En el Pordoi de Fausto Coppi

En el Pordoi Fausto Coppi goza de memoria eterna

«Escenario inmortal«. Así definían nuestros amigos Juanto y Ander el mítico Passo Pordoi en un artículo publicado en Pedalier tras ver la senda que abrió Fausto Coppi.

Un puerto que lo describían como épico más por su historia y belleza que por su dureza contenida.

En efecto, estar en esta cima legendaria, a 2239 metros de altura, uno tiene la sensación de formar parte de la historia del ciclismo y más concretamente de la del Giro de Italia.

Si entras en el hotel Savoia, el primer refugio que hay subiendo desde Arabba, podrás contemplar en su interior, colgados de la pared, fotos y recortes de periódicos antiguos con las crónicas de las hazañas de Fausto Coppi en el Pordoi.

Y muy cerca de aquí está el reciente monumento dedicado a Gilberto Simoni, inaugurado el 3 de julio de 2011, con motivo del «Gibo Simoni Pordoi Day», una fiesta en su honor, como homenaje por su reciente retirada de la competición y en su puerto preferido: el Pordoi.

Lo más curioso es que el monumento es una bici auténtica de Gibo (una Wilier), protegida por una estructura metálica con forma de ciclista y asentada sobre una gran roca, que además contiene una placa con la lista de todos los corredores del Giro que han ganado la Cima Coppi en los años que el Pordoi era el punto más alto de la carrera.

Y ahí está la bici y nadie osa ni tocarla.

Pero el auténtico tesoro para el cicloturista es pararse y hacerse una foto junto al magnífico monumento a Fausto Coppi que hay en la cima, tanto para el que lo ha ascendido por la vertiente de Arabba, la más bella, con sus 33 tornanti, vueltas y revueltas marcadas en orden numérico y señalando siempre la altura, o bien por el que lo ha hecho por la de Canazei también con sus 27 curvas, eso si no tiene que esperar su turno y hacer fila ante la cantidad de grupos de ciclistas que quieren inmortalizar el evento.

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La escultura está enmarcada con un telón de fondo magnífico: las montañas del Grupo del Sella y es obra del joven maestro italiano, artista y restaurador, Lorenz Martino. Nacido en mayo de 1976 y con sólo 23 años recibe el encargo de la Comune di Canazei (Val di Fassa) de crear un monumento dedicado al «Campeón de Campeones» en el Pordoi.

Sin duda, por su gran habilidad artística, ya demostrada desde su infancia, le confían esta gran obra, aunque su especialidad es la madera, al joven Lorenz le gusta experimentar con diferentes materiales y decide que su trabajo será en bronce.

Se lanza de cabeza con mucha ilusión en esta nueva experiencia y se pasa un mes entero dibujando el proyecto, modelando y creando, hasta que después de varios meses, en julio del año 2000, completa su obra, una prueba de la capacidad artística de este joven maestro.

Creada con 600 kg de arcilla y después fundida en bronce, la escultura tiene unas dimensiones de 2.30 por 2.20 metros y descansa sobre un enorme bloque de piedra, con un peso total de más de dos toneladas.

El monumento a «Il Campionissimo» representa a Coppi en el centro del plano con una perspectiva elipsoide, saliéndose de la escena en plena carrera, flanqueado por el público, los tifossi que le dan alas entre la multitud. Grazie mille, Lorenz!

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo, sueños ciclistas 

Fausto Coppi inventó La Primavera

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Nos vamos a la primavera que iluminó Fausto Coppi

Cuando Coppi salía del negro túnel del Turchino, Italia entera resoplaba tras años de humillación: estaba floreciendo la primavera.

El francés Tesseire, segundo, circulaba a un cuarto de hora, los otros más lejos. Cuando la Milán-San Remo ni siquiera había dejado la Lombardía, el vencedor ya iba solo.

Era Fausto Coppi.

Era la primera gran carrera de Italia tras la Segunda Guerra Mundial.

Era la Milán-San Remo de 1946, la primavera de Fausto Coppi e Italia.

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Coppi culminó su magna obra con 147 kilómetros de escapada en solitario.

Cuando la carrera cruzaba las pedanías milanesas, Fausto ya estaba al comando.

Turchino ese punto celebre de la Milán-San Remo es un paso de no más de 50 metros, oscuro y perentorio.

Ese día vio la luz, la primavera que vino con Fausto Coppi, cargada a sus espaldas. Una multitud lo aclamaba. “Habemus Campeonnissimo”.

Una vez cruzada la meta de San Remo, Bartali se mostraba abatido, se sabía en retirada ante el nuevo fenómeno surgido de las cenizas de la conflagración mundial. Emergía sin embargo una legendaria rivalidad que fue llevada a todos los campos.

Coppi era el hombre moderno, libre pensador, estiloso, adscrito a los avances de la dietética y del entrenamiento científico.

Gino fue “el piadoso”, el campeón monacal.

Un ser humano excepcional que jugó a ser héroe, anónimo durante mucho tiempo, en la guerra. Coppi era díscolo.

Dejaba a Bruna y su domicilio conyugal para irse con la conocida como “Dama Blanca”.

Bartali, el feligrés, icono de la Italia puritana y férrea, incluso rechazó besar a la miss Josephine Baker, en la salida del Tour de 1938 en París por estar comprometido.

Pero las exhibiciones de Coppi tenía “truco”.

Trabajaba con un masajista ciego que le seguía por doquier.

Con él Coppi revolucionó el concepto de optimización en el ciclismo. Sacó partido y punta a todo aquello que los grandes anteriores habían omitido. Su esfuerzo y sacrificios serían pasto de técnicas inusitadas hasta entonces.

Coppi resultó la Primavera del ciclismo.

El punto de inflexión.

Nada fue igual tras él.

Pero Coppi no se entiende sin Bartali.

Entre ambos ganaron ocho Giros y cuatro Tours.

Su pique les llevó a autoeliminarse ante la incredulidad de los rivales en el Mundial de 1949.

Incluso Bartali llegó a pensar que las pócimas de Coppi le daban un poder sobrenatural.

Dijo: “Miraré todo lo que me parezca sospechoso. Todos los frascos, todas las pomadas, todas las botellas. Se los daré a un amigo farmacéutico”. Hay que cosas que desde entonces no han cambiado.

Foto tomada de http://cobblesandhills.com

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Subasta ciclista: ¿Habéis pensado comprar el pijama de Fausto Coppi?

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No es usual saber de una subasta ciclista y aquí tenemos a tres ganadores italianos del Tour de Francia

SQR – GORE

 

Una subasta ciclista, toma ya.

Leemos una pieza sobre subastas ciclistas, de una de ellas, que va a tener lugar en breve, en pocos días, en Turín y ahí habrá un puñado de objetos por los que más de uno suspiraríamos.

Es el valor icónico de lo original, de lo antiguo, sí, pero de aquello que nos deja tocar incluso oler el ciclismo de la belle époque, de los cincuenta, sesenta… que seguro que de glamouroso, en las bambalinas, tendría poco, pero que a nuestros ojos parece imperecedero.

Y así en Turín se van a realizar varias subastas de objetos que enlazan, ahí es nada, tres ganadores italianos del Tour de Francia.

 

En Bolaffi, casa especializada, una subasta ciclista se va a poner objetos de primer orden, como un juego de pijamas de Fausto Coppi con sus iniciales bordadas, qué clase por Dios, por 3500 euros.

Así es la próxima Ciclobrava 

En la órbita del irrepetible mito lombardo, también se subastará el maillot amarillo que llevó en el Tour de 1952, el segundo que ganó por una cifra que superará los 20.000 euros

Ya podéis preparar buena pasta.

 

La pieza de Coppi el año su de su doblete es la estrella de esta subasta ciclista porque el maillot amarillo que Felice Gimondi vistió en un criterium para celebrar su victoria en el Tour de Francia de 1965 costará al menos 2000 euros, precio irrisorio frente a lo de Coppi, aunque la pieza de Fausto, con esa mítica HD en el pecho, sobre dos bolsillos con botones.

El maillot tricolor de Felice Gimondi de 1968 i uno especial de Bianchi que utilizó en un criterium años después entran también en el lote.

De Marco Pantani se subastará un maillot especial que utilizó en la Milán-San Remo de 1999, cuando todo eran flores y halagos, meses antes del gran desastre de Madonna di Campiglio.

Recuerdo un ataque suyo en aquella edición, en La Cipresa, si no me equivoco

Todo esto, el jueves próximo, en Turín, con incunables de la época, situando el ciclismo en un nivel que rara vez le vemos cuando es un deporte que ofrece memorabilia para aburrir.

Imagen: Wikipedia

El bidón de Fran Ventoso a Vincenzo Nibali

Un gesto de lo más habitual entre ciclistas, pasarse un bidón, se ha convertido en viral 

Y sí, da lo mismo que sean compañeros de equipo o no, porque entre rivales o adversarios -pero nunca enemigos- es algo muy común que, al menos en el mundo del ciclismo, no se debería vender como algo emocionante o extraordinario.

Porque no lo es.

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Este detalle, que es de lo más normal entre deportistas, lo han publicado los medios de comunicación para convertirlo en algo parecido al momento más bello del Giro o incluso a ser candidata a la foto ciclista del año. 

Como si esta historia no hubiera sido jamás vista o contada.

En ocasiones, también estamos acostumbrados a ver coches de equipo que dan agua a otros corredores que no son los suyos.

Cierto, ¿no?

Esto se suele ver a menudo sobre todo en las escapadas.

¿Estamos de acuerdo? 

Esos sí, quede clara, aunque sea un gesto frecuente en una carrera ciclista, la deportividad mostrada por Ventoso con un exquisito “fair play”.

Una actitud para aplaudir, porque sigue dando ejemplo y demostrando con fuerza que el ciclismo es un deporte de caballeros.

Un gesto hermoso.

SQR – Cerdanya Cycle

 

Lo que ocurre es que cuando lo captan las cámaras, y no pasa desapercibido, se realza aún más esta icónica imagen.

Es un bonito gesto en este sufrido deporte, que es lo normal cuando en otras competiciones se trata de algo extraordinario.

Así es.

Sin embargo, a pesar del entusiasmo, el alborozo y el frenesí que ha despertado entre los aficionados esta anécdota, Fran Ventoso tampoco se ha librado de las críticas.

Eurosport recriminándole la acción porque antes estuvo en Movistar.

Según Alberto Contador, tendría que haber esperado a sus ex compañeros de equipo para compartir el bidón con ellos y no con Nibali “con el que nunca ha compartido equipo”.

DT-Swiss 2019

 

Desde El Cuaderno de JoanSeguidor hablamos con el CCC sobre el gesto.

Poco que comentar…

NIbali Ventoso bidon JoanSeguidor

Pero mejor, vayamos a la secuencia.

En esta escena todo ayuda. 

Ayuda el escenario: en plena ascensión al mítico Mortirolo, en la etapa reina del Giro. 

Aporta que sea en el instante de un ataque decisivo por parte de un gran Nibali, que en ese momento iba sin agua.

Y sin duda, el hecho de que esa circunstancia nos hiciera retroceder en el tiempo y nos recordara la inolvidable estampa de otro gran gesto de juego limpio que forma parte de la historia del ciclismo.

 

 

Tour de Francia de 1952, cuando los eternos rivales Fausto Coppi y Gino Bartali se pasan un bidón de agua entre ellos.

Es la famosa foto del paso del botellín (“passaggio della borraccia”) que se convirtió en una de las imágenes más legendarias del ciclismo.

 

Una foto inolvidable para el ciclismo italiano, que se convirtió en símbolo del deporte.

El intercambio de botellas de agua entre Coppi y Bartali es uno de los iconos deportivos del siglo XX.

Una foto que hizo correr ríos de tinta en Italia y de la que cuentan que, los más viejos tifosi, aún discuten apasionadamente sobre quién da el bidón a quién.

La foto es ascendiendo el Galibier.

 

¿Es Coppi el que le da el botellín a Bartali o es al revés?

El intercambio es inmortalizado por Carlo Martini, fotógrado de Omega Fotocronache, y publicado en Ilustrated Sport con estos comentarios del periodista Guido Giardini:

Dónde están las diatribas de Milán, dónde están las controversias antes (y después) de Recanati? He aquí a Coppi y Bartali, los dos grandes atletas del equipo italiano, intercambiando botellas de agua. Estamos en la carretera que conduce al Galibier. Pronto Coppi lanzará su ataque».

Sesenta y siete años más tarde, y aún son muchos los que se preguntan por el “intercambio de borraccias”.

Los portabicicletas de Cruz pueden ser de techo o bola de remolque

Ni Fausto, ni Gino -siempre entre risas y verdades a medias-, ni Martini, nunca quisieron aclarar este hermoso misterio.

Dicen que una vez se le escapó a Tarcisio Vergani, en ese momento el masajista de Bartali, que el bidón era de Gino, pero en la foto se puede comprobar que «el piadoso»aún tiene sus dos botellas en sus “jaulas” del cuadro y el manillar.

Incluso la RAI intentó revelar la verdad -a través de un supuesto vídeo- en el que se vería a Bartali pasarle el bidón a Coppi, y como éste bebe, lo tira y lo arroja a la carretera.

SQR – GORE

 

¿Se había resuelto el caso?

No, porque en la foto Coppi tiene las dos “jaulas” vacías y en la película llevaba una botella en la del cuadro.

¡Menudo lío!

Unas declaraciones de Vito Liverani, fotógrafo deportivo y luego propietario de Omega Fotocronache y, por tanto, también de los derechos de la inmortal foto, no ayudaron para nada en deshacer el entuerto al afirmar que:

hay poco misterio en por qué se creó esa imagen: Martini estuvo de acuerdo con los dos corredores y con el director de la carrera en efectuarla; le dio una botella a un amigo suyo y le dijo que se la diera cuando pasaran. En aquellos días, los fotógrafos estábamos muy interesados en tener imágenes que fueran diferentes de todas las demás. Es una foto creativa, hermosa, una imagen que desearía haber tomado. Hoy tal foto sería imposible».

Por tanto, parece que estemos hablando de una foto con truco -lo que hoy llamaríamos un fake-, una escena que ya había sucedido mucho antes, en el Tour del 49 pero ascendiendo el Aubisque, cuando Coppi le facilita una botella de agua a Bartali.

Esto dicen que lo llegaron a ver, pero que nadie había retratado porque entonces, claro está, no había mil cámaras o vídeos como ahora.

Así fue como, parece ser, la foto del siglo fue un montaje en el cual Gino y Fausto se pusieron de acuerdo para repetir aquel teatrillo.

Y en realidad tampoco era un bidón lo que se pasaban, sino que se trataba de una botella de agua, seguramente de la marca Perrier.

En aquel momento, parecía claro que fue Bartali quién se la pasó a Coppi, pero ante las insistentes preguntas de los periodistas, Liverani quiso mantener vivo el secreto sentenciando:

Claro que sé quién pasó la botella, pero no tengo ninguna intención de decirlo”.

Foto: video.corriere.it

 

 

En el Giro, como en la vida, “el mañana también existe”

Giro Italia Fausto Coppi JoanSeguidor

Cada vez que el Giro holla una cumbre, se abre un capítulo de una historia sin final escrito

Hugo Koblet fue un tipo que supo generar una leyenda en tiempos muy complicados.

Suizo, característico fue su presumido carácter: siempre peinado, siempre aderezado, perfecto para ser adulado por las cámaras, por las miradas de la gente.

Hugo Koblet no era un nombre más en Italia, tardo-primavera de 1953.

Un país que vivía pendiente del Giro, de su Giro

El Giro era una de esas excusas que sacaba del tedio y la austeridad implantados por una Guerra Mundial cuyas cicatrices supuraban aún.

En la bota había dos bandos, dos opiniones, dos Italias, dos corredores.

Los de Bartali, Gino, el viejo fraile malhumorado, quien para entonces ya había tejido una leyenda sorda por años, salvando miles de judíos del rodillo nazi.

Gino era la Italia rural, la que hundía sus raíces en el catolicismo más severo y lineal. Austeridad, trabajo, familia…

Los de Coppi, Fausto, una persona tocada por la maquia de la magia, un tipo flaco, moreno, bien peinado que tenía magnetismo sobre las personas y sus almas.

Fausto era la Italia cosmopolita, aquella que miraba adelante y quería reconstruir la grandeza de una nación joven, pero orgullosa de haber superado un trago de la dureza de una gran guerra en su territorio, de norte a sur, de sur a norte.

Ese Giro estaba entre Koblet y Coppi

El Giro transcurría feliz por esos sitios triturados por la barbarie para demostrar a la gente que sí, que “había un mañana”, algo por lo que luchar, suspirar y seguir en el camino.

Después de una etapa viene otra, y otra, una más, la rueda que no para.

Un Giro del que se descolgó rápido Gino Bartali, el florentino no era el de antes, ese ciclista con pegada en la carretera.

Su carisma era incorruptible, pero en su forma pesaban los años, plomos en sus gemelos y alma ante la generación que crecía.

Los “bartalistas” tenían un nuevo ídolo, por eso: Ese suizo presumido, Hubo Koblet, quien a tres días de Milán dominaba la escena ante el estéril acoso de Fausto Coppi.

Tres días sólo para Milán, tres días de angustia en millones de hogares italianos que seguían el ciclismo con una pasión que sólo se explicaba en clave religiosa.

Tres días de radio, de grupos de “bartalistas” y “coppistas”, cada uno a lo suyo, rodeando ese aparato que ponía al día de la suerte de los grandes campeones del Giro.

Giro Italia Ennio Doris JoanSeguidor
El joven Ennio arreglando su bicicleta en 1955
Fuente: «El mañana también existe»

En un pueblo del Véneto…

Tombolo es una pequeña localidad del Véneto, al sur de Treviso, oeste de Venecia y no lejano a Padua, un poco al sur en el mapa.

Un pueblo que ese mayo de 1953 suspiraba por el Giro y lo que allí pasaba.

Ocurrió un 30 de mayo, una sobremesa soleada y tranquila en este pequeño reducto venetiano.

En el bar del pueblo, la gente se arremolinaba alrededor de la radio.

Entre ellos un joven Ennio, apellidado Doris, quien acompañaba a su padre, un “coppista” convencido.

La suerte entre Fausto y Hugo estaba en el aire, el suizo controlaba la general pero quedaban 72 horas para sondear los contrafuertes del duomo milánes.

La etapa de aquel día acaba en Bozano, esa ciudad del Adigio que no esconde su ADN austriaco por cada vértice.

La jornada pasaba por lo más granado de los Dolomitas, encadenando Falzarego, Sella y Pordoi, un día terrible que el joven Ennio Doris imaginaba en los no pocos momentos que la transmisión radiofónica se interrumpía.

Porque aquel ciclismo fue un ciclismo al vuelo de la imaginación de la amplia mayoría que no estaba ahí, delante de los héroes para verles hacer equilibrios imposibles sobre rutas intransitables.

Cuando no había noticias, un hilo de voz que narrara la escena desde el lugar, cada uno hacía su composición de lugar, desde periodistas a aficionados.

Coppi y Koblet están escribiendo una bella, bellísima historia de este deporte. Se atacan, se dejan, por un momento parece que el piamontés podrá con el rival suizo, sería un espejismo.

Tras dejarle atrás entre las nieves del Sella, Koblet reacciona con un descenso tétrico, pero efectivo.

Entre cortes y ruidos, la radio esboza que los dos han llegado juntos a meta.

Algarabía entre los “bartalistas”, abatimiento en los seguidores de Fausto

Ennio mira a su padre y descifra la decepción en su rostro.

Fausto Coppi había consumido, sobre el papel, la mejor opción de hacer caer a Hugo Koblet.

De vuelta a casa Ennio le transmite la decepción a su padre, éste de cuclillas le coge de los hombros y le mira fijamente a los ojos: “Ennio, no pasa nada, el mañana también existe, Fausto tendrá otra oportunidad”.

Y Fausto, como su padre, creyó en el mañana

Giro 1953 Coppi

Al día siguiente, Fausto Coppi asalta las paredes heladas del Stelvio y doblega a Koblet.

Había sentenciado el Giro a su favor.

“El mañana también existe” fueron las palabras que su padre pronunció, las mismas que Fausto hizo realidad.

“El mañana también existe” fue la frase que para siempre acompañó al joven Ennio Doris, la frase que aplicó desde el minuto uno de la creación de lo que hoy es Banca Mediolanum.

Giro Italia Mediolanum Ennio Doris Ballan Moser JoanSeguidor
Ennio Doris en la salida de Piancavallo entre Francesco Moser y Alessandro Ballan

La misma frase que aplicó esos días de vértigo, a finales del verano de 2008, con la caída de gigantes financieros, la misma que le rondó la mente cuando vio el derrumbe de las torres gemelas el 11 S, idéntica a la que practica en su gestión de Mediolanum, una entidad que ha sido diferente desde la raíz hasta nuestros días.

Hoy Ennio Doris devuelve al ciclismo, a esa pasión que floreció desde su tierna infancia, su cariño patrocinando el gran premio de la montaña del Giro de Italia, el país de las cimas mágicas que conquistan corazones y rompen la resistencia de los ciclistas.

Un acto de filantropía ciclista que llena de azul los senderos que conducen la cima, porque por muy dura que sea la subida, por complicada que se haga, por larga y penosa, más allá, vendrá el descenso, el aire fresco del valle…

Por que más allá “el mañana también existe”.

Imagen: FB Giro d´ Italia

Il Lombardía: La ilusión incompleta de Fausto Coppi

En la semana que muere en el Giro de Lombardía, nos vamos 61 años atrás, cuando Italia vivía el amargo ocaso de Fausto Coppi, el ciclista que paró el tiempo en un país que vivía entre la esperanza de ver volar su ídolo y el vacío que dejó la peor guerra jamás vista.

En año 56 Fausto Coppi era una sombra, resplandeciente, pero una sombra de lo que había sido sólo unos años antes. Sin pertenecer ya a Bianchi, el campeón de Castellania quería ganar por ultima vez el Giro de Lombardía, el monumento de su tierra, la carrera que tenía por quintuplicado en su palmarés y contribuía a engrandecer su leyenda.

Con los colores de la competencia, con Carpano, Coppi sabe que los dos pupilos de su antiguo director, Pinella De Grandi, cumplen los requisitos para aguarle la fiesta. Son Jacques Anquetil y André Darrigade.

El primero el siguiente grande en la línea generacional, el otro el sprinter del momento, un corredor que vivió con amargura la jornada en la que el equipo francés no le asistió cuando el Tour iba hacia Toulouse. Fue ese Tour que se ganó “a lo Walko”, es decir confiando toda tu suerte a una fuga.

 

Imagen tomada de Giro for Ghisallo

La conciencia de Gino Bartali

Ya estamos en la semana final de este Giro de Italia. El del centenario. El que ha homenajeado a algunos de los mejores ciclistas de todos los tiempos que han vestido la mítica “maglia rosa”. Como Coppi, como Bartali.

Porque aunque no lo creáis, hubo un día donde el fútbol no se comía todo el espacio mediático existente. Hubo un día donde, por ejemplo en países como Italia y España, los deportes más seguidos eran el ciclismo y el boxeo. Y en el país transalpino, tan dado a eso de discutir y formar bandos, había Coppistas y Bartalistas.

La décimo primera etapa del Giro de este 2017, la del pasado miércoles 17 de mayo, salió de Ponte a Ema, una Localidad muy cercana a Florencia, hogar de Ginetaccio, de Gino Bartali.

Tengo la sensación de que, los más jóvenes seguidores de la ronda italiana, quizá ese día oyeron por primera el nombre de Gino Bartali porque creo que la historia no le ha tratado demasiado bien… ¡corrijo! Hasta los inicios de la década de los 2000, la historia no le había tratado demasiado bien.

Pese a retirarse con tres Giros y dos Tours, entre otras muchas carreras, pero sobre todo un palmarés envidiable en lo que a grandes vueltas se refiere, perdió la batalla del imaginario popular y colectivo, donde Fausto Coppi, sin duda, supo agrandar su leyenda.

Sin embargo la realidad es muy distinta, por ejemplo, en Estados Unidos, país muy dado al arte de las estadísticas y el recuento, adorarían Gino, quien a día de hoy, sigue ostentando un récord: el de ser el ciclista que ha ganado dos Tours de Francia con más años de diferencia. Ni más ni menos que diez, los que van de 1938 a 1948.

¿Y qué paso entremedio? Pues que se llegaron a parar las competiciones por culpa de la Segunda Guerra Mundial y que él participó en una trama secreta, que consiguió salvar la vida de casi 800 judíos, niños en su mayoría. ¿Cómo? Sacándolos del país gracias a documentación falsa que Bartali había transportado por la Toscana, escondida dentro de los tubos de su bicicleta.

Una historia que el ciclista se llevó a la tumba y que se descubrió casualmente a principios de la década de los 2000. Momento a partir del cual, Ginetaccio dejó de ser tan sólo “el rival de Fausto Coppi” para dejar una huella imborrable en el olimpo de los héroes ciclistas.

Incluso más allá de su propio deporte. Un ejemplo de tenacidad que no dejó de creer en sus posibilidades. Que volvió y ganó de nuevo. Que no era fascista. Que no le hizo el juego al régimen de Mussolini. ¡Al contrario! Aprovechó sus posibilidades para ayudar a otras personas sin llamar la atención. Con ojos y cabeza de siglo XXI esto nos cuesta especialmente. Bartali se entregó en cuerpo y alma huyendo de los focos.

Su buena conciencia le bastaba.

Por Franc Lluis, autor del libro «Gino Bartali, el hombre de hierro»

Imagen tomada de www.Ellocoquecorre.com

INFO

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El día que Castellania lloró a Fausto Coppi

Hoy el Giro sale de Castellania, la cuna de Fausto Coppi, un pequeño pueblo que un día vio como su población quedó ampliamente rebasadaFragmento extraído de La pasión de Fausto Coppi, de William Fotheringham. Cultura Ciclista, 2015):

Coppi fue enterrado en Castellania el 4 de enero de 1960. El diminuto pueblo quedó colapsado. Las estimaciones sobre el número de asistentes al funeral oscilan entre las 20.000 y las 50.000 personas. Las hileras de coches aparcados a los dos lados de la carretera se prolongaban durante seis kilómetros y medio, hasta el pie de la colina y más allá. El único tráfico permitido a través de los retenes policiales era el continuo ir y venir de las camionetas de las también colapsadas floristerías de la zona. Al llegar depositaban su carga, daban media vuelta y se iban para abajo. Los autobuses alquilados por el club ciclista de la zona solo llegaban hasta el pie de la colina y los fans tenían que ascender a pie, como si estuvieran subiendo puertos de los Alpes o de los Pirineos para ver pasar el Giro o el Tour.

El recuerdo más duradero que le quedó a Bartali de aquel día fue el barro. Los aficionados empezaron a subir hacia Castellania a las seis de la mañana, y lo siguieron haciendo bajo un débil sol invernal y entre los restos de nieve sucia que cubría las cunetas. A medida que aumentaba el flujo de tifosi y estos subían campo a través para ahorrarse unos metros, sus pies se iban hundiendo cada vez más profundamente en el barrizal. “Lo recuerdo como un momento de gran solemnidad: la gente subía a pie, colina arriba hacia el cementerio, a miles”, explica Jean Bobet, quien acudió al funeral en nombre de L’Équipe. “El silencio, el tañer de las pequeñas campanas de la iglesia. A la medida de la imagen de Fausto, un hombre trágico”.

El día anterior se echó gravilla en el camino de 500 metros que conduce hasta la iglesia de San Biagio, situada en las afueras del pueblo, en una loma de la colina. En el cortejo fúnebre encabezado por los excompañeros de equipo, gregarios y rivales circulaba lentamente la ammiraglia, el coche del equipo Bianchi, con su fantástico perfil ondulado y sus grandes faros, coronado por la gran baca de las bicis y las ruedas de recambio. El periodista Bruno Raschi contaba que se había imaginado a Tragella de pie en el vehículo con un altavoz, animando a Coppi en su último viaje.

No se trataba tan solo de dar el último adiós a la mayor estrella deportiva de Italia. “Ni siquiera muerto se pertenecía a sí mismo. La gente se lo había apropiado”, dice Jean Bobet. ¿A quién pertenecía aquel admirado ser recién desaparecido? El tipo de ceremonial italiano de despedida del difunto no podía encajar a todas las partes enconadamente enfrentadas que Coppi había dejado atrás. Tan pronto como el ciclista exhaló su último suspiro se planteó el problema de quién iba a hacer pública la noticia su muerte. En Italia esta cuestión es mucho más relevante que en el mundo anglosajón: hoy en día, igual que entonces, las notificaciones de fallecimiento se cuelgan en los lugares públicos de la ciudad del fallecido. ¿Ese derecho correspondía a la familia que llevaba el apellido Coppi, a Bruna y a Marina, o a la Dama Bianca y a Faustino, que eran los que realmente vivían con Coppi cuando este murió?

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