El “savoir faire” francés

Hace casi dos años cuando a Alberto Contador le caía la sanción por su positivo de hace tres temporadas, el fervor patriótico hervía por los comentarios y parodias que un mal llamado periodismo francés hacía de los mejores deportistas españoles. “Nos tienen una envidia terrible” afirmábamos, al tiempo que mediamos el tamaño de la injusticia que considerábamos se había hecho con Alberto Contador. Un ejercicio de patriotismo, de defensa de lo nuestro en estos tiempos de grave crisis se imponía. Era imperioso salir a defender lo nuestro, pero ¿qué es lo nuestro? Aunque la defensa fuera enconada y los argumentos rudos, esa tela de humo no podía disimular un esqueleto deportivo, el español, que en lo que a ciclismo se refiere es pero que muy mejorable. Dos años después lo vemos en su crudeza, el ciclismo español pasa época complicada no, complicadísima. Ausencia de equipos, carreras en peligro de todo, el peregrinaje internacional de figuras, ciclistas muy apetecibles sin contrato,… esta realidad no se plasma con suficiencia ni siquiera se quiere poner negro sobre blanco frente a la situación del ciclismo francés, que sigue siendo pero muy alejada de la nuestra porque a pesar de los pesares, mantienen una cultura deportiva cien veces más madura y democrática y aunque hayan sido más papistas que el Papá en lo relativo al dopaje, sigue teniendo buena salud y perspectivas. Hacen unos días la lotería gala, la Française des Jeux, renovó su patrocinio con el equipo que dirige Marc Madiot. La FDJ, pues así responden sus siglas, es la casa de Thibaut Pinot, Arnaud Démare, Kenny Elissonde y Alexandre Geniez, incluso hasta la de un ciclocrossman como Francisc Mourey, quien ganó el encantador Tro Bro Leon. Son corredores jóvenes, con mimbres de ser algo interesante y reciben un patrocinio que se alarga hasta 2016. Al lado el Europcar acaba de entrar en el máximo circuito donde se mantiene el AG2R. En un panorama donde se caen proyectos al tiempo que entrar en el World Tour es una quimera para muchos, Francia tendrá tres conjuntos desde los que canalizar el ciclismo que viene, y que no es otro que en categorías inferiores funciona bien. Y todo esto ocurre en un país que va camino de los treinta años sin ganar el Tour. En un país que no viste de arco iris desde Laurent Brochard en San Sebastián, allá por 1997, mismo año en que Laurent Jalabert logró en Lombardía el último monumento. El ciclismo francés lejos de ser perfecto sí es un espejo donde mirarse los problemas propios. Al amparo del Tour y su maquinaria aledaña, crece un deporte que aquí sí es rentable y que atrae interesantes inversores. Tienen la mejor carrera, clásicas centenarias e incluso exportan “savoire faire” a lares sin tradición pero con dinero para innovar. Hasta son dueños de la Vuelta a España, esa carrera que el día menos pensado dejan en dos semanas capando así la esencia de una gran vuelta. Conviene mirarlos más, saber qué hacen, cómo lo hacen y no sólo envidiar y malmeter. Si el ciclismo en España, en sus mejores años de siempre, no tuvo la cuota que mereció, qué habrá de pasar si se nos viene encima un desierto como el francés.

La Vuelta parle français

El ciclismo francés se encuentra a gusto en la Vuelta a España. No es algo nuevo de este año, por muy evidente que nos ha resultado. La propiedad de la Vuelta ha caído en manos galas, ahí está ASO, y la profusión de marcas venidas del otro lado de los Pirineos es un hecho. Incluso el recorrido tuvo un alto en los Pirineos galos para homenajear a la carrera madre, el Tour, por sus cien ediciones  si bien convendrá estar atentos a la suerte de ASO  y la autonomía que conserve en su gestión si dinero qatarí entra en sus cuentas, como así se ha comentado.

Al margen de lo dicho, además el balance del ciclismo francés en esta carrera ha sido muy bueno.

En especial el de su equipo lotero, la Française des Jeux, que ha sobrepasado su habitual papel de comparsa para adjudicarse un éxito mayúsculo. Si su objetivo era puentear el mal momento que su emblema, Thibaut Pinot, tuvo tras el Tour, no sólo lo han logrado si no que han ganado nada menos que las dos etapas más duras, y por ende emblemáticas de la carrera.

En el caso de Pinot creo que la Vuelta, como el Tour del año pasado, ha situado al corredor donde hasta el momento sus facultades le dan, es decir un top ten más o menos holgado y la posibilidad de adornarlo con un triunfo de etapa. Luego pasar a mayores habrá que ver si es capaz de conseguirlo, por que la comodidad que le implicó la Vuelta, con un papel muy poco trascendente de los descensos en el Tour no se la va a encontrar, igual que en muchas de las grandes carreras a las que aspira por su perfil.

Sin embargo, el mejor ejemplo del desempeño francés, llegó por ese pequeño ciclista que parece movido por su máquina, y no al revés, llamado Keny Elissonde. Su convicción el día del Angliru resultó interesante, así como la edad con la que culmina la gesta –nada menos que 22 años-. Elissonde ganó en medio de una fuga de nivel, descolgado sus integrantes y aguantando el tipo ante las acometidas de los favoritos por detrás. Su compañero Alexandre Geniez ganó en el alto francés para redondear el balance azul.

Sin embargo dos nombres más tuvo este grupito de gabachos por España. Por un lado el ciclista que, junto a Javier Aramendía, estuvo en la práctica totalidad de los fregaos: Nicolas Edet. El de Cofidis anduvo escapado la mayoría de días, y de haber tenido un apellido español habría unido varios premios de la combatividad a su reinado de la montaña.

Y párrafo aparte merece ese desgarbado ciclista bretón de raza y perfil apolíneo llamado Warren Barguil. Dos triunfos, dos, en las dos etapas que marcó con una X, si en Castelldefels jugó cierta carta de sorpresa, en Formigal actuó desde el conocimiento que ya le daba una victoria de etapa y a pecho descubierto. A pesar de su corta edad, manejó muy bien la situación con un peso pesado como Rigoberto Uran y le batió por físico, pero sobretodo por una mentalidad ganadora que bebe del mismísimo Bernard Hinault. Ojo por que con lo poco que parece poner el Argos sobre el tapete, el equipo blanco lleva un año de escándalo. Nos alegramos, el trabajo cuenta y no sólo el talonario.

Foto tomada de www.zikliamatore.com