La dictadura del «finisher»

finisher JoanSeguidor

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Ser finisher por ser finisher es algo que se aleja mucho del genuino concepto de «deporte»

Este artículo no puede empezar de otra manera: cada uno es muy libre de tomarse el ciclismo, o el deporte, como quiera, exprimirse lo que le apetezca, dejarse el alma, si es menester.

Pero en el «todo vale» para ser finisher, creo que nos estamos volviendo locos.

El otro día sondeando un amigo fisio me comentó que la cosa no andaba tan bollante como parecía.

Extrañado le pregunté cómo podía ser eso.

«Mira Ibán -me dijo- hoy muchos dicen que hacen deporte, pero deporte de verdad, con el paso de los años, lo hacemos unos pocos»

Y me hizo pensar.

Tenía toda la razón.

El buen deportista no es el que se propone la Cape Epic, la Mallorca 312, la Titan o cualquier Iron Man…

El buen deportista es el que pasan los años, los paisajes, los compañeros de ruta y sigue ahí, al pie del cañón.

Y muchas veces para ser «finisher», algunos venden su alma de tal manera, que el diablo les quita las ganas de seguir sufriendo sobre una bicicleta.

Y ser «finisher» es bonito, te dan un maillot, un maillot que luces en las siguientes salidas, pero a veces te vacía por el camino.

Te deja tan seco como el margen que queda en las redes.

Las redes, otra cosa, esa trampa de egos y hoguera de vanidades que se han convertido en el agujero de muchos que se precian de ser finisher, pero que cuelgan la bicicleta a las primeras de cambio.

 

Algunos le llaman postureo, otros ganas de satisfacer egos poco gratificados, sea como fuera es la tumba de voluntades.

Ser finisher es bonito, acabar una QH, un maratón, lo que sea, pero que sea con cara y ojos y te deje jugo, esencia de deportista.

Porque pros hay unos pocos, y muy bien remunerados en algunos casos, finishers muchos, tantos como noches de insomnio y familias al borde de aborrecer el deporte.

Estamos en el momento perfecto para que el deporte tome nuestras vidas.

Si quieres viajar con tu bicicleta… 

Hablo deporte con mayúsculas, el salir cada dos o tres días disfrutando de la amistad, de los paisajes, de sentirse bien por el simple hecho de sudar y dormir como un tronco.

Eso no tiene precio, y eso debe ser el primer objetivo.

Lo de ser «finisher»y colgar tu vida en el instagram, para eso siempre hay tiempo.