Una crono que es una obra de arte

París-Roubaix de 1997

Cuando describo la tensión y calambres que recorre un ciclista en los momentos de frenesí deportivo, siempre recuerdo una imagen de la París-Roubaix de 1997. Llegaban los mejores al velódromo, era un grupo numeroso. En un momento Andrei Tchimil lo prueba.

El buen velocista francés Frédéric Moncassin salió a por él.  Estuvieron un trecho, no recuerdo cuánto, quizá algún kilómetro, separados por escasos metros en una invisible tela, un punto de no retorno que finalmente no se rompió

Las imágenes hablaban por sí solas, las caras deformadas, el torso inclinado, los gemelos rehundidos,… todo indicaba eso, que se estaban dejando la vida.

Una crono ciclista diferente

Hoy hemos visto una de esas cronos que marcan una época. Rara vez, por no decir nunca tuvimos la sensación que un mundial contrarreloj llegaba con dos o tres aspirantes del calibre de Fabian Cancellara, Tony Martin y Bradley Wiggins en buena forma.

Todos por separado habían dado muestras de la virtud que alcanzan sobre una cabra, sin embargo, juntos y revueltos no los habíamos visto muchas veces, pues por lo que fuere uno de los tres acababa por descorchar la crono desde los primeros instantes.

Pero en el trayecto de casi sesenta kilómetros entre Montecatini y Florencia apreciamos lo que puede ser calificado de crono perfecta, engrandecida incluso por la sutil remontada  de Brad Wiggins.

Está claro que, aunque no sea el año del inglés, la competición es un plus, y la Vuelta a España lo da, pero al parecer Gran Bretaña también, sin embargo un tipo como Wiggins, con todas las objeciones que le pongamos, hay que tenerlo muy en cuenta.

Pero de salida, materializando el duelo, estuvieron Zipi y Zape, dos corredores que se buscan, se tantean y se encuentran con una cabra entre las piernas. En la Vuelta a España Cancellara le arruinó una etapa y le ganó una crono a Martin.

El alemán, callado, tímido, cual silbido calló.

Martin es un superclase

un ciclista de una categoría atemporal, no bate la bicicleta, la acopla a su ser, redondea su perfil y talla una figura que, puesto que estamos en Florencia, inspiraría al propio Benvenuto Cellini, el hombre que dijo haber logrado la escultura perfecta (justo la de aquí abajo).

El Mundial contra el reloj cumple 19 años.

Recuerdo la primera edición, en la italiana isla de Sicilia, donde ganó un prohombre llamado Chris Boardman y asomó por el podio un pecoso  y juvenil Jan Ullrich.

Al año Miguel Indurain lograba nuestro triunfo más sentimental y a los cuatro Abraham Olano superaba a Melchor Mauri en Valkenburg. Desde entonces hemos visto ganar cuatro veces  a Cancellara y tres a Michael Rogers, las mismas que a Martin.

Buenos triunfos, qué duda cabe, pero alejados de la intensidad que visitió la performance de esta tarde. Cancellara y Martin, Martin y Cancellara, gracias por el momento, por la hora larga, de esfuerzo, entrega e incondicionalidad.

Sois grandes, y Wiggins, también, “of course”.

Mientras España vivía en la ignominia de culebrones y putiferios televisivos, habéis dado un espectáculo maestro, ni más ni menos que al nivel de los grandísimos nombres que soñaron Florencia y dieron la ciudad que hoy me perturba.

Purito “Il cuore” italiano bate por Joaquim Rodriguez

Purito – Joaquim Rodriguez

Purito a los italianos siempre se quejan de la falta de cultura deportiva en casi todos los deportes excepto fútbol, deporte del que muchos dicen estar hartos, pero que al final ven en compañía saliendo a cenar o a beber cerveza.

Los italianos aman fútbol, casi en exclusiva, salvo que haya Olimpiadas, entonces les interesan otros deportes. Los italianos no son deportistas, aunque amen la naturaleza y la historia. 

Santuarios ciclistas

No obstante para los italianos ciclismo tiene aires de santidad, mucho más allá de lo deportivo. Italia es lugar de santuarios. Santuarios relacionados con nombres  que van desde de Alfredo Martini y Gino Bartali  a Franco Ballerini.

Este año Italia acoge el mundial, y muchos ven complicado el triunfo azul. Por de pronto siguen considerando el mundial contrarreloj como algo que no es digno de un arco iris.

Los ciclistas italianos tienen miedo

Para esta cita los italianos tienen miedo, porque su gran baza, Elisa Longo Borghini, se cayó hace unos meses y no puede estar en la pelea. Elisa era la esperanza de los fanáticos azules –los tifossi- .

Elisa arrastraba una presión exagerada de toda una nación, pero esta lesión la ha dejado al margen.

No son muchas las veces que Italia no mira a un hombre en el deporte, y Elisa lo había logrado, pero no puede estar entre las favoritas de Florencia.

Los tifossi y Joaquim Rodriguez, PURITO

Y ante la falta de referentes reales como los de antaño, los tifossi miran a Purito Rodriguez, porque los italianos, cuando no tienen un favorito vestido de azul, se fijan en aquél que más les haya emocionado, en aquél que honra la cultura ciclista, en aquél que reconoce la  tradición y la historia de una nación con el ciclismo.

Purito ha ganado muchas veces en Italia, en todo tipo de escenarios, algunos medievales y bellos como Asís. Purito ha ganado en lugares muy vinculados a la tradición italiana, sabe cómo hacerlo y cómo enamorar. Miren el año pasado en Lombardía.

Aquí todo el mundo lo considera uno de suyos porque es bello dejarte la vida en una carrera y ver la pasión que destila, la forma que rezuma, lo agradecido que se muestra cuando descorcha la botella de Uno, el champán de muchos podios.

Y los italianos sólo reservan ese honor a dos españoles: Fernando Alonso y Purito Rodríguez. Pregúntele a cualquiera y te dirá que son italianos.

Por Alberto Celani 

Foto tomada de blog.canyon.com