¿Quién fue Francesc Masip?

Seguramente no serán pocos los aficionados que se preguntarán por el  ciclista catalán llamado Francisco Masip, que acaba de fallecer en su población de Santa Coloma de Gramenet, cercana a la ciudad de Barcelona, cumplidos los 89 años. Fue muy conocido en su época, en la década de alrededor de los 50, y aunque su notoriedad deportiva pertenece a otros tiempos, consideramos oportuno mostrar aquí alguna pincelada acerca de su prestancia como atleta del pedal.

En el fondo era un hombre sencillo, sincero en sus juicios y modesto al comentar sus propias gestas. Tuvimos la suerte de conocerle y mantener de años una loable amistad con él. Aprendimos muchos de sus enseñanzas acerca del deporte de la bicicleta.  De ahí nuestro abierto agradecimiento en todos los sentidos hacia su persona.

Por encima de todo cabe reconocer a los cuatro vientos que Masip fue, aún cosechando valiosos y numerosos triunfos, un doméstico, un ayudante de excepción, es decir, que se dedicó, en varias ocasiones, a apoyar a los compañeros. Estuviera en el equipo que estuviera. Tenía una gran fortaleza física y sacrificó muchos esfuerzos en darles una mano a sus jefes de fila, que los tuvo en variado abanico. Se puede afirmar que Masip actuaba eficazmente a la sombra como un peón más, pasando desapercibido a los ojos de las gentes. Las grandes figuras tienen necesidad de verse auxiliados por esta gama de ciclistas que vienen a cumplir un servicio, una tarea, y que están supeditados a recibir órdenes y a prestar su colaboración, algo que no brilla cara al exterior, ni se transparenta así como así en los medios informativos.

Inició su actividad como ciclista en el año 1944, a la edad de casi 18 años. Para retirarse definitivamente en la temporada de 1960, completando un período de dieciséis  años de actividad en carretera. Aparte de él, los corredores catalanes en aquellos otros tiempos marcaron un hito importante y floreciente con el protagonismo de los Poblet, Serra, Masip, Sant, Utset, Segú Mateo, Iturat, Mauri, Pesarrodona, Mariné, Ibáñez, Florencio y tantos otros, que representaron una generación de empuje en los escenarios de rigor de las carreteras.

Francisco Masip concurrió en cinco ocasiones en el Tour de Francia; dos veces en el Giro de Italia, y siete representando a Cataluña, en el Campeonato de España por Regiones, en donde participaban tres componentes por unidad. Nuestro conjunto alcanzó la cota de siete títulos en esta modalidad dinámica puesta en juego. Todos estos datos daban a entender que Masip era pieza indispensable en toda clase de competiciones.

No podemos sustraernos a la actuación que tuvo Masip en el Campeonato de España de fondo en carretera en el año 1953, en compañía de Andrés Trobat, en una fuga extraordinaria que realizaron los dos y que les llevó a la meta, situada en el Parque de la Ciudadela de Barcelona, con una ventaja de más de ocho minutos sobre el tercer clasificado, el mallorquín Francisco Alomar. Tuvimos la feliz oportunidad de vivir y de seguir muy de cerca, en directo, aquella competición que catalogamos de inolvidable en los anales de nuestro ciclismo. Masip fue el vencedor indiscutible, pero Trobat, su colaborador bien hallado, fue también artífice de la gesta, una gesta plenamente compartida.

Desearíamos concluir esta glosa en homenaje justo y merecido a favor de este bravo corredor catalán, Francisco Masip, al que recordamos vivamente  en nuestro fuero interno. Es nuestra intención, más adelante y de manera sucinta, comentar algo más acerca de este ciclista de otros tiempos que nos acaba de dejar. De este sufrido hombre del pedal con marcada personalidad que vale nuestro sincero elogio y admiración.

 Por Gerardo  Fuster    

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Se nos mueren los mayores

Sé que diréis: es ley de vida, tiene que pasar o vivió una vida plena, pero todo ello, aunque aplastante como la lógica que dice que la hora tiene 60 minutos, no puede esconder ni si quiera matizar la pena y tristeza que nos invade cuando nos enteramos que alguno de nuestros mayores se nos va.

Ocurre, por eso exactamente igual en ciclismo, que pasan los meses y ves que el goteo escaso pero incesante de nombres que nos van dejando se hace cada vez más grande y numeroso y que aquellos que un día te abrieron los ojos de este bello deporte, que te lo explicaron y que te transmitieron su cariño por él, van dejando paso a las generaciones nuevas. Hace poco os hablaba de Joan Casadevall, en este sentido. Ahora, poco a poco, los que antes estábamos en retaguardia, pasamos a primera línea frente a todo. Como dice al principio es ley de vida.

Este mediodía recibí una llamada: ha muerto Francesc Masip, un exponente del ciclismo catalán que alargó su trayectoria durante casi veinte años englobando esas dos décadas que tenemos tan idealizadas hoy en día: las de los cuarenta y cincuenta.

Masip es hijo de los veinte, nació en 1926 en Santa Coloma de Gramenet. En su amplio historias vemos lo rico y grande que fue el ciclismo en sus años con carreras que han pasado al baúl de la historia pero que dieron forma a este deporte cuando era fenómeno de masas. Masip corrió los Campeonatos de España de montaña y el de regiones, que Paco Grande a veces nos saca en sus Conexiones Vintage, también el Gran Premio de la Santa Cruz de Figueres, el de San Juan de Eibar y el Gran Premi de Catalunya, una carrera que fue importantísima en sus años. Corrió varias veces el Tour, el de los años de Coppi, Kubler, Koblet y Bobet –el G4 como les llama Jean Bobet-, y también la Vuelta y Giro.

Mi amigo Jordi Escursell lo sacó en el documental que se hizo hace un año y medio de Miquel Poblet, hablando del “noi de Montcada”, en medio de compañeros de  fatigas del mejor clasicómano a este lado de los Pirineos. Os recomiendo ver ese documental, porque es un libro abierto de sobre la época y porque habla del momento, del ciclismo que se nos va de las manos y del que menos sabremos cuando toda aquella hornada se haya ido.

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Es ley de vida, pero cuando la luz de estas personas se apaga, perdemos aquella memoria que ellos mejor que ningún libro, relato o pedazo de papel que se les asemeje,  nos podrían explicar. Se nos van y nos dejan el vacío de su temple y compañía, pero también sin lo que vivieron y vieron, por eso, mientras estén con nosotros aprovechadlos, hostigarles, que os cuenten, que os expliquen, porque así creo que hasta seremos mejores personas.

Imagen tomada de blog.finixer.com