Los Schleck no necesitaban a Sastre para quedar retratados

Capital de ciclismo JoanSeguidor

De los hermanos Schleck, si uno se salvaba era Andy

No sé si Carlos Sastre esperaba que su Tour de Francia fuera a ser tan recurrente en estos tiempos que corren.

Mientras el ciclismo se lame las heridas de todas las cancelaciones que el coronavirus le ha propiciado, el Tour de 2008 vuelve cíclicamente a la palestra sin que su ganador hay dicho esta boca es mía.

Hace unos días el documental de Lance Armstrong ya puso el dedo en la victoria de Sastre hace doce años, tono soez, despectivo y macarra para decir que si Sastre ganaba el Tour, cualquiera sería capaz.

 

Esta semana nos despachamos unas declaraciones de Kurt Asle Arvesen, el corredor que evitó que Oscar Freire fuera medalla de oro en el mundial sub 23 de San Sebastián, que muchos años después formó parte de ese equipazo, que era el CSC de Bjarne Riis, desde el que Carlos Sastre se llevaría su Tour de Francia.

Arvesen, que en ese Tour ganó una etapa escapado la primera semana, dice que la victoria de Sastre fue una humillación para los Schleck y que nadie en el equipo sabía de las intenciones del abulense el día que asaltó el liderato en Alpe d´ Huez.

Sobre lo primero hablaremos un poco más abajo, sobre lo otro, describiendo el ambiente del equipo como lo describe, estaba claro que si Sastre quería hacer algo ya podía prescindir del equipo y su consenso.

El ataque de Carlos Sastre en la base de Alpe d´ Huez sería inesperado por los compañeros de equipo, pero se hizo con luz y taquígrafos, los dos hermanos luxemburgueses los vieron, como el propio Dennis Menchov, que trató sin éxito seguirlo, y ojo que no hacía ni un año que el ruso le había propinado una contundente derrota al abulense en la Vuelta.

Lo vieron los Schleck, y también Cadel Evans, nadie pudo seguirle, y luego cuando abrió hueco, voló.

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No cabía ser un genio para ver aquello incomodaba a muchos, especialmente a los hermanos, Andy no paraba de mirar a un lado y otro, Frank, tampoco estaba a gusto, pero Evans les enfriaba cualquier tentativa de ir a por Sastre.

Carlos Sastre tenía una cosa, es que hablaba en la carretera, un par de años antes las dudas de Riis en la monstruosa cabalgada de Landis, le había privado, quién sabe, de ganar el Tour, esta vez no quería prisioneros.

Bien que hizo.

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Pero al margen del glamour de Sastre, de su imagen más allá de los Pirineos, donde parece cundir la necesidad de ningunear su éxito, los hermanos Schleck, pobres, fue la historia de dos talentos que dejaron mucho por hacer respecto a lo que podíamos proyectar desde que supimos de ello.

Muy limitado en la contrarreloj, Frank Schleck fue uno de los ciclistas más sobrevalorados de su generación, tenía clase, tenía calidad, pero verle ganando el Tour era una quimera que el tiempo demostró.

Sus palmarés, con una Amstel, etapas en el Tour, entre ellas Alpe d´ Huez, incluso una en la Vuelta, es bueno, pero cabe decir que Carlos Sastre estaba en otro nivel.

Subió al podio del Tour lastrando las opciones de su propio hermano, porque Cadel Evans no era superior a Andy en aquella edición.

Su padre, profesional en el Bic de Ocaña, dio por buena la foto de un segundo y tercero, antes que uno de ellos de amarillo en París.

Otra cosa es Andy, un ciclista afilado y eficaz en la montaña, que hacía daño con ese estilo bailarín sobre la flaca, acompasado y elegante.

Ganó poco, muy poco, entre otras cosas aquella Lieja con ataque de largo radio, hay que ser muy bueno para hacerlo posible, sólo cabe mirar cuántos llegaron solos a Ans, cuando este muro fue la llegada.

¿Qué decir del Galibier 2011? una de las mejores etapas de la década

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En el Tour lo centró todo, al punto de rechazar gran parte de la campaña, sacrificando un palmarés que podría haber sido mucho más amplio.

Parecía que su duelo con Alberto Contador iba a durar un lustro, pero se resumió a un par de Tours, el primero para el madrileño, el segundo para el luxemburgués.

Es curioso, si Andy no hace gran apología del Tour que ganó por la sanción de Contador, éste muchas veces lo cuenta como suyo.

Sea como fuere, pocos hermanos tuvieron tanto poder en el pelotón, sin embargo, pensar en mayores y decir que si Sastre les privó de algo resulta alejando de la realidad.

Cabe ver un par de carreras para situarlos, al margen de aquel Tour de 2011, en el que corrieron de forma penosa, la Lieja de aquel mismo año, cuando Philippe Gilbert se bastó para escaparse con ambos y ganarles un monumento.

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Ya no hay un Schleck en el pelotón

Haciendo un poco de spoiler. Mir, el “bigotes”, habla muy bien de Johny Schleck en su periplo ciclista, cuando coincidieron ambos en el Bic de Ocaña, pero también de Leblanc y Echávarri. Por aquellos años Johny era un buen doméstico que se distinguía por especular poco a favor de sus líderes. Con los años prolongaría la saga con Frank, primero, y Andy posteriormente. Cuando en 2003, Frank dio el salto al profesionalismo, treinta años después que su padre, se cerró el círculo. El apellido Schleck no era uno más en el pelotón, como otros pocos traspasó generaciones y volvió al redil.

En breve ya no habrá Schlecks en el pelotón. Frank deja el ciclismo, unos años después que su hermano. Ambos tocaron la cima en 2011, cuando se contentaron con ser segundo y tercero en un Tour que perfectamente podrían haberle ganado a Cadel Evans, si no fueran los ciclistas más desconcertantes que nos ha tocado disfrutar.

Frank ha tenido una prolífica carrera, sus logros no son muchos, pero sí buenos, una Amstel, la victoria en Alpe d´ Huez, el mentado podio en el Tour, una etapa en la Vuelta, buenas clasificaciones, sobre todo en el Tour, la carrera por la que suspiró a pesar de no tenerla nunca en su radar, porque era un pésimo contrarrelojista.

Mirando atrás, por eso, este luxemburgués de alargada tez y marcadas cuencas oculares ha sido uno de los ciclistas mejor tratados, por un acuerdo tácito que no acierto a entender, por eso que se llama la “familia ciclista”.

A sus nunca reconocidas limitaciones, fue favorito cuatro estrellas al Tour varias veces a pesar de ser, como dijimos, un negado en la lucha contra el reloj, se añadió el exitoso requiebro que planteó a la caza de brujas del ciclismo cuando salió airoso de un pago a Eufemmiano fuentes, que admitió sin más, por el vago, difuso e impreciso concepto de “asesoramiento”.

En un ciclismo en el que esquizofrenia fue moneda de cambio durante mucho tiempo -ahora parece, crucemos los dedos, que las cosas están algo calmadas- salir indemne de una historia así es realmente curioso y deja más preguntas que respuestas. Que cómo lo hizo, pues no lo sé, lo cierto es que su fortuna se escribe con letras bien marcadas y en mayúsculas.

Son estas cosas de este nuestro ciclismo, el que sufrimos y disfrutamos cada día, que nos dejan perplejos, que demuestran que el mundo es imperfecto y que salvo contadas ocasiones estamos muy lejos de saber la verdad de lo que nos rodea. En fin, Frank tomó la senda de su hermano, ya no hay Schlecks en el pelotón,¿hablaremos de una tercera generación en unos veinte años?

Imagen tomada de www.gentside.com

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El Bkool Go está en capilla para salir

Diez ciclistas para no perder de vista

Al margen de la lógica quiniela de favoritos, no hemos querido dejar de lado nombres que despiertan nuestra curiosidad y que seguramente darán que hablar estas tres semanas de movimiento contrario a las agujas del reloj por el hexágono francés. Ahí van esas diez perlas.

Bauke Mollema, la eterna promesa del eterno prometedor ciclismo holandés. Un ciclista de esos que aún no ha roto, y eso que ya camina por los 29 años. Su tacticismo, con actuaciones de traca defendiendo sextas o séptimas posiciones, creo que no debe ser el tope de un corredor que todo lo que generó de joven, en expectativas, quedó por el camino. Veremos si tuerce ese destino.

Jesús Herrada, el vivo ejemplo de la desgracia de un ciclismo, el español, que con sólo un WT es imposible que garantice las oportunidades que su talento tiene. Aunque esté superditado a Nairo, sabemos que una carrera así da tantas vueltas, son tres semanas nada menos, que se nos hace muy complicado pensar que un día no tenga su oportunidad. Su victoria en el Dauphiné es un arma de doble filo, le da confianza y le marca ante los rivales. Un lujo para el Movistar tenerle de doméstico.

Frank Schleck, aunque se nos olvide este garante de la estirpe más ciclista de los ultmos años fue podio en el Tour no hace tanto, hace sólo cinco años. Obviamente está muy lejos de hacer algo sonado en la general, pero atención a él en jornadas puntuales. Sin Mollema reclamando los servicios de otros líderes más sólidos, puede hasta pasárselo bien pillando escapadas e incluso ganando alguna etapa. En la Vuelta lo hizo y aunque siempre le hemos considerado un ciclista sobrevalorado, hasta nos gustó verle ahí arriba.

Pierre Rolland, el ciclista francés en el que casi nadie repara pero que casi siempre lo suele hacer bien en el Tour. Enrolado siempre en el Europcar, ardemos en deseos de ver si su eminente director, Jonathan Vaughters, es capaz de sacarle de los sistemas de entrenamiento de antes de la guerra y hace de él el portento ciclista que anunció durante su fichaje.

Greg Van Avermaet, aunque en su equipo se parta con dos bazas para la general, es obvio que un corredor de esta categoría tiene carta libre en las no pocas etapas que le van como anillo al dedo. Esperamos ansiosos nuevos episodios de su rivalidad con Peter Sagan en el lugar, el Tour, donde abrió el año pasado su historia de “bestia negra” del eslovaco.

Mark Cavendish, siempre disperso, con el sueño olimpico en el horizonte, no sé qué gracia les hará a los de su equipo, el hombre de la isla de Man es sin duda un manojo de dudas: ¿Se le habrá pasado el arroz?. Tiene varios velocistas por delante de él desde hace ya tres años, Kittel especialmente, pero sigue siendo uno de los grandes de siempre en la recolección de etapas en el Tour y sólo por eso tiene el beneficio de la duda.

John Degenkolb, la alegría de volver a verle en el máximo nivel compensa cualquier exigencia deportiva. Las personas se miden primero por su calidad humana y luego viene lo demás y en ese sentido a este extraordinario competidor se le reconoce una calidad fuera de duda, con una filosofía de vida, después de su accidente de invierno, que debería ser un libro de consulta obligada en las universidades de la vida. Ojalá, y digo ojalá, ganara una etapa.

Purito Rodríguez, un grande en todos los sentidos que llega descolocado al Tour, vacío de victorias y con cantos de sirena de fondo. No sé si optar a la general, aunque el recorrido le sea favorable, será una buena opción por cuanto el año pasado ya vio que en la tarea de etapas resuelve como los ángeles y engrandece su caché. Poco le queda por demostrar.

Adam Yates, para mí el gran favorito a ganar el maillot blanco. Mientras su hermano se desespera en la nevera, Adam tiene todo para seguir progresando, casi ninguna responsabilidad en su equipo y calidad a raudales. El recorrido ratonero le beneficia y creo que no estará lejos de los mejores, eso si no los aguanta y se solapa a ellos.

Rui Costa, creo que hace tiempo que se percató que el Tour a nivel de general es una utopía de la que se debería desprender. Sea como fuere parece que insiste, no sé si con el convencimiento de antaño. En la presentación asustó lo delgado que se le veía, su cabeza era la perfecta forma del esquelto, como si la carne entre el hueso y la piel se hubiera desvanecido. A pesar de su olfato le cuesta horrores ganar y es posible que, como una vez me dijo una persona, en Movistar sabes lo que hay, debes obedecer la jerarquía y acatar, porque fuera de los azules la vida es mucho más complicada.

Imagen tomada de FB de Giant-Alpecin

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Carlos Sastre fue la mejor ganancia de Saxo Bank

Cuestiones de mercado, posiblemente internas, e incluso diría que intestinas, han empujado a que Saxo Bank deje, no sé si definitivamente, el patrocinio ciclista. La convivencia siempre complicada con su compañero de cama, el tan excéntrico como imprescindible para el ciclismo, Oleg Tinkov, ha allanado el camino de algo que se barruntaba desde la expulsión de Bjarne Riis, tipo nefasto para este deporte, del equipo hace unos meses.

Saxo es un banco de inversión sito en Dinamarca que desembarcó en el ciclismo hace menos de ocho años. Fue en vísperas del Tour de 2008, junto a la firma CSC, la que apadrinó el antiguo Jack & Jones de Riis, hasta que el propio Saxo tomara las riendas a partir de 2009. Tres años el banco estuvo de primer patrocinador y en estos años ha tenido a su amparo a ciclistas como los Schleck, Fabian Cancellara y Alberto Contador, como hombres destacados hasta que a partir de 2012 entrara en el copatrocinio con Tinkoff.

Sin embargo y a pesar del relumbrón de los citados, creo que es de justicia decir que la mejor ganancia que se ha llevado Saxo del ciclismo tiene nombre y apellidos abulenses: Carlos Sastre Candil.

En efecto, el discreto ciclista de El Barraco, que hoy vive en el calor familiar y los proyectos solidarios de su fundación, fue un día ganador de todo un Tour, algo que fácilmente olvidamos y que sin embargo nunca debemos perder de vista. Fue como sabéis hace siete años, ya, y estos días que apuramos la obra de Alpe d´Huez de Peter Coussins, hemos podido recrear las claves de aquella carrera que un día explotó desde la base de la mítica montaña para traer todo un Tour a Avila.

Porque aquella edición salió sin vigente ganador, Contador, entonces en Astana, no pudo ser de la partida porque su equipo estaba sencillamente vetado. En ese panorama las miradas viraron a Cadel Evans como principal favorito y en una menor escala un serial de ciclistas como Vandevelde, Kirchen o los hermanos Schleck.

En Alpe d´ Huez Sastre atacó pronto, desde abajo prácticamente. Tras un trabajo de manual de Cancellara, Gustov, Voigt, O´ Grady,… la carrera llegaba rapidísima y con la gente tocada. Sastre, segunda baza con Frank Schleck de amarillo, fue el primero en mover pieza porque así obligaba a la reacción de Evans. Aunque Menchov se le soldó a rueda, el segundo acelerón de Sastre fue suficiente para dejarlo y ganar en la cima.

Por detrás de él, un rosario de dudas y nervios. Mientras Frank se desesperaba al ver la horchata que corría por la sangre de Evans, Riis invitó a Andy a saltar, cazar a Sastre y llevarle más arriba aún. Ni Andy quiso dejar a su hermano solo y de amarillo, ni Sastre estaba para esperar a nadie.

Para los hermanos, a pesar de que ganó el equipo, fue un día negro, pues quedaron fuera de toda órbita por el amarillo y la victoria final. En el juego de tronos del CSC, Sastre tenía la carta marcada y se llevó la mano. Todo al rojo e impar.

El abulense logró ese día, prácticamente al inicio del periplo del banco danés en el ciclismo, su mejor rédito en el ciclismo. Hubieron de venir más triunfos, el Tour de rebote de Andy, la Lieja de éste mismo, Flandes y Roubaix de Cancellara, la Vuelta de Contador,… pero un Tour ganado de primeras, con un golpe de efecto como el de Alpe d´ Huez, como el de Sastre, eso sólo lo logró un corredor que encontró la discreción una de sus bazas más consistentes para que siempre le apreciáramos.

Saxo deja el ciclismo y su mejor renglón fue el primero, el más lejano…

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Más emoción no cabe

La Vuelta a España lleva cubiertas hasta el momento en que procedemos a empuñar la pluma concretamente dieciséis etapas, afrontando ahora el segundo día de descanso antes de introducirse en la disputa de la etapa individual de la especialidad de contrarreloj, que tendrá lugar en los alrededores de la ciudad de Burgos, un sector que encierra una indudable e inusitada trascendencia cara al resultado final de la prueba, que concluirá el próximo domingo, una vez más, en Madrid. No hay duda que esta es la motivación más importante que persiguen los aficionados y los que no lo son tanto afiliados al deporte de las dos ruedas.

Más emoción no cabe

Hemos de convenir que la decimosexta etapa de la Vuelta a España, que ha concluido en la cima del desafiante puerto de la Ermita de Alba, emplazado en el valle de Quirós, una empinada ascensión asturiana que nos ha recordado el Alto de L´Angliru, un punto tradicional en otros tiempos de la ronda española, y que ha constituido a todas luces un evento del que guardamos una buena memoria.

Fue impresionante y cerrado el duelo que sostuvieron en este trazado tortuoso y final librado básicamente por el italiano Fabio Aru, que defendía con alto coraje y voluntad su casaca roja, el español Joaquim Rodríguez, que pudo al fin desbancar al líder, siquiera por un segundo de ventaja, el polaco Rafal Majka y finalmente el holandés Tom Dumoulin.

Nos da la sensación de que estos cuatro mosqueteros ciclistas que acabamos de nombrar, son los que tienen en sus piernas la opción más preclara para adjudicarse en definitiva la ronda española. La incógnita, ahora, está en saber cuál de los cuatro será el agraciado para recibir el máximo galardón. Ahora se disfrutará de un día de descanso, y a continuación se librará la aludida etapa individual contra el cronómetro bajo una distancia de 39 kilómetros, dotada prácticamente de configuración casi llana del todo. De allí forzosamente se podrán sacar conclusiones de alto copete y casi definitivas. No habrá mucho más a contar, aunque todos sabemos que nadie podrá tocar las campanas al vuelo antes de tiempo; es decir, hasta finalizar en definitiva la competición.

Un veterano de la bicicleta que se hace oír

Los organizadores del trazado de esta Vuelta, con etapas de toda índole más o menos difíciles, pueden sentirse a estas horas satisfechos tal como se han desarrollado los acontecimientos, manteniéndonos a todos en vilo y encerrados en la incertidumbre. Por otra parte, debemos hacer eco en torno a la victoria alcanzada por el veterano ciclista luxemburgués, Frank Schleck (35 años), que llevaba tiempo si brillar en los ruedos ciclistas, una justa compensación a su veteranía y a su tesón, gracias a haber sabido aprovechar una escapada matutina integrada por una decena de animosos corredores amantes de la aventura y de una gloria algo efímera. Fue una escapada que brilló en el curso de la decimosexta etapa, una etapa asturiana con lustre. Aunque la verdadera batalla, todo hay que decirlo, la protagonizaron los corredores de más prestigio o cotizados que pedaleaban más atrás en un ambiente candente; al rojo vivo, en su fase postrera.

La presencia de los españoles

Día tras día, como es natural, nos entra la curiosidad por observar tal como se desenvuelven nuestros representantes españoles al objeto de hacer números y ponderaciones. Aparte del asalto del catalán de Parets y afincado en el principado de Andorra, Joaquim Rodríguez, que se ha colocado líder de la carrera, con un segundo de ventaja, un honor que hemos de festejar como buenos patriotas que somos, relucen en el elenco el vasco Mikel Nieve (5º), a dos minutos y medio del primero de la clasificación general. Algo más atrás, encontramos al madrileño Daniel Moreno (7º), que va de menos a más, y dentro de la decena, se encuentra el murciano Alejandro Valverde (9º), que está perdiendo algo de fuelle, pero que nos admira su constancia frente al esfuerzo. Siempre se encuentra entre los primeros. Esto lo valoramos como un buen signo.

La Vuelta se quedó sin Froome y sin Nibali, accidentados

No hay duda de que eran antes de salir los dos favoritos máximos para optar por el triunfo en la Vuelta. Pero en ciclismo no se pueden hacer apuestas así como así. Tal como se mueve este deporte, hoy en día, nos resulta más que difícil el vaticinar tal cosa o tal otra. Los protagonistas de primera línea se mantienen en un círculo más bien equilibrado. Los tiempos que saldaron los Coppi, Merckx, Bartali, Bobet, Anquetil, Hinault, Lemond, Induráin  y tantos otros, que harían interminable esta relación, es más que difícil que vuelvan bajo otros nombres y de una manera más permanente.

El ciclismo de hoy es más explosivo ante sus constantes altibajos que viene reflejando. Los corredores actuales dominan la situación de manera intermitente, inestable. No existe la continuidad que bien desearíamos. La gloria brilla en un momento determinado y se apaga con el paso de los meses. Es una danza que se vale de muchos protagonistas, protagonistas que salen a la palestra y que a continuación desaparecen como por arte de magia.

 Por  Gerardo  Fuster

Imagen tomada de FB de la Vuelta a España

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El apellido Schleck no es un apellido cualquiera

Purito de líder. Dumolin afilando el cuchillo. Aru en el filo. La que podríamos decir jornada reina de la Vuelta estuvo bien, si por bien entendemos el efímero espectáculo que se puede ver en los últimos 800 metros de jornada. El resto, el camino que lleva hasta el rampote final fue un calentamiento, una especie de cocción a fuego lento, que reblandece las piernas y aburre a quien ve la carrera.

Sin embargo la etapa nos dejó otra estampa, más allá de los preciosos valles satures que circundan la vega de Riosa que da acceso a las primeras rampas del Angliru. el coloso vecino a la Ermita de Alba. Esa imagen fue la del ganador, la de un ciclista de caché y prestigio que parecía muy ajeno a su oficio desde hace muchos años.

Sí, hablamos de Frank Schleck, último reducto del apellido más famoso del ciclismo hace sólo cuatro años y que se ha diluido en el más absoluto anonimato desde entonces. Frank, el mayor de la saga, emuló a su padre Jonnhy, y ha ganado la etapa en lo que podríamos etiquetar de su mejor victoria, curiosamente muy alejada desde aquel Criterium Internacional que se llevó el año de su podio en el Tour.

Frank se puso a ello en la Cobertoria, donde cayó muy rápido quien por galones parecía su principal oponente, Pierre Rolland. Luego tiró y tiró. Descolgó uno a uno, mostrando una lucidez táctica inusitada en sus mejores años. Sólo Rodolfo Torres le mantuvo la estela hasta que el colombiano, que mostraba mucho mejor cara, se descolgó. Hoy sí, grande Frank Schleck.

Schleck, lo queramos o no, es un apellido con historia en el ciclismo. El pequeño de la familia colgó la bicicleta hastiado por las lesiones y una mentalidad en la que el sufrimiento no parecía una prioridad. El mayor sigue ahí, muchos años después de saber de él por ultima vez.

Paradójica la Vuelta del Trek. Perdió rápido a Cancellara. Ganaron sendas etapas, la de Stuyven con la muñeca rota y la de Danny Van Poppel siguiendo la traza de otro apellido de gran calado. Hasta Haimar Zubeldia se metió en una escapada y ahora Schleck suma la tercera etapa. Muchas veces, como en la vida, las cosas vienen cuando menos se esperan…

Imagen tomada del FB de la Vuelta a España

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¿Cuántas vidas tiene Andy Schleck?

Los años pasan y esa carita de eterno juvenil de Andy Schleck ya flirtea  con las treinta primaveras. Por de pronto tiene29, recién cumplidas, no hace casi ni dos semanas. Sin embargo el tiempo consume personas, ilusiones y esperanzas. Andy surgió rápido, siendo segundo en aquel infumable Giro que ganó Di Luca y que repartía premios a pares entre ciclistas que no acabaron muy bien, dígase Piepoli, Mayo y Riccó. Luego fue el mejor joven del Tour, en una edición, la de 2008 de la que Carlos Sastre podría hacer una apología de la ineptitud de los hermanos luxemburgueses y director danés que le tocó padecer. Al año ganó la Lieja, en la única muesca que se le conoce fuera de julio, y fue segundo en el Tour porque Contador sencillamente era mucho mejor.

Andy tuvo un punto de inflexión en la Dauphiné-Libéré de 2012. Mientras el mundo descubría las grandes aptitudes de Nairo Quintana en Morzine, mientras asistíamos a las primeras “master class” de asfixia de rivales del Team Sky, que postulaba a Wiggins como su baza para el Tour, mientras todo eso sucedía, Andy Schleck se fracturaba la pelvis en una crono.

Nunca he vuelto a estar al 100% desde entonces” admite en esta entrevista en Cyclingtips, una entrevista que por desapercibida parece que se le haga a un cualquiera cuando hablamos, no olvidemos de un ganador del Tour de Francia, por aquel asunto jamás sabido en profundidad del solomillo irundarra.

Andy se quiere dar más tiempo, más margen y habla de 2015. Por de pronto “quiero ayudar a Frank –el sobrevalorado hermano mayor de los Schleck- y Haimar Zubeldia en este Tour”. Ideas claras en su fuero interno que no sé cómo sentarán en el seno del Trek, otro equipo que tampoco va sobrado de presupuesto y victorias y que ve cómo uno de sus mejores asalariados se toma las cosas con calma y no sólo eso sino que alimenta la ilusa esperanza de que su hermano pudiera volver a pisar el podio, algo que sólo Andy debe ver claro. Guercilena debe estar que se sube por las paredes.

Desde que ocurriera su fractura de pelvis en 2012, Andy sólo ha ofrecido una duodécima plaza en una etapa del Tour del año pasado como principal baluarte a su favor. Poco, muy poco, para un ciclista que se queja de ser criticado con dureza pero que no valora que posiblemente, incluso antes de ese incidente en el Dauphiné 2012, su forma de hacer en la carretera dejaba mucho que desear, más cuando en su haber hallamos momentos de ciclismo excelso como aquella cabalgada del Izoard, el último grande en hollar tan magnífica cima.

Podría retirarme y decir que he tenido grandes momentos, pero no, quiero volver por mí y por mi familia, no porque tenga que demostrar nada a nadie” afirma el ciclista que lo fía todo al año que viene y eso en sus circunstancias es mucho fiar.

Imagen tomada de www.zimbio.com

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“The Monuments”, más de cien años de epopeya ciclista resumida y bien resumida

Peter Cossins lanzó hace unas fechas esta obra que surge de la fecunda bibliografía ciclista del Reino Unido. Un fenomenal almanaque narrado de las cinco mejores clásicas con intrahistorias curiosas y reseñables y  un resumen numérico muy útil. Podéis tener más info clicando aquí

La depreciación de los hermanos Schleck

La jornada de Tour se aliñó con una noticia cuanto menos sorprendente. Frank Schleck es despedido del Radio Shack a muy pocos días de volver a la competición después de su sanción por el positivo del Tour del año pasado. En su tercer y último año en el pelotón la firma norteamericana vuelve a sorprendernos con un golpe de efecto que sinceramente no se explica, en caso de que nadie nos argumente las verdaderas razones de este cese fulminante una vez aguantaron el muerto en el armario casi doce meses y éste estaba a punto de volver, con la Vuelta a España en su objetivo, vamos como en 2010 cuando fue séptimo, un puesto acorde a sus terribles limitaciones.

Veamos, dos años después de pisar el podio del Tour de Francia y firmar el singular logro de ser los primeros hermanos en coincidir en espacio y tiempo en el más preciado cajón, ambos están en la picota de la peor manera. Frank fuera y Andy corriendo un Tour en el que no sabe muy bien a qué aspira –sentirse ciclista sería un objetivo coherente- a sabiendas de que han prescindido de su hermano.

Que los Schleck han hecho méritos para que el mecenas americano y Flavio Becca hayan acabado hartos de ellos es un hecho. Profesionalidad en cuestión constante, tácticas de carrera penosas, un positivo, una lesión mal curada y eterna,… con la cantidad de gente que hay a la espera de tener una oportunidad es como insultante ver la carencia de luces de esta saga.

El desenlace aunque previsible desde luego se ha adelantado varias estaciones. Cuando estos días se ha hablado de la continuidad de la estructura con Trek, sólo Fabian Cancellara, parte del núcleo duro de los luxemburgueses desde hace mucho tiempo, ha sonado en la rebautizada estructura. De los dos parientes nada se dijo. Frank dice que quiere seguir al lado de su hermano, cuando se ha demostrado que es la compañía más nociva que pesa sobre la espalda de Andy.

Sólo recordar las ediciones de 2010 y 2011. En la primera con Frank en casa retirado, Andy puso contra las cuerdas Alberto Contador, dio espectáculo y corrió con sentido de campeón. Al año, con Frank comiéndole la oreja, un ciclista de calidad y talento muy limitados como Cadel Evans les comió la tostada.

De lo que no cabe duda es que esta estirpe es paradigma de nuestros tiempos. En un lapso récord pasas de estar arriba a ser un don nadie. Habrá que ver dónde acaban estos dos ciclistas centroeuropeos, encontrar sitio es sencillo, el problema es saber a qué precio.