agruparse, a centralizarse.

Y en estas que Euskaltel, esa nota exótica y naranja de nuestro ciclismo contemporáneo, sufre una terrible crisis de identidad ante la amenaza que esa homogeneización dibujada en Blade Runner se lo lleve por adelante. El proyecto romántico, artesanal, íntimo y vasco que justo cumple 18 años está mutando de piel, virando en su filosofía y causando un estruendo entre la afición que ya busca firmas para recaudar complicidad frente a lo que consideran una afrenta.

En esa campaña vasca ya hay hechos tangibles. Aunque sean comentarios en un diario, ya he leído que más de uno quiere darse de baja en la telefónica euskera. Buf, eso es tocar la cartera, y a los directivos no sé si la sinergia que de ello se derive les va a complacer.

En la labor sucia está Igor González de Galdeano. El alavés es “el hombre de negro” en el corazón del equipo más arraigado a un territorio. Llama a Amets Txurruka y le dice que no cuenta con él pues no aporta puntos. Hace lo propio con Iván Velasco. Menuda papeleta. Se le critican las formas, pero la situación no está para perder el tiempo, Euskaltel necesita puntos. Los quiere ya.

con esa espada de Damocles sobre tu sien emerge la cuestión: morir de pie o sancionando tus ideales. A mí personalmente el equipo naranja no tiene nada nuevo que demostrar. Si su supervivencia está en manos de extranjeros o no vascos, adelante con el plan. Ahora bien, que mire y perfile quiénes currarán desinteresadamente por sus líderes, por que el sistema de puntos que acogen para justificar sus drásticas decisiones es el peor enemigo de la clase media del equipo, esa sin la que los grandes no rematan.  Sea como fuere el rodillo está en marcha, y mucho me temo que a pesar del clamor popular, este cuento tiene el final escrito.

El ADN Euskaltel admite matices si en ello va la supervivencia

No sé quién dijo que esta crisis se había ideado para manipular nacionalismos y demás identidades. He oído dos versiones al respecto. Una que comentaba que una España fragmentada en el debate regional es más débil frente al FMI, UE y toda parentela. Daniel Stulin, ese sastre de conspiraciones, creo que lo dijo cuando locutaba sobre el Club Bilderberg. También hay tesis en sentido contrario. Que la crisis inducida en las regiones las hace menos autónomas. Lo vemos a diario. Creo que ésta es una versión más aceptada.

Revisando el proyecto

Miremos lo que pasa en Euskaltel con el nuevo patronaje que Igor González de Galdeano mide “prêt a porter” para el cuatro vasco de 18 años. En una entrevista al Diario Vasco rompe tabúes. No vascos en Euskaltel son bievenidos. Hasta diez se manejan. Pocos recuerdo que no hayan sido euskeras de nacimiento. Íñigo Cuesta y Angel Castresana, dos burgaleses, y Samuel Sánchez, ovetense. Tres ciclistas que fueron emblemas pero cinelados por los alarifes de la casa. A imagen y semejana. “No es de donde se nace, sí de donde pace”. Iparralde también ha aportado su granito: Sicard, Cazaux,… Lo demás “made in Pays Basque”.

Igor vuelve un tiempo después como mandamás de las suertes y designios del equipo naranja. Una vez efectuadas las operaciones de cirugía sobre la fundación y demás, ahora el equipo World Tour es una empresa en toda regla, sin sentimientos patrios ni hostias. Contemplan los números y estos  hablan de estar en el top 15. Igor afirma “si para ello hacen falta no vascos iremos a por ellos”. Giro en toda regla a ese plantel de artesanía que era el equipo orange.

Los tiempos arrinconan todo aquello que no se haga con cierta perspectiva de sostenibilidad sobre tamaño y tiempo. Las tornas han cambiado, quien soñaba con un sempiterno equipo euskera que sepa que seguirá, pero que su ADN se matiza, que no se diluye, pues en definitiva, venderán país, Heuskal Herria, País Vasco. Y eso es lo que cuenta.

Las mil decepciones de Igor Antón

Os voy a contar una interioridad. El primer post que escribí sobre Igor Anton, hace unos meses, me sirvió para darme cuenta de que el blog crecía e influía más allá de lo que un servidor creía. Lo que dije fue esto, ya ves tú.

Vaya la que está liando

Durante la jornada de descanso de la Vuelta, Igor Antón comentó que ser quinto viendo los cuatro primeros de la general sería un excelente resultado. Yo soy director del Euskaltel y rompo a llorar. Un ciclista, cuyo caché no sé pero entiendo que no será pequeño, que ha generado tantas expectativas, que prácticamente ha centrado su año en la carrera que le ocupa –mientras esos cuatro que cita ya vienen con deberes hechos-, no puede demostrar tal nivel de autocomplacencia.

En Eusklatel las figuras desde que Anton ganará en Calar Alto hace cinco años han salido a razón de una o dos al año. Han exportado talento a equipos rivales y foráneos y no descuidado el planteamiento de inicio: todo a la base. Con ello han conformado un grupo humano a su alrededor fiel hasta la saciedad. En el Tour cada año lo vemos, y allí ciclistas de cuño naranja emergen para enloquecer a los suyos. La carrera que hizo Gorza Izaguirre y también Egoi Martínez sostuvo ese argumento este año. Si miramos atrás veremos otros nombres. Allí, en el Tour, Igor no quiere ni aparecer.

En este maraña de artesanía, enredada en la globalidad de un deporte que crece con acento anglosajón, Anton no es consciente de la suerte que tiene y de que en otro equipo le habría puesto las pilas, como creo que habrán hecho con Luis León Sánchez en Rabobank.

El año pasado usó el Giro para explicar su rendimiento en la Vuelta. Este no lo ha corrido, pero afirma no tener el punto de 2010, esa carrera en la que siempre figurará como ganador moral. El año pasado desconectó y se dedicó a su labores hasta que hizo su “bilbainada”, ganado una etapa en la que el sentido táctico de Marzio Bruseghin dejó mucho que desear. Quizá el italiano embriagado por el tremendo pasillo se dejó llevar y se vio naranja.

En esta Vuelta Igor no ha perdido aún las opciones de hacer algo grande. Los que tiene por delante seguro no han mostrado la debilidad que él sí ha aireado, sin embargo no están exentos de ello. Con todo decir que ser quinto es una buena opción, sería para hacérselo mirar.