Los franceses dejaron de ser comparsas

El inicio de temporada y ciertos pasajes de las pasadas hablan de que en el ciclismo francés algo se mueve y mejora. No estamos ante un cambio de ciclo tal que sitúe un corredor de ese país en primera línea para ganar el Tour, esa carrera que no prueban, ojo, hace 29 años y no al menos este año no está en su órbita, sin embargo sí que vemos que poco a poco, paulatinamente, este ciclismo de grandísima tradición, sino la mejor, emerge mientras sus vecinos del sur, Italia y España principalmente, ven venir una época complicada con escasez de talentos, carreras en la picota y cada vez menos equipos.

En la última Vuelta a España ya tuvimos un tasto de esta nueva realidad, difícil de percibir fuera de las carreras franceses, y en este Giro estamos de bruces ante una situación difícilmente imaginable hace unos años.

No nos quedamos en la apariencia de los tres triunfos de Nacer Bouhanni. Es obvio que este corredor de tintes pugilísticos está siendo una de las sensaciones de la carrera, pero no lo es menos que la baja de Marcel Kittel tras el periplo irlandés está resultando decisiva para que el moreno velocista de la Française des Jeux esté amasando un palmarés considerable en esta grande. Bouhanni es la punta de lanza del titular de este post, por cuanto sus actuaciones están obligando a que el azul de las loterías galas sea partícipe de los mejores momentos de este Giro. Un equipo, éste de la FDJ, que vive una situación de guerra civil entre sus dos velocistas, el citado Bouhanni y Arnaud Démare, por el desigual trato que les dispensa ese peculiar director llamado Marc Madiot, el hombre que no da instrucciones sino que directamente chilla a sus ciclistas.

Pero la observación para la FDJ es extensible a un equipo muy metido en lides de grande este año. Hablamos del AG2R quienes trabajando para Pozzovivo ya tienen suficiente cuota de pantalla, sobretodo en estos primeros días de  montaña en los que parece que otros favoritos no están encontrándose como quisieran. Igual que en la París-Niza con el irregular Betancur, el AG2R ha dado un salto al frente del pelotón mandando y cubriendo el vacío de, entre otros, el Team Sky, inédito en la carrera.

Y luego tenemos el Europcar un equipo que poco a poco brilla más allá de su hábitat natural, el Tour de Francia. Angelo Tulik estuvo cerca de ganar una etapa y Pierre Rolland naufragó en la primera llegada a los Apeninos en un final agónico, incluso atacó bajando, cosa que siempre es curiosa, pero parece estar metido en carrera como se vio en Oropa y su compañero Malacarne ya estuvo rondando el triunfo.

Foto tomada de www.eluniversal.com.co

Las trampas del ciclismo francés

Casi sin darnos cuenta el ciclismo francés camina hacia las tres décadas sin ganar el Tour de Francia. La cifra exacta es a día de hoy de 28 años y esconde muchos nombres importantes que se quedaron en el camino de la gloria que se le exige a cualquier hijo del país vecino cuando monta una bicicleta. Laurent Fignon fue el último que lo tuvo más cerca, en 1989, y desde entonces uno tras otro, desde Laurent Jalabert a Richard Virenque, sin olvidar a Luc Leblanc, Jeff Bernard y Charles Mottet, ha caído ante las voluntades de la carrera.

Sin embargo los últimos años esa acuciante necesidad de recuperar la mejor carrera del mundo se ha notado con más intensidad. Ha jugado a favor de esa presión el hecho de que se cumplieran algunas ediciones con la más absoluta carencia de resultados sumada a la no presencia de franceses en el top ten. Todo ello se ha ido solucionando estos años últimos, sin embargo no es suficiente. El legado histórico y el peso francés en el universo ciclista exigen mayores logros, los máximos para entendernos.

Veamos que a pesar de los paupérrimos resultados de los suyos, el ciclismo no ha perdido un ápice de interés para el público galo. Cuentan con una maquinaria ciclista compleja y resistente. No sólo en infraestructura ciclista, donde ASO da cobijo a los principales eventos. También hablo del sector periodístico y editorial. El ciclismo sigue siendo portada y ello empuja y presiona a que cada joven que surge con maneras de líder sea visto con lupa.

Varios han sido los casos de ciclistas franceses frustrados por las opciones que se les adivina. El joven francés que promete toca dinero antes que el español. Buenos contratos, excelente seguimiento de los medios,… todo muy sencillo, quizá demasiado. Muchos testimonios me hablaron de ciclistas fumando en las concentraciones, de dejadez en las dietas, de poco cuidado personal.

Ellos sin embargo se defienden con el ciclismo de dos velocidades. Es decir, ellos van limpios y los demás hasta las trancas. Argumento que un día pudo tener cierto peso pero que con el tiempo se ve insuficiente para explicar la ausencia de un francés en los grandes podios desde tiempos de Laurent Jalabert.

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Thomas Voeckler estuvo a punto de pisar el podio hace dos años, no lo hizo por que una bruma nubló su juicio con un esperpéntico espectáculo en el Galibier donde se creyó tan fuerte como Andy Schleck y Alberto Contador y encima a plato. Ese día ganó la etapa Pierre Rolland. Ambos, Voeckler y Rolland, son punta de lanza de un equipo que viste de verde, verde sucio diría yo, llamado Europcar con una buena dosis de suspense en su haber.

El Europcar está dirigido por el excompañero de Fignon, Jean-René Bernaudeau. Éste se postuló como impulsor del movimiento “Por un ciclismo creíble”. Creerá que tan utópico titular para esta organización será posible, sin embargo su praxis indica todo lo contrario. El año pasado el Europcar se vio envuelto en asuntos turbios, al mismo tiempo que se recogía a Riccador Ricco medio muerto por prácticas abusivas. Casualidad o no, la cronología ha dejado más casos por el camino, el del segundo clasificado en la Roubaix de 2012, Sebastian Turgot y el del “maillot à pois” Anthony Chartreau  por valores anómalos y ahora el terrible suceso de Pierre Rolland en la Dauphiné, algo que no hay por dónde cogerlo. Desde el hecho deque partiera, al abandono y estúpidas explicaciones a todo ello, colgadas en algo tan oficial como esa merienda de negros llamada Facebook. Incomprensible.

Mientras en el otro equipo de referencia galo, pues Cofidis hace tiempo que no da que hablar más allá de lo que ya generó en su día, la FDJ tiene a la nueva perla gala, Thibaut Pinot, un ciclista que apasiona mientras crece en las manos de otro “integrista del ciclismo limpio”, Marc Madiot, un especialista en Roubaix que hablará mucho de ciclismo creíble, pero lo hará a gritos, como aquellos que le profirió a su pupilo cuando ganaba su etapa en el último Tour. Y es que irán muy limpios, eso dicen, pero las maneras les pierden e incluso sugieren que en el fondo hasta los nervios les pueden, y cuando estos traicionan es cuando se comenten tonterías. En Europcar llevan unas cuantas.

Foto tomada de www.lexpress.fr

Lo de Gilbert no tiene que ver con la maldición del arco iris

Hay ciclistas que por más que no queramos a veces nos dan grima. No por su personalidad, ni su forma de hacer en carrera. Es su rendimiento. Son ciclistas de trayectoria asimétrica que uno no sabe cómo interpretar. Desde que Philippe Gilbert viste el maillot del BMC está ahí, en ese estadio de la duda.

Quiero, antes de entrar en materia, recortaros íntegramente una reflexión que realicé sobre el valón justo después de finalizar su increíble temporada 2011:

 

A Gilbert hay que referenciarlo con Laurent Jalabert y Sean Kelly, como exponentes más contemporáneos y con otros del calibre de Rick Van Looy, Freddy Maertens y Roger De Vlaeminck si nos vamos más allá. A Gilbert sólo le ha faltado ganar el Mundial y Lombardía para afirmar que cubrió el 100% de los objetivos en una amplísima gama de retos repartidos entre los diez meses que dura la temporada ciclista regular. Tamaña locura que suscita dudas sólo plantearse repetirla.

 

Las comparaciones entonces establecidas, al margen de igualar registros y méritos de Gilbert frente a los mentados, escondía una segunda lectura: saber si un corredor con su aparente margen podría estar optando a algo más que grandes clásicas y etapas sueltas. Lo comenté entonces por que en ese momento, quizá embriagado por la euforia, Gilbert insinuó poder disputar la París-Roubaix un día.

Philippe Gilbert fichó a finales de ese año por BMC en el marco de un proyecto faraónico del equipo de bicicletas que sinceramente no ha funcionado. El Gilbert que entró en BMC había ganado casi todo lo que se propuso en un año y lo había sumado a lo que ya traía en la mochila, entre otras cosas dos clásicas del relumbrón de Lombardía y Tours, más otra ristra de triunfos. Estábamos ante un destello sostenido de ciclista que ganaba en febrero, memorables sus victorias cuando la Het Volk se llamaba Het Volk, y cerraba la campaña en las hojas muertas y lombardas. Fueron esos años de la FDJ, esas temporadas que el belga se ganó el aprecio del público.

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Sin embargo, no sabemos el motivo, pero el BMC le ha sentado fatal, al punto que acabemos conjeturando con tan desiguales rendimiento y resultado. Miremos el año pasado zanjado con un oro en el Campeonato del Mundo con la forma que tomó de la Vuelta a España, donde se hizo con dos etapas espectaculares. Cuando un ciclista de su categoría se propone ganar lo hace, de ahí quizá más raro y penoso ese largo via crucis que hizo del maillot de campeón belga desde los primeros compases de la temporada pasada.

En la presente el bagaje es coherente. Su ausencia de los grandes podios nos es familiar. Le quedó el consuelo de poner en verdaderos aprietos a Peter Sagan en la Flecha Brabanzona y poquito más. Lo peor fue verle a contrapié en las Ardenas. Su equipo trabajó con denuedo pero sin fortuna. Se espabilaron tarde en la Amstel, donde a su pesar fue el más fuerte en el Cauberg cuando la fortuna había dictado sentencia a favor de Kreuziger. Luego en la Flecha Valona Dani Moreno le ganó con todas las de la ley mientras que en Lieja un mazazo de Alejandro Valverde en San Nicolás le sentenció.

Philippe Gilbert podría decir pues que el maillot arco iris da mal fario, pero en sus circunstancias casi con efecto retroactivo, pues la multicolor prenda le amargó toda la temporada 2012 como le está cegando en la presente. Queda año, queda por ejemplo la cita mundialista y algo más, pues está claro que en las grandes vueltas no opta a otra cosa que no sean triunfos parciales. El sabor de boca ahora mismo es malo. Igual que le sucede a Alberto Contador, qué lejos le queda ese 2011 a Philippe Gilbert.