#Top2016 Formigal es el teatro de los sueños

Dicen que la Vuelta a España de 2016 fue una de las mejores de los últimos tiempos, de hecho eso se dice cada vez que la grande hispana acaba y no creo que vayan errados. La Vuelta es de las tres grandes la carrera que reúne los mejores nombres en disposición de hacerlo bien y sin la presión de equivocarse, que es lo que les atenaza muchas veces en el Tour, a donde acuden con las reservas propias de quienes se juegan la campaña en la carrera que da y quita razones.

La Vuelta esta vez, por eso, apostó en los Pirineos a dos etapas de verdad, principalmente la del Aubisque, que acabó siendo un puzzle táctico de primer orden, con un equipo que juega a ganar desde la imaginación y el inherente riesgo, el Orica, y un líder, que no podía distanciar a su rival, Froome, como le gustaría. Al final la jornada francesa resultó un excelente entremés para el día grande, mucho más sencillo sobre el papel, pero a postre decisivo porque los ciclistas así lo quisieron.

Bueno, lo quiso Alberto Contador, quien imbuido en el espíritu de Fuente en Formigal, armó la escapada casi de salida pillado irresponsablemente retrasado a todo el Team Sky, para emprender una carrera contra el tiempo en el que Rubén Fernández y Jonathan Castroviejo apultanaban el movimiento de Contador en beneficio de Nario mientras Froome se desesperaba al verse casi solo en caza.

Al final del día, la general había dado un vuelco sobre todo en el primer escalón, con un Nairo que tomó el aire necesario para afrontar claro y confiado una uñtima semana en la que resultó obvio que sin ese aliento pirenaico no habría podido con su bestia negra, quien en la crono evidenció cuán lejos tiene aún al colombiano, suerte tiene de que las vueltas modernas lastren el noble ejercicio del test individual.

Imagen tomada del FB de la Vuelta a España

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#LaVuelta 15: El gran vuelco

La decimoquinta etapa fue más que una simple novedad. El tener que afrontar en la parte final el puerto de la Estación de esquí de Aramón Formigal, con sus 1.790 metros de altitud, calificado de 1ª categoría, situada en el municipio de Sallent de Gállego, provincia de Huesca, suponía a las claras un esfuerzo nada fácil para los ciclistas, que en su mayoría están ya pagando el peso de la prueba, especialmente por la cantidad de montañas que día tras otro se han ido cruzando.

La etapa se inició inopinadamente ante una fuga de un grupo integrado por catorce unidades bien compenetradas, entre cuyos componentes se encontraban Contador y Quintana, belicosos en grado sumo en una acción matutina que ha sorprendido a todos, comenzando por el británico Froome, sumergido en día gris y sin contar con la ayuda de los componentes del Team Sky, una fortaleza que se ha derrumbado así de repente en una comprometida situación.

La escapada ha contado siempre con una ventaja que osciló alrededor de los tres minutos sobre los hombres más representativos que se quedaron atrás sin templar las armas. La última decena de kilómetros fueron emocionantes en grado sumo, haciéndonos olvidar la monotonía, aunque vivaz, entre unos y otros en su primera parte. El ataque más convincente corrió a cargo de ocho corredores que quedaron en vanguardia, resistiendo los embates a lo largo de un centenar de kilómetros. Nairo Quintana, el líder majestuoso, se sintió con alas para rematar su faena, alejándose con éxito de la vera peligrosa del británico Froome, que atravesaba un mal momento. El bravo italiano Brambilla no cesó en su empeño de ganar la etapa, llegando paulatinamente desperdigados el resto de ciclistas, apuntillados por el esfuerzo realizado.

Todos sabemos que Quintana ha sido el gran beneficiado en este lucido día que va a tener una alta repercusión ante las etapas que se avecinan. Estamos convencidos, sin embargo, que Quintana a estas horas tiene las cartas a su favor en detrimento de Froome, que le quedan por delante todavía algunas etapas de cierta dificultad. La ventaja, la casi única, con que cuenta este corredor nacido en la capital de Nairobi (República de Kenya) es la oportunidad de brillar en la carrera cronometrada individual de a celebrar entre Xàbia y Calpe sobre una distancia de 39 kilómetros, y, además, con alguna dificultad montañosa a subir. Ahí se pueden ventilar las cosas, pero no dudamos que es una papeleta más que difícil a resolver por parte de Froome, este corredor que le suele llamar “el incombustible”, muy apropiado ante la responsabilidad que el toca.

Poniéndonos a la altura de la etapa, hemos de convenir que la estocada que tuvo lugar en sus comienzos bajo la iniciativa de Alberto Contador y su escuadra, aunque parecía una algarada suave se convirtió en la pesadilla incómoda para la mayoría de los concurrentes. En este pequeño conjunto no solamente daban fulgor Nairo Quintana, sino también el de que figuraban en esa aventura cinco españoles. Aparte de Contador, contabilizamos a Castroviejo, De la Cruz, Fraile y Fernández. El signo no nos pintaba mal, era el vuelo de una esperanza que bien deseábamos.

Lo importante vino en las postrimerías con la montaña del Formigal, un factor selectivo y decisivo, que acabó de poner las cosas en su sitio. Fueron 14 kilómetros de ascensión, con una pendiente media del orden del 4,6% y rampas que imponían hasta el 10%. Allí en esa subida no se regalaba nada. En los últimos lances surgió y venció el corredor transalpino Gianluca Brambilla (29 años), profesional desde el año 2010, nacido en la localidad de Bellano, emplazada en la región de Lombardía, lindante con la nación helvética. Es un buen escalador y tiene un historial más bien discreto.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de FB de Movistar Team

Y Movistar se encontró a Contador

Yo no sé si un día Chris Froome ganara la Vuelta a España, ni siquiera sé si lograra en esta edición. Es curioso puedes con el Tour, hasta tres veces, y la que parece, sobre el papel más sencilla se te atraganta. No sé, repito, si lo logrará, pero le está costando la vida el empeño.

Froome ha venido a la Vuelta con mil historias, un Tour en el zurrón, los Juegos, los viajes, la temporada, sus rarísimas ascenciones… pero ha venido a disputarla, aunque no estuviera en el punto del mes de julio. Supo, sobre todo en los Lagos, que el hombre a seguir era Nairo Quintana y así ha obrado. Ha superado una jornada memorable en el Aubisque, le ha ganado en la Peña Cabarga, le ha controlado en La Camperona. Froome lo ha contenido todo, lo ha tenido todo, hasta un equipo que les respaldaba, y lo ha tocado todo, todo, salvo Contador.

La etapa de Formigal en la Vuelta a España lleva un nombre y apellido, el de José Manuel Fuente, el ciclista más visceral de la historia del ciclismo español, y mira que han habido. Llevar grabado el nombre de “El Tarangu” implica grandeza, responsabilidad y altura de miras. La etapa le ha hecho justicia.

En la vida puedes tener muchas cosas por descontadas y en esta Vuelta, el ataque de salida de Alberto Contador era algo que preveíamos, que estaba cantado, que era obvio. Tuiteó Borja Cuadrado en la salida: Contador superconcentrado, calentando para no salir frío. Blanco y en botella.

Contador lo hizo, demostró que sigue siendo un grande, aunque últimamente le falte un punto para estar con los mejores. Es el Contador que nos gusta. Contador no desiste, no baja los brazos, habla en la carretera, no pone excusas, dispone su equipo para ello y revienta la carrera para que la Vuelta nos ofrezca una etapa de antología, de esas que pasarán los años y seguiremos rememorando, como la escapada eterna del eterno Tarangu.

La Vuelta queda ahora muy a merced de Nairo Quintana, que estuvo lo avispado que no estuvieron Froome y los suyos en los primeros kilómetros. Nairo cogió el corte bueno y no es casualidad que su mejor hombre, Jonathan Castroviejo, estuviera con él. Es increíble que pasen estas cosas, pero pasan. Chaves, cazado en una similar en el Giro, otra vez en el alambre, Froome, que cazó a Nairo en el Tour, igual.

Como digo, Nairo, con más de tres minutos en la general, muy mal habría de hacerlo, aunque en esta carrera todo parece posible. El colombiano ha estado donde tenia que estar. Su equipo, hoy, también, aunque los azules harían muy bien en decir que tuvieron a Contador, el ciclista que no ganará la carrera pero que se llevó por delante a varios, como ya había hecho otras veces.

No quiero imaginar cómo será la cena en el hotel del Team Sky, todo el beneficio del Aubisque al garete, por estar pensando en no sé qué en la salida. No sé si Froome algún día ganará la Vuelta, pero esta etapa de Formigal no podrá olvidarla de por vida. Y que dé gracias al trabajo de entre coches y no sé si algo más. Le han salvado la vida otros equipos, Astana principalmente, si no es por los celestes esto estaría sentenciado.

Pasó, pasa y pasará, el ciclismo no es sólo ser el más fuere, es lo que se cuece a final del peloton, el Team Sky lo ha hecho, como otros lo hicieron otras veces. Es la ley de la oferta y la demanda. Así lo llaman.

Imagen tomada del FB de La Vuelta

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La medida de Vincenzo Nibali

Poniéndonos serios, sin que la euforia del momento nos embargue, tomando perspectiva y viéndolo con calma, Vincenzo Nibali sigue siendo el mejor posicionado para ganar la Vuelta a España. Esta opción estaba clara, era obvia, hace veinticuatro horas, cuando la carrera estaba en Francia. Sin embargo el ciclismo como deporte de suspiros, de pequeños lapsos de tiempo, se da la vuelta cual calcetín en medio segundo, y este caso fue en el paréntesis de duda que muestra el líder cuando uno de sus rivales ataca.

Y en Formigal ocurrió que cuando la etapa moría, y Rigoberto Uran y Warren Barguil se iban a jugar el premio parcial, el líder Nibali vaciló ante un ataque de Alejandro Valverde. Esa duda le valió la desbandada y la desnudez de argumentos ante todos esos rivales que días atrás se manejaban jadeantes a su rueda.

En honor a la verdad, esta Vuelta a España, aunque a cuenta gotas, nos deja un buen balance cuando justo queda el último tercio de su disputa. Sin embargo la general presenta unas diferencias, si tomamos hasta el sexto, Thibaut Pinot, más allá de los cuatro minutos que entendemos se han generado sin estridencias ni vuelcos espectaculares. Nibali ha tenido el don de estar ahí, siempre en segunda línea mientras un día destacaban unos y al siguiente otros. A estas alturas de la temporada no se pueden pedir maravillas.

Por que la carrera del italiano ha sido recta y plana pero sin los titubeos de sus rivales. El entrañable Horner por ejemplo estuvo horroroso en la crono y lo pagó con la prenda de líder. Valverde y Purito aún no han mostrado el golpe de pedal que desborde, salvo en el últomo tramo de Formigal, mientras que Nicolas Roche parece encantado con el premio que le toca vivir en esta carrera y Thibaut Pinot es una montaña rusa.

Con todo, la sima que ha mostrado el líder en las carreteras aragonesas abre la idea de que no todo es tan perfecto en Astana, ese bloque que poco antes de que su líder entrara en crisis tiró a por los fugados como sí al siciliano le apeteciera jugar a ganar la etapa. Llegados a este punto bien haría Nibali en controlar rasamente la carrera, en lo que a la general se refiere, aunque ello le valga su segunda Vuelta a España desprovista de triunfos parciales.

Por otro lado, parece que el tránsito pirenaico ha generado espectáculo por combustión. Sin nadie que ejerza de dinamitero, en eso se echa a faltar a Alberto Contador, han sido el ritmo endiablado y el frío y la lluvia andorranos quienes han ejercido de catalizadores para que el Formigal se abriera la puerta a una sorpresa que no parecía probable.

Por que Nibali es un gran ciclista, qué duda cabe, pero no dejemos de ver que sus mejores éxitos han sido en carreras donde la competencia no pareció la mejor. Ni Ezequiel Mosquera hace tres años, ni Uran ni Evans en el último Giro, parecen marcar las medidas reales de un ganador con todas las letras. Ahora Nibali tiene ante sí un reto mayúsculo, cinco jornadas donde le van a dar hasta en el carnet y la ardua tarea de priorizar a por quién salir y por quién no. Al final el propio desarrollo de la carrera nos desacreditará y hasta veremos una Vuelta que merezca la pena. Así lo esperamos.

Foto tomada de www.lavuelta.com

 

Formigal es José Manuel Fuente

Joan Plans fue una de las plumas más destacadas del ciclismo español en los años centrales del pasado siglo. Acuñó el ciclismo en el decano de la prensa deportiva, El Mundo Deportivo. Pero sus crónicas rebosantes de sapiencia tuvieron truco, antes fue ciclista, sí, de pista y carretera. No en vano fue ocho veces campeón de España de velocidad.

 

Su crónica del día 10 de mayo de 1972 se iniciaba así:

 

“Lo que no hacen los hombres por su propia voluntad, lo hacen las montañas. Hoy hemos visto una etapa casi entera de gran ciclismo, de aquel, ciclismo que sólo obedece a las propias fuerzas de cada hombre y a la voluntad que se pone en la lucha. Cridas a esto, tenemos un nuevo e Inesperado líder”

 

Ese día no hubo matices. Se hundieron todos los favoritos ¿todos? No, todos no. Hubo uno, raza, coraje y talento, que emergió. José Manuel Fuente, el Tarangu, el visceral escalador asturiano dio un nombre a Formigal. Ubicó el enclave aragonés en el mapa. La última cima pirenaica de esta Vuelta guarda una historia muy profunda,

Domingo Perurera dominaba la Vuelta de 1972. Llegaba la gran jornada pirenaica. En el Mon Repos se arma. Pepe Grande ataca, Fuente a su rueda. Colaboran juntos, mientras los compañeros del asturiano por detrás duermen la carrera en un sueño amarillo, por que todo es amarillo, el líder Perurena, pero también sus compañeros  Lasa, Pesarrodona y González Linares.

Pero el día tiene un tipo desenfrenado. Fuente vuela solo antes de coronar Mon Repos. Grande cede por la cima minuto y medio, más allá de los cinco minutos pasa el pelotón. La subida a Formigal asiste a la mejor jornada del Tarangu en la etapa que su ímpetu casó con la estrategia en un todo perfecto. Fuente no percibe el cansancio y en la cima sentencia la Vuelta a España de 1972 a cinco días de la conclusión en Donosti.

Al campeón le llueven los elogios, el calor popular, las rotativas y una buena cantidad de dinero. Se embolsa en una jornada 36.000 pesetas de las entonces desglosadas en 15.000 por ganar la etapa más 8.000 por cada puerto que corona en cabeza y migajas recogidas en metas volantes y demás.

Sí, el día que la Vuelta vuelve a Forgmigal, no lo hace desde 1977 con la inverosímil victoria de Freddy Maertens, no nos cabía otro nombre que el de Fuente. Y esta ha sido nuestra muesca.

Aquí tenéis un bello vídeo de aquel día.