A propósito del récord de la hora

Victor Campenaerts recoerd de la hora JoanSeguidor

Ahora hace 25 años, 1994 fue el del récord de la hora

Apenas hace tan sólo unos pocos días, pudimos revivir la emoción de contemplar un nuevo récord de la hora.

Haces unas semanas, ya contamos lo que nos pareció la gesta sin público de Víctor Campenaerts, cómo llevó su bicicleta más allá de los 55 kilómetros recorridos en una hora.

Una cifra estratosférica.

Una auténtica animalada.

Gravel Ride SQR – 300×250

 

A rebufo de esta noticia, hemos querido echar la vista atrás para comprobar cómo, hace ya más de un cuarto de siglo, un “escocés volador”  resucitó la fiebre por batir de nuevo “el mayor esfuerzo hecho por un humano en una hora en una bicicleta”.

Pero empecemos por el principio.

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Hasta 1993, este récord estaba en posesión de Francesco Moser, siendo el primer ciclista en superar la distancia de 50 kilómetros pedaleando durante una hora.

Fueron, exactamente, 51,151 km el límite establecido por el italiano, un 23 de enero de 1984 en el velódromo de Ciudad de México.

SQR – Cerdanya Cycle

 

Un récord de altura, si bien, tan sólo 4 días antes, ya había batido la legendaria marca de Merckx del año 1972 -sobre 49,431 km y también en México-, sobrepasando en 808 metros el medio centenar de kilómetros en 60 minutos.

Aquella plusmarca que orbitaba alrededor del planeta, quedó inmaculada durante 9 años hasta que nuestro protagonista de hoy comenzaba de nuevo la batalla por romper la hora.

Fue el 17 de julio de 1993 en Hamar (Noruega) cuando Graeme Obree completó una hora en 51,596 km.

En el recuerdo queda su posición de “huevo” y su estrambótica bicicleta fabricada incluso con piezas de una lavadora: «Old Faithful», la bautizó.

 

Inmediatamente después, tan sólo 6 días más tarde -el 23 de julio-, quien recogía el relevo era el británico Chris Boardman,  superando a Obree y marcando un registro de 52,270 km en el velódromo del Stadium du Lac de Burdeos (Francia).

Acababa de iniciarse una carrera de récords…

Hasta el propio Moser, con 43 años, se picó delante de estos acontecimientos y quiso recuperar el protagonismo perdido intentando batirlo el 15 de enero de 1994: el auténtico año de los récords de la hora.

Fue de nuevo en México, a 2240 metros de altitud.

No lo consiguió, pero rodó nada menos que a 51,840 km/h.

Asombroso.

Se trataba del segundo mejor registro de todos los tiempos, superando el suyo propio del 19 de enero de 1984.

Moser, ya retirado, utilizó una combinación de 63×15. De esta manera avanzaba 9 metros por pedalada.

 

Llegamos a la efeméride que se cumplió precisamente este pasado 27 de abril: 25 años han pasado desde que el “excéntrico” Graeme Obree, al mando de su extraña máquina, que de nuevo había diseñado él mismo, volviera a adelantar a Boardman en 443 metros, dejándolo en 52,713 km en una hora.

Ocurrió en el velódromo de Burdeos, sobre una bicicleta de 8,5 kg de peso, con un cuadro construido en carbono y acero, y un manillar en forma de ala de avión que le permitió adoptar, esta vez, la postura de “Súperman”.

La bici iba calzada con ruedas de bastones Specialized, llevaba unos pedales de “ocasión” y su sillín era un Turbo comprado de segunda mano.

 

A todo esto, andaba por allí un tal Miguel Induráin que dicen que iba como un tiro contra el crono.

Animado por su entorno, que opinaba que tenía el récord en sus piernas, se plantó en el mismo velódromo de Burdeos  -de 250 metros de longitud- un 2 de septiembre de 1994 sobre las 4 de la tarde,  dejando la hora en 53,040 kilómetros.

Con un desarrollo de 59×14, avanzaba 8,77 metros por pedalada y su arma “la Espada”: una bicicleta monocasco diseñada por Elio Borghetto y fabricada por Pinarello, con un peso de 7,280 kg y ruedas lenticulares.

«Ahí queda eso», pensaría el bueno de Miguel.

 

Pero también corría por Burdeos un indómito suizo de apellido Rominger, que cuentan que  tampoco era cojo contra el reloj.

Además, andaba picado con Induráin, después de su amarga derrota en el Tour de aquel año y con abandono incluído, mermado de salud y ante la manifiesta superioridad de Miguel.

Narran que, después de “aquello”, Rominger se dedicó a preparar a conciencia el deseado récord de la hora junto a Abraham Olano, dedicándole mucho tiempo de vuelo en la propia pista de Burdeos.

SQR – GORE

 

Después de muchas horas de entrenamiento sobre el velódromo, se dispuso a acometer el reto con una bicicleta convencional de su equipo, el Mapei, 50 días después que Induráin.

Sin público en las gradas, el 22 de octubre de aquel mismo año, el suizo establece una marca de 53,832 kilómetros, con el mismo desarrollo que el navarro: 59×14.

No satisfecho con el resultado, quiere aún más, y lo vuelve a probar de nuevo el 5 de noviembre de 1994 en el mismo lugar y en el mismo escenario.

Pero esta vez lo hace rodeado de público y retransmitido por televisión a las 15,30 horas de la tarde.

Todo un espectáculo mediático girando alrededor de un hombre, una bicicleta y una hora.

 

De esta forma, con una combinación de 60×14 que le hace avanzar 9,02 metros por pedalada y con una bici convencional Colnago de 8 kg y ruedas lenticulares, bate su propio récord llegando a los míticos 55 km/h, exactamente 55,291 km.

Acababa de reventar la hora. Extraordinario.

Meses más tarde, al año siguiente ya en 1995, Miguel Induráin quiso sacarse esta espina clavada (o mejor dicho, fueron los directores de su equipo los que casi le obligaron de nuevo a realizar este sobrehumano esfuerzo) intentándolo en México, donde la presión atmosférica le tendría que ser más favorable.

Pero aquella fue otra historia que ya contaremos otro día.

 

Paris-Roubaix pave, Cosas que hacen que sea tan deseada

Paris- roubaix

Paris-Roubaix pavé nadie puede dudar, que sea de todas a todas la prueba de una jornada del calendario más cotizada y anhelada por cualquier corredor ciclista que sienta en su fuero interno deseos de ser algo en el mundo de la bicicleta.

Donde Acaba la Paris-Roubaix

Su final tiene lugar no lejos de la frontera belga y cercana al conocido Paso de Calais. Cabe consignar que fue a partir del año 1968, cuando la mencionada competición cambió su itinerario en contraste de lo que fueron sus anteriores ediciones.

Posteriormente, al objeto de aligerar su excesivo kilometraje, la aludida competición tomó la decisión en el año 1977 de situar la línea de partida en la ciudad de Compiègne, situada a 65 kilómetros al norte de París, lugar de cierta fama por erigirse allí el fastuoso castillo de Luis XV, monumento nacional, así como lugar de residencia de los reyes de Francia y de los emperadores no menos conocidos, tales como Napoleón I y III.

Con el citado cambio de salida los organizadores lograron acortar el recorrido, que ha quedado en definitiva en los 253 kilómetros, la cifra oficial que nos marca la actualidad.

¿Quiénes fundaron la Paris-Roubaix?

Su creación nos hace retroceder al año 1896. Fue un tanto ingrata la labor emprendida por dos importantes empresarios pertenecientes al ramo textil, apelados Théo Vienne y Maurice Pérez. Éste último era originario de una familia española.

El Velódromo de la Paris-Roubaix

Se establecieron en las cercanías de la ciudad de Roubaix, que poseía un gran poder industrial y económico. Estos dos magnates influyeron decisivamente en la construcción e inauguración de un velódromo de 250 metros de cuerda, asentado en aquella población de identidad y tonalidades más bien grises, dominada por los casi constantes humos de las fábricas colindantes y sus neblinas que suelen ser acusadamente bien manifiestas, una característica puntual en aquella región norteña del país galo.

Le veló, el periódico influyente en la Paris-Roubaix

Aquellos dos aludidos entusiastas, impulsados a su vez por otro maestro en aquellas lides, un tal Paul Rousseau, quisieron a toda costa divulgar y enaltecer las excelencias del deporte ciclista, dándole incluso una necesaria difusión internacional para que llamara más la atención al gran público. Así se instauró esta prueba de tanto abolengo y prestigio mundial.

Les secundó en este gran proyecto el rotativo denominado “Le Vélo”, bajo el impulso del citado Paul Rousseau, otro apasionado de este deporte, que en cierta ocasión llegó a escribir un elogio a favor de la bicicleta de la que decía “que consideraba más que ser un elemento rodado al servicio del deporte, era un artilugio divulgador y benefactor social puesto a disposición de las gentes”. Esta era su imaginativa definición. La frase ha perdurado en todos los ámbitos como un símbolo a la esperanza. Eran unas épocas donde el Tour de Francia, aparecía entre los aficionados al ciclismo.

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Es así como se puso en marcha la prueba en la fecha del 19 de abril de 1896, registrándose el triunfo de un tal Josef Fischer al cubrir la distancia de nada menos 300 kilómetros. El corredor germano tuvo una compensación económica que ascendió a 1.000 francos franceses. ¡Qué tiempos aquellos!. Pasaría toda la historia de Roubaix hasta volver a ver a un alemán ganar con Jonh Degenkolb.

Se comenzaba al Paris-Roubaix

Los organizadores divulgaron a los cuatro vientos que constituía la carrera ideal para afrontar con más garantías la clásica y ya asentada Burdeos-París. Inicialmente no pasó de ser un modesto reclamo para atraer a los ciclistas. Luego resultó que la fama y popularidad se la llevó de todas a todas la París-Roubaix, considerada como una carrera de visos difíciles y a la vez sumamente arriesgada, especialmente por tener que pisar los atletas del pedal los terribles adoquinados que se insertaban a trechos en su recorrido juzgado un tanto diabólico.

Los Adoquines de la Paris-Roubaix

Aparecían los célebres adoquinados que de manera intermitente atenazaban y atenazan a los valerosos y animosos concurrentes. Los tramos de este insólito obstáculo de piedras casi cuadráticas aparecen unas veinte y tantas veces -en la actualidad suman veintisiete-, un verdadero tormento, una verdadera pesadilla. Se puede afirmar hoy que aproximadamente una quinta parte del recorrido se sumerge en esta situación un tanto angustiosa. Ello supone, más o menos, el cubrir bajo esta pesadilla una longitud de aproximadamente 53 kilómetros que no apuntillan al descanso precisamente.

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Promedios memorables de la Paris-roubaix

El primer vencedor, lo reiteramos, fue el alemán Jozef Fischer, en el año 1896, un ciclista bien conocido en aquellos tiempos. Registró un promedio casi inaudito de 30,162 kilómetros por hora. Su contrincante más directo fue el danés Charles Meyer, que llegaría a la meta con 25 minutos de retraso, mientras que el tercero, primer francés, fue Maurice Garin, otro ciclista de solera.

El holandés Peter Post es el que por ahora mantiene la mejor marca desde 1964

bajo una media de 45,129 kilómetros a la hora, una cifra que parece casi inaccesible. Cabe afirmar que en aquella jornada sopló de espalda un fuerte viento que hizo volar a los corredores, algo así como una mano invisible que se asomó a la contienda ciclista en son de ayuda. Anotamos que en la temporada 2013, el suizo Fabian Cancellara registró también una segunda buena marca: 44,190 kilómetros a la hora. Con todo, tarde o temprano, los récords caen con el paso de los años.

Es anécdota el comentar que esta prueba, quizá no se sepa, empezó por disputarse detrás de bicicletas entrenadoras, salvo en los años 1898, 1899 y 1900, en que los corredores eran protegidos cara al viento por sendos automóviles. Esta novedad, sin embargo, no perduró con esa clase de ayuda que diluía el verdadero sentido de una carrera de cierta envergadura.

Los españoles, una ambición truncada

Los representantes españoles, hay que hacer siquiera una mención, han quedado un tanto al margen, salvo las prestaciones logradas por el catalán Miguel Poblet, segundo en el año 1958 y tercero en 1960.

Juan Antonio Flecha y sus intentos de ganar la Paris-Roubaix

En tanto que Juan Antonio Flecha, de origen argentino pero catalán de adopción, hizo el tercero en la edición del año 2005; el cuarto, en el 2006; el segundo, en la temporada siguiente, y volvió a ser tercero en el año 2010, un mérito continuado que le fue muy familiar aunque no culminara su obstinada acción con la conquista de una corona como ganador, una ambición truncada en su vida deportiva.

Ciclistas que están en el candelero

El belga Roger de Vlaeminck consiguió cruzar la meta de Roubaix como ganador en cuatro ocasiones (1972-1974-1975-1977), un dato nada despreciable que ensalza a este fornido corredor que destacaba entre otras cosas por su gran envergadura.

Figura en paridad con él, su compatriota y bravo luchador Tom Boonen (2005-2008-2009-2012). En un escalón inferior, con tres victorias, nombramos a los belgas Gaston Rebry, Henri Van Looy, Eddy Merckx y Johan Musseeuw; al francés Octave Lapize, al italiano Francesco Moser y al suizo Fabian Cancellara.

Que naciones han ganado más la Paris-Roubaix

Por naciones es Bélgica la que sigue capitalizando el dominio en esta prueba, con 56 victorias.

Le siguen algo más tarde:

  • Francia 28
  • Italia 13
  • Países Bajos  6

Estadísticamente hablando, hubo un belga, Raymond Impanis, que posee hasta la fecha otra buena marca.

Participó parís-roubaix en esta clásica que nos ocupa nada menos en dieciséis ocasiones. Hay un holandés, llamado Servais Knaven, que ha conseguido alinearse en la línea de salida quince veces. Lo curioso del caso es que tanto uno como otro, los dos mencionados, solamente han podido adornar su historial con una sola victoria en esta prueba de tan alto prestigio internacional. Son datos éstos, los escritos aquí, que perduran en nuestras memorias.

Por Gerardo Fuster

INFO

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Hoy os hablamos de los patrocinios de Endura

Endura es el patrocinador de ropa del equipo # 1 del ranking en el World Tour, el Movistar Team. Endura provee la ropa de alto rendimiento a Movistar Team y es el proveedor oficial de ropa de Movistar Team para el consumidor final.

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Patrocinador oficial de la ropa ciclista de equipo Betch.nl Superior MTB Racing. El equipo es dirigido por Bart Brentjens, el primer ganador de la medalla de oro olímpica en la historia del ciclismo de montaña XC como disciplina olímpica en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.

El freerider británico y poseedor del récord mundial en dirt Chris Smith monta con Endura – echa un vistazo a sus últimos vídeos en la sección de blogs de Endura.

Patrocinados por ENDURA:

La expansión de Endura en el triatlón con los trajes velocidad y ropa de entrenamiento provee a triatletas con una larga trayectoria profesional como:

  • Rachel Joyce (tres veces 70,3 campeón Ironman, el tres veces campeón del Ironman
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  • Tim Don (múltiple Ironman 70.3 y campeón Ironman)
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Las entrañas de París-Roubaix (y 2)

París-Roubaix

París-roubaix,  el primer vencedor en Roubaix, lo reiteramos, fue el alemán Jozef Fischer, un ciclista bien conocido en aquellos tiempos. Registró un promedio casi inaudito de 30,162 kilómetros por hora. El holandés Peter Post fue hasta fechas recientes el que poseía  la mejor marca desde 1964, bajo una media de 45,129 kilómetros a la hora, una cifra que parecía inaccesible.

Cabe afirmar que en aquella jornada sopló de espalda un fuerte viento que hizo volar a los corredores, algo así como una mano invisible que asomó durante la contienda. Con todo, tarde o temprano, los récords caen a pesar hay marcas que se resisten.

Los Inicios de la París-Roubaix

Al cabo de medio siglo, en el año 2014 y en su 112ª edición, una larga historia, el holandés Niki Terpstra cubrió los 256 kilómetros de recorrido bajo un promedio extraordinario que superó todas las expectativas. La marca quedó registrada al alcanzar un promedio de 45,490 kilómetros a la hora, una gesta a todas luces memorable, una gesta de oro que no podemos olvidar en esa edición de la París-Roubaix.

Esta competición de la Paris-Roubaix, quizá no se sepa, empezó por disputarse detrás de bicicletas entrenadoras, salvo en los años 1898, 1899 y 1900, en que los corredores eran protegidos cara al viento por sendos automóviles. A partir del 2010 se suprimió esa ayuda complementaria. Así se comenta en las crónicas de aquella época en que el ciclismo empezaba a ser un deporte rudo pero muy popular entre las gentes.

Los españoles, una ambición incompleta

Los representantes españoles en la París-Roubaix, hay que hacer mención, han quedado un tanto al margen, salvo las prestaciones logradas por el catalán Miguel Poblet, segundo en el año 1958 y tercero en 1960.

Mientras que Juan Antonio Flecha, de origen argentino pero catalán de adopción, hizo el tercero en la edición del año 2005; el cuarto, en el 2006, el segundo, en la temporada siguiente, y volvió a ser tercero en el año 2010, un podio que le fue muy familiar aunque no culminara su poderosa acción con la conquista siquiera de una la corona como vencedor, una ambición truncada.

Ciclistas que están en el candelero      

El belga Roger de Vlaeminck consiguió cruzar la meta de Roubaix como ganador en cuatro ocasiones (1972-1974-1975-1977), un dato nada despreciable que ensalza a este duro corredor que destacaba entre otras cosas por su gran envergadura. Figura en paridad con él, su compatriota y bravo luchador Tom Boonen (2005-2008-2009-2012).

En un escalón inferior, con tres victorias de la París-Roubaix, debemos nombrar con distinción a los belgas Gaston Rebry, Henri Van Looy, Eddy Merckx y Johan Musseeuw; al francés Octave Lapide, al italiano Francesco Moser y al suizo Fabian Cancellara. Por naciones es Bélgica la que sigue capitalizando el dominio en esta prueba, con 56 victorias. Le siguen tras la estela algo más tarde: Francia, con 28, e Italia, con 13.

Las Estadísticas de la París-Roubaix

Estadísticamente hablando, hubo un belga, Raymond Impanis, que posee hasta la fecha otra buena marca en la edicion de la París-Roubaix. Participó en esta clásica que nos ocupa nada menos en  dieciséis ocasiones. Hay un holandés, llamado Servais Knaeven, que acaba de concurrir  en esta última edición y que se hizo también notar en su primera parte. Tal corredor ha conseguido alinearse quince veces en la citada prueba. Lo curioso del caso es que tanto uno como otro, solamente han podido adornar su historial con una sola victoria en esta prueba de tan alto prestigio internacional. Son datos que perduran en nuestras memorias.

Por  Gerardo  Fuster

Imagen tomada de www.bikerumor.com

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Y si para viajar quieres olvidarte de las maletas e indeseables bultos… 

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Para poder transportar correctamente tu bicicleta con el embalaje NACEX BICIBOX, debemos tener en cuenta lo siguiente

– Girar y desmontar el manillar

– Desmontar los pedales y ruedas (una o las dos dependiendo del tamaño)

– Se deben proteger los elementos sensibles (cuadro, tijas) y aquellos que queden desmontados con papel burbuja o similar

– Introducir en la caja cuidadosamente evitando golpes y arañazos

– Transportar siempre en posición vertical

#ClassicMen Francesco Moser, “signore Roubaix”

La historia es caprichosa, como muchas veces hemos dicho, y situamos a corredores en nuestro imaginario en una faceta que, aunque siendo cierta, no es la única que vistió su leyenda. Por eso cuando la imagen más divulgada de Francesco Moser es la de ese ciclista ancho, profunda mirada, pelo negro, angulada cara y perfil corpulento, sobre la rompedora máquina con la que destrozó el récord de la hora en las altitudes de Ciudad de México, sólo es eso, una faceta, un perfil ideal, una forma de recordar un corredor que fue mucho más y logró mucho más.

Moser también tiene un Giro, el de 84, una carrera marcada por las múltiples influencias que concurrieron para que ganara un italiano ante la insolente juventud que despertaba de Laurent Fignon, que a todas luces fue el ganador moral de aquella carrera. Público hostil, helicópteros que empujaban en las cronos,… Moser debió ganar por lo civil o lo criminal. Así lo hizo.

Pero hay una tercera faceta, conocida aunque quizá menos por muchos, las clásicas, y es que ese ciclista de porte elegante, rodar agresivo y tremenda ambición, tiene en su palmarés nada menos que seis monumentos: tres Roubaix, dos Lombardías y una San Remo, un botín que le sitúa entre los mejores de siempre, especialmente en el Infierno del Norte, donde sólo le superan De Vlaeminck y Boonen.

De hecho Moser es el tercer mejor ciclista del mundo sobre los afilados adoquines encadenando, y eso sí que es difícil, por lo imprevisible de la carrera, tres triunfos consecutivos, logrados en un tiempo en el que las clásicas tenían grandes nombres de todos los tiempos, aunque especialmente uno, Roger De Vlaeminck, ese que llamaban el Gitano, que nunca tuvo amigos, ni siquiera en su propio equipo.

Así las cosas en la Roubaix del 78, Moser, arco iris a la espalda, arco iris que ganó en Venezuela, se presentó ante “Monsieur Roubaix” como alternativa ganadora a la mejor carrera del año. El italiano, listo como el hambre, jugó sus bazas sin esperar instrucciones del gran jefe. Realizó dos ataques, primer a 23 de meta y luego a 18 para romper la resistencia de Maertens y Raas, mientras el influjo de De Vlaeminck se hacía notar. Moser llegó solo al velódromo y De Vlaeminck echaba fuego. “Este tipo es un desagradecido” escupía por esa boca que no dejaba indiferente, como cuando dijo que las cuatro Roubaix de Boonen tenían menos mérito que las suyas.

Cabreado, el gitano cambió de equipo, a sabiendas que su tiempo, aunque glorioso, era caduco frente a las hechuras del joven Moser. El belga al Gis, Moser en el Sanson. En 1979 le ganaría por la mano otra Roubaix, dejándose segundo, sintomático. Al año Francesco renovaría la corona en el infierno tras reaccionar a un ataque de largo radio protagonizado por Thurau. Moser arrastró a su sombra, De Vlaeminck, y a Duclos Lasalle. Les acabaría dejando. Era la tercera.

Pero si Roubaix fue el foco de su enemistad con De Vlaeminck, Lombardía fue otra de las cabezas de esa hidra de mil cabezas que fue su relación con Giuseppe Saronni. En una rivalidad que para Italia era reverdecer los tiempos de Coppi y Bartali, Moser y Saronni entablaron su enemistad desde el momento que corrieron juntos el mundial haciendo de todo aquello que compitieran un corralillo de gallos enfermizos. En ese clima se corría en la Italia a caballo entre los setenta y los ochenta y en ese clima Moser se llevó esas dos Lombardías, uno de ellos delante de Hinault, y San Remo, entrando solo en la Via Roma, tras desplegar toda su sabiduría en el descenso del Poggio.

Imagen tomada de www.sbs.com

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Gandía y su región, un punto de infinitas posibilidades para el ciclista

El futuro de los pequeños organizadores

Adriano Amici corrió el Giro de Italia de 1970. Hoy preside el Gruppo Sportivo Emilia, una pequeña organización italiana, como alguna queda en España, que sobrevive en los tiempos en que el ciclismo es redondo y no entiende de lo local y pequeño. Adriano narra desafiante sus peripecias en uno de los últimos ProCycling pintando un retrato que no nos es ajeno, porque aunque aquí en España sigamos viendo Italia como un oasis de organizaciones ciclistas, de excelentes redes que sostienen el sistema y una pasión desbordada, lo vemos en el Giro, por ejemplo, la realidad marca que los organizadores humildes las pasan canutas para sacar adelante sus carreras, en muchos casos monumentos, pequeños homenajes al ciclismo de siempre, ciclismo de trabajo, historia y leyenda, forjado en esfuerzo en su cogollo natural, la vieja Europa.

Adriano es el responsable del Giro de Emilia, una carrera con 105 años de historia que cuenta con grandes nombres en su cesto de ganadores. Tomen nota sino de Fausto Coppi, Eddy Meckx, Francesco Moser y Jan Ullrich para saber de atemporalidad de la carrera. Ajena al World Tour Emilia, que finaliza en la mítica iglesia boloñesa de San Luca, ha encontrado su rol en los últimos años: encontrar grandes talentos y marcarlos para lo que ha de venir.

De esta guisa en Emiila han ganado estos últimos años Diego Ulissi, Nairo Quintana y Carlos Betancur. Podríamos decir que ambos colombianos e italiano han tenido uno de sus bautismos de fuego aquí. Poco a poco el Gruppo Sportivo Emilia incorpora carreras a su porfolio, la última fue el Trofeo Laigueglia, sumando ya entre todas, diez días de competición.

Sea como fuere la entidad subsiste en una doble crisis, la económica, que está dejando Italia tan tocada como España, y la propia del ciclismo con esa exclusiva elite que pone las cosas muy complicadas a los pequeñitos.

El ente boloñés sin embargo marca el camino de la pequeña organización ciclista: especialización en carreras que sirven para destapar talentos y creciente cartera de eventos. Quizá en España pueda surgir algo similar, no sé un Unipublic en pequeña escala, una máquina de organizar que por ejemplo tomara las vueltas a Asturias y Castilla y León y le sumara un par de clásicas –aprovechando el recorrido que quede del Mundial berciano- y la recuperada Volta a Galicia. Lo sé es elucubrar, pero si no se toma este camino el futuro ofrece más preguntas que respuestas…

Foto tomada de noticias.lainformacion.com

La desgracia de Vincenzo Nibali

Fue detonante en la Milán- San Remo, animador camino de Lieja, esperanza blanca en el Tour de Francia y subversivo en el Mundial. ¿Qué se llevó de lo anteriormente mentado? Nada. A cambio incluso recibe reproches de personajes tan poco edificantes como Francesco Moser. “Nibali cobra demasiado dinero” comentó. A él le hacían carreras a medida y cuando no, cambiaban las normas a su favor, ello sin contar que el público italiano hoy anima, que no empuja ni remolca a sus estrellas.

Casi siempre detrás

El ciclismo transalpino muda de piel. Deja el verde fosforito por el azul turquesa. El calor de las repúblicas emergentes, del dinero al contado, contante y sonante. La temporada 2013 es un aquelarre más para Vincenzo Nibali. Una especie de exorcismo ya ritualizado que cada año, por estas fechas, los cabalistas gustamos de hacer. Hace más de un año ya nos preguntamos sobre él. Pero es que en el caso del siciliano la cosa es diferente. Cobrará mucho como dice Moser, no lo sabemos, aunque lo imaginamos y en su defecto celebramos. Sin embargo se lo gana y purga las penas de un palmarés mucho más pequeño de lo que mereciera. Por que Nibali representa ese ciclista perdido en el tiempo y lugar: el que todo lo disputa, el que a todo opta, el que vemos durante todo el año. Corre ahora de mano en mano el libro manuscrito por Laurent Fignon. El rubio parisino lamentó la ausencia de ciclistas contemporáneos que al menos diversificaran en cierto grado sus objetivos. Fignon por ejemplo incluso tuvo sus momentos en Roubaix. Nibali no llega tan lejos, pero se aproxima. Gana la Tirreno, disputa el Tour y oposita al Mundial. Por medio se parte la cara en las clásicas y otras carreras. “Nibali comete errores pero se mantiene competitivo todo el año. Me gusta este tipo de ciclistas” afirma Giuseppe Martinelli en un amplio reportaje que la revista Cycle Sport dedica en portada, pero en marcadas letras plateadas, al ciclista nato en Messina. Añade además, la citada entrevista, que Nibali percibirá 2,3 millones anuales en sus dos temporadas comprometidas con Astana todo para ser el sucesor de Felice Gimondi pues para la cristalina prensa anglosajona el Tour de Marco Pantani no cuenta, no vale, no sabe, no contesta. “Fue todo muy sucio” adoctrinan.

Foto tomada de http://www.zimbio.com

Francesco Moser en su laberinto de declaraciones

Los abuelos cebolleta sugieren esa figura desfasada, intransigente, venidos a menos por la edad, poseedores de la verdad absoluta y creyentes de que su tiempo fue “el tiempo”. En ciclismo hay un carrusel de ellos. Pasan, entran, la sueltan y con la cátedra de la edad y la sapiencia que se les atribuye omiten réplica. En España tenemos a Federico Martín Bahamontes y la carencia de huevos de los escaladores del siglo XXI. Aún no sé si lo de su helado en la cima fue o no cierto.

Luego a nivel internacional hay varios. Bernard Hinault se despacha a gusto, éste con razón sobre los apolillados rendimientos de los ciclistas franceses. Otro, ahora que viene ciclocross, es Roger De Vlaeminck, quien fijó punto de mira sobre Niels Albert, dos veces ya campeón del mundo, pero también ante Tom Boonen cuando firmó una campaña de adoquines colosal.

En www.Velonation.com han repercutido unas impresiones de Francesco Moser sobre Bradley Wiggins y Vicenzo Nibalil. De éste último apostilla que “es un buen corredor pero no un campeón”. Opina, entiendo con razón, que “en los dos últimos grandes eventos no estuvo al nivel. En el Mundial atacó a destiempo y lanzó a Gilbert y en Lombardía desapareció en el momento crucial”.

Más controvertidas parecen sus palabras sobre Wiggins quien no pasa un día sin que nadie lo enjuicie: “Ganó un Tour perfectamente diseñado para él. No creo que fuera capaz de repetir lo mismo en un recorrido diferente”. Acabáramos, Wiggins ha ganado un Tour, pero no valora su tridente de vueltas HC, que sumadas conforman tres semanas de competición con los más variopintos trazados.

Pero hay más, Moser se atreve a cuestionar las virtudes de Wiggins por ganar en un trazado que, sí, era idóneo para él. Francesco Moser ganó un Giro por la convergencia de todos los sectores de Italia. Apoyado por público, organización y sistema mediático birló de la peor manera la carrera a Laurent Fignon. Hasta anularon la etapa del Stelvio. Y ello sin proclamar sus relaciones con Conconi y Ferrari como médicos de postín.

Eso, querido Francesco, ahora mismo, hoy en día, sería motivo para crucificarte. Lo que entonces era admirable, por recurrir a un médico cojonudo que resucitaba los muertos, ahora mismo te sirve para cavarte tu propia tumba. Con esas cadenas compiten, por ejemplo, Nibali y Wiggins, cosa que tú no.