Colombia: de Lucho a Gaviria

Hace treinta años por estas fechas Colombia era un país incendiado de ciclismo. Luis Herrera, un jardinerito que también llamaron Lucho, hacía historia mayúscula ganando aquella Vuelta influida a partes iguales entre los Lagos de Covadonga y la desgracia de Sean Kelly. Era la culminación, el minuto cero de una historia de éxito que daría para largos episodios.

La década de los ochenta dejó huella por aquellos que llamaron escarabajos, ciclistas colombianos que subían irresistiblemente las mejores paredes del viejo continente, corredores que ni acostumbraban a ganar grandes vueltas, sí etapas y reinados de la montaña, pero que con Lucho dieron el paso adelante.

Afinado, moreno, elegante y de rauda arrancada, Herrera rápido se vio que sería el elegido de dar el paso adelante, de cruzar el Rubicón, en esa Vuelta logró lo que nadie había conseguido. Fue como un serpentín, el exclusivo dominio europeo amenazado en cadena: primero Greg Lemond que hace caer el telón del Tour, luego Lucho la Vuelta y al año Hampsten el Giro. La globalización en su todo su esplendor.

Luis Herrera acuñó pocas pero grandes victorias, a la general de esa Vuelta, un par de éxitos en los Lagos de Covadonga y con los años el Terminillo en el Giro. La colección de grandes cimas por eso había tenido un antes y un después en Alpe d´ Huez. En la retina queda su mano a mano con Perico en la cima capital de la Volta del 91, el Mont Caro, el pelado coloso de Tortosa, donde Lucho dio la medida de su clase.

Treinta años después, hoy mismo, los titulares siguen hablando del ciclismo colombiano. Más allá de la suerte de Nairo en Oropa, queda lo que pueda dar más de sí Fernando Gaviria, sin duda junto a Tom Dumolin, el corredor de este Giro.

Cuatro victorias, cuatro nada más con escasos veintidós años, un corredor joven que vino a Italia a coger experiencia y ésta la adquiere desde el podio. Nos gusta Gaviria por varios motivos, uno personal, viene de la pista y eso nos pone, y otra pasional, que es un ciclista que subyuga con ese sprint, ese cambio de velocidad, esa forma de imponerse.

Entendedme, las tres victorias que ha logrado hasta la fecha han sido de bella y distinta factura, nos prendó cuando admitió que el mejor velocista del Giro era alemán y se apellidaba Greipel, pero ojo, porque la volatta de Tortona es otra, es otro nivel: una remontada desde atrás, desde muy atrás, desde ese nivel en el que muchos directamente abdican de disputar.

Gaviria demuestra lo importante que es una la confianza en la velocidad, de lo sensibles que son estos hombres, con carcasa de gladiador y corazón de cera. Si no lo habéis visto, por favor miradlo, qué forma de remontar desde cero, de no dar por perdido nada, incluso cuando todo parece perdido. Si Lucho hace treinta años prendió la mecha, ésta dura, y la llama lleva a Gaviria.

Imagen tomada de FB del Giro de Italia & Blog Visión del Ciclismo

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La historia de una marca más que centenaria

Gaviria quiere su cuota

El ciclismo colombiano es, en su élite, algo, no sé cómo definirlo, pero que está tocado por la varita. A ver, las cosas no salen por casualidad, hay talento, a raudales, trabajo, a tonelada, y valentía, muchísima, porque esta gente cruza el charco y se meten en auténticos nidos de tradición y sapiencia ciclista para sacar la cabeza en entornos lejanos donde nada les será sencillo.

Muchas veces hemos hablado del Quick Step del Giro del año pasado, ese equipo solidario y conjuntado. Recuerdo aquella etapa en la que Trentin ganó a Moser, con Brambilla sintiendo el éxito de su compañero como suyo. Recuerdo aquella escapada de Jungels con Amador, en la que el costarricense se las vio para no perder la rueda del portento luxemburgués.

Porque Jungels es eso, un portento, un ciclista que no entiende su oficio desde la especulación y mínimo esfuerzo. En un Giro que hasta el momento está resultando tedioso en su 99%, Jungels y los suyos han dado un exhibición de esas manual, de esas que se pasarán a los críos que el día de mañana quieran ser ciclistas y sueñen con reventar un pelotón com hicieron esta tarde de domingo los azules.

Los últimos once kilómetros son un catálogo de recursos. Como Jungels sobrepasa la punta de carrera, mira una vez, sondea y pide un esfuerzo. A los pocos cientos de metros, otra vez, de nuevo a la carga y cuando se da cuenta son unos pocos y de ellos siete azules en diagonal, desprendiéndose de Greipel en rosa y dejando cortados a expertos en la materia, tipo Geraint Thomas.

La plástica del pelotón rompiéndose en abanico, los semblantes turbados de los ciclistas, la velocidad endiablada,… siempre he pensado que romper un pelotón, descolgar rivales en llano es cien veces más bello que una ascensión que ponga cada uno al límite. Llamadme raro, son gustos. Los Quick Step lo han hecho, otra vez, como el año pasado, y han sido solidarios entre ellos, escasa virtud, donde todos guardan. Jungels iba para la general, pero no escatimó para Gaviria.

Y es que, volviendo al principio, Colombia respira ciclismo en mayúsculas. Fernando Gaviria también quiere su cuota, su cariñito del respetable, como esos familiares que le apretaban en meta. Tanto Nairo, tanto Nairo, Gaviria es colombiano y encima gana al sprint, como cerrando el círculo. En el que tiene que ser el segundo Giro de Nairo, el primer rosa colombiano es para Gaviria, joven, muy joven, que ha roto ese techo de cristal que decíamos ayer, y que a Caleb Ewan le lleva a tan mal traer.

Paso a paso, Gaviria crece, saca la cabeza en ese entorno centenario de ciclismo que es Italia, La mala suerte que algunos le atribuyen a Greipel, es la que él sufrió otras veces, recordad San Remo el año pasado. Veremos a dónde le llevan esas maneras, pero su objetivo ya lo ha logrado, y antes de que el Giro saliera de Cerdeña.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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Las cinco bazas de San Remo

Milán-San Remo JoanSeguidor

Permitidme sea escéptico. No quiero serlo, pero la experiencia obliga. El ciclismo de ahora no es el de antes, ni mucho menos, para nuestra desgracia, y para ejemplo: San Remo. Es tan complicado romper el grupo, destacarse con éxito hasta el final que qué queréis que os diga, veo complicado que alguien lo logre esta vez.

Nadie llega solo a San Remo desde Fabian Cancellara, hace nueve años, y desde entonces se suceden ganadores de diferente signo, pero no con el poso y entidad de otros monumentos. Es el signo de la “più facile, più difficile”, que puede ganar quien menos de lo esperas. Dejadme hacer una apuesta rápida, un vaticinio sin pensar en exceso, movido más con el corazón que otra cosa, aunque admitiendo que será muy complicado burlar el sprint.

Arnaud Démare: es el dorsal uno y eso pesa en dos direcciones, por un lado confianza tremenda, por contra responsabilidad infinita. Si queréis que os diga una cosa, me parece un corredorazo, fue el único en aguantar a Alaphilippe en la primera etapa de la París-Niza y rematarle a placer en meta. Puede ser una baza al sprint, pero no le hará ascos a meterse y luchar por un corte. Para mí es una baza cinco estrellas sin duda.

Peter Sagan: en qué carrera no sale con vitola. Cilcista tocado por los dioses, no cabe otra que prolongar el camino abierto hace un año en Flandes. Es como Démare, le vale sprint o corte, pero es que además puede ser determinante en el Poggio y su descenso. Deprovisto de la ansiedad de antaño, tarde o temprano tendrá que ganar en San Remo y si queréis que os diga algo, no me importaría que fuera en esta víspera del día del Padre.

Jonh Degenkolb: otra vez aquí dos años después. Tras su accidente del año pasado la verdad es que verse en la salida milanesa es un éxito, pero este ciclista que bate con violencia la máquina cuando sprinta. no se conformará con el cariño ni el carisma que se ha ganado, quiere volver por la puerta grande. De verdad os digo que sentimentalmente sería mi favorito.

Nacer Bouhanni: un corredor que entiende el ciclismo como una lucha sin cuartel. A ver, quizá los haya más rápido, quizá más preparados para romper el sprint, pero me da, no sé, que estamos ante un típico producto para San Remo y no me agarro a su abrumadora victoria en la Noreke, que la concurrencia era la que era, me baso en la mecánica que le traicionó el año pasado cuando mejor pintaba para él. Todos se quedaron con la mala suerte de Gaviria, que la tuvo, pero el francés me pareció el perfil perfecto para machacar en San Remo.

Michal Kwiatkoswki: un ciclista cuya concepción de este deporte sólo puede que apasionar. Tiene arrojo, un equipazo detrás y baja como los ángeles, si alguien puede emular a Argentin. Fondriest, Jalabert o Kelly hete aquí el polaco, que necesita, eso sí, que los astros se alineen, si esto ocurre, llegar a San Remo en grupo puede ser un infierno.

Imagen tomada de FB de Milano-Sanremo y Strade Bianche

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#Top2016 Mis doce uvas

En la cuenta atrás para dejar este 2016, queremos daRos los doce momentos, instantes o circunstancias que nos han llenado, con el deseo de que el nuevo año nos traiga más emociones en lo “ciclístico” y lo mejor en lo persona.

La recta de Flandes: el camino empedrado del Paterberg fue el escenario del mejor momento de Sagan, el instante en el que, sin levantarse de su sillín, se despega de Vanmarcke, atufado por el esfuerzo, con Cancellara viendo el incendio desde lejos. Sublime.

Huy con Valverde: en un ficticio ranking histórico de “uphill finishers”, Alejandro Valverde rondaría el top 3 de siempre. No creo equivocarme diciendo esto y a la guinda de la Flecha Valona me remito, esa carrera que es un semimonumento y el coto privado de un murciano que cada mes de abril decide visitar como los monarcas hacían con los protectorados.

El vuelo de Fabian: la crono de Río de Janeiro es para mí uno de los momentos fuertes del año y si me apuráis de los Juegos en sí, porque significó cincelar con oro una trayectoria de excepción de la mano de un corredor que fue competitivo, con lo mejor enfrente, hasta el día mismo de su adiós. Pocos pueden decir eso.

El oro que cuelga de Van Avermaet: quien más quien menos lamentábamos que un oro olímpico fuera al cuello de Rafal Majka, profesional respetable, pero rácano hasta cargarse toda la química. Por eso cuando el polaco se vino abajo en las estribaciones de Copacabana no pudimos menos que sonreír al saber que iba a ser Van Avermaet el ganador de un sprint muy desigual.

El centenar de Roubaix: en este ciclismo de física y aritmética, los ciento y pico kilometro finales hacia Roubaix fueron una fiesta, la mejor manera de quemar casi tres horas de frenesí deportivo retorcido en el sofá en la mejor carrera, sin discusión, de la campaña.

Ya está aqui Rubén Fernández: en un Movistar de roles férreos, el salto de calidad que evidenció Rubén en la Vuelta es la antesala de un ciclista que por circunstancias generacionales y esas cosas debería estar en vanguardia a no más tardar. Corredor polivalente, versátil y buen doméstico cuando le toca. Un lujo para el futuro del ciclismo español que tantos insomnios causa.

Emoción en Canadá: ante un Mundial que como dirían muchos tertulianos futboleros “daba mucha pereza”, en las carreras canadienses vimos competicion digna de la cita del arcoiris. Mirad los finales de Quebec o Montreal si el corazón os da para ello.

La gran alegría de Viviani: pocos oros pueden dejarnos mejor sabor de boca que el Elia Viviani en el omnium olímpico. Sencillamente brutal, rompiendo todos los moldes en una competicion marcada por un elevadísimo nivel, con velocistas marcando tiempazos en las cronometradas, y la caída en la carrera final, un evento que otro le habría hundido pero que al italiano de Sky le catapultó hacia el oro.

Exquisiteces sobre barro: si no lo habéis hecho ya, un día atreveos a ver una carrera de ciclocross y si es posible de la Copa del Mundo. Esta vez nos quedamos con la pesada atmósfera de Namur y los contrafuertes de su ciudadela para rememorar el duelo a cara de perro entre Van der Poel y Van Aert, los dos culpables de que esto siga a flote a pesar de la ausencia del “Especialista” con mayúsculas, Sven Nys.

Las llegadas de Cavendish: las cuatro victorias de Cavendish en el Tour son de maestro, con todas las palabras y matices que queráis añadirles. Sin ser el más rápido, ni el que despliega los mejores vatios, Cavendish es historia de libros de amarillentas páginas, pero en activo, muy en activo.

El menos colombiano de los colombianos: en un año mágico para las huestes del país sudamericano, nos quedamos con sprint de Fernando Gaviria en Tours, bueno, sprint por decir algo, porque lo suyo fue una exbicion de largo radio, dejando a todos recién pasado el arco del kilómetro a meta y saludando a la concurrencia en el vallado de meta. Un ciclista que promete muchísimo.

Y acabar esperando lo mejor para 2017, un año en el que trabajamos para acicalar este mal anillado cuaderno que cumple seis años “on fire” con un único deseo de seguir nadando en este mar que es el ciclismo, la bicicleta y su universo. FELIZ 2017

El fondo de armario colombiano no tiene tope

La Vuelta - ciclismo colombiano JoanSeguidor

Picad sobre Colombia en el CQ Ranking y mirad sus diez mejores ciclistas. Es un espectáculo, imaginaros un World Tour con esos diez ciclistas, otrora llamados escarabajos, ahora mismo otra cosa, una colección de ganadores, de ciclistas venidos sin complejos de ultramar, situados en los mejores equipos del mundo y con un palmarés que sube como la marea, poco a poco, pero de forma inexorable. El otro día lo dijo Jorge Quintana hablando del remozado Postobón, es cuestión de días que sean el primer país entre los de la UCI, sólo tres ciclistas del 1987, todos los demás de entonces para acá, contando con alguna perlita joven, joven, joven que ya empieza a caer como la fruta madura.

Arriba del todo, obviamente Nairo Quintana, el pequeño boyacense ante su mejor temporada en conjunto, con tres vueltas ganadas, una de ellas grande, y las otras dos del máximo nivel, pero con la contrariedad del Tour. Quizá porque la Vuelta la ganó delante quien la ganó, su verdugo habitual en Francia, tiene elementos para seguir soñando, aunque los años van pasando, poco a poco, imperceptiblemente, y ya no es sólo Froome, son otros los que se suben al carro. No obstante ahí está: tres Tours, tres podios. La estadística sigue con él.

El segundo peldaño, la pieza de ropa que sienta bien para cada temporada, la sonrisa perenne de Esteban Chaves que no sólo centra el tiro en podios, que seguro algún día serán triunfos absolutos, también en clásicas, en monumentos nada menos, como Lombardía. Entre el Chaves de hace un año y éste hay una cosa clara, que se percibe al verle: se lo ha creído, y eso lo es todo en ciclismo y en la vida. A una categoría propia e innata se le suma ese plus de moral y confianza. Cada año mejor que el anterior…

Tras muchos vaivenes Sergio Luis Henao parece que ha vuelto para quedarse. No tiene la calidad de los dos mentados, no en apariencia, pero es fiable, muy fiable. Corrió su primer Tour con nota, siendo la sombra de Froome cuando incluso otros con más cartel flaqueaban, y ello no le ha impedido brillar en momentos puntuales. Si una caída no hubiera mediado, le veíamos con una medalla, el color no lo sabemos, pero medalla en Río, que no es poco.

Mocetón, pistard, ciclista singular, ciclista que explica la amplitud de esta hornada, Fernando Gaviria no se prodiga donde sus compatriotas. El se ve en Bélgica, en San Remo,… en lares raros para un colombiano. Aunque no lograba explotar siempre se le veía ahí, íntegro y fuerte hasta que dio el campanazo en Tours, una clásica que cuando él nació tenía ya 98 años.

El quinto en la lista es celeste Astana, es pequeño, pero testarudo, no ha tenido suerte en la Vuelta, porque se deshizo en un buen tortazo, pero su calidad emerge cuando las circunstancias son las normales. Miguel Angel López es, yo creo, la joya de la corona. Sólo tiene 22 años y ya cuenta buenas victorias, Suiza la más destacada, para mí otro Nairo en potencia.

De otra pasta, más experimentado, al menos en años en el oficio, Darwin Atapuma es el corredor que no sabe qué significa especular. Puede ganar o casi siempre perder, la duda que nunca nos surgirá con él será si lo ha dado todo, porque sí, en efecto, se vació en el empeño. Merece mucho más que el efímero maillot rojo que vistió en la Vuelta, merece por ejemplo una etapa redonda como la que firmó Jarlinson Pantano, el octavo de la lista, en el Tour, el ciclista que demostró, como Sagan, Majka y algún otro, que coger el corte bueno es una actitud más que una aptitud.

Entre medias nos dejamo a un ciclista que sabés apreciamos mucho, con el que no solemos ser objetivo, es Rigoberto Uran, en una temporada rara, quizá acorde a su equipo. Él es el papá de las criaturas, el que abrió camino, de hecho el más viejo de la escuela. Con los mismos años que Rigo, Rodolfo Torres Agudelo, el noveno en el recital, un ciclista habitual en el densísimo calendario de clásicas italiano, allí donde nadie suele regalar nada. Cierra el listado Sebastián Henao, el primo de Sergio, con unas similitudes curiosas, bueno en grandes vueltas, estuvo ahí en el Giro, y en clásicas valonas… pronto estará a nivel del primo.

Imagen tomada del FB de La Vuelta

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Gaviria no conoció a los escarabajos

Cuando Fernando Gaviria asomaba por este mundo Tours recibía casi la edición del centenario de la carrera que desde hace bastantes décadas dejó de ser el desquite de Roubaix y convertirse en el emblema del otoño ciclista. Cuando Gaviria nacía, ganaba en la ciudad del Loira Erik Zabel, con los años uno de los mejores de la carrera en sus ya 110 años de historia. Cuando Gaviria veía su primer amanecer no sabía que un día, siendo un casi imberbe ciclista se coronaría en la única carrera que nunca ganó Eddy Merckx.

Pero la ganó, tras unas cuantas decepciones en calendario de bolsillo belga, donde siempre le pasaba algo, donde siempre ganaba alguien que no fuera él. Porque el problema de fondo de Gaviria es ese, ha destacado desde tan joven, que todos le suponen perfecto para la ocasión y ésta ocurre que a veces se hace esperar, sin más.

Pero se guardó la bala el joven colombiano para la mejor ocasión, la carrera de los sprinters, un pedazo de historia viva y latente, de 110 años de historia que sobrevive a las barrabasadas de la UCI gracias a que aún hay quien tiene decoro y gusto por ganar carreras históricas de verdad.

Decepcionó un poco esta edición, tras las trepidantes carreras que ganaron Trentin y Wallays años atrás. La organización, ASO en primera persona, pensó que alargando el recorrido, 250 kilóemtros, y quitando cotitas, las cosas se igualaría más al mundial. Es igual, mereció la pena, una vez más. Lechos de hojas muertas en las zanjas de estrechas carreteras por donde no entra el sol, dibujaron que ese ciclismo que muda en otoño, ese flechazo de solo unos días, porque el circo recogerá las velas en velas en pocos días.

El triunfo de Gaviria compensa la espera y los pocos movimientos que se pudieron producir, incluso uno para la galería de Greg Van Averamet, en la única carrera centenaria que brilla en su olímpico palmarés. El desenlace estuvo a la altura de la ocasión. Con equipos muy desgastados en el control de la prueba, vimos la escenificación de la que será salomónica selección francesa en una semana, FDJ y Demare por un lado, Cofidis y Bouhanni, por el otro.

Los corredores asaltaron el último kilómetro con más incertidumbres que otra cosa. Sólo un Sky, curiosamente Owain Doull, el perfeccionista olímpico, tirando para Elia Viviani marcaba el camino a la sorpresa. Gaviria lo vio, miró alrededor y supo que si sacaba cincuenta metros nadie le cogería. Lo hizo, pam, como si fuera tan simple, tomó la distancia y cuando Arnaud Demare quiso neutralizarle porque no le quedaban compañeros, era tarda.

Tours también era colombiana, como Bergamo y Lombardía ocho días antes. Es el poder colombiano, sobre el que parece no ponerse el sol. Como Dijo Jorge Quintana no dominan por países, pero es cuestión de días que lo hagan. Lo de escarabajos quedará para la arqueología ciclistas.

Imagen tomada del FB de la París-Tours

¿Omnium o “bodrium”?

Dos versiones sobre el omnium que ya rueda por el velódromo de Río…

A favor, por Itmar Esteban

Pues a mí me gusta mucho el omnium, me gusta la fórmula y me gusta mucho verlo. Es más, creo que es mucho mejor ahora que antes, con ese reglamento en el que los puntos de la puntuación suman directos a la general hace que la puntuación sea a muerte y que haya unos cambios espectaculares en la clasificación. Lo vimos en el mundial de Londres con Gaviria, Cavendish y Viviani entrando como lobos a cada sprint y muriendo en el último

Hay mucha gente que comenta que se impide que vengan las estrellas de la ruta, cuando la pista tiene suficiente entidad como para tener sus propias estrellas, no le hacen falta prestadas. A quien no le guste preparar el omnium, no hace falta que venga. Un carretero haciendo la puntuación no me pone, quiero ver ciclistas que se han batido el cobre en el velódromo, que saben ir en pista y dominan muchas modalidades.

El omnium me parece una buena solución y además sirve para cuadrar el programa de velocistas y fondistas y permitir la entrada de más chicas. Yo no pondría una puntuación por el omnium, si hubiera que añadir algo haría una americana en ambos sexos.

Yo lo veo bien así, incluso perjudicando a los intereses de España que siempre ha ido mejor en el fondo. En la persecución por equipos hace tiempo que no se clasifica.

En contra, por Luis Román, jefe de prensa de la Federación Española de Ciclismo

Los que me hayáis leído sabéis que ‘bodrium’ es el nombre que le doy a esta disciplina. Con ello no quiero minusvalorar los méritos de unos deportistas que se enfrentan a una máxima exigencia -¿verdad Leire?-, sino simplemente a la génesis de una prueba que nació como consecuencia de la sobredimensión de los JJOO.

¿Os imagináis que en atletismo quitasen los 100 metros, los 1.500, el salto de altura o de longitud dejándolos en el decatlón? Inconcebible. Pues el ciclismo no solo aceptó sino que le dio todas sus bendiciones descendiendo a ‘segunda’ a pruebas tan necesarias como espectaculares: persecución (los 1.500 de la pista), puntos o madison. Y relegando a los fondistas a un papel muy secundario como denunciaba ayer Llaneras.

Además el omnium es complicado, incluso aburrido, de seguir para los espectadores. No son las marcas las que cuentan sino los puestos. Sé que alguno contraatacará hablando del desenlace del omnium del último Mundial, que fue espectacular, con Gaviria, Kluge, Viviani o Cavendish. Sí, lo fue… pero porque lo que vivimos fue una puntuación.

Y hablando de Llaneras, nuestro mejor olímpico: Hoy en día estaría ‘penando’ en el omnium en vez de ‘sentando cátedra’ en puntos o madison.

Los extremos del poder colombiano

Valiente discusión se ha armado hoy camino de San Remo, cuando se corrió la certeza de algo que sólo dominan los estadísticos, que Carlos Betcancur debutaba con Movistar y corría su primera carrera desde el pasado Giro. Betancur, con una figura de discutible finura, debutando en la Milán-San Remo un hecho que se trenza con la ya de por sí curiosa apuesta del equipo azulón por el controvertido colombiano. El reguero de reacciones se sucedió y hasta el propio Eduardo Chozas, siempre conciliador, se extrañó de verle en una carrera así, con esos nervios, con esa longitud, de buenas a primeras.

Con esta decisión, que ni el propio Chente supo justificar en antena, el equipo, viendo su trayectoria en este monumento, vistió de cierta trivialidad su presencia en la mejor clásica de la primavera. Algo que casa con las difusas apuestas que han situado en la ruta hacia San Remo, algo que no decimos por este año, pues en definitiva vinieron con todo lo que había que traer, con Vaverde & Lobato.

Entendedme, Betacur fue un corredor que en sus buenos momentos nos encantó, dio color al Giro de 2013 y acabó ganando con brillantez nada menos que la París-Niza, sin embargo las pruebas que ha dado de falta de profesionalidad contrastan con el fichaje y este estreno, un estreno de casi 300 kilómetros, que algunos nos tomamos como una perfecta forma de quemar las obvias lorzas que amanecen en la parte baja de su maillot.

En el otro extremo, Fernando Gaviria, un ciclista que crece al ritmo que castiga las bielas de sus pedales. No hace ni dos semanas que era campeón del mundo de omnium, una carrera mil veces criticada pero que si algo premia es la polivalencia, pues estos tipos deben hacer un persecución, una eliminación y un kilómetro, entre otras, a morir en muy poco tiempo. En el camino a la Classicissima ganó incluso una etapa de la Tirreno y estuvo con los mejores el día que con la tontería de un sprint Sagan casi la lía.

Gaviria es un ciclista de los de antes, es colombiano pero vestido de Etixx parecería un Patrick Sercu cualquiera, rápido, aguerrido y ambicioso, otro nombre a tener en cuenta para Río de Janeiro, y eso que hasta entonces optará a muchas otras cosas. Aunque sea joven, rápido y algo, es colombiano y es otra muesca más del momento dulce que se vive en ese país, donde como nos dijeron un día, con una buena gestión y mejor vountad podrían surgir varios equipos WT.

Imagen tomada de FB de Giro de Italia

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La costa de Levante desde Gandía, Benidorm y Vinaros